Se escuchaban los gritos de la gente luchando, se veían destellos cuando los hechizos y encantamientos surgían de las varitas y chocaban entre si, se percibían las explosiones de los hechizos cuando impactaban contra las rocas y las paredes. El suelo de piedra ahora se encontraba mojado por la sangre de los heridos y los muertos que yacían entre los escombros del castillo. Este era el ambiente que se vivía en la segunda guerra mágica que estaba dejando el castillo de Hogwarts en ruinas.

En medio de todo este caos, escuchaba y sentía su respiración agitada, desesperada y preocupada en media batalla, sintiendo la necesidad de localizar a Harry, quien en ese momento se encontraba enfrentándose a Voldemort.

El elegido se hallaba ahora en un intenso duelo contra Voldemort, cuando este último se había dado cuenta de que había llegado su fin, decidió después de tanto tiempo deseando matar al niño que vivió, que no podía morir sin cumplir con su objetivo. Antes de finalmente perecer, levantó su varita en un último esfuerzo y lanzó otra poderosa maldición a su mayor enemigo, impactando esta sobre el pecho del chico.

La castaña se había dado vuelta hacia él, viendo la maldición impactar en el pecho de Harry desde el otro lado donde se encontraba. Empezó a sentir su cuerpo temblar, mientras veía a Harry salir volando de espaldas al impacto del rayo de luz, razón por la cual aún con el temblor en su cuerpo, el miedo y la desesperación, se encuentra tratando de salir corriendo hacia él mientras lo veía caer al suelo en cámara lenta, pero por alguna razón sus pies no se movían.

— No… — había dicho la chica en un suspiro que la dejó sin aliento, al sentir que le estaban arrebatando su corazón.

Después de lo que parecieron horas para ella sin poder moverse y sentir que había dejado de respirar por un momento, pues estaba tratando de comprender lo que había pasado, no podía ser cierto que acababa de presenciar la muerte del amor de su vida. Entonces empezó a moverse sin ser consciente de que desesperada, había comenzado a gritar y correr con todo lo que le dieran su piernas y sus pulmones, apartando a la gente que estaba en su camino a empujones, pues necesitaba llegar a Harry.

Fueron segundos después, cuando vio que Harry yacía inmóvil en el suelo de piedra, su varita había caído varios pasos lejos de él y esto asustó más a la castaña, que seguía con sus intentos desesperados por llegar a él.

— ¡NO! ¡HARRY! — gritaba desesperada a todo pulmón, mientras corría y chocaba contra la gente apartándola de su camino. — ¡HARRY! — sus gritos habían empezado a desgarrar su garganta, cosa que en ese momento no le importaba, necesitaba llegar a su novio.

Remus Lupin había escuchado los gritos de horror y desesperación de Hermione, siguió el camino en dirección hacia donde estaba su mirada y se había dado cuenta que Harry había caído. Pensando que en ese momento ya estaba muerto y viendo que aún había fuego cruzado, el ex profesor intentó detener a Hermione, atrapándola fuertemente entre sus brazos mientras ella forcejeaba y gritaba desesperada, sin ser consciente de quien era el que la sostenía, hasta que logró soltarse de él y seguir corriendo hacia Harry.

Mientras tanto, el azabache al haber impactado fuertemente contra el suelo de piedra, sentía como si su cabeza estuviera a punto de estallar, un torrencial de imágenes empezó pasar por su mente. En este punto ya estaba consciente de que moriría, por que ya no era más un horrocrux cuando la maldición de Voldemort lo impactó y por lo tanto, su mente lo estaba atormentando.

''Hermione… no podría despedirse del amor de su vida. No volvería a verla, pues estaba muriendo lentamente. No podría casarse con ella y verla caminando por el altar hasta él, ya no podrían formar la familia que tanto deseaban tener. Tampoco volvería a ver a Ron. Sus dos mejores amigos a los que tanto amaba, las dos personas más importantes de su vida, que habían arriesgado su vida por él. Como quisiera poder despedirme''. Estos eran los pensamientos que pasaban por la mente de Harry.

Mientras todo esto atravesaba la cabeza del ojiverde, un golpe sordo interrumpió sus pensamientos, dándose cuenta que su novia cayó de rodillas junto a él y tenía la carita roja e inflamada por el llanto. Esto era otra cosa que no podía soportar, ver a su Hermione llorar desconsolada por él.

La chica llegó hasta él y de un solo golpe se dejó caer de rodillas, levantó su cabeza para sostenerla con sus manos, mientras el resto de su cuerpo estaba en sus piernas. Al verlo y darse cuenta que poco a poco estaba perdiendo el brillo de sus ojos, ella comenzó a llorar más desconsolada, sabiendo que lo perdería para siempre, sin embargo, lo último que haría era rendirse, así que con su varita en sus manos que ahora temblaban más debido al miedo y su desesperación, empezó a intentar reanimar a Harry.

— ¡Rennervate! — decía con su voz temblando por el terror y el llanto. Lo intentó dos veces más, hasta que sintió la mano de Harry tomar la suya con la que sujetaba la varita, haciendo que ella mirara, entendiendo que estaba tratando de detenerla y decirle que el hechizo no iba a funcionar.

— Mione…mírame — logró a penas articular el ojiverde — tienes que seguir adelante, vas a volver a enamorarte y tendrás hijos maravillosos. Nunca olvides que te amo — decía Harry con su voz entrecortada.

— No, Harry, no digas eso. Vas a estar bien. — sollozaba Hermione, mientras tomaba con su mano izquierda una de las manos del chico y se inclinaba hacia su oído — vamos a ser padres, tienes que vivir — confesó ella tratando por todos los medios posibles e imposibles de que Harry se quedara con ella.

Llevaban desde su sexto año siendo pareja y en la tienda de campaña, el tiempo que habían estado solos durante la búsqueda de horrocruxes, se habían entregado el uno al otro, en cuerpo y alma. La castaña tenía planes de decírselo cuando la guerra se terminara y ambos sobrevivieran, pero la situación había cambiado sus planes.

— Yo… iba a decírtelo al terminar la guerra, cuando estuviéramos en paz, pero… — la castaña se atoró con sus palabras y no pudo continuar, rompiendo a llorar más fuerte — No me dejes Harry, por favor — suplicaba ella entre sollozos, colocando una de las manos de él sobre su vientre.

Algo que no podía soportar Harry, era el desconsuelo de Hermione por él. Podía sentir el miedo que ella sentía en ese momento y realmente no había otra cosa que deseara más que quedarse a su lado y criar juntos a su hijo, pero ahora era demasiado tarde y no había manera de quedarse.

— Escúchame. Serás una excelente madre. Dile a nuestro hijo o hija, que lo amo y lo amaré por siempre. Cuidaré de él o ella desde donde sea que voy a estar. Los amo Hermione. — dijo Harry, con una leve sonrisa en sus labios, mientras haciendo el mayor esfuerzo, levantó una mano y limpió una lágrima que se deslizaba por la mejilla de la castaña.

— Te amo — dijo ella acariciando suavemente su negro cabello alborotado con su mano. Se inclinó sobre él y besó sus labios dulcemente, sintiendo que él respondía el beso. Cuando se separó de él, lo vio cerrar sus ojos lentamente. Volvió a inclinarse sobre él y besó su cicatriz. Harry había partido.

— Te amo. Siempre te amaré — Repitió Hermione, con su voz quebrada por el llanto y apretó a Harry contra su pecho, deseando que lo que estaba pasando fuera solo una terrible pesadilla.

En un instante estaba inclinada sollozando encima de él y un momento después, soltó un grito desgarrador que se escuchó alrededor de todo el castillo, haciendo que los cimientos de este temblaran al desborde de su magia y algunas ventanas del castillo terminaran de explotar. Su corazón había sido arrebatado de la peor manera posible.

Al escuchar el aterrador alarido de Hermione, el resto de gente que estaba alrededor, se acercó lentamente y levantaron sus varitas hacia el cielo. Ron se había aproximado arrastrando sus pies y al verla arrodillada y llorando con su mejor amigo en brazos, cayó de rodillas junto a Hermione, sollozando y rodeando sus hombros con sus brazos a manera de consuelo, aunque no hubiera ni palabras ni acciones que pudieran consolarla en ese momento, pues ambos habían perdido a su mejor amigo, pero ella también había perdido al amor de vida.

Harry Potter había muerto.

….

Nueve meses después, Hermione se encontraba a punto de dar a luz a sus gemelos, mientras su madre la sostenía de la mano tratando de tranquilizarla, pues estaba desconsolada llorando y pensando en Harry, en cuanto lo extrañaba y lo mucho que le hubiera gustado tenerlo a su lado en ese momento tan especial y ver juntos nacer a sus hijos.

Cuando la partera le indicó que empezara a pujar, empezó a tener recuerdos de su vida, de cuando conoció a Harry, de todo el trayecto de su amistad, las aventuras que habían compartido, como se habían enamorado, la primera vez que se entregaron el uno al otro y cuando tristemente llegó el momento de su despedida, cuando le confesó su embarazo y justo en el momento en el que Harry partiría, se escuchó el llanto del primer bebé, que la hizo volver a la realidad.

Cuando empezó a pujar para dar a luz al otro bebé, cerró sus ojos con fuerza y juró ver una luz plateada que dejó ver ligera y fugazmente, la forma de un ciervo, que al pasar la hizo sentir la presencia de Harry en su corazón, dándole la fuerza para dar el último empujón con el que dio a luz a una pequeña niña.

Estaba agotada y se había tumbado en la cama, mientras la partera caminaba hacia ella con los gemelos en brazos para que Hermione los pudiera cargar por primera vez. Le entregó al gemelo mayor a la Sra. Granger, para ayudar a Hermione a acomodarse con la pequeña y luego, la madre de la castaña acomodó a su nieto varón en el brazo libre de su hija.

Cuando tuvo a los gemelos con ella, al parecer los bebes habían sentido la calidez de su madre y ambos decidieron abrir lentamente sus ojitos, dejando a una Hermione atónita al ver los hermosos ojos verde esmeralda de ambos, lo que hizo que la castaña empezara a llorar de nostalgia, al ver al amor de su vida reflejado en los ojos de sus hijos.

— Harry… — dijo Hermione en un susurro, sin dejar de ver los preciosos ojos de los niños.

Cinco años después

A sus veintitrés años, Hermione, después de haber dado a luz a sus gemelos hace cinco años atrás, había culminado sus estudios en una universidad muggle en la carrera que le gustaba, que era derecho, para luego entrar en el puesto de trabajo que Kingsley le había ofrecido en el ministerio, en el departamento de la ley mágica.

Actualmente tenía un año y medio de estar trabajando en el ministerio, pues se había unido al departamento de aplicación de la ley mágica cuando estaba cerca de culminar su carrera. También tenía el puesto de jefa del departamento de derecho para criaturas mágicas, este puesto se había creado recientemente y Kingsley sabía que ella era la indicada para este.

Así que había podido terminar sus estudios gracias a la ayuda que le habían dado sus padres y los señores Weasley, en cuanto a cuidar a los gemelos se trataba, mientras ella se preparaba. Cuando salía de sus clases, recogía a sus hijos y se iba con ellos a casa. Había logrado comprar un pequeño apartamento con los ahorros que tenía en su cuenta de Gringotts y con un poco de apoyo de sus padres, ya que para ese entonces aún no trabajaba.

Muchas de las necesidades de sus hijos, las pagaba con el dinero de la bóveda de Harry, ya que él había sido claro y después de haber insistido tanto, ella aceptó agregar su nombre a la bóveda del ojiverde en Gringotts.

Luego de la guerra y haber perdido a Harry, la castaña le pidió a Ronald que la acompañara a Australia a revertir el encantamiento y devolverle la memoria a sus padres. Tenía mucho miedo de que la rechazaran, pero tenía que intentarlo, los necesitaba con ella. No podría soportar otra pérdida.

Cuando no se quedaba a cenar con sus padres o con los Weasley, llegaba a casa, cenaba y jugaba un rato con sus hijos, pues los niños obviamente habían sido alimentados por sus abuelos, a excepción de los fines de semana que aprovechaba para pasar el día entero con los gemelos, los llevaba con ella a hacer sus mandados, y luego pasaban buscando a Teddy y Andrómeda y se iban al parque a jugar. Al final del día, regresaban a casa, les preparaba la cena y luego los arropaba en sus camas. Antes de dejarlos dormidos, los niños siempre le pedían que les contara la historia de como se habían conocido y enamorado ella y su padre. Y al final siempre les daba el mensaje que él les había dejado a ambos.

— Su padre los amaba y siempre los amará. Él cuidará siempre de ustedes, desde donde quiera que esté — decía la castaña, derramando un par de lágrimas — él murió luchando por un mundo mejor para ustedes — les dijo ella, depositando un beso en sus frentes y arropándolos para dormir.

Había dado a luz a una hermosa pareja de gemelos: James Sirius y Lilly Rose Potter Granger. Eran exactamente iguales en casi todo, pues la única diferencia era el color del cabello. Lilly había sacado su cabello rojo como su abuela paterna, con leves destellos castaños igual a Hermione, mientras James, había sacado el cabello completamente castaño, pero ambos tenían el cabello alborotado como ambos de sus padres. Y esos ojos, los cuales tenían a la castaña prendada desde que los había visto abrir sus ojitos, ambos niños tenían los ojos de su padre. Unos hermosos ojos verde esmeralda, que todos los días le recordaban a Harry.

En cuanto a Teddy, que algunos fines de semana se quedaba a dormir en casa con ellos, Hermione le platicaba un poco acerca de sus padres y también de Harry, de como Remus y Tonks los habían nombrado a Harry y a ella sus padrinos y todos habían luchado juntos en la guerra contra Voldemort. Tus padres también lucharon por un mundo mejor para ti y como tu madrina, recuerda que siempre me tienes aquí. La castaña se inclinó y besó también la frente de Teddy.

Remus Lupin había muerto al final de la guerra, asesinado por Antonin Dolohov y siendo el último de los cuatro merodeadores en morir, mientras que su esposa, Nymphadora Tonks, fue asesinada por Bellatrix Lestrange, dejando así a su hijo Teddy Lupin, en manos de su madrina, Hermione Granger y de su abuela materna, Andrómeda Tonks.

Luego de dejarlos para dormir, se dirigía a su habitación donde tenía una cama matrimonial en la que siempre dejaba el espacio a su lado, como guardando una memoria de Harry. Se vestía con su pijama, lavaba sus dientes y se metía debajo de las sábanas con una foto entre sus brazos pegada a su pecho. Pasaba unos cuantos minutos en los que miraba detenidamente la foto y pasaba sus manos sobre ella, mientras sus lágrimas se deslizaban por sus mejillas, hasta que sujetaba nuevamente la foto y la envolvía con sus brazos contra su pecho, hasta quedarse dormida.

En la mesita de noche que estaba situada del otro lado de la cama, había colocado la varita que había recogido del suelo y los lentes de Harry, los cuales había reparado debido a que le recordaba siempre a su primer momento en el que le compuso las gafas con un ''oculus reparo''. Los había colocado sobre la mesita con un hechizo protector para que no obtuvieran ningún daño, mientras que en el armario guardaba algunos de los jerseys de quidditch de Harry, que algunas veces ocupaba para dormir y por alguna razón estos conservaban la esencia del chico de ojos verdes, o simplemente se debía a que con su ropa lo sentía cerca de ella.

Mientras ella se quedaba dormida, nunca se había percatado de que, en varias ocasiones sus hijos la escuchaban llorar y se asomaban silenciosamente por la puerta. Ellos se habían dado cuenta de que se quedaba dormida con una foto de su padre y ella abrazada contra su pecho y sollozaba repitiendo cuanto lo amaba y lo extrañaba.

Había pasado cinco años deprimida por la muerte del amor de su vida.

Por la mañana cuando bajaba a la cocina para preparar el desayuno, se sentaba unos minutos frente a la barra de la cocina, mientras se tomaba su café y contemplaba una foto de ella y Harry y otra que tenía con él y su amigo pelirrojo.

— Te extraño tanto, Harry. — decía la castaña, sintiendo una lágrima recorrer su mejilla. Pasaba unos minutos así, hasta que escuchaba las vocecitas de sus hijos que aparecían bajando las escaleras y rápidamente se limpiaba las lágrimas y continuaba haciendo el desayuno.

Una noche, después de que Hermione arropó a los gemelos, la pequeña Lilly tuvo un sueño en el que se encontró con su padre, Harry Potter.

Cuando Lilly empezó a soñar, se encontró en un lugar extraño y completamente blanco. Estaba un poco asustada y cuando se giró, se dio cuenta que un hombre venía caminando hacia ella. Se sintió curiosa, pues algo dentro de ella le decía que corriera hacia él, no tenía ninguna intención de hacerle daño. Así que empezó a caminar hacia el hombre que lentamente se acercaba.

Empezó a acelerar sus pasos y cuando lo tuvo lo suficientemente cerca, miró sus ojos y su corazón le dio un vuelco al reconocer a su padre.

— ¿Papá? — preguntó ella algo confundida debido a que solo había visto a su padre en fotos y estas fotos, mostraban al adolescente que fue cuando murió. Vio al hombre sonreír al escuchar esa palabra.

El ojiverde asintió lentamente poniéndose en cuclillas y fue cuando Lilly finalmente corrió la última distancia hacia él y saltó a sus brazos, sintiendo como su padre la levantaba y la giraba en el aire, envolviéndola entre sus brazos.

Cuando la bajó, seguían estando abrazados y Harry depósito pequeños besos en su cabecita.

— Papá, ¿En serio eres tú? — preguntó la pequeña con lágrimas en sus ojitos, unas que Harry se apresuró a limpiar con sus dedos.

— Si, soy yo princesa — Contestó el ojiverde sonriendo.

— ¿Como es que estás aquí? ¿Puedes regresar con nosotros? —preguntaba Lilly llena de entusiasmo, sin saber que su padre no podía volver.

— No princesa, no puedo volver. Yo dejé ese mundo hace cinco años. Pero lo dejé sabiendo que sería un mundo mejor para ti y tu hermano — le aclaró Harry a su pequeña hija — pero puedo estar en tus sueños y puedes sentir que realmente estoy acá. Es increíble lo que puede llegar a hacer la magia — dijo Harry sonriendo.

La pequeña volvió a llorar y lo abrazó nuevamente, sintiendo a su padre rodearla con sus brazos y besar su cabecita. Cuando se separaron, Harry la cargó sin esfuerzo alguno y la sentó en una banca, tomando asiento a su lado.

— Mamá ha estado deprimida por años, desde que ya no estás, el tío Ron y la tía Luna me cuentan que antes de que James y yo naciéramos, ella lloraba mucho más seguido y no lograba dormir bien durante meses. Ahora ella se va a la cama y llora todas las noches abrazando una fotografía en la que se encuentra contigo — confesó la pequeña con lágrimas en sus ojitos y encontrando los ojos verdes de su padre, brillando de preocupación — ¿La puedes visitar? — Preguntó la pequeña con inocencia.

Harry estaba boquiabierto ante las palabras de su hija. Sabia que para Hermione sería duro, pues enfrentar la muerte de alguien querido nunca es fácil, pero escuchar que había pasado los últimos cinco años deprimida y llorando por su pérdida, le comenzó a preocupar.

— Si, la visitaré. Te lo prometo, pero para que pueda visitarla, tienes tú que entregarle esto — le dijo su padre, colocando una piedra de forma piramidal en su pequeña manito — cuando despiertes la tendrás en tu mano y se la tienes que entregar a tu mamá. Dile que duerma con ella en su mano.

Lilly se mostró algo dudosa sobre eso, pero luego asintió.

— ¿Analizando las cosas? Me recuerdas a tu madre — le dijo Harry sonriendo — Sé que al principio tu madre hará lo mismo, pero luego lo entenderá — le aclaró su padre y le guiñó un ojo.

La pequeña niña pelirroja se volteó hacia su padre y lo abrazó nuevamente, sin intenciones de querer soltarlo. Ambos lloraron sabiendo que él no podía regresar con ellos.

— ¿La sigues amando? Ella te sigue amando, lo dice todas las noches cuando se va a dormir con la foto — preguntó inocentemente la pequeña.

— Nunca he dejado de amarla, la amaré por toda la eternidad — aclaró el azabache con una sonrisa y brillo en sus ojos.

— ¡Papá… te amo! — dijo Lilly entre lágrimas — Ha sido muy lindo verte, aunque sea en mis sueños. ¿Seguirás visitándome? — preguntó ella entusiasmada.

— Yo también te amo princesa, no tienes idea — le aclaró el ojiverde con lágrimas en sus ojos — si pequeña, cuando quieras me podrás encontrar acá, pero también necesitaré tiempo para tu madre — le dijo él dándole un beso en su frente.

Lilly asintió y besó la mejilla de su padre.

— Ahora deberías despertar cariño. Tienes que ir a la escuela en un rato — le dijo Harry — Te veré otro día, ¿sí? — besó su cabeza y la miró alejarse y desaparecer, mientras se quedaba atrás con sus manos en los bolsillos y con un revoltijo de emociones después de verla y abrazarla por primera vez.

La pequeña Lilly despertó en su cama sintiendo un cosquilleo en su mano derecha, volteó y abrió lentamente los ojos, viendo un pequeño objeto materializarse en su mano, el que no tardó en reconocer que era la pequeña piedra que le había dado su papá.

Recordando todo lo que le había dicho su padre, Lilly salió rápidamente de la cama y corrió hacia su madre, muy emocionada.

— ¡Mamá! ¡Mamá! — gritaba la pequeña subiendo en la cama de Hermione y saltando de rodillas en ella — ¡Vi a papá! En mis sueños, lo vi y me dijo que te diera esto — dijo Lilly tendiendo su manito con la piedra hacia su mamá, quien la miró asustada y rápidamente tomó la piedra.

— '' ¡Lilly Rose Potter! ¿De dónde has sacado esto?'' — preguntó su madre, asustándola un poco con la expresión molesta que tenía su rostro.

La castaña observó que su hija estaba asustada, seguramente debido a la expresión de enojo que se había dibujado en su cara. Pero claro, su pequeña hija acababa de tenderle la manito con la piedra de la resurrección en ella. Recordó que la piedra y la capa eran las únicas reliquias que Harry se había quedado. Al morir Harry, Hermione supo que tenía que entregarle la capa a su futuro hijo. La varita de Saúco había sido regresada a la tumba de Dumbledore, por Ron y Hermione a petición de su amigo de ojos verdes antes de morir.

— Te lo he dicho mamá. He tenido un sueño con papá y el me dijo que te diera la piedra. No sé como apareció en mi mano, asumo que es mágica — decía la pequeña pelirroja con sus ojitos con lágrimas — vi a papá y lo abracé. Me sentí tan segura en sus brazos mamá, como si nada malo pudiera pasarme, se sintió tan real. — Lilly dijo con una leve sonrisa y lágrimas en sus ojos.

— Mi amor, eso es imposible. Es cierto que papá está en nuestros corazones, pero es imposible que te haya dado esto. El se ha ido al cielo cariño — Hermione trataba de explicarle, mientras su voz se quebraba cuando decía que Harry ya no estaba.

— Papá dijo que al principio no lo creerías, pero luego lo entenderías — dijo la niña, encogiéndose de hombros — Me alistaré para la escuela, Mamá — Lilly besó la mejilla de Hermione y fue a su habitación a prepararse para el colegio.

…..

Esa misma noche después de dejar dormidos a los gemelos, Hermione tomó la piedra y se quedó pensando con ella en la mano. Le dio tantas vueltas buscándole una explicación a lo que su hija le había dicho, que lentamente y sin darse cuenta, fue quedándose dormida con la piedra en la mano.

Al caer profundamente dormida, la castaña se encontró en el mismo lugar donde todo era de color blanco y empezó a tratar de reconocer su alrededor, que parecía ser la estación de King Cross, pero vacía.

Mientras miraba a su alrededor reconociendo el lugar, se volteó y se dio cuenta de que alguien venía caminando hacia ella. Algo le decía que siguiera caminando, necesitaba respuestas a lo que estaba sucediendo.

Al encontrarse más cerca, logró reconocer a Harry, quedándose paralizada por lo que parecieron ser horas para ella. El hombre que amaba y amaría su vida entera, estaba frente a ella. Vestía un sweater azul oscuro, con las largas mangas arremangadas hasta sus codos, que resaltaba bastante sus músculos y dejaba ver sus antebrazos, un pantalón jeans celeste claro y no podía dejar pasar por alto la mediana barba que se había dejado crecer. Se veía tan guapo, más guapo que antes.

Su corazón le dio un vuelco al ver al chico sonreírle y sin poder creer lo que estaba viendo, logró moverse y corrió hacia él, abalanzándose y atrapándolo en un largo y fuerte abrazo, sin ganas de soltarlo.

Empezando a darse cuenta de lo real que se sentía, se separó lentamente y ambos se miraron a los ojos unos segundos, mientras ella acarició su rostro sin poder creer lo que está ocurriendo y sin poder aguantar más, se abalanzó sobre él nuevamente y le plantó un largo beso en los labios. No pasó ni un segundo, cuando Harry empezó a responder el beso con la misma pasión e intensidad, rodeando su cintura mientras ella rodeaba su cuello con sus brazos.

— ¡No puedo creer esto!, ¡Se siente tan real! ¿En serio estas aquí? —preguntó la ojimiel emocionada, tocando el rostro de Harry — Estas guapísimo. ¿Cómo es que has crecido? — declaró Hermione sonrojándose un poco.

— Tú estas hermosa, estas preciosa — declaró Harry, dándole una sonrisa ladeada y acariciando suavemente su rostro con sus dedos — En cuanto a mi crecimiento, creo que es parte de la conexión que tengo contigo, creceré a medida que tu lo hagas, incluso estando acá — concluyó Harry.

— ¿Cómo es que esto está sucediendo? Se siente tan real Harry —preguntaba confundida pero emocionada la castaña, mientras seguía mimando el rostro del chico y luego volvió a abrazarlo con fuerza.

— La piedra lo dirige a tu cabeza. Tu cerebro y tu corazón se encargan de hacerlo real, tan real como lo quieras sentir, pero sabemos que nada tiene la capacidad de revivir a los muertos. Estoy en tu cabeza, en tus sueños y en tu corazón, tan real como quieras sentirme, Mione. Pero no puedo salir de allí — Explicó el azabache.

— ¡Oh, Harry!, ¡No sabes cuanto te he extrañado! Quisiera quedarme contigo — La castaña dijo, sintiendo sus lágrimas derramarse por sus mejillas y aún aferrada al abrazo de Harry — Lilly tenía razón y yo … no le creí — terminó la chica sollozando en el hombro del azabache.

El ojiverde dejó que Hermione se derrumbara en su abrazo, pues necesitaba sacar todo lo que sentía, se dedicó a abrazarla con fuerza y protectoramente sin soltarla por unos minutos en los que ella seguía llorando y delicadamente besó su cabeza. Pasados unos minutos, se separaron y Harry la miró a los ojos.

— Yo también te extraño muchísimo Hermione, pero no puedes quedarte, aún no llega tu tiempo. Tienes que regresar con James y Lily, ellos te necesitan ahora. Prométeme que seguirás adelante con tu vida, por nuestros hijos, que te enamoraras de nuevo y serás feliz. — pidió Harry suplicante acariciando el rostro de la ojimiel y limpiando sus lágrimas.

— Puedo prometerte seguir adelante con mi vida, por nuestros hijos Harry, pero no me pidas o me hagas prometerte volver a enamorarme y ser feliz con alguien más que no seas tú, eso no va a pasar — aseguró Hermione.

Derrotado, Harry se sonrojó y la abrazó para luego cambiar de tema, pues sabía que cuando Hermione le hablaba en ese tono tan firme, difícilmente cambiaría de opinión.

— ¡Oye, que hermosa es nuestra Lilly! Es una niña muy inteligente, como su madre — Harry dice sonriente — Ciertamente le mencioné que al principio lo analizarías y luego lo comprenderías.

— ¡Y tan impulsiva como su padre! Aunque ella tiende a analizar un poco las cosas, James es más impulsivo — exclamó ella, haciendo reír a Harry — ¡Oh! Son hermosos los dos, me recuerdan a ti a diario. Tienen tus hermosos ojos, Harry — dijo Hermione sonriendo y con sus ojos empañados en lágrimas.

— No tienes idea de la alegría que inundó mi corazón cuando me abrazó y la escuché decirme papá — dijo Harry emocionado y empezando a llorar de felicidad — Platicamos unos minutos y puedo decirte que ella también analizó la piedra. Además de eso, me contó que su mamá está deprimida desde hace cinco años y que a diario duermes con una foto que tienes conmigo. Me dijo que lloras todas las noches mirando la foto y con sus ojitos llenos de lágrimas, me pidió que te visitara — dijo el ojiverde, mirando fijamente a los ojos de Hermione y lentamente cambiando su sonrisa por una expresión de preocupación.

Hermione se quedó paralizada y se sonrojó, sin saber como responder a lo que Lilly le había dicho a su padre.

— No puedo creer que Lily te dijera eso — dijo Hermione avergonzada — prometo que seguiré adelante, ellos lo necesitan también, pero ¿Te volveré a ver? — preguntó la castaña, un poco dubitativa y cabizbaja.

— Tienes la piedra, puedes visitarme cuantas veces desees, pero has prometido que seguirás adelante, así que, sin ánimos de ofender, no me visites a diario. Quiero verte feliz, a ti y a los niños — dijo Harry, besando suavemente los labios de Hermione — recuerda que quienes nos aman jamás nos dejan. Y yo te amo Hermione, a ti y a nuestros hijos. — le sonrió señalando su corazón.

— Sirius… — susurró la castaña, recordando que había sido su padrino quien le había dicho esa frase tan cierta, mientras Harry asentía sonriendo.

— Oh, Harry. Yo también te amo, lo haré el resto de mi vida y por la eternidad — le aclaró la castaña, acariciando el rostro de él.

Ambos se inclinaron una vez más y compartieron un prolongado beso que a regañadientes tuvieron que romper unos minutos después.

— Ahora tienes que regresar amor. Los niños te esperan para ir a la escuela — le dijo Harry.

— Volveré — dijo Hermione con una sonrisa, besando los labios de Harry una y otra vez — te amo — le susurró al oído, se separó y desapareció, dejando a Harry sonriendo como idiota después de su reencuentro.

''Había vuelto a ver y a besar a Hermione'' pensó Harry con una sonrisa bobalicona.

Al despertar y abrir sus ojos, lo primero que Hermione se encontró fue a sus hijos de pie al lado de su cama con expresiones de travesura en sus rostros. Era obvio que Lilly le había contando a James sobre el sueño con su padre.

— ¡Mamá! ¡¿viste a papá?! — preguntó Lily emocionada, viendo que su madre sostenía la pequeña piedra en su mano — ¡Esa sonrisa que tienes en el rostro! ¡significa que si lo viste!, ¡Estas feliz mamá! — exclamó la pequeña pelirroja.

— Si, lo vi Lily. Me hizo tan feliz verlo y abrazarlo. — contestó Hermione sonrojándose y con una gran sonrisa en su rostro, dándose cuenta que ambos niños la miraban con una sonrisa y una mirada de complicidad que la hizo recordar a ella y Harry. — Lamento no haberte creído cariño — dijo la castaña, acariciando el rostro de su hija.

— No importa mamá — dijo Lilly, mientras en su carita se empezaba a dibujar una sonrisa radiante. — Y…. ¿lo besaste? — preguntó Lily ahora sonriente y abriendo mucho sus ojitos verde esmeralda.

— ¡Lilly!… — dijo Hermione, con advertencia de que eso ya era más privado entre ella y su padre, aunque se le dibujó una leve sonrisa en su rostro y se sonrojó.

— Ahora vamos, tienen que ducharse, desayunar e irse a la escuela — declaró Hermione, mientras corría hacia el baño a tomar una ducha.

Horas después, dejó a los niños en la escuela muggle y se fue a trabajar al ministerio. A medio día salió directo al departamento de aurores, pues había quedado de ir a buscar a Ron, para que pudieran a almorzar juntos.

Ron Weasley actualmente se encontraba trabajando como auror en el ministerio y los fines de semana ayudaba a su hermano George con la tienda de bromas. Se habían expandido y a veces le tocaba a él atender la tienda que se encontraba en Hogsmeade.

Con respecto a su vida amorosa, se encontraba saliendo con Luna Lovegood, que ahora era la dueña del quisquilloso y una muy buena amiga de Hermione también. La rubia perteneciente a Ravenclaw, había estado enamorada de Ronald, desde su cuarto año, pero fue hasta el final de la guerra que por fin se habían juntado.

Hermione llevaba siempre con ella la snitch que Harry había atrapado, la que Dumbledore le había dejado. La llevaba reducida como un dije y puesta en su collar de diario.

Ron había notado esto hace varios años y lo consideró algo normal, lo que le preocupó, fue cuando miró a Hermione tomar la pequeña snitch y mirarla por un momento con una mirada de tristeza.

La castaña había hecho este gesto reflejo, acordándose de lo ocurrido en su sueño, a causa de la piedra. Si, había visto a Harry, lo había sentido tan real y lo cierto era que lo extrañaba demasiado.

— Hermione, han pasado cinco años — le dijo el pelirrojo con preocupación, causando que su amiga levantara la mirada y le lanzara dagas con los ojos.

— Necesitas seguir adelante, salir con alguien — sugirió Ron, causando que su amiga se enojara más.

— Mi vida amorosa acabó en el momento en el que Harry murió — Expresó Hermione. — ¡Puedo estar soltera el resto de mi vida si así lo quiero! No volveré a salir con nadie, a menos que sea la copia exacta de Harry Potter, por dentro y por fuera. ¿Lo entiendes Ron? — gruñó molesta la castaña.

— Él hubiese querido que siguieras adelante con tu vida y eso incluye tu vida amorosa — Ronald dijo con esperanzas de lograr algo, pero fue peor.

— No puedo Ronald. ¡Entiende! Salir con alguien más seria traicionarlo. Lo amo tanto, que incluso mi patronus mutó a una cierva. Solo deja el tema ¿si? — pidió Hermione, empezando a llorar.

— Recuerdo lo de tu patronus. Pero piénsalo, ¿sí? — pidió Ron, sin conseguir respuesta alguna.

Luego de terminar el día laboral, salió del ministerio directo a buscar a sus hijos a casa de los abuelos Granger. Esta vez se había quedado a cenar con sus padres. Los extrañaba y quería pasar tiempo con ellos.

Se encontraban cenando cuando su madre le hizo saber a Hermione que James y Lilly habían tenido su primer incidente de magia accidental. Lilly había estado meciéndose y cuando saltó del columpio, disminuyó el impacto de su caída. En cuanto a James, sucedió cuando pensó que su hermana se lastimaría al caer, haciendo que todos los juegos en el parque se detuvieran al mismo tiempo y algunos de una manera brusca. Hermione le agradeció a su madre por haberle contado sobre esto, después de todo su mamá lo había vivido con ella.

Un par de horas después, llegó a casa con James y Lilly y los fue meter en sus camas. No tardaron mucho en caer dormidos, habían llegado muy cansados después de haber ido al parque con sus abuelos y haber jugado todo el día. Arropó a los niños y volvió a su habitación, pero esta vez al acostarse y tomar la foto entre sus brazos, sonrió de oreja a oreja y tomó la pequeña piedra en sus manos. Antes de quedarse dormida cerró con llave la puerta de la habitación.

— ¡Muffliato! — susurró con su varita en mano e insonorizó la habitación con una sonrisa en sus labios, pues sus planes de esta noche, involucraban sueños muy sucios con Harry Potter.

Inmediatamente cuando se quedó dormida y apareció en la estación de King Cross tan blanca y solitaria, vio a Harry caminando hacia ella, lo que hizo que a Hermione se le dibujara una enorme sonrisa en el rostro y corriera hacia él, casi derribándolo con su abrazo.

Se separaron y se vieron a los ojos, estando ambos muy sonrientes y felices de volverse a ver.

Juntaron sus labios, en un beso lleno de pasión, lleno de amor, demostrándose que seguían locos el uno por el otro. Se separaron con sus respiraciones agitadas y sonriendo, volvieron a besarse, mientras Harry la tenía envuelta entre sus brazos sin querer soltarla.

— ¡No me vayas a soltar nunca! — le dijo Hermione, jadeante y sonrojada, separándose un momento de sus labios. — ¡Nunca Harry Potter! — fue lo último que dijo, antes de volver a capturar sus labios de manera demandante, hasta que Hermione necesitó respirar y de mala gana, se separaron lentamente.

— Harry… — susurró ella, dirigiendo su mirada a los hermosos ojos verde que tenía frente a ella, — hazme el amor — le pidió en tono de súplica a sus ojos.

Los ojos de Harry se abrieron como platos y se obscurecieron por el deseo, a pesar de estar sorprendido por su petición.

— ¿Estas segura? — preguntó aún sorprendido el azabache.

— Ya nos entregamos una vez, ¿Recuerdas?, tengo dos hermosos hijos tuyos. Estoy completamente segura de esto. — declaró la chica.

— Lo sé, pero sabes que ahora no puedes quedar embarazada, Hermione — le aclaró el ojiverde.

— Estoy completamente consciente de eso, Harry. Solo quiero volver a estar contigo y sentirte junto a mi, dentro de mi, volver a sentir que soy tuya, quiero sentirte de nuevo, sentir el calor de tu cuerpo junto al mío. ¿Por favor? — pidió ella al borde de las lágrimas, haciendo que Harry la abrazara.

— De acuerdo — accedió Harry, empezando a formular otra pregunta que Hermione se encargó de responder, solo descifrándola en sus ojos.

— Si, me encargué de ponerle llave a la habitación y silenciarla también — aclaró la castaña, sonrojándose y besando los labios del chico.

— Esa inteligencia tuya, nunca deja de sorprenderme. No se ni por que iba a preguntarlo — dijo el azabache con una sonrisa pícara y seguidamente, sintió los labios de Hermione sobre los de él, haciéndolo soltar un jadeo de placer.

Comenzaron a besarse lenta y apasionadamente, a un ritmo que los hacía no poder, ni querer detenerse y sin ser conscientes, sus prendas de ropa habían empezado a caer al suelo.

Hermione estaba extasiada con el cuerpo de Harry, aunque no tenía idea de como había obtenido el cuerpo que tenía ahora, no iba a quejarse. Era malditamente sexy.

Habían llegado a acostarse en el suelo y Harry empezó a acariciar lentamente las piernas de su castaña, mientras sus labios seguían fusionándose entre si, con una guerra entre sus lenguas.

El azabache subió lentamente su mano derecha por la espalda de Hermione, hasta llegar al broche de su sostén que, con un rápido y experto movimiento, lo desabrochó y segundos después se había unido a las demás prendas en el piso.

Despegaron sus hinchados labios un momento, mirándose a los ojos con todo el amor que sentían el uno por el otro, cuando Harry bajó su mirada hacia los senos de la chica, haciendo que ella se sonrojara y gimiera cuando sintió sus labios sobre ellos.

Se tomó su tiempo sobre sus senos, disfrutando de escuchar los gemidos que provocaba en ella y sentir su cuerpo temblar debajo de él, haciendo que su erección se hiciera más molesta debajo de su bóxer.

El chico se dio cuenta de que Hermione, había sentido la presión en sus piernas y lo hizo soltar un gemido, cuando dirigió sus delicadas manos y apretó su miembro mientras mordía sus labios, lo que hizo que Harry llevara y deslizara sus dedos por debajo de sus bragas, haciendo a la chica gemir en cuanto tocó su húmeda cavidad y se deslizó sobre ella.

— ¡Oh, Dios mío!, ¡Harry! — exclamaba la chica llena de placer y gimiendo su nombre.

Harry ahora se encontraba con su mano dentro de las bragas de Hermione, y sus labios en los senos de ella, mientras ella apretaba su miembro haciéndolo gemir, hasta que decidió llevar su mano a la cabeza del chico y tomar su cabello, pues estaba bastante roja y si Harry seguía así no aguantaría más. Así que lo tomó y levantó su cabeza.

— ¡Por favor Harry, hazlo ahora!, ¡No aguanto más! — exclamó la castaña temblando de placer.

El chico capturó sus labios una vez más en un beso lleno de entusiasmo y luego se puso de rodillas frente a ella, la admiró un momento y se deshizo de sus bragas y de su bóxer. Se volvió a colocar encima de ella y sintió las piernas de la castaña rodearlo por la cintura y empujarlo hacia ella, lo que lo hizo sonreír con picardía.

La castaña capturó con fuerza los labios del chico, tirándolo hacia ella con sus piernas, dándole una señal de que lo estaba esperando introducirse en ella.

Mientras se besaban, Harry apoyó sus antebrazos sobre el piso y lentamente se introdujo en la cavidad de la chica, deleitándose nuevamente con el gemido que lo recibió, gritando su nombre. ''¡Esa chica siempre lo volvería loco!''.

— ¡Por Merlín, Harry!, ¡Cuánto te extrañé! — exclamaba temblorosa y agitada la castaña — ¡Eres mío y seré siempre tuya Harry, siempre! — decía ella con lágrimas en sus ojos y temblando de placer debajo de él, mientras admiraba el rostro sonriente y lleno de placer de Harry.

El azabache empezó a aumentar el ritmo de sus embestidas, haciéndolos gemir a ambos y cada uno gritando el nombre del otro, embriagados los dos en una nube de placer, como lo habían hecho cinco años atrás.

Ambos gemían fuertemente, estaban sudando y sintiendo las gotitas resbalar por sus cuerpos, mientras sus rostros se encontraban bastante sonrojados, debido a lo acalorados y extasiados que estaban. Cuando juntos tocaron las estrellas, se abrazaron fuertemente sintiendo que llegaban al éxtasis y ambos explotaban.

Cuando acabaron y se tranquilizaron, la castaña se había quedado dormida encima del pecho de Harry. Si, se habían quedado dormidos en el sueño de Hermione.

Horas o momentos después, pues al parecer solo Harry sabía cuanto tiempo había pasado, empezó a mover cuidadosamente a Hermione, quién abrió sus ojos lentamente y cuando miró los orbes verdes de Harry, se le dibujó una enorme sonrisa en su rostro y se inclinó hacia él para besar sus labios en un prolongado beso que Harry tuve que interrumpir a regañadientes, pues Hermione tenía que despertar en serio y llevar a sus hijos a clases.

— Hermione, amor…por mucho que me gustaría seguir aquí contigo, tienes que despertar, James y Lilly te están esperando — le dijo cariñosamente.

— Oh, cierto. Desearía poder quedarme aquí contigo — bostezó un poco la chica, volviendo a besar a Harry.

— Lo sé, yo también lo quisiera, pero los niños ahora siguen siendo nuestra prioridad — dijo el ojiverde — Podemos volver a vernos, recuerda. Ahora ve — la apuró el azabache, depositando otro beso en sus labios.

La chica sonrió y asintió. No era necesario que buscara como vestirse, pues cuando despertara de verdad, estaría en su cama con su pijama. Pero vaya sorpresa la que se llevó al encontrarse completamente mojadas sus bragas y la parte de la cama donde se encontraba, después de ese magnífico encuentro con Harry en sus sueños. Rápidamente se levantó y se metió a bañar, para luego ir por sus hijos y llevarlos a la escuela.

Días después mientras almorzaban, Hermione le contó a Ron lo ocurrido con la piedra de la resurrección, pues él también merecía ver a su mejor amigo. Le entregó la piedra y le explicó que tenía que dormir con ella en su mano.

Esa misma noche Ron no dudó en hacer lo que Hermione le había explicado y se encontró con Harry en sus sueños, poniéndolo al tanto de todo lo que estaba sucediendo abajo. Compartieron y se rieron un poco, recordando todas sus aventuras, además de que Ron lo puso al tanto de que por fin le había pedido matrimonio a Luna Lovegood, noticia por la cual recibió un fuerte abrazo y felicitaciones.

— Cambiando de tema, Ron. Necesito que me ayudes con algo, quiero encontrar a alguien que pueda hacer feliz a Hermione, que ella vuelva a encontrar el amor y estoy seguro de que hay algún hombre que pueda ganarse su corazón — Harry habló con temblor en su voz, debido a las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas.

— Oye amigo, eso va a estar un poco difícil, yo ya lo intenté. Ella está enamorada de ti y la respuesta que recibí fue ''Puedo pasar el resto de mi vida soltera si quiero'' — Ron le comentó a su mejor amigo, tratando de imitar la voz de Hermione y haciéndolo reír un poco por su imitación — Pero intentaré algo más, sin que ella se de cuenta — dijo esta vez palmeando su espalda.

— Necesitamos a alguien con algunos rasgos faciales parecidos a los tuyos y algo obligatorio, tu color de ojos. Y ahorita que lo recuerdo, casualmente en el departamento de aurores, ha empezado a trabajar hace un tiempo un hombre que se que tiene un parecido contigo. La diferencia está en que no usa lentes y obviamente no tiene tu cicatriz, pero bien podría ser tu hermano mellizo tal vez. — argumentó el pelirrojo, haciendo reír un poco a Harry con todos esos detalles.

Lo que Ronald no sabía era que el tono de verde de los ojos del chico, no era exactamente el mismo de Harry y Hermione lo notaría fácilmente, pues los ojos del azabache, eran algo único para la castaña.

Harry seguía amando tanto a Hermione, que quería que ella fuera feliz, sin embargo, eso no significaba que no le doliera en lo profundo del corazón, que pudiera haber alguien más que se ganara el corazón de la mujer que tanto amaba, pues él ya no podía regresar al mundo.

Los amigos se despidieron, dejando a Harry con el intento de una promesa de encontrar a alguien para Hermione.

Ron ya había intercambiado unas cuantas palabras con Henry, quien tenía un gran parecido con su mejor amigo y decidió que lo presentaría con Hermione, pero antes de que el pelirrojo los presentara, Henry se había adelantado, dándose cuenta que la mujer que le había gustado desde la guerra, estaba ahora frente a sus ojos, pues ese día la castaña se presentó en el salón de entrenamientos, para darle un informe a Ronald, sobre una investigación que le pidió como favor y mientras Hermione se encontraba revisando los papeles para entregar, escuchó que alguien se le acercó y le habló, pero estando concentrada en su tarea, no le prestó atención, hasta que el hombre insistió una vez más.

Esta vez cuando Hermione levantó su rostro para enfrentarlo, se quedó paralizada y boquiabierta. Su corazón latía desenfrenado al ver el parecido que el hombre tenía con Harry, lo que la hizo comenzar a llorar. Al instante se levantó y salió del salón, siendo seguida por Ron, quien decidió salir a consolarla un poco, pues sabía lo que estaba pasando su amiga en ese momento.

— Él se parece tanto a Harry, excepto por sus ojos — dijo Hermione con lágrimas en sus ojos y viendo a Ron fruncir el ceño.

— Tiene ojos verdes Hermione — trató el pelirrojo de aclarar y comprender, viendo a su amiga negar con una pequeña sonrisa.

— Tiene ojos verdes, pero son un tono muy diferente al de mi Harry. Los ojos de Harry son únicos y no lo digo solamente por estar enamorada de él, además de que tengo dos hijos con su mismo color de ojos, vi sus iris verdes de cerca muchísimas veces y se que no son iguales — aclaró Hermione con su tono de sabelotodo, cuando vieron al hombre salir y acercarse.

— Lamento interrumpir, pero ¿Puedo tener unas palabras? Hermione —preguntó el chico, haciendo que la castaña se sonrojara y mirara a Ron alejarse.

— Claro, ya me iba — dijo el pelirrojo, alejándose de ellos y entrando al salón nuevamente.

— Mi nombre es Henry, Henry Barnes — dijo él tendiendo la mano hacia Hermione, quien cautelosamente la tomó — Hermione Granger, me has gustado desde la segunda guerra, cuando supe quien eras. Claro, sabía que estabas con el gran Harry Potter y tal vez jamás te podría conocer en persona — confesó el hombre, poniendo más incómoda a Hermione.

— Me encantaría que me des la oportunidad de conocerte mejor y que aceptaras ir a cenar conmigo — Henry pidió con una sonrisa galante.

— Me halagas mucho, pero … — empezó la castaña, cuando el hombre insistió una vez más.

— Por favor, solo dame una oportunidad — suplicó Henry, con la misma sonrisa.

— Está bien. Mañana por la noche — asintió la castaña levemente.

— Perfecto. Pasaré por ti a las ocho — Dijo el hombre aún más radiante y besando el dorso de la mano de Hermione.

Henry había logrado tener un par de citas con Hermione, sin saber que la castaña ya estaba por decirle que sus salidas acabarían, pues había descubierto que gracias al parecido que tenía con Harry, había muchas mujeres a su alrededor, aunque claro, no era eso lo que le molestaba, era que a Henry le encantaba ser el centro de atención y que le dijeran que se parecía a Harry Potter, lo que estaba haciendo enojar mucho a Hermione. Ella y Harry siempre odiaron ser el centro de atención.

Lo que acabó con la poca paciencia que le quedaba a la castaña, fue cuando Henry se ofreció a dejarla en su casa e hizo un comentario que acabó con su amabilidad.

— Tal vez podrías conseguirme unos lentes como los de Potter y sería igual a él, excepto por la cicatriz — dijo el hombre con superioridad y en un segundo tenía en su rostro una bofetada de Hermione estampada.

— ¡¿Cómo te atreves?! ¿Sabes? Nunca te parecerás a Harry en lo más mínimo, ni que te consigas unas gafas parecidas. ¡Nunca! Ahora vete, esto acabó y no quiero volver a verte — terminó furiosa Hermione, mientras el hombre sobaba su mejilla y furioso se marchaba.

….

A la mañana siguiente, Henry había llegado temprano a la reunión que tenían ese día con el cuerpo de aurores y para mala suerte de él, se encontró con Ronald Weasley, quien también había decidido llegar temprano.

— Antes de que digas algo, tu mejor amiga no quiso seguir saliendo conmigo. Es todo lo que diré — le intentó aclarar Henry a Ron, quien se disponía a preguntar que le había ocurrido en la mejilla, pues al parecer Hermione había dejado su mano marcada.

El pelirrojo sabía que Henry le estaba ocultando algo, Hermione no lo abofetearía si no tuviera una buena razón para hacerlo. Se limitó a asentir decidiendo que al salir del ministerio iría directo donde su amiga, para averiguar que había ocurrido.

Por la noche, como había decidido, se apareció en la puerta de Hermione y sin preguntar que había ocurrido, la castaña suspiró y empezó a decir palabrotas bastante enojada, hasta que logró calmarse un poco, para explicarle mejor a Ron lo que había ocurrido.

— No encajamos Ron. Henry es un tipo muy egocéntrico y le encanta ser el centro de atención y me molesta que le encanta serlo cuando las mujeres se le acercan diciéndole que se parece a Harry y eso me molestó mucho. — confesó con tono molesto — Pero lo que acabó con mi paciencia fue, cuando vino a dejarme y sugirió que le consiguiera unas gafas redondas para parecerse más a Harry.

— Oh, el imbécil se metió a donde no debía — dijo Ron entendiendo el asunto y dándose una leve palmada en la cara.

— Además Ron, yo le dije a Harry que no me volvería a enamorar de nadie más, yo ya tuve un amor y lo perdí y será el único amor por el resto de mi vida. Enamorarme de alguien más, se sentiría como traicionarlo. — finalizó la castaña, llorando un poco.

Ron se acercó a ella y la abrazó fuertemente, buscando consolarla.

Esa noche Ron regresó a su casa con la piedra de la resurrección una última vez, para poner al tanto a Harry de lo que había ocurrido.

— Lo siento amigo, pero te dije que era algo imposible. Eres el único en el corazón de Hermione – le aclaró Ron a Harry — eso nadie lo va a cambiar.

— Lo sé — contestó Harry, sintiéndose halagado — pero quería que volviera a ser feliz, aunque me doliera en lo más profundo si alguien hubiera logrado conquistar su corazón.

— Ella solo sería completamente feliz a tu lado y eso lo sabes — aseguró Ron, viendo a su amigo asentir levemente — además, está feliz con James y Lilly. Le diste dos maravillosos niños que la hacen recordarte diario. Ella está feliz de que hayas dejado un pedacito de ti junto a ella.

— Amo a mis hijos y la amo a ella. Me hubiera hecho tan feliz poder criarlos junto a Hermione — Harry dijo un poco afectado por sus emociones.

— Lo entiendo amigo. Y también entendí que, si no es junto a ti, puede vivir y ser madre soltera toda su vida, es una mujer fuerte y lo sabemos — declaró el pelirrojo, dándole un abrazo a Harry.

— Dile que venga mañana, necesito hablar con ella. Por favor — pidió Harry a su mejor amigo, recibiendo su asentimiento y una palmada en la espalda despidiéndose.

Al día siguiente por la noche, Ron apareció nuevamente donde Hermione, decidiendo quedarse a conversar un rato y jugar con sus sobrinos antes de que fueran a dormir.

— Oye, me dijo que quiere hablar contigo esta noche — le dijo Ron a Hermione, entregándole la piedra en la mano y guiñándole un ojo con picardía, haciendo que Hermione se sonrojara.

Al entrar en sus sueños y aparecer en la estación de King Cross, encontró a Harry esperándola de frente y listo para ser embestido por uno de sus característicos abrazos. Fue un abrazo bastante prolongado. Un par de minutos después, lentamente se separaron.

— ¡Harry James Potter! ¡Te dije que no voy a volver a enamorarme de nadie!, ¡ese chico podrá ser muy parecido a ti! Pero… — exclamó la castaña señalando su corazón — esto, no es lo mismo. Nadie más podría tener mi corazón, por que el día que partiste del mundo, te lo llevaste contigo.

— Te juro que soy feliz Harry. James y Lilly son mi felicidad allá abajo, dejaste conmigo un pedacito de ti y estoy muy agradecida por eso, pero te prometí que seguiría adelante y dejaría mi depresión por tu partida y así lo haré, solo no vuelvas a hacer que Ron busque a alguien para mi, no puedo — Continuó Hermione, ahora temblando por el llanto y abrazando a Harry, recibiendo el abrazo de regreso.

— Sabes que me hubiera encantando poder verlos nacer y criarlos contigo Hermione, pero también me hace sentir feliz saber que he estado presente en sus corazones y en el tuyo. Sé que les has dado el mensaje que les dejé y algún día entenderán mejor la razón por la que no estoy físicamente con ustedes — Harry dijo bastante emocionado, haciendo a Hermione emocionarse más y rodearlo con sus brazos. Ahora lo dos lloraban juntos.

— ¿Te he dicho que tus ojos son únicos y hermosos? — preguntó la castaña, separándose del abrazo y viendo fijamente los ojos de Harry — Solo Lilly y James tienen tu exacto color de ojos y son los ojos más perfectos que he visto en mi vida — dijo sosteniendo su mirada en la de Harry y haciéndolo sonrojar, mientras con su mano derecha acariciaba la mejilla de su amado.

— Lo mencionaste alguna vez, pero gracias. — respondió el ojiverde con una leve sonrisa ladeada y luego se inclinó para besar los labios de Hermione.

Pasaron años en los que Hermione había empezado sentirse mejor y continuar con su vida, como le había prometido a Harry, aunque los encuentros en sueños eran todos los fines de semana y alguna que otra vez en algún día de la semana entre Lunes y Viernes, cuando Hermione se sentía sola y con ganas de ir donde el ojiverde, sin embargo, ya no se dormía llorando todas las noches con la foto contra su pecho. Harry estaba siempre en su corazón.

Habían tomado estos encuentros para que Hermione pusiera al tanto a Harry de lo que estaba pasando con sus hijos y aunque Hermione había educado a los gemelos sola, ahora podía recurrir a Harry en sus sueños, cuando sentía que explotaría. El azabache se encargaba de escucharla y luego juntos hablaban de cual sería la mejor manera de llevar cada situación. Harry trataba de hacer su papel de padre desde los sueños de Hermione.

Seis años después

Los gemelos y Teddy habían ido a su primer año en Hogwarts. Después de dejarlos en la estación esa noche, Hermione decidió dormir con la piedra de la resurrección, para poner al tanto a Harry de que sus hijos y Teddy, habían ido a Hogwarts por fin y se derrumbó en lágrimas sobre el ojiverde, sabiendo que iba a extrañar a sus pequeños.

Al día siguiente, había recibido una carta de James y Lilly, contándole todo sobre la ceremonia de bienvenida y las casas donde el sombrero los había colocado.

Teddy había sido seleccionado en Hufflepuff como su madre. James había sido seleccionado para Slytherin y Lilly en Gryffindor. Claro que ahora había más unión entre las casas y la casa de color verde no era odiada, aunque siempre existían sus rivalidades y competencias para la hora de jugar al quidditch. Estaba segura de que sus dos hijos jugarían el deporte y más adelante James se haría capitán de su equipo. En ese aspecto, ambos habían sacado el talento de su padre.

Meses después James y Lilly andaban merodeando por el castillo y se encontraron en un corredor con el curioso espejo de la Oesed/Erised. Se sintieron tan atraídos por el, que caminaron acercándose y se detuvieron frente a él, tomándose ambos de las manos e impresionados por lo que vieron.

No tenían idea de como el espejo supo su deseo más profundo y los había reflejado a ambos tomados de la mano de sus dos padres, pero lo más curioso fue que su madre llevaba una pequeña banda dorada en el dedo anular izquierdo. Ella estaba apoyando su cabeza sobre el hombro de Harry y luego la levantaba para encontrarse con la mirada de su esposo y ambos sonreían felices. Ambos padres parecían rondar los veintiocho y veintinueve años de edad. La edad que James y Lilly sabían tenía su madre actualmente.

Mientras tanto, ese mismo día Hermione había asistido al castillo, debido a una invitación de Mcgongall a conocer como habían remodelado el castillo luego de la guerra. Así que había llegado a la oficina de la ahora directora y fueron a caminar para ver las remodelaciones, cuando por sorpresa entraron en el corredor en donde vieron a los dos pequeños sentados frente al espejo.

Los niños habían escuchado pasos y se volvieron asustados, para encontrar detrás de ellos a la directora y a su madre un poco asustada de encontrarlos ahí. Antes de ser regañados por ambas mujeres, los niños se levantaron y corrieron hacia su madre, tirando de ella para enseñarle lo que veían en el espejo.

— ¡Mamá! ¡Nos hemos visto en el espejo contigo y papá! — gritaban ambos muy emocionados, mientras tiraban de las manos de su madre, quien ahora los miraba enternecida, sabiendo que no estaban enterados de lo que el espejo hacía.

Hermione estaba ahora mirando a sus hijos con cariño, hasta que ambos preguntaron a la vez.

— ¿Lo ves? ¡Estamos con papá ahí! — decían los gemelos impresionados, haciendo que la castaña mirara hacia el espejo y comenzara a derramar lágrimas al ver la imagen que tenía frente a ella.

La primera escena que Hermione vio, fue de Harry y ella sentados en un sofá y cada uno con un bulto en sus brazos, sonriéndose entre sí. Harry estaba tan feliz cargando a uno de sus hijos, tenía una familia propia. Luego el reflejo en el espejo cambió y ella se vio bailando en los brazos de Harry, notó que ambos llevaban una banda dorada en sus dedos anulares izquierdos y bailaban lentamente, mientras se miraban a los ojos y sonreían. Hubo un pequeño momento en el que Harry se inclinó y besó suavemente sus labios. Seguidamente ella suspiró y se recostó en el hombro de su esposo, mientras seguían balanceándose y dos pequeños niños miraban sonrientes desde atrás.

La directora se había quedado mirando la escena ahora un poco conmovida, sabiendo que todos extrañaban a Potter. Un momento después, la voz de Hermione la sacó de sus cavilaciones.

— Este es el espejo de la Oesed/Erised, niños. Este espejo le muestra a cada persona los deseos más profundos de su corazón reflejados en el. Es por eso que se vieron ambos tomados de la mano con su padre y yo. Desean profundamente que su padre estuviera con nosotros — explicó Hermione ahora llorando un poco.

— Mamá ¿Qué has visto tú? — preguntó Lilly con curiosidad.

— Me vi … me vi casada con tu padre, cariño. Estábamos teniendo un baile juntos y ustedes estaban viendo a escondidas nuestro baile — confesó Hermione, atascándose con las palabras y sonrojándose un poco, pero dándole una leve sonrisa a sus hijos.

— No quisiera interrumpir, pero creo que es hora de que todos regresemos y estos niños vayan a dormir — dijo Mcgongall un poco conmovida.

— Oh, lo siento profesora. Creo que tenemos a dos Potter que se meterán en problemas tanto como su padre — dijo la castaña un poco apenada.

Regresaron todos a la oficina de la directora, donde un prefecto de las casas de Gryffindor y Slytherin los estaban esperando para escoltar a los alumnos a sus respectivas salas comunes.

James y Lilly se despidieron de su madre y salieron de la oficina con los prefectos. Minutos después, también Hermione se despidió y por el flú regresó a su casa.

Luego de haberse visto casada con Harry en el espejo de Oesed/Erised, se le ocurrió que podría proponerle que se casaran en sus sueños, tal vez por medio de la piedra podría ser real.

Había entrado a sus sueños nuevamente y ahora se encontraban ambos abrazados en una de las bancas, después de haber compartido una intensa sesión de besos.

— ¿Puedo pedirte algo? — preguntó la castaña, aún abrazada a Harry.

— Claro, lo que quieras — respondió Harry asintiendo con su cabeza.

— ¿Podemos casarnos aquí? — preguntó la castaña, temiendo la respuesta de Harry.

— Hermione, estoy muerto, ¿Recuerdas? — le dijo Harry extrañado.

— ¿Cómo olvidarlo? — contestó ella con sarcasmo y bajando su rostro triste.

— Lo siento, no quise decirlo así, no para lastimarte — le dijo él, levantando su barbilla con su mano.

— Lo sé, Harry, pero por lo menos así entenderán que no estoy interesada en una relación ¿Por favor? — dijo haciendo esa carita a la que Harry nunca pudo decirle que no.

— De acuerdo — aceptó el ojiverde — solo por que tienes esa carita con la que siempre me convences.

— Mencionaste que habías recogido mi varita, mis lentes y … ¿Revisaste los bolsillos de mi …? — Decía el azabache, pero no pudo terminar debido a que Hermione había captado su referencia y sacó del cuello escondido de su camisa, un collar de oro que contenía una reducida snitch dorada.

— Eres increíble — dijo Harry sonriente, sin darse cuenta de los estragos que causó esto en el corazón de Hermione.

La castaña le entregó el collar con la pelotita y Harry, haciendo magia sin varita, la devolvió a su tamaño normal y seguidamente puso su boca sobre la pequeña pelota dorada, haciendo que esta se abriera y revelara una pequeña banda de oro.

— Iba a proponerte después de la guerra — confesó Harry, mientras Hermione asombrada miraba el hermoso anillo con sus manos sobre la boca y lágrimas en los ojos.

— ¿Quieres casarte conmigo? ¿aunque sea en tus sueños? Hermione — preguntó Harry poniéndose de rodillas ante ella.

— ¡Si! Harry, ¡Si quiero! — contestó emocionada la castaña, derramando lágrimas de felicidad — Estemos en donde estemos, me casaré contigo — terminó diciendo, mientras el ojiverde deslizaba el anillo en el dedo anular izquierdo de la chica.

Mientras tanto, afuera de la mente de Hermione, la pequeña banda dorada que estaba dentro de la snitch reducida en el collar, empezó a materializarse en su dedo anular izquierdo y al mismo tiempo, dentro del sueño, también aparecía un anillo dorado en el dedo anular de Harry.

La castaña llorando de felicidad, abrazó y besó a Harry como si su vida dependiera de ello. El beso se llenó de pasión de parte de ambos, causando que ninguno de los dos quisieran acabarlo. Tuvieron que separarse cuando Hermione necesitó aire. Si, incluso en sus sueños llegaba un momento en el que necesitaba respirar.

— Te amo Harry, siempre lo haré — dijo Hermione sin aliento y encontrándose roja, acalorada y con los labios hinchados.

— Y yo a ti, Mione. Te amaré eternamente. — contestó el chico, juntando sus frentes y besando los labios de la castaña nuevamente.

Al despertar, Hermione se dio cuenta de que el anillo en realidad estuvo dentro de la snitch que llevaba en el cuello y se había materializado en su dedo anular. Sonrió mientras examinaba la pequeña banda dorada. Era hermoso y habían decidido agregar la piedra reducida como un pequeño adorno, aunque podía retirarla cuando sus hijos quisieran visitar a su padre.

En la parte interna del anillo tenía una inscripción que decía:

''Harry J. Potter & Hermione J. Granger - Potter. **Always**''.

Volvió a colocar el anillo en su dedo y con una sonrisa tonta se levantó de la cama para comenzar el día, con una felicidad que no le quitarían tan fácil.

Incluso los gemelos habían notado que su madre estaba increíblemente feliz y tenía un buen rato de estar así. No entendían por que, hasta que vieron el anillo dorado en su dedo anular izquierdo, igual al que habían visto en el espejo de la Oesed/Erised.

….

Meses después de haberse comprometido/casado con Harry, Hermione se apuntó para ir a una misión con los aurores, habiendo Ronald aceptado esto, ya que sabía que Hermione era una bruja formidable y por que necesitarían de sus dotes para investigación. Nunca pensó que todo esto fuera por un impulso desesperado y por que necesitaba adrenalina y a causa de esto, puso en riesgo su vida.

Ron había regresado molesto con ella y le reclamó un par de cosas. Más tarde se las arregló para ir a casa de Hermione para poder conversar con ella acerca de lo que había hecho con más tranquilidad, pero cuando llegó, se encontró con que la castaña estaba tomando un baño y le dijo a la Lilly que consiguiera la piedra, pues tenía las intenciones de hablar con Harry acerca de esto, ya que se encontraba preocupado por la actitud de su mejor amiga.

La pequeña niña de ojos verde esmeralda, se dirigió hacia la habitación de su madre y le habló a la castaña desde su cuarto, haciéndole saber que tomaría la piedra para ver a su padre esta noche. Tomó la piedra de la mesita de su madre y salió del dormitorio.

Lilly bajó las escaleras corriendo a la sala y le entregó la pequeña piedra a su tío Ronald, quien le hizo prometer que esta travesura quedara entre ellos.

Esa noche, Ron entró en su sueño y volvió a encontrarse con su amigo. Después de conversar un rato, el pelirrojo le contó todo lo ocurrido en la redada que habían tenido y como Hermione se había puesto en peligro sin pensarlo dos veces.

— Acepté que Hermione fuera por que se que es una bruja excelente y necesitabamos de su investigación, pero nunca imaginé que estaba desesperada por adrenalina y que pondría en riesgo su vida. Recibí una reprimenda de parte del auror principal. Necesitas hablar con ella, se que te extraña y lo sabes también, pero creo que ni tu ni yo, queremos que cometa una locura. — dijo el pelirrojo preocupado.

Harry estaba asustado e incrédulo por las acciones de Hermione, lo que lo llevó a estar de acuerdo ante la petición de su mejor amigo. Él hablaría con la castaña.

Los dos chicos se despidieron y Ron desapareció, despertando a la mañana siguiente y pidiendole el favor a su prometida, Luna Lovegood, de entregarle la piedra a Lilly, sin que Hermione se diera cuenta. La ojimiel le había pedido a su rubia amiga que se encontraran en su casa hoy, para poder desahogarse un poco entre ellas.

Hermione estaba terminando de arreglarse cuando Luna apareció en su casa. Para la suerte de la rubia, Lilly y James estaban mirando la televisión en la sala y ella se acercó a la niña de cabello rojo para poder susurrarle al oído.

— Tu tío Ron me dijo que te entregara esto — le susurró Luna a Lilly, entregándole en su manito la piedra de la resurrección.

Entrada la noche, Luna se despidió y se fue a casa con su prometido, para que Hermione pudiera acostar a los gemelos.

Luego de arropar a Lilly y James y contarles la historia de amor de su padre y ella, la pelirroja le regresó la piedra a Hermione y le dio las gracias. Unos segundos después, cuando los gemelos se quedaron dormidos, la castaña regresó a su habitación, se preparó con su pijama y entró en la cama con la piedra en su mano.

Cuando estuvo dentro de la blanca estación de King Cross, se encontró con un Harry que parecía estar molesto, pues la estaba esperando con sus brazos cruzados y una mirada que definía su enfado. Se acercó confundida y con pasos lentos, hasta que escuchó a Harry hablar y su sangre se congeló.

— Ron me ha contado lo sucedido ayer en la redada a la que fuiste con él y los demás aurores — Harry expuso, con una voz bastante fría y notando la reacción poco arrepentida de Hermione — ¿Desde cuándo eres tan impulsiva como yo? ¿Desde cuándo arriesgas tu vida así de fácil? — preguntó él con seriedad.

— ¡Hablas como que no quieres que este contigo! — exclamó Hermione entre lágrimas.

— ¡Hermione! ¡Escucha lo que estás diciendo! — contestó él, ahora notablemente enojado e incrédulo por las palabras de la mujer a la que tanto amaba — ¡Claro que quiero estar contigo! ¡Siempre! ¡Pero no puedes simplemente decidir arriesgar tu vida para venir aquí! ¡No hagas locuras Hermione! ¡Por Merlín! — Exclamó el azabache bastante molesto.

La castaña levantó la vista, encontrándose en un mar de lágrimas y mirando a Harry a los ojos, pudo ver el dolor en ellos, pero no lo dejó acercarse y tampoco que dijera nada más, simplemente dio la vuelta y despertó en su cama con su rostro bañado en lágrimas. Pasó el resto de la madrugada y la mañana sin poder conciliar el sueño, así que esperó la hora para levantarse y bajar a hacer el desayuno.

Era Sábado y había bajado por fin a hacer la comida de la mañana, cuando comenzó a llorar de nuevo y no se había dado que cuenta de que sus hijos la miraban preocupados. Cuando se volteó para darles su plato con la comida, Lilly preocupada le habló.

— Mamá ¿Qué te ocurre? Has estado llorando desde que despertaste ¿Has peleado con papá? — preguntó la pelirroja con notable preocupación y tristeza en su voz.

Iba a restarle importancia, pero sabía que no podía mentirles a sus hijos, así que contestó diciendo toda la verdad que podía decir.

— Tuvimos una discusión. Hice una locura y él estaba molesto y preocupado por mi — aclaró la castaña tratando de limpiar sus lágrimas.

— Oh, mamá. Podemos entender que papá se preocupe por ti cuando haces locuras. — Fue James quien habló esta vez, recibiendo un asentimiento cómplice de Lilly.

Más tarde, después de haber hablado y reflexionado lo que le dijeron sus hijos de once años. ''Oh Dios, que inteligentes habían salido'', decidió tomarse un día para calmarse totalmente y la noche siguiente hablaría con Harry.

Llegada la noche del día siguiente, tomó la piedra de la resurrección de su anillo y se fue a la cama. Apareció nuevamente en la estación de King Cross, cuando miró a Harry sentado en una de las bancas. Él giró su cabeza y al verla se puso en pie y se acercó lentamente a ella.

Estando de frente los dos, la castaña fue quien se abalanzó llorando sobre él y ambos se abrazaron fuertemente.

— Perdóname — sollozó la castaña sin soltarse del abrazo de Harry.

— Tú también perdóname a mi, no debí haberte gritado, es solo que no quiero que te pongas en peligro. Te amo tanto Hermione y créeme que quiero estar contigo más que nada y un día por fin podremos estar juntos de nuevo, pero James y Lilly te necesitan más en este momento, tu tiempo aún no ha llegado — aclaró Harry abrazándola con fuerza y plantando besos en su cabeza.

— Lo sé. No volverá a suceder. Fue un momento de desesperación, te necesitaba tanto en ese momento que no pensé lo que estaba haciendo, pero tus hijos me hicieron reflexionar — confesó Hermione un poco apenada — Son tan inteligentes ambos.

— Oh, padre orgulloso — dijo Harry con una sonrisa en su rostro — salieron a su madre — continuó el ojiverde, haciendo reír ahora a Hermione y plantando un beso en sus labios, desde su posición en el abrazo, encontrándose Hermione con la cabeza en su pecho e inclinada hacia arriba.

Habían pasado semanas, incluso meses en los que Hermione empezó una ardua investigación con la piedra de la resurrección, de como unir los sueños con más personas, para poder ir con los gemelos en sus vacaciones de verano y sorprender a Harry el día de su cumpleaños. Aunque él ya no estuviera en el mundo de los vivos, desde que supo lo que podía hacer con la piedra, había ido cada 31 de Julio a felicitar al amor de su vida y la cuestión era que había decidido hacer esto como una sorpresa para él en su cumpleaños número veintiocho y llevaba un buen tiempo investigando, hasta que logró su objetivo.

Este era un hechizo en el que tenía que sostener la piedra en su mano y las otras personas colocar sus manos encima de la suya con la piedra y luego tendría que recitar las palabras ''unio somniorum'', que significaba ''unión de sueños'' En latín, haciendo que la piedra envolviera a todas las personas involucradas con su magia.

Le daría a Harry el regalo de una pequeña reunión familiar y así podría ver y abrazar a sus dos hijos y a su esposa. Estarían todos juntos por primera vez y nada la emocionaba más que ver a su esposo feliz y compartir, aunque fuera en sus sueños, un pequeño momento con la familia que siempre deseó tener.

Los gemelos ahora se encontraban en sus vacaciones de verano y en Septiembre empezarían su segundo año en Hogwarts. El tiempo pasaba tan rápido, no podía creer que hace doce años había perdido para siempre al amor de su vida y que sus hijos ya tuvieran doce años. Estaba tan feliz de tenerlos a ellos y tener un pedacito de Harry con ella, pero eso no reducía el dolor que sentía y lo mucho que extrañaba la presencia de Harry.

Llegó el día y esa noche se sentó en el sofá de su sala con sus hijos a cada lado y ambos junto con la explicación de su madre, pusieron sus manos encima de la de ella que contenía ahora la piedra de la resurrección boca arriba.

— Unio somniorum — pronunció el hechizo y los tres vieron al instante, como la piedra se iluminaba por debajo de sus manos y empezaba a trasmitir algún tipo de ondas a través de sus cuerpos que les estaba causando sueño y lentamente iban cerrando los párpados hasta que los tres cayeron dormidos con la cabeza hacia el respaldar del sofá.

Al aparecer en la estación de King Cross, Hermione los hizo detenerse para decirles que fueran ellos los primeros a quien su padre viera, que ella caminaría detrás.

Harry estaba listo para ver aparecer a Hermione esta noche, ya que se había encargado de aparecer cada 31 de Julio para felicitarlo y esa era otra de las cosas que Harry tanto amaba de ella. Aún estando ella en el mundo de los vivos, nunca dejó de intentar de hacerlo feliz y vaya que lo había logrado.

El azabache sintió que alguien aparecía y caminó hacia lo que se suponía que era la entrada a la estación y miró a dos niños exactamente iguales, a excepción de sus cabellos, ya que la niña era pelirroja y el niño era completamente pelo castaño. Cuando los vio estaba asustado, sorprendido. ''¿Como podía ser que estuvieran ambos aquí?''.

— ¿James? ¿Lilly? — preguntó Harry aún sin saber cómo estaban los dos ahí y sin poder reaccionar al instante.

Ambos niños compartieron una mirada cómplice, volvieron a ver hacia su padre y asintieron con sus cabezas, para seguidamente correr hacia él y abalanzarse ambos en un emotivo abrazo a su padre, quien tuvo que agacharse para recibir los abrazos de sus hijos de doce años.

Al separarse de sus hijos, los tres estaban bañados en lágrimas.

— Mi princesa y mi campeón — decía Harry alegremente, abrazando y besando las cabezas de sus hijos — ¿Como es que ambos están aquí? — preguntó Harry aún emocionado.

— Oh, eso pregúntaselo a mamá — respondieron los gemelos al unísono, mientras se giraban hacia la entrada y los tres veían a Hermione aparecer.

Harry se enderezó y con los brazos abiertos recibió a su esposa en un fuerte y emotivo abrazo. Cuando se separaron del abrazo, ambos se vieron a los ojos y juntaron sus labios varias veces en cortos besos llenos de amor y sonrisas.

Se separaron y dejaron de darse besos cuando escucharon las risitas de James y Lilly. Ambos los miraban bastante sonrojados, hasta que James decidió hablar.

— ¿Van a dejar de babearse la cara? Ya sabemos que se quieren, pero estamos aquí en frente — protestó el pequeño castaño.

— ¿Cómo es que están los tres acá Hermione? — preguntó Harry abrazando a su familia.

Hermione pasó los siguientes minutos explicándole a Harry, sobre cómo pensó en si se podría hacer esto y pasó meses investigando sobre la piedra y llegó a su objetivo, con un hechizo para unir los sueños que lograba que la piedra envolviera a todos los participantes con su magia.

— Pasé meses investigando esto y pensé en darte una sorpresa de cumpleaños y que tuvieras una pequeña reunión con tu familia — explicó finalmente la castaña, sonrojándose un poco y con una sonrisa radiante.

— Eres brillante amor — le dijo Harry a Hermione, tomando su rostro y plantando un beso en sus labios, dejándola sin aliento.

— Gracias Hermione. Nunca podré terminar de agradecerte todo lo que hiciste por mi y lo que sigues haciendo. Eres increíble y te amo, te amo con toda mi alma y mi corazón — dijo Harry, ahora con lágrimas en los ojos, las cuales Hermione limpió con sus dedos.

— No hay nada que agradecer mi amor — dijo Hermione acariciando el rostro de Harry — Y creo que tus hijos tienen noticias que darte — agregó sonriente la castaña, mientras todos iban a sentarse a la banca que tenían a sus espaldas.

— ¡Ambos entramos en los equipos de quidditch de nuestras casas! ¡Soy buscadora en el equipo de Gryffindor papá! — exclamó Lilly emocionada.

— ¡También soy el buscador del equipo de Slytherin! — fue el turno de James de gritar emocionado — Quiero llegar a ser capitán cuando llegue a sexto año papá — agregó James aún con emoción.

— ¡Wow! Estoy muy orgulloso de ustedes. En otras ocasiones que se aparezcan por acá les puedo dar algunos consejos para manejar su escoba y para el juego — les ofreció Harry, guiñándoles un ojo y recibiendo gritos de emoción de los gemelos, mientras Hermione rodaba los ojos.

Mientras ellos hablaban de quidditch muy emocionados, Hermione miraba a las tres personas que más amaba con una mirada de nostalgia, sabiendo que eso nunca lo tendrían en el mundo de los vivos.

— James, ¿Te das cuenta que nuestro deseo se cumplió, aunque sea en nuestros sueños? — preguntó Lilly a su gemelo, cambiando rápidamente de tema. Su hermano gemelo miró que su padre estaba confundido.

— Oh, déjame decirte que tus hijos son tan rebeldes como tú. Pues cuando empezaron el primer año en Hogwarts, Mcgonagall me invitó a que viera la remodelación del castillo y nos encontramos a este par frente al espejo de la Oesed/Erised — Explicó Hermione a Harry.

— Nos vimos contigo y mamá en el espejo. Pero sabemos que eso solo acá puede ser posible — confesó James a su padre con una mirada triste, que hizo a Harry reaccionar y abrazar a su hijo cariñosamente, besando su cabeza.

— James, el deseo de mamá también se cumplió, al menos una parte — dijo la pelirroja cuando vio el anillo en el dedo de su padre — ambos llevan el anillo dorado en sus dedos — dijo con emoción Lilly, haciendo sonrojar un poco a su madre.

— ¿Cómo es que mamá lo tiene aún cuando no estamos acá? — preguntó James algo confundido.

— Pues es que el anillo ya existía, yo lo había escondido dentro de la snitch que tu madre siempre lleva consigo en el cuello. Lo único que hice aquí, fue sacar el anillo de la snitch y con magia estando allá abajo, solo se materializó en su dedo — explicó Harry a su hijo — Es la snitch que atrapé en mi primer partido de quidditch.

— ¡Wow! — exclamaron los gemelos, con sus ojos abiertos de emoción.

— ¿Cuáles fueron tus deseos Mione? — preguntó Harry viendo los ojos de la castaña llenarse de lágrimas y levantarse de la banca.

Harry se levantó también de la banca y se acercó a ella envolviéndola en un abrazo.

— El único que se pudo cumplir, es el de estar casada contigo, aunque estoy viuda incluso antes de casarnos. El otro es imposible, pues nos vi a ambos cargando a James y Lilly recién nacidos y tu estabas brillando de felicidad. — confesó Hermione rompiendo a llorar en el abrazo de Harry, que la apretó un poco más, dejando que descargara toda su tristeza y llorando junto a ella.

Decidieron cambiar de tema y pasaron conversando un par de horas más para acompañar a Harry, hasta la hora que tuvieran que despertar. Cuando la hora de despertar estaba cerca, el azabache se levantó de la banca y le tendió la mano a Hermione, quien lo miró algo extrañada tomando su mano y volviendo a ponerse en pie.

— Préstame tu varita — pidió Harry, tomando la varita cuando Hermione se la entregó y seguidamente con magia hizo sonar un poco de música. Específicamente puso a sonar la misma canción que habían bailado en la tienda en su búsqueda de horrocruxes.

— ¿No habías pensado que te irías sin concederme un baile? ¿O sí? — preguntó Harry, mientras le guiñaba un ojo a sus hijos, quienes miraban sonrientes desde la banca como se cumplía otro de los deseos de madre.

Tomó a Hermione por su cintura y con la otra mano tomó la de ella y entrelazó sus dedos, mientras ella ponía su mano izquierda en su hombro y comenzaban a balancearse lentamente. Harry se inclinó y juntó sus labios en un dulce y delicado beso y luego ella apoyo su cabeza en el pecho de él.

Unos minutos después, Lilly se levantó y pidió bailar con su padre. Harry orgullosamente tomó a su hija como había hecho con Hermione y empezó a balancearse con ella, mientras la castaña como madre orgullosa sonreía ante la escena y rogaba por que nunca se borrara esto de su mente.

— Papá, acabas de cumplir otro de los deseos de mamá. Ella se había visto casada y bailando contigo en el espejo. — dijo la pequeña, haciendo a Harry sonreír. La melodía estaba llegando a su fin, cuando Lilly lo abrazó fuertemente — Te amo papá. Feliz cumpleaños. — Lilly se despidió.

— Gracias princesa, yo también te amo. Cuídate mucho, espero verte pronto — dijo Harry, inclinándose un poco y besando la cabeza de su hija, mientras seguían abrazados.

Fue el turno de James de despedirse, cuando su hermana y su padre se separaron. Harry abrazó a James y también besó su cabeza.

— Yo también te amo papá, feliz cumpleaños. — dijo el pequeño abrazando aún a Harry.

— Gracias. También te amo hijo. Espero verte pronto a ti también, cuídate y cuida de tu hermana ¿Sí? — Harry dijo, se inclinó y besó su cabeza.

Cuando fue el turno de Hermione, ambos se abrazaron y lloraron sin quererse separar. A regañadientes se separaron y Harry tomó el rostro de Hermione, limpiando sus lágrimas y mirándola a los ojos.

— Feliz cumpleaños mi amor — logró decir Hermione entre lágrimas.

— Gracias. Gracias por hacer esto Mione. Te amo — dijo Harry y luego besó sus labios en un beso más prolongado, dejándolos a ambos sin aliento.

— Te amo Harry. Regresaré, lo prometo — Hermione se despidió aún con lágrimas en sus ojos,

Se separaron y Harry miró sus hijos y su esposa desaparecer. Las tres personas a las que más amaba.

…..

Cinco años después

Cinco años más tarde, las reuniones familiares con la piedra de la resurrección, se habían vuelto más frecuentes cuando Lilly y James estaban en sus vacaciones. Se encontraban ambos en su sexto año de Hogwarts, siendo ambos capitanes de los equipos de quidditch en sus respectivas casas de Slytherin y Gryffindor.

Cuando llegaron a la estación y saludaron a su padre, incluyendo siempre el prolongado y amoroso saludo de sus padres, que a veces tendía a incomodarlos un poco, James sacó a colación inmediatamente, el tema que venía preparando para molestar a su hermana.

— Oh, Lilly debería contarte sobre su novio — dijo James, con la intención de que su padre le dijera a su hermana que estaba muy chiquita. Quería que se pusiera de su lado y le diera permiso de evitar que cualquier idiota lastimara a su hermana. Esta información causó una expresión de seriedad, preocupación y molestia en el rostro de su padre.

— ¡James! — Exclamó Lilly con molestia — ¡Cállate!

— Lilly, lamento decirte esto, pero estas muy chiquita para tener novio aún — dijo Harry seriamente con sus brazos cruzados, levantando una ceja con incredulidad y mirando que James asentía con su cabeza en señal de apoyo — ¿Verdad Mione? Preguntó a su esposa con la esperanza de que lo apoyara, sin embargo, no escuchó una respuesta inmediata, ya que Lilly saltó en respuesta.

— ¡Papá! ¡Por favor, tengo dieciséis años! ¡Entonces significa que tampoco James puede tener novia! — dijo la pelirroja en tono acusatorio hacia su hermano, quien asustado también recibió una mirada de su padre, pero una muy diferente.

— James, la próxima vez que vengas, me traes un informe del interrogatorio que le harás a ese chico — le dijo Harry a su hijo, haciendo a Hermione responder al fin.

— Harry tranquilízate. Terry es el mejor amigo de Lilly, es un buen chico. Imagina que somos tu y yo. Además, James es el típico hermano celoso y se encarga de que nadie lastime a su hermana — aclaró Hermione, haciendo a James protestar.

— ¡Hey! ¡No soy celoso! Solo cuido a mi hermana — reclamó el castaño un poco sonrojado.

Harry soltó un gruñido de molestia y abrazó a su hija protectoramente, depositando un beso en su cabeza.

— Prométeme que serás cuidadosa ¿Sí? No soportaría que James o tu mamá me dijeran que alguien te hizo daño. Si estuviera vivo, te juro que me haría cargo. — se dirigió Harry a Lilly, provocando que Hermione los viera enternecida — En cuanto a ti James, cuida a tu novia, se un caballero y amala como yo amo a tu madre — el ojiverde dijo dirigiendo su mirada hacia Hermione, la cual se sonrojó violentamente, haciendo sonreír a Harry y sus hijos.

Para Hermione, esta era una faceta de Harry que la había enternecido hasta los huesos. Como le hubiera gustado verlo cuidarlos en vida y proteger tanto a su pequeña hija. Ella había visto aquí en sus sueños, la felicidad que irradiaba de Harry, cuando estaba con sus hijos. Lentamente se acercó a él y lo rodeó por la cintura con sus brazos, depositando un beso en su mejilla y haciendo que el la mirara a los ojos, provocando que Hermione se derritiera en sus brazos.

— Ojalá encontremos en ellos el amor que ustedes tienen, aún después de la muerte — dijo Lilly con sus ojos con lágrimas — mamá ha hecho que mis expectativas sean altas, cuando nos cuenta las historias de ustedes dos — dijo sonriente y con sus ojos empañados la menor de los Potter, viendo a sus padres abrazarse amorosamente.

Para Lilly, siendo más romántica que James, era un deleite ver como sus padres se miraban a los ojos, se sonreían y se abrazaban. Era un amor sin igual y sabía por como se miraban, que duraría por la eternidad. Odiaba tanto a Voldemort, por haberle arrebatado la vida a su padre y con esto el corazón a su madre. Era cierto que ella estaba feliz con ellos en la tierra, sin embargo, siempre estaba ese vacío en su corazón, que solo Harry Potter podía llenar.