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BULMA
APROBADA.
APROBADA.
Se solicita sus documentos para finalizar el proceso de matrícula.
Había sido aprobada.
Mi examen había sido aprobado con la mayor nota posible de los egresados a una de las escuelas más reconocidas del país.
Aún recuerdo la emoción que sentí en ese momento. Las lágrimas querían salir de mis ojos y, aunque no tenía a nadie con quien celebrarlo, una sonrisa salió de mi rostro.
Ingresar a aquella escuela era mi única oportunidad para poder lograr aquella que siempre quería.
Había empezado desde cero.
Sí, yo, a mi edad de 16 años ya era independiente. Aunque mis padres tenían el sustento económico suficiente como para atender todos mis gastos, yo no quería. Yo quería empezar desde cero. Quería que me conocieran por mí misma, no por ser una de las herederas de una de las empresas más famosas y ricas del país. Y me había dado cuenta que, si no empezaba desde una edad temprana, me convertiría en aquello que no quería ser: la hija rica de sus padres.
Había rechazado todo tipo de ayuda de ellos. Obviamente no estuvieron de acuerdo al principio, pero cuando les expliqué por qué, y debido a mi insistencia, finalmente aceptaron.
Fue difícil haber empezado desde cero, sobre todo para alguien de mi edad a quien, para la mayoría, no pasaba desapercibida y menos por su color de cabello. Ocultar a mis padres y su verdadero trabajo, ocultar mi residencia y, sobre todo, tratar de no llamar la atención por mi apellido no había sido fácil.
Como tampoco había sido fácil ingresar a la universidad donde solo estudiantes con mayor rendimiento académico ingresaban. Y no, no era una escuela privada ni mucho menos elitista; era una pública, solo que por ayuda del gobierno era muy famosa.
Miré mi examen con aquella sonrisa que todavía no salía mi rostro, pero poco a poco se iba desvaneciendo.
La primera parte ya estaba hecha, ahora tocaba la segunda: buscar un trabajo para poder pagar la mensualidad.
Y esa era la más difícil. ¿Porqué? Por una simple obviedad: no sabía cocinar, no sabía lavar la ropa, no sabía hacer mis quehaceres, no sabía hacer nada.
Y eso era un grave problema.
Muy grave.
—Maldita seas, Bulma—me insulté—Lo que único que sabes es sacar buenas notas y cuidar de ti misma.
En ese momento, mi cerebro enfatizó la palabra cuidar.
Cuidar.
Niños.
Niñeras.
La esperanza me gobernó.
Cuando volví a mi casa, que era un pequeño departamento, empecé a buscar como loca enviando currículos a diferentes familias. Lo bueno de esto era que no se necesitaba tener experiencia, solo ser empática y querer a los niños.
No obstante, mientras los días pasaban, y yo cada día revisaba mi correo por si me había llegado algún mensaje, no recibía nada.
La desilusión en mi rostro era muy obvia. Personalmente, no quería ser mesera porque no me gustaba atender a las personas. Sí, un poco contradictorio, lo sé. Una cosa son los adultos y otra, los niños.
Los días pasaban y no recibía ninguna respuesta y, con eso, mi ansiedad de lo cercano que estaba por empezar las clases.
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—No puedo creer lo que me estás diciendo, Bulma—confesó Goku, mi mejor amigo.
Le había confesado qué había hecho con mi vida.
Tomé una galleta de la mesa del restaurante.
—Mis padres dijeron exactamente lo mismo cuando les dije eso—contesté mirando cómo comía como un loco los platos de la mesa. Para hombres como él, el límite no existía para el estómago.
—¿Y ahora cómo conseguirás trabajo? —preguntó con la boca llena de comida—Si no te responden, te recomiendo abrirte un OnlyFans.
Lo miré con los ojos abiertos.
—¿Qué? —preguntó con inocencia.
—Ni siquiera sabes qué es un OnlyFans, Goku.
Tragó toda su comida de un solo porrazo.
—Tienes razón…¿pero no es aquella donde solo te tomas fotos y lo publicas en la página a cambio de dinero?
—¿Sabes qué tipo de fotos se publican?
Me miró con aquella cara de inocencia. La mueca que hacía con sus labios solo hacía que se le viera tierno.
Era muy guapo.
—Mmm…creo que Raditz me dijo de qué se trataba—soltó—La otra vez me mostró una foto donde una chica decía : "Soy una conejita en busca de una gran zanahoria". Creo que la chica se llamaba Saori…tal vez si hablas con ella tú…
—¡No, ni loca! No publicaré fotos desnudas o eróticas sobre mí para que otros me paguen solo por verme.
—Pero ganas dinero…
—¡No puedo creer lo inocente que eres a pesar de la edad que tienes, Goku! A este paso, no me sorprende que una mujer abuse de tu inocencia y te viole.
Él solo soltó aquella risa amigable tan característica de él mientras volvía a verme con sus ojos negros cariñosos.
—Sabes que no es necesario que hagas esto, Bulma—dijo mientras tomaba mi mano.
Solté un suspiro.
Sabía que Goku decía la verdad. Lo sabía. Sabía que no iba a ser fácil, pero no importaba.
—Solo necesito encontrar un trabajo en la que pueda estudiar y no se interfiera con mi horario…
Goku me miró por unos segundos para después posar su mano en su mentón mientras pensaba o recordaba algo.
—Creo que sé dónde puedes conseguir uno…
—¡¿Dónde?! —grité tan emocionada que no me había dado cuenta que algunas personas voltearon hacia nuestras mesas.
Siempre solía ser así cuando me emocionaba.
Goku me sonrió con un poco de ternura y, según pude ver, con un poco de pena y vergüenza.
—Bueno la verdad es que…—se rascó la cabeza mientras lo miraba atenta—es una familia un poco complicada…
Alcé una ceja.
—Sobre todo por el hermano mayor…—continuó.
Sonreí por inercia ante ello.
Para mí, nada era un impedimento.
—No hay problema—contesté emocionada.
Goku me miró como si hubiera dicho algo horrible.
—Es que Bulma…no es un chico cualquiera…
—No importa. No creo que sea tan malo, ¿o sí? —él movía los ojos un poco preocupado—He lidiado con niños más traviesos que yo, Goku.
—Ese es el problema, Bulma. Él no es un niño, tiene tu edad.
Fruncí el ceño con incredulidad.
—¿Me estás diciendo que tengo que cuidar a un chico de mi edad? Tiene 17 años, no me digas que también tendré que limpiarle el trasero.
Felizmente, Goku negó.
—Cuidarás a su hermano menor —corrigió—Son polos opuestos. Hace tiempo que están buscando una niñera, las últimas renunciaron por sí solas.
Lo miré curiosa.
—¿Y eso?
Goku hizo una mueca.
—Digamos que por cosas raras el menor ha sido todo un diablo. Es un poco difícil estar solo todo el día. Sus papás nunca están, su hermano lo trata horrible y cada vez que sus padres vienen siempre lo tratan con indiferencia.
No pude evitar sentir pena por el pequeño.
—¿Cuántos años tiene?
—Seis.
Seis años. Justo donde se empezaba formar psicológicamente un niño.
—Muy bien—saqué mi celular mientras entraba a mis notas virtuales—Dame su dirección.
Goku me miró sorprendido.
Estupefacto.
—¿Se…segura? —asentí. Él soltó un suspiro—Muy bien.
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Miré la puerta de la dirección de la casa que Goku me había dado.
Sí, no lo iba a negar. Estaba un poco nerviosa.
Pero no lo suficiente como para acobardarme.
Solté un suspiro mientras miraba otra vez la gran puerta de la casa.
Caminé hacia adelante y di dos toquecitos.
Un minuto pasó.
Nada.
Volví a tocar la puerta.
Espere por unos segundos.
Nada.
Fruncí el ceño mientras volvía a tocar la puerta y con mi otra mano tocaba el timbre.
Nada.
Estuve a punto de tocar nuevamente la puerta cuando vi cómo se abría con brusquedad y alguien se paraba enfrente de mí.
Sentí cómo mi respiración se paró.
Pude sentir, en ese momento, cómo mis ojos brillaron por aquel escenario de chico rudo y totalmente guapo.
Para mí, era el hombre más guapo que había visto en mi vida.
Su piel bronceada se veía totalmente luminosa bajo la luz que salía dentro de su casa.
Su cuerpo, musculoso y totalmente apetecible, se veía totalmente duro. Fuerte.
Su cabello, negro como el anochecer, brillaba con luminosidad. Era peculiar. Estaba parado en forma de flama desafiando la gravedad y rompiendo con cada ley física que con tanto esmero me había encargado de memorizar.
No obstante, no fue eso lo que me dejo hipnotizada. Fueron sus ojos.
Sí, sus ojos.
Negros. Totalmente negros como dos obsidianas profundas que te comen alma.
Todo de él era perfecto.
Su nariz totalmente respingada y perfilada. Su mentón, duro y recto. Sus cejas, totalmente pobladas y negras al igual que sus pestañas. Sus facciones, masculinas en su máximo esplendor.
Mi corazón palpitó con vehemencia.
Vi cómo él me recorrió con la mirada en tan solo dos segundos.
—¿Quién eres y qué quieres? No aceptamos vagabundos—soltó con aquella voz grave que erizó cada vello de mi alma.
Sin saber por qué, me entraron los nervios. Cosa que nunca me pasaba.
Su voz masculina, adusta y totalmente grave me había chocado un poco.
—Yo…yo vine por…
—¿Eres prostituta?
—¿Qué? —pregunté incrédula. Todo lo bonito que pensaba sobre aquel chico se fue a la mierda al escuchar cómo se refería así ante mí—¡Por supuesto que no, idio..!
—Entonces qué demonios quieres y qué haces afuera de mi casa.
—¡Vengo por el puesto de niñera! —solté.
Él volvió a recorrerme de pies a cabezas.
—No necesitamos ninguna tonta niñera.
—¡Claro que sí! —crucé los brazos— Goku me dijo que su hermano lo necesita.
El frunció el ceño más de lo que, podía deducir, siempre estaba fruncido.
—¿Kakaroto?
—Goku.
—Me importa una mierda—soltó—Si has sido recomendada por ese idiota, entonces eres una inútil.
Sus palabras me dejaron estupefacta. Nadie, jamás, en mi vida me había hablado así.
Nadie.
No iba a permitir que este pedazo de idiota me hablara así.
Sintiendo cómo la rabia se apoderaba de mí, agarré la perilla antes de que cerrara la puerta.
Pude ver enfado en sus ojos negros.
—¿Acaso no entendiste, maldita mu…?
—Escúchame bien, idiota de mierda, me llega al carajo lo que piensas de mí. Yo solo vine por el maldito puesto de niñera que estoy totalmente segura que tus padres están buscando para tu hermano pequeño. Que lo más seguro es que esté cansado de tener un idiota de hermano como tú, pedazo de mierda. Yo no soy ninguna inútil, todo lo contrario, cuento con varias habilidades que a tu lado harían mierda las tuyas, solo que en esta ocasión he venido a buscar trabajo en tu maldita casa, idiota de mierda.
Sabía que me había sobrepasado. Lo sabía, pero no me importaba. Si hay algo que tengo entendido, es que no debes dejar que nadie te haga sentir menos. Yo sabía mi valor, y de eso, nadie me haría cambiar de opinión.
Él me miró por unos segundos con aquellos ojos inexpresivos. Al cabo de unos segundos, agarró mi mano, que aún seguía en la perrilla de la puerta, y la apretó con fuerza.
Sus facciones se habían endurecido y solo había rabia en su mirada.
Dio unos pasos hacia mí hasta quedar tan solo a centímetros.
—Que sea la última ve que vuelves a hablar así—soltó con gravedad.
No le quité la mirada ningún segundo.
—Y tú que vuelves a insultarme de tal manera.
—Yo hablo como se me da la maldita gana.
—Entonces no te esperes ninguna respuesta de respeto de parte de mí—solté, asumiendo por mí misma que ya me había contratado.
Estuvo a punto de replicar; sin embargo, una voz nos interrumpió.
—¿Vegeta? —ambos volteamos hacia el niño que nos miraba con curiosidad.
No pude evitar estudiarlo rápidamente. Era igualito a su hermano, con la única diferencia que él tenía las facciones suaves y tiernas.
Él miró con dureza al pequeño.
—¿Qué demonios haces aquí?
—¿Quién es ella? —omitió su pregunta—¿Una de las otras chicas que…?
—Ella será tu nueva niñera—confesó, lo mire sorprendida ante su respuesta. Él me devolvió la mirada rápidamente, pude ver cómo había una pequeña sonrisa ladina en su rostro mientras volvía a mirar a su hermano—Será cosa tuya, mocoso, si haces que se quede.
No pude evitar asustarme por ello. Él niño fijo sus ojos negros sobre los míos. Ladeó su cabeza un poco.
—¿No es muy joven?
—No es mi problema, mocoso—contestó con frialdad el mayor mirándome de nuevo, pero con cierta diversión en los ojos—Todo tuyo, niña—enfatizó lo último antes de entrar e irse.
Tragué saliva mientras me quedaba mirando al pequeño. Él mantuvo su mirada en mí también.
Decidí saludarlo.
—Hola, mi nombre es…
—Eres fea—me interrumpió mientras me daba aquella mirada que me lanzó su hermano—Eres una niña fea.
Fruncí el ceño.
—Y tú un niño totalmente mal educado.
Él encogió lo hombros.
—No me importa lo que piensen los demás de mí.
—¿Así? Pues a mi tampoco.
—Pero eres fea…
—¡Y tú totalmente irritable! ¡Déjame pasar que ahora soy tu niñera! —grité. Estaba exaltada. Haber escuchado la palabra "fea" de un niño me había dolido.
¿No decían que los niños decían la verdad?
Él solo me miró por unos segundos antes irse y dejarme la puerta abierta. Entré y la cerré con un bufido.
Cunado entré a la casa, no pude evitar estudiarla. Era muy bonita; no obstante, todo lo bonita se derrumbó al entrar a la sala y ver el lugar hecho un desorden total.
Todo estaba totalmente desordenado.
Los muebles estaban movidos en desorden, los cuadros que estaban colgados en las paredes estaban por caerse, había ropa en el suelo, los juguetes estaban esparcido por todos los lugares, era un desastre total.
Mis ojos se pararon en el niño quien me miraba con una sonrisa macabra en los ojos, él sostenía un vaso de agua en el filo de la mesa.
Estaba por tirarlo.
—¡No! ¡Ni se te ocurra!
Él solo ensanchó su sonrisa mientras movía la tasa y dejaba caerla.
Corrí hasta él para agarrarla, pero cuando llegué, el suelo estaba lleno de vidrio.
Escuche su risa resonar por toda la sala.
Si antes estaba molesta, ahora estaba enfadada. Era mi primer día de trabajo y no iba a permitir que estos dos malditos me lo estropeen de aquella manera.
Sin poder aguantar más, me acerqué al niño y le jalé la oreja tan fuerte que soltó un gritito al alzarlo por el jalón.
—¡Ay, mi oreja!
—¡Escúchame bien, niño de los mil demonios, si piensas que haciendo esto vas a hacer que renuncie, estás totalmente equivocado! ¡No pienso renunciar! ¡Esta es mi oportunidad para demostrar mi independencia y ni tú ni nadie me lo va a impedir! ¡¿Entendido?!
Él solo me miró totalmente sorprendido por mi reacción y con la oreja roja por el jalón. Sin embargo, después de unos segundos, me miró molesto.
—¡Me pegaste!
—¡Rompiste un vaso!
—¡Pero me pegaste!
—¡Pues necesitas un poco de disciplina, niño! —solté—¡No todo se consigue rompiendo las cosas y haciendo escándalo!
Volvió a posar su mirada sobre mí.
—No soy un niño.
—Tienes seis años.
—¡No soy un niño!
—¡Eres un niño!
—¡Me llamo Tarble! —gritó—¡Llámame por mi nombre!
—¡No pienso llamarte así hasta que me trates con respeto y me llames Bulma!
—Bien—cruzó los brazos.
—Bien—yo también los crucé mientras nos mirábamos entre sí.
—Me llamo Tarble…—soltó después de unos segundos con la baja.
Lo miré con los ojos entrecerrados.
—Encantada, Tarble. Me llamo Bulma.
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Era el mi primer día de clases en aquella escuela. No iba a mentir que no estaba emocionada porque lo estaba. Era como si empezaba una nueva vida, o al menos comenzaba un nuevo camino por mí misma.
Me sentía orgullosa.
Me miré al espejo del baño del colegio. Ya había llegado. No quería llegar tarde en mi primer día. Aparte, no había ido en carro propio como siempre solía hacerlo antes. Lo que menos quería era llamar la atención, así que lo que hacía ahora era mantener el perfil bajo.
Al menos eso esperaba.
Arreglé mi cabello azulado haciéndole una cola un poco desaliñada. Casi nunca me preocupo mi aspecto, de hecho, tuve la suerte de nacer con buena genética y tener una belleza intacta. Bien podría presumirlo ante todos y ganarme un lugar, pero no quería ir por ese camino.
No quería.
No otra vez.
Salí del baño para dirigirme a mis casilleros. No iba a comparar este colegio con el antiguo, ero cabe resaltar que había muchas diferencias. Pero eso no importaba, mi único objetivo era sobrevivir.
Cerré mi casillero una vez sacado mis libros y me dirigí al salón que tocaba a primera hora.
No obstante, a pesar de que trataba de no llamar la atención, sentía como un montón de ojos se fijaban en mí. Podía escuchar los susurros detrás de mí, las miradas de algunos chicos y algunas no tan buenas de algunas chicas.
No bajé la cabeza en ningún instante. Era nueva, sí, pero no insegura. Y ningún cuchicheo me iba a intimidar, ni mucho menos ningún chico.
Ingresé al salón y no pude evitar compararlo nuevamente con mi antiguo colegio, si bien ésta tenía ventana, sí, pero los pupitres eran individuales. La pizarra era verde, no había ningún telegrama como solía tenerlo el otro. Había iluminación sí, pero solo generado por las ventanas donde se podía evidenciar las pistas de la calle.
Me perdí por unos instantes en el salón mientras estudiaba cada ángulo el aula. El color de la pared, el material de las tizas, la calidad de los pupitres. Por un momento me sentí un poco decepcionada por ello, pero no me arrepentí.
Sintiendo cómo algunos se quedaron parados viéndome con cierta curiosidad, avancé y agarré un asiento cualquiera.
No obstante, fue cuestión de segundos para ver cómo aquella persona que me trató totalmente horrible ayer entraba al salón.
Mis ojos se posaron en él con total consternación y él chocó sus ojos con los míos.
Me volví a perder en su negro color obsidiana.
Y cuando pensé que me apartaría la mirada, se acercó por mi asiento y sentí perfectamente cómo se sentaba detrás de mí.
Me tensé por completo.
Tragué saliva, tenía un mal presentimiento sobre esto.
Esperé por unos segundos pensando que diría algo, pero no fue así.
Suspiré aliviada.
Y ahí, cuando creí que me dejaría en paz, sentí cómo su respiración chocaba contra mi espalda. Estaba muy cerca de mí.
—La niña que cuida a mi hermano resultó ser otra de las tontas estudiantes de este colegio.
Sus palabras generaron un malestar en mi paladar otra vez.
¿Había venido a sentarse detrás de mí solo para decirme eso?
Sentí cómo la molestia volvía a mi nuevamente.
Volteé hacia él sin importarme que algunas personas estuvieran viéndonos. Al parecer, ese chico era popular en la escuela.
Popular una mierda.
Cuando volteé no solo eran sus palabras lo que me generaban rabia, sino fue el ver cómo su rostro se encontraba totalmente indiferente e impasible. Frío y rudo como aquella vez que lo vi ayer. Con aquel ceño fruncido y aquella mirada oscura que no me intimidaba para nada.
—¿A eso has venido? ¿A tratar de menospreciarme? El que cuide a tu hermano no interfiere en nada con la escuela.
Él solo se me quedo viendo por unos segundos.
—No gastaría ni la mitad de mi tiempo y menospreciarte, niña—como odiaba que me dijera de aquella forma. No era ninguna niña—Solo digo la verdad.
—Bien, pues más te vale mantenerlo así—solté antes de voltearme y volver fijar mi vista en la pizarra.
No contestó.
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Haber escuchado al profesor decir mi nombre y pedir que me presente había sido un poco…un poco difícil para mí. No era que tuviera problemas de expresión, de hecho, yo solía expresarme y desenvolverme muy bien delante el público. Sin embargo, aquellos estudiantes que serán mis compañeros de clases, me causaban cierta inseguridad.
Cierta incomodidad.
Haber dicho que mi nombre era Bulma Briefs, no había causado ninguna impresión en ningún alumno, cosa que me alivió. Pero a pesar de eso, sentía como había miradas encima de mí.
Susurros.
Aquello solo me irritaba más. Hacía que sacará aquella personalidad que no quería ver nunca más. Aquella que había dejado en la antigua escuela y la que me esmeraba por ocultarla.
Miré mis apuntes. Ya estaba en la casa de Tarble cuidando de él.
Alcé mi mirada al sentir cómo alguien me miraba.
Era Vegeta.
Lo ignoré volviendo a mis apuntes. Me incomodé al sentir cómo me seguía mirando totalmente impasible y con su cara de pocos amigos.
Me irritaba.
—¿Pasa algo? —pregunté mientras cerraba de golpe mi cuaderno. Si había algo que no me gustaba para nada era que se me quedaran mirando por mucho tiempo. Me incomodaba.
—Va a ver una fiesta en mi casa. Lárgate.
Abrí los ojos ante su tono hosco, pero no me afectaron para nada sus palabras.
—Bien. Hazlo, yo no interfiero.
—Sí lo haces—continuó. Entrecerré los ojos sin poder comprender a qué se refería—Es una fiesta por inicio de clases y tú no estás invitada.
Alcé las cejas ante su confesión.
¿Qué era lo que acababa de escuchar? ¿Que no estaba invitada?
Sin poder contenerme más, me reí en su rostro.
—¿Te estás escuchando? Pareces un crío que no quiere que vayan a su fiesta de cumpleaños…
—No importa lo que pienses—me interrumpió. Por más que intenté replicarle, me sentí intimidada por su agresividad y frialdad—Luego no me digas que no te advertí, niña—salió de la casa.
Restándole importancia volví a mi cuaderno de apuntes. Tarble estaba en su habitación así que no estaba haciendo aquellas travesuras como ayer.
Pasé la hoja de mi cuaderno. Después de unos segundos, escuché unas voces resonar en la casa. Deduje que eran los amigos de Vegeta que venían para la fiesta.
No me quedaría. Ni siquiera me afectaba el que no me hayan invitado a su fiesta, subiría al cuarto de Tarble y tal vez lo ayudaría con sus tareas e intentaría establecer alguna conversación con él. Por los días que habían pasado, que habían sido cinco, había podido ver que sus padres no le tomaban mucha importancia y que Tarble había hecho todo el berrinche y era totalmente desobediente para llamar su atención.
Pero ni aún así, ellos le hacían caso.
Ni siquiera su hermano. Él solo le decía que era un mocoso y que ni siquiera merecía ser su hermano.
Cerré mi cuaderno al darme cuenta cómo los chicos entraban a la sala. El grupo de 4 se me quedó viendo con unos ojos que con tan solo verlos me daban ganas de insultarlos.
Traté de guardar mis cosas con rapidez.
—Así que la nueva ya abrió las piernas para ti, Vegeta—dijo uno de los brutos que eran sus amigos al parecer. La sonrisa que tenía en la cara me irritaba hasta más no poder.
Las piernas abriré para orinarte encima, imbécil.
Estuve a punto de responder, pero Vegeta se adelantó.
—Ella trabaja para mí—soltó.
Aquellas palabras resonaron profundamente en mi cabeza.
Lo miré incrédula. Incrédula por la forma déspota en la que lo dijo y en lo horrible que sonó.
Ella trabaja para mí.
—Trabajo para tus padres, no para ti—aclaré con cierto pesar y un poco dolida por sus palabras.
—Y cuando no están ellos trabajas para mí porque en su ausencia yo soy el dueño de la casa—mientras pronunciaba aquellas palabras sentía cómo sus amigos agrandaban su sonrisa y me miraban de manera morbosa, aquella que solo hacía que quisiera vomitar—Ya no solo eres la niñera de mi hermano.
—¿La nueva es la niñera de tu hermano? —preguntó otro de sus amigos. Uno calvo como un huevo que esperaba romper por su pregunta ofensiva— ¿Aquel que por su culpa despidieron a las demás niñeras por incompetentes?
La irritación se estaba apoderando de mi cuerpo ante sus palabras.
Estaban intentando humillarme y no lo iba a permitir.
Vegeta se me adelantó.
—Al parecer Tarble se ha cuidado y ella también en su vocabulario—me miró con aquellos ojos que estaba empezando a tener rencor—No queremos perder a otra niñera, ¿verdad?
Lo miré sin poder responder ante lo que había hecho.
Era imperdonable lo que había hecho.
Me había humillado.
Me había dejado como una simple sirvienta, cosa que no era.
Pero no era eso lo que más rabia me daba, era saber que a pesar de que haya echo ello, yo no podría hacer nada. Uno, por mi propio bien. Y el segundo, por Tarble, porque, aunque no lo sepa, yo había prometido darle ese cariño que él no recibía de su familia.
Y porque también esto era una manera de lidiar con aquello que siempre me costó hacerlo.
En ningún momento despegué la mirada de Vegeta. Y él tampoco lo hizo.
Hasta que él volvió a romper el silencio.
—Tráenos una gaseosa. Tendrás mucho trabajo que hacer hoy día.
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N/A: Holi. Sé que he colgado muchos fics que aún no he terminado y debería actualizarlos, pero por ese mismo hecho he decidido hacer uno. Siento que he perdido mi manía de escribir y necesito recuperarlo y sentirme preparada para escribir un capítulo de mis fics.
Antes que nada, quiero decir que este mini fic- porque será solo tres o cuatro capítulos- va a ser un poco diferente a todo lo que solía escribir. La personalidad de Bulma va a ser un poco más fría conforme avance los capítulos Y SOBRE TODO AL CAPÍTULO FINAL. Quiero recalcar también que este fic tendrá escenas lemon y sexuales muy fuertes, cosa que si no lo soportan, pueden leer otro fic ( están en todo su derecho). De lo contrario, advertidos están.
Actualizaré rápido porque estoy en vacaciones así que no tardaré mucho porque como dije será solo tres, cuatro o cinco capítulos.
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Muchos besos y hasta luego.
