Chocolates de Amor

Es como cualquier otro día ordinario en Saint Michael. Aya y Ai, dos hermanas gemelas enamoradas entre sí están justo frente a la entrada, reuniéndose con la amiga de Aya, Hazuki, y esta a su vez es acompañada por su novia Manami. Pero Ai mira fijamente a Hazuki mientras se acerca a su hermana menor.

– Eeeh… ¿Qué te pasa, Ai…?

La chica empezó a sudar frío.

– Ah, sólo me aseguro de que no te ponga las manos encima, Aya.

Le responde Ai.

– Ey, sabes que Hazuki ya tiene novia así que no te hagas drama por eso.

Pero pese a lo dicho por Aya pues Ai terminó refunfuñando.

– Lo más seguro es que me va a ignorar si le digo al respecto…

– No seas tonta. – Le dice Ai. – Estoy acá a tu lado.

– Pues ya qué…

Todos los días son así desde que estas gemelas se volvieron pareja. Realizaron lo que suelen hacer las parejas como compartir besos indirectos entre sí mientras comían y bebían. Es una vidilla maravillosa para que ambas recuperen todos los años en que estuvieron perdiendo el tiempo… Aya en la actualidad se asegura de que su hermana menor ya no se note tan sola.

– ¿Saben qué…? – Reempieza a hablar Hazuki. – Oí de una nueva panadería que abrió por el centro.

– ¿Ah, sí?

Pregunta Aya.

– Así es. – Dice Manami. – Hazuki y yo fuimos ya a comprar una caja con bombones en forma de corazón que son un símbolo de nuestro amor.

– ¿Dijiste que es un símbolo de su amor…?

Menciona Ai mientras se asoma por el hombro de su hermana mayor.

– No sé de qué me hablan...

Replicó Aya.

– ¿Cómo? ¿Todavía no los probaron…? – Manami vuelve a tomar la palabra. – Tendrían que ir hasta allá para probarlos ustedes mismas. – Y les da a las gemelas una tarjeta con la dirección de la panadería. – Repártanse mucho amor con esos chocolates.

Aya agarra la tarjeta y la examina antes de volver la mirada sobre Manami. Hazuki entonces abraza de costado a Manami y la besa en el cachete.

– Manami tiene razón ya que ustedes también tendrían que probar esos chocolates que preparan ahí.

Asegura la morena. Las gemelas se miran y Ai se sonroja bastante…

– En cierta forma no me gusta admitirlo pero creo que Hazuki tiene razón…

Dice Ai y Aya le acaricia el cabello como si fuera una gatita.

– Si quieres vamos juntas, ¿bien?

Cede Aya.

– ¿Lo dices en serio?

Ai sonríe con "sus orejas de gata levantadas".

– Claro que sí.

– Que les vaya bien.

Las anima Hazuki mientras se aleja con su novia.

Después…

La jornada escolar transcurre sin inconvenientes y apenas pudieron las gemelas van caminando por el centro agarradas de la mano buscando la panadería que Hazuki y Manami les recomendaron. Fue fácil de encontrar porque Aya leyó con atención la dirección en la tarjeta y se guiaba bien por las veredas hasta que la halló en una vuelta de esquina. Cuando entraron el olor a panes y chocolates inundó su sentido del olfato. Ai aspiró un poco con fuerza y luego suspiró de felicidad:

– Jaaah, qué bueno.

Se relaja y emociona al mismo tiempo.

– Sí, se nota. – Concuerda Aya. – Hay muchos chocolates distintos para comprar pero tenemos que llevarnos esos chocolates con forma de corazón de los que habló Manami-San.

– ¿No serán estos de aquí?

Ai señala una gran caja con forma de corazón repleto de bombones. Sinceramente a las gemelas se les cae la baba con sólo mirarlos a esos bombones. Aya agarra la caja y enseguida paga por la misma y Ai apenas se puede aguantar las ganas de compartir estos chocolates con su hermana menor.

Más tarde, en su casa…

Cuando llegan a su casa van directo hacia su dormitorio y Aya abre la bolsa de plástico mientras ambas se sientan de rodillas mirando los chocolates.

– Muy bien, a comer.

Aya empieza a agarrar algunos pero Ai posa con suavidad la mano sobre la de su gemela.

– Espera, ¿te acuerdas de lo que nos contó Manami? ¡Estos chocolates son un símbolo de nuestro amor! ¡Tenemos que comerlos como corresponde!

– ¿Y entonces cómo los comemos?

– Je je je…

Ai se coloca un chocolate entre los labios y se inclina para adelante.

Aya comprende y se inclina llegando a mordisquear el chocolate. El sabor del mismo se extiende por sus bocas a medida que lo mastican con suavidad a la vez que se dan dulces besos en los labios.

– ¿Quieres otro?

Le pregunta Ai pero Aya toma otro chocolate y le dice:

– Oh sí, sí, pero esta vez yo dirijo.

– Ay Aya, como desees…

Las dos vuelven a compartir un chocolate, lo mastican y lo ingieren al tiempo en que se dan más besos. Podrían llegar a hacer lo mismo por toda la noche pero... unos diez minutos después ambas deciden tomarse un ligero descanso. Aya y Ai se miran con ternura a los ojos y se abrazan.

– Manami y Hazuki no estaban bromeando, ¿eh?

Menciona Aya.

– Parece que no. Esta es una de sus mejores recomendaciones.

Juntan sus frentes mientras cierran los ojos y sonríen ligeramente.

– ¿Pero sabes qué? No debemos depender de los chocolates para demostrarnos afecto por lo que queda de hoy. – Dice Ai. – Nuestro vínculo ya era muy fuerte cuando nos confesamos nuestro amor y además estamos saliendo mucho a citas para recuperar los años perdidos entre nosotras…

– Tienes razón. – Concuerda Aya. – Con o sin chocolates lo importante es que nos amamos. Eso es lo que de verdad importa.

Las gemelas se ríen ligeramente, se acarician moviendo la nariz y se abrazan. En el fondo agradecen los consejos de Hazumi y Manami pero para ellas todo lo que hagan juntas puede hacer que su vínculo sea aún más fuerte.

FIN