Bar.
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El lugar le parecía horrendo. El edificio de dos pisos estaba en los barrios más bajos y asquerosos de la ciudad, dónde fácilmente se podía a ver a algún sin techo con una jeringuilla en el antebrazo pidiendo alguna moneda.
Lincoln había llegado un poco antes porque antes había decidido ir a la casa de Chandler que estaba algunas calles cerca de su apartamento. Cuando llegó, lo recibió de muy mala gana porque aparte de ser tarde lo interrumpió mientras tenía relaciones con su novia. Se calmó una vez Lincoln le pidió prestada su motocicleta para ir a la casa de la chica que lo "besó". Chandler podía ser un idiota a veces, pero se la terminó dejando hasta el día siguiente con la condición de que se la presente.
Desde luego Lincoln le dijo que lo haría, mintiendole, obviamente. Estacionó con algo de torpeza la moto roja de Chandler, esperando que nadie de por ahí la robe.
Decidió no quitarse el casco que solo cubría su cabellera por el simple hecho de que no quería que nadie dentro de ese lugar viera su aspecto completo, y para asegurarse, sacó de su bolsillo la caja de sus lentes, los retiró y se los puso, pudiendo ver mejor el panorama.
Se veía como un tonto, pero su aspecto solo podía variar entre el nerd patético o el solitario desagradable, así que como tal la apariencia a ese punto le daba totalmente.
Se acercó a la puerta, siendo detenido por un tipo calvo y corpulento a un lado de esta.
—Lo siento, chico. Pero solo pueden entrar adultos.
Lincoln suspiró, pensando que por lo menos eso lo hacía sentir un poco más jóven. Sacó su identificación y licencia de conducir (eso último para asegurarse de que el tipo no crea que la primera era una falsificación) y se las mostró. Él tipo asistió, moviéndose del camino.
—Mis disculpas. Puede pasar, señor.
Lincoln pasó mientras rodaba sus ojos, por la situación. ¿Señor? Tampoco era tan viejo.
Nada más entró, se sintió algo nervioso por la vista, era tal y como lo imaginaba, varias mujeres semidesnudas en medio de la sala haciendo bailes en varios tubos de metal. Lincoln tal vez no era el tipo más interesado en la sexualidad, pero aún tenía cierto líbido... y aún así nunca le llegó a encontrar el chiste a esos bailes, siendo una de las razones por las que jamás fue a un club así, así que solo pudo reírse un poco de los que le estaban tirando su dinero a las mujeres.
No quería ver, pero lo vio necesario para ver si Lynn estaba ahí. Por suerte, no era así, de tres chicas que estaban ahí, ninguna se parecía a su hermana, aunque tendría sentido viendo que tampoco es que hayan muchos hombres interesados en las chicas con los brazos algo fornidos, aún cuando su hermana dejó de entrenar hace mucho, aún conservaba cierta masa muscular que se dejaba ver cuándo iba en camisa a tirantes.
El albino se acercó al mostrador donde había varios hombres bebiendo, sentándose en una de las mesas donde había una chica detrás del mostrador sirviendo bebidas.
—¿Te sirvo algo, encanto? —Preguntó la muchacha pelirroja que parecía estar a finales de sus veinte. — No sé si te diste cuenta, pero aún tienes ese casco en tu cabeza —Soltó una risa con algo de simpatía. —. Aunque los lentes te los dejaría, te quedan bien.
—Yo... ¿Podría ayudarme? Estoy buscando a una chica.
—Bueno, si quieres un baile privado tendrías que pagar extra...
—No, eso no, señorita —Interrumpió, aún nervioso de estar en ese lugar. —, yo conozco esa chica, me gustaría hablar con ella, y...
—Oh, no otra vez... —La sonrisa amigable de la chica se reemplazó por una mezcla de cansancio e irritada. — Mira, amigo, aunque una de las chicas te hayan hablado bonito te aseguro de que no le gustas, solo quería sacarte el dinero, ¿Por qué todos los chicos están tan desesperados...?
—¡No, no es eso! —Respondió alterado. — Escucha, la persona a la que estoy buscando es mi hermana. Mira, sé que no debí, pero encontré una conversación en su celular con alguien aquí que dice que está contratada, y...
—Espera, muchacho, ya cálmate —Interrumpió la chica, compadeciendose de Lincoln. —. Bien, no debería, pero no pareces un mal chico y creo que dices la verdad... A la mierda, ¿Quién es la chica que buscas? No conozco a muchas bailarinas que tengan un hermano.
—Se llama Lynn.
La chica se tocó la barbilla, pensativa.
—Hmm... Nop, no conozco ninguna Lynn.
Lincoln se sacó el casco de motociclista que en realidad parecía ser de ciclista, mostrando su cabellera blanca.
—Vaya, lindo cabello —Dijo la chica amigable. —, ¿Qué tinte usas?
—Es natural, nací con albinismo. Pero volviendo a lo anterior... —Sacó su teléfono, buscando una foto de su hermana.
No tenía ninguna. De hecho no tenía fotos en su teléfono a menos que sean selfies de Lori que ella se sacaba con él con la excusa de que su teléfono era un poco mejor y que era un desperdicio de que a Lincoln no le guste sacarselas. Suspiró, soltando una pequeña maldición y guardando otra vez su celular en su bolsillo.
—Olvidalo, no tengo una foto de ella. Okey... ¿Te suena una marimacho?
La muchacha sintió como se le aclaraba la mente, soltando un gran "ohh"
—¡Claro, esa Lynn! La nueva camarera... Se fue hace treinta minutos, no tenía una buena cara.
—¿No era una...? Ya sabes, ¿...Bailarina? —Se limpió el sudor de la frente soltando un gran suspiro. — Rayos... eso es un alivio... —Abrió los ojos de par en par, terminando de procesar lo que la chica dijo. — Espera, ¿Se fue con mala cara? ¿Qué sucedió? ¿Entonces volvió a casa?
—Un cliente la manoseo, ella le dio el golpe más fuerte que alguna vez ví en mi vida, así que el jefe le dio el día libre. La verdad fue bastante amable considerando que es el primer día. Eso sí, por lo que dijo parece que no tomó rumbo a su hogar. Bien, te he dicho lo que querías, ¿Vas a beber algo o no?
—Pero aún tengo que saber dónde se fue mi hermana...
—Te lo diré si pides algo.
Lincoln suspiró con algo de molestia. No era un bebedor habitual, de hecho ni siquiera había bebido algo que no sea la cerveza barata que compraba su hermana.
—Bien... ¿Tienes algo que no sea muy fuerte?
La muchacha tomó un vaso mediano y en el sirvió algo de un tono amarillento en el, dandoselo a Lincoln. El chico intentó beber un sorbo y dejó rápidamente el vaso en el mostrador otra vez del asco. La chica rió un poco, viendo después como de mala gana el chico sacó de su billetera el dinero para pagarle.
—No aguantas nada, niño. Bien, te diré a dónde fue, pero desde ya te digo que no estoy del todo segura.
—¿Es en serio? —Preguntó con algo de molestia, resignandose rápidamente. — Bien, supongo que cualquier cosa que sepas sirve.
—Creo que dijo que se iría a un lugar donde se sentía tranquila en busca de aire fresco y luego mencionó algo de jugar tennis o no sé qué. ¿Eso te sirvió de algo?
Lincoln llevó su mano a la barbilla... bueno, al final la retiró rápidamente, no hacía falta ser un genio para darse cuenta que fue al campo de tennis el cual se suponía que estaba cerrado a esas horas.
—Sí, me sirvió —Se levantó del asiento, tomando el casco. —. Gracias, señora, le debo una.
—¿Señora? —Preguntó un poco ofendida. — Solo tengo veintiocho, chico.
Lincoln no hizo caso a eso, comenzando a caminar para dirigirse del lugar.
Aunque claro, dando unas pequeñas miradas rápidas a las bailarinas de ese lugar.
Lincoln finalmente llegó al campo de tennis. No estaba muy lejos, al menos no yendo en la motocicleta de Chandler. Era un lugar no muy grande, teniendo solo dos canchas para jugar, y eso lo hacía algo tranquilo incluso siendo un fin de semana soleado en ese lugar. Lynn solía ir de vez en cuando al lugar, aunque solo para estar ahí relajándose más que para jugar.
El lugar estaba vacío... excepto por una persona sentada en una banca algo alejada de Lincoln. Esperando a que sea ella, comenzó a caminar a su dirección.
Tenía sus pies subidos a la banca ocultando su rostros, pero sin ahogar esos pequeños sollozos que soltaba. Era ella, tenía exactamente la misma vestimenta que tenía Lynn al salir y el mismo peinado. Lincoln accidentalmente pisó una rama estando a varios pies de ella, provocando un pequeño ruido que escuchó, levantando la vista rápidamente.
Su rostro tenia una mirada de confusión al verlo, como si no lo reconociera.
—¿Puedo ayudarte, amigo? De primeras te digo que no puedo ayudarte con tu claro problemas de chicas con ese casco tan ridículo.
—¿Qué? ¿No reconoces a tu...? Oh, espera.
Rápidamente se sacó el ridículo casco y esos gruesos lentes, dejando ver a su hermana que se trataba de Lincoln.
—¿Linc? —Preguntó con una cara de sorpresa. — ¿Cómo has...?
—Bueno... —Se sentó junto a ella en la banca, mirando a la cancha vacía. — No te enojes. Pero revisé tu celular y vi la conversación del...
Sintió un golpe en el hombro. Volteó, viendo que Lynn había mirado para otra lado para que su hermano no le vea la cara de vergüenza.
—Dios... —Lynn llevó su mano al rostro. — Mierda, ¡Mierda! —La vergüenza que tenía en ese momento era demasiado grande. Sacó su mano del rostro y miró a su hermano algo ruborizada. — Por favor al menos dime que no me viste en servicio.
—Tranquila. Llegué a ese lugar para cuando tu turno había terminado —De pronto, formó una expresión de total seriedad, mirándola fijamente. —Oye... la chica del bar me dijo que te fuiste porque te tocaron. ¿Qué sucedió?
Lincoln vio como su hermana tembló por un corto instante.
—Bueno... Un tipo calvo y gordo me empezó a manosear el trasero mientras servía bebidas y...
—Le diste un puñetazo —Interrumpió aguantando una risa. —, ¿Verdad?
—Bueno, sí. El jefe quería regañarme, pero como era mi primer día me dijo que debía simplemente avisarle a seguridad y ellos se encargarían de todo... Ahora mi puesto puede peligrar porque eso no fue muy femenino... —Volvió a enterrar su cara en sus rodillas para que su hermano no la vea... y comenzó a llorar otra vez. — Carajo... No puedo hacer nada bien...
—Lynn, eso no es cierto, tú...
—¡Solo mírame, Linc! —Levantó la vista para que su hermano vea su rostro cansado y sus ojos hinchados por el llanto de hace rato. — ¡Apenas pude terminar la preparatoria, jamás pude entrar en ninguna universidad así que ni lo intenté, no puedo mantener ni siquiera un maldito trabajo de mesera y ya en pocos meses cumpliré veinticinco! ¡Solo acepta que no estoy hecha para la vida adulta como yo lo hice hace rato! —Rápidamente se le bajaron los humos al terminar de explotar. Conforme le dijo todo eso, su voz solo se quebraba al finalmente aceptar su situación. Sintió como los delgados brazos de su hermano la rodeaban y dejaban su cabeza descansar en su pecho. Lynn le devolvió el abrazo con aún más fuerza. — Yo misma me arruiné la vida, Lincoln...
—No lo hiciste...
—Sí lo hice —Interrumpió con fuerza en su tono, impotente al solo poder soltar más lágrimas. —. Soy un fracaso... Apesto... Y estoy asustada...
Lincoln solo comenzó a acariciar su cabello, en un intento de reconfortarla. Se quedaron así varios minutos, en silencio salvo por algunos sollozos de Lynn que al final dejaron de oírse a los últimos momentos. Una vez pararon, Lincoln hizo que se separe de su pecho y le limpió las mejillas con sus dedos, sin quitar su sonrisa calmada.
—Oye, ¿Quieres volver a casa? —Preguntó Lincoln parándose de la banca. — Ya es tarde, es peligroso que una chica linda como tú este en un lugar tan peligroso como este. —Eso último lo dijo algo ruborizado mientras le extendía su mano a su hermana.
Ella paso el dorso de su mano por sus mejillas para limpiar sus lágrimas una última vez y tomó la mano de Lincoln para levantarse.
No hizo ningún comentario de la motocicleta cuando volvieron en ella, solo una pregunta rápida de dónde la sacó Lincoln y el dijo que se la había prestado Chandler. Soltó una pequeña risa cuando su hermano le respondió eso.
El camino del camino volvieron en silencio, aunque Lincoln estaba algo nervioso al sentir que Lynn estaba abrazándolo un poco de más al pegar su pecho contra su espalda, pero decidió no decir nada.
Al entrar al departamente notó que había dejado las luces encendidas, suspiró al por lo menos recordar que cerró con seguro la puerta.
—Bueno... —Volteó a su hermana, con intenciones de animarla un poco. — Si quieres puedes usar el baño primero. Yo me bañaré más tarde.
Sin embargo, al voltear, sintió como algo le tironeaba de la camisa. Volteó, encontrando a Lynn completamente ruborizada, mirando hacia otro lado.
—¿Sucede algo, Lynn?
Ella tragó saliva antes de decirle lo que quería.
—Podrias... ya sabes. ¿Ayudarme a lavar mi espalda?
Lincoln levantó una ceja, considerando en un principio que en realidad escuchó otra cosa diferente.
—¿Perdona?
Bueno... al final hubo un error de cálculos y parece que el capitulo final será el siguiente. En fin, lamento las fallas ortográficas que tenga, nos vemos la siguiente semana.
