Fujimaru
Una voz llama, es distante pero no lo suficiente para ser ignorada, es una pequeña palabra tan dulce como la miel. Es por esa voz que comienza a recuperar sus sentidos poco a poco, como si antes de escucharla estaba simplemente flotando en un espacio blanco sin forma, por esas pocas silabas comienza a sentir la suave tela de un vestido blanco que abraza su figura y choca contra sus piernas, la cerámica fría que descansa sobre la palma de su mano mientras sostiene una vasija precariamente. A su alrededor hay paredes de colores sucios, marrones cuidadosamente pintados con adornos azules y celestes, dibujos en blanco y dorado hechos en relieve sobre las fuertes paredes hechas de piedra que parecen estar preparadas para durar una eternidad si es necesario.
Avanza paso a paso, sus pies desnudos arrastran sobre el áspero suelo generando un siseo que se pierde en los enormes pasillos del antiguo lugar. Vuelve a escuchar esa voz que la tiene en trance, esta vez más cercana, se asoma por el marco de un robusto marco hecho del mismo ladrillo, sobre este descansa un símbolo que ha visto antes en numerosas oportunidades, una estrella de abundantes picos apuntando en todas direcciones.
- Fujimaru – Esta vez le habla de una manera más presente, si antes su voz tenía una forma más espectral entonces ahora suena a un alegre canto humano.
No mira a la habitación, no lo hace en detalle pero incluso así puede notar que está minuciosamente decorada en todas las paredes hasta en las dos columnas a ambos lados.
Mantiene su vista en el único mueble allí, un diván de madera oscura finamente tallada, brillante incluso bajo la penumbra que causa tanta pared de piedra, el colchón se alza apenas a unos centímetros del suelo dejando a la aparentemente frágil figura sobre él como si flotara de lado apenas sobre la cintura de un adulto promedio, tanto este como el cojín son de un color vino con una trama muy rica en detalle que no puede descifrar incuso estando más cerca gracias a la distracción que le produce la dueña de la voz. Una capa de fino velo blanco cubre su habitual traje de colores contrastantes y la convierte en un borrón de color claro adornado por una larga mata de pelo con un color que imita a una feroz parvada de cuervos.
Fujimaru queda inmóvil cerca de la puerta, temiendo que con sus pies desnudos haga ruido y la espante como si de un ciervo salvaje se tratara, solo quiere volver a escuchar su voz una vez más llamando su nombre mientras se fija en su figura ondulante crecer y decrecer con suspiros relajados.
- Fuji – Finalmente la chica voltea revelando sus dos ojos color rojo, su rostro delicado enmarcado por aquel cabello tan inusualmente oscuro – Ah, estás aquí –
Está ahí, si, esas dos palabras vuelven a traerla a la realidad… o a la extraña copia de ella en la que se encuentra ¿Dónde es que está? ¿Qué es 'aquí'? Mientras se pregunta la joven diosa sonríe cada vez más, el rostro de una mortal haciéndose preguntas tan cruciales debe ser algo que disfruta desde tiempos remotos.
- ¿Qué es esto? – Pregunta de manera apurada la pelirroja.
- Agua – Responde ella aún más rápidamente – Para tu diosa. No es que la necesite pero me gusta la sensación –
Su mirada se fija en la jarra que, inconscientemente, Fujimaru ha estado sosteniendo todo este tiempo. Ciertamente el ruido del agua danzando en círculos mientras caminaba por el pasillo debería haberla percatado de ello pero no quiso soltarla, tal vez seguía bajo el trance impuesto por esa voz tan hermosa y sintió la necesidad de acatar la orden que nunca se dio, incluso ahora cuando su diosa levanta una copa dorada en el aire tiene que luchar contra el instinto de ir a llenarla inmediatamente.
Al menos la deja esperando unos segundos antes de hacerlo, la fuerza a agitar el vaso de lado a lado.
- ¿Dónde estamos? –
Inclina la vasija lentamente y el agua vierte en la copa, el sonido le seca los labios, no había notado el calor que hace allí hasta ver esa copa llena, espera a apartar su rostro para relamerse los labios. Una vez hecho esto se aferra a su confiable ánfora con fuerza y la inclina sobre sus propios labios para dar un sorbo ella misma, el peso la toma por sorpresa y termina por derramarse sobre su propio rostro, el agua corre por sus mejillas hasta caer deslizando por su cuello.
- Este es mi templo, lo sabrías si te fijaras en los adornos – La diosa dice casi como si la hubiese ofendido, ni llega a tomar su agua antes de notar la grácil demostración de la joven maga – Eres toda una dama, Fujimaru –
Levanta una mano y limpia su barbilla de líquido intentando disimular pero solo logra verse peor.
- Me refiero a… donde estamos – Aclara - ¿Es un sueño o una singularidad? –
- ¿Importa? –
- Un poco -
Nota a Ishtar algo molesta cuando pregunta más directamente, los ojos rojos se apartan de ella y la mueca de disgusto desaparece tras el borde dorado de la copa unos momentos.
Si esa es su reacción entonces ella tiene algo que ver, no hay duda.
Al menos si esta ilusión es a causa de ella entonces no debe preocuparse por un posible problema, solo su autoridad divina actuando a través de una ilusión onírica.
- Estamos en mi templo ahora, tú no eres quien para preguntar de esa manera –
Suena que está exagerando, ella no se molesta en mirar a Ishtar directamente sino que se vuelve hacia el gran ventanal frente al diván, sirve como entrada y salida al balcón del templo que debe poder mirar sobre toda la ciudad desde la elevación del lugar. Desde allí arriba ve la magnífica ciudad de Uruk, extendiéndose en todas direcciones frente a sus ojos, el templo rodeado por unos grandes jardines primitivos llenos de color mientras que el resto de la ciudad destaca por su arquitectura ruda pero hermosa, edificios grandes con techos planos llenos de picos, paredes azules ostentando diseños de monstruos mitológicos, murallas orgullosas erigiéndose tan alto que es difícil ver hacia afuera donde el desierto brilla como si de arena dorada se tratara. Es fácil imaginarse que reina sobre todo el territorio desde allí, incluso la ostentosa zigurat, palacio del rey sumerio, parece pequeña e insignificante construida en otro patio a través de murallas rectas.
Es mucho, lo suficiente para que tiemblen sus piernas, dos manos se apoyan en sus hombros mientras ella se acerca volando por detrás. Escucha su risita orgullosa, no necesita elogiarla, le basta con ese rostro de asombro al mirar la ciudad que miles de personas han construido en su honor.
- Aquí, donde soy alabada, tu puedes reinar a mi lado – Sus dedos presionan los hombros de su invocadora – Siempre y cuando seas mi ayudante personal –
- ¿No son esas cosas opuestas? –
- Por eso te quiero aquí, eres la única que dice lo que piensa sin miedo a mí –
- Se me ocurre otra persona que hace eso… -
La diosa vuela frente a ella, su cabello negro brillando bajo la intensa luz del sol - ¡La primera regla será el no mencionar a ese hombre! – Le apunta con su dedo acusatoriamente en un repentino ataque de enojo.
No espera mayor respuesta que una risita y, por eso, Fujimaru toma la iniciativa, toma la mano de su diosa más bien y la acerca a su rostro donde puede darle un suave beso, la manga negra que cubre su completo brazo izquierdo impide que haga contacto con su piel, a falta de un anillo que besar eso debe ser lo segundo mejor, Gudako ni siquiera sabe si esa es la correcta manera de hacerlo pero su confianza es suficiente para que funcione. Ishtar la observa, sus ojos color rubí agrandados hasta verse más como dos manzanas maduras.
- Entonces espero servirle adecuadamente, mi diosa –
- Claro – La chica sumeria aparta su mano y su mirada – S-sabía que aceptarías, después de todo, no tienes opción –
Realmente Fujimaru no sabe dónde está pero tampoco detecta maldad en la diosa, si esto es una especie de sueño controlado, después de todo, no lo ve malo que se prolongue un poco más de lo que debería, si Da Vinci estuviera allí la regañaría pero la verdad es… que le gusta verla feliz. Es una diosa, Ishtar en específico, necesita ser adorada y, tal vez, la ha traído allí para tener un pequeño empujón después de tanto tiempo en el mundo mortal.
Por ahora disfrutará de las vacaciones, aunque estas sean llenas de acarrear agua y hacer muchas reverencias.
Urano
Cambios desprevenidos, rebelión, excentricidad.
