Autora: Ren
Palabras: 569
Advertencias: OoC no intencional, posibles faltas de ortografía y gramática
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Jujutsu Kaisen y todos sus personajes son propiedad de Akutami Gege.


Ninguno había sido demasiado expresivo en realidad. Él, Gojo Satoru, tenía la mala costumbre de ocultar sus sentimientos detrás de una máscara de fingida felicidad; sus anormales ojos cristalinos —de un intenso azul tan similar al del cielo— tampoco eran capaces de expresar sus emociones en su totalidad. Siempre fríos, siempre ocultos bajo el negro manto de su venda.

Sukuna tampoco fue sincero desde el principio. Tratando de mantener su faceta de chico malo. Nunca supo en qué momento sucedió, pero había terminado prendado del mayor idiota que había conocido en la vida (además de su hermano menor, Yūji, por supuesto).

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El 31 de octubre en Shibuya ha sido un día terrible. Tener prohibido salir del instituto técnico Jujutsu; saber que el imbécil de Gojo había sido sellado por culpa de un pasado que todavía le persigue y que, en un arranque por querer honrar a quien fuera su mejor amigo, fue el último clavo que terminó por sellar su destino.

Nuestro «por siempre» fue demasiado breve…

El frío aire que llena sus fosas nasales le recuerdan que Gojo Satoru, aquel que se había proclamado como el Hechicero más fuerte. No es que Sukuna dudará de tal afirmación, no después de ver la cantidad de destrucción que causó durante el intercambio con la escuela de Kioto, poco después de que el evento tuviera que ser interrumpido por la invasión de usuarios de maldición, así como la maldición de grado especial identificada como Hanami.

Pero el saber que un pequeño error le había hecho perder los estribos, que le llevara a su perdición.

Sukuna necesita salir del instituto, quiere —y necesita— destruir todo a su alrededor. La ira corroe desde adentro; puede sentir como su sangre hierve con cada segundo que pasa.

Al joven le importa una mierda si tiene una vigilancia las 24 horas del día cada vez que Gojo sale a misiones a otras provincias, o si tiene negocios que arreglar en el extranjero. No es que le sea difícil deshacerse del montón de guardias que le siguen a todos lados sin necesidad incluso de usar alguno de los rituales que heredó al ser no solo descendiente de Ryomen Sukuna, sino también una de sus reencarnaciones (la de uno de los demonios que las leyendas dicen que lo conforman).

En verdad, necesita salir a destruir todo a su paso. No le importa una mierda si mueren inocentes a su paso —no es algo que le importe, en realidad—.

...adiós, mi amor.

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Con esa idea, Sukuna huye del instituto. Apresurándose a llegar a Shibuya.

No necesita que el equipo que ha salido al distrito más transitado de Tokio regrese para confirmar que Gojo Satoru no está; es algo que ya sabe gracias a que su aroma ha desaparecido —junto con su presencia, y la cantidad inhumana de energía maldita que alberga en su cuerpo—.

El 31 de octubre de 2018 es un día de mierda. Todo el mundo de la hechicería se rompe, y se cae a pedazos sin que nadie pueda evitarlo.

La cantidad de personas que han muerto ese día se mantiene oculta de la población en general para evitar el caos e histeria colectivos. Pero la destrucción dejada al paso por un adolescente con el corazón roto no se puede ocultar.

No es algo que se pueda ocultar.

Adiós, mi amor.