I
Su muñeca derecha pica otra vez. Obito deja de prestar atención a la profesora y se la mira, examinando de cerca si ya ha aparecido algo en ella. Suspira al no ver nada y decide darle un rato. Está convencido de que en el momento en que deje de mirar, la frase va a aparecer en su piel.
De fondo, la voz de la profesora hablando sobre fórmulas lo hace sentir culpable. Si aún estuviera en el instituto ya le habrían regañado pero en la universidad a nadie le preocupa lo que haga. Es asunto suyo si se lo toma en serio o no. Recordándose que su abuela ahorró mucho para que él pudiera estar ahí, Obito despega la vista de su muñeca impoluta y copia en un folio lo que hay en la pizarra.
Cada varios minutos, sigue revisando. Aún no hay nada.
II
La muñeca sigue hormigueando y Obito bufa y decide mirar. Cuando mira otra vez a la pantalla, su personaje está en el suelo con la barra de vida vacía. Rin ha ganado.
—¿Podemos repetir? No estaba concentrado —dice Obito.
—Nada de eso. Es mi turno ahora —dice Kakashi arrebatándole el mandó de las manos—. Vamos, levanta.
Obito se mueve del sofá a uno de los sillones. Su amigo se sienta donde él estaba antes y elige personaje.
—Quizá sólo lo estoy imaginando, el picor, el hormiguero —murmura Obito—. Quizá es todo psicológico.
—Ya te saldrá, Obito, cuando menos te lo esperes —dice Rin—. Yo dejaría de pensar en ello.
Rin maneja los controles de su mando y escoge a una mujer vestida de rojo. La pelea comienza.
—Lo sé, llevo esperando desde que cumplí dieciséis. ¿No se supone que debería haber salido ya?
Kakashi da patadas con ese personaje de los ojos de loco que siempre elige.
—Mh, sí, es raro eso —murmura— dicen que es lo más usual que salga a los dieciséis pero en casos raros puede tardar hasta los veinte en salir...
—Gracias por las palabras de apoyo— replica Obito.
—...Pero si dices que ya sientes el hormigueo, debe estar a punto de salirte —responde Kakashi—. Eso es lo que estaba intentando decirte antes de que me cortases.
Obito los mira jugar con un puchero. Rin gana la primera ronda.
—A parte, no te serviría de nada saber la frase ahora, aún tendrías que esperar a que tu alma gemela aparezca —agrega Rin—. Podrías tardar años en encontrarte con ella.
—Pero entonces estaría completamente seguro de que hay alguien ahí fuera hecho para mí. —Obito suspira y se tapa la muñeca con la manga de su suéter—. Por eso digo que tal vez esté todo en mi imaginación.
Sus amigos ya no le prestan atención. Ambos personajes tienen muy poco de vida y sus gritos son ahora lo único que se escucha en el salón, junto al ruido de botones siendo apretados. Kakashi gana.
—Deja de hacer trampas, Kakashi —dice Obito.
—Eso, deja de hacer trampas, Kakashi —repite Rin.
Él sólo se encoge de hombros.
—No he hecho trampas jamás en mi vida. Vuestro estilo es fácil de predecir —dice Kakashi—. Ni siquiera estoy jugando en serio.
La tercera ronda comienza.
—Presumiendo como siempre —responde Obito.
—Es un hecho —dice Kakashi y vence a Rin tan rápido que a ella ni siquiera le da tiempo a contraatacar.
Rin resopla, se levanta y deja el mando en el sofá.
—Está bien, es un friki sin nada mejor que hacer —dice al moverse al sillón.
Obito ríe y va al sofá.
—Tu suerte acaba aquí, Kakashi —dice y maneja el cursor hasta uno de los personajes: El rapero que lucha bailando y cantando.
—Acordamos que ese nadie lo podía elegir. Hasta un principiante es bueno con él —contesta Kakashi—. Sólo hay que machacar los botones a lo loco.
—Destrúyelo, Obito —dice Rin.
Kakashi se inclina hacia delante y suelta el mando un momento para crujirse los nudillos. Obito comprende entonces que la cosa se ha puesto seria. Cuando la lucha empieza, frunce el ceño y empieza a machacar botones tan rápido como puede. Kakashi pierde humillantemente y tanto Rin como Obito comienzan a reír.
—Supongo que me lo vas a estar recordando toda la semana —dice Kakashi.
—Así es —responde Obito.
—Pero te recuerdo que el rapero no cuenta, así que en realidad no tiene mérito.
El segundo asalto comienza.
—Il ripiri ni tini miriti —dice Obito con voz aguda y le da al personaje de Kakashi una serie de golpes que le bajan más de la mitad de la barra de vida.
Una risita se le escapa mientras acorrala a Kakashi. Entonces lo ve, un pequeño borrón negro en su muñeca. La risa se le corta y el mando cae de sus manos.
—¡Ahhh! —grita Obito, levantándose del sofá como un resorte—. ¡Está saliendo! ¡El mensaje está saliendo!
Tanto Rin como Kakashi acuden a su lado, dejando todo lo que están haciendo.
—¡Por fin! —exclama Rin—. Obito me creó tanta expectación que estaba intrigada.
—Eso parece un eufemismo de: Obito nos daba tantos dolores de cabeza hablando tanto del tema que es bueno que por fin termine —dice Kakashi.
Obito hace un puchero. La mancha negra se va extendiendo.
—¡No hablaba tanto del tema! Además, es normal preocuparse cuando pasan los días desde tu dieciséis cumpleaños y tu muñeca sigue en blanco —protesta él.
—Estarás contento porque al fin esté apareciendo. ¿No, Obito? —pregunta Rin.
En la pantalla aparece un letrero que dice "empate", el cual es reemplazado por el menú de inicio no mucho después. Obito suspira.
—Sí pero... Podría haberse esperado a que le hubiera dado la paliza a Kakashi —dice.
Rin suelta una carcajada y Kakashi rueda los ojos.
—Tú nunca estás contento con nada.
Obito ignora el comentario. La mancha parece que está empezando a cobrar definición.
—Parece que va a ser una frase larga —murmura.
—Más vale que sea algo bueno después de tanto esperar —dice Kakashi.
—¿Te duele? —pregunta Rin.
Obito sacude la cabeza.
—Menos mal que no. Sólo me pica pero no quiero rascarme. Imagina que se borra o algo.
Algunas letras empiezan a distinguirse. Los tres observan la muñeca de Obito sin parpadear, la mancha negra disminuyendo poco a poco hasta que el mensaje es legible. Rin, Obito y Kakashi se quedan sin poder de reacción por unos instantes. Después Obito se cubre la muñeca izquierda con la mano y se aleja de sus amigos un par de metros.
—¡No lean! ¿¡Lo leyeron!? —exclama con el corazón a mil.
—De principio a fin —dice Kakashi—. Lo mejor es el «hmmm» del final.
Obito mira a Rin. No necesita que se lo confirme, su expresión lo dice todo. Su amiga asiente y se encoge de hombros.
—Mierda... —murmura Obito, releyendo su mensaje. Ni siquiera es capaz de pronunciarlo en voz alta—. ¡Es horrible! ¿¡Qué voy a hacer ahora!? ¿¡Por qué a mí!? ¡Nadie me va a dar trabajo con esto en la muñeca!
—Ponte una muñequera —dice Rin—. A veces yo también lo hago.
Obito se obliga a dejar de mirar el mensaje, aún sin poder creer que eso es lo que va a llevar tatuado toda la vida.
—¡Pero tú tienes un lindo mensaje! —exclama Obito, gesticulando con los brazos—. Debería ser un crimen tener unos ojos tan hermosos.
—¿Te la sabes de memoria? —dice Kakashi.
Rin sonríe y se mira le muñeca.
—Sí, es bonita —dice, entonces su sonrisa se borra y ella frunce el ceño—. ¡Hasta que los chicos la leen y la usan para intentar ligar conmigo! ¡Entonces ya no es tan bonita! ¡Además te recuerdo, Obito, que tú eres uno de los que hizo eso!
Obito traga en seco.
—Mejor dejemos en el olvido a mi embarazoso yo del instituto.
—Por favor, no hagas enfadar a Rin —dice Kakashi—. Me da miedo.
—¿Y qué voy a hacer? —Obito se deja caer al sofá, se dobla sobre si mismo y se cubre la cabeza con las manos—. No importa lo que haga, mi familia me lo va a ver. ¡Mi abuela sabe que estaba preocupado y me pregunta todos los días! ¿¡Y qué van a pensar cuando vean que tengo «quiero que me rompas el culo, hmmm» escrito en la muñeca? ¡Mi vida está acabada!
—Obito, ya deja el dramatismo. Luego te regalo una de mis muñequeras, yo también me tapo mi frase a veces —dice Kakashi, mostrando su muñeca tapada.
—Pero si la tuya no es nada del otro mundo, además ya todos conocemos a Gai —responde Obito—. Por qué te la tapas.
—Por todos esos que dicen lo de «tu alma gemela tiene razón» cuando ven que mi frase es «alegra esa cara». Cosa que tú también sueles hacer de vez en cuando.
Obito decide no contestar. Quizá es buen momento para intentar calmarse. Mira de nuevo su frase y su cara empieza a arder. Obito se pregunta cómo de sonrojado está.
—Por el lado bueno, no creo que nadie que no sea mi alma gemela me diga esta misma frase alguna vez. Al menos no para... N-no para presentarse —Obito se limpia el sudor en su frente. No se atreve a mirar para sus amigos—. ¿Qué clase de presentación es esa? Conoces a alguien y lo primero que le dices es... ¿Eso?
—Al menos dejaste una buena impresión en él —responde Kakashi.
Obito lo mira al fin.
—¿Él?
—Bueno, es obvio que es un chico.
Kakashi y Rin se miran. Ella asiente.
—También lo creo. Es raro que una chica le pida practicar sexo anal a un desconocido —dice.
—Cierto, cierto —dice Kakashi asintiendo.
Obito hace una mueca. Algo en el hecho de que de los tres él siempre es el que más se avergüenza con esos temas lo irrita.
—¿Quieren dejar de hablar de sexo? —dice y se pone en pie—. Voy a por algo para beber.
Obito entra a la cocina y saca una botella de ramune de naranja de la nevera. Después se la empina y bebé. Mientras, piensa en su alma gemela, en las circunstancias que lo llevarían, algún día, a pronunciar esas palabras.
Antes de volver con sus amigos, saca un par de refrescos de sus sabores favoritos y se pregunta qué es lo que tendrá ese chico escrito en la muñeca. Obito espera que no sea nada demasiado vergonzoso. Por Dios, que no le haya arruinado él también la vida a alguien.
III
—¿Hola? —masculla Deidara, mirándose la muñeca—. ¿¡Hola!?
Por una vez, Kurotsuchi no se ríe de él. Deidara sospecha que tiene que ver con el hecho de que su muñeca sigue en blanco y no se quiere arriesgar a que él algún día se la devuelva.
—Así que tu alma gemela es... Una de esas —dice su amiga—. Qué aburrido. Hola.
Deidara asiente y frunce el ceño.
—Habría preferido literalmente cualquier cosa antes que esto —dice, sacudiendo la cabeza—. ¿Cómo mierda la voy a distinguir de entre toda la gente que me diga hola a partir de ahora?
Kurotsuchi le toma el brazo y apunta su teléfono a la muñeca de Deidara.
—Déjame enseñarle a Aka —dice y toma la foto—. Si tu alma gemela también tiene un «Hola» va a estar difícil.
—No. Yo no soy otro aburrido, hm. Seguro mi frase es mucho mejor que esto.
—Si te sirve de consuelo —responde Kurotsuchi, su vista fija en la pantalla de su teléfono—, hace un tiempo leí que las frases más comunes son monosílabos y palabras cortas.
—Eso me lo creo —dice Deidara—. Todo el mundo es aburrido.
—Menos tú —se burla Kurotsuchi—. Mira esto.
Su amiga pone su teléfono frente a él y va pasando imágenes marcadas con la etiqueta #almagemelaaburrida. Mientras ella hace scroll, Deidara ve pasar todo tipo de muñecas, con pulseras y sin pulseras, con anillos y sin anillos, de todas las edades y tonos de piel. La mayoría tienen escritas cosas como «sí», «No», «gracias», «qué», «disculpe», «buenos días». Algunas tienen un «Hola» como el suyo.
—Mira —dice Kurotsuchi señalando una de las fotos—. Este hola tiene signos de exclamación y el tuyo no.
Deidara chasquea la lengua.
—Doblemente aburrido, hm. ¿Ha contestado Akatsuchi?
Kurotsuchi minimiza la aplicación y abre el chat.
—Dice que está a punto de llegar. Y también que conociéndote seguro te has quejado, carita riendo, carita riendo.
—Bueno, cualquiera se quejaría. Ahora cada vez que oiga a alguien decirme hola...
—Hola.
Deidara se voltea más rápido de lo que lo ha hecho en su vida. Akatsuchi está ahí parado detrás del banco en el que él y Kurotsuchi están sentados.
—¿Qué, Dei? ¿Buscabas a alguien? —dice y empieza a reír con esa risa suya grave y potente.
Unos instantes después, Kurotsuchi se le une. Deidara se cruza de brazos.
—Muy gracioso —dice.
Ellos lo ignoran y siguen riendo.
IV
Obito se sienta muy recto al borde de la silla. No puede dejar de zapatear con el talón y juguetear con sus dedos. De su bolsa saca una botella de bebida isotónica de naranja y le da unos tragos. Justo en ese instante, alguien abre la puerta.
—Usted debe de ser el pariente de Uchiha Madara —dice una voz femenina.
Obito tose al tragar.
—Sí, el mismo —dice y tose más mientras se apresura a guardar la botella y buscar un pañuelo en su bolsillo—. Disculpe por esto, señorita...
La secretaria le dijo el apellido antes de entrar pero ya lo ha olvidado. Obito aprieta un par de dedos en la sien.
—Konan —dice la mujer, sentándose tras el escritorio y tendiéndole la mano.
—Señorita Konan.
Obito se la estrecha y vuelve a sentarse muy recto en la silla.
—Konan a secas —dice ella.
—Está bien, Konan a secas- ¡Digo... Konan!
Los labios de la chica se curvan un poco hacia arriba. Obito está seguro de que ahora piensa que es un incompetente.
—¿Le importa si nos tuteamos? —pregunta Konan-. En Akatsuki nos gusta tener un ambiente informal.
—En absoluto.
Obito observa a Konan mirar con atención la pantalla de su computadora portátil.
—Veo que aplicaste para el puesto de vigilante de seguridad, pero con este currículum te puedo ofrecer un puesto de mánager. ¿Estás seguro de que no hubo ningún error en tu solicitud?
—No hay ningún error —responde Obito.
Konan parpadea.
—Es un trabajo solitario. Requiere pasarse horas dando vueltas alrededor del edificio. Es el turno de noche, te será más difícil compaginar tu vida social o familiar. ¿Y lo prefieres a un trabajo más fácil y mejor pagado?
Obito asiente.
—Sé que estoy sobrecualificado para el puesto pero he tenido problemas anteriormente por culpa del mensaje en mi muñeca y no quiero que se repitan. Las condiciones del trabajo de vigilante son perfectas para mí —dice y le muestra su muñeca izquierda envuelta en vendas—. Puede que mi familia no lo entienda al principio, pero no son ellos los que tienen que salir ahí y soportar lo que yo soporto.
Konan abre mucho los ojos.
—Eso es nuevo —dice—. Pero aquí en Akatsuki no discriminamos a nadie por algo que no se puede controlar. No me quedaría tranquila contratándote para ese puesto sabiendo que serias un buen mánager.
—Hasta que un día se me caiga la venda y vean lo que pone, entonces todos mis subordinados me perderán el respeto —Obito empieza a quitarse la venda. Quizá si ella lo lee, dejé de insistir—. Empezarán las bromas y yo tendré que irme tal y como hice en mi anterior trabajo.
Obito le enseña la muñeca y espera a que ella le diga qué mala suerte ha tenido o se eche a reír. Konan no hace nada de eso, tan sólo asiente y luego lo mira a él.
—Ya leí que sólo estuviste tres meses en tu anterior trabajo, me preguntaba por qué —dice ella.
Obito se fija en su muñeca, en donde dice «Qué bonito. ¿Lo has hecho tú?» en letras rojas, indicando que el encuentro con la persona destinada fue anterior a la aparición del tatuaje.
—¿Me va a dar entonces el puesto del almacén? —pregunta Obito.
—No —dice Konan y Obito alza las cejas—. ¿Quieres ser vigilante de seguridad? Pues lo serás. Tengo otra vacante en otra empresa. Y una especie de corazonada.
V
Kurotsuchi sigue hablando con esa amiga suya. Deidara hace rato que ha dejado de prestar atención a la conversación sobre cosas de la Universidad y está revisando su teléfono. No hay muchos clientes en la cafetería y parece que la camarera ha decidido darse un pequeño descanso. Bien, si no fuera porque le suena el estómago desde hace un buen rato. De vez en cuando se las queda mirando, pero ninguna de las dos parece captar la indirecta.
Por fin un grupo de gente pasa a la cafetería y la amiga de Kurotsuchi saca su tableta del bolsillo del delantal.
—Bueno, yo tengo que seguir —dice la chica de pelo verde—. Me gustó hablar contigo, tenemos que quedar otro día.
—¡Claro! El día que mejor te venga —dice Kurotsuchi—. Por cierto, Eri, te presento a mi amigo Deidara. Deidara, esta es Erimaki, ya te hablé de ella alguna vez.
Deidara levanta la vista del teléfono. La chica lo saluda con la mano.
—¡Hola! —exclama.
—¿Qué hay? —responde Deidara.
—Kuro también me habló de ti —dice ella—. Un gusto conocerte. ¿Qué vas a tomar?
—Batido de caramelo y chocolate, por favor, hm.
—Uno de galleta y nueces para mí —dice Kurotsuchi.
La chica apunta el pedido en la tableta y asiente.
—Serán cinco minutos —dice y se va a atender al nuevo grupo de clientes.
En cuanto se va, Kurotsuchi da una palmada a la mesa.
—¡Dei, te dijo hola! ¿¡Es que no te diste cuenta!? —exclama su amiga.
—Ya. —Deidara se encoge de hombros—. Pero no es ella. Sonó demasiado efusivo, hm.
Kurotsuchi la mira otra vez.
—¿Cómo estás tan seguro? ¡No puedo creer que esté más interesada que tú en encontrar a tu alma gemela!
—No me gustan las chicas. ¿Por qué mi alma gemela iría a ser una? —responde Deidara—. Además, hace tiempo que dejé de prestar atención cada vez que alguien me saluda.
—Pero no cuesta nada preguntar —Kurotsuchi se levanta—. Ahora vuelvo.
—No vayas, ya te digo yo que pierdes el tiempo, hm.
La tal Eri ya vuelve tras la barra. Kurotsuchi la intercepta. Deidara no puede escuchar lo que dicen hasta que no están ambas de nuevo junto a la mesa.
—... Y tiene un hola en la muñeca así que nos estábamos preguntando qué tenías tú —dice Kurotsuchi.
La chica se remanga el brazo derecho, mostrando una única palabra «¿Muerde?».
—Ohh, así que tienes un perro —dice Kurotsuchi.
—No es un perro. Es un lagarto. La gente me suele preguntar si muerde —contesta Eri riendo.
Cuando se va, Kurotsuchi vuelve a su asiento.
—Te lo dije —dice Deidara.
Ha sido una pérdida de tiempo pero no puede no sonreír: él tenía razón.
—El punto es que nunca habríamos estado seguros del todo si no preguntamos —responde Kurotsuchi—. Tenemos que salir a conocer más gente, así tú y yo podremos dejar por fin de estar solteros.
Kurotsuchi se mira la muñeca. «¿Está libre este asiento?»
—A eso me apunto —responde Deidara—. Pero Iwa es un aburrimiento, tenemos que ir a otro lado.
—¿Quieres decir a otra ciudad? ¿Alguna sugerencia? —pregunta Kurotsuchi, apoyando los codos en la mesa.
Deidara le muestra una foto en su teléfono del monumento de las caras esculpidas en la montaña.
—Dicen que los tipos de Konoha están muy ricos. Me apetece uno, hm.
Kurorsuchi sonríe y luego asiente.
—Puede ser, puede ser.
VI
—Llegas temprano hoy, Obito —dice Anko, que sale del vestuario femenino justo cuando él va a entrar al de la puerta contigua.
—Lo dices como si fuera algo raro —responde él y ella ahoga una risa.
—Sí es algo raro, admítelo.
Anko se aleja y Obito entra al vestuario. Se saca la camiseta y se coloca el polo negro con la nube roja, logo de Akatsuki, en el lado izquierdo del pecho.
—¡Quiero que me rompas el culo! ¡Ahhh! —exclama una voz en falsete.
Obito ni siquiera mira.
—No es «ahhh», es «hmmm» —dice y le responde la risa escandalosa de Suigetsu.
Con cuidado, Obito pasa el broche con su nombre por la tela frente al espejo. Desde que empezó a ir al gimnasio el polo se le pega al cuerpo, incluso las mangas le aprietan un poco en los bíceps. Tras ajustarse la cachiporra al cinturón, guarda sus cosas en su taquilla y sale del vestuario. Anko está apoyada en la barra vacía llevando el mismo uniforme que él. Obito mira la hora en su teléfono. Falta poco menos de media hora para que las puertas se abran y el local se llene.
—Hablando del diablo —dice Anko y cuando él se sienta a su lado, le da un fuerte golpe en la espalda.
—¿Qué estaban diciendo de mí? —pregunta Obito.
—Nada malo —dice Kimimaro, sacando unos vasos del lavavajillas.
—Sólo le decía lo mucho que has cambiado desde que estás aquí —dice Anko—. Llevas ya casi un año en el puesto. ¿No?
—Sí, bueno, un año y dos meses —responde Obito.
—¿Sabes, Kimimaro? Obito y yo íbamos a la misma clase en el instituto. —Kimimaro tan sólo sonríe y sigue trabajando—. Solía ser tan inseguro e impopular y míralo ahora, todo musculoso y decidido. ¡Hasta liga más que yo!
Obito se mira la muñeca.
—Una vez, Rin me dijo que los chicos leían la frase en su muñeca y la usaban para intentar ligar. No sabía que un día a mí me iría a pasar lo mismo.
—¡Sólo en una discoteca de ambiente eso te volvería popular! —exclama Anko.
—Muy mal, Obito, muy mal. No esperar por tu alma gemela así.
Suigetsu aparece y se sienta al lado contrario. Anko lo mira y resopla.
—Por favor, no querrás que el alma gemela de Obito aparezca en cualquier momento queriendo que le rompa el culo bien roto y él sea un estúpido e inútil virgen —dice Anko.
Un par de años atrás, Obito ya estaría del color de los tomates.
—Estoy esperando por él. Mi corazón lo está, siempre lo está. Eso es lo que cuenta —dice.
Anko y Suigetsu dejan escapar un «ohhhhh» simultáneo.
—Bueno, Karin va a llegar de un momento a otro y nos querrá en nuestros puestos —dice Anko, levantándose.
Obito lo hace también.
—Yo me quedo un rato más, tengo sed —dice Suigetsu.
—Hasta luego —dice Obito.
Cuando sale al exterior ve que ya hay gente haciendo cola. Los habituales lo saludan y él les da conversación. El sol se está poniendo. El cielo está hermoso, como si estuviera en llamas. Algo le dice a Obito que esa noche va a ser buena.
VII
—Estas colas no se ven en Iwa, hm —dice Deidara.
—Estas discotecas tampoco se ven en Iwa —responde Kurotsuchi cruzada de brazos—. Iwa no tiene literalmente nada.
El acento de Konoha suena sexy. Es lo que piensa Deidara mientras mira a su alrededor buscando a su siguiente conquista. Pronto la ve, un chico moreno que está en un grupo de unos cinco. Entonces toma a su amiga del hombro y la hace girarse.
—¿Vamos a presentarnos a esos de ahí? —dice Deidara.
Kurotsuchi le dedica una mirada divertida.
—Tú no pierdes el tiempo —dice riendo y lo toma del brazo—. Anda, vamos.
VIII
La persiana de «la villa del sonido» va subiendo poco a poco. Cuando llega arriba Obito abre las puertas y e invita a quienes hay haciendo cola a pasar.
—Que tengan buena noche.
—¡Gracias, Tobi! —exclama una de las chicas habituales.
Obito va junto a la puerta y se planta en el sitio del que no se va a mover en toda la noche, si todo va bien. Coloca ambas manos en su espalda y examina la multitud. El rubito al que lleva un rato echando el ojo se está acercando. Obito hace memoria. Debe ser la primera vez que viene, de lo contrario lo recordaría. El chico es completamente su tipo y va vestido con una de esas camisetas de red que lo hace querer arrancársela con los dientes. Lo malo es que parece que ya está ligando con alguien más, Obito reconoce esa actitud coqueta. Además, va a estar ahí toda la noche. Maldice el no haber pedido quedarse adentro, así podría haberse acercado mejor a él.
El chico lo mira cuando él y su amiga se alejan de los otros. El corazón le da un vuelvo y Obito le sostiene la mirada y sonríe. Tal vez se acabe ligando él a esa preciosidad y no el otro. La amiga del rubio está hablándole pero él no parece estar prestándole atención, en su lugar le hace una caída de ojos que a Obito le provoca un vendaval de sensaciones. Mientras lo ve acercarse más y más a la puerta, más ganas tiene de decirle algo, aunque sea un simple hola. Tendrá que ser eso de momento porque la labia de la que tan orgulloso ha estado desde que se enteró que la tenía parece haberlo abandonado.
Entonces el rubio le da un codazo a su amiga y lo señala. La amiga lo mira y Obito duda en si hacerse el distraído. Cada vez están más cerca. La ropa empieza a molestarle, debe estar ya toda sudada. Así es como se va a presentar ante él.
—Disculpe. ¿A qué hora cierran? —pregunta la amiga del rubio cuando pasan por su lado.
Obito se obliga a mirar a la chica.
—A las seis en punto —responde.
Acento del País de la Tierra, piensa Obito y agradece que le haya hablado la chica y no el rubio. De ser así estaría tartamudeando. El chico y la amiga se miran boquiabiertos.
—Y en Iwa ya está todo cerrado a la una —dice la chica.
—¿Primera vez en Konoha? —le pregunta Obito mientras se regaña por no haberse atrevido a hablarle a él.
—Sí, vinimos a pasar el fin de semana. Nos vamos el lunes —responde y ambos tienen que seguir andando cuando los que hay detrás de ellos se quejan—. Soy Kurotsuchi y él es Deidara.
Obito aprovecha que ya han sido presentados y lo saluda con la mano.
—Hola —dice, antes de que el tal Deidara y su amiga desaparezcan entre el gentío.
Tras eso vuelve a su pose anterior, recta con las manos tras su espalda, pensando en que no puede permitir aquello. No va a tener otra oportunidad. Deidara volverá a su casa el lunes y no lo verá más. Tiene que conseguir que pase algo entre ellos. El chico parecía interesado en él pero en cuanto se le empezase a presentar gente lo iba a olvidar.
Obito saca el walkie-talkie y piensa en un plan. A Anko no le gusta estar en la calle, Obito lo sabe, tendrá que dejarle a deber ese favor. Cuando está a punto de marcar el número de su extensión, el walkie-talkie, Suigetsu lo llama. ¿Una pelea? ¿Tan pronto?
—Obito al habla. ¿Qué ocurre?
—Ah, hace tanto calor aquí adentro... ¿No querrías cambiarme el puesto? —dice Suigetsu.
Obito casi puede escuchar trompetas celestiales.
—Aquí te espero —dice y cuelga.
Intenta no sonreír como un tonto delante de toda la gente mientras espera a que Suigetsu salga. Va a tener suerte con el rubio, Obito puede sentirlo.
IX
Deidara y Kurotsuchi se despiden de sus nuevos conocidos y vuelven a su puesto en la cola.
—¡Tres de ellos te dijeron hola! ¿¡Por que no les preguntaste!? —dice Kurotsuchi—. ¿Quieres que les pregunte yo?
—Luego les preguntamos. Así tenemos excusas para seguir hablando, hm —dice Deidara.
—Bien pensado —responde su amiga—. El tema siempre da para mucho, es buena forma de romper el hielo.
Deidara vuelve a mirar al frente y conforme la fila avanza se fija en el vigilante de seguridad junto a la puerta. El tipo lo está mirando y joder, le está sonriendo. Menudos brazos tiene. Deidara cambiaría a veinte como los otros de antes por uno como él. Le da su mejor sonrisa ladeada, su mejor mirada y le da un codazo a su amiga.
—¿Ves al segurata? Casi parece que le vaya a reventar la ropa —le dice con disimulo—. Una pena que esté trabajando. Esos nunca se arriesgan, lo sé por experiencia.
—¿No le vas a entrar? —pregunta Kurotsuchi.
—Me lo pensaré. Tenemos poco tiempo, voy a ir a lo seguro, hm.
La fila sigue avanzando. Cuanto más se acerca, más se arrepiente Deidara de haberse fijado en él. Cada vez le apetece más un rapidito con él en los aseos en mitad de su jornada laboral, después irse a su casa y pasar allí el resto de la noche hasta que el cuerpo aguante.
—Disculpe. ¿A qué hora cierran?
Kurotsuchi y ese vigilante de seguridad tienen una pequeña conversación. Deidara lo mira, pero el tipo parece haber perdido todo el interés en él. Es una estrategia para hacerse el encontradizo, Deidara lo sabe. Al final la gente comienza a empujar y ambos tienen que seguir.
—Soy Kurorsuchi y él es Deidara —dice su amiga.
El tipo vuelve a mirarlo, le sonríe y lo saluda con la mano.
—Hola.
Después pasan al local y Deidara pierde la oportunidad de presentarse como es debido.
—Hey, el segurata me dijo hola —dice en voz alta, tocando el hombro de Kurotsuchi.
La música está tan alta que Deidara no la escucha bien, entonces se pega más a ella.
—¡Otro más para revisar! —grita ella—. Pero no estamos aquí sólo por ti, yo también quiero probar la gastronomía local.
Deidara examina los alrededores. Hay una chica con ese uniforme negro de la nube roja que también llevaba el musculitos de afuera, su cabello morado está sujeto en un moño alto. Un pin con la bandera lésbica en su cinturón le dice todo lo que necesita saber. Conoce los gustos de Kurorsuchi de sobra.
—Esa de ahí, hm.
Deidara la toma de los hombros y la gira hasta que queda frente a la vigilante de seguridad.
—Tienes un problema con los seguratas —dice ella riendo y se da la vuelta, agarrándolo del brazo y arrastrándolo con ella—. Luego le pregunto a qué hora es su descanso, primero quiero ver quién más hay.
Ambos suben las escaleras al segundo piso y desde la barandilla van mirando como se llena la planta de abajo. El grupo de chicas y chicos de antes no tarda mucho en aparecer y Kurotsuchi y Deidara los llaman a gritos, haciendo señas con los brazos.
El problema es que ya no le interesa tanto saber lo que tienen ninguno de esos chicos escrito en la muñeca. No hasta que no se haya ligado al segurata al menos, mejor no tener ese peso en la conciencia.
—Ya vuelvo —le dice a Kurotsuchi y vuelve al nivel inferior por la escalinata del lado opuesto de la plataforma.
Al acercarse a la entrada ve a la chica de antes. Deidara sonríe y se desvía de su camino.
—Ey, mi amiga quiere saber a qué hora empieza tu descanso.
—A ti te he visto yo antes —responde ella—. ¿La morena que iba contigo?
—Parece que ha habido un flechazo, hm —dice Deidara.
Ella ríe con fuerza. Está seguro que a Kurotsuchi le va a gustar esta tipa.
—Dile que a las once y media me espere en la barra del piso de abajo. Y que la próxima vez venga ella misma a preguntar, prometo no morderle muy fuerte.
—Hazlo. Le gustará —dice Deidara antes de ir a la salida.
Caminar en dirección contraria a toda la gente que entra se le hace complicado pero empujando y colándose por entre los escasos huecos, Deidara consigue llegar al exterior. El tipo no está, en su lugar hay otro vigilante de seguridad. Uno con el pelo tintado de blanco.
—¿Se te ha perdido algo, rubito? —le pregunta.
—¿Dónde está el otro segurata? El alto y moreno —responde Deidara.
El vigilante ahoga una risa.
—Me cambié por él hace un rato, debe estar adentro. ¿Para qué lo buscas? ¿Quieres que te rompa el culo, hmmm?
Deidara asiente y el tipo ríe.
—Eso es exactamente lo que quiero, sí.
—Por ahí adentro tiene que estar —dice señalando hacia atrás—. Pero no lo entretengas mucho. Nuestra jefa es una bruja y si ve que le das mucha conversación lo va a colgar del pescuezo.
—Gracias. No le daré mucha conversación —responde Deidara.
Si tienen las lenguas ocupadas en otras cosas, no van a tener tiempo de hablar.
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Obito decide quedarse un rato haciendo su trabajo antes de darse una vuelta por la pista. Lleva un rato buscando a Deidara entre la multitud pero no lo ve. En un rincón de su mente, la idea de que ya es demasiado tarde no lo deja tranquilo pero no es como si pudiera hacer mucho de todos modos. Por ahí ve a la chica que iba con él. Deidara no está con ella y un par de veces se le pasa por la cabeza el ir a preguntarle. Obito se aguanta las ganas y sigue balanceándose de sus talones a las puntas de sus pies, fijándose en cada melena rubia que ve.
Encuentra a Deidara una media hora larga después, o mejor dicho, Deidara lo encuentra a él. Obito lo observa cruzar la pista de baile, apartando gente de su camino hasta llegar a él. Nada más que ese ademán determinado hace que su cuerpo se caliente unos grados. Cuando lo tiene frente a él piensa en algo que decirle, algo que le cause una buena primera impresión pero no le hace falta, porque Deidara se le tira encima y lo besa con fuerza.
A Obito le tiemblan las piernas mientras le devuelve el beso con igual intensidad. Tanto si Karin está mirando como si no, decide cargar con las consecuencias. Deidara es agresivo besando, le muerde los labios, se agarra a su cuello como queriendo asfixiarlo y se le restriega como un condenado gato en celo. Obito tarda un rato en poder seguirle el ritmo pero pronto lo logra, a la vez que su bajo vientre se calienta y hormiguea y busca al del chico frente a él para sentir algo de alivio. Su mano recorre con avaricia su torso cubierto por la camiseta de red negra. Cada vez que las yemas de sus dedos rozan la piel tersa, Obito se estremece de deseo.
Su lengua no detecta el sabor del alcohol. Le ha saltado encima estando en plenas facultades cuya única interacción entre ambos fue un simple hola que no fue devuelto. Obito decide que besarse así es mil veces mejor que hablar.
A su alrededor se escuchan comentarios mordaces y risitas. Alguien dice que ojalá le pagasen a él por comerle la boca a un rubio. Alguien más los anima a que se atrevan a más. Deidara rompe el beso y pega sus labios a su oreja.
—Quiero que me rompas el culo, hmm.
El corazón le da un vuelco. Deidara sigue manoseándolo pero esa vez no encuentra respuesta. Entonces lo mira con el ceño fruncido y Obito tarda un par de segundos más en asimilar lo que está pasando.
—Eres tú —murmura y cuando Deidara alza una ceja, Obito sonríe—. ¡Eres tú! ¡Al fin te encontré!
Obito abraza a Deidara, riendo sin parar.
—¡No puedo creer que conozca al tipo más sexy del mundo y resulte ser mi alma gemela!
Deidara lo empuja un poco, sus ojos bien abiertos.
—¿Alma gemela?
Ambos se enseñan la muñeca a la vez. Obito sonríe aún más al leer el «hola» que tiene escrito.
—No puedo creer que te haya encontrado, pero lo dice aquí bien claro. ¡Quiero que me rompas el culo! —Obito gira sobre sí mismo enseñando la muñeca a quienes están prestando atención—. ¡Él es mi alma gemela!
Se escuchan vítores y aplausos. Más gente empieza a juntarse, intentando averiguar qué está pasando.
—Siempre pensé que lo primero que te diría sería que vaya cosa aburrida se te ocurrió decirme —dice Deidara, mirándolo de arriba a abajo—. Pero no tengo queja ninguna con lo que me ha tocado.
—Yo lo primero que iba a hacer era regañarte por hacerme pasar vergüenza durante tantos años y mírame ahora, enseñando el mensaje por ahí. ¿Alguien más quiere leerlo?
Deidara rodea otra vez su cuello con los brazos. Obito suelta un suspiro.
—¿Entonces, cuándo dices que nos ponemos a ello, hm?
En su bolsillo, el teléfono vibra. Posiblemente Karin para preguntarle qué está pasando pero Obito no piensa responder aún. El DJ anuncia algo sobre que dos almas gemelas se acaban de encontrar y una versión dance de «twin soul» de Killer B comienza a sonar.
—Más tarde lo haré con mucho gusto —responde Obito y lo abraza tan fuerte como puede. Es la mejor sensación del mundo—. Ahora mismo sólo quiero estar así un rato más.
Omake
—¿Está libre este asiento?
Kurotsuchi se mira la muñeca y luego a la vigilante de seguridad apoyada en la barra. Mierda, Deidara le ganó por un par de horas.
—Para ti sí —responde sonriéndole.
—Un momento —La chica mira su muñeca, luego la mira a ella y luego otra vez su muñeca—. La noche se acaba de poner interesante.
—Bueno, siéntate de una vez —dice Kurotsuchi—, alma gemela.
—Eso iba a hacer —responde ella, sentándose a su lado-. Ah, y pide lo que quieras. Karin Uzumaki invita.
¡Feliz Tobidei Week 2021!
Este fic corresponde al prompt "identidad", e hice un almas gemelas de toda la vida. Creo que ya hablé de esta idea, y de mis intenciones de escribir un AU de soulmates que no fuera angst, como el otro que tengo.
Espero que les haya gustado, gracias por leer. ^^
