Oneshot que forma parte de la serie "Duelo Legal" dedicado a Zryvan, por su constante apoyo y por darme ánimos y valor a la hora de explorar fuera de la burbuja de confort.

A todos los que paséis por aquí, espero que lo disfrutéis.

¡Saludos!


#KANON Y SHAKA#

Matando el aburrimiento

La presencia de Kanon siempre le incomodaba, y lo que le molestaba más del asunto era que no sabía descifrar exactamente el por qué. Pero lo hacía, y más cuando las circunstancias querían que se quedara a solas con él.

Era domingo, y como siempre, el hermano gemelo de Saga había ido a comer a su casa. Esta era una costumbre que ambos hermanos tenían instaurada incluso desde antes que conociera a Saga y, por supuesto, él no era nadie para poner trabas o inconvenientes a este inofensivo ritual fraternal.

Pero Kanon le incomodaba. Era una sensación superior a él.

Tal ver la razón cabía buscarla en la diferencia de carácter, puesto que el menor de los gemelos era despreocupado, directo y sin filtros, amante del desorden y de la vida sin plan. Kanon era muchas cosas menos la que se podría definir como un hombre previsible, y no podía negar que poseía un atractivo físico tan imponente como el de Saga, aunque sus evidentes tendencias hacia la despreocupación de su propia imagen le dotaban de un magnetismo difícil de eludir.

Y esa era una de esas tardes de domingo en las que Kanon parecía no tener ninguna prisa para irse, a pesar que Saga se acababa de ausentar para dirigirse a su despacho de fiscal y acabar de perfilar unos asuntos pendientes con su asistente Shura.

Durante los últimos meses, la adicción que sufría Saga por su trabajo estaba yendo in crescendo, haciéndose presente incluso durante lo que desde el principio de su relación se habían prometido intocable: los fines de semana, o como mínimo, los domingos. Las excusas siempre eran las mismas, y se movían entre la urgencia de acabar de solventar detalles para los juicios hacia la necesidad de atender nuevos procesos para no acumularlos sobre la mesa de la justicia.

Shaka trataba de comprenderlo y aceptarlo, pero su cuerpo joven le pedía su parcela de protagonismo en la vida e intimidad del fiscal. Un protagonismo del que cada vez gozaba menos y que tenía que estar en costante lucha contra el cansancio de la rutina y la desgana derivada de éste, y que culminó de frustración cuando dos días atrás, Saga ni se había acordado de la fecha de su cumpleaños.

El joven médico forense suspiró con cierto hastío mientras se levantaba de la silla y comenzaba a recoger la mesa. Miró de refilón hacia la terraza del balcón, y vio que Kanon se estaba fumando uno de sus cigarrillos, apoyado con los brazos en la barandilla y la vista fijada en el techado horizonte que le ofrecía la ciudad. Se abstuvo de llamarle la atención por haber dejado la puerta corredera abierta, a pesar que el olor del tabaco se colaba dentro y podía dejar una estela desagradable. No se sentía con ánimos de intercambiar palabras con él y decidió esperar a que el aburrimiento le alcanzara y decidiera irse a gastar la tarde en cualquier otro lugar que no fuera su casa. Apiló todos los platos que pudo, juntando los tres juegos de cubiertos encima del montón y se los llevó hacia la cocina. En el siguiente viaje recogió las tazas del café y los vasos, y cuando se disponía a cargar el lavaplatos escuchó que Kanon accedía al salón y que en vez de despedirse e irse hacia la puerta de salida, se plantaba en el umbral de la cocina, reclinándose contra el marco, cruzándose de brazos y permitiéndose el lujo de observarle sin ningún tipo de vergüenza ni pudor.

- Me estoy dando cuenta que, últimamente, Saga vive más en su despacho de los Juzgados que en su propia casa...

Shaka notaba la abrumdora presencia de Kanon fondeada en pleno acceso a la cocina, e intentó no ceder a lo que se le antojó como una idiota provocación.- Saga lleva muchos casos entre manos. Ahora está en una época complicada de trabajo.

- Se la complica porque quiere. Él manda y si le dice a su perrito fiel que los detalles del caso que tengan entre manos los repasan mañana a primera hora, el españolito ese no tiene nada que hacer más que callar y obedecer.

- No creo que sea tan sencillo.- Shaka tomó un plato que tenía bastanta suciedad agarrada y lo pasó por debajo del grifo, rascándolo un poco con un cepillo antes de colocarlo dentro de la máquina.

Kanon se rió con ironía, deshizo el cruce con el que mantenía sus brazos quietos y avanzó hasta rozar los límites de la burbuja de confort de la joven pareja de su ausente hermano.- Es tan sencillo como uno quiere que sea, créeme...- con la mano izquierda se apoyó en la mesada, mientras que la derecha la llevó hacia su cadera cruzando un pie por delante del otro y convirtiéndose en un muro que sólo se separaba de Shaka gracias a la boca abierta del electrodoméstico.

Shaka resopló con suficiente fuerza para mover los cabellos con el paso de su aliento, se irguió ante Kanon y se insufló coraje para mirarle directamente a los ojos y no ceder a la intimidación que esa verde mirada le transmitía.- ¿Estás insinuando algo?

Kanon se encogió de hombros sin abandonar su relajada posición, enarcó las cejas fingiendo estar procesando la profundidad de esa simple pregunta y negó con la cabeza a la vez que sus labios volvían a hablar.- No, no insinúo nada. Lo afirmo. Saga elige pasar más tiempo con su amante "la justicia" que contigo. Igual que hacía siempre mi padre.- Shaka optó por no ofrecer ninguna réplica a ese intento de provocación y juntó en una mano todos los cubiertos dejados en el fregadero para colocarlos en los cajetines diseñados para ellos. Luego abrió el armario bajo que había al lado de sus piernas, tomó la pastilla de jabón y la puso en el cajetín correspondiente, echando hacia adentro la cesta cargada con todo el menaje sucio y cerrando la puerta para la consiguiente puesta en marcha del lavaplatos.- ¿Te he dicho alguna vez que cuanto más mayor se hace Saga, más se parece a nuestro padre?

- Sí, Kanon, muchas veces...- Shaka tomó un trapo, lo humedeció y lo pasó por toda la mesada, acercándolo hacia la mano que Kanon tenía apoyada ahí, esperando que éste la retirara y de paso, se apartara, pero no fue así. Al parecer, Kanon tenía ganas de hacerse pasar el aburrimiento de la tarde de los domingos jodiéndosela a él, y no se le ocurrió otra cosa que ofrecerle un segundo café.- ¿Te apetece otro?- Le preguntó, señalando la cafetera.

- Ya estás tardando.

A Shaka no le gustó que Kanon le hablara así. Ni que decidiera seguir plantado ahí, como una mala hierba jodida de arrancar. Ni que cuando al fin eligiera moverse fuera para acercarse a él y posicionarse justo detrás.

- ¿Lo quieres largo, corto...?

Shaka estaba dudando qué botón apretar. Era Saga quien siempre hacía el café para ellos dos, y cerró los ojos con fuerza cuando notó que Kanon se aproximaba aún más y se inclinaba para hablarle cerca del oído.

- Corto está bien...gracias. Y con azúcar...

Sentir el cálido aliento del gemelo menor verterse sobre su piel hizo que ésta reaccionara al instante, mostrándose erizada, detalle que no pudo ocultar de otro modo que dándole al botón correspondiente con prisas y dándose media vuelta para intentar escapar de esa peligrosa prisión hacia la que se sentía maliciosamente atraído.

- El azúcar te lo pones tú.- Le soltó, hallándose observado tan de cerca que podía olfatear la nicotina adherida a los labios de Kanon.- Y apártate de mí, por favor...

- ¿Por qué?

- No me gusta que me avasallen.

- ¿Sientes que te estoy avasallando?

- Veo que hoy estás aburrido y que has decidido tomarla conmigo.

Kanon se sonrió de medio lado, sin dejar de mirarse al joven novio de su hermano directamente a los ojos hasta conseguir que fuera Shaka el que desviara la mirada e inspirara porciones de impaciencia. ¿Aburrido? Sí, lo estaba. Los domingos por la tarde siempre le parecían tediosos, pero no era sólo aburrimiento lo que le colmaba el ánimo. Hacía días que Kanon se sentía extraño, más malhumorado de lo habitual y estúpidamente celoso.

En una visita que Saga hizo a la zona de Piraeus dio con un pub abierto recientemene y cuyo nombre le resultó más que familiar. Sólo tuvo que internarse para descubrir tras la barra a Rhadamanthys Wyvern, el mejor amigo de Kanon desde su adolescencia, y el que fuera su pareja formal más duradera, hasta que diez años atrás sus caminos se separaran. Cuando Kanon fue informado de ese "pequeño" descubrimiento por parte de Saga, le faltó tiempo para acudir a visitarle, hallándole tan apuesto, atractivo y serio como siempre, pero más frío y distante de lo que le hubiera apetecido recordarle. Volver a verle le removió demasiados muebles internos, y encontrarle después de esos diez años en actitudes cercanas e incluso afectuosas con un chaval jovencísimo que le trabajaba de camarero, le hizo arder en celos.

En efecto, Kanon estaba aburrido. Cabreado con el mundo, pelusero y viéndose obligado a aguantarse la calentura que pensar en Rada aún le generaba porque hacía días que no era capaz de dar con nadie dispuesto a saciársela.

Kanon se sonrió de meido lado, sí. Y se humedeció los labios con descaro mientras seguía incordiando a Shaka con su pensada cercanía. Sabía que haciendo ésto le incomodaba, y esa tarde pensaba sacarle provecho. La cafetera acabó de servir el café y él alargó el brazo para tomar la taza, acercándose aún más a Shaka gracias al encarcelamiento que había conseguido formar con su cuerpo.

- ¿Cuánto hace que tú y Saga no folláis? - Preguntó sin ningua pizca de vergüenza mientras se acercaba lo suficiente al hindú para poder aspirar el peculiar aroma de sus cabellos.

- ¿Perdona? - Le respondió, frunciendo el ceño.- No creo que ésto sea algo que a ti deba importarte.

Kanon probó el café sin endulzar y esbozó una mueca de desagrado, pero enseguida volvió a tomar las riendas de su incordio.- Oh, no, claro que no me importa...- dijo con tono despreocupado - pero si estuvieras satisfecho no tendrías motivo para estar poniéndote cachondo ahora mismo...- tomó otro sorbo, repitió el ademán de asco y dejó la taza sobre la encimera, rozando el brazo de Shaka y deteniéndose con su rostro a sólo unos centímetros de la tez del joven hindú, cuyas mejillas comenzaron a sofocarse al virar la mirada hacia su entrepierna y comprobar con sus propios ojos lo que su cuerpo ya experimentaba: una incipiente erección estaba formándose y no había control mental alguno capaz de combatirla.

Shaka tragó saliva con pesadez y se maldijo por haberse vestido con ese pantalón de fino lino que le ayudaba a soportar mejor el calor de finales de verano, obviando el uso de los canzoncillos que ahora tanto echaba en falta.

- Apártate de mí, por favor...- repitió, apoyando una mano contra el pecho de Kanon para quitárselo de enfrente.

Aprovechó que la salida estaba despejada y andó hacia el salón con el pretexto de seguir recogiendo la mesa, rezándole al universo para que Kanon decidiera irse. Pero al único lugar que Kanon se fue no estaba muy lejos de él y de su engorrosa excitación. Shaka se concentró en dejar su mente en blanco, en bloquear la llegada de sonidos a sus oídos y poco a poco notó cómo la amenaza de la erección iba disminuyendo hasta volver a dejar su miembro flácido y oculto bajo las holgadas telas de su pantalón. Kanon se había recostado contra la pared, cruzándose de brazos y divirtiéndose a su costa hasta un nivel que comenzó a rozar la total impertinencia.

- ¿Te pongo caliente? - Preguntó viéndose ignorado, puesto que Shaka ni se giraba ni le respondía. Volvió a sonreírse para sí mismo, se descruzó de brazos un instante para acomodarse con descaro el sugerente bulto que también se esculpía en su propia entrepierna y suspiró pensándose su siguiente ataque.- No sé por qué lo pregunto, ya he visto que sí...y no me extraña. Al fin y al cabo, soy un Saga mejorado...

Shaka estaba juntando las puntas del mantel en mitad de la mesa para poder sacudir las migas en la terraza. Necesitaba hacer oídos completamente sordos a todas las sandeces que surgieran de la boca de Kanon, pero escuchar que volvía a nombrar a Saga le hizo hervir de rabia. Gruñó para sí mismo y sacudió la cabeza para arrancarse de ella todas las fantasías que muy a su pesar experimentaba, y que el protagonista de ellas, el de carne y hueso, ahora se mostraba feliz de recordárselas. Porque Shaka se mentiría a sí mismo si se negaba que algunas veces había fantaseado con la idea de descubrir cómo era en la intimidad el hermano gemelo de Saga, pero eran sólo éso, fantasías y nada más que habían surgido durante las últimas semanas en las que el fiscal no hallaba tiempo ni ganas para ponerle una mano encima. Al final hizo una bola con el mantel, la agarró con ambas manos y usó la última brizna de paciencia que le quedaba antes de madar a Kanon a la mierda y de malas maneras.

- Hace rato que te estás pasando conmigo. Vete de mi casa, por favor. No volveré a pedírtelo bien...

Kanon inspiró sin abandonar su seductora sonrisa, deshizo el cruce de sus brazos y avanzó hacia la hierática posición que estaba adoptando Shaka, escudándose tras la bola de mantel que él mismo le arrancó de las manos y lanzó otra vez sobre la mesa.

- ¿Y cómo sería si me lo pides mal...? - Kanon sí que estaba excitado. Lo estaba desde que Saga se había ido y esa idea había acudido a su mente. Esa tarde Shaka iba a rendirse a sus peculiares artes de seducción, le costara lo que le costara. Se inclinó un poco más hacia el joven y sonrojado hindú, que le miraba con el ceño fruncido y los labios sellados pero no le importó en absoluto, porque Shaka tenía una vía de escape por su costado y no la usaba. Y si no la usaba y elegía ser presa, pues sería cazado.

- Kanon, por favor...

- ¿Qué? - No hubo respuesta. Sólo el azul de esos ojos oscureciéndose a la vez que las pupilas se dilataban y que el aroma de Kanon se filtraba por su nariz.- ¿Te has quedado mudo ahora?

Shaka tragó saliva, se sujetó con ambas manos en el borde de la mesa y echó su cuerpo hacia atrás todo lo que el mueble le permitió.- Vete...o...

- ¿O qué? - Kanon se acercó tanto a él que con sólo asomar la punta de la lengua rozó los labios de Shaka.- ¿Qué vas a hacer si no me voy? - Insistió, hablándole sobre sus labios apretados. Tratando de mirarse en unos ojos que se ocultaron de vergüenza.

Shaka sintió cómo un golpe de sangre volvía a erectarle el pene. Kanon le estaba rozando los labios con su aliento impregnado de vicio, pero en vez de asquearle, ese sucio detalle hizo que nuevas oleadas de sangre insuflaran más vigor a su miembro, que volvía a hacerse completamente visible bajo la tela del holgado pantalón. Kanon no tuvo que verlo para saber que ya había conseguido parte de su cometido. Le bastó con notar el roce contra su muslo, momento en que sí se apartó lo suficiente para virar su mirada hacia abajo y deleitarse con la visión de esa completa erección desafiando la gravedad de la tela.

- Joder...¿todavía no te he metido la lengua y ya estás así?

- Vete...- Susurró, hallándose ya en la encrucijada de no creerse sus racionales demandas.

- No.

Kanon se relamió los labios con deseo. Supo que la erección que él mismo hacía rato que experimentaba estaba llegando al punto máximo de excitación que podían permitirle sus jeans y se lanzó a probar el sabor que escondía la boca de Shaka. Le alcanzó presionar su lengua contra los labios del hindú un sólo instante para saberse con la vía libre, y el beso que le arrancó fue tan lascivo como fiero. El abogado llevó su mano directamente al pene de Shaka y comenzó a masturbarlo a través de la ropa, sorprendiéndose gratamente al comprobar que sus técnicas manuales eran capaces de enarbolarlo todavía más. Shaka gimió de placer al sentirse tocado con esa pizca de brusquedad. Las piernas le flaquearon por las ráfagas de placer que descendían por ellas y la lengua de Kanon se le antojaba tan salvaje como deliciosa. El nuevo sabor que apreciaba en su boca le azoraba tanto como el aroma que exudaba el cuerpo tan igual al de Saga y la grosera forma en que seguía siendo masturbado le alertaba que, o rompía con algo, o eyaculaba ahí mismo.

- Para...para, por favor...- Rogó, cuando pudo dejar de buscar la lengua de Kanon. Una mano tuvo que asirse a la muñeca del gemelo para detener sus fricciones. El sudor ya había subido a su rostro, las mejillas se apreciaban totalmente enrojecidas y el cabello se adhería en la humedad que perlaba toda su piel.

- No quiero...- Bramó Kanon contra su cuello, el cuál besó y succionó por donde le apeteció, apreciando la piel húmeda y salada. Su mano quería seguir masturbándole, pero Shaka se lo impidió.

- Te digo que...que pares...no quiero correrme aún...- Confesó Shaka, perdido sin remedio en el pozo del deseo.

- ¿Tanto te pongo...?

Kanon se separó de él y vio que en el punto álgido de la tela había aparecido una mancha de humedad. Esa visión hizo que su propio pene doliera ante una nuevo insuflo de sangre y fue él mismo quién se sacó la camiseta negra de manga corta que llevaba y se desabrochó el cinturón de los jeans. Miró a Shaka directamente a los ojos, con los suyos borrachos de deseo. Se mordió los labios con lujuria y se tragó un gemido de placer cuando llevó su diestra hacia su entrepierna y se masajeó con desfachatez el bulto que conformaba su erección.

Shaka le observó.

Se recreó en ello y ardió en ganas de ser él quien tocaba ahí.

- Hazlo...- Le pidió Kanon, acercádose otra vez a Shaka - ...tócamela...- siguió, lamiéndole los labios de abajo hacia arriba antes de volver a insertarle la lengua.

Shaka le desabrochó el botón a ciegas. Bajó la cremallera y le agarró el pene por encima de la tela de los calzoncillos. Estaba caliente y duro, y los movimientos de cadera que hacía Kanon para demandarle más contacto lograron que la mano separara la goma de los boxers, se colara entre tela, piel y vello y lo asiera con firmeza para sacarlo todo fuera.

- ¿Te gusta mi polla? - Preguntó, con la voz ronca y húmeda.

- Me encanta...- Shaka ya estaba perdido. No pensaba en otra cosa que en ese momento de urgido placer que estaba experimentando y se concentró en masajear ese desconocido pene a voluntad.

Kanon ahogó los gemidos que esa masturbación le hacía escalar por la garganta y comenzó a verse abocado hacia la necesidad de penetrar. Se separó de Shaka con rudeza. Le asió la típica camisa hindú que le vestía por el borde inferior y se la levantó para indicarle que éso sobraba. Se fijó en la tienda de campaña que seguía levantada entre sus piernas y asió la goma del pantalón para deslizarlo hacia abajo y deshacerse también de él. El arrastre de la tela que había inclinado la erección hacia abajo, y cuando ésta superó la resistencia inicial, el pene de Shaka saltó como un resorte, mostrándose tan hizado que el lubricado glande casi le rozaba el ombligo.

- Joder...- Se sorprendió Kanon - Menudo armamento que escondes...

Kanon se moría de ganas de penetrarle, pero descubrir ese pene tan erecto, tan blanco, con la roja cabeza totalmente descubierta y la piel del prepucio tensada hasta lo máximo, se vio en la obligación de probarlo. Se agachó para quedar a la altura correcta, y Shaka cerró los ojos preparándose para el nuevo azote de placer que estaba a punto de experimentar. Volvió a sujetarse con ambas manos al borde de la mesa, se mordió los labios y se aguantó la respiración cuando sintió la lengua de Kanon recorrerle la verga desde los alzados testículos hasta el prepucio, lugar donde se detuvo a estimularle más con un par de lamidas circulares antes de introducirse el glande entero en la boca, succionándolo con tan poca delicadeza que fue capaz de generarle tanto placer como dolor. Cuando el glande escapó de la boca volvió a expulsar líquido preseminal, que se fue deslizando por toda la cabeza hasta gotear sobre los pantalones que Shaka pisaba.

- No sigas o me corro...- Le advirtió Shaka, sin atreverse a desvelar su mirada, muerta de bochorno y vergüenza.

No supo cómo pasó. Era tan elevado el nivel de embriaguez sensorial en el que se ahogaba Shaka que cuando quiso darse cuenta se halló de bruces contra el sofá. Supo lo que se le venía encima, y no tenía ni ganas ni fuerzas para evitarlo. A sus espaldas, Kanon lucía aún los vaqueros puestos, aunque los llevaba bajados hasta medio muslo. Sus toscos dedos se apresuraban a romper el envoltorio de un condón extraído de su billetera y cuando lo pudo sacar lo sujetó con los labios cerrados. Con una mano se asió el pene y le retrajo la piel del prepucio todo lo que pudo a la vez que con la otra tomaba el preservativo, lo colocaba sobre la punta del glande y lo desenrollaba bien hacia la base del tronco. El siguiente paso fue acercarse a Shaka, posarle una mano en la cadera y con la otra acariciarle la hendidura entre las nalgas, desde el perineo hasta el ano, que sufrió una incosnciente contracción ante el acertado roce.

Shaka se agarró en el reposacabezas del sofá con fuerza, hundió la cabeza entre su cuerpo y los mullidos cojines y se separó bien de piernas para dejar paso a Kanon, que se había humedecido los dedos con saliva para esparcirla en la entrada ya dispuesta. Shaka retuvo la respiración al notar cómo la verga de Kanon se presionaba contra su ano, y al soltar el aire relajó todo el cuerpo y facilitó que la primera estocada se insertara entera. Kanon se agarró con fuerza en sus caderas y jadeó sin pudor al adentrarse y apretarse bien contra el cuerpo de Shaka. Sus huevos se aprisionaron entre el sudor de ambos cuerpos, y al retirarse lo justo para dejar sólo la cabeza del pene dentro, tomó aire y se entregó a un rápido ritmo de embistes que se fundían en una mezcla de jadeos y de chasquidos que surgían del choque de los muslos y testículos de Kanon contra los glúteos de Shaka.

La cadencia de las estocadas era constante y frenética desde la primera penetración. Los dedos de Shaka se clavaban en el borde acolchado de los asientos y de su pene seguía secretando fluído preseminal. Hacía meses que no se sentía tan jodidamente caliente, pero no deseaba ser un objeto pasivo, así que sin previo aviso se acercó al respaldo, escapando de las embestidas de Kanon, y aprovechó su momento de frustración y sorpresa para tumbarle en el sofá y encaramarse sobre él.

- Déjame hacer a mí.- Le ordenó, cazando su muñeca al vuelo para detenerle cualquier intento de iniciativa.

- ¡Métetela! ¡Estaba a punto de llegar!

Shaka hizo caso omiso de esas órdenes. Puso en marcha su imaginación y se convenció que quien forcegeaba bajo su peso era el Saga del principio de su relación, cuando la fogosidad se cebaba con ambos y la pasión les consumía por los rincones. Al fin y al cabo, si abría los ojos y se fijaba en el rostro desfigurado de placer que yacía bajo él, era fácil convencerse que Saga estaba ahí, gozándole hasta que sus cuerpos no dieran más de sí.

Apoyó las manos sobre los anchos hombros y se inclinó hacia adelante para alzar su pelvis y buscar el roce del erecto pene entre sus nalgas. El sudor que perlaba su rostro era tan abundante que los cabellos que caían sobre su frente se habían mojado completamente, condensando un par de gotas que cayeron sobre el brillante pecho de Kanon, quien también transpiraba con ganas.

- Métela, Shaka...- Rogó Kanon, que al final clavó sus dedos en los glúteos de Shaka y le detuvo la tortura.

Shaka se mordió el labio inferior, llevó su diestra hacia atrás y tomó la protegida verga de Kanon para dirigirla hacia su entrada, engulléndola de golpe una vez la sintió encauzada.

Kanon gruñó por la nueva oleada de placer que sintió concentrada en su aprisionado pene, y no se abstuvo de gimotear y difamar con cada cabalgada recibida. Sus manos pasaron de las nalgas a los muslos de Shaka, magreándole la carne hasta llegar a las ingles y agarrar con fueraza ese pene lubricado con la consecuencia de su intenso goce.

Shaka sabía moverse...joder si sabía...La pelvis del joven forense comenzó a danzar de tal forma que conseguía seguir estimulando el pene de Kanon con cada vaivén. Sabía que si contraía sus músculos conseguía arrancarle esos jadeos que nacían en lo más profundo de su garganta, y no dudó en usar toda su experiencia y destreza para llevarle al límite del placer. Apretó más el culo y en el acto sintió cómo esa verga que ya había alcanzado su máxima dimensión le golpeaba la próstata con fuerza.

Una vez...

Y otra...

Y otra...

Kanon le masturbaba, pero esas intencionadas presiones que le estrangulaban la polla fueron más de lo que pudo seguir soportando. Abandonó la misión de su mano y clavó los dedos en los muslos de Shaka con desesperación. El orgasmo se estaba concentrando en sus testículos y el hormigueo comenzaba a cosquillearle por todo su bajo viente, haciendo que alzara sus caderas buscando profundizar más la sensación que al final le hizo eyacular.

- ¡Dios! ¡Joder!

El cuerpo de Shaka notó los espasmos con los que Kanon se iba vaciando, y dejó de cabalgar para disfrutar de esas contracciones ajenas.

- Sigue tocándome...- Rogó, echando su pelvis hacia adelante para hacer más explícita su demanda. Kanon tardó unos instantes en recuperar la noción de su propio norte, pero cuando lo hizo se centró en el pene de Shaka, tieso, húmedo y solícito, y en la fuerza que con la que Shaka también le clavaba los dedos en los muslos, por encima de sus rodillas.

Lo hizo. Cerró la mano alrededor del tallo, lo apretó todo lo que pudo y lo friccionó con furia. Shaka cerró los ojos y se abandonó por completo a la placentera sensación que le alzaba los testículos y que subía a presión por su sobreexcitado pene hasta explotar en una abundante erupción de semen que se esparció sobre su agitado abdomen, derramándose también por la mano de Kanon, que seguía agarrándolo con fuerza.

Los dos robaban aire como podían. La atmósfera del salón se apreciaba con un cargado aroma a sexo y moverse era casi imposible. Las fuerzas les fallaban para intentar nada, y lo único que se le ocurrió a Kanon mientras seguía estando apresado fue restregar la mano impregnada de semen por las telas que cubrían la tapicería del sofá. Shaka seguían encaramado sobre él, con los brazos anclados en sus muslos, los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás, respirando con agitación. El pene ya se le estaba retrayendo sobre su abdomen embarrado, y en cuanto Kanon se sintió con algo de fuerzas le hizo a un lado del sofá sin siquiera prestarle más atención. Lo que en ese momento le urgía de verdad era sacarse el condón, teniendo cuidado de no derramar el depósito de semen que contenía. Le hizo un nudo y se alzó a duras penas, sobreponiéndose al temblor que las reminiscencias del orgasmo todavía reflejaban en sus piernas. Andó hacia la cocina sin preocuparse de subirse los jeans, y envolvió el preservativo usado con papel de aluminio para poder echarlo al cubo de la basura sin levantar sospechas. El salvaje polvo que acababa de vivir le había dado sed, y beber agua directamente del grifo fue su solucíón más inmediata para saciar la aridez que había quedado en su garganta. Bebió unos cuantos tragos, y cuando se incorporó se pasó las manos mojadas de agua por los cabellos sudados.

- Joder, qué polvazo...- se dijo para sí, mirándose el pene en pleno descenso de vigor.

Se subió los canzoncillos y se lo guardó dentro, acomodándose también los tejanos. La camiseta debía estar tirada por el suelo del salón y cuando fue a por ella se topó de bruces con un Shaka que no tenía nada que ver con el de unos minutos atrás.

Ya se había vuelto vestir la camisa y los pantalones, y recogía con prisas las telas que protegían la tapicería del sofá. Ellas era testigos directos de lo que ahí acbaba de pasar, y cuando Saga llegara a casa y se sentara en el sofá no podía oler los restos de sudor ajeno, ni mucho menos reparar en las manchas de semen que acabarían apareciendo sin remedio.

Kanon le ignoró y simplemente se fue hacia su camiseta y la recuperó.

- Mierda...mierda, mierda, ¡mierda! -Exclamó Shaka, poseído por un horda de nervios aparecida de la nada.- ¡¿Qué hemos hecho, Kanon?!

El abogado se lo miró enarcando las cejas con total incomprensión mientras daba vuelta a la camiseta y colaba los brazos por las mangas.- Hemos follado.

- No debimos...- siguió quejándose el joven y rubio hindú - ...ésto no está bien...¡nada bien! ¡Ha sido culpa tuya! - Le soltó, mirándose a Kanon y sintiéndose invadido por el amargo regusto del arrepentimiento.

- ¡Eh! ¡Ya vale, chaval! ¡Que yo no te he obligado a nada!

- No has parado hasta que_

- ¡Hasta ¿qué?! ¡Dime! - Se enfadó Kanon, acercándose a él con la mirada achicada y desafiante.- Va...di...¿hasta qué? - Insistió, poniéndose con los brazos en jarras - Tú también te has puesto cachondo, y mucho. No me digas ahora que sólo yo tengo la culpa. Además...sólo hemos follado, ¡no es tan grave!

- Saga es mi pareja y tu hermano. Es grave...

- ¿Y?

- ¿Cómo que "y"?

- Yo no le voy a contar nada si es ésto lo que de repente te preocupa.

- ¿En serio? - Preguntó Shaka, entre receloso y aliviado.

Kanon se encogió de hombros y fue hacia la mesa del recibidor a por su paquete de tabaco, las llaves de su casa y la billetera que ya no recordaba dónde narices había caído.- Ha sido sólo un polvo, nada más.

- No se volverá a repetir - Le advirtió Shaka, sintiéndose ninguneado como nunca al darse cuenta que Kanon ya se disponía a marcharse.

- Pues claro que no. ¿Qué te has pensado? ¿Que me había enamorado de ti? - Inquirió con desprecio.- Sólo me dabas curiosidad...

- Serás imbécil...

Kanon ya se había colocado un cigarrillo entre los labios, se miró al espejo de la entrada e intentó peinarse otra vez esos cabellos desgreñados y sudados, divirtiéndose con el desprecio que estaba despachando al que era la joven pareja de su aburrido hermano.

- Me han dicho cosas mucho peores que imbécil...hasta me halagas.

Dicho ésto le guiñó un ojo, abrió la puerta y se fue, no sin antes dedicarle un malicioso e hipócrita "Cuídate mucho, Shaka. Hasta el domingo próximo".

Esa despedida dolió.

Y el trato despreciativo que acababa de recibir.

Y la burla sobre lo que acababan de hacer.

Sí, había sido una mierda rendirse a la provocación de Kanon. Y comenzaba a sentir una profunda repugnancia hacia sí mismo que trataría de limpiarse con una larga ducha y con la puesta en marcha de una urgente lavadora.

Él amaba a Saga, y jamás se había planteado serle infiel, pero Kanon...

Kanon era un grandísimo hijo de puta, y tal vez ésta era la razón por la que le atraía...

Pero Saga no debía saberlo. Nunca. Ese tórrido desliz lo encerraría en lo más profundo de su ser y jamás saldría a la luz.

Como jamás volvería a compartir un momento a solas con Kanon. No...

Nunca más.