Mahouka Koukou no Rettousei no me pertenece

La Metamorfosis de Miya Yotsuba

"... Mi nombre es Yotsuba Miya, soy una puta al servicio del honorable Presidente del Ministerio Mágico Alemán: Valerius-sama."

Se presento la primogénita de la primer cabeza del Clan Yotsuba antes de chupar la polla del Alemán que estaba enfrente de ella.

Mientras el coño de Miya se calentaba y goteaba por el piso, ella pensaba en que todo se había vuelto perfecto y que una crisis fue lo mejor que pudo pasarle.

Se había marcado un antes y después en su vida.

Aun recordaba ese entonces, con desprecio.


Shiba Miya por matrimonio, Yotsuba Miya por sangre, regreso a su departamento, tarde por la noche, después de un día amargo en el trabajo. Dejando a su guardiana: Sakurai Honami, en la primera planta, subió al baño del segundo para tomar una ducha.

La joven Yotsuba, aun vestía su ropa de trabajo, que recordaría a una secretaria, con medias altas y un saco que se ajustaba a su pecho. Más de un empleado solía mirarla de forma inapropiada a sus espaldas y varios fantaseaban con poder meterse entre sus piernas. Sin embargo, ella solo los ignoraba cuando se daba cuenta de que era el centro de sus miradas lujuriosas y calientes.

Serró la puerta del baño antes de soltar su largo cabello y quitarse la ropa. Bajo el sierre de su falda y lo deslizo por sus esbeltas piernas, luego desabrocho su saco y la blusa blanca que estaba abajo. Cuando se quito su sostén blanco, sus pezones rozados se pusieron un poco duros por el frio en el aire de la noche. Miya, con un movimiento de sus manos, se quito las bragas y las medias oscuras que aun llevaba.

Ella estaba desnuda en el baño, con la luz reflejándose en su piel clara y tersa, haciendo que su cuerpo brille. Su figura delgada, pero con curvas pronunciadas en su trasero y pechos. Sus facciones hechas para seducir seria la envidia de cualquier mujer, incluso para las que vivían de vender sus cuerpos como las prostitutas de lujo.

Miya miro su reflejo en el espejo de cuerpo completo. Su expresión se volvía amarga. A excepción de su cabello y el lunar debajo de su ojo, su cuerpo era idéntico al de su gemela: su piel clara y tersa, sin imperfecciones, sus piernas largas como de modelo, su rostro delicado, sus pechos inflados y firmes, su cintura de avispa, arriba de su vientre plano.

Eso cambiaria pronto.

Sabía que su deber era parir hijos fuertes para el Yotsuba, igual que lo fue contraer matrimonio con Shiba Tatsurou. Sin embargo, hasta ahora, solo lo había pospuesto, usando su trabajo como pretexto ante su hermana. Pero no podía esperar aplasamientos por siempre. Después de todo, era su deber como miembro del Clan. Miya suspiro mientras habría la llave de la regadera.

Sentía el agua tibia como baba de perro. Mientras frotaba la espuma en sus muslos, un calor diferente hizo acto de presencia entre sus piernas. Lo disfruto por unos segundos antes de quitar sus manos, negándose al placer. Sus dedos han sido sus únicos amantes por mucho tiempo; pero Miya tenia una fuerte creencia arraigada en su moral: no eres digna de ningún placer si no puedes cumplir con tu deber.

Hace unos años, le fue encargado el manejo del negocio de su Clan, FLT, Four Leaves Technology. A pesar de su juventud, llevo a la empresa hasta buen puerto debido a sus dotes como investigadora y administradora, pero en los últimos meses había tenido una recha de fracasos en sus proyectos que causaron que hicieron que perdieran millones y la llevaron a esta situación critica: el borde de la bancarrota.

Miya, siendo el ideal de primogénita madura y ejemplar de Yotsuba Genzou que siempre se obligo a ser, decidió que merecía ser torturada por ese calor, que la había perseguido por meses. Tendría que esperar a otro momento para ser liberada.

Cuando termino de ducharse, se puso una bata de baño y fue a su habitación. Miya se vistió solo con una camisa blanca holgada y unas bragas blanca antes de acostarse en su cama para dos que siempre era ocupado por solo uno. Vivía junto con su esposo desde que se cazaron, pero dormía en otra cama en una habitación al otro lado del pasillo. La cama solo era para mantener las apariencias.

Con algunas preguntas aun flotando en su cabeza, hizo un esfuerzo para dispersarlas antes de quedarse dormida.


Al día siguiente, se podía ver a Miya, en su oficina, sentada con una expresión tensa, una perturbación en la impecable elegancia de su imagen. Cuando revisaba los números, se dio cuenta de que debería hacer recortes. Lo único hacer era decidir entre despedir a más personal o cancelar uno de los pocos proyectos que aun seguían vigentes.

En ese momento, se oyeron en par de golpecitos en la puerta. Miya reconocía la forma delicada de tocar la puerta, eran de su secretaria, Honami. Y, por lo general, cuando ella llamaba a su oficina, tenia una buena razón para hacerlo.

Miya recupero su porte antes de decir: "Adelante".

Honami, paso adelante, con su central de datos en sus manos.

"Shiba-sama, Grup Schüttelfrost nos envió un mensaje: una invitación para usted y Tatsurou-sama para una cena de negocios. Por lo visto, están interesados en hacer una inversión con nosotros."

¿Ellos?

Era un secreto a voces que Grup Schüttelfrost era una firma creada por el Ministerio de Magia Alemana para hacer negocios no anunciado al publico con compañías de otros países. Miya considero apresuradamente el riesgo y la ganancia: más allá que japoneses tuvieran una mala disposición con los socios extranjeros, el Ministerio no presumía de la mejor reputación, especialmente por su director, sin embargo, aun tenían tanto oro como el rey Midas.

Para ella la abrupta aparición de ellos había sido un balde de agua fría, al mismo tiempo que, talvez, era su mejor oportunidad para corregir el rumbo de FLT,

"Shiba-sama."

Miya miro a su guardiana. "Diles que haya estaremos".

"Emm, pero Shiba-sama, hay algo más. Una nota sobre la etiqueta de esta reunión: dice que lleve algo sexy."


Ese siguiente viernes, Miya fue a un restaurante de alta clase que había sido comprado por una noche, solo para esta reunión.

Solo había tres personas en el salón principal, acompañándola Miya, estaba su "esposo", a quien había sacado a pasear, junto con Honami, que estaba sentada unas mesas atrás.

El lugar en cuestión resultó conveniente: estaba cerca de su casa.

Los esposos, solo en papel, estaban sentados en una mesa redonda, cubierta por un mantel blanco.

Miya llevaba el cabello suelto, los labios pintados en roja coral y delineador negro alrededor de las ojos; involuntariamente obedeció la nota, llevando algo sexy: un vestido negro y de mangas; pero lo suficientemente ajustado como para resaltar su trasero y sus pechos redondos y generosos, claro, todo esto en el marco del buen gusto. La falda que cubría su trasero inflado, también caía hasta el final de sus largas piernas, en sus tobillos, arriba de sus tacones bajos.

En cuanto a Tatsurou vestía un traje formal, con una camisa blanca, una corbata azul oscura y el resto en negro.

Si Miya no fuera una maestra en la etiqueta formal que se le había enseñado desde niña, probablemente estaría dando golpecitos con sus dedos sobre la mesa por la ansiedad de su espera. De todos modos, no sabia que esperar exactamente de estos socios Alemanes.

La arrogancia y el elitismo eran bien conocidos entre los Teutones, aun más la creencia de las castas mágicas de ser superiores. Desde la edad media, solo hacían negocios de mala gana con la nobleza y la realeza extranjera solo por ser prácticos. Para ellos, cualquiera nacido fuera de Alemania era un campesino. Los japoneses, a pesar de ser o haber sido aleados, no eran la excepción.

Posean riqueza, sangre azul, sean descendientes de Clanes mágicos o, incluso, las tres no eran más que campesinos de Asia a sus ojos.

"Buenas noches, Madam." Dijo una voz con tintes alemanes, que resonó en la cabeza de Miya. "¿Un ángel como tu tiene nombre?"

La Yotsuba observo unos ojos azules grisáceos, pero oscuros y helados igual que el mar ártico, que la desnudaban con la mirada. Quien la observaba era un hombre con la piel pálida como si no tuviera sangre corriendo por sus venas, vestido con traje negro con líneas blancas, se erguía sobre un 1.96 de estatura, mucho más alto que el promedio de los hombres Japonés como su "esposo". Aun que aparenta estar mediados de sus cincuenta, con el cabello medio canoso, había envejecido con elegancia.

Después de pensar su respuesta por más tiempo del que le gustaría admitir, Miya dijo: "Shiba Miya ..."

El alemán extendió su mano hacia el frente.

Cuando Miya correspondió su saludo, también confirmo que no era un muerto; un muerto no podría estar tan frío. El solo era un hombre con hielo en sus venas.

Espera. ¿Esta es la temperatura de un hombre?

"Es un placer. Soy Herr..."

"André Valerius ..." Miya completo de la oración.

"A sus servicios, Shiba Miya". André acerco la mano para darle un beso, con sus labios tan fríos como su mano. "Como siempre: mi sombra camina por delante de mi". Sonrió con sus labios blancos como un hueso.

La japonesa esperaba reunirse con un directivo de Grup Schüttelfrost, una firma dirigida por el Ministerio Alemán de Magia, no con André Valerius: El Presidente y Jefe Absoluto del Ministerio Alemán de Magia. Descendiente directo de la Casta Valerius, un linaje milenario, con orígenes en el antiguo Imperio Romano. André simplemente era un hombre que tenia a su disposición una riqueza asquerosa, un poder mágico surrealista que infundía un temible respeto y la longevidad lo suficiente como para llevar más años siendo El Ministro de las que Kudou Retsu había vivido.

Era un Elder entre los Elders.

A pasar de que se viera más joven, Miya recordaba que el mismo Kudou-kakka se refería a André como un anciano, en el sentido respetuoso de la palabra. Seria una vergüenza no conocer alguien con tanto poder, tan solo, en la comunidad magia internacional para un mago aristócrata, aún más para la primogénita del Yotsuba como Miya.

"Mucho gusto, Valerius-san. Soy Shiba Tatsurou."

"Es un gusto". André sonrió.

Miya ni siquiera se había dado cuenta del Japonés, con maletín en mano, que venia detrás de André.

"Hiraoka Hiroki. Igualmente, es un gusto." Se presento un hombre de cabello negro, con ojos verdes, de facciones y vestimenta parecidas a las de Tatsurou antes de tomar asiento en la mesa al igual que André.

"Si no les molesta." Dijo André. "Me gustaría ir directo a los negocios".

"Adelante". Dijo Miya. "Estamos muy interesados en esta asociación".

"TFL esta dando manotazos de ahogados." Hiroki miro sus uñas para ver si tenia mugre. "Y esta es la única oportunidad de salvarse".

"Eres una Madam demasiado hermosa y orgullosa para conocer el fracaso." André, de nueva cuenta, no hizo nada para ocultar que desnudaba a Miya con la mirada. "Y una Madam orgullosa que jamás aceptaría caridad. Así que te haré una propuesta indecente: dar servicios sexuales por un X tiempo a cambio de todo el dinero que necesitarías para cambiar el curso de TFL y mucho más."

¿C-Como se atreven?

Miya sentía que su estomago se iba voltear como un calcetín por la humillación, vergüenza y frustración que llegaban a lo más profundo de sus entrañas.

Hiroki saco unos papeles de su maletín. "Aquí esta el contrato."

André dio una sonrisa optimista. "Les daré tiempo para que lo lean y lo piensen mejor".

Dijo antes de irse a la vara del restaurante.

Desde la distancia, Honami sentía la atmosfera y podía leer el lenguaje corporal de su Señora. Por supuesto, pensó en ir para ver si todo estaba bien, pero la idea se desvaneció en su mente. Sabia que su Señora era más que capas de manejar una negociación difícil y que ella solo seria un estorbo.

Por su lado, a Miya le había vuelto a caer otro balde de agua fría, estaba tan impactada que parecía que el mundo daba vueltas. Era inconcebible, surrealista que una Yotsuba: prácticamente un miembro de la realeza mágica de Japón se forzada a tener sexo, como si fuera ganado. Aunque fuera por un dinero exagerado, eso seria escupir en al nombre de Yotsuba y de su legado; pero ya no dependía de ella.

¿Cuáles son las otras opciones? Hundirse junto con TFL y quedar en vergüenza enfrente de todos los Yotsubas. Era un tormento imaginarse su próxima reunión en la villa: la "familia" murmurando sobre su fracaso desde las esquinas y, en especial, el gusto en los ojos de la cabeza del Clan.

No. Miya no les daría ese gusto, en especial a su hermana.

Las palabras de Hiroki fueron claras.

La única oportunidad ...

"Miya, sabes que ellos tienen razón". Dijo Tatsurou, con un tono seco.

La Yotsuba alzo la mirada para ver a su "esposo". "Si, lo se."

Miya miro el contrato sobre la mesa. Aunque aun esta aturdida, pudo notar que todo parecía estar en orden: era un documento legal y valido.

"Ve decirle a Honami que no regresare con ustedes". Miya se paro y camino en dirección a sus "socios".

El único sonido en el gran salón vacío fueron los tacones bajos caminando mientras, que Honami la miraba desde el asiento en su propia mesa.

"Tan rápido, Madam. Y, ¿que decidiste?" Dijo André.

La Yotsuba tomo una bebida que estaba en la barra de un sorbo antes de sentarse.

"Necesito su palabra de que este será un acuerdo confidencial".

"Le doy mi palabra como miembro de la casta Valerius y Director del Ministerio Alemán de Magia, que así lo será".

Miya pensó en lo que había aceptado. un soplido de aire helado enfrío su corazón y hizo que se contrajera, sus pezones se pusieron duros, de no ser por su sostén serían visibles. Mientras caminaba hacia la puerta, aturdida por la humillación y algo más, tuvo que luchar para no resbalarse en sus tacones bajos.

Cuando Honami veía a su señora salir por la puerta, acompañada por el hombre desconocido, se levanto con la intención de seguirlos

"Espera, Honami. Miya quiere ir sola, con su nuevo socio". Tatsurou dijo sonriendo. A pesar de que la compañía en la que trabaja aun no había salido de números rojos, disfrutaba viendo como su "esposa" se humillaba.

"Tiene un buen trasero". Murmuro Hiroki mientras miraba el trasero de Miya al salir por la puerta. "Esa perra va a pasar un largo fin de semana".


Después de salir del restaurante, Miya y André subieron a la parte de atrás de una limusina negra. La Yotsuba no se molesto en preguntar a que hotel la llevaría.

El viaje fue más rápido de lo que ella esperaba, tal vez por estar sumergida en su propia cabeza. Cuando llegaron, la puerta del auto se abrió y Miya miro la entrada de su casa.

"¿Que significa esto?" Pregunto.

"Es tu casa". Respondió André. "Supuse que en este lugar te sentirías más cómoda, Madam".

Miya frunció el seño. La simple idea de que un hombre desconocido invadiera su casa y la follara era aun más degradante que ser follada en un callejón como una perra callejera o una prostituta barata.

"No me parece justo." Miya dijo. "Nunca acordamos eso en el trato."

"Tiene razón. Nunca acordamos que seria justo". Dijo André. "Pero, sin embargo, ¿eso importa?, si yo pongo el dinero también pongo las condiciones."

Miya entero las uñas en sus palmas. Por más humillante que fuera, sabia que el tenia razón, ya no podía hacer nada.

André agarro el muslo de la Yotsuba. "Madam, relajese y disfrútelo".


André y Miya fueron directamente a la habitación principal. André se quito el saco de su traje para ponerlo sobre la cama antes de sentarse. Mientras tanto, la Yotsuba llamo por teléfono para pedirles a su Guardiana que ella y Tatsurou no vinieran a la casa esa noche. Miya colgó la llamada, antes de que Honami le pudiera hacer alguna pregunta y puso el teléfono en la cómoda.

Ella lo hizo, prácticamente se vendió a el. Se entrego para ser su juguete desde esta noche hasta que el quisiera.

Si la mirada de André había sido descarada en el restaurante, ahora la observaba como un pedazo de carne: de arriba a bajo mientras inspeccionaba cada curva.

No sabía si era delirios o calentura, pero, por alguna razón, con la mirada obscena y posesiva sobre su cuerpo, Miya volvió a sentir ese calor en su entrepierna.

"Espero que lleves algo sexy de bajo." Decía André mientras se pegaba por detrás y le respiraba en el cuello. Puso sus manos en el sierra del vestido y lo bajo desde el cuello de Miya hasta su espalda baja, cerca de su gran trasero. "Quítate el vestido".

Su corazón empezó apretarse con más fuerza cuando Miya, con un movimiento de sus manos, deslizo sus hombros claros por el vestido, haciendo que cayera hasta sus pies. Su esbelto cuerpo estaba expuesto a ante el mundo, con su piel clara y fina, solamente vestida con su ropa interior de encaje, medias negras y sus tacones bajos.

Nuevamente, Miya sintió ese vértigo que hacia temblar sus piernas y que casi la hace caer, pero ella no estaba dispuesta a dejar que la vieran dominada.

Miya estaba fuera de su terreno y sabia que los bellos largos en su vagina no ayudarían; pero se negaba a ser dócil. "Sabes que hay países que fueron erradicados por algo parecido a lo que tu quieres hacer ahora." Dijo, con tono elegante, pero filoso; mientras desabrochaba su sostén.

"Entonces, debería hacer que esto valga toda la pena". Dijo André antes de que una de sus manos blancas y frías la agarrara de las caderas y la otra se metiera entre sus muslos.

Miya casi chillo cuando era alzada y puesta sobre la cómoda.

André tomo las bragas de encaje y las tiro hacia adelante. "Abre las piernas".

La Yotsuba no entendía por que el quería hacer eso, pero obedeció abriendo las piernas de lado a lado y dejando expuesto su lugar más sagrado. Su vagina estaba empapada y choreando jugos calientes en lo profundo de ella. El calor que la atormentaba se encendía como nunca, desde su clítoris hasta su matriz.

André paso su lengua por los pliegues. Metió uno de sus dedos largos y delgados en lo profundo del coño, a la ves que su lengua jugaba con la vulva hinchada: acariciándola de lado a lado y aplastándola.

Esto ya no era un balde de agua fría, era un bloque de hielo que caía sobre una caldera hirviente. Sintiendo las fibras ásperas de la lengua contra su vulva, las placenteras cosquillas creció y creció hasta que Miya tuvo su primer orgasmo sobre el mueble.

El Germano tenia su parte más intima en su boca y era su dueño.

Miya, aun que no lo digiera, era la mejor de todas las lenguas que había tenido. Cuando era una chica adolescente tuvo algunas relaciones. A pesar de que tenia que seguir siendo virgen para tener un matrimonio acordaro, eso no fue impedimento para haber tenido sexo oral con varios de sus compañeros de preparatoria y universidad. Sin embargo, con ninguno de esos mocosos tuvo que apretar sus labios para no gemir locamente.

Después de todo, hay un mundo de diferencia entre un niño y un hombre.

"Emm." En poco tiempo, Miya volvió a llegar al orgasmo. Y tuvo que reprimir la necesidad de abrazar la cabeza con sus piernas. La Yotsuba no sabia que esperar cuando André metió su pulgar, su grueso pulgar, en su ano. Ella nunca había tenido algo allí.

André metió su tercer dedo en ella: su dedo medio hasta al fondo del coño antes de volver a la superficie para abrir los labios vaginales, extendiendo las dedos en una V, de victoria, para lamer mejor el clítoris.

Todo la habitación olía sexo debidos las fluidos que fretaba al coño y que André gustosamente tragaba. La espera lengua volvía rosar vulva. Miya abrió las piernas la más que podo sintió la electricidad entre sus piernas, y que subía por su espalda, Al mismo tiempo que se corrió en una cadena de orgasmos.

"Aaaaaaaaaaah".

André saco la nariz de entre las piernas abiertas de Miya mientras ella aun jadeaba, con los ojos cerrados.

El saco los dedos para lamer su dedo índice, pero cuando noto que ella lo miraba desde abajo, le ofreció uno. "¿Quieres?"

Miya metió el dedo índice en su boca, cubierto de sus jugos vaginales, para lamerlo con su lengua. Ella casi gime antes de abrir las ojos y darse cuenta de lo que estaba haciendo.

"¿Quieres probar algo un poco más grande que mis dedos?" André Dijo. "Arriba, Madam. Solo estamos empezando".

Ella se bajo de la cómoda, dejando atrás un charco de filudos vaginales. André puso su mano en su cabeza para que se arrodillara en el piso de la habitación y alineo la cara de Miya contra su gigantesca polla dura, aun en sus pantalones.

Arrodillarse era algo vergonzoso e incomodos para la Yotsuba: Miya no estaba acostumbrada tener su peso sobre sus rodillas.

Cuando ella miro el gran eje, puso la expresión de una niña nerviosa,

"¿Que? No me digas que nunca has mamado una polla." Dijo André.

"Claro que si. ¿Con quien crees que estas hablando?" Dijo, sin pensar bien su respuesta.

"Tranquila. No te juzgare demasiado duro por la primera mamada. Se que conmigo las mujeres necesitan tiempo para aclimatarse."

Después de sentir como su orgullo era pisado, otra vez, ella tomo en su mano la polla por debajo de la tela del pantalón. Lo acerco a su cara para comenzar a darle besos y caricias mientras subía lentamente por la polla. La espada germana era más fría que las manos. Con sus labios podía sentir en el cilindro grueso y venosos, como hecha de hielo. Por otro lado, Miya siguió lentamente, recordaba que este truco le encantaba a sus compañeros de escuela y hacia que se vinieran rápido. No es que ella quisiera que el lo disfrutara, pero pensó que mientras más rápido se corra, más rápido terminara esto.

El cinturón tintineo al mismo tiempo que lo desabrocho. Miya jalo el pantalón hacia bajo, la polla reboto, dándole una bofetada.

"Jaja." André rio entre dientes.

Por su lado, la vergüenza de Miya se volvió asombro cuando miro la hombría de 36 CM de largo, con una pulgada y media de circunferencia, venas marcadas y pelotas como bolas de villar.

¡Es tan ... tan grande!

¡La mejor polla que había visto en todo su vida! Ella podía jurar que era mucho más grande que la de su esposo.

Miya no perdió más el tiempo, agarro la polla, con su olor perforar. Le dio un beso en la cabeza con sus finos labios.

Metió la gruesa cabeza en su boca y la lamió: paso su lengua por un lado.

Cuando Miya sintió la textura escamosa en la gran polla, su caliente y desnudo coño casi suelta choros de lubricante en el piso. Metió la espada germana en su boca, que se lleno con menos de la mitad, y empezó ha mover su cabeza sobre la polla.

"¡Aaag aaag!" Después de un poco de meter y sacar, Miya se atraganto.

"Jaja, Madam, hablaste antes de tiempo. Pero no lo haces mal, pero parece que nunca te enseñaron en serio." André la instruyo. "¿Estas incomoda de rodillas?"

"Si."

"Ven. Acomódate como quieras".

Miya se paro a cuatro patas para apoyar su peso en sus manos.

"Agarra lo por la parte de arriba y lame las bolas".

"Emm Emm." Miya hacia sonidos obscenos al mismo tiempo que seguía las instrucciones.

"Ve subiendo mientras juegas con su lengua: pásala hacia arriba y sintió la piel de mi verga. Mírame a las ojos, abre las piernas para que pueda ver tu coño mientras te tocas." Dijo André antes de que Miya gimiera de gusto. "Oh si, nada mal. Tienes potencial para esto".

Miya se dejo llevar y obedeció sumisamente. Lamiendo la polla con gula, como su paleta de hielo favorita.

André se quito la camisa y la tiro a un lado. "Ah, relaja la garganta, como si bostezaras, para meter mi polla hasta el fondo".

Y así lo hizo la Joven Yotsuba, le dio una mamada mientras la sacaba y la metía en su garganta. Dar sexo oral al mismo tiempo que se masturbaba fue más agradable de lo que una parte de Miya esperaba. Después de moverse por unos minutos, bajo la velocidad.

André noto esto y clavo sus dedos en el cuero cabelludo para mover su cabeza. El falo se deslizaba hacia dentro, estirando las paredes húmedas de su garganta; literalmente le follaba la boca.

"¡Aaaag!"

"Mientras más te resistas, más difícil será, Madam".

Miya tenia lagrimas formándose en los alrededores de sus ojos. No sabia como su reflejo del vomito aun no se había activado, sin mencionar que la polla que entraba y salía de su garganta apenas la dejaba respirar. Afortunadamente para ella, André le lleno la boca con su semen Germánico. Por su lado, la semilla tenia un olor penetrante, que aturdía la mente de Miya.

"Trágalo todo".

Ella obedeció sin darse cuenta, pasando al caliente y espeso esperma por dentro de su garganta.

André puso la polla enfrente de su cara. Miya estaba demasiado abrumada como para pensar en lo que había hecho o lo que iba a hacer: empezó a lamer como un perro que reconoce a su nuevo amo. Cuando termino de limpiar el semen y sus fluidos vaginales que habían cubierto la espada alemana. André la jalo del cabello para levantarla y nuevamente la acomodo al gusto de su nuevo capricho, como si fuera una muñeca de trapo. Esta vez el esbelto cuerpo estaba sobre la cama, boca arriba.

"¡Aaah!" Miya chillo cuando André tomo sus tobillos delgados para levantarlos en el aire, a la altura de sus hombros. Abrió las piernas largas hacia cada lado, dejando a la vista la feminidad mojada de la Nipona.

El cuerpo de André era pálido y delgado, pero musculoso y tan alto como para hacer ver pequeño al cuerpo de la Yotsuba, aun más ahora que estaba sobre ella.

Miya se acostó sobré la cama, con sus brazos cruzado sobre sus pechos para cubrirlos. Aun no había tenido sexo real, pero su cuerpo estaba cubierto de sudor, haciendo que su piel blanca brillara como una perla. Algunas gotas se resbalaban desde su cuello delgado, entre sus prominentes pechos y por su abdomen plano para caer de su cuerpo hasta las sabanas de la cama.

Sin aviso, la espada germana se inserto en el mojado y estrecho coño. Miya soltó alarido salvajes, como un animal. Con menos de la mitad de la polla que había entrado en su cuerpo, ella ya casi se corría en el mejor orgasmo de su vida hasta ahora; pero la polla se detuvo justo cuando se topo con una pared: el himen de la Yotsuba virgen.

"Vaya vaya, tengo que darle más crédito a los japoneses. Le ponen atención a los detalles, los modales y costumbres como en los viejos tiempos." Una sonrisa torcida se formo entre los labios. "Dime, ¿si tus padres necesitaron tu virginidad y tu himen para acordar un matrimonio arreglado e infeliz con tu esposo, porque el no te a hecho el favor de romper esta cosa?"

"¿¡E-Em!? ... ¿¡T-Tu!? ¿¡Como sabes!?" La mente de Miya no podía ordenar un pensamiento claro, ni formar una respuesta a este nuevo giro. Que las paredes de su vagina caliente fueran abiertas por la polla tampoco ayudaban.

"Ja, en ese caso, Madam, ¿cuál es tu nombre de soltera?"

"¿Para que quieres saberlo?" Con las piernas aun colgando en el aire, Miya, a duras penas, logro responder sin babear ni aullar por la mitad de polla que estaba acomodándose en ella.

"Para conocernos mejor."

"Yotsuba Miya, primogénita del Yotsuba, pero tu ya lo sabias".

"Si. Yotsuba Miya es un hermoso nombre." André declaro. "¿Que tal esto?, cuando este conmigo serás Yotsuba Miya; pero el resto del tiempo serás Shiba Miya. No quiero compartir mujer con el alfeñique de tu esposo y, para ti, podrás sentirte libre de responsabilidades por cualquier cosa que hagamos juntos." No espero respuesta alguna antes de embestir dentro, desgarrando el himen, como lo demostraba la sangre que salía de su vagina hacia las sabanas blancas.

"¡Aaag!" Miya gimió mientras se corría tan solo por tener la polla entera dentro de ella. Su cuerpo se retorcía inquietamente desde abajo de André.

Ese balde de agua se había convertido en una estalactita de hielo duro, filoso y largo; que se clavaba en su interior. Una y otra ves, la gran espada Alemana embestía a la pequeña funda japonesa. El coño de Miya era tan caliente y ajustado que se aferraba la polla como metal al rojo vivo a un tornillo recién remachado. André apoyo su peso en cada embestida para llegar hasta el fondo de su útero y llenarlo con su polla, y siempre frotándose con la roja y hinchada vulva. Del coño Yotsuba escurrían fluidos. Los pliegues se ceñían y se retorcían alrededor de la polla.

Miya gimió sin más disimulo mientras se corrió en otra serie de orgasmos encadenados. Un charco de sus propios fluidos se formo debajo de ella. Nunca había sentido algo como esto: una polla Alemana que reacomodaba sus entrañas y la volvía una perra en celo, como ninguna otra pequeña polla japonesa pudiera hacerlo.

Los pezones de Miya sintieron un soplido frio, que apareció en la habitación. Sin embargo, estaba tan perdida en su salvaje frenesí que no se dio cuenta de su origen: André había soltado una de sus piernas para llamar partículas psión que acumulo en su mano. Una marca, que recordaría a una especie de tatuaje tribal, en la muñeca derecha, resplandecía en azul oscuro, era el método de activación tradicional de la magia de la Casta Valerius; que incluso podía ser más rápida que el método moderno.

"Abracadabra." Dijo André, mirando su obra terminada: una polla de hielo, imitación detallada de sus propia falo, desde las venas marcadas hasta el prepucio; pero en donde debían estar los testículos estaban una empuñadura alargada y decorada, como la espada de un noble.

Sin timidez presiono el hielo contra la entrada del ano caliente de la joven Yotsuba, metiendo lentamente la cabeza. El orificio anal se contrajo por el objeto redondo y frío que estaba a medio meter en ella y que saludaba a su interior. Apretó los dedos de sus pies cuando André, con un movimiento hacia bajo de sus manos, deslizo su fría creación por las profundidades de su ano.

Podía sentir el frio que se esparcía por los anillos de su ano, sus entrañas y hasta los pliegues de su vagina. El Alemán, sin sacar su polla real, le dio media vuelta a Miya, ella mordió sus labios mientras sentía como su interior giraba alrededor de los dos falos. El Ministro paso una pierna de Miya arriba de su hombro y se puso sobre la otra pierna para tener mejor acceso a su coño.

André retorció su falo de hielo a lo largo del ano mientras aplastaba el útero con sus embestidas, moldeaba su funda de carne nipona a la forma de su polla.

Miya se retorcía de un orgasmo en otro, a la vez que apretaba las sabanas en sus puños. No podía pensar nada, su mente se estaba poniendo en blanco y sus ojos nublados. Tenia que hacer un esfuerzo para no volverse loca.

"Tu coño vale cualquier fortuna," Dijo André. Su polla se frotaba una vez más con los pliegues del coño de Miya antes de estallara dentro de ella. Por otro lado, la Yotsuba arqueo su espalda mientras se corría de nuevo por el semen Alemán de alta clase que llenaba sus entrañas.

Su interior estaba hecho un desastre, tanto en su cuerpo como en su mente.

Ella estaba abatida, en un charco de su propio sudor, fluidos vaginales y sangre virgen mescladas con semen Alemán. Su respiración era pesada y errática. Pero, antes de que pudiera recuperarse, André la agarro de la muñeca y del cabello para levantarla. "Aun no te he dicho que puedes descansar".

Miya, con sus pasos torpes y sus piernas que no le respondían, camino para llegar a un lado, en donde estaba la ventana de la habitación.

Se arrodillo para limpiar la polla cubierta de semen, fluidos vaginales y los restos de su sangre antes de que André la parara para meter su polla adentro.

Con un pequeño hechizo, las cortinas se abrieron de lado a lado para dar una vista al mundo exterior. La pareja sintió una brisa de aire fresco. La calle estaba vacía, pero, con la ventana abierta, cualquiera que mirada hacia allí podía ver a Miya desnuda y jadiando mientras era folllada.

"¡Ah! ¿¡Que estas haciendo!?"

"¿Que parece?"

El coño se retorció y se apretó alrededor de la polla cuando la ventana se abrió. André tomo las caderas de Miya en sus manos y siguió perforando su aun más apretado coño. El embestía ese coño como si le perteneciera, como lo que era, como su juguete favorito. La Yotsuba se sacudía con cada nueva embestida. Los hilos de fluidos vaginal y del falo de hielo, que se estaba derritiendo en su culo, caían por sus piernas.

"Aaaaaaaaaah". El largo cabello de Miya estaba empapado en su sudor, despeinado y desacomodado hacia todas las dirección. Ella se agarraba al marco de la ventana mientras esperaba que sus gemidos no fueran demasiado ruidosos. Su coño no paraba de chorear por la polla que, vez tras vez, abría su coño apretado. El pecaminoso placer volvía crecer dentro de ella, pero cuando ella estaba apunto de volver a correrse las embestidas se detuvieron

"¿Por que te detienes?"

"¿A quien te vendiste?, dilo en voz alta, Madam." André le dio una nalgada en el trasero carnoso.

"! Aaah!" Miya chillo. "¡A ti, me vendí a ti!".

"¿A quien le perteneces?"

"! A ti, soy tuya¡ Soy tu puta. Por favor, quiero ser usada como vertedero de tu semen superior al de mi esposo." Miya lo admitía, en lo profundo de su corazón sabia que se había vuelto la mascota obediente de la dura y larga polla Alemana que recorría toda su vagina.

André embistió contra el útero de Miya, con la bravura de un torro contra un torrero, haciendo que la Yotsuba se corriera. Su mente estaba hecha un torbellino. Sus pechos claros y generosos rebotaban con cada embestida. Sus piernas temblorosas se acalambraron y no le respondieron. De no ser por que André la sostenía de las caderas mientras ella se agarra al marco de la puerta, hubiera caído como una muñeca de tela. Dentro de ella, la larga polla entra y salía de su cuello uterino para chocar contra sus entrañas hasta que disparo otra carga de semen de clase alta adentro de su útero. Parecía que cada ronda era más abundante y espesa.

"¡Aaaag!" Miya se corrió y se corrió fuerte. La polla alemana salió de ella para junto con una parte del semen y las fluidos de su coño. "Oh, mi jodido dios."

Estaba abrumada. Miya, con su respiración errática, intento ponerse de pie, pero termino con su trasero contra el falo de hielo y su espalda en el pecho del hombre que la sostenía.

"¿Estas cansada? porque nuestra noche apenas inicia." André tomo en sus manos los pechos exuberantes antes de retorcer los pezones. "Te dije que iba hacer que esto valga la pena, Madam."

Como André había prometido, cumplió su promesa: penetro, perforo y profano los hoyos de Miya. Ella seria usada sin descanso. Gemiría y jadearía mientras su boca estuviera libre. En algún punto se había activado un botón para convertirla en una muñeca para follar.

Miya se rebajo de ser una señora intachable de la alta sociedad, casi el máximo estatus para una mujer, a venderse para ser un juguete sexual, la novedad recién comprada, con quien André jugaría como querría por toda esta noche y más. Había perdido la noción del tiempo, pero cuando se detuvieron, el sol estaba empezando a salir. En la habitación, aun seguía el perfume des sexo en el aire.

Mientras que Tatsurou disfruto pasar el fin de semana en el departamento de su amante, Furuha Sayuri, Miya despertó siendo follada rudamente, como lo seria el resto del día, en la tarde, a la ahora de comer y a la hora de bañarse juntos, también cuando iban a dormir y en la mañana cuando despertó. No había lugar del departamento donde no tenga recuerdos de André profanándola, ya sea en la cocina, en la sala, en el baño, las escaleras, los pasillos, en la cama de su esposo y, mucho menos, en su cama. Lo último que Miya recuerda era, que la noche del domingo, fue a dormir acostada sobre un charco de sudor espeso, semen viscoso y fluidos vaginales.


En poco tiempo, FTL estaba teniendo su resurgir, con el Subsidio de Grup Schüttelfrost y unos pocos proyectos, pero muy exitosos. Las oraciones de Miya habían sido escuchadas. No seria humillada enfrente de su hermana, su imagen como mujer orgullosa estaba limpia por lo menos en público, era lo que Miya se repetía para sus adentros.

Honami, la guardiana y secretaria, le hablo a su señora, por medio del intercomunicador.

"Valerius-san acaba de venir y esta subiendo a su oficina, Shiba-sama."

Durante este tiempo, las visitas de André se habían vuelto regulares, sin avisar ni pedir permiso, ya sean en su casa o en el trabajo. Ella entendía que seguía en esta posición: el que pone el dinero pone las condiciones. Después de todo, le pagaba para ser una puta, su puta, sin importar ahora o lugar.

El Ministro se sentó sobre una silla mientras tenia apoyada una mano en su nuca para usarla como almohada. Bajo su otra mano para acariciar un mechón de cabello largo y negro. Miya se había quitado su saco y su blusa, quedando en topless, a la vez que chupaba la polla de André desde abajo de su escritorio. Ella lamia las lados de la polla mientras se masturbaba como le habían enseñado. Beso la cabeza y paso su lengua por la parte de atrás.

André pellizco una parte del trasero prominente de Miya, que esta apretando contra la falda negra, haciéndolo lucir más regordete y sexy, mientras ella estaba sentada sobre sus tobillos.

"Emm." Miya chillo. Sentía la humedad entre sus piernas, se había quitado su blusa para no mancharse, pero no contaba con esto. Tomo una aspiración lo más profunda que pudo. Había aceptado ser el juguete de André, sin embargo no había aceptado perder el juego. Agarro la polla y la trago hasta que su barbilla estaba en los grandes huevos Alemanes, lo saco casi todo y repitió el proceso, recientemente le había quitado el oxido a su técnica y la expandió en gran medida.

André disparo una ronda de semen en la boca de Miya, que ella tragaría de inmediato.

"Y bueno." André dijo. "¿Tienes planes para este fin de semana, Madam?"

"¿Em? No." Miya respondió cordialmente, pero la lujuria estaba a nada de volver a controlarla. Sentía el calor entre sus piernas mientras frotaba sus muslos entre ellos. "¿Porque la pregunta?"

"Fui invitado a una fiesta en Okinawa. Y no conozco a otras mujeres en este país."

Antes de que Miya respondiera, André la jalo del cabello. La Yotsuba se puso de pie y, sin pensarlo, se sentó en su escritorio, subió los pies, las piernas envueltas en medias negras se extendieron de lado a lado, dejando su coño a al frente de su socio. Por su lado, André levanto la falda, para revelar el coño en celo, caliente, chorreante y perfectamente afeitado, como el lo pidió.

"Esto es arriesgado" Miya dijo. "¿Que pasara con la reputación del Presidente del Ministerio Mágico si alguien descubriera que me follas en mi oficina?"

"Tus labios llaman a la prudencia." André sujeto las caderas de Miya. "Tus otros labios llaman al libertinaje." Dijo antes de entrar en ella rudamente.


Cerca de la playa de Okinawa, los brillos de una mansión blanca resplandecían en la noche. Dentro de la gran sala de estar y el jardín delantero había varios hombres de mediana edad en trajes formales, que iban acompañados de mujeres bellas, de la mitad de sus edades, con cuerpos voluptuosos, que modelaban costosos vestidos de diseñador.

Las campesinas no están mal, pero tengo una Madam de la alta clase, que hace lo que todas ellas y mejor, André admitió mientras entraba con su invitada del brazo. El Ministro Alemán era el único extranjero en la fiesta, pero quien se llevaba la atención era su invitada.

La Yotsuba llevaba su cabello ondulado suelto para que callera sobre su espalda, junto con un vestido escandaloso: sin mangas, hecho de ceda verde turquesa, tan delgada que su ropa interior se marcaría si la llevara puesta, con el escote caído que acentuaba sus grandes tetas, en la falda larga había una abertura que acentuaba sus largas piernas hasta casi llegar a la ingle. Usaba tacones verdes de aguja, de 20 centímetros. Además de los aretes de aro, de oro puro, pulseras doradas en ambas muñecas, con esmeraldas alrededor, y una gargantilla de oro con piedras verdes. Miya brillaba más con el juego de de oro y hojas, regalados por André, acentuaban su posición como el juguete más caro.

La pareja se detuvo enfrente de un hombre de poco más de 80 años, con su cabello totalmente blanco.

"Vaya, Niño, mucho tiempo sin verte. Me gusta tu casa de verano." Dijo André mientras le daba un apretón de manos. Noto el reloj plateado en su brazo. "Y tu nuevo juguete es hermoso y brillante."

"Eso mismo te iba decir", respondió. "Y, ¿cual es el nombre de la nueva Madam en tu brazo?"

"llámeme Miya."

"Teshigawara Yasutaka. Es un gusto."

"El gusto es mío, Tashigawara-san."

Después de la breve conversación, Miya fue abordada por otros invitados. Pero No era su primera fiesta, todo lo contrario: desde niña a estado en la obligación de aprender y actuar el papel de invitada elocuente y sumisa como primogénita del Yotsuba. Esas enseñanzas rigurosas por parte de su madre, Yotsuba Abe, le servían para enmascarar sus deseos obscenos de libertinaje. Cuando ella respiro fuera de su papel se dio cuenta de que André estaba mirando el trasero de una chica de cabello castaño y vestido dorado, que estaba hablando con otra chica.

Miya dio un gruñido que se quedo en su boca,

¿Por que a ella?

"¿Cariño, estas ocupado?" Dijo Miya

"No para ti." André agarro de la mano para llevarla a algún lado. "Ven, hay algo que quiero mostrarte."

Mientras que los demás estaban sus asuntos, ellos se calaron hacia un cuarto pequeño, con una cama igualmente modesta, que debió haber sido una de los tantos cuartos de huéspedes.

"¿Que estas haciendo?" Dijo Miya.

"Me dieron ganas de divertirme contigo." André metió su mano en la apertura de la falda, acariciando su muslo y fue subiendo. De inmediato el coño empezó a humedecerse. Metió sus dedos en el coño para acariciar la vulva entre su índice y su dedo medio. "Se que también quieres, estas más mojada que el mar."

Las largas piernas de Miya temblaron sobre sus tacones. Era obvio que iba a ser follaba. Sus ojos tomaron un tono nublado. Una parte sabia que esta era una indecencia, pero no seria la primera vez.

Por su parte, André acerco su cabeza para besarla, metiendo su lengua en la boca de su Madam. Ella intento rodear su lengua con la suya; pero El Alemán aplasto su lengua, con la suya, dominándola totalmente. Metió su mano en el escote en V para acariciar los pechos inflados. Y saco los dedos del coño para acercarlos a los labios finos y pintados. Antes que digiera algo, Miya lamio las dedos, enroscando su lengua entre ellos mientras desabrochaba el cinturón del pantalón.

"Es por eso que me encantas, somos tan compatibles." Dijo André mientras seguía retorciendo sus pechos. "Sabes lo que quiero antes que lo diga."

Miya se dio la vuelta, apoyo sus manos en la pared, a la vez que curvaba su espalda para sacar su trasero. Su corazón latía con anticipación. André no dudo en olisquear ese pálido cuello. Subió la falda del vestido de Miya hasta sus cintura para dejar al indefenso coño a su vista. Los hilos calientes caían por sus piernas. La parte superior de su eje entro, estirando las redes vaginales. El coño se había vuelto mucho más flexible, es decir: tomo la forma de su polla, pero cuando André metió el resto de su carne, las paredes se ciñeron a su polla, que metía y sacaba mientras, besaba el cuello de la Yotsuba.

"¿Por que siempre la metes con tanta fuerza?" Miya pregunto.

"Tu coño succiona mi cabeza cuando voy para dentro, es como si suplicara por mi." André dijo mientras retorcía sus pezones rosados.

Ella soltó un gemido que fue silenciado en otro beso. Podía sentir como el coño lo chupaba con el mismo entusiasmo que lo haría su boca. Por el otro lado, Los pliegues del coño se frotaban cada ves que entraba, era como una descarga eléctrica constante.

A la ves que Miya se perdía en el gallo que la jodía, André extendió su mano y, acto siguiente, se materializaron un par de cubos de hielo, tan translucidos como diamantes y con los bordes lisos, acompañados de un soplidos frío, antes de que los presionara contra la entrara anal.

La sensación fría no se hizo esperar, era una invasión helada y a la vez un liberador beso en su parte más intima. Unos de las hielos se froto contra la entrara. El cubo se hundió por completo en el ano de Miya, haciendo que su recto, y incluso su vagina, se contragirar. Sus ceñidas entrañas se ajustaron aun más cuando André metió el otro cubo.

"Aag." Cuando Miya se corrió, unos gemidos reprimidos salieron de su boca. No sabia que tan cerca podían estar los otros invitados, pero esperaba que no la hayan escuchado.

André continuo deslizándose contra la caverna húmeda y cada uno de los apretados a anillos. Agarro uno de las tetas que se sacudían ritmo de sus envestidas para apretarla mientras besaba el cuello de Miya y pasaba su lengua por su piel y su gargantilla de oro.

El libertinaje y lujuria erupciono como un volcán adentro del útero de la Yotsuba. El rio caliente que fluía dentro de ella. De nuevo, las piernas de Miya se estremecieron sobre sus tacones. André la soltó para que ella se arrodillara en el piso y agarrara su polla, empezando a limpiarla, pasando su lengua por lo largo de su espada y chupando la cabeza.

"Aah." Miya dio un gemido de necesidad cuando André le quito la polla y se subió el pantalón. "¿Que? ... ¿Qué pasa?"

"Ven, ya es hora de irse." André la agarro para ayudarla a pararse.

Miya se levanto y se acomodo el vestido. "Pero si acabamos de llegar."

"Oh, Nunca dije que nos íbamos a quedar toda la noche en esta aburrida fiesta; pero me alegra que te haya gustado." Dijo André. "Ven, hay mejores lugares donde quiero llevarte a pasear."

Después de una despedida tan breve como el saludo con el señor Teshigawara, la pareja se fue.


La marea golpeaba una y otra vez la costa arenosa de alguna playa. Bajo la luz de la luna, los tacones altos y el vestido verde estaban tirados sobre la arena blanca. Por su lado, Las piernas de Miya se aferraban a la cintura de André, que la sostenía por su trasero regordete, mientras se escondían detrás de una pared de roca.

Con la gravedad a favor, la polla se hundía hasta lo más profundo, haciendo que la Yotsuba se derritiera. Por supuesto, Miya se abrazaba apasionadamente con el Alemán mientras el la follaba.

Follar en la playa: un sueño romántico y lujurioso hecho realidad, ¿no? Sin importar si son descubiertos, solo guiarse por sus instintos, follando como perros callejeros.

El sudor comenzaba escurrirse por el cuerpo de Miya, haciendo que la luz de la luna llena se reflejara en su piel. Sus piernas y sus pechos resplandecían como la parla más preciosa. Mientras tanto, André no tenia ningún problema en apretar el trasero firme, o pellizcarlo con sus delgados dedos, y dejar algunos chupetones y mordiscos más en la colección que Miya tenia en su cuello.

Adentro de ella, sus entrañas se dilataban y se abrían de nuevo para hacerse a la forma de esta polla. Ella sentía como llegaba hasta el fondo des su útero, cada ves que André la alzaba por el trasero para hacer que la espada se deslizara hasta su matriz. Después de unos segundos, ya sabia lo que venia, estaba lista para correrse. Pero, de repente, las penetraciones se detuvieron.

"¿¡Q-Que!? ¿¡Que ocurre!? ¡Sigamos! ¡Sígame follando!"

"Te ves linda cuando estas ansiosa." dijo, "Si me suplicas un poco más tal ves continuemos."

"!Por favor, Por favor, Valerius-sama, continúe follando mi vagina caliente de esta perra masoquista y adicta a su polla!" Decía la Yotsuba, suplicando y humillándose frenéticamente. "¡Soy un vertedero de semen! ¡Soy una inútil esclava de tu polla Alemana! ¡Por favor useme como la funda de carne para su polla que soy, Valerius-sama! ¡Por favor, follame!"

André estaba acostumbrado a que la gente se humillara ante el, pero particularmente esto, sin duda, le encanto: sentir que el coño de Miya apretaba más su polla, sus pliegues se calentaban como un horno y sus fluidos comenzaban a escurrirse libremente mientras se regaba y suplicaba para el.

El Ministro clavo sus dedos en el trasero regordete y la alzo para volver a clavarla en su polla, pero esta vez llego más profundo en ella.

"¡Aaaaaaaaag!" Miya se corrió de nuevo, su cuerpo se contrajo por el placer, dando un gemido.

Desde su abraso, André sentía como Miya se tensaba y su vagina se ceñía a su eje, Era divertido ver como su juguete reaccionaba a su toque. Por su puesto, que el no tendría piedad. Cuando Miya se estaba corriendo, la alzo para volver a dejarla caer, perforándola con más fuerza.

"¡Aaaa!" Las piernas, brazos y entrañas de Miya se aferraron más al Alemán.

La Yotsuba tuvo otro par de orgasmos frenéticos y, poco después, André disparo un mar de semen directo en el útero,

jadeante y empapada de su sudor, Miya desamarro sus piernas, cayendo el piso de arena. Sin embargo, ella agarro la polla y la lamio de arriba a bajo, limpiándolo de las restos de semen y de sus propios fluido vaginal.

"Chica échate. Acuéstate, rápido."

André le ordeno. Y, como si fuera una perra, Miya obedeció, con obediencia ejemplar para un perro, acostándose en el piso boca arriba, con las piernas abiertas.

André se sentó entre las piernas, paso sus dedos por uno de las muslos, cubiertos de arena y con su otra mano acaricio su abdomen bajo, a pocos centímetros de su Vagina.

"Si sigues siendo una chica buena, te doy a recompensar con la marca de mi casta, Madam."

Esa noche, Miya termino cubierto de arena y semen.

Por su parte, en los siguientes meses, André siguió follándola cuando quería, donde quería y como quería, bombeando litros de semen de la realeza Alemana en el pequeño coño de la Japonesa, para borrar cualquier resto o remanente Yotsuba y alzar la bandera de Valerius, junto con el cello de propiedad.

Mientras Miya fue tomando su lugar como un vertedero de semen, la mujer de alta clase fue retorcida y modelada hasta terminar como una sirvienta de la polla de André. Ella no lo vio como un problema. Todo lo contrario: a sus ojos, André Valerius era el pináculo, tanto entre los hombres como entre los magos. Después de todo, no era por eso que los Yotsuba eran de clase alta desde un inicio. Se adora la fuerza por que es la ley del universo.

Ahora que lo sabia, tenia un profundo arrepentimiento por no haberlo reconocido desde un inicio y no haberle dado el decoro y la aprensión que merecía. Si el lo hubiera dicho, Miya no hubiera tenido ninguna moderación en pedir disculpas, apoyándose sobre sus cuatro patas mientras baja la cabeza y besaba el piso por el que el camina; pero Valerius-sama era un Kaiser piadoso.

Yotsuba o no, ella era una campesina de Asia y el era un Kaiser Germano, lo que debía hacer era someterse y orar para servirle lo mejor que pudiera, con sus facultades limitadas


Cuando el financiamiento de Grup Schüttelfrost termino, TLC ya se había salvado de la quiebra hace mucho, pero el suministro de semen y sexo duro para los hoyos de Miya había continuado sin ningún problema. El deseo de que esto nunca acabara salió de lo más profundo de su corazón. Sin embargo, André le dijo que tenia que regresar a Alemania por un tiempo.

Durante este año Miya fue alcanzada por una densa nube gris, igual que por la llamado de su familia, que tanto tiempo había temido.

A su regreso, André entro caminando por puerta principal para toparse con una Yotsuba tan shockeada como la primera noche que se conocieron, pero esta vez con su bebe en brazos.

Miya le dio al recién nacido Tatsuba Shiba a Honami, para que ella lo llevara a su cuna en el segundo piso. Mientras tanto, André y ella se sentaron en e sillón de la sala.

"Y dime, Madam, ¿cuál de todos los gusanos embusteros tuvo la inconciencia de jugar con uno de mis juguetes cuando yo no estaba?"

El corazón de Miya latio en reversa a causa de volver a escuela la forma en la que la llamaba.

"Y-Yo. N-No es lo que. E-Esa cosa fue concebida por fertilización in vitro. Encubarlo y parirlo fue parte de mi deber con el Clan Yotsuba."

"Vaya, Vaya." André puso su mano en la barbilla de la Yotsuba.

"D-De verdad."

"Si, te creo. Una linda y adorable mascota como tu nunca me mentiría." Abrió la abertura del vestido de maternidad para dejar a la vista un par de tetas hinchados y rebosantes de dulce leche. André apretó uno de los pechos, haciéndola chillar y disparar un choro de leche materna desde un pezones rosados. "Tu hermanita tiene suerte de hoy este de buen humor. De todos modos, La Pequeña Mujerzuela de La Noche es tan insignificante que no se si perder mi tiempo, aclarándole que tu eres mi juguete o solo seguir follando con contigo."

"Por favor, tenga piedad de Otouto-san, Valerius-sama."

"Lo pensare después. Ahora levántate y quítate tu vestido, quiero ver mejor tus nuevas tetas."

Miya obedeció, sin dudar. Su vestido callo el suelo, dejando a la vista sus tetas más grandes, su embarazo no había hecho un gran cambio en su cuerpo, más allá de hacer más regordetes sus tetas y trasero. Su abdomen seguía plano. Y en su ingle, estaba un tatuaje azul oscuro parecido a un estilo tribal: era una V adentro de una corazón que a su ves estaba dentro de una V más grande. Las puntas de la V se extendían por arriba de la vagina de Miya, en la zona donde debían estar sus trompas de Falopio.

"Uh, ¿qué abren pensado los médicos cuando vieron esto en tus caderas?"

"No lo se, solo me miraron confundidos." Decía Miya mientras se sentaba sobre el Ministro con piernas abiertas.

"Sabes, aun estoy celoso de que el semen de otro te impregnara." Decía André a la vez que acariciaba la marca de su casta. "Esta vagina solo debería recibir semen Alemán, esta matriz solo debería ser arada por semilla con genes superiores y este vientre solo debería llevar y parir a hijos dotados."

Para que fuera más fácil bombear galón tras galón de semen entre sus ovarios, de día y de noche, ella se mudo al penthouse de André. Honami, siguiendo su deber como guardiana, se mudo al armario de escobas. Después de todo, lo ultimo que supo de su "esposo" oficial fue que se mudo de forma permanente con su amante.

Una ves que Miya dejo de tomar la píldora, no paso mucho tiempo hasta que ella volviera a quedaren cinta. En unos meses, su vientre se inflo de nuevo y sus pechos se mantuvieron llenos de leche.


Un día, André invito a dos amigos a jugar con su juguete favorito.

"Follen su boca y su culo cuanto quieran, pero su vagina me pertenece."

Miya estaba completamente desnuda, arrodillara en el medio de la sala, con sus ojos violetas nublados y su vientre inflado a la vista mientras masturbaba las pollas de André y Hiroki Hiraoka, el directivo de Grup Schüttelfrost.

"Ven, Wolf." Dijo André. "Esto te va a gustar."

Miya, llena de anticipación, puso sus manos en el cinturón del hombre desconocido. Cuando ya lo había desabrochado, agarro la nueva polla grande y gruesa.

"¿Y los modales?" Dijo André. "No te vas a presentar, Madam"

"Mill disculpas. Mi nombre es Yotsuba Miya, soy una puta al servicio del honorable Presidente del Ministerio Mágico Alemán: Valerius-sama."

Se presento la primogénita del primer cabeza del Clan Yotsuba antes de chupar la polla del Alemán que estaba enfrente de ella. El, era mucho más grande que ella, era un coloso Germano, debía medir más de 2.15, pero era relativamente delgado, de cabello castaño, con ojos cafés claros, era caucásico, pero a diferencia de André, el si parecía que tenia sangre corriendo por sus venas, los rasgos en su cara era muy jóvenes, de poco más de veinte si es que a caso.

"Es un placer, Yotsuba. Mi nombre es Wolfgang Schwarzfeld." Se presento la nueva joven promesa de los inquisidores Alemanes mientras recibía una mamada.

Hiroki tomo a Miya de las caderas para sentarse en la mesa. Su polla grande, para ser japonés, se introdujo en su culo mientras ambos se costaron en la mesa.

André metió su polla entre las piernas abiertas. Y empezó embestir al mismo ritmo que Hiroki.

A pesar de que estaba más dilatada que nunca por el embarazo, sus entrañas se aferraban sobre ambas pollas. Y solo una fina membrana las separaba. Las dos pollas que golpeaban en su interior, ella se sentía tan llena, tan penetrada.

Miya estaba respirando entre jadeos, la abrumaban las manos que recorrían todo su cuerpo y hacían que su coño se retorcieran: Wolfgang tenia sus manos en su cabello mientras la obligaba a chupar su polla, los dedos de André estaban jugando con su vulva mientras embestía su interior y Hiroki apretó sus senos haciendo que la lecha materna se derramara por su cuerpo.

"Sabia que André te volvería su puta desde la primera noche, Yotsuba-san." Hiroki susurro al oído. "Solo una puta tiene un culo tan dilatado. ¿Te morías por que alguien te metiera la polla?"

"Oh, si." Miya dijo con su viejo tono elegante. "Que bueno que me la metiste por mi culo, de otra forma, nunca te sentiría, Hiraoka-san."

"Jaja."

"Jaja."

André y Wolfgang rieron.

Hiroki gruño entre dientes.

Y Miya sonrió antes que tomaran su cabeza, que colgaba sobre la mesa, para follar su garganta.

De nueva cuenta, Hiroki la tomo por las caderas y empezó embestir su culo a un ritmo frenético. Por su lado, André siguió su ejemplo, usándola con más fuerza.

El cuerpo de Miya temblaba como gelatina, igual que su vientre embarazado. Sus entrañas estaban a la máxima capacidad. Casi juraría que la marca en su ingle estaba brillando mientras su hinchado clítoris comenzó a fundirse y su mente se quedo en blanco.

"Aaassh, sih ah." Miya solo podía gemir incoherencias mientras se corría una ves tras otra por las tres pollas que la follaban.

Después de unos minutos, los tres disparan sus cargas viscosas adentro de cada hoyo.

"Aaaaaaaaaaaaaaaah" MIya gimió.

"Cambiemos de posición, ahora quero su culo." Dijo Wolf.

"Esta bien." Hiroki saco su polla y su semen se derramo sobre la mesa, como a una botella que le quitas el corcho.

Desearía que esto nunca terminara.


En el cuarto de hospital de un blanco tan puro como la bata que usaba Miya, la Yotsuba estaba descansando en su cama mientras que su socio estaba sentado en una silla junto a ella, cargando a su hija.

André estaba sosteniendo a su hija recién nacida, con piel blanca como la nieve y mejillas sonrojadas como fresas.

"Nuestras pequeña hija del pecado." André murmuro.

Miya sonrió desde su cama.

Si, nuestra.

Cuando su hija nació, André no tenia mucho interés en ponerle un nombre. Por otrp lado, Miya había decidido llamarla "Miyuki" en honor al padre de su hija.

En los siguientes años, Miya alternaria su vida entre dos paúses. Ella no podía irse de Japón para siempre por haber nacido con predispocion genetica a la magia. Y André regrasaria Alemania por que era el dueño del pais. El lado favorito de Miya es que el la llevaria a Munich para follarla sobre el estritorio de su oficina.


Shiba Miyuki por nacimiento, Valerius Miyuki por derecho, era una niña pálida y fría como su padre, pero, podría decirse, que era una versión miniatura de su madre, tan hermosa como ella. Pasaba sus días estudiando tanto magia, como modales y etiqueta, con Honami como maestra, y a veces su Madre; cuando Miya no estaba en Alemania, con su amante. Miyuki a diario sentía desprecio por su hermano inexpresivo, a quien insultaba llamándolo "Oni". Y se enojaba con su madre por poner a un "extraño" extranjero antes que a ella.

Miyuki, Tatsuya y, la guardiana, Honami se pararon junto a la puerta para despedir a Miya y André, que se iban de vacaciones.

"Ya nos vamos al aeropuerto, Miyuki." Dijo Miya.

"Adiós." Dijo la niña con frialdad

"Nos vemos en el verano, Niña." Dijo André, despeinando el cabello de Miyuki. "Quedas al cuidado de la sirvienta y tu novio... ese ¿Cómo se llama ese engendro enano?"

"Oni."

"Si. De Oni." André salió por la puerta.

"Si para la próxima vez, ya has mejorado tus modales y carácter, quizás puedas ir con nosotros." Dijo Miya antes de seguir a su dueño como una fiel perrita faldera.

El aleteo de una mariposa crea un tornado en el otro lado del mundo. André no esperaba estar aqui cuando ordeno sabotear FLT para obligar a Miya a venderse. Ahora que tenia una hija de 8 años que de vez en cuando lo miraba feo, se preguntaba en donde estaria en 8 años más.

Fin