Wenas, volví.
Me voy a ir al infierno, no me lo recuerden. En fin, disfruten y todo comentario es apreciado (manteniendo el respeto, claramente).
Pa' que sepan, no soy dueña de Naruto, esto es pura ficción tomando sus personajes.
Besitos 3.
PD: Oigan, esta vaina no tiene beta reader, así que ajá. Disculpen si notan algún error, seguramente en el futuro lo revise y edite si es necesario.
Ahora sí, muak, chaito.
Confesionario.
Era una mañana soleada y fresca. Se notaba que el día sería maravilloso para que todos lo disfrutaran en el festival de verano, cuya celebración se hacía anualmente en Konoha. Era una de esas épocas en donde las personas aprovechaban al máximo, procurando divertirse a expensas de las atracciones; y dejando en un segundo plano las actividades religiosas que sugería el padre Sasuke. No es que los juzgara, ya que sabía que Dios siempre estaría en sus corazones, sin importar si iban o no a misa. Sin embargo, aquello no le impedía mantener las puertas de su iglesia abiertas para aquel que deseara confesar y expiar sus faltas, sabía que eran muy raros los que se acercaban durante estos días. La falta de interés de la comunidad durante las celebraciones no le importaba en lo más mínimo, pues, siempre y cuando pudiera ayudar a cualquier alma en busca de alivio, daría por cumplida su misión.
Si bien es cierto que su estado como sacerdote no le prohibía salir y disfrutar de tales ocasiones, para sus adentros, el padre de cabellos oscuros prefería pasar tiempo organizando el altar o leyendo en las bancas de su iglesia. Le gustaba adentrarse en un mundo imaginario de aventuras creadas por su mente y un buen libro, acompañado de una taza de café. Ciertamente, esos pequeños momentos lo llenaban de paz y su corazón se desbordaba de amor por su vocación.
No había nada que lo provocara más… ¿O sí?
Todos los percibían como un hombre totalmente entregado a la labor del Señor. No era para menos, su naturaleza dadivosa y noble lo empujaba a actuar con mucha empatía hacia sus feligreses. Pero, aun siendo todo eso, había algo –o más bien, alguien– que desencajaba sus creencias y hacía temblar su voluntad.
El placer de un buen libro no era lo único que lo mantenía atado al lugar santo.
Sin embargo, no siempre hacía ocio en el lugar santo. También le gustaba tomarse su tiempo con cada persona que quisiera confesarse. Por eso, para Sasuke, era importante dedicarse de lleno en las labores de la iglesia antes de enfocar toda su atención en su labor como expiador. Sabía que muchos temían la ira de Dios al momento de soltar sus más profundos secretos, pensando que eso los encaminaría al mismísimo infierno. Para el sacerdote no era así, confesarse era una ayuda para el alma, le permitía a todo aquel que lo hiciera descansar del peso tan grande que sus hombros cargaban. Además, Él siempre estaría dispuesto a perdonar a todos los que cometían faltas, pues su amor era inconmensurable.
Enfrascado en sus pensamientos, no sintió la nueva presencia que se acomodaba en el lado opuesto del confesionario.
"Perdóneme, padre, porque he pecado" habló suavemente.
Era ella. Reconocería esa voz en cualquier lugar y sin necesidad de verle el rostro.
"Cuéntame, hija mía, ¿qué es lo que mantiene a tu alma en zozobra?" le respondió el padre con el corazón acelerado, maldiciéndose internamente por las reacciones que tenía su cuerpo con solo escucharla. Su pulso aumentaba con la incertidumbre de qué podría decirle la mujer de sus sueños. Sabía que su mera presencia significaba problemas para su devoción a Dios, pero era inevitable no sentirse de aquella forma cuando Haruno Sakura era la tentación hecha mujer.
"Padre, padre, padre… Si usted tan solo supiera. Estoy pecando porque deseo a alguien que podría catalogarse como un imposible más" comentó la pelirrosa después de unos minutos. "Si tan solo me lo pudiera sacar de la mente, pero es que no puedo. O más bien, no me da la gana. Y eso me lleva a otros pecados: la arrogancia y el orgullo."
"¿No sientes un poco de arrepentimiento, hija? Recuerda que nuestro Padre nos perdona siempre y cuando estemos arrepentidos" contestó el padre Sasuke. No quería que continuara. Sabía a dónde se dirigía la confesión, era consciente que sus instintos reprimidos estaban a punto de desbordarse.
Escuchó la risa tenue de Sakura.
"¿Qué te causa tanta gracia?" comentó un poco molesto, ya que la actitud tan despreocupada le hacía recordar todo lo que no podía tener.
"¿Qué le puedo decir? Sinceramente, no. No me arrepiento ni una pizca. ¿Sabe por qué?" preguntó la joven de ojos verdes, pero no esperó respuesta del padre y continuó "Porque sé que así como yo me imagino entre sus sábanas, sé que esa persona hace lo mismo. Me gusta imaginarme con él en varios lugares… Desde la casa cural, hasta el altar. Incluso aquí."
Sasuke no sabía qué hacer, su mente daba vueltas y el placer de escuchar sus palabras le corría por las venas. Le daba gracias al universo que su vestimenta fuese tan suelta, porque en aquel momento su excitación iba en aumento. ¿Acaso esa mujer tenía una vena sádica? Le encantaba verlo sufrir.
"Hija mía…. Por favor, aquí no. Sabes que no podemos" dijo en un hilo de voz el sacerdote. Su mano tomó iniciativa y comenzó a bajar hasta su entrepierna. Un apretón y ya, se prometió a sí mismo. No más indulgencias.
"¿No podemos o no quiere, padre?" contestó Sakura con la voz ligeramente agitada.
Con la poquita fuerza de voluntad que le quedaba al pelinegro le dijo "No me hagas esto más difícil. Entiende que con solo verte, mi cuerpo reacciona".
Volvió a reírse.
¡Maldita sea!
Abruptamente, se levantó de su lado del confesionario y con pasos firmes se dirigió a donde estaba aquella ninfa. Abrió la puerta con fuerza excesiva para encontrarse con la única imagen que podría lograr nublarle el juicio.
Sakura, la mujer de su vida, estaba sentada con las piernas abiertas tocándose tranquilamente entre las piernas. Como si no fuese nada del otro mundo masturbarse en el confesionario.
Como si sus acciones no lo afectaran en lo más mínimo.
En un impulso de rabia, el padre se agachó, la tomó de los hombros y le habló con ira contenida "Que Dios se apiade de mi alma, pero no de la tuya".
No aguantó ni un minuto más y la besó con el anhelo reprimido de los meses que llevaba tentándolo. Sabía que desde hace mucho lo miraba con deseo, que los roces no eran accidentales. O eso se quería hacer creer, no estaba dispuesto a cargar con otra culpa.
Con aún más fiereza, Sakura devolvió el beso del hombre que recorría su mente día y noche. No contuvo ni un poco las ganas que le tenía. Lo tomó del cuello acercándolo más a ella. Los latidos de su corazón estaban desbocados, ni en sus sueños más locos pensó que llegaría a estar así con el padre Sasuke. Tantas noches desvelándose imaginando cómo sería un beso de él no le hicieron justicia a la realidad.
Desesperado por sentir más de ella, Sasuke le mordió el labio. Quería más, necesitaba más, anhelaba más.
Sakura gimió. El pequeño sonido le ahogó los sentidos y, justo en ese instante, tiró por la borda sus votos sacerdotales. Sin importar el poco espacio en el que maniobraban, logró alzarla para sentarse y ponerla en su regazo. La descarada mujer empezó a moverse sugestivamente en un vaivén tan decadente que le tomó un minuto reponerse.
Aquí la pecadora era ella, debía comportarse como tal.
"Quieta" ordenó el padre.
"¿O si no qué?" contestó con actitud desafiante Sakura.
Sin mediar palabra, la volteó de tal forma que su culo quedó expuesto para él. Agradeciendo todas las bendiciones que tenía y, en especial, el vestido verde suelto que llevaba, le acarició las nalgas con adoración. Eran todo un monumento.
Los suspiros de placer de Sakura lo estaban volviendo loco. Pero no permitiría que lo distrajera de su cometido.
¡Bam!
Una caricia.
¡Bam!
Otra caricia.
¡Bam!
Caricia.
Con cada nalgada, los gemidos de la mujer en sus brazos se intensificaban. Su erección pedía a gritos salir del confinamiento de sus pantalones. Que Dios lo ayudara porque estaba a punto de pecar.
"No tienes idea de lo mucho que me encantas" dijo el padre.
"¿Ah, sí? Demuéstrelo" respondió la joven de cabello rosa.
Se desató el infierno en ese confesionario. Empezó a deslizar con ahínco la pequeña tanga roja que estaba usando Sakura. Cual muñeca, la tomó para sentarla en toda su entrepierna y con una mano entendió su pierna, mientras que la otra bajó para tocarla dónde más lo necesitaba.
Húmeda, exactamente como le gustaba.
Con círculos lentos la tocaba en la entrada de su vagina, sin llegar a rozar lo suficiente pero incitando los gruñidos de impaciencia de Sakura. Sabía que estaba siendo un maldito por no darle lo que más quería, pero alguien debía enseñarla a ser obediente.
Sakura, por otro lado, estaba en las nubes, no se acordaba ni siquiera dónde estaba. Necesitaba anclarse a algo porque su cuerpo se sentía a punto de desvanecerse. Quería más.
"Padre…" susurró la joven.
"¿Qué necesitas?" contestó Sasuke.
"Por favor… Necesito… Yo necesito más" rogó Sakura.
"Si lo pides tan bonito, ¿quién soy yo para negarme?" dijo con una sonrisa el sacerdote. Con el entusiasmo de un hombre privado de placer durante años, Sasuke empezó a mover sus dedos en movimientos circulares en el clítoris de la pelirrosa.
Con el primer toque, la joven se desplomó en el pecho de su Sasuke. Su abdomen se comprimía en pequeños espasmos por las sensaciones tan mágicas que le provocaban el sacerdote. No obstante, sabía que eso no le iba a saciar su hambre.
"Quiero mucho más" volvió a hablar entre jadeos Sakura, enfatizando cada palabra con un gemido.
"¿Prometes arrepentirte de tus pecados?" respondió arrogante el padre.
"Todo lo que quieras" dijo delirando la joven por el placer que le estaba dando Sasuke.
Logró desabrocharse el pantalón y bajárselo lo suficiente. Solo Dios sabe cómo pudo hacer todo eso sin soltar a una Sakura delirante de éxtasis. La acomodó para tener mejor acceso.
De una sola estocada, la penetró.
"¿Cómo se siente?" preguntó entre jadeos Sasuke, acercándose a su oreja para mordisquearla.
"Ce-les-tial" contestó Sakura, quien entendió en ese preciso momento que el cielo sí existe. Jamás lo volvería a poner duda.
Sasuke subía y ella bajaba sobre él, provocándose el uno al otro. Un juego para ambos, a ver quién ganaba. Probablemente ninguno, pero no estaba demás intentarlo. Sabía que no podría durar mucho más si ella seguía moviéndose tentadoramente.
Volvió a bajar su mano para acariciarla justo ahí.
El gemido que soltó la joven lo hizo delirar. No podía creer que algo tan exquisito como esto podría ser un pecado. Sus cuerpos se acoplaban a la perfección, como si estuvieran hechos el uno para el otro. Aquella revelación bastó para que el sacerdote apresurara sus movimientos, haciendo que los gemidos de la joven encima de él aumentaran.
Cuando menos lo esperaron, el placer llegó. Sus cuerpos se tensaron, su respiración flaqueó, el sudor caía a borbotones. Los cuerpos de ambos acogieron la sensación maravillosa que se produjo por su unión.
En ese momento, el padre Sasuke se prometió a sí mismo que sería la primera, última y única vez que estaría con Sakura. Sabía que la mujer era un peligro para su cordura, su vocación y su vida.
"¿Se arrepiente?" dijo Sakura, después de unos minutos reponiéndose de la mejor experiencia de su vida. Lo que hicieron, a su parecer, fue divino.
"Esto no puede repetirse, Sa-ku-ra…" contestó el padre. No podían exponerse de esa forma de nuevo. Por más que le encantara esa mujer, sabía las consecuencias que acarrearía estar juntos de nuevo, peor aún, que alguien los descubriera.
Ingenuo e iluso, no iba a ser la única, ni la última. Mucho menos si la tentación la veía a diario.
"No respondió mi pregunta" reiteró Sakura. Veía en sus ojos de todo menos arrepentimiento. Estaba mal sonsacar de esa forma al padre Sasuke, pero había algo en él que la llamaba, que la atraía. No podía negar que la verdadera razón por la que asistía continuamente a la iglesia era para verlo a él. Una sola mirada de ese hombre, la ponía en tensión.
Ambos se cambiaron para salir del confesionario. Con sus vestimentas ligeramente desajustadas, lograron verse presentables; al menos, lo suficiente como para no atraer ninguna clase de sospecha. Con lo que él no contaba, era que verla así le hizo cosas indescriptibles a su corazón, pues la pelirrosa se veía más hermosa aún. Sin intentarlo, ella hacía todo por seducirlo y, por fin, lo logró.
Y, para ser sincero consigo mismo, sabía que él también hizo todo lo posible para llegar a ese punto. No miraba a nadie más como la miraba a ella, no se preocupaba por interactuar con más nadie como lo hacía con ella. Quién lo diría, el noble padre tenía una pizca de interés y posesividad en su ser, apartado exclusivamente para ella.
"Espero verte pronto, Sakura... Cuando necesites volver a confesarte" habló el padre Sasuke, sonriendo ligeramente ante la expresión sorprendida de la joven pelirrosa.
Que Dios se apiadara de su alma, porque no se arrepentía.
