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Advertencias del capítulo: (Lenguaje obsceno)

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Disclaimer: Attack on Titan y sus personajes NO me pertenece

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Nota: Esta historia es completa y absolutamente MIA, y no es permitido tomarla sin mi autorización.

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LUNA DE SANGRE

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SINGLE CHAPTER


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—¡Eren! – el llamado agitado se escuchó justo cuando su hacha descendía sobre el trozo de madera.

Eren Jaeger miró como el tronco caía a ambos lados, partido por mitad y suspiró, limpiándose la frente perlada de sudor.

No llevaba camisa y sus músculos se flexionaron mientras daba media vuelta mirando al otro hombre acercarse.

Se trataba de uno de los guardianes del clan, venía desnudo, seguramente había estado haciendo patrullaje y acababa de cambiar el pelaje por piel.

—¿Qué sucede? – indagó dejando su hacha de lado.

—Hay un alboroto – él señaló más allá del pueblo en el que vivían, en dirección al río que se encontraba a unos kilómetros.

—¿Qué hicieron ahora esos cachorros? – gruñó la pregunta, el hombre empezó a cambiar, sus rostro pareció alargarse y el pelo brotó de su piel.

—¡Hay que apresurarnos! No logré acercarme, estaba muy lejos, pero vi a esos revoltosos atacando a una humana.

—¿Una humana? – eso le tensó inmediatamente.

—¿No se qué sucede? Había un coche pequeño en el camino y solo logré ver la figura pequeña de una chica.

—¡¿Y porque viniste hasta acá?! – gritó echándose a correr. Un enorme lobo café le siguió – Debiste protegerla.

—Estaban muy agitados. No se que les sucede. Saben las reglas y que no deben atacar humanos.

—Los haré sangrar por idiotas – gruñó.

Sus pies desnudos se deslizaron con familiaridad a través de suelo rocoso. Su piel era mucho más fuerte que la de cualquier humano y eso impedía que pudiera lastimarse fácilmente.

Su clan estaba escondido en una pequeña aldea en la provincia de Keto, en Sapporo. Estaban bastante alejados de algún pueblo humano y normalmente no tenían ninguna visita indeseada.

Su hermano Zeke era el alfa y quien estaba a cargo de toda su gente, Eren le ayudaba a llevar el orden general y entrenaba a los ejecutores quienes protegían la aldea y sus alrededores.

Como segundo hijo había dejado de lado las responsabilidades que conllevaban con ser el jefe del clan. Le gustaba de esa manera, pues además de requerir menor carga, también le permitía ser más libre e independiente. Claro que es cambiaba cuando Zeke debía salir a la ciudad, entonces quedaba a cargo de todos y debía liderar con las tonterías de su gente.

Los peores eran los cachorros. Durante el cambio, los hombres tendían a volver más hiperactivos y agitados, algo que tendía a meterlos en problemas, pero hasta el momento nunca habían cruzado una línea.

Ellos tenían reglas simples que todos seguían para llevar la armonía.

Nadie debía salir de la aldea sin permiso.

No se permitía fraternizar con el enemigo.

Y nadie por ninguna razón atacaba humanos.

¿Qué demonios había sucedido?

Escuchó a lo lejos el sonido de gruñidos feroces y rugidos. Los cachorros estaban bastante agitados y no comprendía que les había puesto en aquel estado, menos aún, lo que les había orillado a romper una de las reglas sabiendo que deberían enfrentarse a él.

Llegó finalmente al claro y se detuvo, apenas estaba agitado, pero decidido a analizar el panorama, solo esperaba que la humana no hubiera sufrido algún daño porque estaba completamente seguro que haría algo más que solo hacerlos sangrar.

—¡¿Que están haciendo?! – el grito retumbó con un eco escalofriante entre los árboles. El viento meció las hojas y todos los lobos cachorros alzaron la cabeza en su dirección.

Eren empezó a caminar hacia el centro del claro, observando como los cachorros agachaban la cabeza retrocediendo con cautela. Hacían un círculo, eran alrededor de ocho enormes lobos.

Notó como uno de ellos acercaba, casi arrastrando los pies. Eren olfateó frunciendo el ceño con fuerza, el viento le impedía obtener un aroma definitivo, pero estaba seguro de que podía percibir sangre.

Gruñó mientras le mostraba los dientes y se ponía de cuclillas. El cachorro pareció dudar, pero no por ello desobedeció su mandato silencioso de acercarse.

—Quiero saber la razón por la que rompieron una de las reglas y quiero saberlo ya – su tono de voz fue bajo, un susurro apenas, pero notó como el lobo frente a él y todos los demás se encogían.

Eren lo miró fijamente y esperó, reprimiendo a duras penas el impulso de darle un golpe. No debían maltratar a ninguna mujer, menos una humana que no tenía la resistencia de uno de los suyos.

—Es ella – escuchó en su mente la voz ronca y fuerte, evidentemente sobrenatural.

—¿Cómo?

—No es humana – le mostró los dientes, luego bajó la cabeza.

Con el ceño aún fruncido, Eren se irguió y se abrió paso entre los cachorros. Observó el pequeño bulto en un ovillo.

Llevaba un vestido largo en color negro y tenia la piel más pálida y bonita que jamás había visto. Su cabello era azabache, largo y liso, le caía sobre el rostro, por lo que lo primero que hizo al inclinarse a su lado, fue deslizar un dedo por la piel suave y apartarlo.

—Parece como una humana corriente – masculló entre dientes.

—No lo es – gruñó uno de los chicos.

¡Bestia! – exclamó el otro.

—Silencio

Eren miró las largas y abundantes pestañas, las delineadas cejas negras, los pómulos suaves, los pequeños y gruesos labios. Era tan hermosa. Bien podría no ser una humana, sino más bien una bruja, pues se sentía profundamente hechizado por su belleza.

Deslizó su dedo por la herida pequeña sobre su pómulo derecho y lo llevó el dedo a su boca.

Su cuerpo se tenso al instante y supo dos cosas.

La chica era un vampiro.

Y era su compañera.


Mikasa se quejó mientras volteaba sobre las suaves sábanas de su cama.

La cabeza le palpitaba y sentía el cuerpo agotado. Los ojos le pesaban enormemente y tenia tanto sueño.

Era sábado, por lo que no tenía que ir a la escuela, sus niños seguramente se encontraban durmiendo también, por lo que lo mejor era tomarse unas horas más. Estaban en semana de exámenes, por lo que debía revisar muchos trabajos y pruebas, pero lo haría más tarde.

—Solo unas horas más – susurro para si misma, tomando una enorme almohada y abrazándola contra su pecho.

Hundió el rostro en la suavidad e inhaló profundamente. Estaba por volverse a dormir cuando notó unas cosas muy extrañas. Estaba desnuda y ella nunca, jamás, dormía sin ropa. No tenía almohadas tan suave en su cama y definitivamente nunca había percibido aquel aroma tan varonil y atractivo en sus sábanas.

Sus ojos se abrieron al instante y se irguió solo un segundo después, topándose con los ojos verdes, más brillantes y hermosos que había visto en su vida.

—¡Despertaste! – susurró una ronca y deliciosa voz masculina.

Un escalofrío la recorrió y aquellos llamativos ojos descendieron por su piel, acariciándola con la mirada. Notó que se posaban en sus senos y recordó que estaba desnuda por lo que con un chillido tomó la sábana y la apretó contra su torso.

El corazón le latía con fuerza y sentía el atronador latido palpitando justo en sus oídos. Estaba agitada, desnuda, y un extraño y muy atractivo hombre la miraba desde una silla frente a una cama desconocida, en una habitación que definitivamente no era suya.

Miró los ojos verdes una vez más y tuvo la extraña sensación de que brillaban mientras se encontraban con los suyos, sintió como su misma mirada parecía afiliarse y por un segundo fue como si su vista se nublara, solía suceder algunas veces por lo que cerró los ojos y los restregó con sus dedos.

—¿Qué? – sentía la garganta seca, miró al hombre y se lamió los labios. Los orbes verdes siguieron sus movimientos y su piel pareció calentarse. Mikasa sintió como las mejillas se le enrojecían.

—Eres una vampiresa – él ladeo el rostro y eso le hizo voltear también en su misma dirección. Fue un movimiento involuntario, casi hipnótico – Nunca había visto una como tú.

—¿Qué? – parpadeó y luego negó con la cabeza -- ¡Claro que no! ¡¿Estas bromeando?! ¿De que estás hablando?

Parpadeó un par de veces esperando que llegara el momento en el que el hombre empezará a reírse y le dijera que estaba tomandole el pelo.

No fue así.

—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Te mandaron a investigar?

—¿Quiénes? – le miró desconcertada – Te aseguro que no se de qué hablas ¿Quién eres? ¿Y porque estoy así? Desnuda – su rostro se coloreó y apretó la sábana contra su pecho.

—Vampiros – él le mostró los dientes, tenía unos colmillos muy grandes y filosos ¿se habría hecho esas modificaciones extrañas de las que había escuchado tanto?

—¿Vampiros? No se de qué hablas.

Él se movió tan rápido que ni siquiera logró verlo, un jadeo escapo de sus labios y en un parpadeo estuvo sobre su espalda, con el cuerpo de aquel hombre encima de ella.

Un gemido quedó encerrado en su garganta, se aferró a la sábana con fuerza mientras observaba fijamente con una mezcla de terror y fascinación, el masculino rostro que se cernía peligrosamente sobre el suyo.

—Que...

—¡No me mientras bruja!

—¿Bruja?... – su voz tembló – Dijiste que era vam-piro ¿Y ahora soy una bruja?

—Podría ser ambas, tu sangre no miente, pero la manera en la que me hechizas – un gruñido salió de él y luego se inclinó, hasta hundir el rostro en su cuello.

Mikasa apretó sus piernas y cerró los ojos, el corazón le palpitaba fuertemente y su respiración era irregular, inestable. No alcanzaba a inhalar oxigeno. Tenia miedo.

—¿Qué?

—¿Cuál es tu nombre? – la nariz afilada se deslizó por su garganta. Mikasa gimió suavemente.

—Yo…

—Tu nombre – su tono demandante no admitía vacilaciones. El impulso de obedecerlo tensó su piel.

—Mikasa.

Mikasa – escuchó en un ronroneo. La manera en la que susurró su nombre, con un tinte de agresividad y al mismo tiempo dulzura, logró dejarla temblando.

—¿Qué? – cerro los ojos, sintió como deslizaba los labios húmedos por su hombro y aunque sabía que debía alejarse, no pudo reunir las fuerzas para hacerlo.

Se sentía tan aturdida, tan extraña. El corazón le palpitaba tan fuertemente contra el pecho que el sonido estallaba en sus oídos, su piel se sentía sensible y suave. Algo hervía en su interior, a fuego lento.

Sintió como el hombre se erguía y observó su sonrisa ladina, tan mortal y atractiva. Sus mejillas enrojecieron mientras estudiaba la belleza de sus facciones duras y masculinas.

—Estoy decidido. No importa que pertenezcas a esas bestias – su expresión alegre no concordaba con la locura de sus palabras – Voy a mantenerte.

—¿Cómo? – intento darle sentido a lo que decía.

¿Bestias?

¿Mantenerla? ¿A ella?

—No te dejare ir – sentenció.

—Un momento… ¿qué?

—Voy a empezar marcándote – miró su cuello fijamente, buscando un lugar. Mikasa lo miró horrorizada ¿Acaso estaba insinuando que la mordería?

—Espera un segundo…

—Luego te voy a hacer el amor para afianzar nuestro lazo, talvez logre impregnarte desde el primer intento.

—¿Impregnarme? – ¿Estaba la habitación dando vueltas o era ella?

—Quiero muchos cachorros Bloody – una sonrisa sensual se deslizo por sus labios, sus ojos brillaron en tonos dorados.

Un gemido lastimoso escapó de los labios de Mikasa, sus ojos se fueron cerrando y antes de que pudiera comprender que había sido todo aquello, se desmayó.

Lo último que escuchó fue la coqueta y malvada risa de aquel atractivo desconocido.

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FIN DEL CAPÍTULO


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NOTAS DEL CAPÍTULO:

Peor tarde que nunca.

Vi este fanart en Facebook en el bonito grupo "Eremika" y me encantó. Había estado jugando con la idea, pero de una bruja, me imagino que lo pudieron percibir por la referencia de Eren.

No he visto muchas tramas así y personalmente nunca la he escrito, así que espero que fuera decente.

Entonces, para el reto también de Dulce, truco o fic del reto de Octubre temáticas oscuras en Mundo Fanfics Inuyasha Ranma, creo que estaba la opción de leyendas urbanas, por lo que aplicaría a esta.

Es un one-shot, pero como siempre es su decisión si merece otro capítulo extra.

Ojalá les haya gustado. Besos y abrazos. Nos leemos pronto.

03/11/2021

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