LA MALDICION DE LA SAILOR.
CAPITULO 1.
CRUCE DE CAMINOS
Habían pasado diez años desde que las senshi libraran la batalla contra Sailor Galaxia, y por suerte, la última desde entonces, lo cual les había permitido poder disfrutar de tener vidas lo más normales posibles mientras esperaban la llegada de Tokio de Cristal que se acercaba a pasos agigantados.
Los planes que las cuatro inner senshi y su princesa habían hecho durante su adolescencia no habían resultado tal cual lo esperaban, y en el caso de la relación de amistad entre ellas, esta entre algunas se había fragmentado y entre otras se habían reforzado lazos que en el pasado no habían sido tan fuertes, tal era el caso de Makoto, quien en sus tiernos años de adolescente siempre aspiró a ser una chef de renombre o ser la propietaria de una florería pero las cosas no le habían resultado tal cual lo esperaba, pues hacía hacía ocho años, al acompañar a Minako al casting de una agencia de modelos que estaba solicitando nuevos talentos para una campaña publicitaria, mientras Makoto esperaba sentada a que su amiga hiciera las pruebas, fue llamada por uno de los cazatalentos que vio en ella a la persona que estaban buscando para la campaña. Al principio Makoto había creído que se trataba de una broma de mal gusto, pues se preguntaba ¿Quién querría como modelo a una chica tan poco femenina, ruda y tosca?, sin embargo, cuando se dio cuenta de que la propuesta iba en serio y ante la inminente necesidad de recursos económicos para costearse la carrera terminó firmando aquel contrato que nunca imaginó que significaría el fin de su amistad con Minako Aino que lo sintió como una traición, y el inicio de una exitosa carrera en el mundo de las pasarelas. Y no, no era como que fuera tan famosa y rica como un Ángel de Victoria Secret, pues su nombre sólo era reconocido dentro de Japón, y aunque no era millonaria, sus ingresos si eran lo suficientemente buenos como para haberse permitido comprar un bonito departamento en Roppongi.
Después de incursionar en aquel mundo de belleza y glamour, poco a poco había ido perdiendo las inseguridades que tenía sobre su físico cuando era una adolescente, pues ahora se sabía hermosa, y combinada su belleza con la seguridad que a sus veintiséis años irradiaba, no le pasaba desapercibida la atracción que causaba en el sexo opuesto; por lo cual haciendo honor a la reputación de Zeus, ya había experimentado los placeres de la carne con más de un hombre del medio donde se desenvolvía: fotógrafos, diseñadores, modelos masculinos, agentes, etc.; aunque paradójicamente, seguía sin haber tenido un novio, lo cual de cualquier manera ya no le importa y ni siquiera deseaba, pues al percatarse de lo aburrida que era relación de Serena y Darien pese a estar destinados, de saber que el corazón de Rei estaba roto por un deber impuesto y ver que la mayoría de relaciones que conocía a su alrededor terminaban mal se le habían quitado las ganas de experimentarlo en carne propia; e incluso, frecuentemente hasta llegaba a aburrirle que los hombres se le acercaran con frases repetidas para seducirla. ¿Acaso no era más fácil decir con claridad lo que querían en vez de tratarla como si fuera una tonta que se creerías las palabrerías robadas de otros? Podía ser modelo, sí, pero no encajaba con el cliché de "bonita y tonta", o al menos así lo consideraba ella.
—¿Se le ofrece algo más, señorita?— Preguntó el mesero del bar por tercera vez aquella noche.
—Un sex on the beach—Respondió
Amaba poder salir sola de vez en cuando para poder estar consigo misma, pero desde que su rostro había comenzado a ser conocido aquel era un gusto que ya casi no se podía dar pues los hombres se acercaban a ella como si fuera miel sobre hojuelas, y flirtear no era algo que estuviera deseando todo el tiempo; incluso aquella noche ya le había pedido a tres hombres de la manera más educada posible que la dejaran a solas, así que cuando escuchó una voz masculina a sus espaldas lejos de entusiasmarse se sintió fastidiada.
—¿Mako-chan? ¿Eres tú?
Decidió que era momento de pedir cuenta y retirarse no sin antes inventar algún pretexto para no verse como una mal educada, pero al girar su rostro para encontrarse con el hombre que estaba sentado frente a la barra a un lado de ella se sorprendió al encontrarse con uno de los hombres que fue su crush no correspondido durante su adolescencia.
—¿Andrew? — Susurró entre sorprendida y gustosa de verlo.
Le echó una rápida mirada. Le había gustado desde la primera vez que lo vio en el Crown Center, pero los años le habían sentado bien, pues ahora, doce años después de haberlo conocido le pareció más atractivo.
—Pues sí. Soy yo— Le respondió con aquella amabilidad que no había perdido ni con el paso de los años. —¿Me vas a decir que ahora que eres famosa ya no me reconoces?
—¡Claro que te reconozco! —Contestó Makoto— Muchos años sin verte pero imposible olvidar a un viejo amigo. ¿Cómo has estado?
Entre trago y trago, empezaron a recordar viejos tiempos y a Makoto de pronto se le quitaron las ganas de huir del bar, pues con la compañía de un hombre al lado daba la impresión de tener reservada aquella noche, y la charla con Andrew, a diferencia de las que tenía con el resto de hombres en los últimos tiempos, estaba resultando agradable.
Ella le habló de su vida en el aspecto profesional la cual no era desconocida para Andrew pese a que no era asiduo seguidor del mundo del glamour y la moda; y si bien él no era una celebridad como ella lo era, Makoto si estaba al tanto de que en la actualidad era un reconocido cardiólogo en el gremio médico.
El tema sentimental era algo que no habían tocado, pera la curiosidad estaba latente en ella, y al no verle una argolla que indicara que fuera casado, decidió indagar.
—¿Y sigues con Reika?
—De hecho en seis meses nos casaremos. — Respondió él.
Makoto no pudo disimular la impresión que le causó que siguiera con la misma novia después de tantos años, pero puso su mejor sonrisa y con genuina sinceridad lo felicitó.
—Enhorabuena, Andrew. Es raro que hoy en día existan parejas que duren tanto.
—Gracias— Respondió él— ¿Y tú?
Pese a que ya no era la chiquilla inocente de hace unos años, de pronto al saber que Andrew seguramente tendría una relación perfecta le dio vergüenza confesar que nunca había tenido novio, así que dijo una verdad a medias.
—He tenido un par de relaciones. La última terminó hace casi un año, pero ¿Sabes? Eso no es para mi — Contestó— ¿Te puedo decir algo y no te ofendes?
—Tú dirás
—Me apena mucho decirle esto a un hombre que está a un paso de dar el sí en el altar— Dijo Makoto— Pero no creo en la monogamia. Pienso que la mayoría de relaciones están destinadas a terminar algún día, o si permanecen juntos por muchos años a aburrirse y engañarse el uno al otro.
Makoto miró que Andrew la miraba con una media sonrisa y se apenó al pensar que quizá lo abría ofendido.
—Te pido perdón si te he ofendido— Dijo avergonzada— No estoy afirmando que suceda en todas las parejas ni que todos los hombres sean iguales. Ahí estás tú. Serena, Mina y otras clientas del Crown Center se derretían al verte, y tú pudiendo ser un patán que jugara con ellas siempre elegías respetar a tu novia y no andar rompiendo corazones. Eso es lindo ¿Sabes? Pero poco común.
Andrew de pronto soltó una sonora carcajada haciendo que Makoto se ruborizara.
—Mako. Mi relación con Reika ha sido todo menos monógama
Makoto quedó asombrada al escuchar aquella confesión de Andrew. Si por algo le había gustado más de la cuenta durante su adolescencia no era sólo porque se pareciera a su sempai de la primer secundaria donde estudió, sino porque en su opinión, era el hombre que más se acercaba a parecerse al príncipe azul de las novelas románticas que aún amaba leer: Un hombre atractivo que a pesar de ser consciente de sus atributos no se aprovechaba de eso para seducir chicas a las que no les pudiera prometer una relación, que además parecía amar tanto a su novia que estaba dispuesto a esperarla en la distancia guardándole fidelidad mientras ella cumplía sus sueños. ¡El hombre perfecto!
—¿Qué? — Cuestionó Makoto sorprendida
—¿En verdad creías que nos íbamos a aguantar tantos años en celibato? —Cuestionó Andrew divertido al ver la sorpresa en la cara de ella.
—¿Le has sido infiel? — Preguntó Makoto asombrada
—Jamás le haría eso— Respondió Andrew— Tenemos claro que el amor es una cosa y el sexo otra. Así que tenemos una relación abierta de mutuo acuerdo.
—¿Desde cuando?
—Casi desde el principio—Confesó Andrew— A los tres meses de que se fue a África lo hablamos y llegamos a ese acuerdo. Las únicas condiciones que nos pusimos es ocultarlo bien para no enterarnos de lo que cada uno hace, no involucrarnos sentimentalmente con nadie y parar con esto después de la boda.
Makoto no supo como sentirse al escuchar aquello. De pronto la idea principesca que tenía de Andrew se le desmoronó, y porque no decirlo, también le dolió un poco en el ego saber que teniendo permiso de Reika casi desde el principio para salir con otras chicas siempre ignoró o fingía no darse cuenta cuando ella en más de una ocasión le siguió lanzando indirectas que él parecía no captar.
Siguieron bebiendo y en algún punto aquella conversación casual de dos viejos amigos ya era tono menos inocentes, pues el alcohol pareció desinhibirlos y de pronto se estaban haciendo comentarios subidos de tono.
—¿Te confieso algo vergonzoso? — Preguntó Makoto sintiendo que el corazón le golpeaba violentamente contra el pecho.
—A ver, te escucho.— Dijo Andrew mientras llevaba la botella de cerveza a sus labios.
—Me hiere mi ego saber que siempre tuviste permiso de Reika para portarte mal y que nunca captaste mis indirectas, o quizá sí y fingías no darte cuenta— Confesó ella que gracias al alcohol se estaba animando a decirle lo que sobria no le diría— Me gustabas mucho en la adolescencia.
—Siempre lo supe— Respondió Andrew clavando sus ojos en ella y sonriendole—Eras una niña adorable.
—Y no correspondida por ti
—Cuatro años de diferencia es algo abismal cuando una de las personas tiene dieciocho y la otra catorce. Sería muy abusivo. ¿No crees?
Makoto quiso argumentar algo en su defensa, pero no se le ocurrió nada con que pudiera rebatirlo, porque visto de manera objetiva tenía razón.
—Pero cuatro años no se escucha tan abismal si una de las personas tiene treinta y la otra veintiséis.— Agregó Andrew en tono sugerente.
—Demasiado tarde— Respondió ella mientras reía nerviosamente.
—¿Será?— Preguntó Andrew
—Te responderé a esa pregunta si me cuentas un secreto vergonzoso.— Lo retó ella.
Andrew se quedó pensativo un momento, buscando en su memoria algo vergonzoso.
—A los diecisiete años me enamoré de una chica que me rompió el corazón.
—¡Mentiroso! —Exclamó Makoto— A un hombre como tú nadie lo rechazaría. En el Crown siempre te coqueteaban las clientas y las meseras. ¿Quién te diría que no?
Andrew soltó una sonora carcajada ante el comentario de Makoto.
—Mako, no hay nadie que no haya pasado por una decepción amorosa en la vida. No soy perfecto como para gustarle a todas, y te voy a contar algo que no le he contado ni a mi familia ni a mi mejor amigo porque me da vergüenza—Le respondió— Hubo una chica que me rompió el corazón. Fue mi novia en mi último año de la preparatoria y me vio la cara de tonto. Cuando la conocí supuse que era una otaku fan del manga de Sailor V y los videojuegos porque casi siempre andaba vestida con un traje parecido al de Sailor V pero con falda verde y el moño en color rosa. Era tan fantasiosa, o quizá sólo quería divertirse a mis costillas que hasta se inventó un personaje, decía que era de Júpiter y que la habían llevado al Reino de la Luna a servir a una tal Reina Serenity y que había llegado a mi mundo en un intento de escapar para regresar a su su planeta. Decía ser la Princesa de Júpiter, hija del Rey Thor o Sailor Júpiter. Se llamaba Lita, o quizá también hasta el nombre era inventado, pero me enamoré como un tonto de esa mentirosa e hice estupideces que ni te imaginas por ella, pero un día la cabrona desapareció de mi vida sin siquiera despedirse.
Andrew esperaba que Makoto se burlara del ingenuo y tonto adolescente que un día fue, pero para su sorpresa, ella lucía entre seria, asustada y asombrada.
—¿Dijiste Sailor Júpiter?— Preguntó Makoto anonadada, pues en sociedad las únicas dos que alguna vez fueron famosas gracias a los mangas y videojuegos eran Sailor Moon y Sailor V quien estaba inspirada en Sailor Venus. De ella y el resto de Sailors no había videojuegos, ni siquiera aparecían en el manga de Sailor V como para que alguien supiera de su existencia, así que aquello la dejó asombrada.
De pronto sintió nauseas, así que sin dar una explicación se paró de su lugar y fue rápidamente al baño donde al llegar devolvió el estómago. El corazón le latía violentamente, la cabeza empezó a dolerle de manera insoportable y de pronto vinieron recuerdos a su mente
Flash Back...
La senshi del trueno corría tomado de la mano de Sailor Mars por un espeso bosque lleno de árboles. Estaban cansadas y asustadas, sin embargo no podían detenerse pues cada vez se escuchaba más cercano el trote de los caballos de los guardias que muy seguramente iban tras ellas para devolverlas al palacio.
Debían encontrar el camino a Phobos, uno de los satélites de Marte donde estarían un poco más seguras, sin embargo, de pronto la senshi del trueno sintió como pisaba algo que se hundía bajo sus pies.
—¡Júpiter!— Exclamó Mars tomándola con todas sus fuerzas de la mano
—¡Suéltame y huye!—Pidió la senshi del trueno.
—¡No lo haré!— Respondió la senshi del fuego.
Sin embargo, la senshi del fuego no era tan fuerte, y por más que se esforzó poco a poco sus fuerzas menguaron y la dejó caer. Lo último que escuchó Sailor Júpiter fue a su compañera gritar, mientras que ella sintió como todo se obscurecía a su alrededor, y de pronto dejó de escuchar y de oír.
—¡Señorita!... ¡Señorita! ¿Se encuentra bien?
La senshi del trueno abrió los ojos encontrándose con un joven de ojos azules y cabello rubio. Temió que fuera un guardia que la hubiera encontrando, pero entonces cayó en cuenta de que aquel hombre estaba vestido de manera extraña y que se encontraba en un lugar que evidentemente no era ni La Luna ni Júpiter, pues le era desconocido.
—¿Dónde estoy?
—Pues en Tokio. ¿En dónde más va a ser?— Respondió el joven que lucía verdaderamente asustado— Te atropellé con mi auto. Te llevaré al hospital.
—¿Qué es un hospital y qué es un auto?
Fin del Flash Back
De pronto, Makoto sintió un escalofrío recorriendo su cuerpo, y poco a poco fue perdiendo las fuerzas hasta caer desmayada de la impresión.
Notas de autora:
Aquí traigo otra de mis loca ideas para fanfics, el cual es una supuesta continuación que hago de Sailor Moon.
Por cierto, hice pintora a Ami porque aunque es inteligente académicamente siempre me ha dado la impresión de que mucho de lo que hace es por querer agradar a los demás, y a veces me cuestiono si realmente quiere estudiar medicina o si sólo es para tener la atención de su madre
Este fanfic será muy corto. No será largo como el de EL SECRETO DE JUPITER. Simplemente se va a tratar de Andrew contándole a Makoto sobre su primer novia, sobre la chica que le rompió el corazón, jajaja.
Espero se diviertan.
Eddythe.
