Desde que vio por primera vez sus ojos hace seis mil años supo que tal vez la peor parte de su castigo no sería pasar toda la eternidad en el fuego del infierno sino más bien seria el estar cerca de ese ángel y no poderlo tener porque Crowley sabía muy bien de qué manera actuaba el Todopoderoso cuando se le traicionaba, él tiempo atrás había escarmentado en carne propia la furia de aquel ser que cruelmente lo castigo solo por hacer en aquel entonces lo que ahora los humanos hacen con premura cada día de su existencia hasta que mueren; "preguntar", ¡Sí! En algunas ocasiones él había cuestionado a Dios y a sus compañeros ángeles con la inocencia que caracteriza a un niño pequeño, si ese fue su pecado ¿Por qué nadie lo detuvo?, si el Todopoderosos era tan amoroso como solían decir los querubines y los serafines porque no le explico con delicadas palabras que cometía un error al cuestionar. Crowley había pensado que sus preguntas no le causaban daño a nadie porque desde la cuna le habían explicado con hermosos relatos lo que significaba la palabra lastimar así que dentro de su entendimiento comprendía que no había agraviado a alguien ni mucho menos había deseado ser como Dios, a él le encantaba ser un ángel, ser parte de la creación del universo, dejar su marca en las hermosas constelaciones donde crecían las nebulosas esas que pinto junto a los demás con un hermoso color rojo en las orillas para que fueran las más destellantes de todo el cosmos y que los humanos se asombraran cuando las pudieran observar. Entonces… ¿Por qué? ¿Que había hecho mal?, Una y otra vez se preguntó después de su caída mientras elevaba su cara a lo alto mirando al cielo con las lágrimas saliendo de sus ahora ojos amarillos que se asemejaban más a los de un reptil que a las estrellas, quiso que Dios le contestara aquellas preguntas con su corazón latiendo rápidamente angustiado y su garganta llena de suplicio, supo entonces lo que era el dolor para después con el pasar del tiempo reconocer el hambre, la sed, la angustia y el desasosiego, pidió miles de veces perdón arrodillado sollozando en silencio aun con las quemaduras en su espalda ardiendo como huella de lo que había pasado con él y todos los demás ángeles que ahora eran demonios y quienes parecían más enojados que dolidos. Crowley por desgracia lo entendió después de caer por que el Todopoderoso estaba tan enojado y es que ellos sus ahora compañeros si deseaban ser igual que Dios, se habían cansado de estar atrás de él querían tener conocimiento y poder ilimitados entonces fue cuando Crowley se dio cuenta amargamente que él solo había sido un daño colateral, un ángel el cual fue llevado entre los pies de los otros caídos, comprendió también que Dios no lo escucharía más porque ahora Satán y los demás demonios serian su familia una que no pidió pero a la cual se tendría que adaptar.
Y aunque el tiempo ya había pasado después de esa gran guerra cuando Belcebú les comunico que alguien debería de subir a la superficie a tentar a la nueva creación del Todopoderoso su podrida alma no pudo evitar sentirse viva de nuevo hacia muchos años que no veía la luz del Sol para ser precisos desde que Satán se implanto en el subsuelo escondiéndose de Dios como una alimaña por esta razón la piel de Crowley se había vuelto blanca como la de los muertos ya no tenía ese delicado color rosa que la hacía ver viva además su cabello liso que antes era sedoso y que tendía a adornar con flores y coronas de oro se había quebrado convirtiéndose en una maraña reseca la cual a veces peinaba con sus dedos cuando nadie más lo veía aunado a todo esto con el paso del tiempo Crowley olvido un poco como eran las estrellas aunque a veces cuando se sentía demasiado nostálgico intentaba recordarlas navegando por su memoria la cual poco a poco de su mente iba borrando aquellos recuerdo y era entonces cuando sentía miedo de nuevo, sentía temor de que por fin se volviera demonio completamente, que la fe que aun guardaba su corazón se evaporara tal cual lo hacia el agua en los pequeños charcos por culpa del Sol. Esa fue su razón más poderosa por la cual sin pensarlo dos veces se apresuró a ofrecerse como voluntario a la tarea tan especial que Satán les había encomendado y aunque al principio muchos dudaron de él algunos otros lo vieron como una prueba de su lealtad hacia el señor de los infiernos.
– Te he visto Crawly – esa era Belcebú quien se acercaba a él después de que lo aceptara para que llevara a cabo ese encomendamiento – Mirando al cielo aún – al demonio no le sorprendía aquellas palabras sabía muy bien que lo vigilaban más que a los nuevos reclutas.
– Mi señora que cosas dice – la verdad era que el pelirrojo aunque no quisiera había ido perdiendo aquella inocencia que como ángel tuvo alguna vez siendo reemplazada por las características que una serpiente poseía dando como resultado un demonio inteligente, doble cara, adulador, astuto y él cual no dejaría que descubrirán que aun poseía un corazón con un poco de esperanza.
– Basta de reverencias, recuerda Crawly que nosotros ya no tenemos un lugar haya arriba – pero aun así aunque aquel demonio se hincara ante la presencia de Belcebú esta no confiaría totalmente en él por la sencilla razón de que los dos eran de la misma estirpe – Las estrellas ya no son nuestras – aquella frase tan cruda que hizo borrar la sonrisa de la cara de la serpiente era lamentablemente verdadera porque Dios había borrado la gran mayoría de aquellos cuerpos celestes creados por los ahora demonios cuando fueron desterrados.
– Mi lugar es junto a usted mi señora – "aunque anhele regresar al cielo" a Crowley le hubiera encantado decir aquellas palabras aunque si lo hubiera hecho Belcebú sin duda cruelmente le respondería que su alma estaba tan quemada que era igual al color negro de sus alas con las cuales ya no podía volar por que le dolían como si estuvieran completamente rotas.
Así fue como el día llego y Crowley salió a la superficie como una serpiente negra con vivos rojo de ojos amarillos que serpenteaba ágilmente por el Jardín del Edén hasta que encontró a su víctima la siempre hermosa Eva la cual estaba cerca del árbol del fruto prohibido mirándolo con curiosidad, el demonio conocía ese sentimiento que se albergaba en la mente de la primera mujer que piso la Tierra y esa sería la luz de su faro en donde sembraría el deseo por desobedecer las reglas que el Todopoderoso les había dado así que arrastrándose un poco más se levantó para poder estar más cerca del oído de aquella mujer y comenzar a susurrarle palabras de incertidumbre que se instalaron en su mente como el virus de alguna enfermedad esparciéndose hasta su corazón donde disiparon cualquier remordimiento que Eva pudiera tener al desobedecer a Dios logrando con ello llevar a cabo su encargo a la perfección. Para Crowley aquello marcaría un antes y un después por que sabía que ya no tendría ninguna oportunidad por más mínima que fuera de volver a hablar con el Todopoderoso, pero a cambio podría quedarse en la Tierra como un enviado del infierno que sembraría cualquier pecado entre la humanidad la cual sería la creación más preciado de Dios en el futuro según las palabras de Belcebú, así podría ver las estrellas y las constelaciones de nuevo tal vez ya no sería parte de su creación pero sabía que gracias a los humanos volvería ver a aquellos cuerpos celestes que ahora ante sus ojos se ocultaban por la luz tan brillante que el Sol irradiaba desde lo más alto del cielo el cual había sido creado por el Todopoderoso hace mucho tiempo atrás incluso antes de su nacimiento. Admiraba por igual manera toda la vegetación y fauna que sus antiguos compañeros hicieron, sin duda el Edén estaba lleno de vida así que mientras esperaba las ordenes de su señora Belcebú decidió recorrer el lugar como una serpiente para no levantar alguna sospecha de los ángeles que custodiaban la gran muralla que protegía el jardín.
Tal vez abrían pasado unos cuantos minutos cuando Crowley cansado de arrastrarse volvió a su forma humana para poder ver una vez más el cielo ya que como serpiente no podía elevar la cabeza, quería que su blanca piel tomara un poco de los rayos de Sol para ver si podía adquirir aunque fuera algo de color así que busco un claro dentro de tantos árboles para asolearse, dando con aquel lugar a unos metros de distancia casi junto a una pequeña cascada, Crowley se sentó sobre el pasto y levanto su cabeza relajando sus músculos, miro después de un rato a su alrededor localizando el agua cristalina de la cascada con sus ojos amarillo pensó que tal vez podría lavarse su cabellos sucio así que sintiéndose un poco inseguro se levantó de donde estaba y camino hasta la desembocadura del agua donde era más tranquila la corriente, se detuvo pensándolo un poco hasta que se decidió a meter las manos esperando algún tipo de quemadura pero para su sorpresa no recibiendo nada de eso, solo sintió la frescura de aquel liquido lo cual le hizo estremecer todo el cuerpo con un pequeño escalofrió que dio como resultado que sus ojos se humedecieran por la lagrimas que se aglomeraban en ellos pero aun así no lloro solo parpadeo varias veces hasta que la pena desapareció fue entonces que rápidamente sumergió su cabeza en el agua lavando sus cabellos rojos en ella, paso sus dedos entre su melena tallando las raíces con sus uñas negras para después peinar los que ahora eran sus rizos aun sumergido en el agua un poco desasiéndose de los todos los nudos incluso de los más difíciles. Crowley tuvo que sacar su cabeza del agua en repetidas ocasiones para poder respirar hasta que por fin estuvo a gusto con el resultado, fue entonces que dejo que su pelo se secara con el Sol dando como consecuencia una brillando y sedosa melena rojiza de la cual por primera vez estuvo orgulloso de poseer.
Y mientras Crowley seguía peinando su cabello con sus dedos levanto su cara hacia la muralla del Edén viendo en lo más alto de esta lo que sería un ángel de hermosas alas blancas que le lleno de curiosidad por que poseía lo que parecía una espada de fuego tal vez sería un serafín, pero ¿Que hacia un ser tan importante en la Tierra? Ellos solo estaban en el cielo junto a Dios por lo que podía recordar. Ese pensamiento le lleno aun más de duda por lo que decidió subir a aquella construcción como una serpiente ya que sus alas aun no servían. La subida le había costado más trabajo del que pensó así que cuando llego a lo más alto el ángel que antes parecía apacible ahora se notaba preocupado.
– Todo esto se desinflo como un globo - aquellas fueron sus primeras palabras, su carta de presentación porque simplemente no podía llegar y decir "Mucho gusto me llamo Crawly" eso no era propio de un demonio
– Si… ¡¿Perdón?! – cuando aquel ángel volteo a verlo un poco exaltado por sus palabras se dio cuenta que la peor parte de su caída era la que vendría a continuación porque en cuando vio esos hermosos ojos azules mirarle con angustia quiso poseer aquel cuerpo con lujuria, con deseo y con algo más, con un sentimiento que ya no podía distinguir.
– Que todo se desinflo como un globo – con todo el realismo de ese momento Crowley sabía que decía la verdad – Por cierto me llamo Crawly – un nombre que desde el principio supo que cambiara a algo más adecuado que no sonara tan desagradable
– Aziraphel – dentro de la cabeza del demonio algo había lanzado chispas como queriendo hacer contacto, ese nombre ya lo había escuchado antes hace mucho tiempo tanto que se le había olvidado de que boca salió pero estaba seguro que de esos pálidos labios que se posaban frente a él como una tentación no había sido.
Crowley sabía que esa fue la última jugada que Dios tuvo en su contra, ¡Vaya! que dejar que él se encontrara con uno de sus guardianes de la muralla, con un ángel que parecía ser o muy rebelde por darle a los humanos su espada de fuego o muy bondadoso tanto que rayaba en lo tonto, ahora si podría decir que el Todopoderoso obra de maneras misterioso tan solo esperaba que ese ángel despintado llamado Aziraphel siguiera a su lado.
