Disclaimer: Shingeki no Kyojin es propiedad de Hajime Isayama.

Advertencias: Yaoi (Boy's Love) | Uso descarado del OoC | EreRi | Universo Alterno (UA) | Lenguaje vulgar | Contenido sexual explícito | One-shot | PWP | NSFW | Monster Fucking.

N/A: Holaaaaaa, hoy vengo trayéndoles este fic que había anunciado en mi cuenta de wattpad. Es una historia muuuuy chiquita, y PWP (trama, ¿qué trama?). Básicamente es puro smut/porno sucio jajaja. Además, es mi primera vez escribiendo un Monster Fucking, ya tenía ganas de probar con algo así y realmente espero que les guste el resultado ;). Si me apoyan con un pequeño review/comentario me harían súper feliz /o/.

Ojo: es un EreRi, o sea, Eren es el seme.

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A MONSTER IN MY BED.

Único.

Cause you can be the beauty,
And I could be the monster.

—Måneskin.

Afuera había una tormenta.

Dentro parecía un infierno. La habitación ardía, el sudor mojaba mi piel y todo mi cuerpo se sentía acalorado. Probablemente debí salir corriendo cuando la primera alarma se encendió, pero esa opción ni siquiera se me pasó por la cabeza. Preferí quedarme sobre la cama, escuchando rasguños contra las paredes y gruñidos que parecían de ultratumba, como si vinieran directamente del infierno.

El monstruo frente a mí abrió la boca. Su aliento se dibujó como una densa nube de vaho y, tras observar cada pequeño rincón de la habitación, centró su atención en mí al percatarse del agudo chillido que dejé escapar por reflejo. Tragué saliva cuando me encontré con su mirada gris; tenía la pupila pequeña y dilatada, el corazón se me agitó y el monstruo lo notó.

El ruido que escapó de su boca fue aterrador, se sintió como una risa que perforó mis oídos y me hizo temblar bajo las sábanas. Sin embargo no me moví, me quedé sentado, tontamente protegido por el cobertor e hipnotizado por el enorme ser que había frente a mí. Quizá medía poco más de dos metros y medio (tal vez tres metros), de cuerpo musculoso, piel rojiza y largas y puntiagudas orejas que se escondían tras el largo cabello castaño. No tenía labios, dos filas de dientes sobresalían y se extendían hacia arriba, dándole una apariencia espantosa.

El monstruo estiró su enorme mano hacia mí. Con un sólo movimiento, arrancó las sábanas de mi cuerpo y fue muy tarde para querer escapar. Sujetó mi pierna y, tras girarme sobre la cama, fui jalado hacia abajo. Me aferré al colchón tan pronto él me soltó. Estaba confundido, el corazón me golpeaba con fuerza y mi respiración era tan agitada que podía oírse resonando por los rincones de la habitación.

El monstruo sacó otra respiración. El vapor se extendió por el lugar y chocó contra mi cuerpo. Aún sobre la ropa lo sentí, era ardiente, como si acabara de tocar fuego puro. Gemí y dejé escapar una maldición cuando el dolor me invadió. Pero a él no le importó. Volvió a sujetarme y esta vez arrancó mis pantalones para dormir, haciéndome quedar completamente desnudo y a su merced.

Ahogué mi aliento justo cuando él tomó mi cintura para acomodarme a su gusto. Me hizo chocar contra la cama y el colchón se hundió cuando mis rodillas se enterraron en el suave relleno. No me atreví a voltear, me quedé sobre el lugar, con las piernas temblando y apenas pudiendo pensar con claridad.

Lo próximo que sentí fue su lengua. Húmeda, caliente y larga, se arrastró por mi espalda dejando una capa de saliva ahí. El cosquilleo que me recorrió fue abrumador, se mezcló con la repentina oleada de salvaje deseo y chillé tan pronto su lengua viajó un poco más abajo. Lamió mis nalgas una y otra vez hasta arrancarme gemidos de placer.

El monstruo gruñó. Su aliento ardiente se estrelló contra mi sensible piel y dejé escapar un gemido de placer mientras él continuaba estimulándome. Llevó su lengua a mi ano y lamió esa zona hasta que su saliva escurrió por mis muslos.

Era puro placer para entonces. Las deliciosas sensaciones crecieron cuando empujó su lengua en mi interior y rebuscó por todos lados. Los ojos se me pusieron en blanco mientras me retorcía sobre la cama ante la nube de placer que me cegó por unos minutos, sus enormes manos me sujetaron por la cintura cuando no pude mantenerme mi peso más tiempo y siguió torturándome tanto como quiso.

Dejó saliva dentro de mí. El ardor en mi ano se expandió hasta mi estómago y chillé sintiendo una mezcla conocida entre dolor y placer. No podía luchar contra ello, preferí disfrutarlo hasta el final. Moví las caderas en su dirección, buscando un poco más de ese delicioso placer. Y el monstruo lo entendió; golpeó dentro de mí con esa lengua larga, buscó y lamió, hasta que encontró mi punto dulce.

Abusó de mi próstata una y otra vez con movimientos rápidos y profundos, haciéndome jadear y chillar. La sensación de su lengua estrellándose dentro de mí causaba un exquisito cosquilleo en mi hinchado pene.

La sensación era tan poderosa que ni siquiera aguanté mucho tiempo. Sólo necesité un poco más de su lengua y tuve un orgasmo que se extendió de manera deliciosa por todo mi cuerpo. Gemí disfrutando del placer que me recorría mientras me aferraba a una almohada y mi semen se desparramaba sobre el colchón.

Una vez que sacó su lengua, una gran cantidad de saliva le acompañó. Dejó de agarrarme y caí sobre el colchón medio atontado, con la boca ligeramente abierta y algunas lágrimas de placer en mis ojos.

Pero el monstruo no pensó en darme un respiro. Me giró con un movimiento brusco y abrió mis piernas para observarme atentamente. Yo no pude defenderme, aunque para ser sincero eso ni siquiera se me pasó por la cabeza. Me dejé hacer. Dejé que él me tocara con esos dedos grandes y largos, zigzagueantes recorrieron cada rastro de mi cuerpo y se entretuvieron en mis tetillas. Las presionó entre sus calientes yemas y las retorció de forma despiadada, ganándose gemidos de mi parte.

Una mano se deslizó hacia abajo, directamente a mi polla. Su dedo índice se estrelló contra esa parte sensible y mi respuesta fue jadear en pura desesperación. Acababa de venirme, pero el conocido hormigueo me atacó de nuevo. Sentí mi pene palpitar bajo su toque descuidado mientras mi cabeza se echaba hacia atrás, pero él no me dio tregua, seguía estimulándome a su antojo, golpeando mi polla y retorciendo mis tetillas.

Era un manojo de jadeos y temblores para entonces. Ardor me recorría de pies a cabeza, se centraba en mi vientre y mandaba ráfagas de placer que se extendían hasta mi deseosa polla. El placer me tensó, enterré los talones en el colchón justo cuando su dedo se frotó contra mi agujero.

—Jodeeer —chillé mientras el grueso dedo se deslizaba dentro de mí. Su calor golpeó contra mi sensible carne y mi espalda se arqueó como rápida respuesta.

El monstruo gruñó de nuevo. La nube de vapor que escapó de su boca era más intensa ahora. El dedo se movió de forma ruda, entrando y saliendo, golpeando y tallando sin cuidado. Mi interior fue abusado una vez más y mis ojos se perdieron tras mis párpados.

—Más, más —pedí entre jadeos y sonidos húmedos. Mis caderas se agitaron mientras ese dedo gordo se frotaba contra mi próstata.

Otro dedo grueso se deslizó dentro de mí. Me abrió aun más, separando mi carne y tanteando dentro de mí, restregándose de forma acelerada. Se me cortó la respiración, perdí el sentido y el monstruo aprovechó para hundir su lengua en mi boca.

Fue un beso mojado. Lo sentí enredándose contra mi lengua y me saboreó por completo. Se restregó contra mi paladar, chocó contra mis mejillas y su saliva se mezcló con la mía, terminando por escurrir desde mis labios hasta mi mentón.

Pronto él me liberó. Sacó los dedos y, tras romper el beso, echó otra respiración pesada en la habitación. El vaho se disipó al mismo tiempo que su enorme y gruesa polla comenzaba a golpear contra mi necesitado agujero. Con sus ojos en los míos, elevó mis caderas y me penetró de forma salvaje con un gruñido que me puso los pelos en punta. El pinchazo de dolor me hizo arquear la espalda y abrir los ojos de golpe. Vi puntos de colores mientras las lágrimas empezaban a empapar mis mejillas sin tregua. Dolía como la mierda, como si estuviera partiéndome, sin embargo encontré aquella mezcla de ardor y placer jodidamente adictiva.

El monstruo se desató. Sosteniendo mis muslos, mantuvo mis piernas bien abiertas y comenzó con sus brutales movimientos. Entraba y salía, empujándose hasta la base, formando un alarmante relieve en mi vientre por lo profundo que llegaba.

La sensación me hizo llorar. Era dolor y placer perfectamente compenetrados, jadeé desesperado por oxigeno mientras él seguía embistiéndome de forma salvaje, golpeando mis nalgas con esos testículos enormes y pesados. Podía sentir las palpitaciones de esa verga gruesa, era ardiente y húmeda, y chocaba contra mi sensible próstata en cada movimiento descuidado. Lo escuché gruñir justo cuando mi agujero lo aprisionó, succionándolo para mantenerlo dentro.

Sin separarnos, el monstruo me levantó. Choqué contra su pecho duro y hundí los dedos en sus hombros cuando sentí esa enorme polla enterrándose hasta el fondo. El placer me hizo arquear la espalda y comencé con una ronda de movimientos sobre su verga. Lo monté apenas pudiendo sostenerme de él, agitando las caderas, sintiéndolo tan jodidamente hinchado entre mis paredes anales. El monstruo gruñó complacido, sostuvo mi cintura y guió cada salvaje penetración, asegurándose de brindarme tanto placer como fuera posible.

Mi polla palpitó, líquido se derramaba desde el glande y bajaba por toda mi extensión. El placer era abrumador, se volvió casi insoportable cuando el monstruo arremetió contra mi cuerpo una vez más, sacando y metiendo su gruesa y húmeda polla. Me retorcí entre sus brazos, apenas siendo conciente, y dejé escapar un gemido que vibró por la habitación.

Me destrozó por completo. El monstruo me llenó de placer, marcó sus dedos en mi piel y golpeó contra mi próstata sin contemplaciones. Me arrancó gemidos de placer y abusó de mi interior tanto como quiso.

Él era salvaje, monstruoso. Embestía hasta el fondo sin cuidado, sus caderas chocando contra las mías, provocando un morboso sonido que elevaba mi excitación.

—Ya no... ya no aguanto —lloriqueé después de un contundente rozón en mis paredes anales. El monstruo pareció comprenderme, rugió y aumentó el desenfrenado movimiento de caderas.

Una y otra vez se azotó contra mi cuerpo, asegurándose de golpear contra mi próstata. Apreté su ardiente piel y abrí la boca, pero no emití sonido alguno. Mi mente divagó y el placer explotó en cada parte de mí. Temblé, se me fue la respiración y mis ojos se volvieron blancos. El orgasmo fue brutal, rompió mis defensas y dejó mi mente en blanco, mi semen se disparó en ardientes hilos que mojaron mi piel y casi terminé desmayado entre sus brazos.

El monstruo sacó un rugido gutural. Se enterró aún más profundo y agitó las caderas cuando alcanzó su propio placer. Me dejó increíblemente lleno de él; abundantes chorros de semen se vertieron dentro de mí y la caliente sensación me hizo tiritar y gemir.

Me soltó tras unos momentos. Caí sobre la cama, jadeante y con fluidos escurriendo desde mi ano. El monstruo me miró largamente, se jactó de haberme dejado tan desvalido y liberó un poco más de vapor desde sus labios. Su imagen se volvió borrosa después, me costó mantener los ojos abiertos porque el cansancio estaba venciéndome. No pude contra él, sintiéndome relajado ante el reciente orgasmo, mi mente se relajó.

Luego de eso, no recuerdo lo demás.

A la mañana, cuando desperté, el monstruo ya no estaba...

—Hola, mi amor, ¿dormiste bien? —me saludó contento aquel hombre que reconocí muy bien. Los ojos grises, la piel morena y el cabello castaño cayéndole por los hombros, le hacían ver especialmente atractivo esa mañana.

...Pero Eren .


FIN.