PROHIBIDO

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ꜰᴀɴᴅᴏᴍ: 𝘚𝘰𝘶𝘵𝘩 𝘗𝘢𝘳𝘬 AU!

ꜱʜɪᴘ: Style

Personajes: Kyle Broflovski

Stan Marsh

Red Tucker

CraigTucker

Wendy Testaburger

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Advertencia:

Toda circunstancia o nombre que tenga un parecido con la realidad es solo coincidencia, y debido a su contenido le aconsejamos que no lo lea.

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Uno…

Dos…

Tres…

Cuatro asensos, el pelirrojo se ejercitaba en la barra mientras su pensamiento se encontraba en otro lado, en el hombre que tenía dormido en su habitación. La inofensiva salida a convivir del día anterior había sido un desastre al final, todos se dispersaron tensos y sin saber cómo actuar.

Dieciocho…

Diecinueve…

Veinte…

Le inundaban recuerdos entre lagunas mentales; la mirada triste y desilusionada de su amigo, las lágrimas espesas escurrir aquellas pálidas mejillas. Con el corazón roto.

[…]

Habían salido a tomar esa noche con parte equipo, Craig y Red, concretamente, para celebrar el ascenso de Stan como nuevo jefe de la policía; conectando profundamente con ellos, charlando, bebiendo y pasando un momento agradable, hasta que, de un instante a otro, entre la multitud el pelirrojo logró captar una figura conocida a la distancia, Wendy, la novia de su amigo, besándose con otro hombre.

De inmediato sus ojos corrieron hacia Stan, preocupado, temiendo lo peor. El moreno estaba viendo en la misma dirección de los hechos. Este solo se excuso para ir al baño, no hubo drama, ni discusiones. El otro par que los acompañaba estaban ajenos a la situación.

Se apresuro para consolar a su amigo, su hermano; sin embargo, la desolación le obligo a quedarse de pie a la distancia, no seguro de dejarle en la intimidad de esa gran tristeza.

El moreno le vio y con sonrisa amarga busco su contacto, cálidas lagrimas mojaron su camisa y ablandaron su corazón. El pelirrojo le acariciaba el cabello protector, en una burbuja de confort. Estaba dispuesto a darlo todo por él.

Desde ese día juro odiar con todo su ser a Wendy.

[...]

Saliendo del baño, el pelirrojo buscó con la mirada a sus camaradas mas no pudo localizarlos por ningún lado, en su móvil varias llamadas perdidas y un mensaje de Red, disculpándose por irse, captando la situación, preferían darle privacidad a su jefe. Ya sin ánimos, logro subir al auto a su flagelado amigo, desecho. Le prestó su abrigo pues empezaba una suave nevada, el otro en gesto infantil acurrucó en el asiento de copiloto, mirando hacia la ventana, ojos inflamados. El trayecto hasta el departamento fue en total silencio, ni la radio, ni sonidos exteriores.

Treinta y nueve…

Cuarenta…

Cuarenta y uno…

Dentro del departamento, en penumbras, solo escucharon los temblorosos pasos de Stan acompañado por el tintineo de las botellas; mientras Kyle recogía su abrigo del suelo y prendía la luz; su amigo estaba con tequila en la boca, dando tragos largos.

El pelirrojo soltó un suspiro prolongado y agotado, arrastrando los pies mientras se dirigía hacia su acompañante.

—Hey amigo— Detrás de él, sin prisa, las manos calientes y pecosas tocaron los hombros amplios del moreno y recorrieron la extensión del grueso brazo, llegando a su mano, enlazando sus dedos con los del otro alrededor del cuello de la botella, — Tranquilo amigo — Le susurro al oído, abrazándole por la espalda, arrodillado detrás del hombre.

Stan se despegó del alcohol por la turbación y falta de aire, con un extraño calor y cosquilleo recorriéndole el cuerpo.

[...]

En el sillón bebieron, fumaron y Stan se desahogó de la mujer demonio con la que tuvo que lidiar varios años de fraudulento noviazgo. Las manos temblorosas se enterraban en la ropa del pelirrojo, en su cabello rizado, en su cuerpo fibroso. Le suplicaba que no lo dejara, que jamás le abandonara, que nunca se pareciera a esa mujer. Éste con cariño le susurraba que así seria. Una promesa que iba a cumplir hasta el último de sus días. Hasta su último aliento, lo dedicaría a cuidarlo.

Cincuenta y ocho…

Cincuenta y nueve…

Sesenta…

Stan fuera de sí, se acercó con peligro, como muchas otras veces, se recargó en su pecho, como la primera vez, se acurrucaba, con las manos acunaba el rostro pecoso, acariciaba la espesa barba roja. Con instinto y naturalidad, se acercó para posar su boca sobre la otra, suavemente. Kyle le observó sorprendido; aceptar su fantasía o traicionar a su hermano. Le seducían sus manos, con secretos tras las retinas, deseaba sus labios. A escasos centímetros el judío tuvo que voltear el rostro, en llamas. La saliva pegajosa terminó en su cuello.

Prohibido.

Siguió bebiendo, Stan en sus brazos le daba mimos húmedos, ¿Quería olvidar? Perversa intriga, incitaba sus labios. Los segundos pasaron lentos y pegajosos, el tequila se había terminado. Kyle cada vez que cerraba los ojos y reclinaba la cabeza hacia atrás, sentía besos en sus brazos, en el cuello, la manzana de Adán, la mandíbula, percibía la mentira, la desidia, la angustia. Stan cos ojos azules de noches nubladas y aliento vaporoso. Frágil y precario cuando secuestro sus ojos y se encararon. Un conocido deseo se veía reflejado. ¿Solo veía lo que quería ver? ¿Sería el reflejo de su propia pasión?

Prohibido.

Los caballitos terminaron en el suelo, el cigarro de sus manos en algún lugar de la mesa de noche. El judío con fuerza tomó al otro en sus brazos, pudiéndose de pie con esfuerzo, ligeramente aturdido por el alcohol. Encaminándose hacia la habitación lentamente, dándole a su amigo tiempo para actuar, decidir.

Stan se limitó a encararlo con misterio y una sonrisa perversa, acariciando los brazos de músculos tensos. —Nunca me habían cargado antes… jamás.

Ya no se sabía cuál de los dos tenía más copas encima.

Setenta y dos…

Setenta y tres…

Setenta y cuatro…

Le arrojó a la cama sin delicadeza alguna, donde Stan rebotó juguetón, en inmediatamente haciendo alusión a su débil estomago volteó a vomitar el suelo. A Kyle no le podía importar menos. El pelirrojo se desabotonó la camisa y con ella limpio la boca a su amigo, el moreno del mismo modo empezó a desvestirse con maneras torpes, Kyle apretando los labios y negando con la cabeza decidió ayudarle un poco. Con las manos tanteaba el cuerpo cálido del otro, le apreciaba. Músculos firmes, cuerpo sin imperfecciones, piel blanca.

Le quito el pantalón, la piel erizándose ante el frio. Finalmente, la ropa interior y el fruto prohibido se irguió valiente ante sus verdes gitanos.

Contuvo el aliento.

Prohibido.

Desnudo, le admiró. Grabo su figura a fuego en su mente. Cada centímetro. Las manos de Stan eran juguetonas y atrevidas. Acariciaba el vello saliente del blanco y fuerte pectoral, seguía el camino ennegrecido pasando por el ejercitado abdomen hasta llegar a una mata recortada y oscurísima, en la base de su miembro. Kyle trago con fuerza, mientras le atacaba la fantasía de los griegos y sus prácticas, en las fabulas de fuertes guerreros; tal como lo eran ellos. Aquiles y Hefestión, para toda la eternidad.

Alucinaría con ese cuerpo divino y perfecto, similar a "El David"; y le acompañaría por décadas, le atormentaría en noches de soledad.

Estaba dispuesto a pagar el precio.

Kyle se aventuró a probar esos labios. No sintió inseguridad, no vio miedo en los ojos azules. El moreno le desvistió con urgencia y se conocieron. Entre caricias. Entre suspiros, entre lamentos. El pelirrojo dejó un rastro de saliva desde el coxis hasta la nuca. Desde el vientre, pasando por el pecho hasta la manzana de Adán. Por brazos y piernas, quería saborear cada parte, cada rincón. El moreno suspiraba, suplicaba.

Stan tiraba del cabello rizado tan fuerte que podía ver finos hilos rojos en las palmas blancas de sus manos, en la almohada, en las sábanas. Le arañaba y mordía con furia, aunque Kyle fuera delicado; no era busco en lo absoluto y sabía que no le estaba haciendo daño; el alcohol mitigaba el dolor.

¿Stan no deseaba eso?

¿Era su forma de desahogo?

Kyle estaba confundido, siempre tuvo una afinidad hacia su amigo, aun mas desde que empezó la adolescencia, hacía ya más de una década, aunque nunca se dispuso a pensar más allá de ese asunto; finalmente Stan había dado un primer paso importante en lo que podía suponerse un acto de venganza, o cobardía, o un momento de confusión. Lo tomaría, aunque significara dolor, marcas y arrepentimiento.

Un éxtasis tras otro, tras otro, tras otro.

Había nacido para complacer a su amigo, su hermano, su amante.

Ochenta y cinco…

Ochenta y seis…

Ochenta y siete…

Stan descansaba, suspiraba sobre el pecho peludo y pecoso, caliente y pegajoso, destilando alcohol. Kyle no había podido descansar, y pronto amanecería. Le ardía el cuello de las mordidas, el pecho y la espalda de los arañazos, el cuero cabelludo de los tirones. Y el corazón del duelo. No necesitaba el perdón de Stan porque probablemente no recordaría nada, aunque se diera una idea, necesitaba su propia redención. Estaba podrido y corrupto. Consumado el acto estaba seguro de que todo lo había llevado por la ebriedad de su amigo, no por un deseo mutuo, consensuado.

Con cuidado, el judío se levantó de la cama, tapando al moreno que se movió en busca de calor. Se metió a bañar con agua helada, una migraña estaba anidándose en su cabeza; tenía resaca moral. Salió del baño en cuestión de minutos, se vistió con cuidado frente a su amigo, le miró durmiendo placido. Le añoró y supo que jamás le tendría de nuevo. Su corazón punzaba con culpa. Entre tanto pudo observar el reloj en la pared, 06:00 hrs. Empezaría su rutina de ejercicio.

Se puso una sudadera para cubrir las marcas. No quería que Stan le observara, le juzgara.

Noventa y ocho…

Noventa y nueve…

Cien…

Kyle bajó de la barra, los con los brazos ardiendo y el sudor recorriendo su rostro, con apenas un ápice de aliento. Cada mordida y arañón punzando dolorosamente por la sal. Empero, su sufrimiento radicaba en su indecisión al actuar de ahora en adelante frente a su amigo.

Miró al cielo a trasvés de la ventaba mientras tomaba un descanso exhalando con fuerza; estaba agotado, tenía miedo, estaba confundido.

Se había dado cuenta de que era un jodido homosexual.

Desvirtuando su amistad, y sus principios, su moral, su religión.

Manchando todo lo precioso que tenía en la vida.

La mejor salida que tenía era fingir, muy a su pesar, que nada había ocurrido en esa habitación.

Y rogar por que Stan no recordara nada.