Coleccionista de Estrellas.

Catarsis.

"Cuanto más comprensible parece el universo, tanto más sin sentido parece también."

Aquella alegre chica corrió con entusiasmo por las escaleras de la suntuosa residencia. Sus largos cabellos rubios amarrados en un peinado bastante peculiar, se mecían al ritmo de su andar, al igual que los pliegues de su hermoso vestido blanco como la nieve.

Cuando por fin llego a la habitación principal, abrió sin reparo las puertas victorianas, llamando la atención del joven de cabellos azabache que justo estaba de pie frente a la ventana.

-¿Que pasa princesa? -preguntó con un poco de molestia por la manera en que la joven entró.

-¡Tengo excelentes noticias! -respondió con alegría -. ¡Por fin la encontraron!

El hombre dibujó una sonrisa de satisfacción en su rostro y se dirigió hacia su amada, atrapándola con un abrazo tibio pero agradable.

-¿Y cómo esta ella?

-La encontraron bien-respondió con sequedad -. Algunos detalles que hay que revisar cuando la traigan, pero por lo demás la reportan bien, sana y salva.

El príncipe posó su mentón sobre la cabeza del a joven rubia y cerró los ojos con clara satisfacción. Al fin traerían de vuelta a casa a la última de sus preciadas estrellas.

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POV Makoto

Desperté bastante aturdida y con sabor a oxido en la boca. Debo admitir que me cuesta trabajo respirar y mucho más, enfocar las cosas a mi alrededor. No sé cómo llegue aquí y tampoco donde estoy, sólo sé que me duele la cabeza como los mil demonios y que me gustaría dormir un poco más.

Pero ese maldito ruido me taladra el cerebro. Escucho una voz que me llama, dice mi nombre tan bajo que apenas lo percibo... debe ser mi querido Neflyte, aunque no, no se oye como su voz de trueno que me enloquece, es algo sutilmente más delicado.

-¡Júpiter, Júpiter despierta!

Entrecierro los ojos para tratar de enfocar. Si no me sintiera tan mal, juro que gritaría. -¡Es ella! - ¡Por el Kami que es ella! sonrío con emoción, al menos creo que lo hago. Siento como toma mi cuerpo como si no pesara nada, ella siempre ha sido tan fuerte, mucho más que yo. Me incorpora con cuidado hasta quedar casi sentada.

-Júpiter, bebe despacio.

Siento en mis labios la orilla de un vaso y éstos se mojan de inmediato. No sabía cuanta sed tenía hasta que pruebo aquella agua tan fresca. Bebo tan de prisa que siento como me cae por la barbilla y sobre la ropa, y me estremezco, creo que también tengo frio.

-Te sentirás mejor en un par de horas—me dice con dulzura y yo le creo. Sólo porque es ella quien me habla así, y soy de las pocas personas que tienen ese privilegio. Sino fuera porque es ella quién me lo dice, juraría que me mienten.

Siento como mi cabeza topa de nueva cuenta con la almohada. Es un lugar cómodo y tranquilo, el maldito ruido que me estorbaba al parecer estaba en mi cabeza y parece desvanecerse con el agua. Le pido a mi querida Haruka un poco más de tiempo para dormir, y ella asiente con una sonrisa. ¡Cómo la extrañaba! ¡Qué gusto me da verla de vuelta! Pero estoy cansada, muy cansada. Dormiré otro rato y cuando despierte hablaré con ella.

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La luz es ahora más fuerte. Quisiera mantener mis ojos cerrados, pero es casi imposible. Numerosas figuras de colores blancos y naranjas bailan en la oscuridad de mi mente, supongo que ya debo despertar. En esta habitación no hay ventanas que den al exterior, es el foco el que me encandila como el sol.

Lo primero que hago es restregarme el rostro para quitarme el sueño que aún siento y aclarar la vista. Me duelen las muñecas. La cama es cómoda pero no es mi cama. Siento como un escalofrío recorre mi cuerpo y me asusto, me asusto demasiado. Quiero gritar, pero otra vez ese amargo sabor no me deja, hace que la garganta se sienta seca y quiero más agua. ¡Haruka! La recuerdo y tengo que buscarla.

-¡Haruka! -grito con la poca voz que tengo y toso. Vuelvo a intentarlo y esta vez sale más fuerte de mi garganta. Justo cuando lo iba a hacer de nuevo, veo que el pomo de la puerta se mueve.

-¡No grites! -me dice la rubia de ojos azules con una delirante sonrisa -. Despertaras a todas.

-¿Todas? -preguntó en un susurro y parece no escucharme. En cambio, veo que me trae algo de comer y un poco más de agua. ¿Estaré en un hospital?

-¿Qué ha pasado? ¿Qué lugar es este?

-Estás en la enfermería-me dice con seguridad y yo me espanto -. Pero tranquila, todo está bien, y estarás mejor cuando comas. Tienes dos días dormida y no has comido ni bebido nada.

¿Enfermería? ¡No recuerdo haber sido golpeada, enfermarme ni nada por el estilo! Pero si me siento bastante mareada, y aunque sé que debería estar alterada por todo lo que está pasando, mi cuerpo no quiere reaccionar. ¡Tal vez si caí en drogas! ¡Ese idiota de Jadeite debió darme algo!

Haruka parece adivinar mis pensamientos a pesar que no creo estar gesticulando. Sigo con el rostro dormido y con la cabeza metida en una burbuja. Me conoce tan bien, y me alegra tanto que ella sea quien esté aquí para cuidarme.

-¿Por qué estoy aquí? -pregunto con calma y siento como arrastro las palabras involuntariamente.

-Si te lo digo ahora pensaras que he enloquecido—me dice con picardía -. Por lo pronto debes comer para que recuperes energías y después te llevaré a que te duches, ¿Te portaras bien?

¨Portarme bien¨ ¡Esta mujer ya no me recuerda! Pienso a mis adentros y esbozo una pequeña sonrisa, sé que me entendió por los ojos que me lanza. En este momento me siento tan cansada y aturdida, que haré lo que me pida aunque mi naturaleza me dicte otra cosa distinta.

Después de comer un poco de pan y algo que parecía puré y arroz, dejo la bandeja con la mitad del contenido en ella. No fue de mi agrado la comida, seguro es comida de hospital, y no es por presumir, pero yo puedo hacer algo mucho mejor que esto con los ojos cerrados y una mano atada a la espalda. No pasaron ni diez minutos que Haruka se fue y yo me siento un poco mejor.

Estoy en una habitación completamente blanca, a excepción de las cortinas verdes que debo decir que me gustan mucho. La cama es cómoda y bastante elegante, no parece la cama de un nosocomio. Sólo hay una pequeña mesa de noche a un lado, en la que puedo ver algunos de mis objetos personales, como la liga que uso para sujetarme el cabello y mis arracadas. Es curioso, traigo puesto un camisón que usaría solo si estuviera con Neflyte, acabo de darme cuenta y me ruborizo un poco, pero vamos... solo ha sido mi vieja senpai la que me ha visto así y con sinceridad, me ha visto mucho más que lo que deja al descubierto mi ropa.

Me siento al borde de la cama y mi mundo se mueve. Parpadeo un par de veces y justo en ese momento escucho que alguien viene de vuelta. Haruka entra por la puerta con un poco de ropa en las manos y una mirada un tanto extraña.

-¿Te puedes levantar?

-Sabes que hace falta más que un poco de drogas para tumbarme—contesto con orgullo.

-Bien, acompáñame, debes darte un baño.

Mi orgullo se va por los suelos cuando intento dar el primer paso y me caigo, puedo notar que se ríe de mí y eso me molesta, pero de inmediato se acomide a ayudarme y mientras yo llevo la ropa, ella carga con mi cuerpo. Siempre ha sido tan fuerte y yo la admiro tanto por eso.

Mientras caminamos por los pasillos de aquel lugar, mi mente trae de vuelta algunos recuerdos. Estoy en el palacio, ahora lo sé y lo reconozco. Esta es la planta del subsuelo, donde está la enfermería y esas habitaciones de rehabilitación que usamos cuando volvemos de las batallas. Al menos es lo que recuerdo. Mi cuarto debe estar dos plantas más arriba, pero no sé a dónde nos dirigimos, el camino no es por aquí.

-¿Es muy lejos? -siento que mis pies se cortaran con cada paso.

-Vamos a la bañera, la que está en el jardín interior. Esta noche está preparada solo para nosotras dos. Me encargaré que quedes limpia y sin rastros de impureza. Esa fue la orden que me dio él.

-¿Él? ¿Quién es él?

-El Príncipe—responde con solemnidad.

-¿Hay un príncipe aquí?

-¿No recuerdas nada?

-¿Recordar?

Flash back

Siento su cuerpo caliente sobre el mío. Es una sensación delirante y exquisita que me envuelve por completo. Amo sentir su firme anatomía aprisionando la mía como si quisiera fundirme en él. Sus largos cabellos castaños me hacen cosquillas, más cuando estoy desnuda y eso me enciende. Sé que él lo sabe y por eso me sonríe así.

Sus labios me exigen atención y se la doy con los míos. Su lengua entra con fiereza en mi boca y yo siento que con solo ese gesto estoy a punto de explotar. Amo esa rudeza, amo la falta de sutileza que tiene a la hora de reclamarme como suya.

Quiero gritar cuando siento sus dedos acariciando mi intimidad, pero sus labios me tapan la boca, así que solo gimo y me retuerzo. Me tiene tan indefensa y me encanta, me encanta sentirme así solamente con él.

Cuando me pidió que me fuera con él de Japón, que huyera de todo y me fuera a vivir a Alemania, pensé que estaba loco. Hoy no podría estar más feliz. Era sólo una chica de diecinueve años, apenas entraba a la Universidad y siempre había vivido sola después de la muerte de mis padres, así que cuando un hombre algo mayor que yo, me pidió eso, por supuesto que dudé.

Recuerdo que mis amigas no estaban de acuerdo e hicieron todo lo posible porque no me fuera. Incluso Haruka me encerró en su casa tres días para tratar de convencerme, pero el corazón quiere lo que quiere. Fue una pena que después de eso las chicas no me perdonaran, que creyeran que todos los planes y sueños que teníamos en común habían sido traicionados. Apenas si las recuerdo ahora, siendo honesta, no éramos tan buenas amigas después de todo.

A final de cuentas todo había salido bien, ahora estaba aquí, con un hombre maravilloso que trabajaba para mí y para que no me faltara nada, mientras yo estudiaba gastronomía en una excelente universidad alemana, preparando exquisitos platillos para mi hombre y tomándolo a él como postre después. ¿Qué más podía pedir?

Recuerdo cómo me embestía con deseo mientras yo me dejaba llevar por ese hormigueo que crecía en mi interior. Tenía mis manos sujetadas sobre mi cabeza, me sentía cautiva, a su merced absoluta. Siempre fue tan fogoso y entregado que no había manera que me resistiera a su mirada lasciva cada vez que me proponía irnos a la cama.

Terminé exhausta esa noche, recuerdo que él se durmió a mi lado casi de inmediato, mientras acariciaba su galante rostro y besaba con dulzura sus labios. ¡Lo amo tanto!

Desafortunadamente, su celular sonó unas horas después y tuvo que ir a trabajar de madrugada. Odiaba que eso sucediera, pero supongo que así es la vida de un hombre como aquel.

Fin de flashback

-Lo último que recuerdo es a Neflyte saliendo por...

-¡No lo digas!

-¿Qué no diga qué?

-No digas ese nombre nunca más en este lugar.

La miro con asombro y duda mientras pasa una esponja por mi cuerpo. Insistió tenazmente en bañarse conmigo y como es su costumbre, se sentó a mis espaldas para tallarme y lavarme el cabello, aunque me negué varias veces. Ciertamente ella y yo tenemos historia juntas, pero eso fue hace muchos años, cuando éramos adolescentes. Hoy ya tengo veintiún años y ella casi veintitrés si no me equivoco, además su pareja Michiru no tiene nada que ver conmigo, no podría competir con ella.

-¿Qué hay si lo menciono?

-Este es un asunto del que no te debo hablar yo. Lo sabrás a su debido tiempo, sólo tienes que saber, que en este lugar no se habla de otros hombres y mucho menos de uno tan ruin como el tuyo.

-¿Ruin? ¿Qué ha hecho él para que le llames así?

-¿Te parece poco que te haya secuestrado? -me dice tan mordaz que me avergüenzo por unos instantes.

-¡El jamás haría eso! -le grito con molestia y ella cubre mi boca con su mano. Siento como con el peso de su cuerpo hunde el mío en esa hermosa bañera que es tan grande, que con facilidad cabrían unas diez personas aquí. El agua se mete por mi nariz, agua con jabón y con aroma a rosas. Me falta el aire y entro en pánico. En mi desesperación por salir toco su cuerpo desnudo y de algún modo logro lastimarla. Si no me saca pronto, me desmayaré.

-¡Estas a salvo! -me dice enérgicamente al oído mientras toso toda el agua que tragué. -Estás a salvo en esta casa, todo lo que has creído vivir los últimos años solo fue una invención de tu mente para no enloquecer. Te rescatamos, te vamos a cuidar para que mejores y para que recuerdes todo lo que has olvidado. Sólo hay un par de reglas que debes de seguir y estarás bien, y la primera es no gritar. ¿Entendiste?

Asiento con la cabeza, aún con el agua saliendo por mi nariz. Siento como me quema las vías nasales.

-La segunda es que no se menciona el nombre de nadie que no viva en esta casa. Lo que me lleva a decirte, —siento de nuevo sus labios pegados a mi oreja -. Tu nombre es Júpiter, tal vez ya no lo recuerdas, pero ese es.

Júpiter, si, lo recuerdo. Como el más grande de los planetas del sistema solar.

-Mi nombre es Júpiter, soy la guardiana del trueno y el rayo y te castigaré, en el nombre de... - No quiero decirlo, ¡no quiero ni pensarlo!

Veo que me mira con desagrado, pero no está en mí terminar la frase completa.

-Urano—la llamo entre dientes y ella sonríe complacida. No quiero que se moleste otra vez conmigo.

-Veo que vas recordando.

-Estoy tan confundida, quiero que me digas que ha pasado, tú sabes que confío en ti, senpai.

-Entonces sigue confiando en mí, y espera la visita que el príncipe te hará. Él te dirá todo lo que quieras saber.

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No volvimos a la enfermería. Ese lugar me daba escalofríos de cualquier manera, así que agradezco que después de ese baño me hayan llevado de vuelta a mi habitación.

En el camino pude escuchar algunas puertas cerrarse antes que pasaramos por enfrente. Creo haber visto una melena rubia y suelta, no es tan ágil como cree.

Mi recamara esta tal como la recuerdo, un hermoso espacio de color blanco con tonos verdes como a mí me gusta. En el balcón puedo ver las macetas donde solían estar las flores que amaba, supongo que nadie las regó durante mi ausencia.

Me dejo caer de espaldas en la cama y miro al techo. No se me ha pasado la sensación de ahogo que me provoco esa maldita en la bañera. La estimo, pero sé que puede ser una infeliz cuando se lo propone. Sin embargo, lo que más me preocupa es lo que me dijo. ¿Neflyte me secuestró? ¡Yo no lo recuerdo así! Yo me fui con él por mi propia voluntad, ¿O no?

Me duele la cabeza todavía. Imágenes borrosas vienen a mi mente. Recuerdo a Neflyte y a mi corriendo, él me jalaba con fuerza y yo... ¡Corría con él! Si, estoy segura de eso... Aunque... me detuve. Me detuve y él tiró de mi con fuerza. Él es brusco conmigo, me hace moretones y me muerde cada vez que le da su gana. Una vez me ató a la cama, pero solo fue un juego... ¿A que estábamos jugando?

Me siento tan confusa que decido mejor dejar de pensar en aquello, a final de cuentas Haruka me ha dicho que el príncipe... el príncipe Endymion vendrá y me contará lo que pasa. Prefiero llamarlo Darien, me gusta más ese nombre, pero también recuerdo que no debo hacerlo. A veces creo que estar aquí es como una prisión.

Decido levantarme e ir a buscar a las demás, seguro alguna de ellas podrá orientarme más que Urano, porque podrá ser mi senpai pero no deja de ser una sierva fiel de la realeza y yo no necesito realeza ahora, necesito verdad.

Sin embargo, en cuanto mi mano toma la puerta me estremezco. ¡Estoy encerrada! no puedo girar el pomo y por tanto no puedo salir. Corro a la ventana lo más rápido que puedo y no se abre. ¿Qué maldita broma es esta? ¿Por qué estoy encerrada en mi propia habitación? ¡Yo soy la víctima aquí, no el criminal!

Empiezo a golpear con fuerza la puerta, pero nadie responde. Justo ese ruido en mi cabeza aparece de nuevo y siento como si la taladraran por dentro. Me llevo las manos a ella y me doblo del dolor. Debo calmarme, debo respirar, no quiero morir aquí, estoy demasiado débil y si sigo gritando Haruka vendrá y no podré enfrentarla.

Inhalo, exhalo, repito con lentitud buscando calmarme. La sensación disminuye junto con los latidos de mi corazón, es algo muy extraño, pero mientras me funcione ya tendré tiempo después para saber qué pasa.

-Júpiter-escucho como un susurro -Júpiter.

Conozco esa voz, la he escuchado antes pero no recuerdo de quien es y no logro descubrir de dónde viene. Decido no moverme y respirar con calma sin hacer ruido, quizá así logre dar con el origen de quién me llama. Pero justo cuando creo saber, la puerta de mi habitación se abre, y veo con temor que se trata de él.

-¡Júpiter! —me dice con esa sonrisa tan bella en los labios que es difícil no sonrojarse. Su rostro demuestra alegría por mi presencia, me siento extrañamente feliz.

-Príncipe—Lo saludo de vuelta con una reverencia.

-Entre tu y yo no hace falta protocolo y lo sabes.

Si eso lo sé, solo que no lo recordaba. Él se acerca tan galante que me pone nerviosa. Puedo sentir la calidez de su cuerpo cuando me abraza, y su perfume inunda mis pulmones. Huele a jazmín, lo reconocería donde fuera.

-Me da gusto ver que estas bien, sobre todo después de tanto tiempo—me dice con dulzura mientras se separa un poco de mí.

-¿Tanto tiempo? ¿Cuánto? -pregunto con indignación.

-Han pasado tres años desde la última vez que nos vimos. Las chicas y yo creímos que te había sucedido algo. Estuvimos muy preocupados y no dejamos de buscarte. Afortunadamente eso ya paso y estas de vuelta con nosotros sana y salva.

-Yo no... no lo recuerdo.

Darien toma mi mano y me lleva a la cama donde ambos tomamos asiento. Su mirada es dulce, pero siento que podría saltarme encima en cualquier momento y yo no estoy en condiciones para correr. La puerta está cerrada de nuevo, me asusta.

-Sé que te debes sentir muy confundida en este momento y te prometo que haré todo lo posible por aclarar tus dudas. Por lo pronto quiero que descanses, no te preocupes por nada. Si necesitas algo te lo traeremos de inmediato.

-¿Por qué estoy encerrada?

Él me mira con desconcierto, supongo que no esperaba la pregunta. Sonríe levemente y dirige su mirada hacía el balcón.

-Debió ser Urano, ya sabes que le gusta molestarte—Se pone de pie aún con la vista puesta en la ventana y camina hacia ella. Veo que corre la cortina y mira con desdén hacia el jardín.

-Te mandaré a traer rosas y todas las flores que quieras para tu balcón y tu alcoba. Tendrás las plantas más bellas disponibles porque sé, que al igual que yo, amas las flores.

-Te lo agradezco—le digo mientras camino hacia él.

-Este tiempo sin ti, fue realmente difícil para todas. Podrás notar que algunas de las chicas pueden aparentar estar molestas contigo y quizá llegarán a decirte algo. Solo quiero que sepas, —toma con su mano mi barbilla y siento su aliento cerca de mis labios -. Quiero que recuerdes, mejor dicho, que, entre todas las estrellas y planetas de este reino, no hay ninguna como Júpiter.

Por un momento una sensación de miedo y repulsión me invaden de pies a cabeza. Quiero moverme, pero mi cuerpo traicionero sigue a merced de lo que sea que me dieron, donde quiera que estuviera. Para mi fortuna, deposita sus labios en mi frente y eso calma un poco mi acelerado corazón. Ese hombre es guapo, nunca lo he negado. Pero no es mi Neflyte, y lo que es peor, es el hombre de la princesa, o de la reina … bueno, de Serena, o al menos eso creo.

-Quería darte la bienvenida como es debido. —Puedo notar en su voz un poco de coquetería, así que le sonrío por compromiso -. Pero me han dicho que bajo las circunstancias que te encontraron, lo mejor es esperar.

-¿Circunstancias? ¿Dónde me encontraron? No entiendo nada.

-Mercury te está haciendo unos exámenes de sangre para saber el grado de envenenamiento en que ese infeliz te tenía.

-¿Neflyte?

Apenas pronuncié su nombre supe que había cometido un error. Esos ojos azules me miraron con enojo mientras cerraba su puño sin disimular, así que no pude evitar que el color se me bajara del rostro. Podría jurar que vi algo de odio en él, pero mis sentidos están tan afectados, que desconfío de mi propia sombra.

-No vuelvas a decir su nombre—me dice con suavidad mientras vuelve a tomar mi rostro entre sus dos manos -. Ese animal te lastimó todos estos años, te sobajó, abuso de ti, de tu cuerpo y de tu corazón puro. ¡Estoy tan feliz de que te hayamos rescatado al fin! Y yo me encargaré de borrar de ti todo rastro de las vejaciones que hayas vivido, porque una princesa como tú, no merece más que amor y felicidad perpetuas.

Sus palabras son tan bellas, que en cualquier otro momento me hubiera sentido alagada, pero hoy no. Me da asco que me toque, su aliento me da repulsión. ¿De verdad Neflyte me secuestró? ¿Será que realmente me dañó tanto que ya no confío en nadie? ¡Ellos son mis amigos, mis compañeros! Los conozco de más tiempo, me siento tan confundida, me sigue doliendo la cabeza. Sé que no debo sentir esto por ese hombre que solo me ha mostrado bondad, pero siendo el hombre de una de mis mejores amigas, es mejor sentir temor que atracción.

Al fin se despide de mi y me deja en la habitación con mis confusiones y demonios deambulando libres. Tengo esa extraña sensación de estar en casa, encerrada con un asesino.

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-¿Has ido a verla ya? -pregunta la rubia con curiosidad al hombre que recién entraba de vuelta a la alcoba. Él sólo asiente con la cabeza y comienza a desvestirse con notable molestia. -¿Y qué tal?

-¡Ese infeliz la tocó! La encontraron desnuda en su cama en un cuartucho viejo en Alemania.

Serena miró con horror el semblante mal humorado de su amante. Una mueca de dolor y asco se dibujó en sus labios.

-¿Y qué quieres hacer ahora?

Darien la miró con fastidio. Serena podía ser muy insistente en temas que no le gustaba compartir con nadie. Pero eso era parte de su encanto, parte de su propósito, y ahora que todas las chicas estaban reunidas de nuevo, ella tendría la batuta para llevar a cabo el plan de gobierno que tenían orquestado, desde hace milenios según sus propias palabras.

-Primero buscaré a ese idiota y lo haré pagar todo el daño que nos ha hecho. Se retorcerá en el infierno y pagará por sus pecados. Él y todos nuestros enemigos que se atrevan a hacerles daño.

-¿Y con Júpiter?

-No esta lista aún, deberemos esperar a ver que no este de encargo. Si no lo está, continuaremos con lo planeado.

-Y ¿Qué pasa si lo está?

-Tomaremos las medidas necesarias, como siempre se ha hecho.

La rubia sonrió apenas, con la media curva que delata una mentira. Encargarse de ese problema era lo peor de su trabajo. Ella solo quería ser feliz. Ser la reina que debía ser por nacimiento, el trabajo sucio no era parte de su plan, pero sí de sus responsabilidades.

Con un poco de recelo se acercó hacia aquel hombre y lo besó con pasión en los labios. Esta noche era de ella y lo disfrutaría como tal, al menos algo bueno sacaba con esto.

Continuara...