Tokyo Revengers y sus personajes no son míos, le pertenecen a Ken Wakui. Sólo escribo por diversión.
Advertencia: Si no lees el manga, no leas esto porque literalmente es una ODA AL SPOILER. Después no se quejen. Violencia, contenido explícito, etc.
Sin más, les dejo esta idea delirante que surgió en una conversación de Discord o WhatsApp, ya no recuerdo xD
Si a Hanagaki Takemichi — quien ya se había acostumbrado a confundirse el pasado y el presente luego de tantos viajes temporales — alguien le hubiese dicho que el día de su boda podía llegar a ser el peor día de su vida...como mínimo se hubiese puesto ansioso visto y considerando los antecedentes.
Pero nunca hubiese podido creer la razón, aún si se lo hubiesen contado con lujo de detalles con diez años de anticipación.
Nervioso, volvió a mirar su reloj de muñeca pese a que lo había hecho uno, dos minutos atrás; sabiendo que el tiempo no estaba pasando a la velocidad que él deseaba culpa de su propia ansiedad, Takemichi rebuscó torpemente en el bolsillo de sus pantalones negros, el traje a medida que Mitsuya había terminado casi en tiempo récord.
Las 11:32 AM.
Hallándose solo en el corredor desierto de aquel gran establecimiento y aún sintiendo el suave murmullo de las personas acomodándose un piso por debajo de sus pies, Takemichi se permitió dar rienda suelta a su desesperación. Bufó, recorrió el pasillo a zancadas, se revolvió el cabello negro. Miró el reloj y el celular de forma compulsiva una, otra, y otra vez.
Una vibración proveniente del aparato mientras sopesaba seriamente lanzarse por la ventana lo sobresaltó, su corazón tamborileando rápidamente. Con dedos temblorosos y manos sudorosas, tardó en desbloquear la pantalla del teléfono celular sólo para comprobar que el mensaje era de Chifuyu.
"¿Se puede saber dónde estás? Baji te está buscando...sabes que si no te encuentra se va a poner nervioso y…"
No leyó el resto del mensaje porque sabía bien lo que continuaba; por pura terquedad, Takemichi había vuelto a viajar al pasado una última vez. La última vez, se había dicho. Todo podía ser perfecto, todos podían estar vivos en el presente…¿por qué no?
¿Qué podría salir mal si Takemichi repetía la misma secuencia de actos sin cambiar las cosas importantes que ocurrirían después, pero intentando salvar a aquellos que no había podido en su momento por torpeza o ignorancia?
De verdad, ¿qué podría salir mal?
Nada...o absolutamente todo.
En esencia, la verdad es que salvo modificar un par de cuestiones importantes del pasado no había ocurrido nada malo. Malo, dependiendo de con qué ojos lo mirara, en realidad…
"Ya voy, dile que se calme y no le diga nada a Hina, por favor."
¿Cómo había logrado escribir eso, con los nervios que llevaba encima? Estaba a minutos de casarse y….
Salvar a Baji había sido una de esas cuestiones importantes del pasado y claramente no se arrepentía de nada; Chifuyu siempre había parecido bastante superado luego de aquel suceso, pero experimentar el cambio 12 años después…
El problema había surgido casi inmediatamente después de que Takemichi lograra evitar la puñalada nefasta. Las cosas se habían encaminado definitivamente hacia los mismos acontecimientos pero con un cariz distinto, un aliciente que Takemichi jamás hubiese previsto ni en el contexto más retorcido de todos.
Un sonido metálico a sus espaldas detuvo sus pasos repentinamente. Tragó saliva y creyó, por un momento, que su corazón se detenía por una milésima de segundo al sentir el cañón de un arma apoyado sutilmente contra la parte baja de su espalda. Por instinto, inspiró profundamente y levantó ambas manos demostrando que se hallaba desarmado, el celular aún en una de ellas.
— Lamento la demora, Takemicchi.
El aludido estaba seguro, aunque no se había oído a sí mismo...que se le había escapado al menos un sonido lastimero y vergonzoso al oír aquella voz tan conocida, tan calma y tan anhelada.
— E-Está...está bien, Mikey…
El cañón del arma se presionó un poco más sobre su traje y Takemichi se envaró en su sitio, un poco nervioso. Desde que había vuelto del pasado hacía demasiado poco tiempo, no había tenido un contacto real con el Mikey de aquella época, apenas una escueta comunicación telefónica propiciada por el otro y…
Aquella cita, justo aquel día. Por supuesto, no era casualidad.
— Qué curioso, ya nadie me llama así.
Un dejo de nostalgia pero al mismo tiempo de diversión se dejó oír en la voz suave, acompasada. Pese a encontrarse en un establecimiento lleno de gente y con el riesgo permanente de que alguien pudiese verlos, Mikey había sacado un arma en medio del corredor tan tranquilamente que Takemichi comenzaba a dudar sobre aquellos problemas, aquellos extraños contratiempos que se habían generado en el nuevo pasado que se había creado…¿todo eso se habría arrastrado al presente o...Mikey…?
— Ah, yo...lo…
— Vamos, Takemicchi.— el cambio en el tono de su voz alertó sutilmente a Takemichi, quien por fin decidió ladear el cuello hacia un costado intentando hacer contacto visual con la persona que le apuntaba indiscriminadamente por la espalda. Como respuesta, recibió un empujón suave con el arma, desesperando a Takemichi.
— ¿A-Adónde…? Mikey, oye, yo…
— Ahí. No, la...la escalera no, Takemicchi. La puerta. Ajá, esa puerta.
Las instrucciones de Mikey se basaban lisa y llanamente en los movimientos de cabeza de Takemichi cuando éste observaba lo poco que tenía a su alrededor; del corredor en realidad había solo tres caminos: por donde había llegado Mikey y Takemichi no lo había oído, por las escaleras que llevaban al primer piso...y por la puerta que había hacia la izquierda. Que Takemichi recordara aquello sólo era un cuarto de utilería, nada demasiado llamativo para que…
El entendimiento le llegó tan rápido como el empujón que recibió hacia la puerta; de manera brusca, Takemichi terminó traspasando la puerta y sumergiéndose en la oscuridad parcial de aquel sitio reducido mientras chocaba con objetos desconocidos al tiempo que la poca luz desaparecía a sus espaldas, el sonido suave de la cerradura girando detrás suyo.
Le costó bastante no caer hacia delante y ensuciarse con las cajas amontonadas y apiladas del lugar; en el camino, Takemichi colisionó contra una silla que produjo un sonido siniestro cuando se desplazó, sus patas de metal chirriando contra el suelo, la risa suave de Mikey a sus espaldas.
¿Es que ni en el presente podía dejar de hacer el ridículo?
— Veo que no...que no has cambiado nada, Takemicchi. No has cambiado en nada, ¿no es cierto?
Ahora sí, el aludido percibió peligro en el tono de su voz. Finalmente logró estabilizar su tropiezo sosteniéndose de la silla y volteó, parpadeando y abriendo ampliamente los ojos intentando acostumbrarse a la oscuridad, una breve ranura de luz ingresando por la puerta.
Con cierto escozor, Takemichi notó que la imagen que Mikey le devolvía se parecía demasiado a la última que había visto en el futuro donde todo se iba al carajo; el cabello rubio y corto, el cuerpo delgado, el rostro demasiado demacrado y las ojeras que adornaban sus ojos un poco más llenos de vida le preocuparon cada vez más; de una rápida inspección, Takemichi notó que el arma no estaba en sus manos.
— N-No, Mikey...sigo...sigo siendo el mismo de siempre.
— ¿Conmigo también?
Los pasos de Mikey mientras se aproximaba en aquel reducto pequeño y oscuro eran tranquilos, pero lo suficientemente rápidos para que Takemichi volviese a perder el control de su cuerpo y terminara colapsando. Por suerte, en aquella ocasión, su trasero dio con el asiento del que se había sostenido con anterioridad...lo cual impidió que cayera de lleno al piso pero le permitió a Mikey inclinarse hacia él, su rostro demasiado cerca del suyo.
— ¿Sigues siendo el mismo de hace diez años, Takemicchi?
De un momento a otro, Sano Manjiro estaba sentado a horcajadas sobre él; su cuerpo era liviano pero pesado al mismo tiempo y Takemichi se preguntó si en realidad no lo estaba reteniendo por la fuerza; frunció el ceño cuando el dolor se instaló en su cuerpo cabelludo, los dedos blancos jalando de su cabello hacia atrás.
— Mikey…
— Me dijiste que nada cambiaría entre nosotros dos, que no me dejarías.— un jadeo estrangulado surgió de la garganta de Takemichi cuando su corbata fue jalada con violencia, el nudo deshaciéndose.— Me dijiste que me amabas, ¿lo recuerdas...o tengo que recordártelo yo mismo?
Para Takemichi, dar una respuesta a aquel reclamo hubiese sido imposible porque Mikey tenía toda la razón. Aún así, no tuvo que siquiera intentar hacerlo, los labios finos y suaves del otro posándose sobre los suyos apenas rozándolos, casi con timidez. Luego, el contacto dejó de ser tan efímero y segundo a segundo se volvió más ansioso, demandante.
Y no era sólo Mikey el que anhelaba profundizar aquel beso.
¿Cuánto tiempo había pasado?¿Diez años? Diez largos años para Mikey tal vez...pero para Takemichi sólo había sido un suspiro, el viaje temporal anulando todo aquel tiempo de espera.
Si Mikey había aguardado demasiado por aquel encuentro, Takemichi estaba rememorando algo que hacía poco había experimentado por primera vez.
El desenlace del pasado, la reincorporación de Baji de nuevo a la línea temporal de todos ellos había dado como resultado un acercamiento aún más inusitado entre Mikey y Takemichi, incluso al punto en el que Draken terminó apartándose por voluntad propia cuando se percató de que aquello tenía otro cariz, otras intenciones que se alejaban cada vez más de la amistad y se acercaban poco a poco a algo más íntimo, más pasional.
Y antes de que Takemichi se percatase de lo que había ocurrido, se vio envuelto en una relación amorosa con Mikey. ¿Que si le había sorprendido? No, de hecho no lo hacía. Había tardado su buen tiempo, pero Takemichi finalmente se había dado cuenta de que en realidad su último gran viaje al pasado había sido egoísta y motivado por sentimientos que hasta ese momento no tenían un nombre, pero sí un dueño. Mikey, por supuesto como siempre, se había percatado de todo incluso antes que Takemichi terminara llorando en su regazo, arrepentido por no haberse dado cuenta antes y temeroso por el extraño futuro que les deparaba.
Las manos de Takemichi se movieron en forma inconsciente, sus dedos introduciéndose por debajo de la blusa oscura del otro, la piel tersa erizándose ante el contacto, la espalda arqueándose sin que sus labios se separaran de los ajenos. Segundo a segundo, el beso se volvió enfebrecido a muchos niveles y ya no fue suficiente; con torpeza, Takemichi se deshizo del traje oscuro sin importarle en dónde cayera, de la corbata desanudada y de forma osada y casi desesperada, del botón y de la cremallera de sus propios pantalones, la entrepierna del otro presionándose tortuosamente sobre la suya.
— Me prometiste que...que juntos…
El reclamo de Mikey fue interrumpido por un gemido suave contra el oído de Takemichi cuando las manos de éste intentaron deshacerse de los pantalones ajenos sin éxito debido a la posición en la que se encontraban; con otra risa suave — una risa que a Takemichi sí le recordaba al Mikey que él conocía, que él amó — Mikey solucionó el problema con un desparpajo para nada acorde a la situación peligrosa en la que se hallaban, las piernas desnudas rodeando de nuevo la cintura de Takemichi sobre el asiento. Sus ojos se desviaron de la silueta de Mikey sobre él hacia la puerta, temeroso de que…
— Aquí, conmigo. Ahora.— antes de que Takemichi pudiese fijar sus ojos en los de Mikey, el dolor se instaló otra vez sobre su cabeza, sus cabellos jalados con rudeza.— ¿Qué tanto temes, que Hina nos vea?
— N-No, no es…
— Contesta sin tartamudear o te juro que se me escapa el tiro.
Con un jadeo estrangulado, Takemichi se dio cuenta de cuánto había bajado la guardia al sentir el frío del metal sobre su garganta, su rostro impulsado hacia atrás por el arma que ahora apuntaba de lleno hacia su cabeza...y si bien la mano de Mikey no temblaba, sabía que tenía un dedo sobre el gatillo.
No lo creía capaz, el Mikey que él conocía…
— ¿Y?
Mikey empujó sus caderas sobre la entrepierna de Takemichi y el gemido poco contenido no se hizo esperar. Pese a la situación deplorable en la que se encontraba, su cuerpo reaccionaba a la estimulación ajena, tal y como si tuviese memoria propia. Las propias caderas de Takemichi se impulsaron arriba en busca de mayor contacto y Mikey jadeó, mitad sorprendido mitad gustoso por su incentivo.
— No quiero...no quiero que nos interrumpan, es todo.—su voz sonó temblorosa al igual que su afirmación; aún así, Mikey sonrió, sus ojeras acentuándose debajo de sus ojos.
— No te preocupes por eso. Nadie lo hará.
Poco a poco, Takemichi fue cediendo más por el deseo y el anhelo de estar junto a él que por un convencimiento real. Al final, terminó perdiendo el equilibrio sobre la silla e impulsado por el peso de Mikey sobre él, ambos acabaron en el suelo, entre las cajas. Su risa se unió a la de Mikey cuando entre empujones y tirones, la ropa que realmente sobraba dejó de estorbar entre sus cuerpos.
¿En qué momento Takemichi se había enamorado de Mikey? No lo sabía exactamente, pero había sido en la época de preparatoria…¿había sido culpa de Takemichi?¿Él había propiciado aquellos sentimientos al modificar el tiempo, los sucesos de aquella manera? Muy probablemente. Aún así, forzado o no, el amor que Takemichi descubrió sentía por Mikey era real, de eso estaba seguro. Casi había terminado condenando su futuro para salvarlo y estaba convencido, volvería a hacerlo la cantidad de veces que fuesen necesarias.
Pero, ¿qué había sucedido con Mikey durante todos esos años? Takemichi había logrado evitar que su mente se disociara, que se separara de todos e incluso había existido una promesa de compartir un futuro juntos…entonces, ¿por qué?¿por qué el futuro logrado luego de modificar el pasado parecía seguir siendo el mismo?¿por qué nadie había mantenido contacto con Mikey, por qué incluso él...por qué había seguido con Hinata, sabiendo que amaba a otra persona?
Acaso...acaso…¿Takemichi la había cagado?
— Shh...baja la voz…
El suspiro placentero de Mikey lo trajo de lleno a la realidad. Pateando su incertidumbre al fondo de su mente, sus pensamientos y sentidos se centraron y enfocaron de lleno en la imagen que tenía delante suyo; tirado en el suelo, Takemichi tenía una visión privilegiada de Mikey, su cuerpo desnudo sobre el suyo, sus manos empujando su pecho e impulsándose hacia arriba sobre sus caderas, el gemido placentero de ambos entremezclándose cuando la unión que tanto deseaban ambos se consolidó. Takemichi no podía despegar su mirada del rostro de Mikey, sus ojos brillosos de párpados caídos, su boca entreabierta de donde surgían los sonidos más placenteros...el rubor que probablemente cubría sus mejillas blancas y que la oscuridad le impedía apreciar…
De imprevisto, una cachetada sonora y fuerte volteó el rostro de Takemichi sorprendiéndolo, el ardor instalándose sobre su mejilla dolorida.
— Te gusta joderme pero sólo como amante, ¿eh?.— de nuevo, el tono agresivo y agitado fue acompañado por la presión ya conocida de la pistola sobre su rostro.—Te creí, ¿sabes? Te creí en aquel momento cuando me dijiste que estaríamos juntos…
— M-Mikey, no sé qué sucedió, no sé qué fue lo que hice en todos estos años, yo...lo siento, te…
— ¿Me amas?¿Eso vas a decirme?
Con verdadero horror, Takemichi oyó el chasquido de la pistola, el percutor hacia atrás, el cañón sin seguro y listo para disparar en cualquier momento.
— Sí, te amo. Créeme.
En un arrebato de valentía del que no se creía capaz, Takemichi tomó la pistola en su mano desviando el cañón de su rostro; increíblemente, Mikey cedió a la fuerza que ejercía Takemichi y rápidamente los roles se invirtieron. Quedando ahora sobre el otro, entre sus piernas, Takemichi ahora sí fue capaz de apreciar de cerca el rostro sonrojado, la respiración agitada y el anhelo en la mirada de Mikey, sus embestidas volviéndose más certeras y rápidas al tiempo que los gemidos y el calor entre sus cuerpos aumentaban más y más.
— Realmente...realmente quiero creerte…— la voz entre gemidos, los labios prácticamente sobre los suyos conmovieron a Takemichi, el brillo de las lágrimas a punto de desbordar dejándose ver en los ojos de Mikey.— ¿Por qué me dejaste, Takemichi?
— No...no lo sé.
— No me dejes ahora, entonces.
Mientras sus labios se unían de nuevo ahogando los gemidos de ambos, Takemichi sufrió una especie de maremoto de recuerdos entremezclados, la mayoría sin sentido. Ninguno de ellos pertenecía al colegio y en todos se hallaba con Hina, a su lado. ¿Por qué había dejado a Mikey, qué era lo que había sucedido entre ellos?
Los dedos, las uñas de Mikey se aferraron a la espalda de Takemichi, el ardor indicándole que estaba dejando marcas en su piel. Los jadeos ahogados anunciaron el orgasmo de Mikey y la visión de su rostro extasiado fue suficiente para que Takemichi lo secundara, sin importarle ya absolutamente nada…
"Tienes que dejarlo. No mereces a Manjiro, mi hermano es demasiado para ti. Sino lo haces, mataré a la mujer. Y ese sólo será el comienzo."
Aquel recuerdo intrusivo que nada tenía que ver con todos aquellos fugaces que acababa de ver se instaló en su cerebro como una voz, ni siquiera una imagen real. Conocía esa voz, ya la había escuchado…
La mano suave de Mikey acarició la mejilla que había sido golpeada con anterioridad; sus respiraciones se regularizaron y poco a poco, ambos comenzaron a enfriar sus cuerpos luego de aquel impulso un tanto salvaje.
Al cabo de unos minutos mientras Takemichi luchaba contra los botones de su camisa y pensaba en las consecuencias de haber cambiado su pasado en base a la amenaza de una persona, Mikey ya se había arreglado y la pistola de nuevo descansaba sobre su mano derecha.
— ¿Qué hora es? Dios, no sé cómo voy a…
— Takemicchi.
La voz suave con un tinte sedoso que no auguraba nada bueno logró que Takemichi desviase la mirada hacia Mikey. Éste se encontraba apoyado sobre la puerta, su mirada tranquila sobre Takemichi.
— Dime.
— Fui yo.
— ¿Eh?
El silencio se estableció entre ellos y con cada segundo que pasaba, el estómago de Takemichi se cerraba cada vez un poco más.
— Mikey, no...no entiendo. ¿Qué…?
— Asesinar a Kisaki Tetta nunca iba a cambiar el futuro.— Takemichi se incorporó, confuso y temeroso por sus palabras.— Hina siempre estaba destinada a morir, hicieses lo que hicieses, ¿verdad?
— Bueno, sí...pero una vez que Kisaki murió, el futuro cambió…
— Se retrasó, querrás decir.
— Mikey, qué quieres…
— Fui yo, Takemichi. Me…— Mikey suspiró mientras sus ojos se desviaban del rostro de Takemichi hacia la pistola en su mano.— Me costó entenderlo, pero al final...no importa lo que hagas, no importa lo que cambies...lo que tiene que suceder, sucede. Quizás Kisaki fue el autor intelectual original, pero al desplazarlo de una u otra manera...yo tomaba su papel.
— De qué estás hablando…
— Izana me rogó que no...no que no volviese a ponerme en contacto contigo, que tú ya habías elegido. ¡Elegiste mal, qué tengo yo la culpa!
Con su grito y la mención de aquel sujeto, Takemichi pudo ponerle un rostro a la voz de su recuerdo. Había sido Izana quien lo había amenazado...claro, ingenuamente, Takemichi había terminado salvando también a la persona equivocada en el pasado, no podía ser que…
— Mikey, escucha, tienes que saber algo.
— No, escúchame tú a mi.
De nuevo, el cañón apuntaba a Takemichi, ahora directo a su pecho. Otra vez, Takemichi levantó las manos en señal de rendición aunque dudó en que el otro realmente disparara.
— Vas a quedarte aquí mientras yo soluciono este incordio que has creado. Tú podrás cambiar el pasado, pero yo puedo cambiar nuestro futuro.
Sin agregar más palabras y con una convicción que atenazó el corazón de Takemichi impidiéndole el habla, Mikey abandonó la habitación, el cerrojo oyéndose del otro lado de la puerta. Rápidamente, reaccionó golpeando la puerta y gritando, el terror ascendiendo por su garganta, asfixiando a Takemichi.
— Baja la voz, Takemicchi. Ya regreso.
Takemichi ni siquiera oyó sus pasos alejándose. Con absoluta resignación, comprobó que incluso se había quedado con su teléfono celular, Takemichi incapaz de dar el aviso a ninguno de los invitados desprevenidos en la planta baja. Ni siquiera le había dicho a Chifuyu que…
Un golpe seco a lo lejos. Otro. Otros golpes, esta vez más lejanos, diferentes. Gritos. Con horror, Takemichi comprobó que los golpes secos eran en realidad disparos de diferentes armas.
Mikey finalmente parecía haber utilizado el arma. Y no había ido hasta allí solo.
Incapaz de reaccionar y de entender cómo todo se había caído a pedazos por una decisión que ni siquiera podía recordar, Takemichi tomó asiento en la silla solitaria en medio de la oscuridad, en medio del silencio. Minutos después, pasos tranquilos se dejaron oír en medio del silencio que ya hacía tiempo se oía en el exterior de aquel cuarto olvidado.
El cerrojo se corrió, la puerta se abrió suavemente. Takemichi entrecerró los ojos intentando acostumbrarse a la luz que ingresaba, la silueta inconfundible de Mikey en el marco.
Sonreía. Mikey sonreía con una paz tal que le cambiaba el semblante por completo.
En sus mejillas y en su camiseta había sangre.
— Bueno, ahora eres libre para elegir, Takemicchi. Ahora, eres mío.
