Disclaimer: Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajime Isayama.

Advertencias: Yaoi (Boy's Love) | Uso descarado del OoC | EreRi | Universo Alterno (UA) | Lenguaje vulgar | Contenido sexual explícito | Mpreg |

Ojo: es un EreRi, o sea, Eren es el seme.

N/A: Holi, crayoliiiiis . Cómo están? Espero que súper biiiiien . Hoy ando subiendo este fic que tenía en la cuenta de wattpad que me borraron xd. Contrato de Amor tiene ya tres años de haber sido escrita, inició como un proyecto exclusivo para wattpad y fue increíblemente bien aceptado en esa plataforma XD. Tuvo un alcance que aun me parece casi de ensueño, lastimosamente perdí todo cuando me borraron la cuenta, pero ni modos, son cosas que pasan porque hay mucha gente con tiempo libre que preferir ir denunciando cuentas en lugar de hacer algo de provecho con sus vidas XD.

En fin, realmente espero que puedan disfrutar esta historia. Es una comedia romántica, pero hay lágrimas de por medio también así que ya están advertidxs. Ojalá les guste .


Capítulo 01.
Firma.


El reloj marcaba cuarto para las nueve de la noche cuando la pequeña campana, acomodada sobre la puerta de mi cafetería, sonó anunciando la entrada de un nuevo cliente.

Desde mi lugar, tras la caja registradora, dejé de contar las pocas ganancias que habíamos tenido ese frío día de otoño y automáticamente mis ojos se fijaron en el hombre joven con apariencia desgarbada; alto, de piel morena y preciosos ojos dorados, que acababa de pasar, pese a que ya teníamos colgado el cartel de cerrado en la puerta.

Un segundo después, me encontré con la respiración atorada en la garganta. Las manos me temblaron y si no fuera por mi poca habilidad para mostrar sentimiento alguno probablemente hubiera terminando con la boca abierta de la mera impresión.

¿Por qué...?

Quizá debí haber reparado mejor en ello. Debí saber que esa inesperada visita no traería nada bueno a mi vida. Al menos no de nuevo. Pero estaba más entretenido pensando en el por qué de su presencia. Por qué después de tanto tiempo Eren Jaeger volvía a poner un pie en mi cafetería...

En mi vida.

¿Cuánto tiempo habíamos pasado sin vernos? ¿Un año? ¿Año y medio, tal vez? No lo sabía con exactitud porque él había perdido importancia en mi vida cuando decidió esfumarse de mi lado, creyendo lo que quería creer.

Isabel, mi ayudante durante las tardes, dejó de limpiar la ultima mesa para voltear a ver al hombre que había entrado.

—Lo siento, cliente —se excusó ella, poniendo su mejor sonrisa—. Por hoy el servicio ha terminado. Pero le invitamos a volver mañana, ¡con gusto le atenderemos! Nuestro horario es de siete de la mañana a ocho y treinta de la noche.

Eren sonrió a medias y le dedicó una rápida mirada a Isabel antes de volverse hacia mí. El brillo en sus ojos incrementó el cosquilleo que se había desatado en mi estómago y tuve que apartar la mirada.

No soportaba ni mirarlo.

—Oh, siento venir tan tarde —dijo él sin quitarme la mirada de encima—. Pero no vengo como cliente. En realidad, sólo deseo hablar contigo, Levi.

La sola mención de mi nombre me hizo estremecer por completo. No lo demostré, pero ver a Eren ahí, sonriendo como si hubiera olvidado el pasado, todavía me afectaba muchísimo.

Pasé saliva e intenté mostrarme lo más indiferente que me fuera posible. Pero me estaba costando trabajo porque, ¿de qué quería hablar conmigo? Pensé que todo había sido dicho, hacía un año, aquel día de febrero.

—Ah, está bien —solté como sin importancia, para que él viera que yo ya lo había superado todo. Las rencillas del pasado por mi parte habían sido olvidadas—. Si no te importa hablar aquí, por supuesto. Aun tengo trabajo que hacer.

—Para nada. Este lugar es perfecto.

Tras aquella frase, una sonrisa y otra mirada hacia Isabel, Eren buscó una mesa disponible. Eligió la que solía ser su favorita, la ultima de la izquierda. La que era un poco más privada, lejos del tumulto y donde no llegaba a escucharse tanto las pláticas de los comensales. Se sentó en silencio, invitándome con una mirada a tomar asiento en la silla que estaba frente a la suya, como solíamos hacerlo en el pasado.

Por supuesto, aquello removió recuerdos que creí enterrados. Mi corazón dolió inesperadamente y me obligué a pensar en otra cosa.

No era bueno, me dije. El pasado debía quedarse ahí, olvidado. Esa época no volvería. Los buenos tiempos tampoco.

—Puedes irte, Isabel —le dije a mi ayudante cuando ella se acercó a mí. Me imaginé que venía con toda la intención de preguntar sobre el inesperado visitante, pero la callé incluso antes de que pudiera hablar—. Yo me haré cargo de lo demás.

Ella no se vio demasiado convencida.

—Uh, pero...

—Ve a casa, Bell —repetí sin querer sonar tan duro—. Esta plática será algo privada.

Isabel suspiró rendida. Sin decir más, se soltó el moño que traía en la cabeza, los mechones pelirrojos cayeron sobre sus hombros e hizo una mueca mientras se deslizaba hacia los casilleros donde estaban sus cosas.

—Bien, bien. Entiendo —chistó tomando su mochila y el suéter de lana—. No quieres que esté de chismosa. Me quedó claro.

Rodé los ojos.

—Sí, sí. Nos vemos mañana. Ve a casa con cuidado.

Ella asintió y, después de acomodarse su bufanda favorita, me dio una ligera despedida y salió por la puerta sin mirar atrás.

(...)

Puse una taza de té caliente frente a Eren.

Él pareció un poco sorprendido, pero de todos modos me sonrió en agradecimiento. Oculté la mueca de desagrado que se apoderó de mi rostro e intenté creer que esta sería una charla normal donde el pasado no existiría.

Pero me era difícil el pensarlo, siquiera.

Un año atrás, Eren me había jurado que jamás volvería a acercarse a mí. Por eso me era increíble verlo sentado en mi cafetería, disfrutando del té negro, como si él hubiera olvidado todas aquellas palabras horribles que me había dicho entonces.

—Sin duda alguna tu té es el mejor de la ciudad, no entiendo como es que casi no tienes clientes ahora —comentó dejando la taza sobre la mesa.

—¿Qué quieres, Eren? —le corté apático. No tenía ganas de escuchar una cháchara sin sentido.

¿Para qué seguir alargando aquel encuentro? Lo mejor era que él fuera al grano de una vez. No deseaba seguir ahogándome en esa extraña aura de nostalgia y dolor que había invadido el lugar.

Era raro. Siempre creí que su presencia ya no me haría daño. Pero ahora que lo veía todo se removía dentro de mí. La olvidada melancolía apretaba mi corazón y el hormigueo en mi estómago parecía nunca querer terminar.

¿Por qué debía sentirme de esa manera?

Después de esas palabras, Eren borró la sonrisa de su rostro y suspiró largamente.

—Necesito de tu ayuda.

Parpadeé.

... ¿necesitas de mi ayuda? —pregunté lentamente, porque creía no haber escuchado bien— ¿Tú?

Él gruñó de frustración y se revolvió el cabello castaño.

—Sí, yo necesito de tu ayuda —rugió, pareciendo exasperado—. ¿Por qué parece cómo si te sorprendiera?

—Bueno, tal vez porque sí me sorprende —respondí sonando bastante obvio—. Digo, hace tiempo que nosotros —paré la frase cuando me di cuenta de lo que estaba a punto de decir y respiré para buscar las palabras correctas—... no sé nada de ti y de pronto llegas y me dices que necesitas de mi ayuda. ¡Por supuesto que me sorprende!

Eren bajó la mirada frustrado y gruñó alguna cosa en alemán, su idioma natal.

—Escucha, esto me sorprende más a mí que a ti, creeme —dijo, irritado, acto seguido le noté hacer una cara de desesperación, como si realmente necesitara ayuda urgente.

Pero, ¿yo?

¿En qué podía ayudarlo yo?

Nosotros no habíamos tenido un buen final y por eso me sorprendía que él pidiera por mi ayuda.

—Pero realmente necesito tu ayuda, Levi —rogó con la histeria bien marcada en esos bonitos ojos dorados—. Por favor, escucha lo que tengo que decir.

Suspiré mientras me acariciaba el puente de la nariz. Decidí que el pasado se quedaría atrás, no lo removería. No valía la pena. Simplemente escucharía todo lo que él tuviera por decir. No me costaba nada.

Podía ser importante.

—Está bien —asentí bebiendo un poco de té—. Di lo que tengas por decir.

Eren respiró y cerró los ojos.

—Cásate conmigo.

Sólo esas palabras bastaron para que quisiera reír en su cara. Pero me contuve, al menos un poco. Sólo lo miré con una ceja levantada, creyendo que todo era una broma de su parte. Algo así como para «vengarse» por todo el daño que le hice tiempo atrás.

—Y yo pensando que esto era serio. Vete de una vez, Eren. Todavía tengo mucho trabajo por hacer —gruñí tratando de mantener el malhumor controlado. Me levanté de mi lugar y quise alejarme para continuar con mis pendientes. Pero él, bastante osado, me tomó por la muñeca, impidiendo que pudiera moverme—. ¿Qué diablos...?

—Escúchame, por favor. Esto de verdad es serio —suplicó viéndose todavía más desesperado—. No vamos a casarnos en realidad —explicó clavando sus fantásticos ojos en los míos—. Sólo... sólo necesito que finjas ser mi prometido por algún tiempo.

Ok, esto de verdad parecía no tener sentido. Cuánto más escuchaba de su parte, más creía que él se había vuelto loco. Bufé de manera escandalosa y, sin ser demasiado cuidadoso, me solté de su agarré agitando el brazo con fuerza.

—Mira, no sé en qué te metiste ahora, pero eso ya no es mi problema —saqué mirándole desde arriba—. Resuelve tus asuntos por tu cuenta.

Eren se levantó de golpe cuando notó que estaba a punto de irme. Él volvió a sostenerme por los brazos, impidiendo así que pudiera moverme de mi lugar. Su repentino tacto creó una inesperada avalancha de sentimientos en mi interior.

Mi corazón palpitó incómodo. Todo lo que creía olvidado, la desilusión, el dolor y las palabras hirientes regresaron a mí. Escuché los gritos del pasado resonando en mis oídos y me estremecí por completo. Los brazos se me llenaron de escalofríos mientras la saliva se atoraba en mi garganta.

¿Por qué debía afectarme? ¿No se suponía que todo había quedado en el pasado...?

—Por favor, Levi. Ayúdame —rogó de nuevo. Su agarre en mis brazos aumentó, pero sin llegarme a lastimar—. Sé que las cosas en la cafetería no están yendo bien. Sé que... sé que tienes que pagar la hipoteca en poco tiempo o el banco te quitará todo —confesó mirándome fijamente—. Si tu me ayudas, entonces yo te daré el dinero que necesitas.

De pronto me sentí mareado. Todo pareció hacerse un borrón de colores, sus palabras se repitieron en mi mente causando un eco que me provocó incomodidad.

¿Cómo sabía él que tenía problemas en la cafetería? ¿Cómo sabía que necesitaba dinero con urgencia o perdería el negocio familiar?

—No entiendo nada, Eren. ¿Cómo sabes todo eso? Y, ¿por qué...? ¿Por qué yo?

Muy despacio Eren me dejó en libertad. De nuevo se revolvió el cabello con desesperación y pareció tener problemas para empezar su explicación.

—Es por mi madre —dijo tras segundos de silencio—. Todo este tiempo le he estado diciendo que estoy en una relación con alguien, porque ella no dejaba de molestar con que ya era tiempo de «sentar cabeza» y quería que fuera a un montón de ciegas a ciegas porque "quizá" en alguna de ellas encontraría al amor de mi vida —explicó echándose el pelo hacia atrás—. Para mantenerla calmada, le mentí. Le conté que tengo una pareja y que hace poco nos comprometimos.

Oh, eso explicaba algunas cosas.

Pero no, todavía no entendía qué tenía que ver yo con todo eso. Él fácilmente podía encontrar a otra persona que pudiera ayudarlo. Seguro que la lista de interesados sería larguísima.

—El caso es... —continuó ahora viéndose avergonzado. Incluso bajó la mirada y la centró en sus pies, como si ahí estuvieran la respuestas del universo— que le dije que eras —parpadeé incrédulo sin poder creer lo que acababa de escuchar. ¿Que él había hecho qué?—. Le estuve mandando esas fotos y vídeos antiguos que tomamos cuando aún estábamos juntos. Y ella parecía conforme con eso, ya no hacía tantas preguntas y dejó de molestar durante algún tiempo. Pero ahora... ¡ahora se le ha metido en la cabeza que es tiempo de conocer a mi «supuesto» prometido!

Juro que quise golpearlo ahí mismo. Hasta imaginé cómo se vería con la cara hecha puré de todos esos golpes que sentía ganas de darle. Pero me calmé, porque él ya estaba teniendo su merecido, y con creces.

—Olvídalo —ladré todavía no pudiendo creer todo lo que había escuchado—. Es tu problema, lo resuelves por tu cuenta.

—¿Entonces dejarás que el banco te quite la cafetería? —atacó dejándome sorprendido—. Estoy seguro que harías cualquier cosa con tal de salvar el negocio que tus padres te dejaron, Levi.

Mierda, ni siquiera podía contradecirlo. Él tenía un punto.

Con los hombros abajo, llenos de resignación, cerré los ojos y reparé en todo lo que Eren estaba proponiéndome. Si me detenía a pensar sobre el tema, resultaba una manera muy fácil de ganar el dinero que necesitaba para salvar la cafetería, pero... ¿a costo de qué?

De fingir una relación con un hombre que era parte de mi pasado. Con alguien que había hecho pedazos mis ilusiones, con alguien que no tenía ni la más mínima gota de confianza en mí.

¿De salir lastimado de nuevo...?

No. Nunca más. Eren Jaeger no volvería a dañarme. El tiempo me había enseñado a ser fuerte, a enfrentar la vida con la frente en alto y el corazón encerrado en paredes de concreto.

—¿Cuánto tiempo? —pregunté a media voz—. ¿Por cuánto tiempo sería?

—Dos meses —me respondió rápidamente—. Mi madre estará aquí durante dos meses. Sólo necesitamos fingir una relación durante ese tiempo. Después te juro que no volverás a saber de mí.

Temblé en mi lugar porque sabía que nada bueno podría salir de eso. Sin embargo, tentado por aquella propuesta, me encontré asintiendo para él.

—Está bien. Acepto.

Los ojos de Eren se llenaron de un brillo que me mareó. Sonrió enormemente mientras se estiraba para tomar la libreta donde solía escribir las órdenes del día. Entonces algo apresurado y con un lapicero de su propiedad, escribió algo sobre las hojas en blanco.

Cuando terminó, él extendió la libreta y el lapicero en mi dirección, animándome a tomarlos. En las hojas, con una caligrafía bastante cutre, había escrito unas palabras que, para mí, no tuvieron demasiado sentido en ese momento. Y hasta abajo, en unas líneas que él mismo había hecho, estaba su firma.

—Es el contrato —explicó, ante mi largo mutismo, como si pudiera leerme con facilidad.

—¿Contrato?

Él asintió.

—Yo obtengo un prometido falso y tú, el dinero que necesitas —dijo, encogiendo los hombros—. Todo está estipulado ahí. Después podemos aclarar los términos y condiciones, si quieres. Pero una vez que firmes, ya no hay manera de dar marcha atrás.

Todavía mirando la hoja de papel y con la mente revuelta, tomé el lapicero. Mi mano se deshizo en temblores mientras la saliva se apelmazaba en mi garganta. ¿Estaba completamente seguro de eso? No, para nada. Pero necesitaba el dinero con más urgencia de la que me hubiera gustado.

Con ese simple pensamiento resonando por las paredes de mi cabeza, recargué la mano sobre la hoja de papel y firmé rápidamente, en una raya hecha para mí, consciente de que ahora no podía arrepentirme.


Continuará...


N/A: ¡Holaaaaaa de nuevo! ¿Les gusta la idea? No sé si lo habrán leído en wattpad, pero si fue así déjenme agradecerles por el enorme apoyo . La historia cuenta con 19 capítulos hasta este momento y los iré subiendo poco a poco, porque tengo cositas que arreglar pero nos estaremos viendo seguido por aquí jsjsjjs.

Si el capítulo les gustó, siempre pueden apoyarme con un pequeño comentario, ¡eso me haría inmensamente feliz! 💖

Les quiero mucho, muchísimo ❤️.