Un agradable accidente

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Los personajes del "Castillo Ambulante o Vagabundo" son propiedad de Diana Whynne Jones y la animación es obra de Miyazaki. Los cuales tomé prestados para desarrollar las ideas que se formaron en mi imaginación.

Esta historia participa del desafío lanzado por la Pagina #EsDeFanfics. La cual es la décima tercera entrega del #Flufftober.


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Día 13: Hora del baño

Solo quería llegar lo antes posible al baño, solo por eso no les prestó atención a los gritos desesperados de un demonio fuego. Su cuerpo estaba comenzando a tener leves temblores por estar completamente empapado. Su concentración estaba sobre sí mismo, reprochándose ante lo desprevenido que estuvo por verse atrapado por una tormenta repentina que lo alcanzó en pleno trayecto de regreso hacia el castillo.

Después de subir las escaleras con rapidez, exhaló un suspiro de alivio al estar cerca de la puerta de su baño, parpadeó sorprendido cuando al abrirla un denso halo de vapor lo golpeo de lleno, clara prueba que alguien había tenido el atrevimiento de utilizar " SU BAÑO PRIVADO ", algo innecesario cuando con la reconstrucción del castillo se encargó de otorgarles uno particular a cada habitante, evitando así malos entendidos y situaciones incómodas.

—Creí que…—iba a reclamarle, pero guardo silencio impactado ante lo que veía.

La figura femenina de Sophie se encontraba parada al lado de la bañera. No era la primera vez que ambos se encontraban accidentalmente allí, pero su novia no se encontraba limpiando como diariamente lo solía hacer.

«Debo estar soñando, o estoy sufriendo los primeros síntomas de una inminente fiebre» pensó al ver como el vestido azul que usaba, era reemplazado por una toalla diminuta que le permitía contemplar a sus anchas la cremosidad de su blanquecina piel. Suspiró al ver como desde las puntas de las hebras plateadas de sus cabellos, caían algunas gotas que mojaban sus hombros y como estos seguían descendiendo hasta desaparecer en la tela que cubría su pecho.

—¿¡No sabes que se debe llamar antes de entrar!?

El grito femenino, lo hizo despertar de su letargo, con un sonrojo en sus mejillas ofreció una disculpa a medias antes de cerrar la puerta con movimientos temblorosos.

Calcifer contempló en cámara lenta el descenso del joven mago, como sus pasos eran mecánicos, ya que su mirada estaba ida, hasta tomar asiento en la única silla ubicada cerca de la chimenea. Sophie era la que la solía usar en los días que ambos platicaban mientras la mujer debía quedarse cosiendo hasta tarde.

El sonido de puerta de la entrada al ser abierta inundó el silencio que los rodeaba a ambos, Calcifer apenas reaccionó ante la repentina aparición de un agitado Mark, seguido de cerca de su mascota Hin.

—¿Está vivo? —cuestionó al llegar al lado de su maestro, pero este parecía estar en transe.

Lo había visto desde la cueva que encontró para resguardarse del aguacero repentino, intentó gritar su nombre, pero el mago como siempre hizo oídos sordos. Por más que quisiera no logró seguirlo, no deseaba mojarse y ganarse de arriba un regaño de parte de Sophie, con el tiempo que demoró en regresar al castillo, creía que el azabache estaría tomando un baño, pero en cambio estaba sentado y mojado.

—Si lo está, pero creo saber dónde están sus pensamientos—Calcifer comentó con diversión, por algo intentó advertirle que su baño estaba ocupado, ya que el de la habitación de Sophie estaba con una perdida.

«Tal vez así comiencen a tomar en cuenta mis palabras» pensó al recordar como siempre que lanzaba sus opiniones eran cruelmente ignoradas por todos.

Los pensamientos de Howl, permanecían ajenos a la conversación que llevaba a su lado, prefería seguir rememorando la imagen que acababa de presenciar. Solo de recordar a su amada, le era más que suficiente para aceptar que la venda que cubría sus ojos acababa de desaparecer, para dar paso a un deseo que jamás experimento en el pasado.

Haber deseado usar su boca para atrapar cada una de las gotas que caían sobre la piel expuesta de sus hombros, fue suficiente para saber que de ahora en adelante tendría que controlarse para no ceder ante sus instintos que dictaban que la tomará entre sus brazos para encerrarse en su habitación por varias horas consecutivas.

—Fue un agradable accidente—musitó con una sonrisa soñadora. A su lado Mark lo miraba con curiosidad, mientras que Calcifer solo rogaba que cuando ese día llegara, tuvieran la decencia de avisar, pues no quería estar presente durante de ese suceso.