¡YAHOI! Ya, lo sé, no os lo esperabais, pero, ¿a que no sabéis qué? ¡Yo tampoco!

Andaba yo navegando por twitter hace un par de días tan ricamente cuando de repente... ¡Tuit salvaje apareció! (?) Anuncio del NH Month 2021 por la cuenta oficial de twitter. Mi cara fue la de "Oh, no, ¿por qué el universo me odia poniéndome tentaciones tan suculentas como esta?".

Y sí, caí. Soy débil. Lo admito. No puedo con mi OTP. La amodoro demasiado como para ignorar un evento dedicado exclusivamente a ella.

Ains, en fin, pues eso: otra publicación diaria que vais a tener durante este mes de diciembre. Os quejaréis ¿eh? Doble capítulo por día de la OTP. Si es que más no se puede pedir (?).

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

Prompt de hoy: soulmate.

Hora de publicación: 22:35. Hora peninsular española.

¡Espero que os guste!


El uno para el otro


―Mami. ―Hinata dejó de fregar los platos que habían utilizado para cenar y se giró para hacer caso a su hija, que la miraba, seria, balanceando sus piernas adelante y atrás en el sofá del salón―. ¿Qué son las almas gemelas?―Hinata sonrió suavemente ante la pregunta de la niña.

―¿Por qué quieres saberlo?―Himawari se encogió de hombros, como si no quisiera darle importancia.

―Yuina-chan dijo hoy que sus padres eran almas gemelas, así que me preguntaba si papá y tú también lo sois. Aunque no sé muy bien lo que es eso. ―Hinata sonrió y cerró el grifo del fregadero.

―Vamos a ver… ¿Qué crees tú que son?―Himawari parpadeó.

―¿Las almas gemelas?―Hinata asintió, alentándola a responder―. Hum… ¿Dos almas que se parecen mucho?―Hinata rio suavemente y fue a sentarse al lado de su pequeña.

―Podría ser. Pero… el concepto es más complejo. Y algo surrealista, también.

―¿Quieres decir que… no existen?―Hinata acarició el pelo de Himawari al ver la desilusión pintarse en su carita ovalada.

―Yo no he dicho eso. ―Hinata suspiró, pensando en la mejor manera de explicarle algo tan abstracto a su hija―. Verás, Hima: siempre se ha dicho que para cada persona hay alguien especial, único. Alguien a quién vas a amar durante toda tu vida, incluso aunque no lo sepas todavía o que estéis separados.

―¿Cómo te pasó a ti con papá?―Hinata reflexionó unos instantes y luego asintió.

―Podría decirse, sí. Yo amaba, amo y amaré a tu padre hasta el final. Incluso aunque nuestras vidas no se hubiesen entrelazado de la forma en que lo hicieron, creo que lo amaría igual.

―¿Aunque estuvierais… separados?―Hinata asintió.

―Para mí, siempre ha sido papá. No creo que hubiese podido enamorarme de nadie más. ―Himawari sonrió brillantemente.

―¡Entonces sí que papi y tú sois almas gemelas, porque papi te ama de la misma manera, mami!―Hinata sintió que se sonrojaba un poco y luego esbozó una sonrisa, una que, en opinión de Himawari, hacía que su madre se viera mucho más guapa y radiante.

―Yo creo que también es así, Hima. Ahora, ¿por qué no vas a ponerte el pijama? Enseguida subiré a darte las buenas noches. ―La niña se bajó de un salto del sofá y abrazó a su madre.

Hinata la vio irse con una sonrisa y luego regresó a la cocina, para terminar de lavar los platos.

―Así que… ¿Solo lo crees?―Hinata dio un chillido y un salto ante la voz ronca y varonil que sonó justo detrás de ella.

―¡Naruto-kun!―Se volvió, con la mano sobre el corazón palpitante―. ¡Me has asustado! ¿Cuándo has-

―No has contestado a mi pregunta. ―Hinata pestañeó y aquel segundo sirvió para que Naruto la acorralase contra la encimera de la cocina, con sus manos a cada lado del cuerpo de ella―. Dime, Hinata, ¿solo… lo crees'dattebayo?―Hinata sintió que temblaba al sentir que él le hablaba al oído, con sus rostros muy, muy cerca, sus labios rozando el sensible apéndice que era su oreja.

―Y-y-y-y-y-yo… ―Maldijo a su tartamudeo, que a veces todavía le jugaba malas pasadas como aquella. Con el rostro rojo, se aferró a la chaqueta naranja de su marido con dedos temblorosos, sintiendo el calor del cuerpo de él filtrarse al suyo. Tragó saliva y al fin se atrevió a mirar a esos ojos azules que, aún a día de hoy, hacían estragos en su ser―. Y-yo… S-sí… ―Naruto achicó la mirada en su dirección al oír su respuesta.

―Entonces es que no he sido un buen marido'ttebayo. ―Hinata pestañeó.

―¿Eh? ¿Qué- ―Lo que fuese a decir quedó ahogado por la boca masculina, que se cernió sobre la suya sin darle tiempo a reaccionar. Las piernas comenzaron a temblarle y se pegó más a él para no caerse al suelo. Naruto gruñó y la abrazó, tomándola por la nuca para echarle la cabeza hacia atrás y poder besarla como realmente deseaba hacerlo: profundamente y con fuerza.

Hinata le pasó las manos por el cuello y enredó los dedos en el corto pelo dorado de su nuca, raspándolo con las uñas. Naruto siseó contra sus labios y la apretó más contra él, haciéndole sentir lo que solo ella podía provocarle al hombre más importante de Konoha.

―Na-Naruto-kun… ―tartamudeó Hinata cuando sintió que las caricias ya subían de tono, con la boca masculina recorriendo su cuello―. L-los niños… ―Hinata gimió al sentir que la mordía en ese lugar sensible que le provocaba los más placenteros escalofríos.

El rubio gruñó contra su piel, molesto por la interrupción.

Debía demostrarle a Hinata lo equivocada que estaba, debía quitarle de la cabeza el verbo creer.

Porque él sabía, desde que se percató lo mucho que la amaba, que estaban hechos el uno para el otro. Que para él jamás habría otra así como para ella siempre había sido él.

La cogió por las nalgas y la hizo enredar las piernas en su cintura hasta dejarla caer sobre un trozo de encimera vacío, dónde la dejó caer, abriéndole los muslos y colándose entre ellos, todo sin dejar de besarla, de acariciarla.

―Na-Naruto-kun…

―Los niños están arriba, no nos oirán.

―Ka-Kawaki-kun… ―Hinata contuvo un gemido cuando su esposo le apretó un seno por encima de la ropa.

―Ahora, solo quiero demostrarle a mi mujer lo mucho que la amo, ya que parece que aún no lo sabe. ―Hinata abrió los ojos y lo miró, viéndolo con el ceño fruncido y la mandíbula apretada.

―¿E-eh? ¿Estás… Tú… ¿Me escuchaste hablar con Hima? ¿Por eso…

Crees… ¡dijiste crees!―Hinata tuvo que contener la risa al ver a su marido, su amado Naruto, un hombre hecho y derecho de 32 años, haciendo pucheros. Le recordó tanto a los primeros días de su noviazgo que no pudo evitar taparse la boca para no reírse―. ¡No te rías! ¡Hinata! ¡Esto es serio!

―Per-perdón… ―Se mordió el labio para evitar seguir riéndose―. Naruto-kun… ―Lo llamó, en tono suave, posando sus manos en sus mejillas para obligarlo a mirarla―. Solo estaba tratando de explicarle a Hima algo que creo que es complicado para una niña de su edad. ―Naruto frunció el ceño―. Sé que me amas, lo sé. Por eso es que te esfuerzas tanto en tus deberes como Hokage, para que los niños y yo estemos bien y protegidos, para que nadie pueda hacernos daño. ―Naruto dejó caer su cara contra el cálido contacto de la mano de su esposa, con los ojos cerrados.

―¿Cómo sabes siempre decirme las cosas correctas, Hinata?―La abrazó contra él, hundiendo la cara en su cuello―. Te amo. ―La estrechó, con fuerza―. Pero a veces… temo no ser capaz de demostrártelo como te mereces'ttebayo. ―Hinata sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

―Yo sé que me amas, Naruto-kun. No necesito nada más que tus palabras. Porque tú nunca te retractas…

―… ese es nuestro camino ninja, ¿ne?―Hinata sonrió y lo acunó entre sus brazos.

―Así es. ―Naruto suspiró. Hinata le acarició el cabello, disfrutando de su cercanía un poco más… Dio un respingo cuando una traviesa mano masculina se coló bajo su ropa―. ¡Na-Naruto-kun!

―Los niños están durmiendo.

―¡Pe-pero…

―Vamos, hace mucho que no estamos los dos solos…

―Bo-Boruto po-podría…

―No lo hará. No si estamos los dos solos abajo. No es tonto. ―Hinata enrojeció. Naruto se deshizo de su chaqueta lila y le desabrochó los pantalones. No quería perder tiempo.

―E-eso no es bueno… ―Naruto sonrió, pícaro.

―¿Seguro? Yo creo que es lo más conveniente para lo que quiero hacerte'ttebayo. ―Hinata finalmente se rindió, dejando que él hiciese lo que quisiera, sabiendo que nada podría hacer ya para detenerlo.

Y Naruto sonrió, triunfante, mientras besaba a su mujer con todas sus ganas.

Ah, cómo la amaba.


Sentados en las escaleras, Boruto y Kawaki estaban con el ceño fruncido, sobre todo Boruto.

―Viejo estúpido, hay habitaciones para eso ¿sabes?―masculló, mirando para el techo y deseando bloquear el recuerdo de ver a sus padres manoseándose sobre la encimera de la cocina como dos adolescentes cachondos.

―¿Volvemos arriba? Aunque a mí me da igual. Eras tú el que insistía en enseñarme el juego ese… ―Boruto suspiró.

―Sí, vamos. No van a terminar en un buen rato. Lo sé por experiencia'ttebasa―murmuró, levantándose e instando a Kawaki a hacer lo mismo para volver al piso de arriba.

Mientras ascendía por las escaleras, sonrió para sí, entrelazando las manos en la nuca.

Bueno, tampoco era tan malo. Si su madre era feliz, eso significaba que el idiota de su padre al fin estaba haciendo las cosas bien.

Fin Almas gemelas


Ains, cortito, lo sé, y sin llegar al meollo del asunto (?). Pero creo que así es perfecto. Conté todo lo que quería así que... a mi entender quedó guay xD.

¿Me dejáis un review? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores, sí.

Acosadores, no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.