Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo beteado por Flor y Yani. Gracias infinitas por toda su ayuda, chicas.
Capítulo 16
Edward
Fueron las dos semanas más absorbentes de mi vida, así como también las más extraordinarias.
Mi Bella y yo nos desconectamos de nuestros trabajos para enfocarnos en revivir la experiencia de tener una recién nacida en casa. Fue enriquecedor ponernos al día con todo lo nuevo para bebés y reír a carcajadas con lo torpes que muchas veces pudimos ser, sin embargo, no cambiaría esos momentos tan divertidos aunque hubiésemos quedado como tontos delante de nuestros hijos.
Con lo que aún estábamos lidiando era con las desveladas que nos tenían sin mucha energía. A mi princesa le costaba conciliar el sueño cada noche porque ella prefería dormir en el día. Y acostumbrarla a otro horario se había convertido en un gran reto para nosotros.
También la casa había tenido cambios. Nos estábamos adaptando a que estuviera rodeada de todo tipo de cosas para bebé, desde sacaleches hasta toallitas húmedas, ahora la sala de estar tenía un mecedor infantil que le proporcionaba la comodidad a mi princesa para que durmiera a gusto y sin interrupciones.
No obstante, lejos de toda esa alegría y nueva aventura, estábamos entrando en un proceso de aceptación, Dave estaba a unas horas de marcharse a la universidad y yo sería quien lo llevaría a California.
—En tu maleta puse un botiquín de primeros auxilios —le explicó Bella mientras bajaba las escaleras tras Dave.
Mi hijo se detuvo al pie de la escalera, se volvió hacia su madre y se arrojó a sus brazos envolviendo su menudo cuerpo en su calor. Le besó la frente mientras Bella empezaba a llorar.
—Te echaré mucho de menos, mamá.
Sentí un nudo en la garganta al escuchar a Dave con su voz rota.
—También te echaré de menos —susurró Bella—, debes cuidarte mucho y ser un chico bueno. Nada de parrandas, Dave.
—Lo sé, ma.
—Cuida mucho a Vanesa.
—Lo haré —prometió.
Soltó la mano de Bella y le lanzó un beso en el aire.
—Te amo, mamá.
Bella bajó el último escalón y se volvió a abrazar a él, llenándole de besos el rostro.
No quería interrumpir su despedida, sin embargo, había que marcharnos. Me aclaré la garganta.
—Debemos irnos —les dije.
Bella asintió limpiando sus lágrimas y caminó hasta mí para abrazarme.
—Por favor, conduce con precaución —murmuró.
—No te preocupes que así lo haré. —Llevé mis dedos bajo su mentón y la hice mirarme, sus lágrimas seguían rodando una a una—. No llores, nena, nuestro hijo estará bien.
—Es que no quiero que se vaya —musitó en medio del llanto, escondiendo su rostro en mi pecho, la abracé con fuerza comprendiendo su sentir porque era exactamente lo que yo sentía. Tampoco quería dejarlo ir.
—Oh, vamos —Dave nos abrazó—, volveré para Acción de Gracias. Pasaré con ustedes las vacaciones de Navidad, lo prometo.
—¿Ya nos podemos ir? —cuestionó Cam impaciente.
Me volví y saqué a mi princesa del columpio, dejando cortos besos en su mejillas regordetas, inspiré su aroma a bebé y la estreché junto a mi pecho.
Tendría el fin de semana más difícil. Por primera vez mi familia estaría dividida y debía afrontarlo ignorando todas las emociones acumuladas en mi pecho.
—Hasta pronto, pequeña zanahoria —empezó Dave con su apodo que yo detestaba y que esta vez me hizo sonreír. Llenó de besos las mejillas de su hermana y pasó sus dedos por el poco pelo cobrizo que tenía, suspiró y dio media vuelta—. Aún debemos ir a recoger a Vanesa a casa de Kate, papá.
Dejé un beso en la frente de mi princesa antes de entregarla a los brazos de mi esposa. Ella me sonrió con tristeza, tomándola con mucho cariño.
—Vuelvo el domingo —aseguré—. Las amo.
Bella se acercó a mí y apoyó su cabeza en mi pecho manteniendo a nuestra hija entre nuestros cuerpos.
.
Después de dieciséis horas estábamos adentrándonos en el loft.
—¡Guau! —exclamó Dave—, el abuelo Charlie se lució.
No me sorprendió la modernidad del lugar ni el lujo en toda la estancia, era sinónimo del buen gusto de mi suegro. Aunque aún seguía pensando que era demasiado para un chico universitario.
Vanesa arrojó la maleta y se echó a correr escaleras arriba donde estaba la cama, la vi dejándose caer de espaldas elevando las sábanas del colchón con su caída.
Sacudí la cabeza y mis ojos se centraron en la cocina, era cromada, moderna y equipada con lo indispensable, realmente me hizo meditar si ellos la usarían.
Suspiré.
Di algunos pasos elevando mi vista y viendo las altas paredes pintadas de blanco. Había un enorme ventanal en la segunda planta justo donde estaba su dormitorio.
El largo sofá de forma modular en color gris también tenía ese toque elegante que estaba de más para un par de adolescentes.
—Papá, ¿podemos ir a comer?
Cam me sacó de mis pensamientos. Él ya estaba acostado sobre el sofá y frotaba con insistencia su estómago.
—Iré con ustedes. —Dave se invitó—. ¿Vanesa quieres ir a comer con nosotros?
La chica se asomó apoyando las manos en el barandal de cristal. Era la primera vez que su largo cabello estaba atado en una coleta alta.
—Prefiero quedarme —respondió—, acomodaré nuestra ropa en el armario.
Dave alzó los hombros e hizo una señal a su hermano para que lo siguiera.
.
—Papá, has estado muy callado.
Levanté mi vista del plato de raviolis y miré a Cam. Que notara el mutismo que me embargaba desde hacía horas me sorprendió, en cambio no podía negar que me empezaba a sentir extraño por dejar una parte de mi corazón aquí, sin mi supervisión.
Dave se me quedó mirando mientras bebía su soda. Era increíble cómo el tiempo había transcurrido en un pestañeo y el recién nacido que arrullé en mis brazos, ese niño a quien le enseñé a andar en bicicleta y jugar pelota estaba por comenzar su propia historia.
Sentía un puto miedo por él. Tenía terror de pensar en la distancia territorial que nos separaría y no poder estar a su lado para cuando me necesitara. Entonces el nombre de Carlisle de pronto apareció en mis pensamientos y ¡demonios!, parecía que estaba pagando un puto karma.
Era un jodido adulto y no quería hacer otra cosa que ir con mi padre para contarle cómo me sentía.
Me aclaré la garganta.
—Me siento mal —murmuré.
Ellos se acomodaron en las sillas y me observaron sin parpadear.
—Anímicamente —aclaré. Al escucharme se relajaron—. Estas semanas han sido una montaña rusa que no logro hallar la estabilidad de mis emociones. Dejarte aquí, Dave —lo miré—, es saber que estás creciendo, de acuerdo, lo racional lo puedo manejar y aceptar que es el destino de cada hijo, sin embargo —llevé la mano a mi pecho—, para mi corazón siempre serás un niño y soltarte está siendo complicado. —Mi voz se rompió. El nudo en la garganta me estaba ahogando.
—Oh, vamos, papá —Dave frotó mi espalda—, no los estoy abandonando. Estoy aquí para estudiar y prepararme para mi futuro. Tú también lo hiciste, dejaste Seattle para forjar tu futuro y luego regresaste, eso mismo haré yo.
—Eso no quita que me duela —repliqué.
—Ya, pa, en mi lugar está la pequeña zanahoria.
—Un hijo no reemplaza a otro, Dave.
El rodó los ojos. Al ver mi semblante molesto sacudió la cabeza y su mano descansó en mi hombro.
—No niego que me harán mucha falta —su voz se había vuelto seria—, pero quiero intentarlo. Quiero que un día mamá y tú estén orgullosos de mí.
—Ya lo estamos —aseguré.
Su sonrisa era amplia mientras sus ojos se volvían dos rendijas. Llevé mi mano a su mejilla que había adquirido un tono rosa fuerte.
—Sabes bien que estaré siempre que me necesites —le dije—, no importa la hora, ni la razón.
—Me pones todo muy difícil, viejo —susurró—, porque quizá nunca pueda llenar tus zapatos.
—No se trata de llenar los zapatos de nadie —le hice entender—. Se trata de ser la mejor versión de nosotros mismos. De ahora en adelante serás dueño de tus actos y más que nada responsable de tus acciones, quisiste iniciar tu vida junto a Vanesa y ahora te tocará cuidar de ella, no solo de ti.
—¿Por qué les enfada tanto, papá? —espetó molesto.
—Porque no es tan fácil como piensas —respondió Cam por mí.
Al ver que Dave y yo lo miramos se encogió de hombros y siguió comiendo.
—Tu hermano tiene razón —dije—. Una vida compartida no es como la imaginas, es verdad que tiene sus momentos hermosos pero la realidad es muy diferente.
Dave echó su espalda hacia atrás, manteniendo el rostro enfurruñado, y se cruzó de brazos. Era un crío aún, uno muy malcriado que hasta hacía pocos meses se la pasaba de fiesta con amigos y ahora estaba dispuesto a iniciar una vida con una niña igual de malcriada que él.
¿Por qué era tan difícil entender?
—Quiero intentarlo —murmuró Dave luciendo muy convencido—, y no quiero discutir más este tema.
Resoplé.
—Bien —mencioné resignado—, pasemos el día juntos y tranquilos.
—Necesito ir a comprar mi cámara —me recordó Cam.
—¿Puedo ir con ustedes? —inquirió Dave.
—Entonces, vámonos —alenté, arrastrando la silla hacia atrás para ponerme de pie.
Después de pagar la cuenta salimos del restaurante italiano y recorrimos las avenidas de San Francisco. Pasamos por la universidad y Dave se emocionó tanto que quiso caminar por el campus.
—¡Stanford, papá! —gritó con sus manos en alto mientras giraba sobre sus talones apreciando la gran vista—. ¡Estoy en la universidad de Stanford!
No pude aguantar mis ganas de tomarle una foto con mi móvil. Mi hijo era universitario, él lo era. Y hacía muchos años yo había estado en su lugar, viviendo mi propia aventura junto a Emmett.
Podría apostar que Emmett se estaría riendo de mí en estos momentos.
Le envié la foto a él y a mi Bella sin dejar de sonreír.
Bella
Un bálsamo de alivio recorrió mi cuerpo cuando Emmett llegó a casa.
Seguí arrullando a mi pequeña niña aunque estuviera ahogada en llanto, llevaba más de dos horas llorando fuertemente, yo había entrado en una desesperación al no saber la causa de su molestia.
Mi hermano entró casi corriendo y dejó un beso en mi mejilla quitando de mis brazos a mi pequeña desconsolada. La examinó como el pediatra profesional que era, llevándola sobre una superficie plana que era el sofá, desabotonó su mono color rosa y estuvo tocando el estómago de mi hija mientras ella seguía llorando a grito abierto.
—Está teniendo cólicos —dijo en tono alto porque mi niña aún seguía llorando—. ¿Cambiaste algo de tu dieta?
—No. Estoy manteniendo el mismo régimen de alimentación bajo en grasas y carbohidratos.
Emmett levantó su rostro y me sonrió comprensivo. Abotonó de nuevo la ropa de mi hija y la sostuvo en sus brazos frotándole suavemente los dedos por el estómago. Sentándose en el sofá lo vi sacar un chupete nuevo de su maletín y ponerlo en la diminuta boca de Eiren, ella lo sostuvo succionando con fuerza y dejando de llorar al instante.
—¿Cómo lo hiciste? —Quise saber.
—Tus emociones y las de ellas siguen conectadas —me explicó—, si el estrés te supera ella también entrará en desesperación al igual que tú.
Me sentí estúpida al haber olvidado lo más lógico.
—De todos modos te sugiero que esta hermosa princesa —olisqueó la cabeza de mi niña— use chupete, este que le di es el recomendado para los bebés.
—¿Y el elefante es indispensable? —pregunté al ver que el chupete incluía un pequeño peluche en forma de elefante.
Emmett sonrió logrando que sus hoyuelos se formaran en sus mejillas. Dejó escapar un suspiro hondo recargándose en el sofá y llevando a mi niña entre sus fuertes brazos. Estaba notando su semblante cansado, lo que me hizo sentir mal.
—Lamento haberte hecho venir a esta hora. —Sabía que él debía estar descansando en su hogar un sábado por la noche.
Emmett negó cerrando sus párpados y recargó la cabeza en el respaldo del sofá. Mi niña solo se estremeció sin dejar de succionar su chupete, ella también había cerrado sus ojos.
—Necesitaba despejarme —reveló—, tengo ganas de salir y emborracharme hasta perder el sentido.
—¿Sigues teniendo problemas con Rose?
Exhaló y levantó su cabeza para mirarme.
—No. No se trata de ella. ¿Puedes darme una copa de vino?
Mordí mi labio inferior y asentí. Caminé a la esquina donde se situaba un pequeño minibar, tomé una botella de whisky y serví en un vaso de vidrio.
—¿Qué tienes? —pregunté al tiempo que dejaba en su mano el vaso.
Él le dio un largo trago y luego dejó el vaso sobre la mesilla.
—Me siento un traidor —murmuró volviendo a arrullar a mi hija—. Estoy siendo desleal con Edward porque sé lo que ocurre con Tanya. Yo sé lo que está pasando con ella.
Me senté a su lado.
—¿Qué está pasando, Emmett?, ¿qué ocurre con Tanya?
—Ella está hundiéndose en el alcohol porque se siente culpable —exhaló lleno de frustración—. Quiero ayudarla, lo he intentado y no se deja ayudar.
—Quiere decir que tú sabes bien lo que ocurre con ella —afirmé.
Emmett sujetó mi mano, sus ojos no dejaban de evaluarme.
—Tanya en estos momentos se siente tan miserable porque se enamoró de quien no debía. Ella…
El timbre sonó dejando a Emmett con las palabras en la boca. Volteé hacia la puerta para volver a mirar el rostro confundido de Emmett.
—No entiendo quién podrá ser a esta hora —murmuré caminando hacia la puerta, abrí la boca y forcé una sonrisa al ver bajo el umbral a Jasper y Alice sosteniendo un enorme regalo—. Hola —les saludé sin muchas ganas.
Alice me barrió de arriba abajo antes de poner una sonrisa en sus labios mientras Jasper fue más condescendiente al sonreír con amabilidad mostrando el gran regalo que cargaba con él.
—Buenas noches, Bella. —Jasper parecía apenado—. Lamento la hora, sé que no es tiempo para visitas. Alice y yo quisimos traer un obsequio para tu pequeña.
Mordisqueé mis labios, indecisa. No quería dejarlos entrar, pero en el fondo sabía que no podía dejarlos afuera bajo el frío de la noche.
—Adelante. —Señalé la estancia y fue del modo que ellos se adentraron al calor de mi hogar.
—Emmett. —Alice pronunció el nombre de mi hermano en el tono más alto que tenía, se inclinó hacia él y lo abrazó de forma entusiasta. Se alejó lo más rápido que pudo y sin siquiera mirar a mi bebé se sentó en el sofá de enfrente cruzando sus piernas mientras recorría con sus ojos todo lo que podía—. Parece que has recuperado tu figura —me dijo frunciendo los labios—, ni siquiera se nota que hace unas semanas estabas embarazada.
Inspiré, llenándome de paciencia.
Acomodé mi bata asegurándome que el listón en mi cintura estuviera bien hecho. Era cierto que había perdido peso, aunque no como Alice aseguraba.
—Emmett, ¿cómo estás? —saludó Jasper dándole un abrazo, casi dejó caer el regalo sobre sus zapatos mientras su sonrisa se ampliaba al enfocar los ojos en Eiren—. Es hermosa, ¿puedo cargarla?
—Otro que cae en los encantos de mi pequeña —murmuró Emmett dejando a mi niña en los brazos de Jasper—. Mi sobrina es preciosa porque heredó la belleza de su madre.
Jasper se veía anonadado sosteniendo a mi hija con mucha cautela, también deslizó suavemente su índice por el contorno de su delicadas mejillas, la apreció por varios segundos más y levantó su vista para sonreírme.
—Estoy de acuerdo contigo, Emmett. La bebé heredó la belleza de Bella —aludió Jasper, mirándome—. Espero te guste el obsequio que elegí para esta princesa. ¿Quieres abrirlo?
Me acerqué. Emmett levantó la caja de regalo envuelta en papel rosa con un gran moño blanco poniéndola sobre sus piernas. Tiré del listón y fui quitando el papel, removiendo impaciente hasta descubrir el pequeño unicornio de color blanco y alas doradas. Era un llamativo unicornio mecedor.
—Gracias, es precioso.
Jasper sonrió demasiado emocionado, le devolví la sonrisa al ser contagiada por su alegría. En cambio mi mirada se desvió sobre su hombro y miré a Alice. Ella seguía viéndome detenidamente y por su gesto de enfado era obvio darse cuenta que no le parecía que su marido estuviera sonriéndome de esa manera.
—¿Gustan un café? —les ofrecí para romper la tensión y caminé a la cocina.
Encendí la cafetera.
—¿Cuándo regresarás a la oficina?
Me volví hacia Alice después de echar la medida de café en el filtro. Ella estaba apoyada en la isla y tenía los labios fruncidos.
—Tal vez en cuatro semanas más —respondí sin estar convencida. Edward y yo aún no hablábamos de un día en específico para regresar a nuestro mundo laboral, para nosotros era importante que Eiren estuviese familiarizada con su hogar, que mi niña tuviese una rutina para dejarla al cuidado de una nana—. ¿Y tú qué me cuentas? —cambié de tema dando punto final al tema de mi bebé—, ¿te sientes a gusto en tu nueva casa?, ¿acaso no es muy grande para ustedes dos?
—Estamos perfectos en nuestra nueva casa —aseguró con una gran sonrisa, su mirada brilló mientras sus ojos estaban fijos en mí—. Estoy feliz porque cada uno de mis planes se está concretando —rio—, no veo la hora de que estés enterada de ellos.
—Ah, sí, cuéntame —apremié.
Sacudió la cabeza, logrando que su cabello oscuro se moviera con facilidad sobre sus hombros.
—De ninguna manera, Isabella. No te contaré mis planes, tú los descubrirás al mismo tiempo que todos. Estoy segura que te dejaré sorprendida, solo de imaginar la idea —aplaudió—, me encanta.
Le sostuve la mirada. Era tan frívola.
—¿Por qué cambiaste tanto, Alice? —cuestioné—. Ni siquiera recuerdo el momento en que te convertiste en una persona tan superficial, de la chica entusiasta y humilde que conocí en la secundaria no queda nada.
—Me estás llamando superficial porque quiero cumplir mis sueños, ¿en serio?
—Sabes bien que no me refiero a eso, sino a tu forma de ser. Me haces sentir que estás compitiendo contra mí y no es así, nosotras trabajamos juntas. Somos un equipo, Alice.
—No estoy diciendo lo contrario, Isabella —replicó—. Aquí quien parece que tiene miedo de que te supere, eres tú.
—¿Qué quiere decir superar? —le cuestioné—. ¿De qué hablas, Alice? Explícame porque no entiendo.
—¿Ya está el café? —interrumpió Jasper, se adentró en la cocina con mi niña en sus brazos—. Estoy enamorado de esta princesa, es muy bonita y huele delicioso.
Me volví para servir el café en una taza mientras por la periferia de mi ojo derecho veía cómo le mostraba mi bebé a Alice. Ella sonrió al ver a mi niña pero no la acarició, solo mantuvo una distancia que yo agradecí internamente.
Luego de poner café para ambos arrebaté de los brazos de Jasper a mi hija. La mantuve conmigo, la arrullé suavemente para que no despertara mientras Emmett se había unido a nosotros en la cocina.
La conversación fluyó de forma pacífica y solo se centró en nuestros hijos. Les conté que Dave se había marchado a la universidad y que Edward y Cam estaban dejándolo instalado en su loft en California junto a Vanesa.
—Mira, aquí está Dave en Stanford. —Emmett mostró orgulloso la imagen de su móvil a Jasper—. Es idéntico a Edward, ¿verdad?
—Sí —aceptó Jasper—, Dave es un clon de Cullen.
Eiren soltó un llanto algo fuerte, la seguí arrullando y ella más desolada lloró.
—Nosotros nos vamos —anunció Alice incorporándose—, me pone nerviosa el llanto de los niños. —Se estremeció al mismo tiempo que me miraba—. Eiren es muy bonita —añadió.
—¿Necesitas ayuda? —Jasper se acercó y acarició la cabeza de mi bebé—. ¿Por qué llora tan desconsolada?
—Mi bebé necesita comer —comenté viendo a mi niña desesperada abriendo su boca sobre mi pecho—. Necesita su espacio para ser alimentada.
—Oh —musitó Jasper—, entonces las dejamos tranquilas. Cualquier cosa que necesites no dudes en hablarnos a Alice o a mí. Te ayudaremos en lo que sea, a ti y a esta hermosura.
No pude centrarme en sus palabras porque mis ojos estaban sobre la forma en que Alice lo estaba mirando. Ella parecía querer lanzarse sobre su esposo y sacarlo a golpes de la casa.
—También me voy, Bella. —Emmett se despidió de mí con un fuerte abrazo y un beso para mi hija—. ¿Te he dicho que ya no eres mi favorita? —bromeó.
—Lo llevas repitiendo tantos días, que me lo voy a creer.
—Te quiero, hermana. Las quiero a las dos.
Suspiré al verlos marcharse
Arrullé a Eiren, estábamos solas y era tiempo de alimentarla.
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Los planes del domingo cambiaron abruptamente después de mi conversación con Emmett. Luego de desayunar y alimentar a Eiren, nosotras teníamos una visita pendiente.
Empujé el cochecito por el pasillo del edificio donde Tanya vivía, mi pequeña hija venía profundamente dormida y quería que se mantuviera así.
Al llegar a la puerta piqué el timbre, lo hice de forma insistente al tiempo que seguía arrullando a mi hija en su cochecito.
Preparé mi cabeza para enfrentar a Tanya, no me iría de aquí sin saber qué tenía. Estaba preparada mentalmente para escucharlo todo, mas no estaba preparada para quién abrió la puerta a esta hora de la mañana.
Parpadeé confundida.
—¿Tú qué haces aquí? —formulé.
Nota: el siguiente capítulo es bajo la perspectiva de Tanya, al fin se revelará lo que ella oculta. No se lo pierdan.
Hola, aquí estamos de nuevo con otro capítulo, espero de verdad sea de su agrado y tengan el ánimo para hacerme saber su opinión. ¿Qué pueden decirme de Alice?, qué creen que trama? Y Jasper y Emmett, ¿qué me cuentan de ellos? Y ese final, ¿a quién creen que vio Bella?
Recuerden que participo en martes de adelantos en el grupo de Élite Fanfiction. Y para quienes quieran echar una mirada a imágenes alusivas respecto a cada capítulo, pueden unirse a mi grupo de Facebook, el link está en mi perfil.
Agradezco mucho sus favoritos, follows y reviews que me dejan.
Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior: Iza, PaolaValencia, Cassandra Cantu, Antonella Masen, Jade HSos, roberouge, ALBANIDIA, Lily, nydiac10, Ximena, Yazmin Leon, Veronica, Dulce Carolina, Flor Mcarty, kaja0507, Lidia, Vane, mrs puff, Eli mMsen, Franciscab25, Gabby352, Fallen Dark Angel 07, cocoa blizzard, Patty, solecitopucheta, alejandra1987, Jane Bells, Mapi13, Diannita Robles, Liz Barraza, paupau1, Sanveronica22, Cinthyvillalobo, Ana, malicaro, Noriitha, Vivi19, NarMaVeg, terewee, Liz, Emma, Lili Cullen-Swan, Lizdayanna, miop, Wenday14, Isis Janet, valentinadelafuente, Adriu, Adyel, catableu, ELIZABETH, nataliastewart, saraipineda44, mony17, EmilyChase, rociolujan y comentarios Guest.
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