¡Holis! Feliz KageHina Day (10/09) a todxs. Les dejo la primera de muchas participaciones en este mes KageHina que se viene.

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Palabras más, palabras menos

Es un viernes por la tarde, casi anocheciendo tras una práctica alargada de acondicionamiento físico, Ukai los quería en la mejor forma para no quedar mal contra los equipos de Tokio en el campamento (y él igual pensando en la odiosa sonrisa de superioridad de Kuroo), además de que ha sido una semana dura por el periodo de exámenes, todo era exhaustivo para el pobre capitán de Karasuno.

Como para todavía tener que lidiar con sus dos subordinados más problemáticos quienes se enfrascan en una pelea de gritos y apodos absurdos.

—¡Hinata eres un idiota!

—¡El idiota eres tú, Torpeyama!

—Chicos, basta. —Susurra por lo bajo Sugawara, buscando callarlos— Harán enojar a Daichi.

El vice capitán se ha puesto nervioso como nunca tratando de aligerar el ambiente, pero Daichi ya no tiene la paciencia suficiente para lidiar con esto y quiere ponerle fin de buenas a primeras.

El par de primer año calla inmediatamente sintiendo la penumbra que es el aura de Sawamura, quien cuando voltean tiene sus brazos cruzados y una cara de pocos amigos que intimida a equipo entero que ha tomado distancia, incluso su entrenador.

—Hinata, Kageyama…

Ambos mencionados se miran como entendiendo que han rebasado el límite, no tienen acceso a la habla, ya que su capitán los ha tomado de los hombros con fuerza colocándolos uno tras otro de espaldas. Al terminar les pide no moverse y mantenerse rectos, cosa que obedecen, pues no buscan más problemas.

—Se van a quedar así por esta dinámica. —La voz rasposa del número uno del equipo suena lo que le sigue del enfado—Ahora, quiero que digan cinco cosas que les agradan del otro.

—¡¿Qué?! —Respondieron al unísono los castigados.

—¿Se atreven a renegar de nuevo? —Los dedos apretaban los pedazos de piel en los bíceps del líder, es tan notorio que el resto del equipo sigue sin decir ni pío— Creo que tendremos que ir al campamento sin ustedes.

El dúo raro se estremece ante la amenaza que es no asistir al intensivo de la próxima semana, quieren volver y retarse contra los equipos más fuertes, además de que cualquier cosa que tenga que ver con no volver a tocar un balón en un día es tortura medieval para ellos.

—Bien, entonces, Hinata. —El mencionado traga saliva, y Kageyama siente la tensión cuando se sobresalta justo en el centro de su espalda, los hombros tensos de su compañero no rebasan su espalda y siente cada toque de sus hombros mientras se remueve— ¿Qué te agrada de Kageyama?

Shouyou respira largo y tendido, deseaba dentro de él no haber sido el primero pero ya no quedaba de otra.

—Me agrada que… Que Kageyama sea puntual.

Las risas no se hicieron esperar en el gimnasio. estas fueron calladas con una reprimenda silenciosa por parte de Suga-san, el capitán no entendía el punto así que se acercó al pelirrojo.

—¿Puntual?

—Si. —El menor asintió— Siempre está aquí justo a la misma hora que yo, aun cuando yo me despierto más temprano.

—Entiendo, lo tomamos como válido. —Daichi fijó su mirada hacia Tobio quien tras un chispazo de inteligencia supo que se trataba de su turno.

—Me agrada que Hinata tenga determinación.

Las espaldas del par se conectan cada vez más cerca, no saben si es por el sudor que emanan sus cuerpos post entrenamiento o porque los hombros tensos de Hinata se encajan en su piel de una forma, ¿Agradable? El capitán Sawamura los invita a proseguir con el ademán de manos, apuntándoles por cualidad.

—La facilidad con que cambia las jugadas cuando se pone difícil el juego. —Prosigue Hinata.

—Su empatía. —Menciona Kageyama— Porque nos hace un equipo más unido.

—Kageyama es un oponente digno para nuestros retos.

—Qué es optimista, nunca se deja derrotar en un partido.

—Sus manos… —Comienza el pelirrojo siendo interrumpido.

—¿¡Ah!?

—¡Cuando levantas el balón, Kageyama! —Los colores ahora inundaban su cara que parecía que podría estallar en cualquier instante. Cubrió su rostro ante las carcajadas que inundaban el lugar de práctica— ¡Me agrada ver tus manos cuando haces tu trabajo!

—¡Di el contexto siempre, Hinata idiota!

Si Kageyama pudiera derretirse, lo habría hecho allí mismo ante las palabras del número diez, quien se recompone del estallido de emociones que vivió en unos minutos. Sawamura aplaude para terminar con el sonido de hienas que tienen las voces de todos.

—¡Suficiente por hoy! —Daichi posó sus manos sobre el hombro de cada uno dando unas palmadas de compostura, ahora se siente más suelto y de buen humor— Espero hayan entendido que deben dejar de pelear, somos un equipo y quiero que todos pongan de su parte. ¿Entendido, todos?

Entre el "sí" eufórico y colectivo, las bromas a Hinata por sus palabras despreocupadas y los latidos que no dejan de rebotar en las paredes del corazón del armador, el equipo se despide del gimnasio para dirigirse cada quien a sus hogares.

En el camino a casa, Kageyama no puede dejar de mirarse las manos, no entiende que es lo que podría ver el jugador que va a su lado arrastrando la bicicleta a la vez que sus pies. Cuando este voltea hace una simulación al aire de como suele colocar el balón, voltea a ver a todos lados para confirmar que no le han visto con éxito y lo intenta de nuevo.

Aunque esta vez no corre con la misma suerte.

—¿Qué haces? —La voz de Hinata le deja atónito mientras acomoda sus brazos a los lados fingiendo demencia.

—Nada. —Tobio retoma su trayectoria señalando la parte donde sus caminos se separan antes de despedirse— Nos...

—Kageyama, espera.

El paso se detiene, el armador pone su atención en él quien no parece cómodo mientras sus dedos se enredan en la maraña de pelo que trae.

—¿Qué?

—Te faltó decir algo que te agrada de mí. —Kageyama maldice con cada neurona suya al Dios que según los observa, la calidez se pone a full en sus mejillas— ¿Qué otra cosa te gusta sobre mí?

—Ya no estamos en el gimnasio.

—¡Vaaaamos! No es justo, yo dije mis cinco cualidades.

Shouyou empieza a manotear en conjunto a sus pucheros, sabe que esto desespera al menor del grupo y que así podría obtener lo que quiere. Lo ve resoplar, ha ganado.

—Bien, pero lo diré y me iré a casa. —Hinata afirma con la cabeza esperando paciente la respuesta— Al igual que tu ves mis manos, yo… Yo veo tus piernas.

¿Conocen las ollas de presión cuando el vapor busca salidas desesperadamente? Hinata siente que su sangre hierve sin salida alguna.

—¿Mis piernas? —Tobio suspira buscando no repetirlo— ¿Por qué?

—Porque es lo que alcanzo a ver al colocarte el balón. Me gusta verte volar.

Ambos no pueden sostener la mirada del otro ni un segundo, están avergonzados mientras resienten que el espacio se pone raro entre ellos.

—¡Nos vemos!

—¡Sí, hasta mañana! —La risa histérica de Hinata buscando destensar el ambiente es en vano y molesta.

Sin pensarlo, Kageyama cubre su boca de sopetón, colocando la palma sobre los labios, sellando cada espacio de ruido. Está tan cerca del pelirrojo que este deja de producir ruido cubriendo con los dedos sus propias comisuras.

—Mañana te voy a ganar en la entrada. —Menciona el número nueve dándole la espalda al aspirante a as que no deja de gritonear que será el vencedor.

—¡Ya veremos!

Entre gritos de los dos llenando la distancia visible hasta donde ambos pueden mirarse, piensan en el enfrentamiento matutino y en cómo pudieron decirse esas cosas, y sin embargo agradeciendo que podrían seguir como siempre dada la estupidez del otro.

"Me gusta que sea un idiota." Pasa por sus respectivos trenes de pensamiento al igual que las partes del cuerpo mencionadas hace unos momentos.

Gracias por leer.

¡Ay los vidrios!