Notes:

Este fic está basado en este Art: www . instagram . com p/CNDBYeDFcXf/?utm_medium=copy_link

He pedido permiso a la artista.
Como siempre, este fic está completo, pero subiré un capítulo a la semana.
Por cierto, me he abierto un INSTAGRAM donde recomiendo lecturas, series y películas BL si os interesa.
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Harry cruza el umbral de la puerta del vestuario con pasos firmes y rápidos, lanza su escoba con fuerza contra la pared para inmediatamente después, pegarle una patada al banquillo, gruñir y dejarse caer sobre él con gesto derrotado. "Mierda. Menudo gilipollas. ¿Cómo has podido perderla así? ¡Estaba frente a tus narices!" Piensa mientras mira su taquilla con odio como si fuese culpa de esta que hubiese perdido.

—Venga, Potter —oye a su espalda—, es tu primer partido, es normal. No es el fin del mundo.

—No he perdido una snitch en toda mi vida. Solo cuando estaba en Hogwarts y había algo que me lo impedía. Como por ejemplo, alguien intentando matarme, ya sabes —dice con una mordaz ironía dejando escapar todo el aire que tiene dentro inmediatamente después.

Se tapa la cara con ambas manos y se deja caer al frente apoyándose en sus rodillas. Un gesto que su capitán encuentra demasiado teatral.

—Vamos, los demás estarán aquí en un minuto en cuanto termine la rueda de prensa, no te pongas en plan melodramático. No quiero oírte disculparte por lo que has hecho. Todos cometemos errores, ¿me oyes? —sentencia, sabiendo exactamente qué hay en la mente de Harry en ese momento.

No llevan jugando mucho tiempo juntos, pero Harry es consciente de que Marcus Flint es probablemente la única persona que puede leer su mente como si fuese un oclumante experto. Quizás la parte de psicólogo venga adherida a la de capitán al igual que pasa cuando trabajas tras la barra de un bar. O puede que simplemente sea que él es tan transparente que cualquiera puede leer sus pensamientos como si su cabeza estuviera recubierta de cristal.

Harry se levanta decidido y se pone frente a él, muy cerca.

—Te prometo que no volverá a pasar, te juro que cazaré la snitch en mi próximo partido y…

Flint se ríe y él frunce el ceño. ¿Cómo puede estar tan contento después de una derrota como aquella?

—Potter, tienes que relajarte, ¿vale? entiendo que estés cabreado porque has perdido esa snitch, estaba ahí, lo sé; pero es tu primer partido, ¿entiendes? y además era uno amistoso, no has perdido nada, no va a significar nada. Guardate esa actitud para cuando nos estemos enfrentando a la final de la liga, ¿de acuerdo?.


Harry se pregunta por qué ese recuerdo ha llegado a su mente en un momento como aquel. Es la quinta vez que se enfrenta a una final de la liga de Quidditch, aunque, desgraciadamente, no ha ganado ninguna. Pero ahora, mientras se termina de colocar todo el equipamiento de su uniforme de buscador, piensa en las probabilidades que hay de que esta sea esa vez, la vencida y por fin pueda llevarse la copa a casa.

Marcus pasa por detrás y, como siempre, le da una palmada en la espalda que podría derribar al mismísimo Hagrid. Cuando gira la cabeza, le ve darle otra a Oliver, esta vez en el culo, que lo hace trastabillar, pues se estaba atando los cordones de sus botas con un pie sobre uno de los banquillos. Mientras se ríe y niega con la cabeza, imagina qué se sentirá al ganar una final.

Está nervioso, aunque no como otras veces, pero confía en sus compañeros y en qué van a darlo todo ahí fuera. No quiere tener las esperanzas muy altas, pero tampoco quiere salir al campo con la sensación de que van a perder. Así que antes de salir por la puerta, da un par de saltos, cierra los ojos, repite su mantra y sale hacia el campo.

El partido está muy reñido, ha visto la snitch al comienzo, cuando aún no habían pasado ni diez minutos; pero ha perdido la vista de la esfera dorada y ahora, más de dos horas después, sigue sin verla.

Da vueltas al campo intentando entretenerse sin dejar de observar con cautela todo a su alrededor, la buscadora del Falmouth Falcons no le deja respirar, cada vez que se mueve aunque sea un centímetro, la tiene sobre él. Es rápida, intuitiva y muy muy ágil. Será una dura competencia cuando por fin vean la snitch. Pero también es joven y no lleva mucho en el equipo, la experiencia es lo único que tiene a su favor.

Se pasea por los aros para ver si puede echar una mano esquivando alguna quaffle, de repente nota que la chica ya no lo sigue, y cuando quiere darse cuenta, es consciente de que ha visto la snitch antes que él. Maldita sea .

Todo lo rápido que es capaz, la sigue; y aunque la sigue con todas sus fuerzas, ella va mucho más adelantada que él.

La snitch sube y sube sin intención de girar o parar en ningún momento y él ve el suelo cada vez más lejos. Pero entonces, mientras la observa, ve como Martin, la buscadora, empieza a bajar la velocidad y cuando frunce el ceño preguntándose si ya la ha alcanzado, ve la pelota caer a su lado; no ha girado, es como si de repente, se hubiese vuelto inanimada y estuviese cayendo en picado. Él aún va hacia arriba, si empieza a frenar, Martin se le va a adelantar otra vez, así que sin pensar mucho en lo que está haciendo hace que su escoba se detenga, se baja de ella, la agarra con fuerza con una mano y se deja caer. Como un misil, cae y cae hasta que la escoba parece haber perdido toda la velocidad y vuelve a subirse en ella. En cuanto lo hace, oye un sonido apagado en el público, "¿se habían pensado que se había caído de la escoba?" Ahora cae totalmente vertical, la buscadora está rozando las ramas de su escoba, tiene que aprovechar la ventaja. La chica vuelve a aminorar la marcha, si sigue descendiendo a esa velocidad, se va a estampar contra el suelo, pero él no. No es la primera vez que hace ese amago, cuando cazó su primera snitch ya tuvo que hacerlo, así que cuando llega el momento justo, se agarra con las dos manos del palo y sube ambos pies a la escoba para frenar y girar en sentido horizontal. La escoba, como siempre, le obedece y cuando se quiere dar cuenta, está casi de rodillas, con un pie sobre las ramas y la snitch en la mano.

El estadio ruge y él ya no oye nada, solo un pitido agudo. Dos segundos después, nota como seis tíos, más grandes que él mismo, se le tiran encima y le aplastan entre gritos.

En el vestuario todo son alaridos, chillidos... alguien le ha pasado la copa de quidditch llena de Champagne y él ha bebido de ella como si fuese agua, se meten a la ducha todos juntos (sí, con la copa también) y mientras, cantan el himno del equipo (" Beat Back Those Bludgers, Boys, and Chuck That Quaffle Here ") a gritos y desafinando todo lo posible.

Harry solo se ríe y canta, hasta que se gira y encuentra a Flint en el suelo, arrodillado frente a él, completamente desnudo (como el resto del equipo) sosteniendo entre sus dedos su anillo de compromiso.

—Te quiero, Potter, cásate conmigo.

Este se ríe a carcajadas y observa como Oliver se acerca a Marcus, le quita el anillo y le dice muy bajito:

—Mejor lo guardo, ya te lo daré en casa cuando volvamos —y después se dirige a Harry con una sonrisa—: Aunque yo también te quiero y lo sabes, ¿verdad?

No recuerda haberse reído a carcajadas de esa forma. No como hoy; no con tanto júbilo. Le duele el pecho; le duelen la barriga y la mandíbula de tanto reírse, la espalda de tantas palmadas que le han dado sus compañeros. Y aun así, se siente lo más feliz que se ha sentido en mucho tiempo, probablemente, lo más feliz que se ha sentido nunca.


Puta luz , piensa, hay una luz brillante que le da directamente sobre los ojos. ¿Por qué? siempre cierra las cortinas antes de irse a dormir; además, su ventana no está tan cerca. Se gira para evitar el sol y choca contra algo. Abre los ojos con pánico para encontrarse frente a un pie. Un pie humano. De hombre. Se incorpora de un salto con el corazón latiéndole a mil por hora, pero entonces se da cuenta de que lo que al principio ha creído que era un polvo después de una buena borrachera post celebración de la liga, no es más que cuatro de sus compañeros de equipo durmiendo sobre la cama de lo que parece un hotel. Marcus y Oliver están en el suelo a un lado, abrazados; hay otros tres, también en el suelo, al otro lado de la cama. Suspira aliviado. Vale, no ha hecho ninguna tontería. O eso piensa, hasta que se percata de un dolor punzante en el brazo izquierdo. Se lo toca y le duele aún más al rozarlo. ¿Qué coño hizo anoche…?

Se despega una especie de tirita de color oscuro y casi echa la pota al darse cuenta de que se ha hecho un tatuaje. Bueno, no se lo ha terminado de hacer. Solo puede leerse: "Final Liga de Qu". Alza una ceja, ¿tan borracho iba?

Nota como alguien se abraza a su pierna y al bajar la vista, se encuentra con que Lawrence tiene una tirita igual en el mismo sitio que él y con cuidado echa un ojo a lo que hay debajo. Vale, el suyo está entero: "Final Liga de Quidditch 2007" en forma de semicírculo. El escudo del equipo en medio y " Beat Back Those Bludgers, Boys, and Chuck That Quaffle Here " también formando un semicírculo debajo.

Se levanta con cuidado intentando no pisar entre el lío de piernas y brazos de sus compañeros y uno a uno comprueba que todos tiene el dichoso tatuaje. ¿Por qué el suyo no está entero?

Se mete a la ducha y cuando sale, poco a poco empieza a despertar a todos.

Gracias a Merlín, el hotel les proporciona poción anti resaca junto a su desayuno inglés. Harry jamás se había tomado las judías en su tostada con menos ganas. Tuvo que beber mucho si aun después de la poción aún tiene el estómago revuelto y no recuerda absolutamente nada.

Dos días después, con toda la dignidad y el orgullo que le queda, se presenta en casa de Oliver y Marcus para averiguar por qué lo de su tatuaje fallido.

Ambos se miran sin saber bien qué decir.

—¿Me podéis dar la dirección del estudio para que me lo terminen? —pregunta mientras observa las tres palabras, una de ellas inacabada.

—No sé, Harry —dice Oliver sin quitar sus ojos de Marcus—, fuiste un imbécil con…

—Te pasaste un poco con el tatuador —interrumpe el capitán del equipo—, le llamaste cosas que... Además, está bastante solicitado, esto fue un favor personal porque nos conocemos desde hace muchos años. Pero tiene bastante lista de espera.

—¿Puedes darme aunque sea la dirección para ir a disculparme?

Que ellos sigan mirándose con tanto recelo, le hace cuestionarse qué demonios le diría al pobre chico. No suele perder los nervios ni siquiera cuando está borracho, la verdad.

Pero al final, termina convenciendolos y le dan la dirección. No sin antes advertirle que si no lo arregla, no va a tener otra oportunidad. Le cuesta explicarles que estaba borracho, pero que él no haría algo así, ¿por quién le toman? ¿es que acaso no le conocen desde hace años y saben que él no es un mal educado?


No le cuesta mucho encontrar el lugar en Hogsmeade, al fin y al cabo, no abundan los estudios de tatuajes en el pueblo mágico.

Al abrir la puerta y entrar, se oye una especie de campanita que anuncia la llegada de un cliente. No hay nadie al otro lado del mostrador, pero oye una voz diciendo:

—¡Un momento!

La cortina que da a la trastienda se abre, y Harry se queda de piedra. Malfoy aparece caminando mientras se quita un par de guantes de goma y gira la cabeza para apartar el flequillo de sus ojos. Solo que no es Malfoy . Bueno, si es Malfoy, pero es una versión de Malfoy que él no conocía. Un Malfoy hipster y caliente. Se le seca la garganta y es incapaz de articular ni una palabra.

El Malfoy hipster y caliente se apoya sobre el marco que da a la trastienda y le observa con sorna.

—¿Qué, Potter? —le dice mordiéndose la lengua mientras sonríe de lado—, ¿has venido a por más?

¿Qué pasaría si se diese la vuelta, saliera de allí, se alejara todo lo posible y no volviera a aquel lugar nunca más? Pues que tu tatuaje seguiría siendo igual de ridículo. Piensa dándose fuerzas mentalmente.

—Oye —dice mientras traga saliva—, no sé qué fue lo que te dije, pero lo siento, ¿vale?

El rubio vuelve a reírse y él empieza a estar un poco molesto. Molesto porque es obvio que Malfoy sabe algo que él no y que lo vio en un momento del que, si se acordase, seguramente no se sentiría nada orgulloso.

El tatuador es consciente de que le está crispando, así que se acerca al mostrador de cristal frente a él y apoya ambas manos sobre este.

—No tienes nada de lo que avergonzarte. Los borrachos siempre dicen la verdad, ¿no?

Harry empieza a entender el porqué no se terminó el tatuaje.

—Supongo que me pasé un poco. Pero oye, imagino que no esperaba verte a ti con una aguja cerca de mi brazo y me puse un poco imbécil, ¿no? espero que no te dijese nada demasiado…

—No tienes ni idea de lo que pasó, ¿verdad?

—Algo, probablemente, muy fuera de lugar, teniendo en cuenta que dejaste mi tatuaje a medias. Menos de a medias —responde avergonzado.

—Eso —dice señalando con uno de sus dedos su brazo—, no fue porque hirierses mis sentimientos, Potter —dice en un tono ligero—. Fue porque comenzaste a gritar que estaba haciéndote mi cul daño y que te dolía horrores.

Harry alza una ceja sin terminar de comprender.

—¿No fui borde contigo? Marcus y Oliver me han dicho que me pasé, y pensé que esa era la razón por la que no quisiste terminarlo.

—Te pasaste, desde luego, aunque no me ofendiste. Fue gracioso verte así en realidad, Potter. Pero lo del tatuaje a medias fue enteramente tu culpa —Draco se lleva un dedo a los labios como si estuviese pensando—, si no recuerdo mal, tus palabras fueron: "Merlín, qué daño. Cómo seas así de bruto en todo, Malfoy, tienes que follar de miedo"

Harry se queda callado un segundo. Y luego dice:

—Yo no dije eso.

Malfoy vuelve a reírse, y no sabe por qué, eso le irrita.

—Puedes usar la legeremancia, aunque te advierto, que es de lo más suave que me dijiste esa noche —Harry traga saliva de nuevo y no contesta, ¿qué se supone que tiene que decir ahora?—. Imagino que quieres que lo termine —el jugador de quidditch asiente—, de acuerdo, pero esta vez sin una gota de alcohol por favor.

—Gracias —dice Harry lo más avergonzado que ha estado en su vida—, y lo siento de nuevo. Prometo no beber la próxima vez. De hecho no creo que vuelva a probar una gota de alcohol en toda mi vida.

—No te preocupes, Potter —le responde aún sonriendo—. Y ahora lo siento, pero tengo a un cliente esperando.

—Claro —le sale con algo de anticipación.

Draco se da la vuelta y aparta la cortina, pero antes de desaparecer tras ella, gira la cabeza y le dice:

—Espera una llamada para la semana que viene de este "culito hipster que te encanta".

Menos mal que en cuanto lo dice, no puede volver a verle la cara, porque no recuerda haber sentido tanta vergüenza en toda su vida.