¡Hola!

La idea sobre este fic la tenia desde hace tiempo, casi desde que comencé a escribir mi otro historia "Rojo oscuro casi negro" ya que era uno de los caminos por los que tenia pensado seguir mientras que la escribía, pero finalmente deseche la idea. Estos últimos días me vino de nuevo a la cabeza, así que decidir desarrollarla de forma independiente al otro, es cierto que puede haber algunas similitudes, pero no creo que haga falta leer el otro para entender algunos aspectos.

¡Espero que os guste!


Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes, historias y características no me pertenece, son propiedad de J.K Rowling.

Capítulo 1 – Harry Potter y el día que cambió de familia.

Minerva McGonagall caminaba apresurada por los lúgubres pasillos de Hogwarts. Seria mejor si fuese corriendo, la urgencia lo requería, pero debía de dar ejemplo a los alumnos. Aunque lo más lógico seria no encontrarse con ninguno, ya que desde la muerte de Voldemort, hacia tan solo unos días, Dumbledore había decretado toque de queda. El Ministerio aseguraba que Voldemort estaba muerto, pero el viejo director, más sabio que todos esos políticos, sabia que el mago oscuro no estaba muerto sino muy débil para poder ejercer su poder. Pero ahora su cometido no era preocuparse por eso, sino llegar al despacho de ese grandioso pero a la vez loco director lo antes posible. Esperaba que con la información que le iba a dar cambiase de opinión.

Pronunció la contraseña y ascendió al despacho de Dumbledore.

El calor de la estancia le golpeó la cara como si de una bola de fuego se tratase. Es cierto que el castillo era frio pero no hacia falta esas temperaturas tan elevadas, sobretodo cuando había un bebe en la sala… Al observar al director descubrió el porque del calor, este avivaba el fuego añadiendo trozos de pergamino.

–Albus. –Le nombró. Seguro que sabia de su presencia pero ese hombre se solía evadir tanto que dudaba de si se había dado cuenta.

El director se giró hacia hacia ella con una sonrisa que hacia que se le viera como un simple anciano.

–Minerva, me alegra que hayas vuelto. La temperatura exterior no es muy agradable.

El frio de noviembre era helador, pero no tanto para justificar la alta temperatura del despacho. A ese hombre debía estar afectándole la edad.

–La de aquí tampoco lo es. –Frunció los labios.

Dumbledore se levantó de su asiento y se acercó a la antiquísimo cuna donde un bebe con una herida abierta en la frente dormía plácidamente.

–A Harry no parece molestarle.

Minerva se acercó al niño y efectivamente se le veía muy tranquilo. Pobre… Si el supiera... Eso le hizo recordar el porque había ido con tanta prisa al encuentro con el director.

–De él, precisamente venia hablarte Albus…

–Deduzco que has acabado con tus observaciones, y por tu falta de alegría no te ha gustado lo que has visto. –Dijo apesadumbrado.

Obvio que no le gusto, pero… ¿A quién le gustaría?

–¡Por supuesto que no! Esas personas son unos series despreciables, puedo afirmar que son los peores muggles que existen. Albus no podemos dejar al chico con ellos. Suficiente ha sufrido…

Miró al pequeño y su corazón se encogió. Harry necesitaba estar con alguien querido, alguien que se preocupase por el.

–Son la única familia que le queda. Aunque no te gusten son sus tíos.

Suspiro decepcionada. Era una pena que el chico fuera acabar con aquellos muggles, ya no solo por el trato que le podían dar sino porque Harry necesitaba a alguien que le enseñase, que le hiciera conocer el mundo mágico. No podían tener a ese chico ajeno a quien era realmente… Tenia que haber alguna otra opción.

De pronto el nombre de otro familia surgió en su mente.

–Albus, pero ¿por qué su familia? Puede que los Potter murieran sin realizar un testamento, pero si que mostraron de forma tacita quienes querían que fueran los tutores de su hijo… Los Black.

Al escuchar el nombre, el director se revolvió incomodo y volvió a su asiento.

–No se Minerva… Ya sabes lo que dicen de los Black. –Hizo un gesto con el dedo apuntando hacia su cabeza indicando que no estaba bien mentalmente.

–¡Por Merlín, Albus! También dicen que tu no deberías ser director de este colegio y aquí estas. –Tomo aire para calmarse. –No te voy a mentir y decir que son un tanto excéntricos, y que en mas de una ocasión tuve ganas de expulsarlos de Hogwarts, pero al lado de esos muggles serian unos padres amorosos. Además, ya son conocidos para Harry, y eso es lo que necesita. Estar con gente de su entorno.

Dumbledore movió la cabeza varias veces con duda.

–El Ministerio aun no ha retirado sus cargos.

Era cierto, pero se trataba de simple burocracia. Tras la caída de Voldemort Peter Pettegrew había ido prácticamente volando al Ministerio para contarles que Sirius y Bellatrix era mortifagos, y que habían sido los causantes de la tortura de los Longbottom y de facilitar el lugar donde se escondían los Potter. Esa mentira cayó por su propio peso cuando los tres tuvieron que declarar bajo la poción de veritaserum. Peter fue enviado a Azkaban y se determinó que los Black eran inocentes.

–Albus, entiendo tus desconfianzas, pero de esta manera también podríamos tener nosotros mas controlado al chico e incluso podríamos pasarnos a verle y comprobar que todo estaba correcto. Con los muggles nos iba a resultar muy complicado.

Ese último comentario iluminó la cara del director.

–Aunque claro, será si ellos aceptan. –Terminó su alegato.

Había tenido a Sirius y Bellatrix en su clase siempre separados por dos filas de pupitres entre ambos, con el fin de evitar que no hubiese un asesinato entre estudiantes delante de sus ojos, ya tenia suficiente con escucharles insultarse. Pero la sorpresa llegó el ultimo curso cuando llegaron a su clase y sentaron juntos. Como profesora seria no quiso saber mucho, pero el tiempo le hizo ver que del odio al amor había un paso.

–Minerva, no quiero que me juzgues… Pero ese mismo pensamiento no lo has tenido tu sola. –Le señaló las cartas que tenia sobre su mesa. Unas abiertas y otras cerradas. –Llevo recibiendo sus cartas desde que el Ministerio les dejó libres. Pensé en desechar la idea –Miró a la chimenea. Ahora entendía porque el director se empeñaba en hacer crecer el fuego. Estaba quemando las cartas. –Pero ahora que escucho tus palabras. No me parece una idea tan disparatada…

Minerva le miró esperanzada. Obvio que los Black era un tanto especiales, pero antes que aquellos repugnantes y maleducados muggles, eran sin duda la mejor opción para el chico.

–Albus… Es lo mas conveniente para todos.

Dumbledore se tocó pensativo la barbilla y tras varios minutos en silencio, tomó un pergamino en blanco y una pluma.

"Sr. y Sra. Black.

Es hora de elegir entre lo que es fácil y lo que es correcto. Lo fácil seria hacer cumplir con lo que las normas mágicas y muggles dictan acerca de un menor huérfano. La potestad que tengo encargada me obligaría a entregar al pequeño Harry a su familia más cercana, pero lo correcto me indica que debo cumplir los deseos de los Potter. James y Lily os eligieron como los padrinos de su hijo, esa decisión va mas allá que la de un parentesco. Como vosotros bien sabéis, la sangre no une y la familia se puede elegir.

Vuestra petición acerca de obtener la tutela del pequeño será trasladada bajo mi beneplácito al Wizengamot, y con total certeza os garantizo que no será rechazada.

Seremos fuertes a medida que estemos unidos, débiles a medida que estemos divididos. El don de esparcir discordia y enemistad es muy grande. Podemos combatirlo demostrando un lazo de amistad y confianza igualmente fuertes.

Atentamente:

Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore."

Minerva fue leyendo la carta por encima del hombro de Dumbledore mientras que este la escribía. Le agrado ver como a su manera, el director intentaba apaciguar las diferencias que habían surgido debido a la falta de apoyo que el joven matrimonio había tenido por parte del Orden del Fénix.

Dumbledore dobló el pergamino y lo introdujo dentro de un sobre. Se levantó de su asiento y se dirigió a la ventana, donde su lechuza le esperaba.

–Aun sigo teniendo mis dudas… –Respondió antes de soltar la carta. –Pero… –Giró su cabeza hacia la cuna. –Aunque el futuro no vaya a ser como el que me esperaba, Harry no merece ser ajeno a la verdad sobre su persona. –Finalmente entregó la carta a la lechuza, la cual se fue volando hacia su destino.

Minerva sonrió al ver que el director por fin había entrado a razones.

Al día siguiente, tal y como Dumbledore había prometido a los Black, el Wizengamot les declaraba como los tutores legales de Harry James Potter.