SNV y todos sus personajes pertenecen enteramente a sus respectivos creadores y son usados aquí con meros fines de entretenimiento.
Buda es un revoltoso, los tres santos lo saben y lo respetan. A pesar de todo, sus acciones no les molestan. En realidad se lo toman con humor, incluido Jesús, quien a primera vista da la impresión de ser un hombre muy serio. Hace muchos años atrás tenía mejor humor, cuando vivía entre los mortales: aquellos doce discípulos y las buenas mujeres que lo siguieron en su largo peregrinaje, lo sabían. Es algo que saben también los santos, en especial Buda. Ah, su Jesús, tan serio… pero con ellos se permite sonreír o incluso reír cuando la situación lo amerita. Escuchar reír a Jesús es un espectáculo agradable, y a Buda le resulta fascinante, al grado de que con gusto le cedería todos sus dulces con tal de verlo feliz. Lastima que Jesús es de un paladar más abocado a lo sencillo, como el vino y el pan. Por algo le gusta comer acompañado de Sócrates, aunque este último prefiere rehuir de las copas.
—Deberías reírte más a menudo —exclama Buda, abrazándose a un costado del nazareno —. Te sienta bien.
Jesús sólo alza una ceja, aunque sin perder el buen humor. Por ende, no se espera lo que su compañero hace a continuación: siente a Buda más cerca y, después, un roce en la mejilla. Los labios de Buda contra su piel, chocando estruendosamente. Tan cerca que puede oler ese aroma dulzón pero artificial de las paletas que tanto le gustan al santo… esta vez es de cereza.
Jesús pierde toda su alegría. No lo soporta: de un brinco, se aleja de su compañero, mientras lo mira con los ojos muy abiertos. El color de su rostro se va perdiendo hasta palidecer completamente y, sin más, se desmaya.
—¡No! —grita Confucio, acercándose rápidamente para sostenerlo entre sus brazos y evitar que caiga al piso. Sócrates ahoga una risa antes de mirar a Buda.
—Cruel, como siempre —dice, aunque no es un reproche. De hecho, luce divertido —. Esa fue una broma muy pesada… sabes que a Jesús no le gustan los besos. Le traen recuerdos malos, muy malos…
—¡Calma, amigo! —afirma Confucio, zarandeando a Jesús para que despierte de su terrible trance — ¡Ese tal Judas no está aquí! ¡Y nadie de nosotros te vendería por treinta miserables monedas!
—Quizá por cincuenta… ah y una bolsa de botanas —comenta Buda, conteniendo una carcajada.
Hay detalles que Jesús necesita superar. Que… ¿suerte? Para él contar con sus amigos para apoyarlo.
Me quedé con ganas de escribir algo más sobre estos cuatro. No me pidan escribir algo más largo porque me da flojera (?) ¡Gracias por leer!
