Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen, son de J.K. Rowling. La historia tampoco me pertenece, es de tweety-src-clt9 y fue beteada por Julietta Regneey.
xxx
Caminaba por los pasillos del Ministerio de Magia con una ajustada falda tubo y zapatos de tacón, para recordarles a todos sus raíces muggles. Odiaba cómo se pavoneaba y les mostraba a todos los demás que ella controlaba las cosas. Odiaba que, aunque pronto celebraría su cuadragésimo cumpleaños, todavía mantenga su perfecta y curvilínea figura. Genial... Hablando de su cumpleaños, tendría que pensar en un regalo y en cómo podría hacérselo llegar de forma anónima. Odiaba guardar ese secreto. Ese secreto que lo acosaba desde Hogwarts...
Odiaba a Hermione Jean Granger.
Princesa de Gryffindor.
La perfecta Prefecta.
La bruja más brillante de su generación.
La chica dorada del mundo mágico.
Odiaba que después de todos estos años, todavía estaba secretamente enamorado de ella.
Odiaba el hecho de que, para él, ella siempre sería una Granger. Porque nunca aceptaría el hecho de que se casó con Harry Potter.
La primera vez que la conoció, ella era una cosita flacucha de cabello tupido, con ojos marrón, ojos que lo atraparon desde que los vio. El color del chocolate fundido era completamente opuesto a mis tormentosos orbes grises. Ella entró en mi compartimento del tren, estaba buscando al sapo de Longbottom. Estuve a punto de presentarme cuando ella empezó a parlotear sobre ser una nacida de muggles y como heredero de la Casa Malfoy, solo había una cosa por hacer, tendría que darle una muestra de la característica burla aristocrática de los Malfoy. Fui criado para creer que los sangre sucia como ella eran una completa pérdida de aire. Si tan solo hubiera sido lo suficientemente valiente como para no escuchar a mi padre, tal vez… Solo tal vez… Podríamos haber sido… Algo. Cualquier cosa...
Todos los días, ella les demostraba a todos los fanáticos sangre pura lo brillante que era. ¡Ella era la prueba viviente de cuán equivocadas estaban las ideologías de los sangre pura! Y la odiaba por eso. Ella era una contradicción andante de los principios de mi prestigiosa familia. Pero mis ojos no podían despegarse Hermione. Me sentía atraído a ella como la polilla a la luz...
¡Y luego ella hizo la cosa más molesta de todas! Comenzó a seguir a Potter y a su idiota compinche Comadreja por todo el maldito castillo. Potter, quien rechazó mi oferta de amistad. San Potter, el puto "Niño-Que-Vivió", el perfecto icono de todo lo que era bueno y heroico. El perfecto Potter que ante los hermosos ojos marrones de Granger nunca se equivocaba.
Pasé mis años en Hogwarts enfrentándome al trío de Gryffindor. Todos pensaban que hacía eso para molestar a Potter. Nadie sabía que me gustaba meterme con ellos solo por Hermione. La forma en que sus ojos se iluminaban con furia, su cabello ondeaba con magia y sus mejillas se coloreaban como una rosa en flor...
Nunca entendería por qué alguien tan inteligente podía tolerar la idiosincrasia de Potter y su mascota Comadreja. Si, salió con Viktor Krum, pero al menos él era un sangre pura. Y más importante aún, el búlgaro fue el segundo mago en notar el hecho de que ella era una mujer. Fue el segundo, porque yo fui el primero... Entonces, ¿por qué siguió y se casó con Potter? Realmente no lo comprendía...
Y aquí viene de nuevo. Toda remilgada, correcta y absolutamente hermosa.
Ella debería haber sido mía.
Hermione Malfoy sonaba un millón de veces mejor que Hermione Potter.
Le habría dado el mundo.
La habría adornado con joyas.
Le hubiera dado todos los libros que quisiera.
Pero no... Porque ante sus ojos nadie podría compararse con Harry Potter, el chico dorado.
Supongo que podría llamarlo una pequeña victoria que ella no se casara con esa estúpida comadreja. Porque si se hubiera casado con ese perdedor, me habría ahorcado. Alguien tan brillante no debía terminar con alguien tan lamentable y tan simple. Además, la Comadreja era tan pobre como una rata. No podía ofrecerle nada digno de una princesa como ella.
Odiaba el hecho de que incluso la Comadreja tuviera una pequeña parte de su corazón, como su mejor amigo. ¿Qué tenía ese pelirrojo?
Bien... ¡Ronald Weasley, Harry Potter y Hermione Granger formaban el maldito Trío Dorado!
¿Cómo demonios Potter y la Comadreja tuvieron tanta suerte de tener a alguien como ella en sus vidas?
De acuerdo... Potter mató al Señor Oscuro. Era valiente y un gran héroe. Al menos eso hay que admitirlo, San Potter se merecía la atención de la diosa de ojos chocolate.
¿Pero la Comadreja? ¿De qué hablaban? Él solo piensa en comida. Y ella era tan brillante y su mente estaba llena de tantas cosas emocionantes. ¡Ella era la maldita Ministra de Magia por el amor de Merlín! ¿Entonces por qué? ¿Por qué sufrir con los inútiles comentarios sin sentido de la Comadreja? Si tan solo me diera cinco minutos de su día, podríamos hablar de tantas cosas interesantes...
Odiaba cómo ella siempre tenía el control. Tan poderosa y tan dominante que cada miembro del Wizengamot se callaba con solo una mirada de ella. Pero toda esa fachada de fortaleza se derrumba tan pronto veía a su amado esposo...
—¡Harry!
Odiaba escuchar la alegría en su voz. Claramente se podía detectar el amor en su voz, tanto que me daban ganas de vomitar.
—¡Hola, amor! Estas son para ti —le susurró al oído el hombre que yo más odiaba. Le entregó un ramo de lirios.
—Tienes un corte en el labio. ¿Qué te pasó?
La preocupación en su voz fue como un puñetazo en mi estómago. ¿Por qué tenía que amarlo tanto? ¿Por qué lo miraba como si fuera el centro de su universo?
—No es nada —murmuró Potter.
—Ya está. Mejor ahora —ella besó amorosamente los labios de su marido.
—Tus besos siempre me hacen sentir mejor —el esposo envuelve un brazo alrededor de la cintura femenina. Estaba a punto de acercarla más cuando decidí interrumpir el "oh tan dulce momento".
—Este es el ministerio. No un hotel. Qué escandaloso —digo con mi característica voz fría.
—¿Qué estás haciendo aquí Malfoy? —Potter respondió.
—Solo estaba caminando. No es como si hubiera soñado con verte, Potter —mi voz sonaba arrogante. Era tan difícil verla y saber que nunca sería mía. ¿Pero verlos juntos? Eso era un nivel completamente infernal de dolor.
—Harry, vámonos —ella toma la mano de Potter y se aleja.
—Nos vemos, Granger —la miro directamente a sus ojos marrón chocolate.
—Buen día, Malfoy —responde ella, arrastrando a su marido.
—Odio a ese idiota —dice San Potter.
—Harry, cálmate. Si no lo haces, no cumpliré con mi promesa —ella amenazó.
—¿Qué promesa? —pregunta el idiota.
Ella se inclina más cerca, acariciando el brazo de su marido. Probablemente le esté susurrando la promesa de hacer el amor apasionadamente en su cama.
—Está bien, me comportaré —el bastardo más afortunado del mundo mágico sonríe.
¡Oh, cómo me gustaría poder abofetearlo!
—No sé por qué no has superado los problemas de tu infancia con Malfoy —su voz se entremezcla con diversión.
—Oh, lo superé. Me resulta tan molesto que nunca te llame Potter. ¡Maldita sea, amor! Has sido una Potter durante diecisiete años. No sé si es solo un idiota o solo le gustas —dice Potter con amargura.
Ah, entonces Potter no es tan despistado después de todo.
—Te amo Harry James. A nadie más. Solo tú.
La sinceridad en su voz es como una puñalada directamente a mi corazón.
—Te amo, señora Potter. Vámonos a casa. Tengo la intención de que cumplas tu promesa.
El fuego en los ojos de Potter mientras casi arrastraba a su risueña esposa hacia la red flú me recuerda todo lo que he perdido.
Si tan solo no existiera la estúpida supremacía de sangre pura...
Hermione Granger habría sido mi amiga.
Ella habría estado en Slytherin conmigo.
Le hubiera dado el mundo.
La tendría en mi cama como la señora Malfoy.
¡Pero no! Debido a mi padre, al Señor Oscuro y mi falta de coraje, tengo que ver a la mujer que amo con mi némesis todos los días en el trabajo. ¿Por qué no podían ser todos los días sábado y domingo? De esa forma, nunca tendría que verla con él. Con sus viscosas manos envueltas por lo que debería haber sido mío.
Mientras la pareja dorada desaparece entre las llamas verdes, les susurro mi secreto más profundo...
—Te amo Hermione Granger.
Me doy la vuelta y me dirijo a la oficina de un intolerante miembro de Wizengamot. Tenía que sobornarlo, ya que era un obstáculo para la aprobación de la nueva ley de elfos domésticos que presentó mi Hermione. Siempre la amaría desde lejos y ella nunca lo sabrá.
Odiaba estar enamorado de la chica de Potter.
FIN
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Notas: Mis dos OTP. Me dolió hacer sufrir al pobre de Draco.
Naoko Ichigo
