Renuncia: todo de Ishida.
n.a: dedicado a Mila :_) feliz cumpleaños hermosa. Si algún fan touken comenta estupideces hay tabla
XII – le pendu / if you have one apples and i take away one apples you have zero apples and a sadness, says the sadness (Ghost, Zero, Suitcase, and the Moon, Richard Siken's "War of the Foxes")
Un día Fueguchi-san lo toca y a Haise le arde el cuerpo entero— como hoja de papel por encima de una vela plenamente consciente de lo que le espera al caer en las llamas aunque sin la voluntad o fuerza para evitarlo. Un día Fueguchi-san lo toca y a Haise se le vuelve negra la punta de los dedos y del alma— ahí donde los pétalos de ella se marchitan también— y debe contenerse de gritar.
(porque Fueguchi-san no es otra cosa sino tierna y no es que le haga daño y menos apropósito pero)
— No es justo Sasaki-kun —dice ella en cuanto se percata de su reacción, aunque continúa sujetándole la mano, sin titubear—. No es justo que debas tragarte todo este dolor y que te asfixie lenta y dolorosamente hasta matarte.
(incluso si ese dolor no le pertenece, no con exactitud)
(y no hay cosa en el mundo que lastime más que el amor que otros sienten hacia ti)
(da igual;
ella lo sabe,
y él,
y él).
Pero Haise no responde. Haise no se atreve a confesar ninguna de estas cosas. Haise no se atreve a dejar de mentir(se a sí mismo), no todavía. Pese a las miradas culpables de Akira-san cada vez más frecuentes y los silencios de azúcar a medio derretir de Arima-san que pesan más que mármol esculpido por un destino más grande que los dos.
Nadie sostiene el cincel y aún así todos terminan quebrándose.
Sin misericordia—
(y tal vez sea injusto y Fueguchi-san tenga razón pero... pero si hay alguien que lo entiende más que cualquiera, más que Haise incluso, es Ken Kaneki.)
— No es como si yo fuese real, al final —se permite admitir, tratando de sonar desinteresado. Y ríe con torpeza. La calidez fabricada que conoció reemplazada por flores purpuras cuyos pétalos son todo dientes y por bichos que pese a tener cien patas continúan cojeando. Ken que lo mira desde el otro lado del espejo, Ken que dice al borde del abatimiento: "esta es mi cuerda y no tienes derecho a robártela, no tienes derecho a que te quiebre en dos el cuello en vez de a mí, devuélveme mi cuerda"—. No es como si nada de lo que me pase a mí importe. Es decir, Ken Kaneki– él es a quien todos quieren, muerto o vivo.
Y sin embargo no la aparta.
Y sin embargo su risa es este pozo seco, enterrado en un desierto donde no deja de llover jamás.
Y sin embargo Haise desea ser egoísta una vez y ya— que se le incineren las entrañas así sea sólo para demostrar que esas cenizas y humo le pertenecen, que alguien suelte la cuerda amarrada entorno a su cuello así sea sólo para confirmar que es suyo el jardín donde el árbol fue plantado.
Quizás Haise no sea más que el ataúd de Ken Kaneki, pero igual sueña con tomar de la mano a Fueguchi-san—
(resulta indecoroso.)
Fueguchi-san tiembla entonces.
(Fueguchi-san tiembla y la vida ya no quema, de repente.)
Haise ni siquiera atina a disculparse por ensuciar su ternura o preguntarle qué está mal porque con brusquedad ella suelta su mano y lo abraza fuerte, fuerte y algo húmedo le mancha la camiseta ahí donde ella entierra su rostro, hasta la raíz, cerca del pecho.
— No eres él, nunca serás él. Es cierto —Fueguchi-san no deja de temblar—. Pero Sasaki-kun... por favor no digas una cosa así de nuevo o me voy a enojar.
Haise parpadea.
(Oh.)
La abraza de vuelta.
(Oh oh oh.)
De algún modo, tras tantos años, ¿son las lágrimas de Hinami lo que apagan su sed?
—... Está bien. Lo siento.
"Porque si has de asfixiarte con algo que sea mejor con mi boca contra tu boca. Porque puedo imprimirte mi corazón con la punta de mi lengua en tu lengua. Porque esta sangre es tuya. Esta tristeza es tuya. Este latido de manzana a medio pudrirse es tuyo. Y estos, tus brazos alrededor de los míos, son reales. Tú me importas."
