Summary: Nadie supo que le paso a Jon. Cuando se fue del muro se dijo que rompió sus juramentos, traiciono a sus hermanos, hay historias de Dragones y monstruos al otro lado del muro, pero entre todas las historias se cuenta la leyenda del bastardo que se hace llamar rey del invierno y amenaza con invadir los siete reinos. Dark Jon, UA.
Anuncios: Antes de empezar quiero aclarar unas breves cosas de la historia, Jon tiene apariencia Stark pero una personalidad mas Targaryen, el si sabe algo, existe toda una historia de transfondo que se ira relevando poco a poco. Es una historia alternativa, es Dark Jon. Y se basa en gran parte en las tierras mas alla del muro y el pueblo libre.
El bastardo del muro
I
"Jon Snow… Jon Snow" Susurraba una suave voz que le llamaba, era tranquila y se lograba percibir algo de aprecio hacia la persona de la que estaba hablando. Jon abrió lentamente sus ojos, cansado y agotado para ver frente a él al Maestre Aemon quien le miraba con una sonrisa en su rostro demacrado.
El anciano caminaba cojeando en todo momento mientras llevaba en sus manos, alrededor de la pared para no caerse. Jon esbozo una leve sonrisa mientras llevaba sus manos a su rostro para intentar apartar el sueño de sus ojos. Nuevamente se quedó dormido, atendiendo al Maestre en la biblioteca, se suponía que era su ayudante.
Jon era un mayordomo, a pesar de ser el mejor combatiendo con una espada en todo el maldito castillo negro, este era su castigo decían algunos, nadie confiaba en él, los pocos que lo hacían dormían a su lado con un ojo abierto; Jon nunca quiso unirse a la guardia pero cometió un pecado en el hogar de su tío, su padre adoptivo, Eddard Stark, quien fue la persona responsable de enviarlo aquí.
Jon siempre supo quiénes eran sus verdaderos padres, desde la tierna edad de 5 años, en su opinión era un secreto muy mal guardado, que cualquier persona con una pizca de inteligencia lo hubiera descubierto. El Maestre Luwin siempre decía lo listo que era, aprendió a hablar, a caminar y a luchar incluso antes que Robb algo que siempre ocasiono la furia de Lady Stark hacia el, Jon odiaba a esa mujer pero amaba a sus primos, esa era la razón por la que nunca intento atentar contra la vida de ella, si, Jon pensó muchas veces en matarla podría parecer un Stark, tener la apariencia del Norte pero 10 años desde que supo la verdad sobre su nacimiento ocasiono un leve resentimiento hasta que se convirtió en una tormenta de odio.
Jon fue enviado a la guardia debido a sus imprudencias y sus actos, no estaba molesto o enojado con su padre adoptivo pero se sentía traicionado por el hecho que este no estuviese dispuesto a luchar por los legítimos derechos de su nacimiento, en lugar de eso prefería apoyar y ayudar a su amigo, el hombre que asesinó a su verdadero padre, el hombre que puso un martillo en el pecho de este, el hombre que perdono el asesinato y la violación de su hermana Rhaenys de tan solo 3 años, el asesinato de su hermano mayor Aegon, cuyo pequeño cuerpo fue aplastado por las manos de Ser Gregor Clegane ¿Cómo era posible que se perdonaran tales actos? Su tío Ned siempre le dijo que exigió justicia por dichos crímenes pero cuando los Greyjoy se rebelaron su tío convoco sus abanderados y fue a luchar contra el enemigo de su familia, el asesino de su padre quien perdono los asesinatos de sus hermanos.
Entonces, aquí estaba, a sus 15 años en el muro congelado contra todos sus deseos, sirviendo en una orden por la que no tenía ningún amor o aprecio, llego hace tres meses arrastrado por su tío Benjen quien le aseguro que en la guardia encontraría un lugar, podría hacerse un nombre, esto le parecía estúpido, él ya tenía uno, el que su madre le dio, el que su tío negó decirle.
"Jon Snow…Jon Snow" El Maestre Aemon nuevamente lo llamaba, un pequeño sonrojo de vergüenza apareció en sus mejillas, aclaro su garganta, se puso erguido en su silla.
"Lo siento Maestre, nuevamente me he dormido" El viejo Maestre le sonrio con comprensión.
"Entiendo joven, te entiendo. Claramente no es tan emocionante mi humilde biblioteca como el patio de armas" Pero al maestre le agradaba su compañía, Jon le dijo la verdad desde el momento en que supo quien era el anciano. Pasar tantos años en las sombras le hizo entender que ciertas cosas jamás deberían ser ocultas.
Jon aun recordaba el día que descubrió sus verdaderos origines, pero ahora no quería pensar en ello, recordaría a cierta persona, recordaría el motivo oculto por el cual fue enviado al muro.
"Lo siento" le dijo nuevamente "Se que fui yo quien te pidió ayuda, se que soy yo quien te esta atrayendo a este camino de traición, pero como puedo quedarme con los brazos cruzados cuando tu posees la salvación de nuestra casa, de nuestra familia, tu mi querido tío" El anciano se quedo en silencio nuevamente mientras Jon lo observaba fijamente.
Aemon era un hombre de avanzada edad, había visto suficientes inviernos y primaveras más que cualquier otra persona en el castillo o incluso en todo el Norte, sin importar a que lado del muro se mirara. El hombre era casi ciego, pero cuando miraba fijamente una persona, es como si estuviera viendo su alma, su voz era suave, pero todos guardaban silencio solo para escuchar sus breves palabras.
Ellos dos eran los últimos Targaryen, al menos aquí en poniente, había otros dos un niño y una niña, pero no sabían nada de ellos, tal vez estarían muertos o tal vez no.
El Maestre Aemon tenía en su poder un gran cofre el cual le pertenecía a nadie menos que a Brynden Rivers, hijo bastardo de Aegon IV el indigno. Brynden según cuentan las leyendas era un hechicero de la sangre, un cambia pieles, un cuervo que tenia tres ojos, leyendas al fin y al cabo pero al final era un Targaryen de corazón aunque no llevara su nombre porque en aquel cofre guardo las esperanzas y el destino de su casa, tal vez era cierto que podía ver el futuro, habían tres huevos en ese cofre, uno blanco como la nieve y frio como el mismo muro parecía un huevo de hielo y probablemente lo era, Brynden lo trajo desde las tierras del eterno invierno más allá de las tierras conocidas y del mar de los escalofríos, el segundo huevo lo trajo consigo desde desembarco del rey como obsequio de Aegon V el improbable como un pago por sus servicios o tal vez solo se lo robo, Jon creía que eso ultimo era lo más factible y por ultimo el tercer huevo, el más extraño de todos era el mas pequeño no importaba cuantas veces lo secaba seguía húmedo, lamoso y algas y costras surgían de este, ni siquiera Aemon sabía de donde lo había sacado solo que Brynden se lo dejo a su cuidado al igual que los demás huevos de dragón.
Había otro tesoro, pero este estaba oculto bajo el árbol de dioses al otro lado del muro, Aemon no le había dicho aún que era y Jon se impacientaba, sea cual fuere el otro tesoro su plan seguía siendo el mismo, escapar, no pensaba respetar voto alguno menos cuando era en contra de su voluntad, tenia una promesa que cumplirle a alguien de volverse a encontrar y pensaba cumplirla pero necesitaba despertar a los dragones y eso no lo podía hacer al sur del muro, su tío lo cazaría y le obligaría a regresar, a vestir de negro y a renunciar a sus legítimos derechos. Algo que no pensaba hacer, sus acciones serian por su madre y sus hermanos, reconstruiría su casa. Pero el norte del muro era una tierra inhóspita, enorme e inexplorada, podría intentar sobrevivir cazando hasta que sus dragones pudieran crecer, ya antes cuando salió a explorar por primera vez con los demás miembros de la guardia, durante una breve semana de entrenamiento vio las grandes bestias que habitaban al otro lado, si ellos podrían alimentarse sus dragones también podrían, aunque fuera de esas mismas bestias que tanto lo habían asombrado.
Lo llamarían traidor, rompe juramentos, pero eso no le importaba, Aegon el conquistador no tenia derecho a reinar y eso no le impidió reinar, el conquisto y Jon deseaba conquistar lo que su familia perdió, lo que el mundo le negó.
"Hemos leído ya varios libros e incluso el diario de Brynden, pero no hemos encontrado nada o al menos no un método alternativo para despertar a los Dragones" Jon suspiro en derrota, mientras restregaba continuamente los dedos en sus ojos intentando apartar todo sueño.
Aemon le sonrió suavemente mientras caminaba o intentaba hacerlo hacia su asiento para descansar.
"Los has leído tú, yo solo he escuchado, no me guías hacia la traición, serás tu quien huira, no rompo juramento alguno, solo te estoy enseñando" Aemon varias veces había puesto su juramento en posiciones difíciles, muchas veces se rehusó a hacer lo que su corazón dictaba, sus deseos, pero luego de la caída de su casa, al saber que no era el último de los suyos a este lado del mundo deseaba profundamente apoyar al hijo menor de Rhaegar, un Targaryen solo en este mundo era lo peor que podía suceder.
"Gracias por sus enseñanzas maestre"
Y su charla llego al final, los cuernos sonaron ampliamente por todo el castillo, era la señal que los exploradores y guardabosques habían regresado.
"Ve, tienes otros deberes que cumplir" Jon simplemente asintió mientras se marchaba.
II
Samwell Tarly observo en silencio como una docena de hermanos de la guardia ingresaban por la puerta, pero esta vez no veían solos, traían consigo a una salvaje y sus dos compañeros. Ella tenía el cabello tan rojo como el fuego mismo, de contextura delgada tenia pecas en su rostro y no parecía ser mayor que él, la persona detrás de ella era de cabello castaño, ojos azules tal vez uno de los hombres mas altos que hubiera visto y sus mejillas eran tan regordetas como las de un bebé, por ultimo el tercero de ellos le faltaba un ojo, llevaba un parche sobre su ojo izquierdo, era de cuero, rustico, parecía que nunca lo hubiera cambiado además era el más bajo de los tres y el único sin cabello, era calvo y feo.
Los tres salvajes venían encadenados, traídos como prisioneros, debía ser por algo importante, rara vez se tomaba prisioneros, rara vez se les perdonaba la vida a los salvajes.
"Edd" Dijo Sam intentando atraer la atención de su amigo, este quien venia con el rostro demacrado, y con una mirada trágica. Algo normal en Edd el Penas, quien solo alzo su mano como un saludo formal.
"Sam"
"¿Quiénes son?" Pregunto entusiasmado, deseaba saber quiénes eran, si eran importantes o los hijos de algún noble salvaje.
Pero una mirada de desagrado apareció en el rostro de Edd, algo no estaba bien pensó Sam, mientras Edd ponía sus manos sobre sus hombros y como si fueran los mejores amigos lo arrastro lo más lejos posible de los recién llegados y cuando noto que no había nadie cerca empezó a susurrar suavemente.
"Los emboscamos, eran de un campamento de solo ocho personas, atacamos en medio de la noche y metimos nuestras espadas en sus culos, hubiéramos matado a los otros tres, pero ese granuja de Alliser Thorne nos dijo que los trajéramos para entrenar a los nuevos reclutas"
La sangre de Sam se helo durante un momento, sintió que un leve escalofrió recorría su espalda "¿Bromeas? ¿no? ¿Acaso los encadenarán, les darán una espada y nos harán luchar?"
Edd no dijo nada más, simplemente dio una breve sonrisa y se marchó. A pesar de los constantes llamados de Sam rogándole que regresara y le explicara.
III
Jon no es que fuera una persona orgullosa, fue criado como bastardo, Catelyn Tully se encargó de recordarle que, a los ojos de los hombres, la bota de muchos otros podría estar sobre su garganta. Pero tener que fregar con un cepillo, no más grande que su propia mano las barracas de los demás miembros de la guardia y con ello soportar las burlas de muchos de sus supuestos nuevos hermanos.
Tenia una ira creciendo en lo más profundo de su ser, deseaba poder marcharse pronto, incluso si aceptaba usar aquel método para hacer eclosionar los huevos de dragón, pero él no conocía el norte del muro, necesitaba un guía o al menos una persona que le mostrara cual camino seguir no era como si pudiera encontrar un guía a cambio de una moneda de plata.
Confiar en la persona equivocada podría costar su propia garganta en el mejor de los casos, era por ello que solo confiaba en dos personas a parte de sus primos Stark, uno era el Maestre Aemon y el otro era tal vez su único amigo de confianza, Sam. Mientras pensaba en esas confianzas, su buen amigo ingresaba por la puerta asustado, algo que no era muy difícil de hacer, su amigo era un cobarde y Jon pensaba que irónicamente que eso haría a Sam alcanzar una edad incluso superior a la del Maestre Aemon.
"¿Qué ocurre?" Pregunto Jon al ver el espanto marcado en el rostro de su amigo.
"Alliser ha traído salvajes y nos hará pelear con ellos" Puso las manos sobre Jon, asustado claramente con la idea "Me van a matar, sabes que soy el peor espadachín de los siete reinos"
Jon pensó en ese momento en dos cosas, la primera que Sam tenia razón, era el peor espadachín, guerrero que alguna vez hubiera visto en toda su vida y la segunda era que Alliser parecía cada vez más inspirado en encontrar métodos absurdos y crueles para el entrenamiento de los nuevos reclutas ¿Qué esperaba? ¿Qué por manchar sus espadas de sangre con prisioneros se convertirían en grandes guardabosques? ¿En grandes guerreros? Era absurdo al igual que el hombre de donde provenían dichas ideas.
"Calma Sam, no vas a luchar me asegurare de ello, esto es una tonta idea" Y realmente lo era, se levanto en silencio, dejando atrás sus tareas y labores en aquel lugar, no es como si alguien notara que este lugar estuviera mas sucio de lo que siempre estaba.
Iría hablar con el comandante Mormont, el claramente podría decir algo, así que, seguido por su amigo, abandonaron las barracas y caminaron en silencio hacia la torre del comandante, esperaba que el viejo Oso pudiera atenderles, pero el hombre estaba últimamente consumido por la fiebre.
Subieron las escalas en silencio, cuando llegaron a la puerta para su desgracia había otra persona haciendo guardia.
"Hank" Le saludo cordialmente, pero solo recibió una mirada fría por parte del hombre cuya barba llegaba casi hasta su cintura.
"¡Bastardo!" Le dijo con desprecio y Jon intento no mostrar la rabia que esto le causaba. Era un titulo que no merecía, era injusto, pero guardo su coraje internamente.
"Necesito, hablar con el Lord comandante"
Pero no recibió una respuesta afirmativa o que le satisficiera, en vez ello Hank comenzó a reírse con fuerza, en todo momento mantenía su mano en la empuñadura de su espada.
"¿El lord comandante? Se encuentra enfermo, lo sabes perfectamente bastardo, no tiene tiempo para atender alguien como tú" Podría derrotarlo pensó Jon, si lo pensaba podría incluso derribarlo, sin necesidad de un espada podría derribarlo. Pero Sam puso su mano sobre su hombro dándole entender que lo mejor era que se callara.
Entonces ambos se marcharon, sin poder hacer nada más, solo eran dos hermanos de la guardia, entre tantos violadores y asesinos de los que estaba repleto este lugar.
IV
Jon se dirigía esa noche como tantas otras a hablar con Aemon, le ayudaría en su biblioteca, buscarían mas formas de como despertar a los dragones – Cualquier alternativa a la que tenían – No quería recurrir a esto, puesto que sacrificar una vida era algo que claramente no podría estar de acuerdo.
"¡Bastardo!" Escucho un grito cuando iba a mitad del camino, pasando por los patios de armas, volteo su mirada para ver con desagrado a la persona que le llamaba, Alliser nuevamente se le acercaba, con una sonrisa de triunfo en su rostro, parecía que aquel hombre por alguna extraña razón disfrutaba atormentarlo.
"¿Necesita algo mi señor?" hablo con voz calmada y controlada, intentando controlar su odio hacia aquel hombre.
"Así es Bastardo, quiero que vayas a las celdas y vigiles a los prisioneros" ¿Ser un carcelero? Algo no le gustaba de esto, sonaba una trampa o claramente mañana lo iba a culpar de algo.
"Solo soy un mayordomo, no creo ser la persona adecuada" No tenía ningún interés o gusto por quedarse toda la noche en las frías celdas vigilando a tres individuos que serian asesinados al día siguiente.
"Harás lo que te ordeno, bastardo, no debes olvidar cual es tu lugar, ahora iras y mañana te esperaré a primera hora para que limpies las barracas, me asegurare que esta vez lo hagas" Claro, porque el hombre parecía tener un tercero ojo para vigilarle.
"Como ordene" Hablo en voz baja, al menos cuando su tío Benjen estaba en el castillo ese idiota, tenia un mayor control de su desprecio a su persona.
Pero esto podría ser provechoso, camino en silencio a la armería le explico al armero sus nuevas ordenes y el maestre de armas le entrego una vieja espada, no dijo nada más.
Tomo las llaves de la prisión, y noto que esa noche en aquel cambio de turno estaba solo en las celdas; Pues claro pensó, le daban dicha tarea solo a él, Jon comenzó a pensar en los motivos, de seguro Hank le dijo Alliser que iba hablar con el Lord comandante.
Mientras caminaba por las celdas, noto por primera vez a los tres prisioneros. Eran dos hombres y una mujer, no le llamaron la atención hasta que vio aquella chica, era hermosa no lo negaría, su cabello era cautivador y parecía mirarle con desafío, con odio. Los demás parecían sencillamente ignorarlo.
"¡Cuervo!" Dijo con odio mientras escupía con fuerza a sus pies. Jon alzo sus cejas con intriga por ese comportamiento, suponía que debería estar ofendido, le habían dado peores tratos pensó con cierta molestia en ese momento.
"No soy un cuervo, me faltarían las alas y el pico, aunque me vista de negro dudo que eso me haga volar" Comento con la voz agria, para su sorpresa a su lado uno de los prisioneros masculinos soltó una suave carcajada.
"Ahora lo he visto todo, un arrodillado con un buen sentido del humor" no pudo evitar dar una leve sonrisa traviesa en ese momento.
"¿Te crees gracioso? ¿Por qué no me sacas de aquí y te mostrare algo mas divertido?" Esa muchacha le recordaba mucho alguien más, y su sonrisa aumento con fuerza en ese momento, se acercó levemente a las celdas.
"¿Cómo te llamas muchacha?" Y ante esa ultima palabra los otros dos hombres soltaron una fuerte risa por aquel trato.
"Yo soy Ygritte no soy una muchacha, soy una mujer de acero"
"Esta bien mujer de acero, yo soy Jon soy el mayordomo del castillo negro"
Y luego de eso Jon se alejó, continuo con su guardia hasta el amanecer, cansado, agotado, deseoso de dormir, pero siempre con un leve pensamiento.
Tenia un plan, un loco plan.
V
Tal como Alliser prometió hizo su mañana miserable, no le dejo dormir o descansar, se encargo que pasara las primeras horas de la mañana limpiando nuevamente las barracas, durante la tarde escucho que iban a practicar combate real. Significaba que iban a poner a luchar uno de los salvajes.
Y así fue.
Llevaron al patio aquel hombre que la noche anterior se rio de su comentario, era calvo y feo pensó Jon, le dieron una espada de madera, y aun así consiguió golpear a los nuevos reclutas lo suficientemente bien, los golpeaba, tiraba al suelo y llego a lanzar a un par de estos. Dejo de pelear con su espada de entrenamiento y luchaba con sus manos.
Eso no evito que al final dos hachazos de un jovencito, un hombre que fue capturado en Desembarco del Rey por asesinatos, consiguiera acabar con su vida.
Jon no dijo nada, solo observo, mientras miraba de reojo la torre del Lord Comandante, en momentos como estos en verdad se necesitaba al viejo oso.
Esa noche aprovecho que Alliser no lo envió hacer guardia de nuevo, quería leer, pero nuevamente se quedo dormido en la biblioteca de Aemon.
Este no le dijo nada, no comento, ni siquiera tuvieron una charla; algo estaba pasando por la mente de su tío, y Jon se sentía algo nervioso por ello.
"Aun quedan dos prisioneros" Le hablo a la mañana siguiente, fue lo primero que dijo, mientras Jon organizaba la biblioteca esperando que Sam viniera ayudarle.
"Así es"
Una leve mirada de Aemon fue suficiente para que Jon pensara que acaba de descifrar un descabellado plan que había estado caminando por su mente.
"Son salvajes" comento como si eso lo dijera todo.
"Pero conocen las tierras más allá del muro"
Si eso era cierto, pero era demasiado riesgoso pensó.
"Me cortaran el cuello"
Esa idea no le agradaba para nada, no era de su gusto ni siquiera en los mínimos detalles.
"Te cortaran el cuello si te quedas, o tu terminaras cortándoselo alguien, tienes una gran habilidad para hacerte enemigos"
Eso era cierto pensó Jon, pero aun así la idea seguía sin gustarle.
Ese día murió el segundo prisionero, fue atravesado por cuatro lanzas de los nuevos reclutas que parecían tener cierto gusto por la violencia se dijo así mismo Jon.
VI
Esa noche Jon estaba observando en silencio a los hermanos comiendo, bebiendo como si nada malo estuviera pasando en esos últimos días. Sam parecía mas nervioso puesto que mañana su grupo se le había asignado luchar, se preguntaba qué pasaría con su amigo si decidía simplemente marcharse.
Que pasaría con su tío, el viejo Aemon ¿Podría dejarlo solo? Sinceramente cuando se llegaba al momento de la verdad se dio cuenta que no estaba tan desprendido de las personas y tan decidido hacer lo que fuera necesario.
No comió esa noche, no tenia ánimos para ello, pero si para ir a la cocina, aprovechar que la mitad de los encargados estaban con el resto de la Guardia haciendo una estúpida competencia de bebidas.
Esta es la gloriosa guardia de la noche pensó Jon.
Tomo los suministros que pudiera cargar por si mismo, algo de carne seca y dura, igualmente que el pan y el sin hablar del queso mal oliente. Los nabos no eran de su gusto, pero era mejor esto que morir de hambre, fue entonces que se detuvo y se dio cuenta de lo que estaba haciendo.
Parecía ser que tomó la decisión de por fin actuar.
Nadie le dijo nada, tampoco le cuestionaron, no era la primera vez que tomaba cantidades de comida llamativas y cuando le preguntaron un par de veces simplemente dijo que era para el maestre Aemon – Y ello era la verdad – Al menos en aquellos momentos, ahora era totalmente lo contrario, estaba mintiendo tajantemente en la cara de muchos.
Camino en silencio, subió los escalones y llego a la biblioteca que también eran las habitaciones del Maestre.
"¡Te he estado esperando!" Le dijo, a su lado estaba Sam quien parecía estar con los ojos lloroso y queriendo decirle algo.
Había un gran saco, mas grande del que llevaba sus suministros.
"Los necesitaras, no olvides las palabras de nuestra casa y nuestra familia" Jon se acerco al saco, lo agarro y supo lo pesado que era, eran los huevos que Brynden había reunido durante todos esos años, intercambio una mirada con Sam que parecía querer decirle algo pero el Maestre Aemon lo evito poniendo suavemente sobre la muñeca de Sam y este entendió el mensaje, Jon quería despedirse, decirle algo a su buen amigo pero al final solo eran palabras que no servirían de consuelo.
Entonces abrazo con todas sus fuerzas a Aemon, toco su hombro como ultima despedida y tomo el saco sin voltear atrás y caminó.
"Cuando llegues al árbol de los dioses solo tienes que escarbar un poco y encontraras el ultimo tesoro de Brynden" Jon asintió o al menos dio esa impresión ya que en ningún momento volvió a mirarlos
