Título: La existencia de un alma gemela.
Advertencia: En este Fanfic encontraras romance, drama y acción, pero cuidado también contendrá lemon un poco explícito, no apto para cardíacos, si te gusta disfrutalo. P. D: tardará un poco en aparecer.
Está demás decir que ninguno de los personajes me pertenecen, son de Kishimoto-sama.
- Diálogos -
-"Pensamientos"
Recuerdos
(…) cambio de tiempo, lugar o escena.
Capítulo 1: Piloto.
Los Hyuga siempre fueron una de las familias más exitosas, adineradas y reconocidas de todo Corea o al menos así fue hasta ese día.
Hiashi Hyuga se encontraba en la oficina más grande y lujosa de toda la empresa. No podía creerlo, se encontraba completamente perplejo, boquiabierto y furioso, él siempre fue un hombre cuidadoso con cada uno de los pasos que daba, no lograba entender cómo y cuándo sucedió, su mano derecha y amigo (como siempre lo considero) Tokuma Hyuga le había jugado sucio; pero claro ahora lo recordaba, la confianza que él había depositado en su ahora enemigo Tokuma habían hecho que le firmara papeleo supuestamente de rutina sin siquiera leerlo y gracias a eso el ahora ex dueño de la empresa Hyuga y sus dos hijas se encontraban en la ruina, había perdido tanto su empresa como el futuro y por venir de sus dos amadas hijas.
- Eres un maldito traidor Tokuma Hyuga. - le grito Hiashi apretando los puños en un intento de controlar las ganas de moler a golpes a ese hombre un poco más joven que él, pero no, Hiashi Hyuga no se rebajaría al nivel de un traidor.
- Vamos Hiashi, solo estoy tomando lo que me pertenece. - se escuchó en un tono descaradamente burlón de ese hombre llamado Tokuma – No sé qué fue lo que hiciste para para convencer al hijo de Hizashi Hyuga que eras inocente de su muerte, pero muy bien sabemos los dos que tú fuiste su asesino y tarde o temprano lo demostraré - dijo apuntando con el dedo a Hiashi – Hizashi Hyuga era lo más parecido a un padre para mí y en su tumba jure que lo vengaría. Y el primer paso para su venganza ya ha comenzado y fue arrebatarte tu amada empresa. – dijo el hombre con una mirada retadora.
- ¡Maldito infeliz! – grito Hiashi con los puños aún cerrados.
- Y el siguiente paso consiste en esas dos preciosas joyas que tienes por hijas – dijo Tokuma con una sonrisa ladina.
- A mis hijas ni se te ocurra meterlas en esto maldito bastardo. – dijo Hiashi sujetando del cuello de la pulcra camisa blanca de aquel hombre sin poder contenerse más.
- Será mejor que te controles porqué se exactamente en donde se encuentran ahora mismo esas bellas joyas – soltándose del agarre, advirtió a un descontrolado Hiashi – y será mejor que te vayas ahora mismo, por qué no tienes nada más que hacer aquí, está ya no es más tu empresa, asesino. – dijo dándole la espalda a un enfurecido Hiashi Hyuga.
… … …
Mientras Hiashi conducía su lujoso auto juro que recuperaría su empresa, por el amor de su esposa muerta y sus dos hijas que lo haría, pero debía ser astuto lo mejor en esos momentos era irse a casa, aún en su auto, llegó a la conclusión que lo mejor era irse del país, debía proteger a sus hijas, no podía correr el riesgo de que el malnacido de Tokuma cumpliera sus palabras y pensara siquiera en ponerle una mano ensima a una de sus hijas.
Al llegar a casa se dirigió directamente a su despacho y abrió la caja fuerte donde por fortuna tenía dinero para alguna emergencia, no era mucho pues toda su fortuna se encontraba en las cuentas de banco que ahora no le pertenecían más, pero si era lo suficiente para sacar a sus hijas del país. Por su mente pasó el comunicarle a su único sobrino Neji Hyuga lo ocurrido, pero así como lo pensó desecho esa idea, no, no podía confiar en nadie, absolutamente en nadie, sobre todo con las cosas como estaban por ahora y no estaba seguro si Neji estaba al tanto de todo esto o si era parte de este retorcido plan pues recordó que hubo un tiempo en el que Neji lo detestaba tanto a él como a sus hijas, en especial a la mayor.
- Padre, ¿Qué haces en casa? ¿Hay algún problema? ¿Nunca regresas a casa tan temprano a menos que exista algún problema? - dijo una muchacha con una cara de asombro - ¿Es grave? Papá ¿Qué pasó?
- No hay ningún problema Hanabi, pero saldremos de viaje, así que empaca en una maleta todo lo necesario para partir ahora mismo y dile a tu hermana que haga lo mismo – ordenó Hiashi al momento de guardar los fajos de dinero que sacaba de la caja fuerte en un pequeño maletín – y no le menciones a nadie, escúchame bien Hanabi a NADIE que saldremos de viaje.
- Pero padre, salir de viaje así tan de…
- Obedece Hanabi – interrumpió Hiashi.
- Y se puede saber al menos ¿a dónde vamos? ó ¿Cuánto tiempo?, estamos a mitad del ciclo escolar – insistió la chica.
- A Japón, date prisa y no preguntes más. Y recuerda no le menciones a nadie.
La chica Hyuga salió del despacho de su padre sin decir nada más aunque se muriera de la intriga, sabía que sí, había un problema y debía ser grave como para salir casi huyendo del país, pero sabía también que su padre no se lo diría, así que solo se dedicó a hacer lo que su padre le había ordenado y en menos de cinco horas, los tres Hyugas se encontraban en un avión con destino a Japón.
- Padre no entiendo por qué tomaste una decisión como esta sin consultarnos, la verdad es que no me agrada mucho la idea de ir a Japón – dijo una berrinchuda hija menor – he oído que Japón no es tan grandioso como se dice.
- Solo es algo que tenemos que hacer, así que espero una buena actitud de unas honorables Hyuga. ¿Tú entiendes verdad? – pregunto Hiashi dirigiéndose a su hija mayor recibiendo un asentamiento con la cabeza por parte de ella – es lo menos que espero de ti – mencionó finalizando la conversación y lo que restaba del viaje los tres Hyugas permanecieron en completo silencio.
… … …
Una vez en Japón, los tres Hyugas abordaron un taxi que los llevaría a su destino, uno muy conocido para él mayor y desconocido para la ojiperlas.
- Ahsss no sé por qué tanto misterio, y ahora ¿A dónde nos dirigimos? ¿Vamos a un hotel?, espero que al menos sea bueno– interrogó una exasperada Hanabi.
- Nos quedaremos por un tiempo en casa de una familia amiga de los Hyuga – mencionó Hiashi recordando la llamada que realizó a su amigo antes de partir a Japón.
Ambas chicas se miraron extrañadas, pues no recordaban que su padre tuviera amistades en Japón, ni siquiera recordaban que su padre hubiese viajado a Japón anteriormente, ni siquiera por negocios, siempre evito involucrar sus negocios en Japón, cosa que nos les había parecido para nada extraño a las hermanas hasta ahora.
- "Quizás sean amigos de juventud"- pensaron al mismo tiempo ambas chicas, mirándose pero sin decir nada, en realidad se conocían muy bien como para poderse comunicar en ocasiones sólo con la mirada.
… … …
Tres Hyugas se encontraban parados con maletas en mano frente a una gran mansión. Ambas chicas abrieron sus aperlados ojos con gran asombro al ver lo grande, lujosa, bonita y con aura armoniosa que era la casa, muy parecida a las suya, por cierto. Hiashi llamó a la enorme puerta que enseguida fue abierta por una chica de servicio que al verlos hiso una reverencia invitándolos a pasar.
- Sean Bienvenidos. – dijo la chica de aproximadamente 35 años, al momento en que los Hyugas entraban a la enorme mansión.
- ¿Cuánto tiempo Hiashi Hyuga? – dijo un hombre que acababa de hacer acto de presencia.
- Lo mismo pienso Fugaku Uchiha. – dijo Hiashi con una disimulada sonrisa.
- Pero qué dices Hiashi si no mal recuerdo fuiste tú el que se fue hace tanto tiempo – dijo el hombre de cabellera y ojos negros al mismo tiempo en que ambos hombres reían – y quiero suponer que estas dos hermosas chicas son tus hijas – dijo mirando a ambas chicas.
- Es un placer – se oyó en unisonido por parte de ambas chicas al momento que hacían un reverencia al amigo de su padre que este respondía de igual manera.
- Que bien has educado a tus hijas Hiashi – dijo Fugaku al momento que dirigía a sus tres invitados a la sala de estar donde ya aguardaban tanto su esposa como sus dos hijos varones. La esposa de Fugaku Uchiha reconoció de inmediato a Hiashi y haciendo una reverencia lo saludo.
- Pero que sorpresa Hiashi. ¿Cuánto tiempo? ¿Ellas son tus hijas? – mencionó la esposa de Fugaku acercándose a las chicas – son hermosas, se parecen tanto a su madre – sonrió dulcemente a las chicas acariciando sus mejillas - ¿Cuáles son sus nombres? – preguntó a las jovenes Hyuga
- Hanabi Hyuga – dijo la menor haciendo un pequeña reverencia – "¿Pero cómo es posible? ¿Quiénes son estas personas? ¿Conocen a mi padre y por lo que parece conocieron a mi madre también? ¿Qué está pasando? Esto parece un sueño, sólo que no se si bueno o malo".
– Hinata Hyuga, es un placer – dijo la mayor haciendo una reverencia con un pequeño sonrojo en las mejillas – gracias por su hospitalidad.
- El placer es mío linda. Yo soy Mikoto Uchiha y ellos son mis hijos – dijo la mujer dirigiendo su mirada a los chicos que se encontraban frente a ellas – él es Itachi Uchiha mi hijo mayor – señalo al chico de la izquierda con pequeñas ojeras marcadas debajo de esos ojos negros y de cabello igualmente negro, largo y sujeto en una coleta baja – y él es Sasuke Uchiha mi hijo menor – señalando ahora al chico de la derecha de cabello cortó, revuelto y con mechones a los lados que enmancaban muy bien su rostro y de ojos increíblemente más negros y más profundos que el primero, ciertamente ambos chicos eran muy parecidos a excepción de sus ojos, ambos podían tener ojos negros tan parecidos al carbón, pero lo que transmitían era completamente lo opuesto, los ojos del primero transmitían gentileza, bondad, agrado, sencillez, simpatía… y los del segundo transmitían rudeza, hostilidad, enemistad, arrogancia, ira… pero lo que si era cierto, es que ambos chicos eran realmente atractivos y muy agraciados.
El mayor solo sonrió a ambas chicas y el menor no movió ni un pelo, parecía muy descortés, solo les dedico una mirada que no trasmitía absolutamente nada.
- Creo que después de todo no será tan malo estar por un tiempo aquí ¿verdad hermana? – susurro Hanabi muy cerca del oído de su hermana para que nadie escuchara lo que acababa de decir, pero para Hiashi era muy claro que lo que le dijo era vergonzoso, pues Hinata no pudo evitar sonrojarse completamente, él conocía muy bien a sus hijas.
- e… es… un p..placer – dijo Hinata con gran dificultad pues estaba realmente avergonzada por lo que su hermana acababa de decir y su vergüenza y sonrojo aumentaron aún más si es que eso era posible, ya que ante aquella actitud, él menor de los hermanos dirigió su mirada hacia la chica y la vio con esos enormes y penetrantes ojos negros y fue así como Hinata sentía como poco a poco perdía el control de su propio cuerpo, su respiración estaba agitada y sus piernas temblaban, de pronto sentía como todo se oscurecía poco a poco, sabía que se estaba desmayando.
- ¡Hinata! ¡Hermana! – fue lo único que alcanzo escuchar antes de que perdiera la conciencia y no supiera más.
… … …
Continuará...
