Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de Ayşe Üner Kutlu. Yo solo adapte y mezcle los personajes.
Beteado por: Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn.
Capitulo 29.
El hechizo entre ambos se rompió en el momento en el que se escuchó a un coche aparcar en la entrada, Bella carraspeó con suavidad, y se separó de Edward, limpiándose rápidamente las lágrimas mientras se ponían de pie para recibir a sus invitados.
—Bienvenidos —saludó Bella.
—Gracias —asintió Lauren con una enorme sonrisa y los ojos brillantes de emoción, recorriendo con la mirada los alrededores—. Bella, querida, ha sido una gran idea venir aquí, es un lugar genial para la entrevista.
—Como nos veremos más a menudo, pensé que deberíamos estar más unidos, tanto en la vida profesional como en la privada —explicó Bella con una sonrisa.
Edward, quien hasta ese momento había permanecido estoico a un lado de Bella, miró a Emmett y lo saludó brevemente.
—Edward —replicó, asintiendo.
—Cuantos recuerdos me trae este lugar…—suspiró Lauren, mirando la casa con una sonrisa nostálgica, antes de que Emmett le mirara sin emoción alguna—. Mi familia y yo veníamos aquí a menudo, pasé aquí mi infancia —explicó rápidamente, sintiendo la mirada de Edward y Bella.
—No se queden ahí de pie —murmuró finalmente Edward, conteniendo una sonrisa satisfecha—. Por favor, tomen asiento.
Los cuatro se sentaron junto a su respectiva pareja, quedando así Edward frente a Lauren, y Bella frente a Emmett, al menos el jardín extenso y lleno de vegetación apaciguaba la tensión que bailaba a su alrededor, buscando un mínimo error para instalarse.
—Muy bien, ¿cuáles son las preguntas más populares? —preguntó Emmett, bastante animado.
—Pueden hacer otras preguntas además de las habituales para presionarnos, sobre todo respecto a la relación que tuve con Edward en el pasado —empezó Lauren—, debería decirlo ahora para evitar situaciones incomodas.
Edward le miró fijamente, con la mejilla recargada sobre una mano mientras masticaba aburrido los frutos secos que Bella había colocado en el centro de la mesa.
—Eso no pasará —dijo finalmente, Bella rodó los ojos desviando la mirada de Lauren—. Responderemos solo lo que queramos. Si no queremos, no responderemos. Así de simple.
—De acuerdo —asintió, dándole un vistazo a las hojas que tenía en las manos—. Empezamos contigo, Bella… ¿Cuál es el mayor sueño de Edward en esta vida?
Bella entrecerró los ojos, meditando por un segundo la pregunta, antes de mirar a Edward brevemente.
—Es el trabajo, por supuesto es el trabajo —respondió.
—Sueña con dirigir el Holding cuando su padre se jubile —corrigió dándole una mirada de satisfacción a ambos—. Pero ni se te ocurra decirlo.
Bella fingió una sonrisa y sus ojos se hicieron como dos pequeñas rendijas ante el esfuerzo.
—No lo sabía, qué interesante —replicó, borrando la sonrisa y quitándole con brusquedad la hoja de las manos.
—Ah, por ejemplo —exclamó Edward, inclinándose hacia Bella, leyendo las hojas—: Emmett, ¿cuáles son las flores favoritas de Lauren?
—Estas preguntas son un poco ridículas —expresó Emmett, frunciendo el ceño.
—Es que ellos hacen preguntas muy estúpidas —Edward se encogió de hombros.
—Las rosas —susurró Emmett, sin embargo, la mirada fría de Lauren le dijo que corría el riesgo de dormir en la bañera, y Edward disfrutó el intercambio de miradas.
—¿Tus flores favoritas no son las orquídeas? —preguntó Bella confundida—. Edward, ¿no es eso lo que me dijiste, mi vida?
—Bella, seguro que tú me conoces mejor que Emmett. —replicó Lauren con acidez, y ella le sonrió con alegría, todo lo contrario a la mirada de Emmett.
—Esta pregunta es para ti, Edward —murmuró Bella con una sonrisa honesta tirando de sus labios, y él tragó con pesadez porque todo lo que venía de ella tendía a ser peligroso y arriesgado—. ¿Cuáles son los planes a futuro que tienes para nosotros?
Edward abrió la boca, antes de cerrarla nuevamente. Sentía que estaba en aguas turbulentas, sobre todo ante la atenta mirada de Bella
—En mi opinión, tú puedes responder a esa pregunta. —murmuró, ganándose una mirada plana y carente de emociones por parte de ella.
—Podría ser, que seamos muy felices —empezó Bella, animándose y entrelazando los dedos con los de él— y que se hagan realidad todos nuestros sueños.
Edward se rió quedamente, mientras asentía. Le resultaba cómico e increíble lo bien que se le daba a ella mentir en estas situaciones.
—Bella y Lauren, ¿qué tienen las dos en común? —preguntó Emmett, interrumpiendo el intercambio de miradas.
—No se parecen absolutamente en nada —bufó Edward rápidamente, haciendo énfasis con la cabeza.
Bella levantó una ceja con una pequeña sonrisa, y los ojos azules y fríos de Lauren se posaron sobre ella.
—Muy bien —suspiró Emmett, leyendo la hoja—. Hay una pregunta sobre el futuro de Bella y yo en el Holding, respóndela tú mismo si quieres, Edward. —añadió, tirando la hoja con descuido sobre la mesa.
—¿Yo? ¿Estás seguro? Muy bien —asintió sin esperar una respuesta—. Pues no creo que tú debas tener ni voz ni voto en las decisiones que afecten a la empresa, a diferencia de Lauren y yo.
—¿Puedo preguntar algo? —inquirió Emmett con tranquilidad—. ¿No hemos venido aquí para hablar sobre el reportaje y tener una conversación agradable? ¿Por qué hay esta tensión?
—¡Tienes razón! —Afirmó Bella casi saltando de su asiento—. Deberíamos pasar a unas preguntas más divertidas… Por ejemplo, ¡Lauren! ¿Qué te llena de felicidad en esta vida?
—Hmm… las cosas pequeñas. —respondió después de meditarlo por un momento.
Edward no pudo contenerse y una risa burlona brotó de su pecho.
—Lo siento, ¿qué? —preguntó aún riéndose entre dientes, Bella miró confundida hacia ellos—. Lauren, ¿hablas en serio?
Lauren apretó los labios, y sacudió la cabeza, exigiendo una explicación.
—Unas vacaciones de lujo en castillos de Italia, viajes, joyas hechas especialmente para ti, ropa de marca… —enumeró sonriendo con incredulidad—. ¿Me equivoco en algo, Emmett? Lo siento, pero yo diría que tienes estándares muy altos.
—Como si tú fueras diferente, Edward. —replicó Lauren con burla y molestia.
—Eso es porque mi amor se merece todo lo mejor. Por supuesto que sí. —explicó Emmett, dándole un suave beso en la palma de la mano a Lauren—. Bella, acabamos de ver que Lauren y Edward se complementan muy bien y encajan a la perfección el uno con el otro.
Edward apretó los dientes, y Lauren suspiró con cansancio.
—Pero a mí me interesas tú —continuó Emmett, sonriendo—. ¿Qué es lo que más amas? ¿A ti que te vuelve loca de felicidad?
Bella sonrió, y miró hacia arriba con ojos soñadores.
—Un jardín botánico muy bien diseñado —dijo, apenas conteniendo la alegría en su voz—. Una nota escrita para mí… y el pastel loco que hago con mis amigas —añadió, riendo suavemente.
—¿El pastel loco? —susurró Edward, quien estaba absorto escuchándola—. ¿Qué es eso?
—Hacemos un pastel con los ingredientes que quedan en la casa —explicó Bella sonriendo—, y tenemos que comerlo, aunque esté salado o demasiado dulce, o duro como una piedra.
Edward levantó las cejas y asintió, mirando hacia sus propias manos, con una pequeña sonrisa.
—Vaya, de verdad… —suspiró, negando—. En fin.
—Termina la frase —murmuró Bella, acercándose a él.
—¿Disculpa? —replicó, mirándole sorprendido.
—Termina la frase. —repitió con una mirada retadora y perversa—. Lo detesto.
—¿En serio?
Bella asintió, y tanto Lauren como Emmett miraron incómodos el momento que ante sus ojos se sentía como algo demasiado intimo para presenciar.
—Continuemos —interrumpió Emmett, carraspeando, mientras observaba la hoja de las preguntas.
Bella se giró, sonriendo y asintió.
Por suerte para todos, después de eso las preguntas fluyeron con facilidad, y cuando entró la noche, Bella se encontró sentada junto a Edward en la sala, con el fuego de la chimenea calentándolos.
—¿Cómo estuvo hoy tu día? —preguntó, mirando el fuego bailar frente a ella.
—Muy bien —asintió—. Una vez más, he escuchado todo lo que ya sabía sobre Lauren. También vuelvo a confirmar que Emmett no es una persona precisamente honesta. Y tú, has estado como siempre… llena de sorpresas.
Bella intentó sonreír, pero no lo consiguió, jugueteó suavemente con el cojín, intentando no mirarle a la cara.
—Lauren y tú tienen muchas cosas en común. —Edward apretó la mandíbula, y rodó ligeramente los ojos—. Su pasado, la familia, la educación, los gustos…
Edward negó lentamente, antes de suspirar con frustración y mirarle directamente.
—¿Por qué me estás empujando constantemente hacia Lauren?
—¿Qué quieres decir?
—En todo momento estás intentando convencerme de que estoy enamorado de ella. —Bella le miró con sorpresa. Y Edward, visiblemente agotado, le volvió a preguntar—. ¿Por qué? ¿De verdad te haría muy feliz si yo volviera con Lauren?
—¿No es esa la razón de nuestro contrato? —replicó Bella confundida.
—No.
—Ah, también que rompa con Emmett, claro. —Bella resopló, y asintió.
Edward no pudo hacer otra cosa más que sacar una risa cargada de frustración.
—De verdad que eres una persona muy terca. No puedo entenderte —enfatizó.
—Yo tampoco te entiendo a ti. —bufó, apretando el cojín con fuerza e inclinándose inconscientemente hacía él—. Te he estado haciendo la misma pregunta durante semanas, y nunca respondes… ¿Estás enamorado de Lauren?
Edward frunció los labios, y cuando estaba a punto de abrir la boca para finalmente responder, una voz los interrumpió.
—Buenas noches —saludó Emmett, entrando junto a Lauren—. El clima es muy agradable ahí fuera, la caminata fue buena.
—¿En serio? —preguntó Edward con desinterés—. Qué bueno.
—Edward, seguramente harán preguntas sobre acciones e inversiones —comentó Lauren con una sonrisa—. ¿Quieres que trabajemos un poco en ellas?
—¿A esta hora, Lauren? —intervino Emmett con molestia.
Bella miró a Edward por un momento, antes de suspirar.
—Emmett, si hace buen tiempo, ¿puedes dar un paseo conmigo? —sugirió, obteniendo una mirada de enfado por parte de Edward.
—Por supuesto que puedo, vamos —asintió.
Bella se levantó sin mirar a Edward nuevamente, pero sintió los ojos sobre ella hasta que salieron de la casa. Decidieron sentarse fuera, en la mesa de picnic donde habían intercambiado las preguntas.
—Estoy muy sorprendida por tu decisión y la de Lauren de casarse —admitió Bella con una risa titubeante.
—En realidad, después de aquella noche tú y yo deberíamos haber salido de su camino, ¿verdad? —preguntó desanimado, sin embargo, le ofreció una pequeña sonrisa de consolación.
—Los dos dijeron que eran los más adecuados el uno para el otro —recordó Bella, antes de mirarlo con seriedad y curiosidad—. ¿Cómo convenciste a Lauren?
—Le dije que Edward no va a renunciar a ti.
Bella no pudo contener la risa de incredulidad que se formó en su rostro.
—Qué gran mentira —susurró, y Emmett se rió junto con ella.
—¿Por qué? ¿No es verdad?
Bella suspiró, y miró pensativa hacia el cielo oscuro por un momento.
—Edward tiene la… capacidad de borrar a cualquiera de un solo golpe —explicó con honestidad—. Nunca lo he visto tomar decisiones basadas en sus sentimientos.
—En ese caso, te deseo la mejor de las suertes. —susurró sonriendo con empatía—. Bella, dime… es decir, la periodista que filtró su contrato… las mentiras de Lauren…
—Oh, no te preocupes —le tranquilizó—. Eso quedará entre nosotros. Pero no porque me preocupe Lauren o tu… sino Edward, sería el más decepcionado.
—Bueno, muchas gracias —suspiró sonriéndole con aprecio—. Eres muy generosa.
—Gracias por sentarte conmigo. —murmuró, devolviéndole la misma sonrisa.
Por otro lado, el ambiente agradable que respiraban ellos ahí afuera, no se comparaba en nada a la tensión que se sentía dentro de la casa, donde Lauren y Edward estaban analizando las preguntas.
—¿Hablamos de nuestras inversiones en Estados Unidos? —preguntó Lauren, ajena a la incomodidad de Edward.
—No, no hace falta. No hay necesidad de provocar a los rivales —declinó.
Ella asintió, fingiendo no escuchar el suspiro aburrido de Edward, y fingiendo ignorar que era la tercera vez que él revisaba el reloj de su muñeca y miraba hacia la puerta de entrada con ansiedad.
—¿Dónde están esos dos? —inquirió Edward.
—Tu novia está en buenas manos, no te preocupes —respondió Lauren con una sonrisa fingida.
—Ah. ¿Estás segura? —replicó Edward, riendo sin humor.
—Me voy a casar dentro de una semana, y tu sigues tratando de convencerme de que no me case… ¿Por qué?
—Porque no confío en él. Y francamente, tengo la seguridad de que puede que no se presente… Emmett es un hombre ambicioso, aunque no lo demuestre. —Lauren suspiró con fuerza—. Y estaré diciéndote lo mismo hasta el último día. Emmett no es el hombre que te conviene, ¿entendido? Y aún si te casas con él, no voy a permitir que entre en la empresa, ya lo sabemos.
—Esto es un juego, ¿verdad? —replicó Lauren señalando a su alrededor—. Venir aquí no era para romper el hielo, era para convencerme, por eso Bella y Emmett han salido.
Edward frunció los labios, y sonrió mientras asentía con lentitud.
—Sí, es cierto —admitió.
—¿Por qué? —exigió enfadada—. Edward, siempre quieres algo. Siempre quieres tener todas las cosas bajo control. Todo tiene que ser tal y como tú quieres. ¿Por qué?
El celular de Edward empezó a sonar, y negó lentamente mientras lo sacaba de su bolsillo.
—Ya he dicho lo que te tenía que decir, completa lo que falta tu misma. —espetó mirando la pantalla de su celular.
—Buenas noches, Edward —asintió, levantándose con brusquedad y alejándose.
—Dime, Jasper —saludó, respondiendo la llamada.
—¿Edward? Hermano, no estoy bien. ¿Podemos hablar?
—Por supuesto, hablemos —asintió.
Lauren, escondida detrás de la pared, tragó saliva con nerviosismo, mientras escuchaba atentamente las palabras de Edward.
—Hasta hoy, no había ni una sola mujer en mi vida —gimoteó Jasper estresado—, y hoy tenía a dos… ¡Maldita sea! Ahora estoy perdiendo a ambas al mismo tiempo.
—Pues estamos igual —admitió Edward con una sonrisa amarga—. Continua.
—Estoy obsesionado con Alice, tu ya lo sabes. Y ahora está Rosalie, que es una persona tan alegre, divertida… me llena de energía —su voz saltó de alegría, antes de bufar.
—¿Me llamaste a propósito? —inquirió Edward frunciendo el ceño—. ¿Para darme alguna idea o algo?
—¿De qué idea hablas, hermano? ¡Te estoy diciendo que me siento mal, muy mal! —exclamó con frustración—. Escucha… Quizás… ¿Me habré enamorado de las dos? ¡Dios, soy una persona horrible! ¿Qué estás haciendo? ¿Dónde estás?
—¿Qué dónde estoy? En la casa de la montaña —se burló—. Estamos reunidos los cuatro. Lauren, Emmett, Bella y yo… Todos juntos en la casa de la montaña.
—¡Pues ahora sí que te voy a dar una idea! ¡Escúchame con atención! —le dijo Jasper con fuerza—. ¡Expresa tus sentimientos abiertamente, aunque sea una vez en tu vida! ¡Estas enamorado de Bella, y eres el único que no lo nota!
—No digas tonterías.
—¿Tonterías? ¡No puedes vivir sin Bella! ¿No te das cuenta? Siempre buscas razones para llamarla, y sonríes junto a Bella, Edward —insistió Jasper con una sonrisa—. Ni siquiera recuerdo la última vez que sonreíste.
—Ella no me quiere —negó Edward—. Lo hemos hablado hoy. Ha tomado una decisión, y se alejará de mí.
El corazón de Lauren retumbó.
—Está bien, dejando de lado el acuerdo… ¿Tu le has dicho "Quiero que te quedes conmigo, incluso si el contrato termina"?
—No voy a pedirle que se quede si quiere irse, ya lo sabes. Le he roto el corazón demasiadas veces —suspiró.
—¡Maldita sea tu terquedad! ¡Ya estoy harto! ¿Sabes lo que te digo? —preguntó enojado—. ¡Seguiremos solteros por el resto de nuestra vida! No tengo la menor duda.
—Hablaremos más tarde —se despidió Edward, cortando la llamada.
Mientras tanto, Lauren sonrió satisfecha, la felicidad erizándose por todo su cuerpo, era demasiado obvio asumir que la llamada se trataba de ella, así que se alejó con una enorme sonrisa sin que él la notara.
Edward había aceptado que Bella durmiera sola en la habitación donde ambos habían dormido la última vez, no tenía ánimos de discutir con ella y tampoco quería hacerle enfadar, después de todo ella se encontraba constantemente sacrificando algo por él.
Pero eso no le impidió acercarse con sigilo a la cama, donde yacía recostada con los ojos cerrados, profundamente dormida, se colocó en cuclillas frente a ella y bajó la mirada por un segundo, eran demasiado fuerte los sentimientos que le provocaba que incluso podía sentir un dolor físico.
—Buenas noches, Bella Swan —susurró con añoranza, sabiendo perfectamente que no podía escucharle, no con el sueño tan profundo con el que ella siempre dormía—. Te irás otra vez… como una estrella.
Suspiró, apretando con fuerza sus manos que picaban por acariciarle aquella suave piel de sus sonrojadas mejillas. Se levantó con cierto esfuerzo, reacio a alejarse de aquella bella vista.
Y cuando Edward se alejó, dándole la espalda, los ojos de Bella se abrieron lentamente, una bruma de sueño y realidad deslizándose frente a ella, apretó la sabana con fuerza contra su pecho hasta que lo vio salir de su vista, cerró los ojos otra vez con fuerza, suplicando para que el dolor en su corazón se detuviera.
X – X – X
—¿Edward? —le susurró Bella cerca del oído, y él sonrió cuando ella colocó un suave beso en su cuello.
Se giró y su rostro angelical, un poco borroso, le sonrió en respuesta.
—Edward —insistió Bella.
Y él se encontró frunciendo el ceño en respuesta, no sabía lo que ella quería, pero se sentía muy a gusto recostado sobre su cálido pecho, con su aroma floral hipnotizándolo, se negaba a irrumpir aquel bello momento.
—¿Edward? —de repente la voz de Bella se distorsionó, y su alegre tintineo se tornó en un tono grave cargado de confusión, una voz que se encontró detestando.
—¿Edward? —una segunda voz se hizo presente, y el pequeño y alegre rostro de Bella desapareció dándole paso una cara alargada y desagradable.
Abrió los ojos con un jadeo y frente a él, parado uno al lado del otro, estaban Lauren y Emmett.
—¿Dormiste aquí? —preguntó Emmett, con los ojos brillando con diversión.
Edward se talló los ojos, despejándose de lo que había sido un agradable sueño, exceptuando el último momento.
—Sí —susurró.
—¿Qué pasó? ¿Es que se han complicado las cosas? —inquirió Emmett con una sonrisa torcida, cargada de burla.
Lauren entornó los ojos con amargura.
—No, Emmett —negó Edward estirándose, con un dolor agudo punzándole el cuello—. Me quedé trabajando… tenía cosas pendientes que hacer.
—La periodista vendrá en un rato, habrá una sesión de fotos —anunció Lauren, ansiosa por cambiar de tema—. Pónganse los trajes, iré a ver cómo va Bella.
Edward bostezó con fuerza, y se levantó a regañadientes, a pesar de que había tenido un sueño de lo más hermoso, no podía decir lo mismo de la calidad del descanso, sentía que le habían pasado cinco camiones encima.
Después de tomar su ducha, se vistió con un traje completamente negro, sin chaleco ni corbata que le diera algo de color a la camisa oscura. No tenía ganas de apresurar a Bella, pero se sentía ansioso de verle, así que paseo aburrido al final de las escaleras, esperándole con las manos metidas dentro de los bolsillos de su pantalón.
Casi por inercia, como si estuviesen conectados, levantó el rostro y se encontró deslumbrado por ella, toda ella. Desde su sedoso cabello, hasta el largo de sus piernas expuestas, su rostro le devolvió brevemente la mirada, y no se preocupó en lo que pudiese ver en él, todas sus barreras habían sido derribadas por ella y su exótica belleza.
Observó hipnotizado como rebotaban ligeramente las plumas rosadas de su vestido corto, y su suave cabello mientras bajaba las escaleras, era como si un aura brillante le rodeara siempre.
—Estás muy elegante —elogió Bella con una sonrisa, deteniéndose un escalón por encima de él. Pero Edward seguía callado, embrujado. Bella extendió sus brazos y contoneó ligeramente las caderas—. ¿Cómo me veo? ¿Parezco la futura esposa del heredero del Holding?
Edward tragó suavemente, y sus ojos se deslizaron con deleite por todo su cuerpo.
—Tu madre me ayudó —aclaró Bella, riendo.
—Estás muy hermosa. —confesó Edward, parpadeando tres veces seguidas.
—Siempre dices lo mismo. —se burló.
—Y siempre lo digo de todo corazón.
Bella suspiró profundamente, un sonrojo cubriendo cada parte expuesta de ella, y Edward se deleito ante ello.
—¿Estás listo para jugar nuestra última partida, Edward Cullen?
Por supuesto, solo el hada que había lanzado el encanto era capaz de romperlo, y así fue. Asintió suavemente, y extendió una mano hacia ella.
—Vamos —murmuró, y Bella se permitió gozar de aquellos sutiles toques.
Acomodados en tres sillones estratégicamente ubicados en el hermoso jardín, Emmett sentado en uno, las chicas en otro y Edward al costado de ellas, así es como se desarrolló la entrevista, todo estaba fluyendo maravillosamente, y Bella, quien en definitiva no estaba acostumbrada a estas cosas, se encontró sonriendo genuinamente, atrapada en Edward cada que él respondía alguna pregunta.
Se permitió fantasear y fingir que algún día sería la Sra. Cullen, y que aquel hombre apuesto, todo un Adonis, sería el futuro padre de sus hijos.
—¿Cómo describiría usted a Edward Cullen en una palabra?
El silencio se apoderó por un segundo del lugar, únicamente el sonido de las cámaras tomando fotos se escuchaba entre ellos.
Bella miró a Edward, y el brillo de sus ojos se intensificó antes de mirar a la entrevistadora.
—Amor. —respondió asintiendo. Edward entrecerró los ojos con sorpresa y confusión, mirando hacia ella.
—¿Amor? —le preguntó, y ella le regaló una tímida sonrisa—. Amor a primera vista —corrigió Edward con precisión, mirándole con intensidad, antes de guiñarle un ojo.
Lauren bajó el rostro apenada, incapaz de fingir una sonrisa a las cámaras.
—¿Señor Emmett? —inquirió la reportera, haciendo la misma pregunta.
—Estamos juntos y muy felices, ¿qué más puedo añadir? —respondió, extendiendo la mano hacia Lauren.
—Muchas gracias, fue un gran reportaje —murmuró Lauren, obligándose a sonreír abiertamente.
—Gracias a ustedes —asintió la chica, levantándose rápidamente.
Edward finalmente pudo expulsar el aire que tenía atascado en los pulmones, mirando su reloj de muñeca con aburrimiento, después de dirigir una mirada tosca hacia la otra pareja.
—Bella, ha sido una excelente idea habernos reunido en esta casa —elogió Lauren—. Hemos roto el hielo, y todos hemos aprendido algo.
Bella asintió, incomoda con las miradas.
—Mmhm, ha estado bien. Estoy muy cansada, y me siento incomoda —se excusó, poniéndose de pie—. Voy a cambiarme de ropa.
Después de que todos se hubiesen ido a cambiar de ropa, Edward tomó asiento en uno de los sillones que había en la terraza de la casa, Bella aún no había bajado, sin embargo, Lauren se apresuró y tomó asiento junto a él.
—Edward —murmuró Lauren con timidez.
—¿Mmm?
—Te escuché hablando con Jasper anoche. —Edward le miró estoico—. Le dijiste que no podías pedirme que me quedara, que he elegido otro camino y que he dejado de quererte.
Edward apretó los labios, antes de maldecir para sus adentros, negando lentamente.
—Lauren…
—No tienes que decir nada —le interrumpió con cariño—. Siempre te ha resultado muy difícil hablar y expresar tus sentimientos.
Bella sintió que el mundo se le caía a sus pies, si bien sabía que no tenía posibilidades con Edward, confirmarlo ahora le estaba destrozando en todas aquellas maneras en la que un corazón podía destruirse. Su madre siempre le había dicho que no debía escuchar conversaciones que no le correspondían, y ahora lo sabía.
—Si existe la más mínima e insignificante posibilidad de que estemos juntos en un futuro… me separaré ahora mismo de Emmett —prometió.
Edward apretó la mandíbula, incapaz de mirar a Lauren, porque ahora su atención se había centrado en la persona parada detrás de ella, casi escondida detrás de la puerta, con su suave rostro y sus ojos alguna vez brillantes, mirando directamente hacia él.
No sabía decir si era dolor lo que estaba viendo en ellos, pero sin duda no era felicidad, porque conocía muy bien aquel brillo característico de su chispeante Bella, y de eso no había rastro alguno.
—¿No vas a decir nada? —preguntó Lauren.
Bella se giró sorprendida, y pese a todo lo que le gritaba su corazón, se enderezó y le sonrió al enorme grandulón que se acercaba a la puerta.
—Emmett, he hecho café, ¿vienes conmigo y me ayudas a servirlo? —preguntó en voz exageradamente alta, provocando que Lauren se girara a mirarlos.
—Por supuesto —aceptó.
—Sé que es una decisión muy difícil para ti. Pero piénsalo, —insistió Lauren, mirando a Edward con ojos suplicantes—. Estaré esperando una respuesta tuya en los próximos dos días.
Edward le miró sin inmutarse, su rostro carente de expresiones, hasta que escuchó el carraspeo alto de Bella alentándolos de su llegada, por supuesto sabía lo que ella estaba haciendo.
Se levantó rápidamente, apresurándose a colocarse a un lado suyo.
—Después del café, ¿empacamos todo y nos vamos? —preguntó Bella amablemente, extendiendo una taza hacia él.
Edward lo aceptó con una mano, y antes de que ella pudiese bajar la suya, entrelazó los dedos con su delicada mano, mirando directamente hacia Lauren, con una sonrisa cargada de orgullo y un brillo burlón adornando sus ojos. Esperaba que esa haya sido una respuesta suficiente.
Lo que no se esperaba era el sonoro beso que Bella depositó en su mejilla, y su corazón tartamudeo dentro de su pecho al sentir, aunque sea por unos segundos, la suavidad de sus labios contra su piel.
Edward sonrió, se giró para mirarla, ignorando completamente el rostro destrozado pero bien oculto de Lauren.
—Cariño, si quieres nos vamos —carraspeó Emmett, bajando con incomodidad la taza ante el acto tan íntimo que habían presenciado—. Deberíamos dejar a Bella y Edward a solas.
Lauren intentó sonreír en respuesta, pero lo único que consiguió fue hacer una mueca.
—Nos gustaría disfrutar un poco de la casa —asintió Bella, aún con la mano fuertemente entrelazada con la de Edward.
—Sí, claro, nosotros nos vamos… disfruten de la casa —se despidió Emmett.
—Tranquilo, no hay prisa —carraspeó Edward, frunciendo el ceño con desconcierto antes de soltar a Bella—. Los acompañaré al coche.
—No, no —se negó rápidamente—. No hace falta, gracias, nos vemos.
Se quedaron parados en un punto visible, mientras la otra pareja se dirigía a su coche, sin embargo, Lauren era incapaz de alejar la vista de Edward, y este, continuó sonriéndole con orgullo y deje de burla hasta el último momento.
Bella forzó una sonrisa, sin entender lo que estaba pasando, hasta que vieron el coche desaparecer a lo lejos.
—¿Por qué me besaste? —preguntó Edward, enfrentándole.
—Porque los dos estaban muy tensos —mintió, sin reconocer la decepción en el rostro de Edward—, y también quería distraer a Emmett para que no sospechara.
Se rió quedamente, bajando la mirada por un momento.
—Pues también me distrajiste a mí —admitió.
Bella se quedó sin palabras, ambos atrapados en un juego de miradas, antes de que ella pestañeara, rompiendo la comunicación.
—¿Por qué me has tomado de la mano? —inquirió en un susurro.
Edward lo analizó por un segundo, antes de apretar la mandíbula.
—¿Nos vamos? —replicó en respuesta.
—Por supuesto, vámonos —asintió—. Iré por mis cosas.
La tensión en el coche era demasiado evidente, tanto así que ninguno de los dos se había acordado de bajar la capota del coche, Bella iba sumida en sus pensamientos, cuando la voz de Edward le irrumpió.
—¿Quieres que ponga un poco de música? —sugirió.
Bella negó, sin atreverse a mirarle.
—Bien. —aceptó, mirándole de soslayo.
—¿Por qué no le dijiste a Lauren que dejara a Emmett? —preguntó Bella sin poder contenerse más tiempo—. ¿Tienes alguna duda?
Edward apretó los labios, y miró fijamente hacia la carretera a través de sus gafas oscuras.
—¿Por qué no respondes a mí pregunta? —cuestionó Bella con una sonrisa burlona—. ¿Estás dudando?
—¿Hace alguna diferencia? —replicó Edward, bufando—. Tu único deseo es deshacerte de mí, ¿no es así?
Bella rodó los ojos, y se giró para mirar la carretera con fastidio.
—¿Por qué no respondes a mí pregunta? —le picó Edward, repitiendo sus palabras—. ¿Estás dudando?
—Bien, entonces voy a encender la radio —murmuró Bella.
—Mejor —acordó Edward.
—Te dedico la primera canción que salga, Edward Cullen —se burló, con una sonrisa tirando de sus labios regordetes.
—Ah, el juego de adivinar la canción —aceptó Edward sonriendo—. Es mi favorito, a ver qué sale.
Los suaves acordes llenaron cada rincón silencioso del coche, incluida sus propias mentes, y la melodiosa voz de una joven interrumpió abruptamente sus acelerados pensamientos.
"Eres un caballero de sangre noble.
Yo simplemente florecí.
¿Crees que esto sea posible?
¿Puedes amarme también?"
Esto debería ser una broma, la sangre huyó del rostro de Bella mientras intentaba salvajemente no mirar a Edward de soslayo, pero es que la letra estaba gritando todo aquello que ella se moría por decir, y era casi imposible que estuviera sucediendo, pero lo estaba haciendo.
"Me diste una mirada encantadora"
Edward no pudo evitar sonreír, contagiando a Bella por un breve momento.
"Luego huiste del amor inmediatamente.
Ya no tenemos un contrato, está bien.
Si tú también te enamoras de mí"
La nostalgia se apoderó del cuerpo de Bella, se sentía entumecida y adolorida, no solo mental sino físicamente, y Edward no pudo hacer otra cosa más que mirarle de soslayo con una sonrisa que no alcanzaba a llegarle a los ojos, pero eso ella no lo sabía.
"Empezamos odiándonos.
Y no pude aceptarlo.
Estoy esperando para abrir,
Si vienes y llamas a mí puerta"
Y dentro de toda aquella nostalgia, se encontraron sonriendo abiertamente ante lo cómico que resultaba el destino y la vida
—Interesante—murmuró Edward.
—Pienso igual —asintió Bella, con una pequeña sonrisa.
"¿Qué pasaría si llamaras a mí puerta?"
—Mañana iré a buscarte para ir al trabajo —anunció Edward, después de que la música hubo terminado.
Bella le miró sorprendida.
—No, no es necesario. —negó lentamente—. Ya se lo he entregado todo a la Sra. Cope. Está todo listo, incluso cumplí con los términos del contrato. No hace falta que vaya a la oficina.
—No, sí hace falta —descartó Edward rápidamente sus palabras—. Encontraré una razón… quiero decir, seguro hay algo que puedas hacer.
Bella quiso reír con incredulidad, pero solo tuvo la fuerza de asentir, mirándole fijamente.
—Cuando la encuentres, me llamas —acordó.
—Lo haré.
Bella sonrió con satisfacción, y continuó mirando el paisaje.
X – X – X
En la noche, después de que Edward la dejó en casa, cenó con su tía y sus amigas, excepto Rosalie que se encontraba aun trabajando. Aprovechó también para volver a tranquilizar a Maggie, y decirle que no pensaba abandonar sus estudios, y que aún estaba en sus planes viajar a Italia siempre y cuando obtuviera la beca.
Y por supuesto, decirle que no habría boda en un futuro cercano.
Después de aquello, finalmente se recostó en la cama de su habitación, con una sonrisa boba tirando de sus labios mientras leía y releía una y otra vez, la tarjeta de disculpas que Edward le había regalado junto con el terrario.
Unos golpes en la puerta le hicieron saltar de sorpresa.
—¿Qué estás mirando con esa cara de embobada? —inquirió Rosalie con una enorme sonrisa.
—Ven aquí —le invitó Bella con una suave sonrisa, haciéndole espacio en su cama.
Rose tomó entre sus manos la tarjeta, y levantó una ceja con una sonrisa pícara después de leerla.
—Una nota de disculpa —murmuró sorprendida, y Bella asintió con un pequeño sonrojo—. Un pequeño paso para la humanidad, pero un gran salto para Edward. —elogió.
—Qué tonta —se rio Bella, tomando la tarjeta entre sus manos, antes de que su sonrisa se apagara lentamente—. Llevo toda la tarde pensado en algo, y no puedo sacármelo de la cabeza.
—¿Qué es? —inquirió Rose con curiosidad.
—Verás… Edward no le ha dicho que sí a Lauren —susurró después de comprobar que no hubiese nadie cerca de la puerta—, creo que tal vez…
—¿Tal vez qué? —repitió Rose.
—¿Tal vez siente algo por mí? —se preguntó Bella, provocando una sonora risa en Rose.
—¿Qué quieres decir con eso? ¡Vamos, Bella, no estamos en la secundaria! —chilló entre risas.
—No te burles de mí —suplicó avergonzada—. Es una persona que no sabe demostrar sus sentimientos y emociones… ¿Tú crees que le gusto? —preguntó en voz baja
La rubia lo meditó por un momento, mientras el corazón de Bella latía desbocado.
—No sé si siente algo —respondió honestamente, antes de sonreírle—, pero definitivamente te mira con adoración, con amor.
—A veces yo también lo creo —asintió Bella con ojos soñadores, antes de gemir con frustración—. Pero luego hace una tontería y lo estropea todo, siempre hace lo mismo. Y cuando lo pienso bien, entonces Lauren es la adecuada para él.
Rosalie frunció el ceño y fingió creer sus últimas palabras.
—Pero… pero a veces pienso que tal vez… quizás él es como yo… —un suspiro profundo y cargado de sentimiento escapó de su pecho, y entonces reaccionó abruptamente, sacudió la cabeza con fuerza y abrió los ojos de par en par—. ¿Qué estoy diciendo? ¡Si esa persona me ha hecho firmar un contrato!
—Ah, hablando del contrato —recordó Rose—. ¿Me dejas verlo? Como tu abogada y tu amiga, debo velar por tus intereses.
Bella le sonrió con cariño, y señaló la cajonera al otro lado de la habitación.
—Ahí, en el segundo cajón.
Rose lo tomó con una sonrisa picara, y se sentó a leerlo por un rato, para después suspirar con fuerza y tirarlo a un lado en la cama.
—¿Qué hombre le va a hacer un ramo de flores a la mujer con la que solo tiene un contrato? —meditó Rose—. ¿O correría tras ella buscándola por toda la ciudad?
Bella sonrió con timidez, asimilando las palabras.
—No es así, tan solo me quería para separar a Lauren y Emmett…
—Ni siquiera pueden vivir separados —insistió Rose, y una sonrisa enorme dividió su rostro—. ¡Creo que estás enamorada locamente de él!
—No, no… ¡Para nada! —gritó en voz baja, con sus facciones alteradas—. ¡No estoy locamente enamorada!
—Oh, sí que lo estás…
—¿De dónde sacas eso?
—¿Cómo es posible que no te des cuenta?
Bella lo dudó por un momento, su corazón latiendo desbocado, descansó su cabeza contra sus rodillas, antes de mirar a Rose con ojos brillosos
—Tú crees… crees que si no le ha dicho que sí a Lauren… ¿Ha sido porque me quiere a mí? —reflexionó.
—Es muy probable…
—¿Crees que Edward me llamará? —preguntó dubitativa.
—Yo creo que sí —asintió con una pequeña sonrisa—. ¡Tú ponte irresistiblemente guapa!
—¿Y si no llama?
—Llamará.
X – X – X
Edward suspiró, y se recargó sobre la mesa de billar, y mientras él contemplaba su taza de café, Jasper asimilaba todo lo que le había platicado.
—¿Y luego que dijo Lauren?
—Pues que… si había alguna posibilidad de que estuviéramos juntos dejaría a Emmett, y ha dicho que me daba dos días para pensarlo.
Jasper lo miró boquiabierto, antes de reír con incredulidad.
—¿Qué clase de tontería es esa? ¿De dónde saca tanto coraje? ¡Si se va a casar en unos días! Y tú ya estás comprometido, bueno, así lo cree la gente —añadió.
—Sí —concedió Edward, frunciendo los labios.
—Mira, aunque tu compromiso solo sea un juego, hay algo muy real en tu vida que se llama Bella. —defendió Jasper.
—Algo muy real, sí, lo hay —aceptó con resignación—. De alguna manera logra entrar en la vida, en los pensamientos y emociones de las personas.
—Y en tu caso se llama amor, Edward.
—Jasper, no empieces de nuevo —suplicó, frunciendo el ceño—. No me hables en un idioma que no conozco.
—Algún día vas a hablar con Bella en este idioma que desconoces, ya lo verás hermano. Le mostrarás tus sentimientos, le vas a contar todo. Y luego voy reírme de ti, me reiré a carcajadas.
—Oh, ¿en serio? —se burló Edward—. Si ella ya me odia en un compromiso falso, ni siquiera puedo imaginarme en uno real.
—No te lo imagines. No lo pienses tanto. Por una vez, por una vez deja a un lado la lógica y el orgullo —insistió Jasper—. Escucha a tu corazón.
Edward apretó los labios con fuerza, rodando inconscientemente el anillo de compromiso en su dedo.
—Digamos que su compromiso es solo por un contrato —continuó Jasper—. Dime, ¿por qué dejaste de lado todos tus asuntos, contratos y el premio que recibiste, y fuiste detrás de Bella, y te la llevaste frente a los paparazzi? Tú la salvaste. No lo entiendo. ¿Por qué?
—Eso no tiene nada que ver con Bella. No, disculpa, o mejor dicho… Bella no quiere tener nada conmigo.
—¿Cómo lo sabes?, ¿eh? ¿Se lo has preguntando? —le retó el rubio con los ojos chispeantes de irritación. Edward apretó los puños, antes de mirarlo con molestia.
—Escucha, Jasper, ella por poco y reza, en cada oportunidad que tiene, para alejarse de mí vida. ¿Tú crees que eso es amor?
—Mira, si lo piensas, Bella…
—Bella está loca —interrumpió Edward enfatizando cada palabra—, de verdad, está muy loca. Ni ella me conviene a mí, ni yo a ella.
—Sí, es cierto, uno de los dos está loco. —asintió Jasper—. Pero el loco eres tú, Edward. ¡Estás loco! Acéptalo, te vuelves completamente loco cuando no la ves en la oficina, quieres que esté todo el día a tu lado. ¿De verdad no te das cuenta?
—Jasper, ¿de dónde sacas estas tonterías?
—¿Cómo es posible que no te des cuenta? ¡Me estás poniendo los nervios de punta! —bufó—. A ver, entonces explícame, ¿por qué no le has dicho que sí a Lauren?
—No lo sé.
—Muy bien, entonces no hará falta que llames a Bella mañana, porque ya no va a regresar a la oficina —asintió Jasper—. Ella ya ha terminado su trabajo y entregó el expediente.
—Así es —suspiró—. Tienes razón, no debo llamarla.
—Sí, eso será lo mejor.
Al final, Jasper decidió que era momento de utilizar la psicología inversa. Se le estaban agotando las opciones con el cabezota de su amigo, y ya que siempre tendía a hacer todo lo contrario a lo que él quería, decidió darle por su lado.
—No, no llamaré —volvió a negar Edward—, no llamaré… no.
Lo repitió tantas veces en su cabeza, pero por cada "no" el solo entendía "llamaré".
X – X – X
El contrato había finalizado, no fueron siquiera necesarios dos meses para que cayeran fuertemente enamorado uno del otro, por un lado, Bella, quién alguna vez creyó estar enamorada descubrió que lo se había sentido en ese momento no se comparaba ni un poco a la ráfaga de sentimientos que había descubierto al conocer a Edward.
Y Edward, que nunca antes se había enamorado, y que era imposible para él concebir sentir tal apego a una persona… aún le era difícil asimilarlo, era fiel creyente que el amor solo era un mito, que era un invento del hombre para disfrazar la soledad que sentía en el interior. Eso hasta que una pequeña persona empezó a despertar aquel corazón durmiente que descansaba en el interior de su pecho, descubrió que la vida sin ella era oscura y amarga, que podía llegar a sentir un dolor físico el tan solo pensar en no volver a verla.
Mientras ella dormía apegada a la púa que Edward le había regalado, él dormía con su foto a un lado. Dos almas unidas por el mismo hilo, dos almas unidas por el mismo sentimiento, dos almas sufriendo por la terquedad y orgullo que albergaba en cada uno.
Merhaba!
¡AYYYY!
El final de la GRAN espera está literalmente a la vuelta de la esquina, es todo lo que puedo decir.
Y que escuchen la canción que he compartido en el grupo. hahaha.
Espero lean lo siguiente:
¡Feliz navidad y próximo año nuevo! Muchas gracias por estar aquí presente leyéndome, y sobre todo apoyándome. En especial a mi querida amiga Annie, honestamente sin ella esto no sería posible.
Quisiera también mencionar a ciertas lectoras, que amo a todas, pero ellas en especial siempre me están alentando con sus comentarios y lo aprecio muchísimo: verochy, Jade HSos, SMedina, tocayaloquis, ELIZABETH, Isis Janet, Wenday 14, Franciscab25, Mapi13,aliceforever85, luna1087, Liz Barraza, Lu40, Mariana Aracely, Maribel 1925, robertsten-22, OnlyRobPatti... y a todas las lectoras anónimas, y si se me pasó alguna que sepas que te aprecio, y las que están en facebook.
Las amo.
Nos vemos el martes con el adelanto.
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görüşürüz!
Con cariño, Ame y Annie.
