Conversaciones que nunca tuvimos (Traducción)

Estos personajes nunca tuvieron estas conversaciones …. Pero … ¿cómo hubieran cambiado las cosas si las hubieran tenido?

.

1) Arya – Catelyn: "No quiero ser una dama"

Catelyn se había pasado toda la mañana buscando a su hija. Una vez terminado el desayuno familiar, ambas niñas se habían retirado a sus dormitorios para vestirse y prepararse para sus lecciones. Pero mientras Sansa se había presentado junto a Septa Mordane para sus lecciones de lenguaje, Arya no estaba por ningún lado. Conociendo el talento que tenía su hija menor para desaparecer justo en los momentos que tenían lecciones, Catelyn no vio razones para preocuparse. Sin embargo, luego de buscar en los escondites favoritos de Arya y los lugares donde a ella le gusta aventurarse y volver con las manos vacías, Catelyn estaba empezando a sentir cierta preocupación.

-¡Ahí estás! – exclamó la madre al ver a su hija en uno de los establos. Tenía la espalda a la entrada y parecía estar bailando, agachándose y saltando en un rincón. -¿Qué haces aquí? Se suponía que ibas a ir con tu hermana y las niñas a tus lecciones. Beth me dijo no has estado yendo a las sesiones de canto."

-No se cantar – jadeó la niña agitada. Aparentemente hacía rato ya que estaba ejercitando y su cuerpo estaba empezando a sentir el cansancio.

Catelyn se acercó a su hija y por fin vio lo que la tenía tan concentrada.

-¿Es tu nuevo compañero de baile? – preguntó apuntando con el dedo a una pila de heno frente a la niña . Arya había construido un maniquí llenando de paja una vieja camisa y colocando un sombrero sobre la misma.

Dándose cuenta que la habían agarrado con las manos en la masa, la niña se dio vuelta y dijo con tono culposo:

– No.

Señalando la espada de madera en la mano de su hija, Catelyn prosiguió con su interrogatorio:

- ¿Y es así como piensas enamorar al pobre muchacho? Sabes que la idea de capturar el corazón de un varón no debe ser tomada en forma literal – le dijo arqueando las cejas y frunciendo los labios.

-Bueno, pero tampoco lo voy a conquistar con mi voz – dijo molesta encogiendo sus hombros. – ¡Es más, nunca voy a conquistar a un muchacho!

- ¿Y qué te hace decir eso?

- No puedo cantar – respondió Arya agachándose y dándole una estocada al hombrecillo de heno.

- No. Si no practicas, no.

- No quiero practicar. No quiero aprender. Odio lenguaje. Odio el canto. Odio la poesía. Odio los números. Odio la costura – espetó enfatizando cada oración con una estocada de su espada de madera en el improvisado maniquí.

- Y supongo que ese pobre muchacho es el responsable de tu dolorosa situación y por eso debes despedazarlo con tu espada – su madre dijo dulcemente con tono burlón, su mentón apuntando al muñeco de heno en el rincón.

- Bueno, pero al menos él no me molesta – respondió la muchacha mirando de reojo a su madre.

- ¿Y yo te molesto?

- Sí – exclamó rápidamente – No. Bueno, un poquito.

- Claro, porque soy molesta y hacerte sufrir es mi misión de vida – ofreció su madre.

- No. Bueno, a veces.

- ¿Y quien más te molesta?

- Sansa – respondió en seguida y sin pensarlo mucho. – A veces – agregó luego haciendo una mueca con su cabeza. – Y Robb. Y Padre a veces. Y Jon y Bran también. Ah, y Speta Mordane. Seguro Septa Mordane.

- ¿Y tú crees que todos disfrutamos verte sufrir y por eso te molestamos?

Al ver la confusión en la cara de su hija, Catelyn se acercó, se sentó en el suelo y le hizo señas que se sentara junto a ella. – Ven.

- No puedo. Estoy practicando.

- Muéstrame.

- ¿Quieres verme entrenar? – preguntó confundida.

- Y bueno, no puedo verte practicar nada más o verte estudiar ninguna otra cosa, así que me conformaré con esto.

Arya comenzó a balancearse en un pie, luego el otro, dando estocadas hacia el frente, hacia el costado, agachándose, esquivando, empujando.

- Eres buena. Pero cuando atacaste su flanco derecho, dejaste tu costado izquierdo expuesto

Boquiabierta, Arya miró a su madre con gran sorpresa y no atinó a formular ninguna respuesta.

- He visto a tu padre y los niños entrenar varias veces y algo he aprendido – explicó.

- ¿Y por qué yo nunca puedo practicar con ellos?

-¿ Te gustaría?

-¡Sí! – exclamó furiosa. – Odio mis lecciones. No aprendo nada útil. Son solo palabras y actividades que me atontan la mente. Nada útil. No quiero ser una inútil como Sansa.

- ¿Y crees que yo soy inútil?

- No.

- Yo se cantar, así es como lograba que tú y tus hermanos se fueran a dormir cuando eran bebés. Así es como entretenía a los invitados en Aguasdulces cuando mi padre hacía reuniones con sus abanderados. … Yo se coser, así es como arreglo tu ropa que por alguna misteriosa razón siempre está rajada. Así es como les hice a ti y a tus hermanos sus primeras capas cuando eran bebés. … Yo entiendo de números, así es como ayudo a tu padre con los inventarios y como mantengo en orden las finanzas del castillo. Así es como ayudaba a mi padre también luego que mi madre muriera. … Yo no nací sabiendo esas cosas. Tuve que estudiar y aprender. De la misma forma que tú debes estudiar y aprender.

- Pero a ti te gusta. Tu lo disfrutas, ¡yo no!

- Aprendí a disfrutarlo, que no es lo mismo.

- ¿Cómo puedo aprender a disfrutar algo que no me sale? Septa Mordane siempre critica mis puntadas y mi lenguaje y mi pintura y mi canto. No puedo hacer nada bien. Y Sansa es perfecta.

- Sansa no es perfecta, es solo que ella – pero fue bruscamente interrumpida por su hija.

- ¡Sí lo es! Todo el mundo lo dice. Septa Mordane dice que Sansa es perfecta y yo soy horrible.

- ¿De verdad dijo eso? – preguntó Catelyn con cierta preocupación.

- ¡Sí! Bueno, no exactamente. No con esas palabras. Pero nunca me felicita y solo ve mis errores.

- Yo voy hablar con ella. Pero la única forma de mejorar es si estudias y vas a las lecciones. Es como con tu espada. La única forma de mejorar es si entrenas y practicas.

- Lo detesto. Odio ser una niña – dijo con enojo y frustración.

- Ven aquí – Catelyn hizo lugar en el suelo junto a ella. – Hay muchas cosas que me gustan. Y que me gustaban cuando era joven. No las podía hacer todas, pero hice bastante. Y también había muchas cosas que no me gustaban, pero las tenía que hacer igual.

- ¿Por ejemplo?

- Limpiar tu vómito cuando eras bebé – le respondió con una sonrisa burlona.

- Bueno, pero ese es tu trabajo como madre – Arya le respondió el chiste.

- Exacto. Es mi responsabilidad. Por eso lo hice.

- Mhh

- Y a ti, ¿qué es lo que te gusta y quieres hacer?

- Me gusta jugar y estar afuera al aire libre, practicar con la espada y el arco y flecha. Pero no puedo hacerlo por las estúpidas lecciones. No quiero ser una dama. No quiero casarme y manejar un castillo y limpiar vómito de bebé. Me gustaría ser un varón. Un muchacho pobre sin esas estúpidas lecciones.

- Ya veo – reconoció Catelyn – Tu vida realmente es trágica y por eso la odias. Es horrible tener una cama cómoda en la cual dormir. Y yo se que odias cuando nos juntamos en la estufa a leña a contar historias todos juntos con tu padre y tus hermanos. Y se que detestas las tartas como las que comimos hoy en el desayuno. Y lo peor es todo el tiempo que puedes pasarte jugando con tus hermanos. Sí, ya se. Lo odias. Lo veo en tu cara. ¡Cómo sufres cuando Bran y tú corretean por el patio! Y ni que hablar de esas ropas espantosas que tienes para usar, que siempre están limpias y arregladas, o como siempre obtienes ropa nueva cuando la vieja ya te queda chica. Sí, mi amor, te entiendo. Desearías ser un muchacho pobre que se levanta al alba cuando canta el gallo, se traga rápido un vaso de leche agria con una rodaja de pan viejo, va a trabajar al establo levantando estiércol, usando pantalones y una camisa que pueden o no estar limpios o ser apropiados para el clima o que pueden ya quedarte chicos. Sí, tienes razón. Es una gran vida, trabajando de sol a sol sin tiempo para jugar. Si esa es la vida que quieres, no hay problema. Hoy hablo con tu padre y te buscamos un lugar en el pueblo Las Inviernas. No te preocupes mi amor. Ya para mañana estarás libre del yugo que es esta vida que tienes.

Catelyn le dio un beso en la frente a su hija y comenzó a ponerse de pie.

-¿Qué? – fue todo lo que atinó a decir una Arya contrariada.

- ¿Te gusta tu vida? – le preguntó la madre sentándose junto a ella en el suelo nuevamente.

- Si – respondió dubitativamente – pero no me gustan mis lecciones.

- Esas son las cosas que debemos hacer. El precio que pagamos por nuestros beneficios. Cuando yo tenía tu edad, me encantaba salir afuera a jugar. Mi hermana, mi hermano y un pupilo que teníamos, un gran amigo. Los cuatro nos pasábamos yendo al bosque, al río a nadar, a andar a caballo. Nos divertíamos mucho, como tú. Pero también iba a mis lecciones. Todas mis lecciones, las que me gustaban y las que no. Y ayudaba a mi padre a dirigir el castillo. Mi madre murió cuando yo era chica y yo tuve que ayudar a mi padre y ocuparme de mis hermanos. Por suerte tú no tienes esas responsabilidades. Lo único que debes hacer es ir a tus clases.

- Pero tenemos demasiadas clases.

- No. Es solo que debes aprender a ordenar tu tiempo. Yo logré encontrar tiempo para todo. Sí, es verdad, tuve que dejar de hacer cosas que me gustaban. Pero también me aseguré de poder disfrutar lo que tenía que hacer. Como noble tenemos muchos beneficios, pero también tenemos muchas responsabilidades.

- Mhh

- Una de esas responsabilidades es saber como dirigir un castillo. Para eso precisas saber de números y lenguaje. ¿Por qué no intentas expresar todo lo que sientes en palabras en lugar de despedazar a un pobre muchacho de heno con una vieja camisa llena de agujeros – dijo apuntando al maltratado maniquí. – Aprende como expresarte correctamente y podrás redactar tratados de paz y negociaciones comerciales. Aprende tus números y tu Casa prosperará. Aprende como coser y zurcir y podrás arreglar o hacer tu propia ropa sin tener que depender de nadie. Aprende a cantar y podrás entretener a tus invitados, y por sobre todas las cosas, harás felices a tus hijos. La vida está llena de desafíos. Está en nosotros encontrar la forma de enfrentar esos desafíos.

Arya se quedó en silencio pensativa, sopesando lo que le había dicho su madre.

- ¿Y tendré que casarme?

- Sí. Algún día. Pero eso no tiene porqué se algo malo.

- ¿ Y si no me gusta? ¿Y si mi esposo es estúpido?

- Muchos hombres son estúpidos. Muchas mujeres también. Pero la mayoría son buenos. Mira a tu padre y a mí. Cuando nos casamos no nos amábamos. A decir verdad, ni nos conocíamos. A mi me habían prometido a un caballero galante y buenmozo, lleno de vida, que podía cantar y bailar, que hacía bromas, que me llevaba a cabalgar cerca de Aguasdulces. Y mira con quien terminé – sonrió con complicidad. – Un hombre aburrido que está siempre con cara seria – dijo con un guiño. - ¿Y qué hay de tu padre? Él era libre y tenía toda su vida por delante suyo. Y de pronto se vio forzado a ser Lord y Protector del Norte, y a casarse con esta sureña aburrida que él ni conocía. Terrible, ¿no?

- No seas tonta – la regañó su hija con una sonrisa.

- ¿Tonta? ¿Tú crees que yo quería casarme con tu padre? ¿Tú crees que él quería casarse conmigo? – dijo negando con la cabeza. – Pero lo hicimos. Era nuestro deber y lo hicimos. Supongo que nos podríamos haber negado. Él podría haberse escapado a Essos y convertirse en un afamado explorador de tierras exóticas y yo podría haberme ido a recorrer la campaña disfrutando atardeceres tranquilos en los lagos y montañas. Pero nuestras familias hubieran sufrido las consecuencias. Tu padre era el último heredero de la Casa Stark ya que Benjen era muy chico. Si queríamos ganar la guerra debíamos unirnos todos: Stark y Tully para vencer al rey Loco. Si no hubiéramos hecho nuestro deber, la rebelión nunca hubiera tenido éxito. Hicimos nuestro deber. Pero encontramos una manera de disfrutarlo. Tu padre y yo nos casamos por deber, pero nos hicimos una pareja por amor. Ahora no me imagino mi vida sin él, y estoy segura que él no se imagina su vida sin mí. Construimos una hermosa vida juntos y tuvimos cuatro hermosos hijos.

- Cinco – la corrigió Arya.

- ¡Ay, sí! Siempre me olvido de esa niña que es insufrible. No me acuerdo como se llama, pero está siempre correteando por todos lados y rompiendo .. ¡Ay! – Catelyn fingió un gemido de dolor cuando su hija la golpeó suavemente en la cabeza con su espada de juguete.

- Entonces, ¿si voy a todas mis lecciones, voy a tener una vida como la tuya?

- ¿Es tan malo acaso?

- Supongo que no. Es solo que preferiría que no fueran tan aburridas, o que yo fuera mejor – Arya aceptó a regañadientes.

- Hagamos un trato. Puedes saltearte las clases de canto por ahora. Y yo hablaré con tu padre para que puedas tener clases de entrenamiento con la espada. Pero debes prometerme que vas a hacer tu mayor esfuerzo en todas tus lecciones, no solamente las que te gustan.

- Lo prometo.

- Recuerda Arya, como nobles, tenemos muchos beneficios que otros no tienen. Tenemos gente que trabaja para hacer nuestras vidas más cómodas. Pero a su vez nosotros tenemos una responsabilidad frente a esta gente y nuestras familias. No podemos tener los beneficios sin las responsabilidades. Por ahora la única responsabilidad que tienes son tus lecciones. Y no te preocupes por Septa Mordane. Yo voy a hablar con ella. Es una buena mujer y te quiere mucho, pero le voy a hablar para que también te felicite cuando haces un buen esfuerzo. ¿Tenemos un trato? – Catelyn le extendió su mano a su hija.

- Trato – respondió la niña sacudiéndola mano de su madre.

- Bueno, dale, ahora ve y despedaza a ese muchacho molesto antes que te arregle un matrimonio con él

Catelyn señaló al maltratado montón de paja y se sentó a ver a su hija disfrutando de una actividad que realmente le gustaba.