Kyodai no kizuna

Aphrodita (Hessefan)


Disclaimer: Saint Seiya es de Kurumada.

Advertencias: Incesto.


TWO SHOT


Todo sucedió demasiado rápido, pero ya era corriente ver a Hyoga junto a Ikki.

A pesar de haber sido relativamente hacia poco tiempo el día en el que de manera oficial se presentaron como pareja, ya todos en la mansión se habían habituado a verlos juntos.

¡Qué sorpresa el día que se enteraron!

Por su parte, Shun estaba muy contento de que su hermano mayor hubiera encontrado el amor, pero aún más contento lo ponía que el Cisne fuera su cuñado.

Sin embargo, la nueva noticia lo entristeció bastante; pero bueno, era comprensible. Ellos se amaban y era lógico que quisieran vivir juntos.

Fue así que un día Hyoga y el Phoenix abandonaron la mansión llevándose consigo sus pertenencias a una pequeña casita que quedaba a tan solo dos cuadras.

—Shun, podrás visitarnos cuando quieras. —Su voz era paternal—. Vamos, no llores, hermanito. —Ikki le secaba las lágrimas de la mejilla con dulzura, pero por más que se lo propusiera, Andrómeda no podía dejar de llorar.
—Es cierto, Shun —Hyoga también trató de consolarlo—, no solo puedes ir a visitarlo a él… A mí me encantaría verte.
—G-Gracias —dijo entre sollozos y forzando una sonrisa—. Bueno, estaré allí. Espero no molestarlos.
—Sabes que no nos molestarás. Vivimos durante mucho tiempo los cinco juntos y dentro de todo nos llevábamos bien. Incluso puedes ir y quedarte a dormir si así lo quieres. —El Phoenix lo abrazó con fuerza.
—Sí. Además no es tan lejos. Son dos cuadras nada más. —El Cisne tomó las dos maletas y emprendió la caminata dejando a los dos hermanos a solas.
—L-Lo siento, Ikki. Te juro que trato de evitarlo, pero las lágrimas surgen solas.
—Es comprensible que te sientas así... —Ikki le sonrió con ternura y le acarició el cabello— pero ya pasará, y veras que nos vamos a ver todos los días, como siempre. De hecho espero verte más tarde, así me ayudas a ordenar mis cosas. Sabes que a mí no se me da eso de acomodar tan bien como a ti.
—Sí —respondió con la voz quebrada—, dentro de dos horas iré para allá.

Se podría decir que Shun exageraba un poquito, ya que su querido hermano no se estaba yendo a otro país o a la guerra. Sin embargo la sensación de abandono lo inundaba tanto que no podía evitar la angustia, y trataba de luchar contra eso, pero le era inevitable sentirse destruido. ¿O, cómo decirlo? Se sentía un poco desprotegido, como que le faltaba algo. Porque más allá de ser un adulto, tener cerca a su hermano mayor le generaba una tranquilidad inexplicable; seguridad y paz en el alma.

No quería pensar demasiado en el tema, pero no le molestaba el hecho de que Ikki se fuera, estaba acostumbrado a las largas ausencia de su hermano, pero desde que Ikki estaba con Hyoga, se sentía un poco solo y, para mal en peor, en el presente... ¡Qué demonios le importaba que fueran dos cuadras!

No imaginó que el día en el que su hermano mayor se fuera por esos motivos llegaría a sentirse tan mal, pero tendría que superarlo, ya que no podía seguir dependiendo de él ni atarlo a una vida eterna a su lado.

Para sublimar aquella ausencia y agonía (así de dramático lo definía él), al principio se la pasaba día y noche en la casa de los dos. A decir verdad le daba un poco de vergüenza estar ahí las veinticuatro horas, pero ni a Ikki ni a Hyoga parecía molestarle su constante presencia.

La cuestión es que el Phoenix comenzó a trabajar a tiempo completo y ya no tenía el día libre para pasarlo con su hermano menor. Sin embargo el Cisne le aclaró a este que no le molestaba que de todos modos fuera de visitas. Y así fue...

Se levantaba a la mañana, desayunaba, iba a entrenar, volvía a la mansión, se bañaba y después se iba a la casa de su hermano, cerca del mediodía, por lo que casi siempre almorzaban juntos.

Los días transcurrieron rutinarios. Ikki llegaba a la tardecita al departamento y ya estaba acostumbrado a ver a su hermano siempre a esa hora.

Hyoga disfrutaba del tiempo compartido con su tierno cuñado, aunque algo estaba empezando a perturbarlo, pero no podía precisar qué. Shun, por su lado, también disfrutaba de la cercanía con el Cisne. La amistad se había solidificado aún más, tanto que ya se sentía con la confianza de hablar sobre temas privados.

De hecho, antes era con él con quién más hablaba. No se animaba a ir con su hermano mayor para consultarle ciertas cuestiones incómodas. Fue así que una tarde, mientras merendaban, Andrómeda empezó a curiosear como era habitual.

—Dime, Hyoga. ¿Es lindo siempre o en algún momento duele más? —preguntó con los ojos atiborrados de inocente curiosidad.
—¡Uh! Otra vez con eso. ¿Por qué a mí? —Se quejó Hyoga, divertido.
—¡Y sí! ¿A quién quieres que le pregunte? ¿A mi hermano? Contesta: ¿duele en algún momento más que en otro?
—Qué sé yo... sí, por supuesto. ¿A qué te refieres?
—¿Cuándo duele menos? —Shun quería saber más.
—Y... no depende del momento. ¡Bah! Sí, tiene que ver mucho el momento porque influye lo excitado que estás, pero creo que te refieres a la posición. Hay posiciones en las que duele más y otra en las que duele menos. —Parecía todo un doctor en la materia.
—¿Cuáles son?
—¡¿Para qué quieres saber?! —exclamó el Cisne riendo de los nervios.
—Contéstame o si no... —Shun trató de pensar en alguna amenaza, recordó las habituales y riéndose lo señaló con un dedo— le voy a decir a mi hermano que me estuviste tocando.
—¡Ey! Dile lo que quieras. No te va a creer. Sabe que no soy capaz... ni estúpido —dijo refiriéndose al hecho innegable de que si cualquier hombre intentase tener algún contacto del tipo físico con Shun, Ikki, sin dudarlo, lo rostizaría. Así fuera él y con más razón—. A parte él sabe que te cuido cuando no está.
—¿Quieres probar? Vamos a ver si no me cree. —Ambos sabían que era broma.
—¡No! Está bien... —contestó mientras terminaba el té— ¿Quieres saber cuáles son las posiciones que más duelen?

—Sí.

—Bueno, si te sientas arriba puedes controlar mejor la situación... si ves que duele sales inmediatamente.
—Entonces es la mejor —afirmó Andrómeda.
—Depende del gusto de cada uno.
—¿Y cuál es tu gusto? —preguntó sin preámbulos el supuesto niño tierno de los Kido.

Hyoga pudo apreciar cierto cambio, no solo en el tono de voz que había usado su amigo, sino también en la expresión de su rostro. Esa curiosidad habitual en él había cambiado a cierta mueca de lascivia.

—A mí, pues... me gusta sentarme, pero de espaldas...—Hyoga rió fuerte al ver la cara de pregunta que tenía en el otro— ¿Cómo puedo explicarte?
—Muéstrame. —Sabía que esa no era una petición propia de un cuñado.
—N-No. No lo creo. Te explico: es igual, te sientas encima de la verga para cabalgarla, nada más que de espaldas.
—¿Y eso es… más lindo?
—A mí me gusta más así. —Hizo una pausa para dar paso a la reflexión— ¡Hoy sí que estás curioso! —concluyó y de manera automática Shun cambió el semblante de asombro por uno de vergüenza.
—¿Por qué te gusta más?
—Bueno, pues... ¡Basta, Shun!
—¡Dale! No seas malo. Además ¡¿a quién le pregunto sino?!
—Me gusta así porque duele más, o se siente mejor, que en otras posiciones. —Hyoga hizo otra pausa y corrió la mirada— Sí. Me gusta que me duela... un poco, no mucho, pero… así de espalda se siente lindo... raro. No sé cómo explicarlo: es como que entra al revés.
—¡Eh! ¿Entra al revés? Así que te gusta el dolor —reafirmó Andrómeda más bien como si estuviera preguntándose a sí mismo.
—Un poco. No soy sadomasoquista...
—¿Mi hermano la tiene grande?
—¡Shun! —Menos mal que había terminado de comer la galleta que sino seguro que se atragantaba.
—¡¿Qué?! ¿Qué tiene de malo querer saber?
—¡Ay, Shun! —Sin embargo, a pesar de sus quejas, decidió contestarle— No la tiene grande, grande... —analizó el rubio haciendo el gesto con las manos.

—¿Chica?

—Tampoco chica. Término medio. Lo que sí… sabe moverse muy bien.
—¿Ah, sí? —preguntó curioso y por lo visto feliz de descubrir aquello, los ojos le brillaban.
—Shun... ¿dónde olvidaste el pudor? Se te debe haber caído cuando venías hacia aquí —dijo con una sonrisa nerviosa en los labios, se había cruzado de brazos y tenía las piernas estiradas. Shun se sintió acalorado, y ese gesto contrito llevó al otro a bromear—. Ah, no... parece que aun conservas un poco de pudor.
—¡Bueno! Basta de ser yo el blanco.
—¿Shun, por qué estás tan curioso? —Antes de que su amigo pudiera contestarle, se le adelantó sacando conjeturas apresuradas— ¡No me digas que…!
—¿Qué? Qué tiene de malo si... si tengo ganas de... de probar. —Shun jugaba con el cordón de la campera haciendo circulitos—. Además si tú y mi hermano lo hacen... debe ser lindo.
—Pues... sí, pero ¡ojo! Ni se te ocurra, mocoso —dijo Hyoga imitando las palabras que Ikki solía dedicarle, eso hizo reír a Shun. Justo cuando se escuchó el ruido de las llaves en la puerta.
—¡Hermano! —vociferó Shun con alegría; parecía que Ikki llegaba muy cansado de trabajar—. Ven, siéntate, hermano —exigió Andrómeda al mismo tiempo que le quitaba el saco y lo liberaba de todas sus pertenencias, mientras Hyoga le preparaba algo para merendar.

La charla habitual dio comienzo y Shun creyó propicio dejar sola a la pareja para que hablaran tranquilos ya que casi no se habían visto en todo el día. Total, él volvería mañana y pasado y traspasado...

—¿Y? ¿Cómo está Shun? —Le preguntó Ikki a su pareja una vez que estuvieron solos.
—Bien. Mejor. Ya lo superó, creo… tú lo conoces mejor. —Dudó un poco de seguir hablando, pero le parecía prudente hacerlo— Lo que sí… está muy curioso. —Al terminar de decir eso se sentó en la silla que estaba al lado de su amante para poder abrazarlo por el cuello.
—¿Cómo que curioso?
—Sí. Te aviso, Ikki, que ya no es un niño. —advirtió y el Phoenix sintió en ese momento que el corazón se le detenía por una milésima de segundo.
—¡¿Qué?! —vociferó, y comprendiendo que el Phoenix lo había malinterpretado, Hyoga se puso de pie por prudencia para alejarse de él antes de apaciguarlo.
—¡Tranquilo! No me refiero a eso. Aún es virgen... creo.
—¡¿Cómo que creo?!
—Sí. Aunque estoy más que seguro. Tranquilo. Me refería a que ya comprende algunas cosas. Más de las que te imaginas. Y bueno, es cuestión de tiempo...
—Pero no tiene por qué ser con un hombre, ¿verdad? —preguntó Ikki, rogando que la respuesta fuera no. Hyoga no sabía qué contestar, no quería mandar al frente a su amigo, además, ya había cumplido con su parte de tenerlo al tanto a Ikki de su hermano.
—N-No. No, claro... —respondió con torpeza.

Hyoga ocupó el lugar que siempre ocupaba cuando Ikki se sentaba, en la silla de al lado, y comenzó a besarlo cada vez más con más ímpetu mientras le iba desprendiendo los botones de la camisa.

—Hyoga, no te enojes, pero… hoy estoy cansado, me tuvieron todo el día de aquí para allá.

El Cisne entendió sin ofensas; ya llegaría el fin de semana, en los cuales el Phoenix no trabajaba. Además era cierto, pues había llegado muy tarde, debía estar muy cansado. Ikki amaba esa comprensión que le tenía el Cisne.

Para él era impresionante la paciencia y el amor que le tenía, ya que creía que había que hacer un sacrificio para aguantar sus enojos, sus arrebatos, sus arranques de furia, sus celos. Sin embargo Hyoga le tenía una santa paciencia. Ikki adoraba eso, era su tesoro.

—No te preocupes.
—Gracias, amor, por comprenderme. Te prometo que el fin de semana te lo retribuiré muy bien. —Eso último lo había dicho con una sonrisa morbosa mientras le mordía los labios.
—Más te vale. —Hyoga lo comprendía, pero no podía evitar sentir un vacío dentro de él. Y sí, puesto que Ikki no estaba moviéndose en su interior.

(…)

Shun llegó a la puerta y tocó timbre, la voz de Hyoga se escuchó dándole el permiso para entrar. Se sorprendió de que su amigo no fuera a recibirlo, pero al entrar se lo encontró recostado en el sillón, comiendo chocolate mientras veía televisión.

—Hyoga ¿qué pasa? —preguntó Shun, triste de ver a su amigo tan destrozado. Se acercó al sillón y se arrodilló a su lado. El otro giró la vista con los ojos rojos.
—Discutí con Ikki —confesó y Andrómeda lo abrazó fuerte—. Hoy me dijo que mañana tendría que trabajar.
—Bueno, no te pongas mal. —Le acarició la mejilla.
—¡Soy malo! —El Cisne se recargó en el hombro de su amigo— Sé que tiene que trabajar igual, que si él pudiera elegir, mañana se quedaría conmigo… aun así... me enojé con él.
—¿Y qué sucede mañana, Hyoga?
—Mañana es nuestro aniversario y yo quería pasarlo con él. —Hyoga comenzaba a tranquilizarse—. Discutimos muy feo a la mañana y él se fue a trabajar enojado.
—No te preocupes. Ya verás que todo va a estar bien. Mi hermano te ama... créeme, lo conozco. —Andrómeda incorporó a su amigo para poder sentarse y así recostarlo sobre él. Se quedaron en esa posición un rato largo.

Hyoga agradeció el gesto. Shun trataba de levantarle el ánimo como podía, sabía que Ikki llegaría en cualquier momento y así fue. Saludó a su hermano mayor y decidió irse para dejarlos solos. Al ver la expresión desconsolada que tenía Ikki supo que este también estaba apenado por discutir. De seguro se arreglarían.

El Phoenix se sorprendió de que su hermano se fuera tan rápido, pero al mismo tiempo se lo agradeció interiormente. Necesitaba hablar con Hyoga, pedirles disculpas por ser un patán y reconciliarse con él.

Al otro día Shun se alegró por descubrir que en la casa de esos dos no había nadie. Eso significaba que se habían arreglado y que, de alguna manera, estaban festejando su aniversario.

(…)

El invierno había llegado, crudo y frío como ningún otro. Hyoga solía discutir más con Ikki en esa época. Por la estufa, por la frazada, por el agua fría, por el agua caliente. Para uno siempre todo estaba frío y para el otro todo estaba demasiado caliente o caluroso. A pesar de eso, se llevaban muy bien, y aquellas discusiones quedaban mas como anécdotas divertidas, ideales para ser contadas a Shun quien se descostillaba de la risa con las historias de los dos.

Cuando llegaba, había adoptado la costumbre de colgarse del cuello de Hyoga y darle un sonoro y húmedo beso en la mejilla. Al Cisne esa actitud no le molestaba. Sabía que cuando abría la puerta había un Shun del otro lado listo para saltar a sus brazos.

—¿Hoy por qué discutieron? —preguntó Shun divertido a la vez que se sacaba las doscientas ropas que traía puesta para paliar el frío.
—Siempre se queja. No hay una noche… ¡Ni una! —dijo Hyoga sacudiendo un dedo— en la que no se queje por la frazada o la estufa.

—Lo conozco —asintió.

—¡Hyoga no me destapes... tengo frío! —lo imitó el Cisne mientras Shun reía— ¡Hyoga prende la estufa que hace frío! ¡¿Por qué siempre la apagas?! ¡A la mañana hace mucho frío y yo me tengo que bañar para ir a trabajar!

—Te creo, Hyoga.

—¡Es un exagerado! Pone la estufa en máximo. ¡No es para tanto! —Se quejó el Cisne, sin dejar de parlotear y protestar— Se acuesta y se tapa con ochocientas frazadas mientras yo sudo debajo de ellas como un condenado. ¡Mira, estoy adelgazando! Encima, cuando saco una... UNA —remarcó con énfasis.

—Me estás matando —rogó Shun, ya llorando de la risa.

—No exagero, una de las cuatro frazadas, ¡porque ya no puedo respirar! Se enoja conmigo y me dice: "¡Tengo frío!"… Siempre tiene frío —concluyó con gravedad. Se notaba que quería mucho a Ikki, en sus palabras se podía ver como adoraba todo eso pese a quejarse. Como, inclusive, amaba hasta los defectos, caprichos y enojos del Phoenix. Porque sí, era divertido convivir con una persona así como él. Hyoga hacía de cuenta que eso le molestaba, pero era evidente que no. Shun estaba muy enternecido y agradecido con quien era su cuñado.

Estaba terminando de contar un sin fin de anécdotas mientras le preparaba un té, cuando sintió que Shun se levantaba de la silla para acercarse con paso lento hacia él. No supo por qué, pero ese acercamiento lo había puesto nervioso. No era un comportamiento habitual en Andrómeda.

Se dio vuelta para quedar frente a su amigo y esperar lo que acabó por ser un fuerte y sentido abrazo. El Cisne no sabía cómo debía responder a esa muestra de afecto. No estaba pasando nada malo o incorrecto, pero... no se sentía cómodo. Se lo hizo saber a Shun separándolo con suavidad.

—Perdón. No quise incomodarte. —Shun se disculpó muy apenado.
—No. Está bien, no te preocupes. —Perdió la mirada y se alejó de él a la vez que, dándole la espalda, acabó por preguntar con curiosidad y extrañeza— ¿Por qué hiciste eso?
—No sé... —Fue la sincera contestación de Andrómeda— Me dieron ganas. Eso nada más.
—Está bien. Somos amigos, además de cuñados. Y nos queremos. No tiene nada de malo. —Esas palabras parecía decírselas más a sí mismo que a su amigo.
—¡Ey! ¿Tan mal te pone que haya tenido un gesto de cariño? —preguntó con una tierna sonrisa.

Tenía razón, el Cisne sentía que estaba exagerando, pues era Shun y no tenía nada de malo, ya era costumbre que tuviera ese tipo de gestos, aunque siempre lo veía muy enternecido con Shiryu, no con él. De todos modos no había podido evitar sentirse incómodo en la situación. Tal vez era Hyoga el del problema.

—Perdón. Por supuesto que no. —Dicho eso, lo abrazó él para demostrarle que no le había molestado; pero en esa nueva ocasión fue distinto porque Shun comenzó a besarle el cuello. Eso había sido demasiado, de nuevo Hyoga lo apartó. No quería tocar el tema y por suerte Ikki llegó de inmediato, salvándolo de tener que enfrentar lo que había pasado, que aunque no había sido la gran cosa, lo era.
—Ikki, ¿qué haces tan temprano en casa?
—¡Hermano! —dijo con alegría.
—Me liberaron antes. ¿Qué? ¿No te pone contento? —cuestionó Ikki dejando el maletín y quitándose algunos de sus incontable sacos y buzos. Hyoga le respondió con un profundo beso, estaba más que contento de tenerlo temprano en casa—. Hola, hermanito. ¿Cuidaste bien de mi koi? —preguntó y Shun asintió con la cabeza y una sonrisa.
El Cisne le hizo un té al Phoenix mientras este, en la mesa, hablaba y se peleaba divertido con su hermano.

—Aquí tienes.
—Gracias, rubio hermoso —dijo Ikki con una sonrisa de oreja a oreja. Hyoga lo tomó de la cara y lo besó de nuevo. Shun sentía que ya sobraba.
—Está muy rico, pero...
—Está frío —adivinó el Cisne, resignado. Siempre todo estaba frío para el Phoenix.
—No te enojes. —No era su fin que se ofendiera.
—Bueno, yo me voy.
—¿Ya? ¿Tan rápido? —preguntó Ikki esperando a que su hermanito se quedara un rato más— Recién acabo de llegar.
—Sí. Mejor... así los dejo hacer "cositas".
—¡Ey! —Fue lo único que pudo decir el hermano mayor, a lo que el Cisne le dedicó una mirada que parecía decir: "¿Viste? Yo te dije. No es un nene"

Luego de un par de horas, tanto Ikki como Hyoga, le agradecieron a Shun por haberlos dejado solos. Sin saberlo, el Cisne disfrutaba a más no poder de su pareja antes de que aquello se acabara por un tiempo largo, pues en el trabajo a Ikki lo esperaban con más tareas administrativas que le quitarían el tiempo y, en cambio, le darían cansancio.

(…)

Una lluvia copiosa había comenzado por la tarde, los cuñados estaba refugiados dentro de la casa.

—Ikki se debe estar empapando —comentó Hyoga terminando de poner las ropas en el lavarropas mientras hablaba solo, consigo mismo—. Dios, deberé conseguir un empleo pronto así le podemos pagar a una empleada… detesto hacer las cosas de la casa. ¡Lo detesto! Si Ikki por lo menos cooperase un poco, solo un poco…
—Ahí llegó —dijo Shun al escuchar el ruido de las llaves en la puerta. El Cisne dejó lo que estaba haciendo y salió del lavadero para recibirlo.
—Ve a darte un baño tibio rápido, que vas a enfermarte —le dijo mientras le quitaba el saco mojado por completo—. Estás tiritando de frío.
—Me mojé mucho por culpa de un desgraciado que pasaba en auto...
—¡No! No entres que vas a mojar todo, sácate la ropa aquí y dámela que ya mismo la coloco en el lavarropas. ¡Shun! —lo llamó— ¡Tráeme una toalla, por favor! Están ahí, en el estante, al lado del jabón en polvo.

Al regresar, Shun pudo apreciar a su hermano en ropa interior. No es que nunca lo hubiera visto así, sin embargo estaba muy sexy. El cuerpo bien formado, de hombros y espalda ancha. Todo empapado y temblando a causa del frío. Se quedó con la toalla en la mano con cara de tonto. No era su culpa que su hermano estuviera tan lindo, y Shun sabía que no era una manera fraternal de mirar a uno.

El Cisne acompañó al Phoenix hasta el baño y se lo preparó. Le alcanzó ropa abrigada y fue a la cocina para prepararle algo caliente. El que estaba caliente era Shun. Al verlo a Hyoga pensó que tendría que desquitarse con él. Casi como si fuera instintivo o un impulso que no puede reprimirse, acorraló al Cisne contra la mesada y lo beso con violencia.

—¡Shun! ¡¿Qué haces?! ¡Tu hermano está bañándose, puede salir en cualquier momento!
—No te preocupes, el ruido de la ducha nos va a avisar —dijo Shun a la vez que se prendía del cuello de Hyoga. Lo que estaba pasando estaba mal, eso el Cisne lo sabía, sin embargo aquellos suaves y húmedos labios lo doblegaban. Con mucha voluntad se desprendió de ellos.
—¡¿Cómo puedes hacer una cosa así?! ¡¿Cómo le puedes hacer esto a tu hermano?! ¡Shun! ¡Compórtate! —trataba de no gritar, pero le resultaba difícil controlar el timbre de voz.

Andrómeda se sintió terriblemente apenado. Había sido un arrebato del momento, se había dejado llevar. Avergonzado de lo que había hecho, sin saber por qué lo había hecho, tomó la campera y prácticamente salió corriendo de la casa. Hyoga no lo detuvo, en parte porque estaba muy sorprendido. ¿Ahora qué pasaría? ¿Cómo quedaría la relación entre ellos tres? De seguro el Cisne no quería perder a un amigo y a un cuñado como Shun, pero...

—¿Y Shun? —preguntó un sorprendido Ikki, secándose el cabello con una toalla— ¿Qué pasó? —cuestionó adivinando que algo había ocurrido por la expresión de angustia que tenía el otro.
—Nada...
—¿Cómo nada? Algo pasó aquí que no me quieres contar.
—No es nada, Ikki. En serio.
—Mi hermano se fue bajo la lluvia sin siquiera saludar y tú estás parado en medio de la cocina con cara de velorio.

Resignado y vencido decidió responderle parte de la verdad, pues sabía que Ikki no se daría por vencido. Aun así no sería sincero del todo, no sabía cómo el Phoenix podría llegar a reaccionar. Además aunque siempre le contaba todo, lo que había pasado era distinto.

—Ikki... Shun está... un poco raro...
—¿Cómo un poco raro? ¿A qué te refieres? —preguntó sentándose en la silla mientras Hyoga le alcanzaba el té, no sin antes volverlo a calentar, por supuesto.
—Tiene gestos distintos para conmigo. —El Cisne trataba de encontrar las palabras adecuadas, quería ser sutil. Ikki solo prestaba atención a lo que decía frunciendo la frente— Se comporta... muy cariñoso. No sé si se entiende lo que quiero decir.
—¡¿Shun?! No, debes estar equivocado, seguro malinterpretaste sus gestos. No creo que... —El Phoenix había entendido a la perfección, por eso rechazaba la idea— ¡¿Shun?! No, por favor...

Un escéptico Ikki empezó a dar un sin fin de argumentos sin sentidos. El Cisne comprendió de inmediato que lo mejor era dejar todo así; además ya había cumplido con su parte, tenía la mente tranquila. Era asunto del Phoenix creer o no creer.

(…)

A la mañana siguiente, como todas, Hyoga se levantó junto a su pareja para prepararle el desayuno, mientras este se iba a bañar; tardaba mil horas en salir de la casa porque se quedaba dando vueltas.

Escucharon el timbre, y fue el Phoenix quien estaba dando vueltas por ahí como de costumbre, quien abrió la puerta recibiendo a un sonriente Shun.

—Me olvidé de dártelo ayer y como hoy no salgo a correr porque el frío atenta contra el deporte…

—Eso no es cierto, te diría Hyoga.

—Te lo traigo hoy.
—¡Ah, cierto! El currículum. Menos mal que me lo trajiste, porque hoy es el último día que va a trabajar mi compañero, se lo daré y le diré que eres mi hermano así te toma en cuenta.
—Gracias, hermano. Me voy.
—¿Ya? Quédate a desayunar por lo menos.

Andrómeda dudó unos instantes, sentía un poco de pudor al pensar en lo que le había hecho a Hyoga el día anterior. Aun así se quedó. Al entrar a la cocina el Cisne preguntó por el timbre.

—¿Quién era?
—Shun —contestó el Phoenix—. Me voy a bañar que se me hace tarde.

—Siempre se te hace tarde.

—Prepárale un té, ¿sí? —le pidió con afecto, dejándole un beso en los labios.

El verse cara a cara fue una competencia para ver quién de los dos estaba más nervioso; el primero que se asemejaba a un tomate ganaba. A pesar de la incómoda situación, Shun pudo apreciar el hermoso cuerpo de su cuñado quien traía puesto tan solo un bóxer.

Al notar las miradas sobre él, corrió a cambiarse. Si no hubiera pasado nada entre ellos, aquello de estar semidesnudo frente a Andrómeda, no le hubiera molestado. Cuando entró al cuarto sintió como a su vez también lo hacía su cuñado. Otra vez la misma historia, pensó el Cisne cansado de todo eso. Nunca creyó o pudo vislumbrar en Shun esa veta de acosador.

—¿Qué quieres, Shun? —preguntó un poco cortante, inclinado en el cajón para sacar la ropa, cuando una mano desubicada en su trasero lo sorprendió. Vaya respuesta.
—Esto quiero. —Andrómeda no podía creer que aquellas palabras habían salido de su propia y mal juzgada inocente boca; pero lo cierto es que desde hacía un buen tiempo que venía deseando algo así. Estaba cansado de hacer siempre el mismo papel... moriría virgen.
—¡Shun! —gritó enojado.
—Perdón —se defendió nervioso y muy apenado—. No sé lo que hago.
—¡Por supuesto que no sabes lo que haces! ¿Podrías hacer un esfuerzo para ser mejor hermano?

—Hyoga…

—Soy la pareja de tu hermano, Shun. ¿Entiendes lo que eso significa? —Hyoga había sido muy duro con las palabras, tanto que hizo llorar a Shun quien huyó otra vez de la casa.
—¿Y ahora? —preguntó Ikki cansado de los portazos— No me digas, intentó violarte —conjeturó con ironía.
—Di lo que quieras —le retrucó un tanto ofendido—. Si no me crees es problema tuyo.
—¿Sabes lo que creo? —investigó el Phoenix mientras se preparaba— Que tienes un problema con mi hermano y no sabes cómo arreglarlo. Dime, si te molesta que venga tan seguido, házmelo saber y hablare con él, pero no hace falta qué...
—Ikki —estaba enojado y dolido— ¿estás diciendo que yo invento cosas para…? —No siguió hablando, no podía sin explotar.
—¿Entonces qué es?
—¡Ya te lo dije! ¡Si no quieres creerme es problema tuyo!
—Tranquilo, no me grites. Y no te enojes. —Le costaba creer eso de su dulce, inocente y tierno hermano— Después hablamos, ¿sí? Se me hace tarde.

El Cisne lo besó estando aún enojado, así que fue un medio beso, apenas un contacto de labios. Ikki se fue, incrédulo con toda la historia y dejando a un Hyoga preocupado. Había sido demasiado duro con Shun, además esas cosas debían hablarse, ya que ellos tres eran familia.

No quería perder a una persona tan linda como Shun. Ni como ni como amigo ni como cuñado. Estaba preocupado por él, por cómo se podría llegar a sentir luego de aquellas crueles palabras que le había dedicado.

Así que fue a la mansión para hablar cara a cara con él y solucionar todo ese embrollo. De paso vería al aparatoso de Seiya que hacía mucho que no lo veía, al igual que a Shiryu, y por supuesto que también a su diosa. Vivían a solo dos cuadras, pero no eran capaces de caminarlas.

Cuando llegó, sin tocar timbre pues recordaba a la perfección la contraseña de la reja y de la puerta, se apareció como un fantasma en medio de la sala de mansión. Solo lo había visto Tatsumi, quien estaba afuera dándole indicaciones al jardinero.

—Seiya, nunca creí que podría llegar a extrañarte. A ti y a tus payasadas.
—¡Hyoga! Qué bueno verte —exclamó Seiya con alegría saltando del sillón.
—Shiryu, ¿cómo estás? ¿Cómo están todos?
—Bien. Mejor ahora que te vemos —contestó Shiryu contento de tener a su amigo ahí.
—Podrían ir a visitarnos algún día. No vivimos en la casilla de correo —dijo el Cisne con diversión mientras veía que Saori bajaba las escaleras para ir a saludarlo.
—Y ustedes también podrían venir. Son dos cuadras nada más —se defendió el Dragón.
—Hola, Saori.
—Hola, Hyoga. Me alegra verte bien.
—Lo mismo digo.
—Siéntate, no te olvides que este lugar jamás dejará de ser tu hogar —ofreció ella.
—Te lo agradezco. En realidad venía por Shun.
—Claro, ¿no? —dijo el Pegasus haciéndose el ofendido— Qué iluso yo, creer que venías a visitarnos a todos.
—¡Ey! No exageres, que nos vimos la semana pasada —retrucó el Cisne—; en la calle y al paso, pero nos vimos.
—No te olvides que antes vivíamos todos juntos y, bueno... se extraña distinto —argumentó Seiya sentándose de vuelta en el sillón.
—Imagínate, nosotros sentimos la ausencia de los dos —comentó el pelilargo—, no quiero ni pensar lo que le debe costar a Shun. A él todavía le resulta muy difícil.
—Está arriba, en su cuarto. Estuvo ahí todo el día. Ve, yo les llevaré con una empleada algo para tomar —ofreció Saori con gentileza.
—Permiso —se disculpó para dirigirse a las escaleras.
—No pidas permiso, Hyoga —lo censuró el Dragón.

Las palabras de este le quedaron dando vueltas en la cabeza y lo acompañaron a cada peldaño. Ellos dos creían que Shun ya lo había superado, pero por las palabras de Shiryu no parecía ser así. Cuando estuvo frente a la puerta del cuarto de Shun, vaciló en golpear.

—Adelante —gritó Shun desde la cama.
—Con permiso.
—¿Hyoga? ¿Qué haces aquí? —preguntó sorprendido a la vez que se incorporaba para sentarse en la cama.
—Vine a verte. Quería saber cómo estabas. —Hyoga agachó la cabeza en señal de vergüenza por lo sucedido.
—Estoy bien —contestó Andrómeda con fingida alegría.
—Perdona por lo que te dije hoy a la mañana...
—No te preocupes. Igual, tienes razón. Soy un mal hermano.
—No, Shun. —El Cisne se sintió una basura al escucharlo hablar así—. Yo lo dije porque estaba enojado. No lo pensaba ni lo pienso —aclaró sentándose a su lado en la cama.
—No es cierto —dijo de manera infantil y gasta tierna. El otro sonrió al ver la expresión—. Soy una vergüenza como hermano.
—No es así. Eres el mejor hermano que Ikki, que cualquiera de nosotros, pudiera tener. ¿Sabes? Creo que estás confundido. Digo… estás curioso, es evidente que ya no eres un niño. —Hizo una pausa para carraspear en señal de nervios—. Quieres tener sexo, lo cual es muy natural; pero yo no soy el indicado. Créeme que si no estuviera con tu hermano... ya te hubiera hecho mío; pero amo profundamente a Ikki y no quisiera lastimarlo. Menos de esta forma.
—Lo entiendo. Prometo no volver a molestarte.
—No me molesta. Me incomoda... pero también me halaga.
—Está bien, prometo no volver a halagarte. —Ambos soltaron una risita cómplice y se quedaron hablando mientras tomaban algo caliente traído por una empleada, al menos hasta que Shun se disculpó alegando que iría a bañarse—. Ya vuelvo. No te vayas. Es que necesito bañarme, me siento sucio. Pasa un día en el que no me baño y no puedo soportar mi cuerpo.
—Bueno, te espero. Mientras tanto revisaré tus cajones para entretenerme —dijo en broma.
—Está bien, pero no abras el último cajón —advirtió señalándolo— porque es el de la pornografía.
—Ah, lo tendré en cuenta.

Cuando se quedó solo, Hyoga se levantó y puso un poco de música. Recorría con los dedos los adornos de Shun, la mayoría eran recuerdos. En el estante del escritorio había un libro dorado que le llamó la atención. Lo tomó descubriendo en él una dedicatoria corta: "Para mi discípulo. Te regalo El Gaucho Martín Fierro para que comprendas mejor el idioma. Albiore". Lo abrió y enseguida lo cerró al no entender nada de lo que decía. Cuando intentó colocarlo en su lugar, un adorno se precipitó al suelo y haciendo uso de sus habilidades evitó que el objeto de vidrio tocara el piso haciéndose añicos. Ese movimiento le permitió observar que debajo del mueble había una caja que parecía estar gritándole: ábreme. Y así lo hizo. Lo que encontró, le causó mucha gracia.

—¡Shun! ¡La pornografía estaba en otro lado!
—¡¿Qué?! ¡No te escuche! ¡¿Me haces un favor?! —gritaba desde el baño— ¡¿Me alcanzas la toalla que olvidé en el respaldo de la silla?!
—Igual que tu hermano. —Hyoga dejó las revistas sobre la cama y se acercó al baño para alcanzársela—. Ustedes nunca se acuerdan de la toalla ni del jabón, ni del champú, ni de la ropa, ni... —Pero se interrumpió al ver como la cortina de baño se corría con brusquedad dejando al descubierto a un Shun enjabonado y, por supuesto, desnudo. El Cisne tragó saliva y trató de controlar el cuerpo, más que nada a su miembro.
—Gracias. Ya termino. ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?
—N-No por nada. Me voy —respondió con torpeza y se fue del baño.

El Cisne se desplomó en la cama tratando de regularizar la respiración, sentía el pulso y la frecuencia cardíaca muy acelerados. Una vez tranquilo, se percató de que estaba acostado sobre algo. Al revolver y sacarlo detrás de su espalda, descubrió que eran las revistas pornográficas. Decidió verlas para matar el tiempo.

Lo que encontró al abrirla no le desagradó en lo más mínimo, sino que le sorprendió: era una revista de hombres. Bastante, muy, demasiada específica, por completo explícitas. Comenzó a ojear las fotos, una por una. Hombres introduciéndose miembros en sus bocas, penetraciones, orgías... Fotos por demás artísticas, algunas captaban el momento en que el semen salía del miembro para caer en la cara de otro. Esa en particular le gustaba mucho, porque además de estar recibiendo el semen de otro, otro hombre lo penetraba desde atrás.

Hyoga sentía como el miembro comenzaba a reaccionar muy a su pesar, sin embargo no podía dejar de mirar esas revistas.

Hombres.

Shun encontró a su amigo en esa situación. El Cisne giraba la cabeza y la revista de forma muy graciosa, tratando de comprender algunas de las poses.

—¿Qué estás haciendo, Hyoga? —preguntó divertido, pero al ver lo que era exclamó—: ¡Por todos los dioses! ¡¿De dónde sacaste eso?! ¡Dámelo! —Le sacó todas las revistas y las ocultó de nuevo. Entonces, recién ahí, Hyoga pudo apreciar que el otro solo traía puesto la toalla.
—No me imaginé que tenías esas cosas. No tiene nada de malo. —Al ver que se empezaba a vestir se puso nervioso—. Si te quieres cambiar tranquilo, me voy.
—No me molesta. No pasa nada. Con respecto a las revistas: no le digas nada a mi hermano, por favor.
—N-No te preocupes —le costaba hablar, tenía a Shun por completo desnudo ante él.
—¡Hyoga! —exclamó Andrómeda al prestar atención— ¡Estás muy excitado! Mira cómo se te puso dura la verga, eso por estar mirando las revistas y pensar asquerosidades —dijo acercándose de manera peligrosa. Era cierto, sumado a todo lo que había pasado, estaba el hecho de que Ikki trabajaba el doble y, bueno... menos "alegrías" para el Cisne.
—No, Shun. Déjame... —Trató en vano de evitar que le bajara la cremallera del pantalón.
—Pero no puedes quedarte así. ¡Déjame ayudarte!

Hyoga estaba como sin fuerzas —más bien sin fuerza de voluntad— por lo que no pudo evitar que el miembro tomara contacto con los labios de Shun. Eso, además de excitarlo, le hizo volver a la dura realidad, y haciendo un esfuerzo sobrehumano se separó de él para subirse la cremallera. Salió prácticamente corriendo, saludando a todos al pasar.