Mini fic
Historias de Albert y Candy
Cosa Hermosa
Por Mayra Exitosa
Reto Imagen Lulú Mtz con la Canción de inspiración de Grace Vanderwaal, Beautiful Thing
- Te dije que no era necesario que me acompañes Albert. - Es necesario, una jovencita no debe andar sola, mejor es que te acompañe hasta tu casa. Era joven y muy ingenua, por lo que enamorarse de su gentileza fue lo primero que supo sería un error, el era mayor, y aunque ella todavía no lo era, le robaba un beso, dejándolo sorprendido, porque al instante, se portaba caballero y girando a que nadie los viera, le devolvía el beso, esta vez en la mejilla y le decía -¡delicioso! algún día te robare muchos besos, te lo aseguro. Ella se ruborizaba, pero sabía que se iría fuera del país y si no le daba ese beso, quizás jamás lo haría, todos los que se habían ido de Lakewood, no habían vuelto, algunos se quedaban en otros lugares, y ella tenía que hacer lo mismo, el pueblo era hermoso, pero la vida de trabajo era la de siempre y no todos se quedaban con ser los empleos básicos de un pueblo, cuando había tantas oportunidades en la gran ciudad, en otros países y en otros muchos lugares a los que sus amigos se habían ido poco a poco y ahora era el turno del que más extrañaría, pues era el único que siempre la hacía sentir bien. - Albert, si no regresas, no importa, algún día también me iré de aquí y prometo que te buscaré, allá afuera. -¿Para seguir siendo amigos? - ¿Tu qué crees? La mirada de reto de Candy era como algo decirle que sería mejor que amigos, más para Albert que sabía que todavía era menor de edad, solo respondía, - quizás sea yo quien te busque pequeña, de ti jamás me podría olvidar.
Ella lo abrazo de manera efusiva le volvió a robar un beso de manera más efusiva y esta vez con más duración, para luego salir corriendo y entrar por el patio que la llevaba hasta la puerta de su casa. Una muy descompuesta y olvidada casita antigua, que su tía Juanita poseía aun siendo una mujer mayor había aceptado la tutela de su sobrina y aunque solo se tenían la una a la otra, se sabían bien en ella, pues a su pequeño hogar le conocían todos los pequeños defectos, sabían donde colocar las cubetas cuando llovía y donde poner cemento cuando en alguna construcción sobraba y se los ofrecían. Las dos jugaban leyendo, estudiando y siendo juntas una maestra de la otra y amigas incondicionales. Gozaba de aprender con ella, la elaboración de panes, pasteles y repostería, cuando tenían para comprar algo más que solo harina, poseían el mejor huerto de Lakewood y no les faltaba alimento en la mesa, techo en su cabeza y amor de familia si ambas se comprendían. - Hija, que bueno que llegas. ¿Por qué estás llorando? - Albert se va hoy. - Todos se van algún día, tú también, mira, aquí esta tu beca, Jane te acepto en su casa y te llevará a estudiar enfermería, es una vieja amiga mía y no tendrás problemas, vive igual que yo, solita, pero es enfermera así que tendrás una maestra en casa igual que tenía aquí. - ¿Me iré hoy? - No, dentro de tres días, así que hay que prepararlo todo. - Pero ¿y tú, Tía? ¿Cómo vivirás sin mí? - Como lo hacía antes de que llegaras. Solita, pero te esperaré hasta que termines tus estudios. - ¿Y si me quedo allá? - Me avisas y te iré a visitar. - Vendría por ti, ¿tomarías todas tus cosas y vivirás allá conmigo? - Si así lo quieres, lo intentaremos.
Pasaron seis años, la tía Juanita había partido cuando ella estudiaba todavía enfermería, su hogar seguía floreciendo y cuidado por algunos vecinos, solía ir de vez en cuando, lo limpiaba y cosechaba todo lo que se había ido dando en su ausencia, regalándole a los vecinos que le cuidaban la propiedad. Ella tenía un novio que se había enamorado perdidamente de ella, a tal grado que deseaba triunfar y se había ido a New York desde hacía dos años y solo le llamaba de manera eventual cuando tenía tiempo, siempre estaba en llamado a algo, en escena de algo y no salía nada de él en los periódicos o revistas. El hospital que la había becado, ahora la tenía como una de sus mejores enfermeras titulares, Candy se había dado a su trabajo como una manera de salir adelante, la partida repentina de su tía la había dejado muy triste, pero el consuelo fue encontrar sus diarios, sus enseñanzas y como ahora la casa ya no tenía goteras, estaba mejor cuidad, por lo que partir no fue catalogado pro una enfermedad, sino considerada muerte natural, al haberse quedado dormida, diciendo en sus palabras en el diario, " Sueño con mi personaje preferido y lo veo a diario a mi lado, me hace tan feliz saberme con él y siento que si muriera estaría conmigo aun en el otro lado".
Juanita no se había casado, escribía y editaba libros, mismos que había registrado y dejado en herencia su sobrina Candy White, quien era la que ahora recibiría regalías de sus reliquias cuando las dieran. El registro estaba en el testamento que había realizado cuando ella fue a recogerla aceptando ser su tutora. Le asignaron una cuenta bancaria, misma que recibía sin tanto interés y guardaba entre sus muchas cosas valiosas, como todos los escritos originales de su tía, que los tenía en un cofre cercano a ella, por temor a que se les hiciera fácil entrar a tomar algo dentro de su pequeña casa, cuando alguien tuviera necesidad de hacerlo.
Vivía en un departamento junto a su maestra Jane, quien era una anciana enfermera, ahora retirada y que fue la única que la acompañó a la despedida de su Tía Juanita. A pesar de ser compañeras de habitación, ella no era como su tía, por lo que Candy se hacía todo sola, y ella procuraba hacer su parte a su paso, cuando Candy no estaba ahí. Sin embargo, ella dejaba comidas realizadas para que no tuviera que cocinar y con el tiempo se hizo una costumbre tener de compañera a Candy, para no estar sola.
Albert después de seis años, entre estudios y negocios se había endurecido, era más reacio y tenía un semblante serio y para muchos lo consideraban mal humorado. Su novia, era una mujer muy egocéntrica que se lucía en todo momento, siempre queriendo resaltar y ser el centro de atención, por lo que estar como novia de él, le era muy favorable, salía constantemente en revistas y aunque el trabajo de el era muy estresante y en ocasiones de muchas horas y días separados, ella siempre buscaba trasladarse cerca de donde él viviera, al irse para américa, ella había alquilado un departamento en New York, pero él no duro mucho tiempo, pues también viajaba en el interior del país por lo que ella no sabía donde rentar el siguiente departamento para cuidar a su mega novio rico, elegante y sofisticado, que hacía juego con ella.
- Annie, por favor, no tengo un lugar fijo, solo el de New York, así que en cuanto regrese te busco. - Te estaré esperando querido. Albert no solo tenía una mansión en Chicago junto a su familia ahí vivía su hermana, mientras que en Lakewood tenía viviendo a su tía, en New York ocupaban su mansión sus primos los Cornwall, quienes también cuidaban su propiedad en su ausencia además de estar en los negocios con él.
El viaje en solitario fue para ir a visitar a alguien a quien no había olvidado y… le debía robarle un eso, solo deseaba que no estuviera casada y que no le tomara a mal, tener a Annie como su novia, con la que todavía no encontraba la forma para deshacerse de ella, de manera elegante.
Continuará...
Gracias por leer y comentar esta historia, es un reto a la imagen de Lulú Mtz
Esperando finalizarla como todos los retos antes de que finalice el mes de Octubre
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
