Perfecta
–¿Te marchas temprano hoy?
Levi miró a su compañera y… muy a su pesar, amiga. Tenía la boca manchada con cátsup, y había migajas en toda su blusa. Seguramente había estado merendando hot dogs de nuevo. Sí, merendando. Levi en verdad no la entendía.
–Siempre salgo a la misma hora a por té, Cuatrojos.
–Ah, sí, claro. Ya que vas, ¿me traes un frappé venti caramel con café y una cookie de chocolate?
Levi trató de no horrorizarse al imaginar las proporciones descomunales de "comida" que consumía esa mujer, pero su labio inferior fruncido lo delató. Y sus palabras también.
–Deberías dejar de tragar tanta basura, Hange. Vas a morir joven. Y no, no voy a tu preciado Starbucks, sino al café de aquí a la vuelta, Warm María.
–Ah, pero cerró por vacaciones, enano. Hoy vi el cartel en la puerta. Abren recién en dos semanas.
Levi gruñó. Entendía que la tienda era pequeña, ¿pero tanto le costaba a Pixis dejar a alguien a cargo? Viejo desconfiado y borracho. En todos sus años trabajando en el centro Levi había probado de ir a diferentes lugares en donde le vendieran un té más o menos decente, pero nadie parecía entender el significado de "té negro", salvo por este viejo mañoso que, si bien se destacaba por tener un muy buen café, tenía una gran selección de tés en hebras también. Y ahora tendría que soportar dos semanas enteras sin él.
–Vamos, ándale. Ten, yo te invito tu té. –insistió Hange mientras le colocaba dinero en el bolsillo. Levi suspiró. El Starbucks al menos quedaba cerca.
Sin mucho ánimo salió del edificio. Dos cuadras después, estaba enfrentado a un enorme lugar con una vidriera perfectamente reluciente. Desde afuera podía ver varias personas sentadas en las mesas de adentro y algunos empleados trabajando detrás del mostrador. Una chica estaba limpiando la barra como si su vida dependiera de ello, y eso le dio buena espina. Tal vez podría probar, después de todo, si no le gustaba no volvería. No iba a morir por estar dos semanas sin tomar té negro.
Entró y saludó con un cabeceo al guardia. Fue directo hasta la caja, en donde una chica con una gran sonrisa y aún más grandes ojeras lo saludó amablemente.
–Buenas tardes. Te pido un frappé caramel con café… uh, venti, y una cookie de chocolate.
–Muy bien, ¿algo más? –preguntó la chica al ver que Levi miraba con dudas el tablero con el menú.
–No veo que tengan té negro…
–Mmm, no. Pero tenemos Earl Grey Latte. Es una combinación de té negro, lavanda y bergamota, con leche vaporizada y vainilla.
–¿Vainilla? –preguntó Levi no muy convencido. La chica abrió su boca para hablar de nuevo, pero de pronto un joven con un aura demasiado vibrante para su gusto apareció frente a él, opacando a la cajera por completo.
–Te recomiendo el English Breakfast Latte. Es una mezcla de tés negros con leche al vapor. Es bastante intenso.
Levi se detuvo a mirar a este muchacho. Tenía los ojos más brillantes que había visto en sus 30 años, y una sonrisa blanca perfecta. Qué… ¿qué le acababa de decir?
–Uh, claro.
El chico sonrió aún más, y aunque era difícil desviarle la mirada, notó desde su periférica el gesto de molestia de la cajera. Tratando de concentrarse en ella, le pidió que le cobrase, pero el muchacho volvió a hablarle.
–¿Cómo es tu nombre?
–Levi…
–Levi. –repitió el joven con una tonada alegre. –¿Comes aquí, o es para llevar?
–Lo llevaré, gracias.
Levi pagó y se hizo a un lado mientras esperaba. El joven se puso a trabajar enseguida en sus bebidas, haciendo primero la porquería que había pedido para Hange. No pudo sacarle la mirada de encima, y cada vez que el chico se daba vuelta enfrentándolo, Levi notaba que no dejaba de verlo tampoco. Se empezó a poner nervioso, ya que ese empleado tenía una mirada muy penetrante, pero por suerte en pocos minutos le estaba entregando una bolsa con todo dentro.
–Aquí tienes, Levi. Que lo disfrutes.
Levi miró su reloj. Llegaba bien con el tiempo a comer en el lugar… podía disfrutar de la vista mientras probaba lo que sea que el chico le había recomendado. Pero no, la cosa esa para Hange tenía crema y helado, se derretiría y sería asqueroso. Bueno, siempre podía volver, después de todo, el viejo Pixis no regresaría de sus vacaciones sino hasta dentro de dos semanas.
Ya una vez en su oficina, Hange entró detrás de él como perro con rabia. ¿Aún tenía hambre? ¿Acaso tenía una lombriz solitaria en su estómago? Era bien delgada la condenada, ¿cómo diablos le hacía? Tal vez quemaba energía de tanto hablar. Sí, eso debía ser.
–¿Y bien? ¿Conseguiste tu té?
–Algo así. Creo.
–¿Crees? –preguntó con voz preocupada. –¿No compraste nada para ti?
–Sí, pero no estoy seguro de qué diablos sea esto. –comentó sacando las cosas de la bolsa de papel madera. –Uh…
–¿Qué sucede?
–Es que… yo no pedí esto. –dijo sacando las dos bebidas, la galleta, y una bolsa de papel madera también, pero más pequeña.
–¿No? Pues mi pedido está bien. –canturreó Hange colocándole el sorbete a su frappé con desesperación, como si no hubiera comido nada en todo el día.
–No, no, eso sí, y creo que mi té también, pero esto no lo pagué. –aseguró Levi viendo el recibo. En efecto sólo había pagado por tres cosas.
Hange le quitó la bolsa más pequeña de la mano, y a los segundos comenzó a reír. Levi la miró con un signo de interrogación en el rostro.
–¿Has leído lo que dice aquí? –le preguntó tentada poniéndole frente a sus ojos la bolsa.
"Me gusta el café, pero prefiero tener-té. Para que lo acompañes ;)
Agrégame al Insta
Eren"
–Oh, por Dios.
–Vaaaaaya. Sí que eres todo un rompecorazones, enano. Y dime, ¿es lindo este tal Eren?
Levi no pudo evitar cubrir su rostro. Lo sentía caliente. No sabía si era de vergüenza o de ansiedad, o una mezcla de las dos cosas, pero mentiría si dijera que no estaba contento de ese regalo.
–Ah, mira, es un muffin de arándanos, mi favorito. –dijo Hange dándole un mordisco.
–Oye, era para mí, cerda.
–A ver, búscalo en Instagram, quiero verlo. –le respondió ignorando por completo a su amigo. Levi suspiró y decidió hacerle caso. Lamentablemente, su cuenta era privada, y no pensaba mandarle una solicitud enseguida.
–Ya, lo tiene en privado. –dijo guardando su celular. Luego lo agregaría. No quería hacerlo tan pronto, sino quedaría como un desesperado.
–Boo, no eres divertido.
Afortunadamente, el asistente de Hange la llamó porque la necesitaba, y se fue sin más, llevándose claro su frappé, su galleta, y el muffin de Levi.
Cuatro horas más tarde, ya en su casa, Levi estaba saliendo de su baño luego de una reconfortante ducha caliente. Se vistió, se preparó un filete, y se acostó con intención de dormir. Era temprano, y al día siguiente era sábado, por lo que no trabajaría, pero las costumbres le ganaban. Claro que había algo que no lo dejaba conciliar el sueño en paz, y eso era el chico del Starbucks. Eren…
Decidió que ya había pasado un tiempo considerable para mandarle la solicitud en Instagram, y así lo hizo. Dispuesto a guardar su celular, dos notificaciones casi inmediatas se lo impidieron. " ha aceptado tu solicitud" y " ha comenzado a seguirte". Diablos, el chico no tenía dignidad.
Tratando de esconder su sonrisa, abrió el Instagram de Eren para poder ver sus fotos. Se topó con muchas publicaciones, pero la mayoría eran dibujos. Algunos eran simples bocetos, y otros tenían hasta los más mínimos detalles. Había un patrón en esos dibujos, y eso era que eran todos primeros planos de rostros. Pero dejó de concentrarse en los dibujos cuando recibió otra notificación. Un mensaje de Instagram.
Hola! Estuve esperando toda la tarde a que me hablaras :)
Diablos. Este chico en verdad no tenía filtros, ¿eh?
Levi se preguntó qué debía responderle. Si bien Eren era mayor de edad, sino no podría estar trabajando en un Starbucks, temía preguntar qué tan mayor era. Era alto y tenía hombros anchos, sí, y definitivamente entrenaba, pero podía tratarse de un crío con una genética desarrollada. Tal vez Eren pensó que Levi era más joven de lo que en realidad era y por eso le dejó su Instagram. Después de todo, a Levi siempre le daban no más de 20 años.
Bueno, podía preguntarle.
Hola. Recién me desocupo.
Oh, trabajaste hasta ahora?
Salgo a las 8, pero entre que llegué a mi casa y me puse cómodo, no tuve mucho tiempo libre que digamos.
Entiendo. Trabajas cerca del café? Nunca te había visto por ahí.
A un par de cuadras. Y no, no soy cliente habitual de ese tipo de lugares. Fue una excepción. Una amiga quería uno de esos frappés y bueno, fui.
Sabía que no eras de beber esas cosas, jajaj. Conozco una casa de café en donde venden buen té, se llama Warm María, está cerca del Starbucks. Si me dejas te puedo invitar uno de sus tés, son muy buenos y tienen té negro de primera calidad.
Levi sintió su corazón acelerarse. Este chico era un enviado del cielo.
Ah, sí, el lugar del viejo Pixis. Siempre voy ahí, pero hoy cerró por vacaciones por dos semanas, por eso terminé yendo al Starbucks.
Ah, no sabía. Qué suerte la mía entonces, jaja.
Levi se comenzó a sentir un poco incómodo. No por el evidente coqueteo, sino porque quería saber cuanto antes la edad de Eren.
Oye, disculpa si sueno alo brusco, ¿pero qué edad tienes?
Algo*
Tengo 24, tú?
Bueno, 24 no estaba mal. Definitivamente era joven, pero no tan joven.
Tengo 30. 31 en 3 meses.
Queeeeee? Cómo que 30? Pero si pareces de 20!
La conversación fue fluyendo y terminaron hablando de cosas varias. Eren le contó que estaba estudiando medicina con orientación a la cirugía plástica, y Levi si bien no fue tan abierto sobre lo que hacía en su vida en general, sí le dijo que era abogado y que estaba trabajando actualmente en el bufete de Smith & Sons. Los dos congeniaron rápidamente, cosa que a Levi le sorprendió ya que sostenía que las redes sociales eran muy impersonales. Cuando ya había pasado más de una hora, Levi se dio cuenta de lo tarde que era y le dijo a Eren que podían seguir con la charla al día siguiente.
Te parece si en vez de seguir hablando por Instagram mejor hablamos en persona? Conozco otro lugar en donde podemos ir a merendar si quieres. También venden muy buen té.
Levi dudó si aceptar o no la oferta de Eren tan pronto, pero… ¿qué podía perder? El chico parecía muy agradable, y no iba a negar que estaba buenísimo, por lo que le dijo que sí.
Eren insistió en pasarlo a buscar, y si bien Levi tenía su auto, terminó aceptando al segundo pedido del chico. Si quería ser un caballero no iba a impedírselo. Y si intentaba propasarse o se volvía intenso, siempre podía romperle la nariz con uno de sus puñetazos.
Al día siguiente, ya habiéndose hecho las cuatro de la tarde, Eren le mandó un mensaje a Levi diciéndole que estaba afuera. Aún no se habían pasado su WhatsApp. Eren se lo había pedido, pero Levi le dijo que si después del encuentro de hoy seguían queriendo hablar y verse, se lo daría. A Eren no le quedó más que aceptar.
La merienda no fue la gran cosa, Levi había probado tés mucho más sabrosos, pero la compañía la compensó. Eren era luz pura, y cuando le hablaba, lo miraba fijo, como si no quisiera perderse detalle de su rostro. Al principio le pareció algo intimidante, pero su voz era tan dulce que después de un rato se acostumbró. Se notaba que era un chico muy entusiasta y jovial. A pesar de estudiar y trabajar, Levi podía decir que Eren tenía alma de niño. Bueno, claro que eso desapareció cuando, al final de la cita, ya en la casa de Levi, Eren lo sujetó del rostro acercándole el suyo. Tenía una mirada voraz.
Levi tragó saliva que no sabía que tenía acumulada. Se relamió los labios y entrecerró los ojos. Eren había demostrado ser simpático y respetuoso en todo momento, por lo que se había ganado un beso.
Pero los ojos de Levi se abrieron de par en par cuando notó que un par de suaves labios besaban su nariz.
¿Qué diablos estaba sucediendo?
Era un beso tierno, pero, ¿Eren, en serio? Para su sorpresa, a los segundos Eren se separó, y vio una sexy sonrisa adornar su bonito rostro.
En verdad, ¿qué demonios acababa de suceder?
–Eres tan lindo. –le dijo Eren con la voz un tanto ronca. Parecía encantado. Levi no sabía qué responder, sólo… sonrió algo confundido. –Me gustas, Levi. Mucho.
–Uh, g–gracias. Tú… también me gustas.
Después de esas palabras, Eren lo abrazó, sorprendiéndolo aún más. ¿Hacía cuánto que no tenía una cita? ¿Esto es lo que hacían hoy en día los jóvenes, se besaban las narices y se daban abrazos?
–¿Crees que soy digno de tu número de teléfono? –le preguntó Eren tras cortar el abrazo.
Levi rio genuinamente, Eren era indescifrable y raro, pero tierno a la vez.
–Seguro. Dame.
Eren le dio su celular y Levi anotó su número en él. Mientras tanto, el más joven le corría unos mechones de pelo colocándoselos detrás de la oreja, para luego delinear su nariz con la punta del delo.
–Oye, tienes un perfil hermoso. ¿Me dejarías dibujarte algún día? Tu nariz es… perfecta.
–Uh… claro, por qué no.
Se despidieron, y aunque para Levi fue algo incómodo ya que fue una despedida poco convencional, o al menos no como él esperaba: con un puto beso en la boca; a Eren parecía no resultarle extraño darle otro beso en la nariz.
Esa misma noche recibió un mensaje de Eren diciéndole nuevamente que la había pasado increíble y que le encantaría salir de nuevo con él, pero Levi no le contestó. Quería volver a verlo, eso sin dudas, pero Eren era un poco… raro.
Luego de chequear su cuenta de Instagram de nuevo, les prestó más atención a esos dibujos Levi no iba a mentir, Eren era bueno dibujando, pero, y viendo más en detalle esos rostros, se dio cuenta de algo… ¿por qué dibujaba puras narices? Había grandes, pequeñas, alargadas, finas, gruesas… ¿Tal vez era algo propio de los cirujanos plásticos? Si bien Eren aún no era cirujano, tal vez le llamaban la atención las narices por ese motivo… Bueno, quién era Levi para juzgar, a él le llamaban la atención los culos.
De tanto divagar, olvidó responderle a Eren y se quedó dormido, y al día siguiente, cuando agarró su teléfono para apagar la alarma, vio un segundo mensaje de WhatsApp.
Disculpa si insisto, pero si te hice sentir incómodo con algo dímelo :(
Se lo había enviado anoche. Diablos. No quería parecer un cretino, por lo que le contestó enseguida. Claro que tampoco iba a mentirle.
No, no es eso, es sólo que me desconcertaste cuando te despediste ayer, es todo.
Eren respondió a los pocos minutos.
Lo siento. No quise hacerte sentir incómodo. Es que de verdad quería besarte. Te pido disculpas.
Es que a eso voy. Esperaba un beso. Ya sabes, un beso en la boca, no en la nariz. No es que me molestara, digamos que hay una primera vez para todo, sólo que fue más inocente de lo que esperaba.
Ah, pero eso se puede solucionar ;)
El resto de la conversación y la erección matutina de Levi no lo ayudaron mucho a levantarse temprano como hubiese querido, y necesitó más tiempo del usual para salir de la cama. Esa misma noche, habiéndose quedado con las ganas de lo que Eren le había prometido en esa conversación matutina, lo invitó a cenar a su casa, y sí se besaron, y cómo se besaron.
La nariz de Levi estuvo libre de besos, pero eso sí, después de ponerse por demás cariñosos, Eren terminó descargando todo su amor en el rostro de Levi, haciendo que se le taparan hasta los orificios nasales.
Luego de limpiarse los restos de Eren en el baño, Levi volvió a la habitación en donde encontró al joven sonriendo. Eren no se veía para nada apenado, y si bien lo más probable era que Levi iba a estar un par de días sacándose semen de la nariz, no la había pasado para nada mal. Fue… nuevo.
Eren se fue al día siguiente, Levi diciéndole que debía marcharse temprano para dejarlo prepararse. Como buen perrito, el chico le hizo caso sin chistar, pero no sin antes asegurarse de un próximo encuentro.
Cuando Levi llegó a su trabajo, no habiendo podido estacionar su auto en el lugar de siempre, decidió hacerlo en donde solía dejarlo el viejo Pixis. Ya que no estaba, aprovecharía el sitio. Pero grande fue su sorpresa cuando lo vio estacionar antes que él. Afortunadamente había lugar detrás, y no perdió un segundo en usarlo. Al bajarse, se acercó al viejo para saludarlo.
–Buenas, viejo. ¿Tan poco te duraron las vacaciones?
Pixis lo miró confundido por unos segundos, pero luego pareció hacer sinapsis.
–Qué vacaciones ni qué nada. Tu amiga la loca me sobornó para poner ese cartel por un rato el viernes pasado. Dijo algo sobre hacerte ir a esa tienda de porquería que tanto le gusta a ella porque quería presentarte a un amigo suyo. No me explicó mucho más, pero espero que no me haya hecho perder a mi mejor cliente, sino no podré decir que esa petaca de ron valió la pena.
Levi se quedó unos momentos en silencio, recalculando y tratando de entender qué era lo que había pasado. Y de repente todo tuvo sentido. Hange es cliente frecuente de ese Starbucks. Hange ya conocía a Eren. Eren ya conocía a Hange. Hange quería que Levi y Eren se conocieran, y sabía que eso no sucedería a menos que su amigo estuviera en una situación extrema.
Al menos eso explicaba muchas cosas. Como por ejemplo la excentricidad de Eren. Por supuesto que Hange no iba a ser amiga de gente normal. Y sí que le iba a reclamar esto a la Cuatrojos. Claro que omitiría el detalle de que haber conocido a Eren era lo mejor que le había pasado en lo que llevaba del año. Y que planeaba verlo de nuevo durante la semana.
En su casa.
Probablemente dejándolo usar su nariz de tiro al blanco.
De nuevo.
