Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.


Capítulo beteado por Flor y Yani. Gracias infinitas por toda su ayuda, chicas.


Capítulo 17

Tanya

Al escuchar el timbre me estremecí, afiancé las sábanas junto a mis senos quedándome sentada sobre la cama.

—No abras —pedí. No quería que nada destruyera este momento.

Volteó a verme con una sonrisa pícara y me dio un guiño antes de cubrir su cuerpo desnudo con un albornoz color blanco.

—Lo haré, preciosa, debe ser el delivery del desayuno.

Sonreí dejándome caer sobre el colchón cuando salió por la puerta de la habitación.

Era el primer fin de semana que pasábamos en mi apartamento después de tanto tiempo sin poder vernos y, aunque no quería ilusionarme más, no podía ocultar la felicidad que sentía al haber dejado un tiempo para mí.

—¿Tú qué haces aquí?

Escuché la voz de Bella en la estancia, mi corazón dio un vuelco revolviendo mi estómago y haciendo que arcadas llenaran mi sentido gustativo. Salí de un brinco fuera de la cama y envolví la sábana alrededor de mi cuerpo.

No podía ser mi cuñada, ella no podía ser.

—Bella, déjame explicarte —escuché que pidió.

Abrí la puerta del dormitorio, Bella estaba tan confundida, apretaba los párpados mientras negaba una y otra vez, mecía sin descanso el cochecito de mi pequeña sobrina.

Me hice notar y ella lo comprendió.

Me miró de pies a cabeza y sus lágrimas rodaron por sus pómulos. En su rostro podía distinguir la decepción.

—Ustedes dos... —susurró— son amantes.

—Bella —me acerqué a ella, necesitaba tranquilizar su alarmado estado—, hablemos.

Mi amiga dio dos pasos atrás negándose a ser tocada por mi mano.

—¿Cómo pudieron? —increpó mirándonos y luego soltó una risa irónica—. Ahora lo entiendo todo; tus huidas de la oficina, tu culpabilidad y tus ganas de beber para no pensar en lo que estabas haciendo. Son lo peor.

Nos lanzó una mirada cargada de desilusión antes de dar media vuelta, la abracé. Necesitaba decirle la verdad. Forcejeamos.

—¡Suéltame! —gritó.

—No, no lo haré. Estás muy mal y si te pasa algo a ti o mi sobrina, me moriré. Hablemos, te contaré todo.

—Yo no quiero ser parte —susurró Bella aún decidida a marcharse.

—Y no lo eres —musité—, tan solo déjame explicarte.

Él tomó su mano dispuesto a detenerla y la miró directo a los ojos.

—Estoy enamorado de Tanya —reveló haciendo mi corazón palpitar más de prisa—, me divorciaré, quiero quedarme con ella y hacer una vida juntos. Lo nuestro no es ninguna aventura.

Bella volteó a verme. Yo me estaba cubriendo la boca con la mano y mis lágrimas no podían detenerse.

Mi mejor amiga negó, no creyendo en las palabras que escuchó.

—Tú estás casado —replicó—, si la quieres como dices no debiste esconderla y mucho menos hacerla tu amante. ¡Por Dios, Garrett! Eres el mejor amigo de Edward, su socio y Kate… —Su voz se quebró enviando dagas a mi corazón—. No es justo.

Garrett se pasó los dedos por el pelo completamente desesperado, dio dos pasos hacia Bella y sujetó sus hombros para acercarla a él.

—Hablaré con Edward —dijo—, le diré lo que está pasando. Por ahora permítenos explicarte.

El llanto de Eiren nos alertó mirando el cochecito. Bella empezó a mecerlo y al cabo de los segundos el llanto fue un grito de desconsuelo. El nerviosismo de mi cuñada se incrementó cuando no logró acallar el llanto de mi preciosa sobrina.

Se acuclilló y empezó a arrullar con un suave canto a Eiren.

Garrett me miró preocupado. Comprendí que debía irse, faltar a su casa un fin de semana entero era demasiado arriesgado.

—Yo me hago cargo —murmuré.

Él asintió volviendo a la habitación para vestirse.

—¿La niña está bien? —cuestioné, necesitando tiempo para que se quedara.

Bella se me quedó mirando sin responder y yo tragué saliva.

No pasaron ni cuatro minutos y Garrett estaba listo, vestía ropa formal siguiendo la mentira de que había ido a un viaje de trabajo, se aproximó sin dejar de observarme.

—Lamento mucho que nos hayas encontrado en esta situación —se dirigió a Bella, sin embargo, como ella estaba ocupada tratando de mantener a Eiren quieta no pareció escucharlo, exhaló al darse cuenta—. Debo marcharme —me dijo—, te hablo más tarde.

Dio un paso hacia mí deteniéndose, solo negó y decidió irse sin darme un beso.

—Eiren necesita un pañal limpio —susurró Bella logrando captar mi atención hacia ellas.

—En mi sofá —le indiqué—. Me cambio de inmediato y regreso.

No me quedé a ver si aceptaba, solo fui directo a la habitación y me puse lo primero que encontré en mi armario, ropa de deporte en tono oscuro, me hice una coleta alta y calcé unas pantuflas rosas.

Solté una honda exhalación cuando miré mi reflejo en el espejo.

—No seas cobarde —susurré—, tienes que decir la verdad.

Salí de la habitación, Bella mantenía entre sus brazos a Eiren.

Sonreí. Mi pequeña zanahoria estaba en pañal y envuelta en una frazada color morado, se veía completamente inquieta para sus dos semanas de vida. Observé como Bella la puso boca abajo en el sofá y encima de la frazada.

Estaba preciosa con ese lazo alrededor de su cabeza, tenía una pequeña flor blanca, se veía muy dulce y coqueta.

—Parece un ángel —mencioné en voz alta lo que pensaba.

Bella me volteó a ver pero no sonrió.

—Quieres contarme —me pidió—, desde el inicio.

Suspiré antes de sentarme al lado de ella, pasé un dedo por el rostro angelical de mi sobrina y justo cuando recorrí su pequeña manito, ella tomó mi dedo, lo hizo con toda su fuerza.

Eiren era un bálsamo de dulzura para mi amargo corazón, me incliné dejando un corto beso sobre su cabecita.

Mis ojos se llenaron de lágrimas y el nudo en la garganta ahogó mi voz.

—¿Recuerdas la noche en Nueva York? —inquirí—. ¿El día de la inauguración de la tienda?

Bella asintió.

—Ahí empezó todo…

Cerré los ojos recordando a detalle cada imagen que se amontonaba en mi cabeza.

Aplaudí entusiasmada por ver a mi cuñada dando su discurso inaugural, inclusive silbé fuerte para hacerme notar y que ella luego quisiera matarme.

Bella le hace honor a su nombre. Es una mujer hermosa, una diosa.

Rodé los ojos al escuchar el susurro de Eleonor. Le di un débil codazo en su costado.

¿Ves a ese tipo de allá? —Le apunté a mi hermano quien aplaudía orgulloso—. Es su esposo y es bastante celoso.

Sino fuera lesbiana ya hubiera enamorado a Edward también —se burló—. Anda, vamos por una copa que si continúo diciendo idioteces sobre tu hermano y cuñada terminarás pateando mi culo.

Me instó a caminar sujetando mi codo. Eleonor y yo congeniamos desde la primera vez que nos conocimos en Casa Bella. Ella era una rubia preciosa más parecida a una modelo de Victoria's Secret y una empedernida de la moda.

No pretenderás emborracharme para llevarme a la cama, ¿o sí?

Fue el turno de Eleonor para rodar los ojos.

Me gustan las morenas, querida.

Mierda —llevé una mano a mi pecho fingiendo dolor—, duele el rechazo. —Junté las cejas—. Ah, pero eso quiere decir que Alice está entre tus prospectos, ¿no?

Ni aunque Alice fuese la última mujer sobre la tierra pondría mis ojos en ella, esa tipa es un auténtico dolor de ovario —argumentó—, sigo sin entender la estima que le tiene Bella.

Ya te dije que nos une una amistad de años, en mi caso Bella es una hermana para mí y Alice... —hice una mueca—, antes era buena persona.

Cuando dices antes, ¿te refieres a cuando tenía cinco años? —inquirió con sorna.

Las dos soltamos una gran carcajada que nos hizo ahogar de risa, enganché el brazo en el de ella mientras continuamos recorriendo los pasillos hasta descender por el elevador, luego al salir al exterior de la noche fría vestidas con nuestros vestidos de gala y zapatos de gran tacón no fue necesario caminar dos bloques o tres, un bar estaba a medio camino.

Decidimos usar una mesa cercana a la barra antes de pedir unos cócteles cosmopolitan, dijimos que sería algo tranquilo antes de volver a la inauguración.

¿Así que en verdad caíste en los encantos de Bella? —pregunté burlonamente.

Eleonor bajó su vista por unos segundos hacia la copa y bebió de ella, en sus labios pintados de rojo mantenía una sonrisa. Observé su rostro con suficiente tiempo, ¿cómo podía tener el cutis perfecto a los cincuenta años?

No te rías, idiota. Los primeros dos años fueron un suplicio, no imaginas lo que duele ver todos los días a la mujer que te gusta, que ella esté casada y sea feliz con su hombre y sus hijos.

Dime que es una broma —reté.

Es una bonita anécdota —respondió—. Hoy en día está superado, te puedo asegurar que aprecio a Bella con admiración y respeto. Pero cuéntame, ¿qué difícil fue para ti saber que tu hermano te había robado a tu mejor amiga?

Llevé los dedos a mi larga cabellera y los arrastré por la hebras desde el cuero cabelludo hasta las puntas de mi melena.

Maldije muchas veces a mi hermano por haber arruinado mi verano —empecé a narrar a medias—. Me gustaría poderte contar cada idiotez que Edward hizo por ganarse a Bella. Pero eso te lo cuento otro día.

Sonreí nostálgica.

»Lo único que te puedo asegurar es que tuve la oportunidad de ver y ser parte del romance más hermoso y ni siquiera era el mío —revelé—. Sabes, esos dos están hechos el uno para el otro y ese verano lo descubrieron.

Las historias de heterosexuales siempre tienen esa magia especial, me encantan. —Su móvil vibró y Eleonor leyó sonriente al tiempo que movía sus finos dedos sobre la pantalla—. Te voy a tener que dejar, Tan. Me surgió una cita con una hermosa chica y por supuesto que no la despreciaría por ti.

Eres una perra traidora —bromeé cuando se puso de pie—, anda, vete, que no volveré a contarte nada de tu amor platónico —me burlé.

Eleonor me dio un guiño al tiempo que lanzaba un beso en el aire. Dio media vuelta y se perdió entre el gentío del lugar.

El ambiente a media luz aunado a las notas de jazz de fondo me pusieron nostálgica. A veces la soledad pesaba mucho, solté un hondo suspiro y seguí bebiendo dos cosmopolitan más o quizá tres. El número era lo de menos.

No puedes estar en Nueva York sin encontrarte con Tanya Cullen.

Levanté la vista al escuchar la voz de Garrett, sonreí y le hice una seña que me acompañara. Él no perdió tiempo y después de un abrazo caluroso y un beso en la mejilla se sentó a mi lado.

¿Has venido a la inauguración? —pregunté mientras él negaba—. ¿Dónde está tu mujer?

Estoy en un viaje de trabajo. Kate está en la casa con los niños. ¿Qué haces aquí tan sola?

Larga historia —susurré—. Mejor cuéntame, ¿qué haces aquí en un bar en pleno centro de Nueva York?

Salí a despejarme un rato. —Garrett suspiró—. ¿Qué tal estuvo el evento?

Espectacular —respondí con presunción—. Bella nació para llevar una maldita casa de modas y diseñar todo cuanto ella imagina, es la mejor diseñadora de nuestros tiempos.

Lo creo. Kate ama todos sus diseños…

Me le quedé mirando embelesada.

No podía negar lo atractivo que era, un hombre maduro con esas canas en su pelo aportando más interés en su persona. Y también felizmente casado con una de mis mejores amigas.

Saqué el celular dispuesta a mandarle un mensaje a Kate para decirle que estaba tomando una copa con su marido, sin embargo, mi intención murió cuando seguimos bebiendo más de la cuenta y todo lo demás dejó de tener importancia.

Incluso perdimos la noción del tiempo entre copas y copas hasta dejar de contar cuántos tragos soportaban nuestros hígados. También charlamos de todo y nada, y cada vez me sentía más a gusto con él conforme el tiempo iba avanzando. Todo fue fluyendo de una manera relajante para los dos, quizá, éramos un desahogo que necesitábamos para seguir adelante con nuestras vidas, el tema se volvió serio cuando empezamos a conversar sobre trabajo, Garrett se explayó acerca de cláusulas sobre abogacía y de todos los pendientes que tenía por hacer los siguientes días en la ciudad, escuché con interés y mucha paciencia sobre el sistema jurídico, fue emocionante que me explicara sobre asuntos legales y comparecencias en los tribunales.

Las horas transcurrieron y sin darnos cuenta íbamos caminando por las calles de Nueva York en plena noche gélida, varias veces perdí el equilibrio y Garrett me tuvo que sostener en medio de muchas carcajadas. No me di cuenta que estaba teniendo la noche más divertida hasta que llegamos al hotel donde me hospedaba y las palabras salieron de mi boca:

¿Quieres pasar? —Le di un guiño—. Tengo una botella de Saint-Julien, el mejor vino francés.

Garrett sonrió indeciso rascando su mentón.

Si entro a tu habitación no respondo de lo que pueda pasar —murmuró mirándome fijamente—. ¿Qué tal si quiero quedarme?

Abrí más la puerta, en una invitación silenciosa. Mi cerebro desde hacía horas se había desconectado de mi lengua.

Dejemos que la noche decida por nosotros —susurré al tiempo que tomaba su mano y lo hacía pasar.

Solo fue necesario un beso para olvidar que ese hombre era prohibido…

El carraspeo de mi cuñada me hizo salir de mis pensamientos.

—Supongo que esa vez fue el inicio de todo. —Bella limpió sus lágrimas manteniendo su voz firme cuando en su miraba se veía la desilusión por mí, su enfado y todo lo contenida que estaba al tener a Eiren entre sus brazos.

Asentí.

—Yo no lo planeé, Bella —juré.

—¡Eres tú quien debía detenerlo! —gritó en un reclamo—, y no lo hiciste porque simplemente no te importó.

Eiren se estremeció ante los gritos y empezó a ponerse inquieta.

—Me enamoré —confesé—, no te imaginas todo lo que he hecho por tratar de sacarlo de mi vida y no puedo.

—Ahora entiendo que por eso te embriagas hasta perder el sentido —aseguró.

Limpié mis lágrimas. Me sentía tan avergonzada que no tenía el valor de verla a los ojos.

—No puedo con la culpa —reconocí—, me duele hacerle daño a Kate.

Bella movió la cabeza mientras se concentraba en cambiar de ropa a mi sobrina: era un precioso mono color púrpura. La acomodó en el cochecito y guardó las pertenencias de la bebé en la maleta, se incorporó nerviosa caminando hacia la puerta.

—Bella, por favor, no te vayas.

Se volvió para señalarme.

—Es que me duele, me duele mucho porque Kate ha estado contigo como una verdadera amiga, ayudándote, incluso trayéndote de comer cuando estabas enferma. Te ha contado lo mal que la está pasando en su matrimonio, mientras tú… —dudó—, tú te burlas de ella.

Cerré los ojos un instante y lloré.

—Bella… —Caminé tras ella cuando abrió la puerta, siguiéndola por el pasillo—.Soy un asco, lo sé y no tienes idea de cuánto me avergüenzo.

—¡No mientas, Tanya! Si tuvieras un poco de vergüenza te hubieras alejado de él, pero por el contrario tú te sigues revolcando con Garrett aquí en tu casa, eres… una desgraciada.

—Es que no estás entendiendo —sollocé—, lo amo con toda mi alma aunque no sea mío. Amo a Garrett con mi vida, lo siento.

Sacudió la cabeza, estaba mordiendo su labio inferior con demasiada fuerza.

—Si no fueras hermana de Edward —su voz se ahogó—, yo nunca hubiese confiado en ti.

—No me digas eso —susurré sintiendo mi corazón en un puño—, nunca te lastimaría, lo sabes bien.

Isabella siguió negando con lágrimas cubriendo su rostro.

—Es que me cuesta entender que seas tan hipócrita, que escuches a Kate y te atrevas a darle consejos cuando tú… —hizo un silencio—. Es que no puedo, Tanya. No podré verla a los ojos cuando sé lo que pasa entre tú y su esposo, simplemente no puedo.

—Oigan, ¿qué ocurre?

Mi corazón palpitó al escuchar la voz de Kate, sollocé sin poder controlarme mientras Bella se había paralizado.

—¿Por qué lloras, Tan? —preguntó, siempre siendo tan amable—. ¿Qué pasa, Bella?

—Solo prométeme —pedí con un hilo de voz, ignorando a Kate— que no le dirás a Edward, no quiero que se entere, por favor. Déjame ser yo quien se lo diga —supliqué.

Tenía un inmenso miedo por todo lo que pasaría con mi hermano y con el bufete. Con su amistad con Kate y su sociedad con Garrett.

—Bella —susurré su nombre—, por favor no le digas nada a Edward.

Ella me increpó dándome la cara.

—No voy a mentir por ti —respondió—, no vale la pena.

Cuando la vi marcharse comprendí que Isabella no mentiría por mí, la conocía y ella no lo haría nunca. Porque nunca me pondría a mí por encima de mi hermano, ella estaba en lo correcto. Yo no merecía que mintiera por mí.

Kate se acercó y me abrazó con calidez dejando un beso en mi sien, haciéndome sentir más miserable.

Si tan solo supieras, Kate, no estuvieras hoy abrazándome.

Era tan cobarde que no podía decirle la verdad, no obstante sabía que no faltaba mucho para que la realidad se mostrara como era.

Yo era la amante de Garrett desde hacía meses, justo llevaba el mismo tiempo embriagándome para adormecer mi conciencia cuando venía su esposa a casa y me contaba con detalles su triste y desdichada vida marital.


Hola, me pueden contar sus reacciones, ¿se lo esperaban?, ¿quieren saber lo que viene? Espero que sí para que me acompañen en esta aventura llamada Piel de otoño.

*Les cuento que tengo una historia navideña en proceso llamada Christmas Eve, sus actualizaciones están siendo constantes y mañana tendremos capítulo nuevo.*

Recuerden que participo en martes de adelantos en el grupo de Élite Fanfiction. Y para quienes quieran echar una mirada a imágenes alusivas respecto a cada capítulo o leer adelantos diferentes, no olviden que pueden unirse a mi grupo de Facebook, el link está en mi perfil.

Agradezco mucho sus favoritos, follows y reviews que me dejan.

Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior: Vanesa, Gabby352, suranless, PaolaValencia, mony17, Vivi19, Jess Amador (me alegro que estés bien), Jade HSos, Flor Mcarty, Cassandra Cantu, ALBANIDIA, Lily, Lili Cullen-Swan, Veronica, angryc, Antonella Masen, roberouge, NarMaVeg, malicaro, Diannita Robles, cocoa blizzard, mrs puff, Fallen Dark Angel 07, terewee, paupau1, Eli mMsen, Torrespera172, Franciscab25, Iza, Daniela, Emma, Patty, miop, Lizdayanna, alejandra1987, Adriu, Adyel, nydiac10, Lore562, valentinadelafuente, Isis Janet, Yaly Quero(me alegro que estés bien), Maribel 1925, Lidia, nataliastewart, Mapi13, Ximena, Noriitha, EmilyChase, saraipineda44, rociolujan, solecitopucheta, Wenday14, y comentarios Guest.

¡Gracias totales por leer!