Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.


Desde que Hades había comenzado a trabajar en la pizzería el lugar había dejado de ser aburrido, el pelinegro era un excelente líder y siempre buscaba las mejores maneras de hacer las ventas o entregar las pizzas a tiempo. Fue bueno para Valentine, que había comenzado a pensar en dejar el trabajo y buscar algo mejor y que le diera mayores recompensas.

Pero la historia del día de hoy no es sobre Hades y sus habilidades de liderazgo, no, es sobre un naciente amor que no pretendía dañar a alguien o ser correspondido.

Valentine no conocía mucho sobre los amigos de Hades, si acaso los había visto de lejos, pero no se había encontrado con ellos, hasta que una tarde, cerca del final de su turno, alguien llamó a la pizzería y pidió una pizza familiar de pepperoni.

— Vives cerca de aquí, ¿no? — le preguntó Hades cuando les entregaron la pizza familiar junto con otras dos más — creo que esta es para tu edificio, ¿qué dices de ayudarme con esta y a cambio mañana yo hago las entregas al sur, sé que odias ir a allá.

Fue un trato justo, en realidad él ganaba más que Hades, imposible decirle que no. La pizza era para dos pisos arriba del suyo y llegó con tiempo de sobra; era una entrega exitosa, sólo tuvo que tocar el timbre y frente a él aparecería uno de los hombres más guapos que alguna vez hubiera visto en su vida. Fue como uno de esos flechazos que le dan a las personas en el transporte público, algo rápido, de los que sólo se ve una vez y saca una sonrisa de un día. Valentine fue profesional al entregar la pizza e ignorar el leve aleteo que ese sujeto le causó en dos minutos.

La penúltima vez que había hablado con alguien sobre su sexualidad, su padre lo había llamado "desviado" y lo había echado de su casa, ya habían pasado siete años desde que eso sucedió. Su madre le pidió que visitaran un médico para poder ayudarlo a resolver su "problema", como si existiera algo malo en él o en lo que sentía.

Con el paso del tiempo, después del primer encuentro, la leve esperanza de volver a encontrarse con el sujeto que lo había impresionado fue desapareciendo; él era una persona un tanto solitaria, casi no conocía a sus vecinos, así que nunca tuvo la oportunidad de cotillear con alguien, de preguntar por el chico de sonrisa radiante y cabello largo; hasta que un día, semanas después, alguien pidió otra pizza, esta vez sólo de queso, para la misma dirección.

— ¿Entonces no quieres cambiar de nuevo? — le preguntó a su compañero en tono casual, mientras Hades acomodaba las cajas.

— No, es mi última entrega, y es la dirección de un amigo, sirve que lo visito y tal vez hasta me invite a comer.

Incluyendo lo decepcionando que estaba, tenía una mezcla de emociones difíciles de discernir por separado, expectativa, emoción, nervios, pensó que si era lo suficientemente hábil jugando sus cartas tal vez Hades hasta los presentaría, a pesar de que era arriesgado, él era demasiado tímido para eso, en su trabajo sólo hablaba con Hades de manera libre, si sus demás compañeros no le dirigían la palabra él no les dedicaba más que un saludo.

Ya que iban al mismo lugar, se mantuvo cerca de Hades en todo momento, hablando de cosas sin importar, temas comunes, tratando de insertar el tema de chico del piso de arriba.

— Es curioso que un amigo tuyo viva en el mismo edificio que yo.

— Sí, de hecho lo es — Hades puso la pizza en una de sus manos y comenzó a darle vueltas — ¡oye! Tal vez algún día podamos ir a tomar algo y así se conocen, y conoces a los demás, le diré a Aiacos ahora que lo vea.

Aiacos, se llamaba Aiacos, su vecino de ojos azules y voz relajada. La última vez que se había emocionado por alguien así había sido en el Lykeio, cuando comenzaba a pensar que tal vez no era como los demás; las chicas no le causaban ni un cosquilleo mientras que lo avergonzaba ver a sus compañeros cambiarse antes o después de los deportes.

A pesar de conocer su nombre, siguió sin verlo y Hades no pronosticaba algo bueno, una reunión en un par de semanas o tal vez meses. Decepcionando, Valentine continúo con su vida normal en el trabajo y se dirigió al este para su próxima entrega; manejaba lento, disfrutando de la suave música que llegaba a él gracias a sus audífonos, tarareaba un poco, y estaba llegando a su destino cuando una pelota prácticamente salida de la nada lo golpeó justo en el pecho, provocando que se desestabilizar y terminara en el suelo.

Levantó con cuidado la visera de su casco y miró el cielo despejado de Atenas, hasta que tres personas aparecieron en su campo de visión, dos gemelos y él, el chico que vivía en su edificio, Aiacos.

— ¡Viejo! ¡¿Estás bien?! ¡¿Puedes escucharme?! — preguntó, preocupado, su largo cabello estaba amarrado pero algunos mechones estaban afuera y tenía un par de cabellos pegados a su rostro y cuello, producto del sudor por el deporte, además de que no traía camisa, lo que provocó que Valentine sintiera que su rostro se calentaba y que un poco de sangre comenzaba a salir de su nariz, por el golpe quiso pensar.

— ¡Mira lo que provocas Kanon! ¡Mataste a alguien! — gritó uno de los gemelos.

— ¡¿Yo?! ¡Tu eras el portero! ¡¿Por qué no la detuviste?!

— Con la fuerza con la que pateaste el balón pudiste haberme volado la cabeza, tuve suerte de alcanzar a agacharme.

— ¡Dejen de pelar! — el hombre al centro movió su mano hasta el cuello de Valentine, provocando que su pulso se acelera — está vivo, aunque su corazón late muy rápido.

— Compadre, ¿estás bien? ¿puedes moverte? — preguntó Kanon dando un ligero golpe en el casco.

— E-estoy bien — Valentine movió las manos, tratando de alejar a todos, y trató de levantarse, recibiendo finalmente ayuda de uno de los gemelos.

Una vez que logró levantarse, se quitó con cuidado el casco, mientras el otro gemelo lo golpeaba levemente en los hombros y espalda, tratando de quitarle el polvo. Se pasó la mano por la nariz, tratando de quitar un poco la sangre; estaba avergonzado.

— Espera un momento — el chico de su edificio comenzó a caminar hacia atrás — iré por hielo y papel o algo — anunció antes de salir corriendo.

— Amigo, lo siento, mi hermano es un idiota y mi primo pensó que era buena idea jugar fútbol en la calle como si fuéramos niños de cinco años.

— ¿A quien le dices idiota? Idiota.

El pelirrosa levantó su moto y se aseguró de que estuviera bien, lo matarían en el trabajo si no era así, o peor, Pandora diría que no había problema o que podían buscar maneras de arreglar el daño, maneras para nada profesionales. Fuera de eso no podía creer que volviera a verlo, lejos de donde vivían, en un lugar inesperado dentro de una situación fuera de lo común. Podía sentir que su rostro seguía caliente, no podía olvidar al chico de ojos azules usando sólo un par de bermudas, no quería comportarse como un pervertido o algo así, pero no podía borrar esa imagen.

— Yo… venía a entregar — dijo, interrumpiendo la pelea de los gemelos.

— ¿Pizza? Seraphina encargó una.

— Te la pagaremos, imagino que con la caída terminó mal — Valentine sacó la caja de pizza, que inicialmente estaba en buen estado — saca el dinero Kanon, esto te lo comerás tú solito.

— Lo haré, lo haré — Kanon levantó la tapa, mostrándole a todos que le pizza, en un movimiento que desafiaba la lógica, se había volteado en algunas partes mientras que el queso se había pegado por toda la caja — le diré a Aiacos que traiga otra antes de que venga — dijo mientras le pagaba a Valentine — ¿alcanza con esto?

— Sí, le daré su cambio.

— Quédatelo — interrumpió el otro gemelo — ¿vas a irte? ¿estás seguro que puedes manejar? Mil…

— Todo está bien señor, debo de continuar trabajando.

Avergonzado, se subió a su moto y partió, ignorando lo que los gemelos decían; ese no era el escenario en el que volvería a ver su vecino, no podría volver a verlo a la cara sabiendo que acababa de tener un pésimo reencuentro, aún sabiendo que él lo olvidaría en un par de horas.

Pasó varios días incómodo, imaginando que tal vez habría podido salvar un poco la situación, incluso pudo llegar a intercambiar algunas palabras, si tenía suerte y los gemelos desaparecían, podría aplicar algo de su oxidado coqueteo. Imaginaba diferentes escenarios mientras subía a su departamento, estaba bastante acostumbrado a las escaleras y sólo esperaba llegar a su casa para poder ver una película y olvidar su terrible momento de una vez por todas. Estaba en eso cuando escuchó que dos personas iban detrás de él, reconociendo de inmediato la voz de una de ellas.

— … necesito algo elegante, una camisa, un saco al menos, no estaba precisamente bien vestido cuando vi a la novia de Aioros, y esto es un diferente, un trabajo, ya sabes, hay que causar una buena impresión.

— Sí, lo entiendo — dijo la mujer que caminaba a su lado, causando que Valentine se moviera más lento — creo que tenemos algo como eso, pero no sé si te quede.

— Son mi esperanza Violate, la ropa de los gemelos me queda algo grande y… bueno, ya no soy tan cercano a Camus.

— ¿Siguen igual de tensos? creí que eran amigos de nuevo, la semana pasada te comiste las orillas de su pizza como si nada.

— Estoy tratando de actuar normal, pero… es difícil — Valentine caminó hacia su piso, pero se detuvo, no debía de escuchar conversaciones ajenas, pero el chico le gustaba y quería saber qué estaba ocurriendo.

— Oye — Violate pasó un brazo por la cintura del peliazul y lo abrazó, caminando lento — ¿qué te parece si te quedas a cenar? Hay sobras de comida china y compré helado, podemos ver una película de guerra si quieres.

— Violate, no sé que haría sin ti.

Valentine no supo cómo reaccionar cuando el chico pasó su brazo por los hombros de la chica y le besó la frente, antes de animarse y continuar su camino escaleras arriba. Era heterosexual, por supuesto, no todos los hombres que conocía eran iguales, había de todo tipo y él jugaba fuera de su liga.

Había recibido un par de golpes por malinterpretar las señales, o meterse en relaciones, no haría eso de nuevo, estaba tratando de ser una mejor persona, dejar atrás la versión tímida de él y la versión a la que no le importaba nada con tal de no sentirse solo; así que superaría su flechazo y continuaría con su vida normal, su aburrida vida normal que incluía los planes de Hades para tratar de conquistar la cadena de pizzerías.

Olvidó el tema con algo de tiempo, no volver a verlo ayudó, pero el destino tenía otros planes que lo involucraba a él cuando estaba armando las cajas de pizzas en la pequeña bodega trasera y a Hades llegando por el mismo lugar.

— Aiacos, si sigues igual de idiota voy a decirle a Violate que te de tu buena regañada — escuchó que decía su compañero.

— Necesito ese tono de látigo para cuándo hagan comentarios de ese estilo.

— Tú no necesitas nada, y tú no le dirás nada a Violate, estuvo bastante molesta cuando se enteró que perdí parte de mi paga en apuestas.

— Eso es tu culpa, ¿qué les hizo pensar que pelearía con Hades? Como si no supiera que son capaces de jugarme chueco, bola de tramposos.

— ¿Lo dice el sujeto que hizo trampa en un juego se póker al mirar el reflejo de mis lentes? Rhadamanthys, todavía no me pagas eso.

— Sólo aproveché el momento, como si ustedes no hubieran hecho lo mismo.

Con el volumen de las voces aumentando, Valentine salió de la bodega para calmar las aguas y tal vez ver al chico de los ojos azules, Aiacos, Hades había dicho que se llamaba así. Al salí descubrió, con sorpresa, que él no estaba ahí; sólo estaba su compañero, un pelinegro, un peliblanco y un rubio, todos recargados en un auto hablando entre ellos.

— Hades — dijo, llamando la atención de todos.

— ¡Valentine! ¿iniciaste temprano hoy? Ven, deja te presento al grupo, ellos son Rhadamanthys, Minos y Aiacos, todavía faltan Hipnos y Thanatos, pero ellos son la banda.

Tratando de no parecer obvio, miró al pelinegro que según era Aiacos, era parecido al chico de ojos azules, pero evidentemente no era él. Confundido, miró a Hades cuando notó que continuaba hablando.

— … viven en el mismo edificio — alcanzó a escuchar.

— ¿En serio? Que coincidencia — Aiacos miró a Valentine un poco avergonzado — no recuerdo haberte visto, lo siento.

— Tal vez Violate lo conoce, ¿no dijiste que ella insiste en hablar con todos los vecinos? — dijo el rubio recargando sólo el codo en el auto.

— Tal vez, Violate es mi novia — le explicó al pelirrosa — o tal vez hayas visto a mi hermano, Milo a veces pasa tiempo en el departamento, ahora que trabaja en las mañanas no sabe en qué gastar su tiempo.

El grupo comenzó a enfrascarse en otra charla que Valentine ya no escuchó. Milo, podría llamarse Milo en realidad y la chica a la que abrazó podría ser su cuñada, convirtiendo ese abrazo en uno fraternal. Estaba feliz de escuchar eso, no cambiaba el hecho de que había tenido un momento vergonzoso con él, pero al menos ahora sabía que estaba confundiendo las cosas. El último gran acto del destino, porque todo quedaría en sus manos después, fue enviarlo a dejar pizzas justo en otra casa donde estaba Milo. Valentine primero tocó levemente la puerta, pero esta se abrió así que se apresuró a cerrarla y fingir que él no la había abierto. Estaba mirando el patio cuando la puerta volvió a abrirse por alguien más y él regresó su mirada al frente.

— Milo.

Dijo, sorprendido de verlo ahora ahí, ¿acaso si pensaba demasiado en él, el tipo se aparecía hasta en la sopa?

— Sí — Milo asintió confundido — ¿te conozco o algo así?

— No, yo sólo… conocí a tu hermano hace un par de horas y me habló de ti — trató de explicar, avergonzado, dándole sus cinco cajas de pizza a Milo para poder quitarse el casco.

— ¿No eres el sujeto del otro día? ¿Al que Kanon casi mata? — cuando Milo volvió a salir ese día, después de que su madre lo obligará a vestirse como alguien decente y Dégel le diera un mini botiquín de primeros auxilios, el repartidor ya se había ido y Kanon trataba de subir a un árbol para salvar el balón de fútbol que había terminado ahí, mientras Saga supervisaba todo desde la seguridad del suelo.

— Sí, yo… lo soy.

— Oye, de verdad lo siento, ellos tienden a ser muy competitivos y algo violentos.

— No hay problema, no es la primera vez que me caigo de la moto — Valentine sonrió nervioso, nunca había sido bueno en el antiguo arte de las charlas, era un desastre en eso si era honesto.

Milo le devolvió la sonrisa, de manera abierta y brillante, hasta que achicó los ojos y tuvo un leve déjà vu que lo hizo recargarse en el marco de la puerta.

— ¿Te he visto antes? Creo que ya me has entregado pizzas.

— Es posible, hago muchas entregas a muchos lugares — Valentine alzó los hombros, como si no tuviera bien contabilizadas el número de veces que lo había visto.

— Que loco, es muy probable entonces, el mundo es muy pequeño, eso dicen.

Valentine golpeó su rodilla con su casco y asintió, era extraño que su primera charla con el chico de ojos azules tuviera esa clase de reflexiones, pero era mejor eso a centrarse en la última vez que se habían visto. Decidiendo arriesgarse un poco, ya que estaba ahí, respiró hondo y se aventuró a preguntar un poco más, sólo un poco.

— No es que sea entrometido, pero si nos encontramos en varios lados, bueno… ¿tu vives aquí o en otro lugar?

— Con mis padres, en la casa donde te golpeamos, accidentalmente por cierto, creo que no nos hemos disculpado lo suficiente por eso — Milo sonrió divertido y apenado.

— No es importante, estoy bien.

— Estabas sangrando, Saga dijo que te veías un poco mareado.

— Ya pasaron días, así que no hay problema, además de que nada le pasó a la moto — Valentine miró hacia atrás antes de regresar su mirada a Milo, quien aún miraba su vehículo como si quisiera asegurarse de que sus palabras eran ciertas. Tragó saliva un poco nervioso, podía moverse un poco más, no perdía nada intentándolo — pero — comenzó, tanteando el terreno, pensando en las palabras adecuadas en caso de que Milo tuviera una relación con alguien o bateara hacia el lado contrario, ganándose el tiempo suficiente para que el peliazul lo mirara intrigado — si quieres arreglar el daño, tal vez un par de tragos ayudarían... y podrías invitar a otros — se apresuró a añadir, avergonzado, ¿en qué estaba pensando?

Milo se enderezó y sostuvo con fuerza las pizzas; él no era tan tonto cuando se trataba de esas cosas, pero no debía de adelantarse. Ya tenía tiempo que no se planteaba salir con alguien en plan de amigos, tal vez podía alejarse un poco de su círculo principal y volver a ver a más personas, el mundo no se había acabado porque fue rechazado, y ya había pasado casi un año, era el momento de cambiar de página, tener algo nuevo, buscar personas que lo hicieran sentir que había algo en el ambiente, diferente a lo acostumbrado.

— No me has dicho tu nombre — dijo Milo, ganándose algo de tiempo para poder apreciar al hombre frente a él y tomar una decisión.

— Valentine — el pelirrosa se golpeó mentalmente, dar el nombre era algo vital para la formación de cualquier tipo de relación.

— Valentine.

Repitió el peliazul, como si estuviera saboreando cada letra de su nombre, o al menos así lo pensó él. Ambos se quedaron por un breve momento en silencio hasta que Milo mostró señales de continuar hablando, pero en ese momento se escuchó una voz desde dentro de la casa.

— ¡Milo! ¿Quieres dejar de coquetear y traer esa pizza? — Death Mask se asomó desde el comedor, había sido el elegido para ver qué pasaba con la comida después de los diez minutos que pasaron desde que Milo fue a abrir — dale tus bragas y trae eso, muero de hambre.

El nombrado soltó una risa nerviosa y miró a Valentine, ambos estaban levemente sonrojados por los comentarios, ninguno podía decir que estaban haciendo exactamente eso, apenas y se conocían. Trató de sostener las cinco cajas con una mano para poder ver si tenía dinero, pero el equilibro le jugó mal, hubiera sido un desastre sino fuera porque Valentine alcanzó a reaccionar y lo ayudó a sostener las cajas del lado libre.

— Gracias — Milo revisó en su bolsillo derecho delantero y después en el trasero, terminó por soltar las cajas y dejar que el repartidor las volviera a sostener mientras buscaba en el lado izquierdo — creo que olvidé el dinero — dijo apenado — deja regreso, no te vayas.

Valentine se quedó frente a la puerta abierta, alcanzó a escuchar más quejas masculinas y uno que otro chiflido cuando Milo ingresó a la habitación izquierda. Sus manos sudaban y estaba un poco frustrado, si no los hubieran interrumpido tal vez tendría una respuesta, que podría ser un rechazo, pero no dejaba de ser respuesta. Equilibrándose, miró en su reloj que ya llevaba más de diez minutos ahí, era hora de despedirse.

— Listo, lo siento — se disculpó Milo cuando regresó, dejando el dinero sobre las cajas volviendo a sostenerlas — ellos están desesperados.

— Lo entiendo — Valentine sonrió y tomó el dinero antes de volver a colocarse el casco — disfruten de su comida.

— ¡Claro! ¡Gracias! — Milo sonrió y le guiñó un ojo mientras caminaba hacia atrás — te veré después Valentine.

Valentine asintió y comenzó a caminar hacia su moto; se sentó en ella y miró los billetes en su mano, notando que había un pequeño papel blanco entre ellos que sobresalía. Una gran sonrisa se dibujó en su rostro cuando notó que en el papel, con muy caligrafía suave para tratarse de un hombre, estaba el número telefónico de Milo. Encendiendo la moto, partió hacia la pizzería, era un gran día.