Harry Potter: Una lectura distinta, vol. 4
Por edwinguerrave
Copyright © J.K. Rowling, 1999-2008
El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000.
Interludio: El año en el que todo cambia
—Ay, Harry, que año tan intenso para ti y los muchachos —comentó Lily, mientras dejaba el pergamino en el atril y éste se desvanecía.
Mientras Lily abrazaba a Harry, la voz de la Sala se escuchó:
—Con este capítulo ha terminado el tercer año en la vida de Harry James Potter en Hogwarts. Les invitamos a cenar, reposar, descansar y prepararse para comenzar mañana un año que cambió significativamente la vida de muchos de los presentes en esta sala.
—Ciertamente —admitió Cedric, lo que sorprendió a varios, especialmente los más jóvenes.
—Sí —dijo Harry—, el año del Torneo de los Tres Magos.
Algunos gestos de comprensión por parte de los mayores y de los contemporáneos de Harry contrastaron con los ruidos de dudas de la "tercera generación".
—Algo leí de ese torneo… —dijo Rose, pero se interrumpió al oírse la voz de Kreacher invitando a los asistentes a disfrutar la cena. Mientras caminaban hacia el comedor, Scorpius le susurró al oído:
—¿Viste? Hasta a ti te interrumpen.
—Ja, ja —le respondió la pelirroja, con sarcasmo—, chistoso.
Como los días anteriores, disfrutaron de la exquisita comida que los elfos, liderados por Kreacher, habían preparado para ese momento. Ya a la hora del postre, James le preguntó a Harry, con interés:
—Entonces, Harry, ¿tú creías que Remus y Sirius estaban locos cuando hablaban de Peter?
—¿Sinceramente? —repreguntó Harry, provocando que los aludidos atendieran a la respuesta. James asintió, y Harry, después de ver a Ron y Hermione, dijo—. Sí, de verdad creía que estaban locos, pero había algo dentro de mí que me decía que podía ser cierto, pero era algo tan remoto que la ira no dejaba que aflorara. Después con el tiempo descubrí qué era: recuerdos muy antiguos, de cuando tendría meses o cuando mucho un año.
—Como lo de "la niña", ¿verdad? —intervino Sirius, ganándose una mirada dura de parte de Lily. Aparentemente no había dejado en el olvido eso de los paseos en la moto voladora.
—Algo así —confirmó Harry—; quizás el recuerdo de la moto o el fulgor del ataque de Voldemort quedaron impresos con mayor fuerza en mi memoria, pero esos otros recuerdos, como rostros, sabores, voces, sensaciones, también estaban, y fueron de los más difíciles en aflorar.
—Eso es verdad —dijo Remus, sonriendo levemente—. Muchas veces los recuerdos más tristes son los que se marcan más en nuestra memoria. Por eso es que es tan complicado producir un patronus corpóreo, porque se necesita un buen recuerdo feliz, muy poderoso.
—Sí —dijo Hannah, asintiendo—, recuerdo que eso nos lo dijo Harry cuando nos enseñó el encantamiento patronus, que mientras más fuerte fuera nuestro recuerdo alegre, más fuerte y por más tiempo se mantendría nuestro patronus.
Todos los que estuvieron en el ED asintieron, haciendo sonreír a Harry. Cedric, extrañado, preguntó:
—¿Cuándo les dijiste eso, Harry?
—Poco después de tu partida, cuando tuvimos que tomar acciones para ayudarnos. Eso fue en nuestro quinto año, el cuarto de Ginny y Colin.
Cedric asintió en silencio, mientras Draco miraba receloso a los que habían sido parte del ED. Al, sin embargo, seguía meditando algo hasta que lo expresó:
—Hablando de Peter, me quedé pensando en algo que dijo el profesor Dumbledore, de la conexión que se creó entre papá y él. No lo entendí muy bien.
—El profesor dijo, según recuerdo—recitó Rose, como usualmente hacía—, "Pettigrew te debe la vida. Has enviado a Voldemort un lugarteniente que está en deuda contigo. Cuando un mago le salva la vida a otro, se crea un vínculo entre ellos. Y si no me equivoco, no creo que Voldemort quiera que su vasallo esté en deuda con Harry Potter." Y tío Harry no estaba muy contento con eso.
Harry sonrió, pero asintió. Rose había acertado.
—Es verdad —dijo James, serio—, al igual que Snape y yo. Sé que él nunca lo ha querido aceptar —comentó mientras lo veía comer en la mesa de los profesores, apartada de la gran mesa grupal—, pero en ese momento que le salvé la vida cuando habíamos pensado y provocado que se metiera en la Casa de los Gritos con Remus a punto de transformarse, contrajimos esa misma deuda, ese mismo vínculo. Quizás por eso, a regañadientes, te estuvo ayudando y protegiendo, Harry. Quizás, como te dijo el mismo Dumbledore, al procurar cuidarte honraba mi memoria y podía seguir odiándome en paz.
—Y por eso —reconoció Harry—, Peter, que sí comprendía lo que yo había hecho por él, fue castigado cuando dudó.
—¿Cuándo fue eso? —preguntó Sirius, intrigado.
—Va a faltar bastante para llegar a ese momento, padrino. Eso fue antes de la batalla final entre Voldemort y yo, entre los mortífagos y Hogwarts.
—Ah, ok —aceptó Sirius, sin convencimiento.
—Creo, sin ánimo de ser imprudente —dijo Dumbledore, cuando se acercó a la gran mesa—, que es hora de descansar; quizás habrá algo que quieran conversar en privado. Mañana en nuestra aventura comenzaremos a leer el cuarto libro, un año muy movido, según recuerdo.
—Así es —reconoció Harry, para después suspirar y decir—. Demasiado movido, diría yo.
Con algunas protestas de parte de los más jóvenes, las familias se fueron dispersando a sus respectivas casas-habitaciones. Cuando los cinco Potter entraron a sus espacios, Al dijo:
—Debe ser bien complicado deberle la vida a alguien, ¿no?
—Sí —confirmó Harry, viendo a sus hijos mirarle con interés—, sobre todo cuando esa persona es tu enemigo o trabaja para tu enemigo.
—Como pasó con el abuelo y el profesor Snape —comentó JS.
—Así es —dijo Ginny, para luego ordenar—. Ahora, vamos, a la cama, ¡Sin protestar! —aclaró cuando los chicos intentaron rebelarse.
Luego que los tres niños ya estuvieran en sus respectivas habitaciones, y Harry y Ginny en su magnífica cama matrimonial, con las luces apagadas, y apenas un breve reflejo de la luna entrando por las cortinas; Ginny dijo, al oir suspirar a su esposo:
—Harry, ¿no puedes dormir?
—No —suspiró y acarició la espalda de su esposa, quien se abrazaba a su pecho—, no dejo de recordar lo que viví ese año.
—Sí, por supuesto —reconoció Ginny, ya totalmente incorporada.
—Lo que pasó en los Mundiales, el anuncio del Torneo, la llegada de los otros colegios, la selección, las pruebas, el laberinto, la muerte de Cedric, la reaparición de Voldemort… Fue un año muy intenso.
—Demasiado intenso, diría yo.
—Sobre todo porque al principio nadie confiaba en mí, ni siquiera Ron.
—Sus razones tendrían.
—Quizás —suspiró Harry—, pero casi siempre era así. Un día me tenían como héroe y al otro pensaban que estaba a punto de venderlos a Voldemort o algo así.
—Y eso fue todo el tiempo, al menos estos primeros años.
—Así es, mi bella.
Y besándose poco a poco, fueron cayendo en un sueño reparador, del cual despertaron apenas comenzó a oírse movimiento en la casa.
—¿Siempre son tan alborotadores, Ginny?
—¿Quiénes?
—Nuestros hijos…
—Mmmjjj —soltó, luego dio un gran bostezo y puso una sonrisa apenada.
Harry se estiró, soltando el abrazo en el que envolvía a Ginny, para darle chance a su esposa de levantarse.
Después de un buen rato preparándose, cuando se asomaron al pasillo encontraron a Al sentado en las escaleras, al lado de la puerta de la cocina, viendo con total concentración las fotos del pequeño álbum que Hagrid le había regalado a Harry al final del primer año.
—¡Hola, campeón! —saludó Harry, acariciando la cabellera de su segundo hijo.
—Hola, papá… Estaba viendo las fotos de los Merodeadores —Harry sonrió al ver la foto de la boda de sus padres—, detallando a Pettigrew —apuntó al más bajito de los cinco, casi arropado entre Sirius y Remus—, imaginando qué lo llevó a traicionarlos, a traicionarte, como nos dijo Sirius antier.
Ya Ginny, JS y Lilu se habían reunido con Harry y Al, al pie de la escalera.
—Nada, Al —saltó JS—, que como dijo Sirius, le convenía siempre estar con quien tuviera el poder, que hiciera todo el trabajo pesado por él.
—Puede ser —admitió Harry—, primero mi papá, Sirius y Remus; después, Voldemort; cuando cae, los Weasley; para después volver con Voldemort. Aunque algo tendría para ofrecerle a cada uno. A Los Merodeadores, habrá que preguntarle a papá, a Sirius o a Remus. A Voldemort, primero un buen espía en la casa, después quizás un mago que lo atendiera hasta que tomó fuerza nuevamente… A los Weasley, una mascota que le permitiera pasar desapercibido y enterarse de todo.
—Pero eso lo podemos preguntar después de desayuno, ¿si?
Todos sonrieron ante la voz de angustia de Lilu. JS la abrazó, y después que Al colocó el álbum en la mesita del recibidor, salieron a la Sala de los Menesteres, donde ya algunos, especialmente Sirius, Ron y los gemelos, disfrutaban del desayuno. Mientras disfrutaban de las preparaciones, Al preguntó:
—Abuelo, Sirius, Remus… ¿Qué le aportó Pettigrew a Los Merodeadores?
Los tres se vieron la cara, sorprendidos, a la vez que las conversaciones paralelas se callaron. Remus tomó la palabra, con la venia de sus amigos:
—¿Peter…? Él, a pesar de lo frágil o débil que podía parecer, era bastante inteligente, y de vez en cuando se sacaba unas ideas geniales.
—De hecho —comentó James, tratando de sonar alegre—, él fue el que nos propuso crear el Mapa del Merodeador.
—Sí —intervino Sirius—, recuerdo ese día, fue a principios de quinto, creo —James asintió—, Remus estaba molesto porque me estaba burlando de él…
—De mi "pequeño problema peludo" —interrumpió el aludido.
—Exacto. Estábamos pensando en diseñar algo para saber cómo movernos por el castillo y a él se le ocurrió lo del mapa.(1) Nos llevó casi todo el año, pero quedó perfecto —y se llevó los dedos a los labios, lanzando un beso como si fuera un chef disfrutando su preparación. Lily rió, y comentó:
—Ese día que lo probaron me tenían al borde con sus bromas, no querían estudiar para un examen de Transformaciones, si no me equivoco, y casi les quito puntos como prefecta que era.(2)
—Prefecta perfecta —murmuró Sirius, provocando algunas risas.
—Pero lo probamos y funcionaba perfecto —comentó James, sonriendo al recordar—, encontramos a… —señaló con el pulgar a Snape, ya sentado en su butaca de director— y le pusimos el mundo de cabeza, al menos unos minutos.
Harry borró casi al instante la sonrisa de su cara, lo que notó Remus, sentado delante de él.
—¿Pasó algo?
—No, nada, tranquilo.
Remus lo miró suspicaz, pero no comentó nada.
—Creo que ya estamos preparados para iniciar la aventura de escuchar lo que Harry y los que estuvimos presentes vivimos en su cuarto año —indicó Dumbledore, sonriendo, según le pareció a Harry una estrategia para desviar la atención de su propia molestia.
—¿Qué tiene de especial este cuarto año? —preguntó Kevin, interesado—, Porque apenas lo mencionaron, a tío Harry y al señor Cedric les cambió el rostro.
—Por todo lo que ocurrió, Kevin —dijo Harry, intentando sonreír de nuevo—. Me gustaría darles más detalles, pero creo que será mejor escuchar la lectura, ¿no crees?
Kevin asintió, aunque poco convencido, y todos terminaron de ubicarse en sus asientos.
—Como bien lo indicó el director Dumbledore —se escuchó la voz de la Sala—, hoy comenzaremos la lectura del cuarto año, un libro que, debido a su complejidad y extensión, nos tomará un poco más de tiempo del que se ha invertido en los anteriores. Creemos conveniente recordar que estos eventos son parte de la historia, que debe haberse decantado en mente y corazón, por lo que sugerimos controlar los ímpetus de confrontación o reclamo.
En el mismo momento que se dejó de escuchar la voz de la Sala, el atril se materializó directamente delante del profesor Dumbledore, quien, suspirando, dijo:
—A continuación, Harry Potter y el Cáliz de Fuego.
Notas al pie:
(1) Esto se narra en El Pulso de Harry Potter, escrito para el reto "Jukebox" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black, en septiembre de 2014; relato en estructura de viñetas "155W" que se inspiran en el disco Dark Side of the Moon de la banda británica Pink Floyd.
(2) Situación que se narra en Póker de Ases, del cual ya se hizo referencia previamente.
Buenos días desde San Diego, Venezuela! Se da inicio a un nuevo volumen de esta "aventura astral de tres generaciones y ocho libros", un libro que, como sabemos, narra un año definitorio en la historia de Harry Potter. Como siempre, la idea es mantener el ritmo de publicar cada domingo (y creo que podre mantenerlo... jejejeje), pero más que eso, el mantener esta legión de lectores, seguidores, comentaristas; por eso les invito a que hagan lo que hicieron en el último capítulo del vol. 3 Isabelfromnowon (totalmente de acuerdo), creativo (Sí, hace falta mucha energía, por eso les pido que no me abandonen...) y Eugre (Gracias, gracias a ti y a todos! Por supuesto que seguiremos leyéndonos por acá...). Como ha sido costumbre en estos tiempos de cuarenterna, por favor tomen en cuenta las recomendaciones de salud de sus respectivas autoridades locales, regionales y nacionales; si tienen que salir tomen las previsiones del caso, y si no, #MejorQuédenseEnCasa! Como dice Nelson Bocaranda, un reconocido periodista venezolano, "Si nosotros mismos no nos cuidamos, ¿quién nos va a cuidar?" Salud y bendiciones!
