Strange and scaly, like a vision from a dream
No se había sentido así de emocionado por un viaje escolar desde que en el primer semestre los habían llevado al USJ. A Denki le gustaba mucho el mar, pero sus padres nunca querían llevarlo porque estaba trabajando. Cuando vio en twitter que habían abierto un acuario nuevo en Mustafu había ansiado ir, pero no tenía dinero suficiente para costear la entrada. Ya había empezado a ahorrar cuando Aizawa les anunció que irían de excursión al acuario.
—Deja de patear el asiento, Pikachu —se quejó Bakugou, sentado frente a él con Kirishima a un lado.
—Uy, perdón.
—Te cambio de lugar, mejor —sugirió Sero, y Kaminari, que sabía que la emoción le ganaría de nuevo, aceptó.
—¿Por qué estás tan nervioso? —preguntó Mina, en la fila de asientos de a un lado, desenvolviendo lentamente una paleta de cereza—, ¿te dan miedo los peces?
—No, al contario.
Tsuyu, unos asientos adelante, se asomó para decir:
—A mí también me gustan mucho.
Eso todos lo sabían. Sus padres eran biólogos marinos y ella esperaba convertirse en una también.
Empezar a bromear con sus compañeros le bajó el tic nervioso, lo cual lo alegró porque tampoco quería molestar a Kirishima.
Finalmente llegaron al Acuario, siguieron a los profesores hacia la puerta donde los esperaba una muchacha de cabello azul, traje de marinera —el uniforme del acuario, al parecer— y una diadema de orejas que asemejaban aletas.
—¡Bienvenidos! Mi nombre es Sirius y yo seré su guía durante este recorrido. Recuerden respetar a todos nuestros animales, procuren no tocar los cristales y, mucho menos, golpearlos. Pueden tomar fotos sin flash y grabar, a excepción de la sala con la exhibición especial, donde se prohíben ambas cosas. Si necesitan algo o tienen alguna pregunta estaré encantada de responderla. Ahora, síganme, por favor.
Los guío por las salas cuyos muros recubiertos de cristales dejaban a la vista las peceras con muchísimas especies de animales marinos. Se entretuvo especialmente en la pecera donde estaba el pez globo, donde Sero sufrió un buen golpe en la cabeza cuando dijo que se parecía a Bakugou. Kaminari recibió uno también sólo por reírse y Kirishima, para variar, se salvó, aunque se riera también.
Luego de un par de horas de recorrido Sirius los detuvo frente a una puerta cerrada. Un letrero arriba decía «Especies exóticas».
—Esta es la sala en la que tienen prohibido tomar fotos o grabar.
Dicho eso abrió la puerta para que fueran entrando.
Era una sala un poco oscura, iluminada únicamente por el resplandor de las peceras.
—¡Oh qué lindos! —exclamó Uraraka al ver que en una pecera había unos bichitos, como lagartijas azules que parecían un poco sacados de una peli de ciencia ficción. Denki los reconoció, sobre todo por ese artículo de «10 animales que parecen Pokémon» que había leído un día.
Estaba por empezar a explicarle, pero sus ojos se posaron en uno de los tanques del fondo, donde una criatura, la más bella que Denki jamás había visto le devolvió la mirada. Boquiabierto se acercó lentamente al ser humanoide, con rostro, torso y músculos brazos humanos, pero de larga cola púrpura ribeteada con negro. No tuvo que leer la placa para saber qué era eso: un tritón.
De pequeño Denki había visto La Sirenita cientos de veces, hasta que su hermana menor había, accidentalmente, roto el VHS sacando toda la cinta. En esa película la Sirenita era una mujer con cola de pescado, nada parecido al ser que se encontraba frente a él.
El tritón parecía más pez que humano, con esas branquias en su cuello, manos palmeadas y colmillos. Pero sus ojos, una descarga eléctrica lo recorrió cuando se acercó lo suficiente para mirárselos, esos ojos que aunque sobrenaturales, eran increíblemente humanos y estaban cargados con una tristeza que a Denki le dolió el alma y sintió una añoranza por algo desconocido. Quiso tocarlo, quiso acercarse a él, preguntarle por qué se adivinaba la tristeza tan intensa en sus ojos violetas.
—Chico, te voy a pedir que te alejes del vidrio —le llamó la atención Sirius—, ya vamos a pasar a la siguiente sala.
Se dio cuenta entonces que estaba pegado a él. Sus manos dejaron marca cuando se alejó, avergonzado y le sonrió a modo de disculpas a la guía mientras que seguía a sus compañeros a la siguiente sala. Pero su mente —y su corazón— se habían quedado.
Los días siguientes le costó concentrarse en otra cosa, se apresuró a conseguir el dinero que le faltaba para la entrada y un sábado por fin pudo volver a ir al acuario. Sin pensarlo se dirigió directo a la sala especial y pasó el día entero sentado frente al tanque, observando al tritón que nadaba entre las rocas de decoración y que ni una sola vez le regreso la mirada.
El tiempo, aún así, se le pasó rapidísimo y cuando Sirius se acercó a avisarle que cerrarían en breve sintió que no había sido suficiente. Necesitaba volver.
Así que ese día se puso a buscar trabajo y para su sorpresa descubrió que el acuario buscaba ayudantes para la limpieza. Era perfecto, podría ir en las tardes después de clase.
El trabajo resultó bastante sencillo, no por ello menos cansado. Tenía que limpiar los vidrios que, a pesar de las indicaciones de no tocarlos, siempre estaban llenos de huellas de manos; barrer, trapear, limpiar los botes y, su menos favorito: lavar los baños.
Pero lo mejor era la oportunidad que tenía, durante sus descansos, de ir a la sala especial. También cuando le tocaba limpiar ahí era feliz, aunque le costaba un poco resistirse la tentación de dedicarse a admirar al tritón, en vez de limpiar. Por eso casi no lo mandaban ahí, poco a poco se habían dado cuenta.
—Pareciera que estás enamorado de él —le había dicho Sirius una vez que limpiaban juntos.
Y era cierto. Denki sabía que eso que sentía en el corazón cada que pensaba en el tritón era enamoramiento.
—Claro que no —replicó sacando la lengua, pues tampoco quería admitirlo en voz alta—, sólo se me hace interesante su apariencia, siempre me imaginé a las sirenas distintas.
—Sí, yo igual. Pensaba que serían mujeres hermosas con cola, no esa cosa. Que, aunque es interesante, no es precisamente lindo, ¿no crees?
Kaminari prefirió no contestar y simplemente siguió barriendo el piso. Pero sí pensó que, en realidad, esa «cosa» era mucho más hermosa que cualquier sirena de la televisión o cine. Además de que era real.
—Pensaba que las sirenas cantaban —dijo de pronto.
—Oh, lo hacen. Es sólo que al tritón le cortaron las cuerdas vocales, para evitar accidentes.
Denki soltó la escoba, sintiendo como si la sangre se le hubiera ido del cuerpo, un frío intenso.
—¿Qué? —la saliva se le atoró en la garganta— ¿Por qué hicieron eso?
—Para prevenir accidentes. Cuando lo capturaron engañó a uno de los cuidadores del acuario para que se metiera a nadar con él y se lo comió.
—Que horrible.
—Sí, estuvo horrible, afortunadamente fue antes de que se abriera la exhibición…
Denki dejó de oír. No se preocupó en clarificar que lo decía más por el que hubieran mutilado al tritón así. Ese día, cuando lo miró a través del cristal, la opresión en su corazón fue mayor.
«Quizás su tristeza es por más motivos que el cautiverio», pensó.
Miró a su alrededor. No había nadie en la sala. Se acercó aún más al cristal y pegó la frente, siguiendo con sus ojos cómo nadaba sin prestarle atención.
—Ojalá pudiera ayudarte, Hitoshi. —Así había empezado a nombrarlo en su mente, porque le había venido a la mente un día mientras que lo observaba—. Ojalá no estuvieras aquí. Aunque no te hubiera conocido, cambiaría todo para que fueras libre y feliz.
De pronto, Hitoshi nadó velozmente, deteniéndose a unos centímetros del rostro de Denki que, por reflejo, se echó para atrás. Nunca lo había visto de cerca. Su corazón latía desbocado por el susto, pero también por la emoción de que, por fin, desde aquella visita, lo mirara directamente a los ojos. Nuevamente se maravillo por lo hermoso que era. Sus escamas con tonalidades de morados, su cabello flotando alrededor de su rostro, sus ojos… esos ojos. Tragó saliva y se acercó. Puso la mano sobre el vidrio. Hitoshi miró la mano, y luego a Denki, parpadeó lento y alzó la mano poniéndola encima, conectándolas, sólo divididos por el cristal.
Fue una especie de victoria. Por alguna razón, desde ese día, si no había nadie en la sala Hitoshi se acercaba al cristal. Denki le hablaba, aunque sabía que era poco probable que él lo escuchara y aprovechaba para memorizar cada detalle de cuerpo, contar sus escamas.
Un día se le ocurrió una idea y le pidió a un compañero suyo en la escuela, Koda, que le enseñara el lenguaje de señas.
Se sentía bastante tonto tratando de hacer que Hitoshi replicara sus movimientos, o que le contestara mientras que el otro sólo lo miraba, con curiosidad, con tristeza, pero sin hacer ni un solo gesto de vuelta. Aún así Denki se dedicaba a intentar enseñarle, con la esperanza de que algún día sirviera de algo.
Las tareas en su trabajo habían cambiado y de vez en cuando le tocaba alimentar a algunos de los animales. Pero nunca los de la exhibición especial.
—Como babeas por el tritón, han de pensar que en una de esas se te antoja tirarte tú de comida —había bromeado Kirishima cuando se había quejado con él sobre eso.
Pero un día que estaban cortos de personal, le toco.
«Claro que no me voy a lanzar, si no soy tonto», pensaba molesto mientras se dirigía a la parte de arriba, desde donde echaban la comida y limpiaban los tanques por adentro. Buscó desde arriba a Hitoshi, para verlo nadar desde otra perspectiva, pero no se veía. Vacío la cubeta de peces vivos y se esperó a ver si Hitoshi salía a cazar, nunca lo había visto. Pero Hitoshi no salía.
«Ha de estar durmiendo», pensó resignado. Se encogió de hombros y se levantó para irse. Pero el piso estaba mojado y resbaló. Trató de asirse de algo, pero no había nada y cayó de espaldas al tanque.
Cuando lo habían contratado le habían preguntado si sabía nadar, había contestado que sí, porque deseaba trabajar ahí, pero la verdad era que nunca había aprendido, las clases eran muy caras para sus padres. Sintió cómo el agua se le metía a la boca cuando intentó gritar y se empezó a hundir.
Y entonces vio a Hitoshi. Nadaba hacia él, agitando su cola detrás suyo. Denki no podía despegar sus ojos de él, los ojos ardiéndole por la salinidad del agua del tanque, pero no los quería cerrar. Si moría devorado por el tritón sería una buena muerte, pensaba, después de todo, al menos lo haría feliz. Dejó de intentar subir a la superficie.
Hitoshi se detuvo frente a él. Inclinó su cabeza hacia un lado. Denki sacó el último aire que le quedaba diciendo:
—Hola, Hitoshi.
El tritón se abalanzó, tomando con sus manos palmeadas y curiosamente suave los brazos de Denki y acercó su rostro al cuello del humano. Él, vencido por el miedo y una extraña excitación que le recorría cerró los ojos, anticipando el mordisco que acabaría con su vida. Pero eso no llegó. Algo recorrió su cuello, sí, y las manos palmeadas acariciaron sus brazos.
Curioso abrió los ojos. Hitoshi sonreía. Denki se sentía mareado, sus pulmones parecía que iban a estallar, igual que su corazón. Pero también sonreía cuando perdió el conocimiento.
Alguien lo agitaba con fuerza. Abrió los ojos confundido y vio la cara aterrorizada de Sirius.
—¡¿Qué pasó?!
Denki se sentía confundido. Estaba sobre la plataforma arriba del tanque, empapado por completo, pero vivo.
—¿Estoy en el cielo?
Sirius le dio un zape.
—No intentes ligar conmigo para zafarte. No sé qué hiciste, pero ni creas que estoy contenta contigo.
—¿Eh?
—Sabía que no debíamos dejarte cerca de este tanque. ¿Qué pensabas?
—Sirius, no sé de qué hablas.
—¿Por qué estás mojado? Te ibas a meter, ¿verdad? Menos mal que el tritón no te vio, idiota, te hubiera comido. Y encima te quedas dormido en el trabajo.
—¿Eh? No. Me caí. No sé cómo salí.
—¿De verdad esperas que me crea que caíste en el tanque y no acabaste como comida para los peces? Para ese pez —señaló hacia el tanque, donde, de la superficie, se asomaba la mitad del rostro de Hitoshi—, velo, está asechando a ver si vuelves a hacer la estupidez.
Denki sonrío. Él sabía que, de hecho, ese «pez» lo había salvado. Ahora era su turno de salvarlo.
Llevaba varios días pensándolo y planeando. Debía haber una forma de liberar a Hitoshi, de llevarlo de vuelta el mar. Aunque algo le daba miedo, y no era el que fueran a descubrirlo o que no fuera a lograrlo. No había información sobre las sirenas, no al menos que fuera más allá de mitos, leyendas e información probablemente falsa en internet. ¿Y si funcionaba como las ballenas y al no tener voz no encontraba su familia? ¿Y si lo rechazaban? ¿Y si se había acostumbrado al cautiverio y luego no sabía readaptarse a su ambiente?
Ya no lo dejaban acercarse al tanque por arriba, pero seguía visitándolo todos los días y hablándole a través del cristal. Hitoshi lo miraba, a buena distancia, pero atentamente. A menos que hubiera más gente en la sala, entonces Denki no hablaba y sólo lo veía nadar de un lado a otro, mientras repasaba en su mente el plan.
El día que finalmente lo llevaría a cabo se sentía nervioso, el tic nervioso resultó ser de ayuda porque cuando le preguntaron por qué estaba tan inquieto dijo que tenía una cita y pidió permiso para salir temprano.
Antes de irse por las cosas pasó a la sala, sólo había una pareja distraída con los pulpos dumbo de la otra esquina. Hubiera sido mejor que estuviera vacía, pero igual se acercó al tanque de Hitoshi, puso la mano frente el vidrio, sin tocarlo, y esperó a que se acercara.
—Voy a sacarte de aquí —susurró, cuando ya estaba cerca.
Pegó su frente al cristal y, sorpresivamente, el tritón hizo lo mismo, por unos segundos, porque luego retrocedió y siguió nadando como si eso no hubiera pasado. La pareja se acercó riendo, sin darse cuenta de lo que había pasado.
Denki se fue corriendo a la casa de Kirishima, donde ya lo esperaban sus amigos. Afuera estaba estacionada la camioneta que Jirou les había pedido a sus padres. A Denki le hubiera gustado que fuera algo más discreto que una van con el logo de la banda de rock y llamas, pero nadie tenía carro y mucho menos uno lo suficientemente grande como para poner la…
—¿Una alberca de plástico? ¿Enserio?
—Fue lo que pudimos conseguir —se disculpó Kirishima, alzando los hombros—, al menos no es una de bebés.
Denki se aguantó la risa que le dio imaginarse a Hitoshi metido en una tinita en la que sólo le entrara una parte de su cola y asintió resignado.
—¿Y Bakugou?
—Fue con Sero a traer algo que dijo podría serlos útil, ahorita llegan.
—Igual tenemos que esperar a después de las ocho a que cierren todo y se vayan.
Denki se sentó en el asiento del copiloto y sacó su celular para revisar la ruta que debían seguir para ir al mar. Sentía un torbellino en el estómago. Había demasiadas cosas que podían salir mal, la primera era que Hitoshi resultara renuente a dejar el tanque, la segunda que no pudieran transportarlo, la tercera que intentara comerlos… o quizás esa debería ser la primera. Quizás aquella vez que lo había sacado del agua había sido mera suerte y en cuanto se acercara de nuevo se lo comería, o podría atacar a sus amigos. Pero no quería pensar en eso, necesitaba ayudarlo, de eso no tenía dudas.
Finalmente volvieron Sero y Bakugou empujando un carrito de super dentro había varios pliegos de plástico, cinta y una cubeta.
—¿Eso para qué es? —preguntó confundido Denki. Bakugou rodó los ojos.
—¿Cómo pensabas transportar a tu novio desde su tanque hasta acá? ¿Cargándolo? —respondió Bakugou con tono molesto—. Pues yo me niego a tocar al pez ese y tú estás demasiado flaquito como para aguantarlo.
—¡Oye! Que te sepas que hago pesas. Pero la verdad tienes razón —Denki se rascó la cabeza—, no había pensado en eso.
—Se le ocurrió a Midoriya —dijo Sero—, te manda saludos y espera que salga bien todo, él no pudo venir, ya sabes, tenía cita con el chico de la escuela privada esa, el niño rico.
—Mitad y mitad —aclaró Bakugou.
—Ah, sí me dijo. No pasa nada, con toda la ayuda que me están dando ya… bueno, gracias.
El tiempo que tenían para esperar lo dedicaron en envolver de plástico y cinta el carrito y revisar si no tiraba agua al llenarlo, cuando vieron que funcionaba bien ya había oscurecido y eran más de las ocho y media.
—Bueno, pues es hora de la operación «Liberen a Willy» —bromeó Sero.
—¡Oye! —se quejó Denki, aunque igual le dio risa el comentario.
Se colaron por la parte de atrás, abriendo la puerta con ganzúas. A Denki le preocupaba un poco el ruido que hacían las llantitas contra el piso y esperaba que quien quiera que estuviera cuidando de noche estuviera distraído o no oyera bien. Guío a Kirishima y Sero hasta la parte del tanque, dando gracias que hubiera elevador además de escaleras para llegar a esa parte.
Había estado tomando clases de natación sólo para eso. Se quitó la ropa hasta quedar en el traje de baño que se había puesto debajo y se colocó los googles. primero, tomando aire antes, asomó la cabeza para ver si veía a Hitoshi por alguna parte, sin éxito. De nuevo tomó aire y se zambulló. Hitoshi salió de su cuevita listo para atacar, pero se frenó en cuanto vio quien era, y nadó a su alrededor un par de veces y luego se detuvo al frente.
Denki empezó a hablarle con señas, aunque no tenía idea si funcionaría, para explicarle que pensaba sacarlo de ahí para devolverlo al mar. Luego señaló la superficie. Hitoshi no contestó de ninguna manera, pero como lo siguió una vez que empezó a ascender, supuso que le había entendido.
Se salió del tanque y vio que Hitoshi había sacado sólo la cabeza, alejado de la orilla. Miraba con desconfianza a Sero y Kirishima.
—Son mis amigos —le dijo en voz alta y señas—. Vinieron a ayudarme a sacarte de aquí. Voy a llevarte al mar, debes ser libre.
Volvió a explicar sus intenciones, por si no lo había entendido la primera, aunque igual no le quedó muy claro si seguía sin entender. Se arrodilló en la orilla y extendió los brazos.
—Venga, Hitoshi, nos vamos de aquí.
El tritón se acercó cauteloso. Acomodó sus manos sobre la orilla y se impulsó un poco hacia los brazos de Denki que lo sostuvo con cuidado y esfuerzo y tiró de él.
—Uf.
Se quejó un poco por el esfuerzo, pues si que pesaba y además estaba un poco resbaloso. Y lo llevó al carrito. Kirishima intentó ayudarlo, pero Hitoshi le siseo y le mostro los colmillos, así que tuvo que hacerlo todo Denki. El carrito, como era de esperarse no era suficiente para meterlo entero, un pedazo de la cola quedaba de fuera, pero el tritón pareció no molestarse. Denki acarició su cabeza y le sonrió, aún jadeando por el esfuerzo. Entre los tres empujaron el carrito, que ahora pesaba más, hacia el elevador.
Cuando las puertas se abrieron en el piso de abajo la suerte se les había acabado. La luz de la linterna del vigilante, un hombretón al que apodaban Selkie por sus bigotes y cara que recordaba a una foca.
—¿A dónde creen que… Kaminari? —luego vio a Hitoshi en el carrito, se había acomodado para que sólo la punta de su cola sobresaliera de él y su cabeza— ¡Eso sí que no!
—¡Corran! —gritó Denki inundado por el pánico mientras que empujaba el carrito con ayuda de sus amigos.
Selkie los persiguió por el acuario y luego por el estacionamiento, agitando la linterna. No iba muy atrás, pues, aunque los chicos eran mucho más ágiles iban empujando un carrito lleno de agua y con una criatura que al menos pesaba unos 80 kilos.
—Yo lo entretengo —dijo Sero plantándose frente a él y fingiendo una pose de karate.
—No te vayas a lastimar —le gritó Kirishima.
Llegaron a la camioneta, donde los esperaba Bakugou con las puertas de atrás abiertas y cara de enojado.
—Sabía que los iban a descubrir, maldita sea.
Se acercó para intentar sacar a Hitoshi del carrito, pero este le mostró los dientes, siseando amenazante.
—Sólo me deja a mí —dijo resignado Denki y lo sacó con esfuerzo y lo llevó a la tina. Era un poco más grande que el carrito, pero también era muy justo. Hitoshi lo miró como reprochándole.
—Es lo único que encontramos, aguanta un poco, ¿vale? En dos horas llegaremos al mar —únicamente con su voz, pues aún estaba sosteniéndolo con los brazos
Como respuesta Shinsou lamió desde su clavícula hasta su mandíbula, Denki se estremeció.
—Iuuuug —dijo Kirishima que lo vio todo.
—Te anda probando a ver si te come —bromeó Bakugou, subiéndose al asiento del conductor y encendiendo el motor.
—Vamonosvamonosvamonos —Sero se subió a la parte de atrás y azotó la puerta, gritando sin parar.
No tuvo que decirlo dos veces. Bakugou arrancó con un rechinido. Y acelerando salieron del estacionamiento. Cada que se escuchaba una sirena se tensaban temiendo la posibilidad de que Selkie hubiera llamado a la policía. Denki se repetía que estaba haciendo lo correcto, pero Sero repitiendo que se había convertido en criminal lo ponían nervioso.
—¿No lo mataste verdad?
—¡Claro que no! Ni siquiera lo golpeé, él me golpeó a mí mientras lo sostenía para evitar que los alcanzara.
—Eres el mejor, Sero. Te compraré hamburguesas todos los viernes por el resto del año.
—Por el resto de nuestra vida, mejor. A los tres.
Denki suspiró, haciendo cuentas mentales de cuánto sería eso, considerando que seguro había perdido ya el trabajo en el acuario, y sus ahorros no darían para tanto.
—De acuerdo.
Al principio Hitoshi parecía asustado, bufaba como gato enfurruñado cada que Bakugou daba una vuelta y la tina se movía. Denki le acariciaba el brazo y le hablaba para tratar de tranquilizarlo. Después de unas horas, agotado, finalmente Hitoshi se durmió. Denki revisaba a cada rato que siguiera respirando y salpicaba su cola y lo que estuviera fuera de la alberca. Tenía miedo de que al secarse fuera a sufrir algún daño y que en vez de dormido estuviera agonizando.
—Debo admitir que tiene su atractivo —reconoció Sero, cuando ya estaban a unos minutos de llegar a la playa.
—Es precioso —contestó Denki, mirando a Hitoshi.
Acarició su mejilla con cariño, su corazón un poco jaloneado porque no volvería a ver al tritón, pero al menos ahora sería feliz. Hitoshi abrió uno de sus ojos, al ver que era Denki el que lo tocaba sonrió y volvió a cerrarlo.
—Ya estamos aquí —anunció Bakugou, estacionando la camioneta. Habían dejado el carrito, y fue entonces que se acordaron.
—Está bien, yo lo cargo —dijo Denki.
Fue bastante tardado llevarlo al mar, porque pesaba. Era inevitable que la cola se arrastrara un poco por la arena. Hitoshi lo sorprendió pasando sus brazos sobre sus hombros.
—¿Hueles el mar, Hitoshi? Ya casi eres libre.
Empezó a meterse al mar, porque no quería soltarlo donde la profundidad fuera tan poca que apenas y rozaba sus tobillos con el vaivén de las olas.
Cuando ya le llegaba a la cintura y Hitoshi era mucho menos pesado decidió soltarse. Pero el tritón no se soltó.
—Ya estamos en el mar. Puedes volver a tu casa —decía al tiempo que trataba de hacer que lo soltara.
Finalmente, Hitoshi se soltó. Se sumergió completamente y empezó a nadar. Denki lo miró alejarse, su cola emergiendo de vez en cuando al aletear. No pudo evitar que unas lágrimas traicioneras corrieran por sus mejillas, iba a extrañar muchísimo al tritón. Cuando dejó de ver su cola o la sombra se dio la vuelta para volver a la orilla, donde esperaban sus amigos.
—Denki, ¡mira! —gritó Kirishima de pronto, señalando.
Kaminari obedeció, girándose. Y vio que Hitoshi había vuelto, aunque un poco más adentro del mar, asomaba su cabeza y una parte de su torso. Caminó para acercarse a él.
—¿Qué pasa? —preguntó, todos los temores de que Hitoshi no encontrara el camino de vuelta a su casa aflorando en su mente.
El tritón extendió su mano hacia él.
—No puedo ir contigo, me ahogaré.
Hitoshi negó con la cabeza y agitó un poco la mano, por lo que Denki extendió la suya. Hitoshi la tomó con suavidad y la llevó a su rostro, específicamente a su boca. Kaminari tuvo un poco de miedo, pero confiaba en él, no lo había lastimado hasta ahora. Hitoshi metió la mano y mordió, encajando sus dientes.
—¡Ay! —gritó Denki y trató de jalar su mano para quitarla, pero los colmillos estaban bien clavados—. Me está doliendo, se quejó.
El tritón lo soltó, y en ese momento Denki retiró su mano y empezó a sobarse. Sus amigos ya iban hacia ellos.
—Estoy bien —les dijo, intrigado por que en ese momento Hitoshi extendió su mano de nuevo colocándola en la boca de Denki—. ¿Qué? Oh, ¿quieres que la muerda?
Hitoshi asintió, así que eso hizo, lo mordió justo en donde a él lo habían mordido. La sal del agua hacía que la herida ardiera, pero tampoco le dolía tanto. Dejó de morderlo, más confundido que antes. Pero la noche aún le esperaba una sorpresa más cuando, con señas, Hitoshi le dijo:
—Gracias.
E inmediatamente se sumergió de nuevo, y esta vez, ya no volvió.
Denki se dejó caer boca abajo sobre su cama agotado. Se hizo bolita y se apretó la mano vendada donde aún estaba la marca de los dientes de Hitoshi.
Habían pasado doce días desde que lo había liberado y no había ni un momento en el que no pensara en él, esperando que estuviera bien, que hubiera encontrado a su familia, su hogar. Lo echaba muchísimo de menos, extrañaba platicar —o bueno, él hablar y que Hitoshi lo mirara— con él, observarlo mientras nadaba…
Se había metido en muchos problemas luego de eso. El acuario no había presentado cargos legales, pero a cambio tenía que hacer servicio social por dos años para pagar los daños. Por suerte Selkie había decidido no presentar cargos e incluso había apoyado a Kaminari un poco, al mentir y decir que lo había hecho solo, inesperado, pero bueno, así no implicaba a sus amigos.
A regañadientes se levantó para armar la mochila del día siguiente, el sábado. Tendría libre y pensaba aprovechar para ir a la playa.
Se despertó unos minutos después, asustado de pensar que ya era tarde. Había soñado con Hitoshi de nuevo, con la vez que había caído al tanque, con la mordida de despedida… Se vistió de prisa y tomó la mochila y correr a la estación de tren.
Pasó el día en la playa, a ratos nadando un poco —agradecido de haber aprendido, era muy divertido— y otros leyendo bajo la sombra de una de las rocas de la orilla. Siempre miraba hacia el horizonte, al interior del mar. Se repetía lo inútil que era hacer eso, Hitoshi no volvería. Pero no podía evitarlo.
Cuando se puso el sol decidió que era momento de marcharse, pero no quería hacerlo. Una absurda esperanza albergada en su corazón lo retenía sentado a la orilla del mar, sintiendo cómo las olas que llegaban a donde estaba lamian sus pies.
De pronto le pareció ver algo, una cabeza asomarse. Entornó los ojos para ver, seguro de que estaba viendo cosas, pero entonces esa cabeza se sumergió y salió una cola, unos metros más adelante volvió a surgir la cabeza. Denki se paró con tanta velocidad que casi se enreda con sus propias piernas y cae, corrió hacia dentro del mar y cuando pudo se sumergió para alcanzarlo.
Notas:
Tengo pendiente acabar otro fic de sirenas (mi BakuDeku) pero de verdad quería participar en esta semana porque ShinKami es de mis ships favoritas. Había empezado otro fic para otro día, pero al ver que no acabaría y que tenía una idea para el tema del día cinco, y que probablemente sería un oneshot de menos de 2k (ja, eso pensaba, acabó siendo mucho más), decidí apurarme. De cualquier forma no terminé a tiempo, porque soy un caracol escribiendo, pero me alegra que después de muchos meses sin escribir nada (maldito bloqueo) por fin hice algo :3
Espero que les haya gustado.
Título tomado de un fragmento de la canción The Wave Soaked Maiden de Ginny Di.
