Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.


Capítulo beteado por Flor y Yani. Gracias infinitas por toda su ayuda, chicas.


Un agradecimiento especial a Li por la nueva portada tan hermosa que me regaló.


Capítulo 15

Edward

Pellizqué el puente de mi nariz mientras apretaba mis párpados por unos segundos antes de volver a centrarme en el rostro cenizo de la doctora Tanner.

—¿Me estás diciendo que ya no puedes suministrar más medicamentos a mi mujer? —cuestioné indignado—. Bella lleva más de diez horas en labor de parto, ¡está agotada!

La doctora frotó los dedos en su frente y, viéndome a través de sus gruesas gafas, asintió.

—Desde un principio le expliqué a Bella que el nacimiento sería como si fuera el primero, le enumeré lo que podía ocurrir y ella estuvo de acuerdo. Después de tantos años es normal que suceda este tipo de demoras para coronar, señor Cullen. Sin embargo, no podemos hacer ningún tipo de inducción para acelerar el nacimiento, su esposa e hija lo están haciendo bien.

Los malditos y estúpidos tecnicismos médicos eran una mierda.

—¿Cuánto tiempo más habrá qué esperar? —inquirí apretando los dientes y así evitando gritar todo lo que tenía guardado sobre la doctora, en su lugar me crucé de brazos y la observé.

Ella miró su reloj de pulso antes de leer con rapidez el historial médico de estas diez horas. Levantó su vista al mismo tiempo que empujaba con su índice el puente de sus gafas sobre su enorme nariz.

—Bella tiene siete centímetros de dilatación, probablemente falten dos horas más quizá tres.

Exhalé ruidosamente.

—Tenga paciencia, señor Cullen. Sus chicas están haciendo un trabajo formidable, sus pulsaciones cardíacas son las adecuadas y las contracciones están empezando a aumentar de manera positiva para una dilatación más rápida. Ahora, vuelva con su esposa, ella lo necesita.

Quise reír. ¿Que tenga paciencia? Debía ser una puta broma. Mi Bella había ingresado al hospital con dos centímetros de dilatación y en diez horas dilató cinco centímetros solamente, ¡cinco centímetros!, y los médicos después de revisarla le sonreían diciéndole que lo estaba haciendo bien.

Sacudí la cabeza.

Di media vuelta y con paso firme me detuve frente a la puerta; tomé una respiración profunda y erguí mis hombros antes de girar la perilla.

En la habitación resonaba con fuerza el corazón de mi hija mientras Bella yacía sobre la camilla. Dave le estaba humedeciendo los labios con un cubo de hielo y Cam sostenía una de sus manos brindándole apoyo. Los tres voltearon a verme y yo les sonreí sin poder hacer otra cosa.

—No has ido a discutir con nadie, ¿cierto? —Su voz estaba incluso cansada.

Me encogí de hombros acercándome a la camilla.

—¿Cómo te sientes? —Era lo más pendejo que podía preguntar, ella estaba agotada, su semblante no mentía y aun así sonrió tocando su hinchado vientre.

—Estoy bien —susurró cerrando sus ojos.

Miré la pantalla que registraba las contracciones, ella estaba teniendo una y era fuerte. Sujeté su mano y dejé que su fuerza hiciera pedazos la mía.

—Las contracciones son cada cinco minutos —comentó Dave algo tenso mientras se encargaba de poner humectante sobre los labios de su madre—. Creo que debes hablar con el abuelo, él debe estar enterado que los médicos se han negado a proveer más anestesia a mamá, ella ya no puede.

Bella abrió rápidamente los ojos.

—Sí puedo —musitó—, yo puedo.

Mi hijo mayor empezó a caminar en círculos por toda la habitación, tirando de su pelo con desesperación.

Resoplé y elevé mi rostro para evitar que mi mujer me viera mal.

—La doctora Tanner dice que ya no pueden suministrar más medicamentos, que mamá lo está haciendo bien y que debemos esperar.

—¡Con un demonio! —exclamó Dave dando un puñetazo en la pared, volteó hacia nosotros con un gesto preocupado, comprendía su reacción porque ahora mismo quería hacer lo mismo—. Mamá ya no puede más, ¡solo mírala!

Bella había vuelto a cerrar los ojos fuertemente al tiempo que soltaba un ahogado quejido, ella seguía apretando con fuerza las manos de Cam y mía.

—Dave —lo llamé cuando lo vi salir de la habitación cerrando de un portazo la puerta, estaba de sobra decir que él no regresó.

—Mamá estará bien, ¿verdad? —Los ojos castaños de Cam parecían estudiar mi rostro.

Nervioso le sonreí, asintiendo al mismo tiempo.

Pasé una mano por la perlada frente de mi mujer y dejé un corto beso haciéndole sentir todo mi amor.

Podía cerrar los ojos e imaginar ese primer parto. Nosotros aún éramos tan jóvenes y vivaces que fuimos capaces de transformar esas quince horas de parto llenas de caos en toda una aventura.

Miré el reloj de la pared y rogué internamente que pasara el tiempo.

.

Estaba a punto de darme un jodido infarto.

Podía sentir mi corazón a punto de explotar y en la milésima de segundo siguiente estaba por detenerse cuando Bella volvió a pujar y su rostro enrojeció al punto máximo.

Apretó mi mano con toda la fuerza y me miró simulando una sonrisa.

—Tú puedes, nena —le susurré pegando mi frente a la suya, ella movió su cabeza en un sí silencioso y tomó un respiro.

—Vamos, Bella —alentó la doctora Tanner—, a la cuenta de tres. Uno… dos… tres.

Mi Bella estaba ahí, pujando con la poca o mucha fuerza que le quedaba, con su rostro cansado y desencajado por el dolor y al mismo tiempo soportando firme la ansiedad de conocer a nuestra hija. Lo hizo de una manera aguerrida esperando esas más de trece horas en labor de parto y aquí estaba concediéndome la dicha de ser padre nuevamente.

Abrí la boca al ver a mi niña siendo expulsada del interior de su madre. Era una pequeña gorda de piel enrojecida por completo, que tenía una mata de cabello color cobrizo. Ella soltó un llanto de enojo, el más hermoso escuchado en años.

—Eiren —susurré mirando a Bella cuando dejaron a nuestra hija sobre su pecho.

Mi Bella la acurrucó entre sus cansados brazos y le besó el tope de la cabeza.

Mi cara ardía de felicidad desmedida al verlas juntas. Me incliné y besé la frente de Bella y después la cabeza de mi niña.

Fue solo unos escasos segundos antes de que Eiren fuera arrancada de nosotros para ser llevada con el médico pediatra que se encargaría de evaluar su salud. Por suerte estaba en la esquina de la habitación haciendo su trabajo.

Angustiado, miré cómo manipulaba su cuerpo como si mi niña fuese de trapo y el instinto me hizo maldecir por lo bajo.

—Edward —me llamó Bella—, contrólate.

Con el rostro tieso le sonreí. Me bastó ser consciente de su semblante cansado para volver mi atención a mi mujer. Y no es que mi niña no me importara, no, simplemente que mi esposa necesitaba sentirse consentida por mí.

—Te amo, Bella. Gracias por este regalo. —Acaricié con mis nudillos su pómulo—. Dime, ¿cómo te sientes?

Ella suspiró.

—Dichosa —sonrió—, también muy cansada. —Cerró sus párpados manteniendo la sonrisa en sus labios—. Avísales a nuestros hijos que su hermana ya nació. Ellos deben estar esperando noticias.

—Así lo haré, nena —prometí.

Demoré un poco más de tiempo besando su frente mientras ella empezaba a dormirse.

—Señor Cullen —habló la doctora Tanner—. En unos momentos pasaremos a Bella a la habitación de recuperación y si todo marcha como hasta ahora , mañana mismo podrán irse a casa. También la niña será llevada a la sala de neonatos en lo que su esposa descansa.

Asentí sonriente. En estos momentos era el hombre más afortunado de este jodido planeta. Me sentía exultante que casi parecía caminar entre nubes de algodón y esas tonterías, así fue como recorrí el largo pasillo. Mis hijos esperaban impacientes en la sala de espera, se pusieron de pie en cuanto me vieron y lo mismo hizo mi suegro quien los acompañaba.

—Ya nació —anuncié.

Dave y Cam sin pensarlo se arrojaron a mis brazos.

Habíamos vivido las horas más angustiantes junto a su madre y ellos no me habían dejado solo ni un momento.

—¿Cómo está mamá? —preguntaron al unísono y eso me hizo sonreír.

—Cansada. Me han dicho que en unos momentos será pasada a cuarto para descansar lo suficiente y si todo marcha bien mañana mismo nos iremos a casa —repetí las palabras de la doctora Tanner.

—¿Y nuestra hermana?

Otra vez esa manera de coincidir en preguntas, los dos estaban ansiosos.

—Ella seguro ya está en los cuneros —respondí.

—Sé dónde quedan —dijo Cam caminando por delante, Dave lo siguió mientras Charlie caminaba junto a mí, siguiéndoles.

—Dave casi se vuelve loco —comentó mi suegro—, cuando me llamó estaba al borde del llanto.

—Lamento que te molestara en tu día libre.

Charlie dejó una leve palmada en mi hombro.

—Ustedes nunca me molestan. Aunque fue un poco complicado hacerle ver que no se podía hacer más y que si Bella hubiese estado en riesgo yo mismo hubiese roto las reglas del hospital con tal de ponerla a salvo. ¿Sabes? —meditó—. Me recuerda mucho a ti cuando tenías esa edad, eras bastante alebrestado cuando se trataba de mi hija —sacudió la cabeza—, a decir verdad lo sigues siendo.

Sonreí.

»¿Le has avisado a tus padres? —inquirió.

—Mis padres vendrán a conocer a Eiren más tarde —dije, haciendo un chasquido al recordar la conversación con mi madre—. Ellos volvieron a encontrar a Tanya en estado inconveniente y están tomando la decisión de internarla en una clínica especializada.

Charlie suspiró como si supiera del tema. Quise creer que era porque Emmett le había contado, entonces me entró la duda de saber cuánto sabía mi amigo sobre mi hermana.

—¿Y Renée?

—Ella preguntó si tú y Sue estarían aquí. Me quiso poner a elegir entre ustedes y ella, agotó mi paciencia —dije sin más— y terminé mandándola a la mierda.

Charlie me volteó a ver por unos segundos con sus ojos muy abiertos.

»No me ando con rodeos —aclaré.

—Entiendo, hijo.

Llegamos a la sala de neonatos. El cristal nos permitió ver a los bebés puestos en sus cuneros, sabía que mis hijos habían identificado a su hermana; era la pequeña gorda profundamente dormida mientras los bebés a su alrededor lloraban sin parar. Tenía un gorro de hospital de rayas azules y rosas sobre su cabeza y su muy corto y relleno cuerpo estaba envuelto por una manta blanca.

—Es hermosa —murmuró Cam sin dejar de contemplarla.

—Se parece a mi Bella —contó un nostálgico Charlie—, es mi hija vuelta a nacer.

—También se parece a papá —mencionó Dave muy risueño—, solo que en versión hermosa.

Mi atención estaba puesta en la pequeña princesa de mejillas regordetas y de labios diminutos color rosa, mi preciosa hija, Eiren.

.

Quise rodar los ojos cuando abrí la puerta de la habitación y mi mujer se estaba maquillando y viéndose frente a un pequeño espejo. Por Dios, tenía dos horas de haber dado a luz y ella estaba retomando su afición por el maquillaje.

Me sonrió al mismo tiempo que guardaba todos los cosméticos en un bolso rosa y lo ponía discretamente a un lado de su cadera.

—Debiste dormir —regañé y besé sus labios por más tiempo.

Ella negó mientras relamía sus labios.

—Estoy esperando a mi bebé. Quiero verla.

—Hola, mamá. —Cam entró corriendo y se acomodó en la camilla junto a su madre—. Eiren es hermosa, es demasiado pequeña —gesticuló con las manos—, está muy gordita y roja.

Dave llegó junto a Charlie, ambos abrazaron a Bella y le besaron las mejillas. Estuvimos conversando por lo que parecieron horas sobre las diferencias de cada parto de nuestros hijos mientras ellos y Charlie escuchaban atentos, mi mujer dormitó algunas veces.

—Felicitaciones, Edward. —Charlie me abrazó palmeándome la espalda—. Los dejaré descansar, mi hija se ve exhausta.

Bella se había vuelto a quedar dormida con su manos sobre su regazo, en espera de nuestra bebé.

—Nosotros también nos vamos —anunció Dave dejando un beso en la frente de su mamá y lo mismo hizo Cam despidiéndose ambos de ella.

—Quiero que se porten bien —les dije a los dos—, nada de fiestas en casa, ni salidas nocturnas, ¿entendido?

Dave sabía que lo decía por él, por ello me sonrió de lado.

—Me haré cargo —aceptó la responsabilidad que le dejaba—. Todo estará bien, papá. Cuidaré de mi hermano y de la casa.

—Cuida a mamá —me pidió Cam—, también a Eiren.

Le sonreí antes de despeinar su pelo.

Me sentí confiado cuando se fueron, sabía que harían su parte y yo cumpliría la mía.

Me senté en el sofá que estaba al lado de la camilla y observé a mi esposa dormida.

Cerré los párpados y quise dormir.

Una enfermera tocó la puerta y arrastró con ella un pequeño cunero donde mi hija venía a grito abierto y no paraba de llorar, me incorporé. La sacó con absoluta habilidad y la puso en el regazo de mi esposa que había despertado.

—Ella tiene hambre —comentó la enfermera sonriendo a mi esposa.

Bella descubrió su seno y, completamente dudosa, la pegó a él. Nuestra bebé por instinto se prendió de inmediato y comenzó a succionar al tiempo que mi mujer hacía un gesto.

—Succiona fuerte —susurró, sin dejar de apreciarla con mucha ternura.

Por mi parte, pasé mi dedo por el rostro de mi niña, era el ser más pequeño y precioso que mis ojos habían visto.

Y mis manos estaban picando de ansiedad por tenerla entre mis brazos.

—¿Quieres ayudar?

Enarqué las cejas, muy dispuesto. Me incliné descubriendo su otro seno, el olor dulzón a leche materna llegó a mis fosas nasales.

—¿Crees que sea prudente? —le pregunté y Bella dejó un manotazo en mi mano—. ¡¿Qué?!

—Me refiero a que tú puedes encargarte de sacarle los gases.

Reí fuerte. Era un idiota que había comprendido mal.

—Pensé que necesitabas de mi ayuda. —Apunté a sus pechos que estaban completamente hinchados.

Ella estaba sonriendo sin dejar de sacudir su cabeza.

—No, señor Cullen —imitó una voz formal—. Usted de ahora en adelante tendrá el honor de sacar los gases a Eiren.

Sonreí como imbécil. Si ya era el jodido esclavo de mi mujer, ¿por qué no lo sería de mi hija?

Eiren se alimentó hasta saciarse dejando que la leche saliera de su diminuta boca. Ella no abrió los ojos ni se inmutó cuando fue puesta en mis brazos.

Nervioso y completamente anonadado la observé disfrutando por primera vez de su liviano peso, calor y olor inigualable.

No tuve valor de arrullarla. Tan solo la sostuve con absoluto cuidado maravillándome con la sensación de tener entre mis brazos después de tantos años un pedacito de nuestro amor.

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.

El otoño se notaba más que nunca en nuestro jardín y nos recibía con una lluvia de hojas en colores naranja, amarillo, ocres y rojos cayendo sobre nuestro coche.

Apenas estacioné dentro de la cochera, vi por el retrovisor que mi mujer observaba con el ceño fruncido la camioneta SUV color marrón que estaba estacionada afuera con un gran moño rojo.

Corrí presuroso y abrí su puerta; tendí una mano para ella ayudándole a bajar. Bella se protegió del viento fresco con su campera y se estremeció ante las ondas de aire que corrían fuera.

—¿Y esa camioneta? —cuestionó.

—Es un regalo —respondí—, necesitaremos más espacio para el portabebés, su maleta y cochecito, pensé que era ideal para nosotros.

Bella volvió a estremecerse. Esta vez sus labios temblaron mientras su largo cabello se sacudía sin sentido ante el viento.

—Me gusta —musitó y yo sonreí complacido.

—Espérame aquí, iré a bajar a mi niña.

—Debe ser con el portabebés —la escuché decir.

Mi pequeña durmiente seguía plácidamente en sus sueños, aseguré el protector térmico para que no pasara ninguna corriente de aire y después tomé el portabebés con una mano.

Fue extraño sentir la liviana sensación de su peso. Y algo tuvo que ver mi esposa en mi rostro porque ella sonrió cuando llegué a su encuentro.

—Te ves muy sexy cargando el portabebés —argumentó—, ya puedo imaginar lo asediado que serás cuando lleves a Eiren al preescolar, creo que patearé varios traseros.

Puse los ojos brevemente en blanco.

—No creo que sean ni la cuarta parte de los que yo tendré que patear si miran esas grandes tetas por más de cinco segundos. —La molesté tocando uno de sus inflamados pechos y ella se quejó—. ¿Te duelen?

Se aferró a mi brazo antes de seguir caminando a nuestra casa.

—Un poco. Estoy haciendo demasiada leche.

Recorrimos la corta distancia de la cochera a la cocina subiendo los tres escalones que nos separaban de la puerta. Me sentí ansioso porque viera su otra sorpresa; arreglos florales y globos en color rosa nos dieron la bienvenida.

—Edward… —volteó a mirarme con sus ojos empañados—, ¿qué es todo esto?

—Eiren empieza a pintar nuestro mundo de rosa.

Soltó mi brazo para caminar y ser ella quien acariciara una de las rosas, la olió al mismo tiempo que suspiró. Emocionada se deleitó observando uno de los globos que aguardaba un peluche rosa.

Ella siguió adentrándose en nuestro hogar mientras cientos de flores, globos y peluches la recibían. Era realmente una dulce postal en color rosa y quizá era muy poco comparado con el sufrimiento que vivió por trece horas en labor de parto. Yo solo pretendía recompensar una milésima de esa parte.

—Bienvenida.

La señora Cope la recibió con los brazos abiertos dándole un afectuoso abrazo. Nuestros hijos bajaron corriendo las escaleras para también llenarla de besos.

—¿No fuiste a la escuela? —le preguntó Bella a Cam y este se encogió de hombros.

—No quise perderme este día —declaró.

—¿Puedo cargar a mi hermana? —inquirió Dave quitando el portabebés de mi mano. Estaba a punto de gritarle que tuviera cuidado, Eiren era frágil y debíamos ser cuidadosos, en cambio me quedé callado cuando vi la delicadeza con que sus manos la sostenían—. Ella huele increíble.

—Es hermosa —murmuró Cam, se había arrodillado y con la punta de sus dedos tocaba el rostro de su hermana como si se tratase de un fino cristal—. Quiero sostenerla en brazos.

Bella y Dave le ayudaron a que la tuviera en brazos, mi hijo menor sonrió al empezar a arrullar el liviano cuerpo de su hermana con mucho cuidado. Era de no creerse, Eiren tenía dos días de nacida y ya nos tenía a sus pies y enamorados totalmente de ella.

—Deberían despertarla —aconsejó la señora Cope—, mantenerla un tiempo despierta le vendrá bien para que duerma por la noche.

—Es buena idea —aseguró mi esposa—, también es su hora de comer.

Entonces el sonido escandaloso de un globo siendo reventado sonó tan fuerte en la estancia que mi hija se estremeció e hizo un pequeño puchero en sus labios soltándose a llorar desconsolada.

Luka salió entre los globos y flores y se dirigió muy quitado de la pena a la cocina. Ese gato haragán era el culpable de que mi niña se asustara.

Cam siguió arrullando su cuerpo mas no fue suficiente. Eiren estaba hecha un grito de protesta por haber sido despertada.

Llegué al lado de mi hijo y tomé a mi niña en brazos.

La arrullé al tiempo que le susurraba que todo estaba bien. Dios, mi niña buscó desesperada con su pequeña boca entre mi pecho haciendo reír a sus hermanos.

—Papá está listo para usar un sostén falso —se burló Dave.

Reí mientras caminaba escaleras arriba siguiendo a mi mujer.

En nuestra habitación, Bella prefirió recostarse en la cama y descubrir sus senos, le puse a mi niña en sus brazos y ella no perdió el tiempo sino que fue directo a succionar cada gota de leche que requería, empezó a hacer sonidos de atragantamiento y me asusté imaginando que se ahogaría.

—Está un poco desesperada, ¿no crees?

Bella asintió.

—Estoy ansiosa por pasar nuestra primera noche en casa junto a nuestra bebé. —Mordió sus labios de manera nerviosa—. Mi dulce niña seguro será muy buena.

Después de que Eiren se alimentó hasta saciarse se volvió a dormir y Bella junto a ella. Luego recordé que debía sacar los gases a mi bebé y la sostuve en mi hombro frotando su pequeña espalda, hecha una pequeña bolita eructó y devolvió un poco de leche sobre mi camisa, la mantuve el tiempo necesario hasta que volvió a llorar por un cambio de pañal limpio.

Eiren durmió la mayor parte de la tarde junto con Bella. Aproveché para conversar con mis hijos y ponernos al día con sus planes mientras cocinamos pizza estilo casera con tomate, mozzarella y espinacas. Dave estaba a dos semanas de dejarnos y su novia aceptó respetar este tiempo para nosotros como familia mientras Cam aseguró sentirse bien en la escuela sin la protección de su hermano.

Tuvimos nuestro tiempo y jugamos Fortnite en la habitación de juegos. Cuando la noche llegó, le subí la cena a mi esposa; crema de tomate con trocitos de pechuga de pollo, que por cierto no terminó de comer porque Eiren protestó por su leche.

Así aconteció nuestro primer día en casa. Nos esperaba la noche.

Varias veces desperté tan solo para cerciorarme que Eiren seguía respirando y lo comprobaba pasando mi índice por su fosas nasales o viendo como subía y bajaba su estómago. Después de ello volvía a dormir.

El reloj marcaba las 23:13 p.m.

Eiren nos despertó con su llanto desconsolado. Ella necesitaba un nuevo pañal que Bella cambió.

El reloj marcaba las 01:22 a.m.

Eiren empezó a llorar con mucha fuerza.

—No llores, preciosa de papá —la consolé sacándola de la cuna—, me partes el corazón con tu llanto.

Con la habitación a medio iluminar caminé descalzo mientras la arrullaba. Mi hija cayó rendida luego de eructar y me obligué a dejarla en su cuna a pesar de que deseaba acostarla con nosotros.

El reloj marcaba las 03:55 a.m.

El llanto de Eiren volvió a despertarme. Apenas abrí los ojos y vi a Bella tratando de dormirla, me enredé entre las sábanas cuando me dijo que se hacía cargo.

El reloj marcaba las 05:57 a.m.

Eiren lloraba con mucha furia, lo que solucioné con un cambio de pañal mientras Bella estaba lista para alimentarla.

El reloj marcaba las 09:33 a.m.

Abrí los ojos sintiendo un dolor de cabeza, me volví al lado de mi mujer y la vi amamantando a Eiren.

Me senté en la cama al tiempo que bostezaba.

—Buenos días, amor —me saludó Bella en medio de un bostezo—. ¿Cómo dormiste?

Besé su mejilla y también la cabeza de mi hija.

—En estos momentos me siento como zombi —dije con mi voz rasposa—, supongo que hoy estaremos mejor.

Bella soltó un suspiro, arropando entre sus brazos a nuestra bebé.

—¿Recuerdas cómo nos desvelamos con Dave?

—Lo recuerdo —respondí rascando mi nuca—. El que Dave nos haya desvelado sus primeros ocho meses de vida no quiere decir que Eiren hará lo mismo —repliqué—. Cam fue muy bueno y solo nos desveló los primeros dos meses, él se acostumbró rápido a dormir toda la noche.

Mi esposa se me quedó mirando; tenía ligeras sombras oscuras bajo sus bellos ojos, su rostro se veía cansado, incluso estaba desaliñada y con su cabello recogido en un mal moño alto y despeinado.

—Quiero confiar en que Eiren también será una niña buena —alentó mi esposa viéndose más relajada.

Puso a Eiren en mis brazos para que le ayudara a sacar los gases.

Mi pequeña regordeta abrió sus ojos mostrando ese color gris de sus iris tan indescifrable que tienen los recién nacidos mientras dejaba su diminuta boca en una graciosa "o".

Le empecé a hacer cariños con una voz bastante infantil antes de dejar un corto beso en cada una de sus mejillas dejándola reposar en mi hombro, froté su frágil espalda con insistencia hasta que pudo eructar.

Eché mi cuerpo hacia atrás quedando acostado sobre la cama. Bella se había vuelto a dormir y yo haría lo mismo.

Con lo que no contaba es que Eiren devolvería su leche sobre mi pecho.

Me disculpé con ella. Fui un verdadero idiota que olvidó que su recién nacida hija no debía acostarse bocabajo con su estómago lleno.

Y así como muchas otras cosas sabía que debía aprender de nuevo, sin embargo, era fascinante volver a empezar.


Hola, aquí estamos de nuevo con otro capítulo, espero de verdad sea de su agrado y tengan el ánimo para hacerme saber su opinión. Esta es la nueva etapa de la historia, así que aún nos queda por descubrir de cada personaje secundario, aunque siempre centrándonos en nuestra hermosa familia Cullen.

Recuerden que participo en martes de adelantos en el grupo de Élite Fanfiction. Y para quienes quieran echar una mirada a imágenes alusivas respecto a cada capítulo, pueden unirse a mi grupo de Facebook, el link está en mi perfil.

Agradezco mucho sus favoritos, follows y reviews que me dejan.

Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior: Torrespera172, Vane, Diannita Robles, Gabby352, Flor Mcarty, PaolaValencia, paupau1, Dulce Carolina, Lily, Jade HSos, Patty, kaja0507, terewee, ALBANIDIA, Cassandra Cantu, miop, mony17, LittlePieceOfMyMind, Antonella Masen, roberouge, malicaro, Lore562, alejandra1987, Daniela, cocoa blizzard, Franciscab25, bellaliz, Jane Bells, Lidia, mrs puff, Adriu, Ana, Fallen Dark Angel 07, sharongonzalez12, Veronica, Isis Janet, Catatribino, Eli mMsen, Yazmin Leon, Vivi19, Liz Barraza, saraipineda44, Pepita GY, Sole, Mapi13, Sei, Maribel 1925, Emma, Wenday14, Ximena, Adyel, Andi, nataliastewart, Lili Cullen-Swan, NarMaVeg, Cinthyvillalobo, MarianaF, catableu, Lizdayanna, solecitopucheta, miriarvi23, rociolujan, Noriitha, Peerla Angeles, EmilyChase y comentarios Guest.

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