Él podía sentir como su cuerpo se con cada martillazo que daba, a pesar de no ser el quien controlaba su cuerpo, podía sentir como su brazos se estremecían tras cada impacto al momento de forjar aquella tan familiar pero tan desconocida espada, sentía la familiar sensación de ser consumido por fuego, de cómo la piel, músculos y huesos que conformaban sus brazos se desprendían de su cuerpo convirtiéndose en cenizas, cualquier hombre sensato habría desistido y habría salido de aquí hace mucho tiempo.
Sin embargo Emiya Shirou nunca se caracterizó por ser alguien sensato y estaba bastante seguro que la persona que controlaba su cuerpo tampoco, podía sentirlo, la determinación de este individuo tan diferente pero al mismo tiempo tan igual a él, que buscaba a toda costa terminar de forjar tan majestuosa espada, y él lo apoyaría hasta el final después de todo fue porque él se lo pidió que se habían metido en toda esta situación, después de todo esta era la única manera de salvar a Arturia.
Shirou lo sabía, la Arturia a la que intentaba salvar no era su Arturia Pendragon El orgulloso rey de los caballeros, la mujer que amaba. Si no Arturia Avalon la Pequeña Maga, El niño de la profecía, eso no significaba nada para él, después de todo Emiya Shirou es un héroe de la justicia.
Estaba bastante seguro de que si Rin pudiera verlo lo golpearía y reprendería por pensar tan poco en su propia vida, este pensamiento provocó una leve sonrisa en el rostro del pelirrojo, bueno finalmente se volvería a reunir con ellas.
Se percató de que su último brazo había sucumbido no sin antes haber terminado el trabajo, Shirou podía sentir como lo que aún quedaba de él empezaba a sucumbir, un resultado inevitable este era un viaje sin retorno desde el principio, una existencia como él no podía entrar en el Inner Sea sin ser destruido, y usar parte de si para forjar la nueva Excalibur fue lo que sello su destino.
-¿Quieres decir algo niño?
Su propia voz fue la que lo saco de sus pensamientos, miro en la dirección de la que provenía. Fue como mirarse al espejo, parado frente a él y vestido con una yukata había una copia que sería su copia exacta, si no fuera por su tono de piel ligeramente bronceado y su cabello de color blanco, era demasiado parecido a ese hombre. Shirou empezaba a preguntarse seriamente si su cuerpo tenía fetiches raros.
-No tenemos todo el día mocoso, si quieres decir algo es ahora o nunca
-¿No deberías ser tu el que diga algo?
-Si pero pareciera que tienes ganas de hablar, es lo mínimo que puedo ofrecerte por tomar tu cuerpo mocoso, además siempre he creído que soy mejor con las espadas que con las personas.
Shirou medito por un breve instante antes de responder
-Creo que se me ocurre algo para que poder despedirnos de la manera apropiada.
Muramasa sonrió en forma de aprobación
-Muramasa
El herrero observo a la chica, claramente era un mar de emociones que desbarba por todas partes, maldición estaba poniendo esos ojos de cachorro triste otra vez.
-La espada ya está lista Señorita Artoria, el resto depende de ti, lamento no haber podido fabricarte esos prendedores que me habías pedido.
Muramasa podía notarlo la chica intentaba hablar pero por más que abriera la boca ni una palabra salía de ella, ella había cambiado bastante, si se tratara de la Artoria que conoció al principio de su viaje en aquella subasta en el que intentaban venderlo sin duda se habría derrumbado ante esta situación, el herrero no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa de orgullo. Este hecho debió haber sido captado por la chica quien se armó de valor y con una sonrisa en su rostro le respondió.
-Gra gracias Muramasa puedes dejarlo en mis manos
Un par de lágrimas lograron escapar de sus ojos y su sonrisa era temblorosa pero genuina, Muramasa no pudo evitar sentir un raro sentimiento que provenía de su pecho, era un sentimiento un tanto triste pero al mismo tiempo cálido y familiar. Cuando se trataba de niños Muramasa tenía cierta debilidad, al principio pensó que esa era la razón por la que se preocupaba tanto por Artoria, pero quizás esto era algo diferente.
-Quizás después de todo… nuestro encuentro era algo predestinado… Je… Realmente… Estoy agradecido de haberte conocido.
Muramasa y Shirou le dieron una última sonrisa a Artoria antes de finalmente desaparecer, antes de que todo se fuera envuelto por una cegadora luz en la que todo se desvaneció.
POV Mamako
La mujer no podía dejar de ver la escena frente a ella con una sonrisa de oreja a oreja, las 2 personas a las que más amaba en este mundo, su esposo Hayato y su amado hijo Masato se habían quedado dormidos de manera tan apaciblemente sobre un árbol de cerezo era simplemente demasiado tierno, inflo sus cachetes haciendo un puchero, tenía que admitirlo estaba un poco celosa. En retrospectiva el día había sido fantástico, un día totalmente sacado de los sueños más felices de Mamako. Empezó temprano con una visita al parque de diversiones, Ma-kun hizo un berrinche por ser demasiado bajo para la montaña rusa, ella personalmente disfruto mucho dar un paseo en un Pony del carrusel, y reprendió seriamente a su marido por haber asustado a Ma-kun en la casa de los sustos, para terminar la tarde con un picnic en un parque de hectáreas repletas con los arboles de cerezo que parecían gustarle mucho a Ma-kun donde después de comer el almuerzo que había preparado la noche anterior jugaron hasta quedar agotados. Este definitivamente fue un día que si tuviera que ser descrito en una sola palabra esa seria "perfecto"
Su esposo se había tomado un día libre para pasear con su familia después de obtener el gran ascenso que había buscado desde hace un tiempo, esto a la vez era triste pues debido a su nuevo puesto de trabajo a partir de ahora prácticamente ya no podría vivir con ellos debido a la nuevas y numerosas responsabilidades que había adquirido.
Por un momento Mamako se entristeció pero rápidamente se recuperó diciéndose a sí misma que era por el bien de Masato, así que ambos habían decidido que Masato podría faltar un día a la escuela, después de todo esta sería su última oportunidad que podrían hacer esto en un buen tiempo.
-Necesito una foto de esto, ¿Dónde deje la cámara?
Mamako procedió a buscar dentro de su bolso sin éxito debe de haberse quedado en el auto pensó
-No se muevan mis amores ¿Si?
Procediendo al estacionamiento que estaba a un par de metros del parque a toda velocidad, encontrando la cámara después de un poco de búsqueda
-Aquí voy Cariño, Ma-kun
La foto seria la forma perfecta de terminar este inolvidable día, Mamako tenía razón sobre algo este día seria inolvidable.
Repentinamente la visión de Mamako se volvió a blanco. La joven madre poco a poco comenzó a recuperar el conocimiento, y en lo que pareció un solo abrir y cerrar de ojos el paraíso en el que estaba se había convertido en el mismísimo infierno.
-CARIÑO!! MA-KUN!!
Rápidamente Mamako se reincorporo y corrió en medio de las llamas para buscar desesperadamente a su familia
-HAYATOOOO!!!! MAASATOOO!!!
Mamako gritaba con cada vez más y más desesperación en su voz, esperando que su esposo e hijo respondieran, había gritos por todas partes desgarradores aullidos de dolor que buscaban que alguien los ayudara, la voces de niños pidiendo ayuda fue lo peor. Pero no podía detenerse con todo el dolor de su corazón Mamako tuvo que ignorar cualquier pedido de ayuda, su familia la necesitaba.
Haciendo oídos sordos continuo su desesperada búsqueda, cada paso que daba se sentía más pesado que el anterior, su campo de visión se reducía a cada segundo y el calor era tan insoportable que sentía que se estaba derritiendo, pero el solo pensamiento de que su hijo corría un inminente peligro le daba las fuerzas necesarias para continuar, el poder de una madre era realmente aterrador, hasta que finalmente llego.
Había llegado al lugar en el que antes se encontraba el inmenso árbol de cerezo sobre donde encontraban los 2 hombres que más amaba en este mundo, pero ahora solo había llamas nada más que malditas llamas por todas partes. Mamako simplemente se derrumbó su familia se había ido para siempre, rompiendo en llanto su cuerpo no soporto más y cayo rendida al suelo, ya no importaba este era el fin al menos se reuniría con su amada familia pronto
-Y ya voy Cariño, Ma-kun…
Los parpados de Mamako pesaban cada vez más y más, lentamente comenzó a cerrar los ojos. Sintió que solo había parpadeado un instante, cuando de repente podía sentir como era arrastrada por el brazo, pesadamente abrió los ojos solo para quedar en shock por la escena que se desarrollaba frente a sus ojos frente a sus ojos.
Era un niño de tés clara, cabello rojizo y ojos color ámbar, tirando de ella. El niño debería tener aproximadamente la edad de su hijo, justo en ese momento sus miradas se cruzaron.
-No te preocupes te voy a sacar de aquí, así que solo resiste ¿De acuerdo?
Le estaba sonriendo, era una sonrisa forzada el claramente estaba asustado y sin embargo podía ver en sus ojos una determinación inquebrantable, él estaba decidido a salvarla a toda costa. A pesar del infierno en la tierra que los rodeaba él no se daba por vencido, salió rápidamente de sus pensamientos intentando advertir que una rama prendida en llamas caía rápidamente en su dirección.
-C ccuidado…
Mamako expreso débilmente mientras levantaba su mano con todas fuerzas señalando el inminente peligro que venía, de alguna forma el chico entendió y puso sus manos frente al obstáculo para desviarlo.
La joven mujer se alegró por un instante al ver que había desviado la rama hacia otro lado, sin embargo esto no duro y se horrorizo al ver como el niño caía de rodillas y se llevaba su manos contra el pecho podía verlo se habían lastimado gravemente.
Este niño se había herido gravemente intentando salvarla, era patética, pensó de sí misma como si una ola de fuerza se apoderara de su cuerpo Mamako se levantó, su instinto maternal se había despertado, no pudo salvar a su familia de estas malditas llamas, pero así fuera lo último que hiciera ella iba a salvar a este niño. Rápidamente se reincorporo y tomo al niño entre sus brazos comenzando a correr sin rumbo, no sabía si se dirigía a la salida, pero era mil veces mejor que quedarse ahí.
A cada paso que daba Mamako se hacía más difícil respirar, dejaba de poder controlar la tos que le causaba el espeso humo que nublaba su visión, podía oír al niño toser, eso era buena señal aun respiraba.
-No te preocupes pequeño, Mamako te sacara de aquí
Camino y camino por lo que pareció ser una eternidad demostrando la fuerza sobrehumana que toda madre posee, y justo cuando comenzaba a perder la esperanza logro ver un haz de luz frente a ella. Un haz de luz que se hacía cada vez más y más grande a cada paso que daba, no se rendiría ella sacaría a este niño camino y camino hasta que finalmente una luz no la dejo ver más.
