Hibris

1.- Supervivencia


Mi espíritu está durmiendo en algún lugar frío

Hasta que lo encuentres allí y lo lleves de regreso a casa

Despiértame por dentro (sálvame)

Dime mi nombre y sálvame de la oscuridad (despiértame) Ordena a mi sangre que corra (no puedo despertar)

Antes de que me deshaga (sálvame)

Sálvame de la nada en la que me he convertido.


La oscuridad, la nada, el silencio. Y de repente, un relámpago le cegó. Todo fue de golpe, y sin tiempo para pensar ni entender nada, ya rugía de ira por su trágico final y póstumo destino.

- ... No debo ... - Jadeó con esfuerzo. - ... No quiero ... No ... ¡No lo permitiré!

- ¡No seas estúpido! - Le respondió gritando.

- Por favor ... - otra voz a sus espaldas suplicante, aterrada. - Por favor, no ... - Susurró algo que no pudo entender.

Fuego, sangre y entrañas en medio del caos en un fondo rojizo y púrpura infernal a su alrededor. Todo eran ataques, gritos y angustia mientras trataba su ofensiva con múltiples golpes de energía, pero los oponentes no se inmutaban.

Se detuvo en seco con los ojos muy abiertos, "otra vez ...", pensó. Y ahí estaba, el conocido dolor punzante en medio del pecho, atravesando los pulmones impidiéndole respirar. Pero ahora algo distinto, algo no andaba bien. Bajó la vista muerte y su oscura armadura rota, donde se resquebrajó debido al ataque causante de su. Un hilillo de sangre naciendo de su boca y goteando por la barbilla que luego terminó en el escupitajo que de lleno manchó la tierra volcánica y ceniza a sus pies. La opresión increíble lo puso de rodillas, y apoyándose sobre sus manos para no caer de lleno bajó la cabeza: - ¡Mi ... Mierda! - Balbuceó. Algo en esa zona se quebró y le succionaba por dentro, aumentando el vacío y la presión, como si un agujero negro cuyo centro de gravedad se hacía cada vez más fuerte hasta que no pudo más y gritó en la más profunda desesperación, perdiéndose en un eco resonando en sus propios oídos, rodeándole de una luz blanca increíblemente brillante.

...

Abrió los ojos lentamente, aún adormilado. La vibración escuchada encima de la mesa de noche lo hizo odiar su smartphone no por primera vez, así que en medio de la oscuridad estiró su brazo por debajo de las sábanas hasta alcanzarlo, mirar con el ceño fruncido la pantalla que iluminaba sus oscuras pupilas y La alarma que marcaba las 4:30 am Se sentó a la orilla de la cama viendo por encima de su hombro a la silueta que se revolvía con pesadez a su lado. Sigilosamente se levantó y abandonó la enorme habitación sin hacer el menor ruido.

Era la misma rutina desde hacía unas semanas luego de la pelea contra Broly en el ártico. El descubrimiento de aquél sayajin extraviado le introdujo una pregunta que no lo dejaba en paz desde entonces: "¿Y qué tal si ...?"

Apenas unos días llegar a casa con Bulma se dirigió a la biblioteca personal de su suegro cerca del santuario de animales que albergaba la residencia familiar Breve, tan enorme y basta que podía competir sin problemas con la Quinta Avenida en Nueva York. Vegeta sabía que era más fácil, rápido y práctico obtener una respuesta de cualquiera de los dos científicos si preguntaba, pero esto no, esto tenía que hacerlo solo.

Tenía el concepto básico entre sus conocimientos. Aunque no pareciera a simple vista, en sus años de servicio militar a cargo de Freezer no solo era conquistar, exterminar y vender planetas. Aquello requería no solo una preparación física, sino también intelectual siendo él claro está, el más sobresaliente de su unidad debido a su inteligencia estratégica, lo que le otorgaba un lugar sino de elite por su raza, sí respetado y temido entre el comercio de planetas y no solo por su sangre noble.

En una ocasión una de las tantas mascotas del investigador Breve enfermó. Nunca supo qué animal era ni le interesaba, solo recordaba que era una especie endémica de las Islas Galápagos, y que le pidió a Bulma ayuda para vigilar sus signos vitales. Y esto porque los oyó mientras cruzaba la propiedad a su propia zona de entrenamiento.

- ¿Qué ocurre papá? Ya se estabilizó, sólo es cuestión de recuperarse.

- Lo sé hija, es solo que ... - Suspiró.

- ¿Ya tuvo crías?

- Si, es su segunda camada.

- Entonces no hay problema si algo le llegase a pasar, además son muy longevos.

- Ese no es el punto Bulma. - siguió con tristeza sin hacer caso de su optimismo. - Solo quedan 10 ejemplares adultos en el mundo, pude conseguir una pareja reproductiva prometiéndole a tu amigo 17 que haría todo para preservarlos. Pero solo una hembra y un macho de la misma especie no es suficiente. Sabes tan bien como yo que la endogamia reproduce errores genéticos. Y no me gustaría pensar que los otros propietarios cuiden a estos animales de manera negligente.

- Perder. - Dijo ella tratando de empatizar con el viejo. - debe ser horrible ser de los últimos de su especie.

Y por extraño que parezca, eso último no abandonó su mente. Incluso pensando: "Esto es ridículo, no es mi puto problema", ya se vio contradiciéndose e investigando en la biblioteca.

Si, era cierto, no era su asunto, al fin y al cabo ya tenía su propia descendencia. Pero de todas maneras era una idea que hace más de un par de décadas en mente, solo que entre su sed por batallas, sangre y venganza tal que le resultaba insignificante. Desde que discutió con Nappa acerca del poder del entonces niño Gohan recién asesinado Raditz, la semilla se mantuvo ahí silenciosa ...

-¡Agh! - Se quejó con desdén ojeando algunos libros de astronomía. - Estos terrícolas y su ignorancia acerca del universo. - Lo arrojó por encima del hombro como si nada.

"Se requiere por lo menos 160 individuos en edad reproductiva para mantener una población viable por lo menos 200 años". Rezaba el texto de otro libro. "Sin embargo, esta muestra no exime las consecuencias de una variabilidad genética escasa o casi nula, teniendo como ejemplo a los miembros de la realeza, la familia Habsburgo". - Hm. - Se burló. - Insectos nobles, claro, ¿Qué podrían saber los humanos? - Y sin embargo ahí estaba, despreciando el conocimiento humano, pero yo trabajo lo que en su preparación y militar era un tabú hablar, pues lo único que sabía era lo que Nappa contaba en borracheras celebradas en algún burdel exclusivo después de un genocidio por medio de sus experiencias divulgadas; y era que las diferentes razas interplanetarias, por lo menos las del universo 7, eran fértiles entre sí.

"Una población de 5000 individuos sanos y óptimamente reproducibles reduce el riesgo y aumenta la variabilidad, pero los estándares se consideran ya una de 7000 en vías de extinción". - Claro, - Susurró para sí mismo. - Los Sayajin llegaron al entonces planeta Plant con apenas 8000 habitantes. - Y fue cuando comenzó a creer en las palabras del texto, tomándolo así como referencia.

En innumerables misiones de purgas planetarias Nappa, Raditz y él mismo buscaron cada uno por su parte hasta el cansancio a otros, pero no hubo rastros. Y luego aparecen Broly y su padre Paragus ... - ¡Maldita sea! - gruñó por lo bajo. - Si no fuera por la existencia de esos dos hijos de perra ... -. Esa esperanza la había matado hace tiempo. Además, ni siquiera había rastros de mujeres, ni que hiciera falta decirlo.

Ya eran las 7 de la mañana cuando se fue a entrenar. No que nadie, menos Bulma lo encontrara ahí, y que aparte de emplearlo como cocinero quería, ahora pensara en un asistente que ordenara sus documentos y demás archivos en el futuro.

Oh Bulma, su querida Bulma. Ese era otro problema con el que lidiar, ¿Acaso había cosa que hiciera esta mujer que no lo volviera loco?

...


Una ducha, exfoliante, cremas corporales y faciales. A ella le encantaba sobretodo la sensación refrescante que en su piel suave y ya relajada se sentió. De un lado a otro iba y venía por la habitación mientras se peinaba el cabello cian, sosteniendo en una mano el cepillo y en la otra la secadora. Pensaba en levantar un poco el volumen de su bob irregular corto a la nuca y con puntas largas descendentes al frente. Mientras se miraba al espejo, el reflejo de un Vegeta con brazos cruzados y postura recargada contra la pared la observaba fijamente al maquillarse. Aquello le recordaba extrañamente a las pinturas tribales de batalla corporales que usaban las mujeres sayajin para intimidar al enemigo. El labial rojo carmín en sus labios siempre le llamaba la atención, ya que cada que lo usaba sabía que las cosas se iban a poner serias.

- ¿Podrías ayudarme a subir el cierre? - Le indicó Bulma viéndolo a través del espejo, señalando la parte trasera del vestido negro halter corto por encima de la rodilla revelando su espalda, en lo que ella se vestía sus tacones rojos de aguja. Obedeció la indicación que al terminar, la tela en su cuerpo, ciñendo sus curvas en las piernas se alargaban y tensaban encima de los zapatos que le hacían rebasar su estatura.

Ella tomó su bolso cartera, también rojo, guardando su smartphone distraídamente. De pronto sentí unas manos largas rodear su cadera haciéndola girar con firmeza y encontrándose con esos ojos oscuros, que ahora la miraban entrecerrados pero encendidos como el carbón. - Vegeta, qué ... - comenzó sorprendida, pero antes de terminar, él ya tenía la arrinconada contra la cómoda, atrapada del cuello con su boca, dando suaves y pequeños mordiscos descendentes. Y entrecerró los ojos disfrutando de las caricias mientras le decía: - Ya lo habíamos hablado. Esta reunión es importante para cerrar el trato entre Cápsula Corp. y Green Energy. - La respiración entrecortada. - Tiene que concretarse esta noche.

- Diles que enfermaste. - Susurró en tono grave en su oreja, mordisqueando el lóbulo mientras con la mano derecha amasaba uno de sus senos. - ... que hoy no puedes ... - ella gimió al sentir su mano izquierda recorrer su muslo, subiendo el vestido hasta alcanzar la línea de sus bragas, deteniéndose solo para mirar su rostro sonrojado fijamente. - Dile a él que se vaya a la mierda.

Ella sonrío de lado, divertida por sus evidentes celos: - No se puede desairar así a Alison Mesquieu. Necesitamos ampliar la zona de distribución.

- Entonces iré contigo. - Determinó, admirando sus labios. - Y que tus padres cuiden a Bra por hoy.

- No. - respondió en voz baja. - Solo deben ir los socios de la Corporación.

- ¿Y por qué no va tu padre? - hizo un gesto con la cabeza. - Él es el presidente.

- Porque yo soy el representante legal. - Afirmó, dejando que la mano izquierda acariciara su mejilla. - La que compromete su palabra. - lentamente amplió su sonrisa al tiempo que con su mano derecha rodeaba la base de su cuello dejando la palma abierta, empujándolo suave pero firme para alejarlo y abrirse paso a la puerta. - La que toma la decisión final.

- Está bien, de acuerdo. - dijo fingiendo calma. - Solo llámame si ese tipo se propasa.

- Claro que sí. - se despidió sonriendo coquetamente, pavoneándose a la salida de la propiedad y dirigiéndose hacia su amplio automóvil con actitud de diva mientras él observaba alejarse hasta desaparecer por la avenida, flotando por encima de la residencia.