...

-Gueeeee gueeee…

Los berridos despertaron a Ulrich. Aunque seguía siendo de noche, ya se empezaba a intuir un cercano amanecer. Ulrich se rascó su larga mata de pelo castaña mientras se frotaba la tripa, aturdido. No había pasado muy buena noche, por culpa de el atracón que se había dado con la pasta de la cafetería la noche anterior. A Rosa le había quedado muy buena, y por una vez Ulrich engulló más que el mismísimo Odd.

Odd. Ulrich miró a su compañero de cuarto que seguía roncando como si nada. ¿Cómo podía Odd dormirse con música hip-hop a tope y su perro resoplando a su lado, y roncar como si nada?

Pero el ruido que escuchaba no era de Kiwi. El perro también dormía ahora, sin dar el coñazo, para variar.

El ruido provenía de fuera.

-¡Oh!-cuando Ulrich abrió la puerta buscando al causante, se quedó a cuadros. Al principio no había visto nada, pero bajando la mirada se encontró con el causante de aquel escándalo. Era un bebé.

-Gueeeeee…

Estaba envuelto en unas mantas, sobre una cesta de mimbre que no parecía demasiado cómoda. Instintivamente Ulrich se inclinó y lo cogió en sus brazos.

-¿Quién te ha dejado aquí, amiguito?-dijo, cariñoso. El bebé lo miró con los ojos muy abiertos. Eran de un azul muy intenso, Ulrich sintió que se zambullía en el mar con solo mirarlos.

Al coger al bebé en sus brazos, una nota puesta bajo los bracitos del niño cayó al suelo. Aún con él en brazos, Ulrich se inclinó y recogió la nota. La ojeó, curioso.

Lo que leyó le dejó helado.

-¡CALLAOS DE UNA PUTA VEZ!-gritó la voz de un compañero desde una de las habitaciones cercanas. Ulrich apenas lo escuchó, porque estaba conmocionado, con la nota en la mano derecha y el bebé en el brazo izquierdo, aún sollozando.

-¿PERO QUÉ PASA?-ese era Jim. Ulrich volvió rápidamente a la realidad. Reconoció los pesados andares de su profesor de deportes mientras iba recorriendo los pasillos maldiciendo por lo bajo.

Ulrich se metió de golpe en la habitación y cerró de un portazo. No sabía qué iba a hacer con el bebé. Pero sabía que Jim no podía verlo, al menos de momento.

-Sssssssh… calla por favor… no hagas ruido-le pidió Ulrich al bebé, pero este seguía llorando desconsolado. Ulrich se lo acercó al pecho y probó a acunarlo un poco, pero no lo hacía muy bien. Más bien lo estaba agitando como a un batido.

-¡Alguien está llorando como un niño!-la voz de Herb se escuchó en el pasillo. Varios de los chicos habían salido de sus cuartos, pues el llanto también los había despertado y estaban de muy mala uva.

-Vale, muy bien, ¿y quién ha sido el gracioso?-gruñó Jim mirando hacia los lados-la última vez fue lo de la Macarena y ahora lloros de bebés. Me tenéis harto.

-Yo acabo de ver cerrarse la puerta del cuarto de Stern…-indicó Herb malicioso.

-"Me cago en tu madre Herb"-pensó Ulrich, mientras los latidos de su corazón se incrementaban. Escuchó los pasos de Jim acercarse hacia su cuarto.

Había conseguido hacer que el bebé se callara, pero si Jim entraba se pondría a llorar seguro. A su lado, Odd seguía roncando, y Kiwi, que también se había despertado, le miraba a él fijamente, expectante.

-A la mierda…-Ulrich abrió los cajones bajo su cama y en uno metió al crío. En el otro metió a Kiwi, que protestó un poco pero como ya estaba acostumbrado no hizo más ruido.

El bebé seguía callado… ¿por cuánto tiempo?

-¡DellaRobbia! ¡Stern!-Jim entró en el cuarto como una tromba.

-¡Jim! ¡Vas a despertar a Odd!-le dijo Ulrich, fingiendo acabar de despertarse-¿te has vuelto loco?

-No habréis sido vosotros los de los lloros, porque la bromita apesta a Odd-dijo Jim yendo hacia la cama del rubio y acercándose mucho para comprobar si dormía.

-¿No ves que está sopa? ¡Jim! ¡Me has despertado, joder!-le reprendió Ulrich. Jim lo miró con sorpresa, y luego pareció darse cuenta de lo que había hecho mal.

-Bueno sí… perdona. Es que… se han despertado tus compañeros y… bueno, tú sigue durmiendo-le ordenó.

-Si me dejas-respondió Ulrich metiéndose en la cama malhumorado.

Jim iba a cerrar cuando unos chilliditos del bebé se escucharon otra vez. El profesor se detuvo en seco y se giró con el rostro endurecido.

-¿Ulrich?

Él fingió un fuerte bostezo, para taparlo.

-¿Qué pasa?-preguntó con inocencia.

Jim entrecerró los ojos unos segundos, pensando qué hacer. A Ulrich el corazón le iba a mil, pero tenía un gran entrenamiento gracias a sus años en la lucha contra XANA, así que contuvo los nervios y forzó una tranquila sonrisa de indiferencia.

-Buenas noches…-dijo Jim y cerró la puerta.

En cuanto lo hizo, Ulrich saltó de la cama y fue hacia la puerta. Escuchó a Jim mandar a todos a gritos a sus cuartos, y luego asomarse en algún otro para investigar. Cuando se hubo alejado, Ulrich suspiró y abrió los cajones. Kiwi pegó un brinco y regresó al lado de su amo durmiente. El bebé observó a Ulrich con curiosidad. Ya no lloraba, pero parecía asustado.

Ulrich lo observó con atención. Él nunca había visto un bebé tan de cerca: no tenía hermanos, y apenas veía a sus primos pequeños porque sus padres no se llevaban bien. Nunca se había planteado si los bebés le gustaban o no, pero aquel niño le pareció precioso: tenía las manitas rojitas y cerradas en puño, y muy poco pelito, castaño como el de él, con un suave aroma puro e infantil. Su piel era muy suave, y sus mofletes rechonchos se ensancharon en una sonrisa. Estaba sonriendo al mirarlo.

-"Sí que… se parece"-comentó Ulrich, y notó como un escalofrío le recorría la espalda. No, no podía ser… él había tomado precauciones…

El bebé empezó a removerse nuevamente, y Ulrich notó que amenazaba con ponerse a llorar otra vez. Al tocarle las manos, notó que estaba helado.

-"Claro…-pensó el chico-estamos en octubre… se debe haber congelado ahí fuera"

Lo acercó a su propio cuerpo y le infundió calor. Al notarlo, el bebé se calmó un poco. Ulrich sonrió.

-Siento haberte metido en un cajón… no es un buen comienzo-admitió. El bebé estiró su manita y le cogió la camiseta interior, tirando un poco de ella.

Ulrich probó a acunarlo nuevamente, pero esta vez con menos ansias. El cuerpo del bebé era muy frágil, y Ulrich sentía que en cualquier momento se le podía deshacer en las manos.

-Ya está… ¿ves? Ya pasó… ya pasó…-dijo el chico cariñosamente. Se acercó un poco a la cabeza del bebé, pensando en darle un beso, pero luego se alejó, repugnado de sí mismo por haber sido capaz de intentarlo.

Entonces levantó la cabeza. Odd estaba despierto, se había quitado los cascos y le miraba con los ojos como platos.

-Estooo…-Ulrich abrió la boca varias veces, tratando de darle una explicación lógica a su colega.

-Tío. Luego dices que soy yo el raro.


-Déjame verla otra vez…-Odd ojeó la nota, con las cejas arqueadas.

"Ulrich, al final todo salió mal. No me arrepiento de hacerlo, pero fuiste un inconsciente. Yo lo he tenido, pero no puedo cuidarlo. Mis padres querían darlo en adopción. Te dejo decidir. Eva."

-¿Eva?-repitió Odd, pasmado-¿Eva Skinner, la que conocimos en el hotel…?

-De los Alpes, sí-gruñó Ulrich mientras observaba al bebé. Lo había tendido en la cama, y estaba ahora durmiendo como un bendito.

Eran ya las ocho y cuarto, hora de despertarse. Jeremy y Aelita habían entrado en el cuarto, alertados por Odd de lo que estaba pasando. Aelita estaba sentada también en la cama, y observaba al niño con cariño.

-Es muy mono…-comentó la chica, acariciándolo suavemente. Ulrich temió que lo despertara, pero no fue así. Aelita parecía desprender una esfera de calma y amor maternal que el niño intuía como buena.

-¿Y qué piensas hacer?-preguntó Jeremy, que estaba bastante descolocado con la situación.

-¿Qué puedo hacer?-replicó Ulrich, nervioso-no puedo… no puedo tener un hijo. No tengo ni dieciocho años.

-Pero lo tienes-apuntó Odd-ese de ahí. Eso ya no podemos rebatirlo.

-En realidad sí podemos-rebatió Jeremy.

-¿Qué quieres decir?

-Bueno… la nota está ahí… y es cierto que guardáis un parecido. Pero eso no prueba nada. La nota puede ser falsa… el niño puede no ser tuyo…

-¡Jeremy!-Aelita le miró enfadada-¡claro que lo es!

-No, tienes razón-dijo Ulrich, y sintió una oleada de alivio-no, no tiene por qué serlo… ni siquiera parece la letra de Eva…

-¿Escribía mucho mientras follabais?-inquirió Odd con sarcasmo.

-¿Quieres que me lo quede, no?-dijo Ulrich, mirando a su amigo ceñudo-¡Odd, es un niño, no una mascota! Necesita unos padres, y una casa y…

-Ya tiene padre, ese eres tú-apuntó Odd acusador-tienes razón, es un niño, y no una mascota que te compras o no.

-No puedes dejarlo de lado… no ahora-añadió Aelita, poniéndose al lado de Odd.

-¡Yo no he dicho eso!-protestó Ulrich. Miró a Jeremy, suplicante.

-Ulrich tiene razón: no es justo que le den esta responsabilidad de repente cuando él no sabía nada. E insisto, podría ser mentira.

-¿Cómo puedes ser tan tonto a veces Einstein?-le soltó Odd, mordaz.

-Odd, eso no hace falta-le reprendió Aelita. Odd se calló, dándose cuenta de que se había excedido.

-Yo entiendo lo que dices, Odd-dijo Jeremy con diplomacia-y apoyo que Ulrich se lo quede…

-¡Pues claro!

-… si es que es su hijo. Pero primero deberíamos comprobarlo. Porque si no lo es, este niño tiene otros padres que a lo mejor lo están buscando. Esto a ocurrido más de una vez.

-¿En serio?-Odd le miró con incredulidad-eso te lo acabas de inventar…

-Algunos leemos el periódico-replicó Jeremy con petulancia. Sabía que eso picaba a su amigo-pero a dónde quiero llegar es que hay una forma… en la fábrica…

-¡Jeremy!-Aelita le miró asustada.

-Ya estamos. Lo quiere mandar al Sector 5, o algo así-dijo Odd poniendo los ojos en blanco.

-¿Pero me dejáis acabar, eh?-gruñó Jeremy poniendo los brazos en jarras-con un escaneo rápido, el superordenador podría indicarnos si la cadena genética del niño corresponde con la de Ulrich o no.

-¿Podría hacerlo?-preguntó Aelita muy sorprendida.

-Sí, el ordenador tiene unas funciones muy avanzadas en materia biogenética. Así fue como por ejemplo puede recuperar tu forma virtual con solo un pelo…

-Es verdad.

-¿Qué te parece, Ulrich?-Jeremy miró a su amigo, expectante-¿nos vamos a la fábrica después de las clases?

-Por las alcantarillas no lo llevéis, por favor-pidió Odd.

-¿Ulrich?

-¿Hum?-Ulrich se había distraído mirando respirar al bebé dormido-em sí, claro… tengo que saberlo…

-¿Y qué pasa si es tuyo?-preguntó Aelita, mirando al bebé compasiva-tienes que cuidarlo…

-Creo que mi padre terminaría definitivamente de odiarme-respondió Ulrich, lacónico-pero no creo que me obligue a abandonarlo. Eso no.

Permanecieron en un triste silencio hasta que el timbre de las clases sonó y los sacó a todos de su ensimismamiento.

-Alguien tiene que quedarse. Si Jim ve al niño, se complicarán las cosas-apuntó Jeremy.

-Yo me quedaré con Ulrich y lo cuidaremos. Odd y tú id a clase y decirle a la Hertz que estamos malos, o algo así… será como en los tiempos de Lyoko-dijo Aelita.

-¿Yo?-Ulrich miró al niño preocupado. No sabía si quería quedarse. Cuando estaba con él sentía algo… algo que no le gustaba nada…

-Pero yo quiero quedarme…-empezó a protestar Odd.

-Me parece buena idea-le cortó Jeremy, cogiéndolo por los hombros y llevándolo hacia la puerta-solo queda un problemilla por resolver, Ulrich…

-Ya-gruñó él, agachando la cabeza apesadumbrado.

-¿Cuál es?-preguntó Aelita sin comprender, mientras veía que Odd también sonreía, divertido.

-Cómo explicárselo a Yumi, claro-dijo el chico gato antes de salir del cuarto soltando una carcajada.


-¿Dónde está?-Yumi entró en el cuarto de golpe, sobresaltando a Ulrich y a Aelita.

Llevaban cuatro horas solos con el niño, y ya se había despertado. Aelita lo había cogido en brazos y había jugado con él. Ulrich estaba asombrado de lo buena madre que estaba resultando ser. Aelita lo tomaba de las manos y le cantaba canciones infantiles, le daba besitos y le llevaba por la habitación haciéndole tocar cojines y bolígrafos para estimularle.

Ulrich por su parte se sentía mareado: sentía que el tiempo pasaba de un modo extraño, y a veces veía cosas raras. Se preguntó si seguía indigesto por la pasta.

O más bien, sería el niño…

Pero cuando entró Yumi, el mareo se le pasó de golpe. Ulrich se puso de pie, tieso como un soldado, y la miró, expectante.

Yumi miró al bebé, y luego a Ulrich. Él sabía que les estaba buscando el parecido.

-Así que es verdad… en Navidades…

-Estábamos enfadados Yumi te acuerdas que no nos hablábamos-empezó a disculparse Ulrich atropelladamente. Pero Yumi negó con la cabeza dándose la vuelta, furiosa-¡Yumi espera! ¡Por favor!

Salió al pasillo detrás de ella, pero Yumi apretó el paso y bajando las escaleras salió de Kadic.

-¡YUMI!-la llamó Ulrich, disgustado. Iba a alcanzarla cuando Jim se puso en medio.

-Ulrich…-dijo con cara de pocos amigos-Susan me ha dicho que estabas malo…

-¡Jim!-Ulrich intentó seguir, pero el profesor se lo impidió-¡Yumi se ha ido!

-A ella también la regañaría, pero es que se graduó el año pasado ¿recuerdas?-dijo Jim con una sonrisa venenosa-ahora… ¿qué tal si te vas a italiano?

-Pero…

-¡A ITALIANO, ULRICH!-le ladró Jim.

Ulrich no tuvo más remedio que marcharse. Fue a la clase del señor Caggia pero en cuanto este se despistó un momento se fue sin decir nada y regresó al cuarto. Se encontró a Aelita con el niño en sus brazos. Al verle entrar, el bebé extendió las manos y emitió un ruidito de alegría.

-Oh… hola…-Ulrich forzó una sonrisa mientras se sentaba en la cama de Odd y miraba a sus zapatos. Desde luego aquel estaba siendo el peor día de su vida, con diferencia.

-He estado pensando…-comentó Aelita distraídamente-…que no tiene nombre. Deberías pensar uno.

Ulrich levantó los ojos lentamente y la miró. Estaba pensando en Yumi.

-Em sí, claro… pónselo tú, que eres mejor en eso…

Aelita echó la cabeza hacia un lado, preocupada. No le gustaba ver así a su amigo. Ulrich era el menos cercano a ella dentro del grupo, pero aún así se apreciaban mucho y siempre se esforzaban por ayudarse.

-Así que… tú piensas lo mismo que ella-dijo la chica de pelo rosa mientras le hacía el caballito al niño en sus piernas.

-¿El qué?-Ulrich había vuelto a distraerse ahogándose en su angustia.

- "Ulrich, al final todo salió mal. Yo lo he tenido, pero no puedo cuidarlo"-leyó Aelita cogiendo la nota de Eva-¿piensas como ella… que fue un error?

-No… es decir, no sé-Ulrich miró a Aelita, asustado, y luego al niño. No sabía qué era lo que sentía. O mejor dicho, sí lo sabía. Y le asustaba mucho.

Aelita pareció adivinarlo, porque miró a Ulrich fijamente, y sonriendo se levantó y le llevó al niño. Colocándolo en su regazo, se lo dejó ahí.

-Abrázalo-le pidió-Odd me dijo que antes lo habías hecho.

-Ya pero… al principio sí lo hice…-reconoció Ulrich, mirando al bebé. Él le devolvía la mirada. Y parecía tan fascinado, tan deseoso de recibir su amor, de estar a su lado.

-Porque fue tu instinto natural-le explicó Aelita-los hombres también lo tenéis, ¿sabes? Pero creo que muchos no lo utilizan porque… porque tienen miedo.

-Yo no… no tengo miedo…-replicó Ulrich. Sonó muy poco convencido.

Aelita se acercó al oído de Ulrich y susurró.

-Pues cógelo… y no sientas nada más.

Ulrich tomó al niño en brazos y lo miró largo y tendido. El bebé le aguantó la mirada, haciendo burbujitas con la boca. Entonces estiró sus manitas y le tocó la cara a Ulrich. Fue palpando la nariz del muchacho, su mandíbula y sus orejas. Ulrich no pudo evitar soltar una carcajada ante el suave tacto del niño recorriéndole la piel.

-Eres un metomentodo, ¿eh?-dijo Ulrich aupándolo. El bebé soltó una risita mientras Ulrich lo subía y bajaba en el aire, burlón.

Aelita le miró hacerlo juntando las manos con ternura. Se había encariñado mucho con el niño en aquellas horas que habían pasado solos. No le gustaba que un bebé no recibiera el cariño de sus padres. Ella lo había recibido, pero se lo habían arrebatado y ahora lo echaba mucho, mucho de menos.

-Jajajajaja…-Ulrich rio mientras seguía jugueteando con el niño. Le hizo cosquillas y el bebé se retorció muerto de risa-¡Jajajajaja! Mira… ese es Kiwi.

Acercó al bebé al perro, que lo olisqueó con curiosidad. El bebé extendió la mano y le tocó el morro a Kiwi.

-Mejor no le toques mucho. Es un asqueroso, siempre se está cagando y esas cosas-dijo Ulrich alejando a su bebé del perro y volviendo a subirlo a su cama. Entonces olió algo peculiar.

-Oh… parece que no es el único…


-Aquí los traigo. No sabéis que cara me ha puesto el de la farmacia cuando se los he pedido-Odd echó los pañales sobre la cama mientras entraba en el cuarto-peor que cuando le pedí condones…

-Que tenías catorce años, ya nos lo dijiste-respondió Ulrich, burlón-me hubiera gustado ver ese espectáculo…

-¿Y qué tal está mi niño?-Odd se acercó al bebé, que le miró asombrado. El pequeño niño estiró sus manitas y tocó la puntiaguda cresta rubia de Odd-¡Ja! Le gusta mi pelo.

-Jim tiene clase con los de cuarto-Jeremy entró detrás de Odd-podemos ir ahora, si queréis.

Ulrich y Aelita asintieron.

-¿Y cómo lo llevamos a él?-Ulrich señaló con la cabeza a su hijo. Jeremy se acercó al bebé y lo examinó con atención.

-Hum… no creo que sea bueno esconderlo en ningún sitio-razonó-podría hacerse daño…

El bebé le quitó las gafas a Jeremy, que se quedó perplejo, pero luego sonrió con ternura.

-Es muy majo…-dijo, estirando una mano para acariciarlo.

-Einstein, vuelve con nosotros-le llamó Ulrich-no puedo ir al parque con un bebé en brazos. No llegaría ni a la salida.

-Puedes usar el otro pasadizo, el que hay en la sala de calderas-razonó Jeremy-nosotros te cubriremos para asegurarnos de que no venga nadie. Lleva una mochila y muy a las malas… lo metes dentro.

-¿De la mochila?-Aelita le miró indignada.

-Vale, me parece bien-accedió Ulrich.

-¿En serio?


Fueron por el pasillo de puntillas. Ulrich llevaba al niño en brazos y le iba hablando para que no se echase a llorar. Odd y Jeremy vigilaban por delante, y Aelita por detrás. Estaban a punto de llegar al cuarto de calderas cuando…

-¡Ulrich!-la chillona voz de Sissi resonó por todo el pasillo.

-¡Mierda, la loca!-Odd se dio una palmada en la frente, frustrado.

-Nosotros la distraemos, tú ve por el pasillo de las chicas-le dijo Jeremy a Ulrich. El chico asintió, y él y Aelita se fueron corriendo por allí-hola Sissi, ¿qué pasa?

-¿Ulrich? ¿Pero qué…?-Sissi le había visto irse corriendo en el último segundo-¿un bebé?

-¿Qué?-Jeremy la miró como si ella acabase de decir una frase en ruso.

-No era un bebé, era Ulrich. Que casi es mayor de edad, Elizabeth-se burló Odd.

-Llevaba… llevaba un bebé-Sissi fue hacia el pasillo, pero él ya había desaparecido-¿a dónde va?

-No era un bebé-dijo Jeremy, que no era muy bueno mintiendo y se estaba poniendo nervioso.

Sissi lo sabía, así que lentamente, como un depredador que se dispone a abalanzarse sobre su presa, se giró hacia Jeremy y lo miró con los ojos entrecerrados en rendijas.

-¿No? ¿Y qué era… "Einstein"?-preguntó, perversa.

-Eh, que solo nosotros lo llamamos así-la espetó Odd. Sissi le ignoró mientras se acercaba aún más a Jeremy.

-¿De quién es ese bebé, Jeremy?

-No… que no es un bebé, Sissi-Jeremy tragó saliva.

-Pues a mí me lo parecía, ¿sabes?

-Te lo habrá parecido porque es muy bueno… es un bebé de juguete… vamos a la parroquia de San Isidoro, a llevar juguetes a los niños.

Sissi parpadeó, aturdida por la respuesta. Era tan cutre como efectiva.

-Era un bebé de verdad. No estoy ciega.

-Pues quién lo diría, saliendo con Herb-comentó Odd, sin desperdiciar su oportunidad.

-¡Que no salgo con él Odd, COÑO!-chilló Sissi enfadada-decidme a dónde va Ulrich o le diré a mi padre que os estáis saltando clases…

Odd miró a Jeremy con cara de circunstancias. Esperaba que a su amigo genio se le ocurriera una buena forma de deshacerse de ella lo antes posible.


Ulrich y Aelita esperaban en la fábrica aburridos. Como veían que Jeremy y Odd tardaban, Aelita aprovechó para encender el interruptor del superordenador y poner todos los sistemas en funcionamiento. Desde que habían derrotado a XANA no habían vuelto a utilizarlo, aunque de vez en cuando a Odd o a Ulrich se le ocurrían usos poco éticos con los que aprovechar su increíble potencia.

-¡Por fin!-exclamó Ulrich cuando el ascensor se abrió y entraron Jeremy y Odd-¿estaba pegajosa?

-Como una sanguijuela-Jeremy se sentó en su sillón sin poder disimular la satisfacción que le daba volver a acomodarse en el puesto de mando.

-¿Y cómo os librasteis de ella?

-Fue idea de Einstein-explicó Odd, divertido-le hemos dicho que ibas a la ciudad. Luego, en el centro comercial, se distrajo mirando un escaparate y nos piramos.

-¡Ja! Un clásico.

-¿Qué tal está Dash?

-¿Dash?-Ulrich miró a Odd sorprendido.

-Dashiell. He pensado que podrías llamarlo así-dijo Odd encogiéndose de hombros-a mí me gusta. Era un escritor…

-Dash…-Ulrich miró al bebé, que volvía a extender sus manos hacia la cresta de Odd, deseoso de toquetearla otra vez, y sonrió enternecido. Le gustaba ese nombre.

-Ya he activado los escáneres-informó Jeremy tecleando rápidamente-baja con él y mételo dentro del que está a la izquierda.

-Vale…-Ulrich se levantó lentamente. En realidad, se lo había estado temiendo. No quería saber la respuesta al enigma, no estaba preparado. Si era suyo, su vida iba a cambiar para siempre. Pero si no lo era… eso significaba que tenían que despedirse. Y la sola idea de hacerlo le causaba una profunda tristeza.

-¿Ulrich… seguro que quieres hacerlo?-Aelita le miraba con atención. Ulrich negó con la cabeza.

-Tengo que saberlo. No podemos… seguir así.

Se metió en el ascensor. Aelita y Odd lo siguieron.

-Muy bien… ¿estáis ya?

-Sí…

Ulrich dejó al bebé dentro del escáner. Le costó mucho hacerlo, porque además tenía miedo. ¿Y si la puerta del escáner se atrancaba y no le dejaba volver a recuperar a su hijo? ¿Y si el fantasma de XANA aparecía y lo arrastraba consigo a Lyoko, a las profundidades del mar digital, donde él nunca pudiera volver a verlo? ¿Y si…?

-Listo…-se escuchó la voz de Jeremy, y la puerta del escáner se cerró. El bebé Dash miró con sus enormes ojos azules a Ulrich una última vez, muerto de miedo, y entonces se le escuchó llorar dentro del escáner, asustado. El ruido de la máquina mientras comenzaba el escaneo era muy fuerte, y Ulrich supo que él estaba asustado.

-Transmitir Dash… escanear Dash…-Jeremy tecleó unos comandos mientras la ficha virtual del bebé cargaba en la pantalla. Entonces le salió un aviso-¡Oh, no!

-¿Qué pasa?-saltó Ulrich, asustado-¿JEREMY?

-No es nada, no es nada… es solo que… oh vaya… lleva tanto tiempo apagado…

-¿JEREMY, QUÉ PASA?

-Nada. Espera…

La puerta del escáner se abrió y como un resorte Ulrich entró dentro y sacó a Dash, que seguía llorando y agitándose muy asustado.

-Sssssssh… ya estoy aquí… perdóname… perdona…

-¿Pero qué ha pasado?-quiso saber Odd.

-No lo sé-Aelita se acercó al niño y le dio el chupete que le habían comprado en la farmacia para tranquilizarlo.

-Vamos arriba-Odd llamó al ascensor.


-… lleva casi tres años apagado por lo que algunas funciones se desinstalaron. Tengo que volver a conectar el programa biogenético para que funcione…

-¿Entonces hay que hacerlo otra vez?-preguntó Ulrich angustiado.

-No. Los datos los tiene. Solo le falta leerlos-aclaró Jeremy-en unas horas de trabajo lo puedo tener todo en marcha. Debería actualizar todo el sistema, para que no vuelva a ver desinstalaciones.

-Yo te ayudo-se ofreció Aelita-la prioridad es que Ulrich sepa la verdad.

Jeremy asintió, agradecido.

-Pero ahora no va a poder ser-intervino Odd-tenemos que volver antes de que se den cuenta… ya llevamos mucho rato fuera…

-Mañana es sábado-recordó Jeremy-así que podré dedicarle todo el día. ¿Qué te parece, Ulrich? ¿Puedes tenerlo hoy?

Ulrich miró a Dash que aún tenía lágrimas en los ojos y estaba fuertemente aferrado a él.

-Sí. Claro.


-Aaaaah… deberíamos lavar al niño, ahora no hay nadie-comentó Odd entrando en el cuarto envuelto en su toalla mientras se sacaba agua de las orejas. Siempre empapaba todo el suelo del pasillo cuando volvía de la ducha, Jim había estado a punto de matarse varias veces por los patinazos que se pegaba.

-Mañana cuando se vaya todo el mundo-respondió Ulrich-no quiero que Herb lo vea y vaya directo a contárselo a Sissi, o a Delmas.

-Claro…

Odd se quitó la toalla sin ningún pudor y empezó a ponerse el pijama mientras Ulrich acariciaba con una mano a Kiwi y con la otra a su niño, que estaba tumbado en la cama como un rey.

-¿Te sirvieron los biberones que compramos?

-Sí, gracias-dijo Ulrich. Le había costado que se lo tomara, hasta el punto de que se había desesperado temeroso de que al niño le pasase algo por no comer, pero finalmente lo había conseguido. Cuidar a un bebé era bastante más difícil de lo que Ulrich había pensado. Casi prefería enfrentarse a un megatanque que volver a cambiarle el pañal. Y como se pusiera a llorar otra vez estaban listos…

-Y… ¿y que pasó con Yumi?-Odd se sentó en su cama y miró a Ulrich con atención, preocupado. Sabía que su amigo estaba mortificado por eso. Y Odd siempre estaba dispuesto a dar su apoyo a Ulrich cuando él sufría de amores.

-Se fue. No creo que quiera volver a hablarme-respondió Ulrich sin mudar su expresión un ápice.

"Vale, está fatal…"-pensó Odd.

-Se… se lo pensaba contar… solo que… cuando nos reconciliamos en primavera estábamos tan bien que no quise estropearlo… pensé que después del verano… y ahora…

-Ya. Te entiendo-dijo Odd poniéndole una mano en el hombro con cariño.

-Yo no quería engañarla pero… estaba harto de que discutiéramos y… tú siempre me estabas diciendo que no parabas de hacerlo y quería… saber cómo era. Cuando conocía a Eva esquiando…. fui un gilipollas.

-No, es normal. Yo también me equivoqué cuando lo hice, Ulrich… era muy pequeño…

-Iiiiiih…-el bebé cogió los dedos de Ulrich y jugueteó con ellos. Estaba encantado.

-Es lo peor que he hecho…-reflexionó Ulrich en voz alta-pero… ¿sabes qué? No me arrepiento… no quería hacer daño a Yumi… pero si no lo hubiera hecho con Eva… él no estaría aquí.

Odd miró al bebé y luego a Ulrich, entendiéndolo. Sonrió y dio una cabezada.

-Yo creo que Yumi lo entenderá.

-Quizás lo dejemos…-Ulrich se acomodó al lado del bebé y se pasó las sábanas por encima.

Que Yumi rompiera con él le partía el corazón. Pero en ese momento veía las prioridades de un modo muy diferente.

-Geee…-el bebé empezó a agitarse. No parecía estar dispuesto a dormir, y ya eran más de las doce. Ulrich no sabía cuanto necesitaban dormir los bebés, pero él empezaba a notarse cansado también.

-Venga Dashiell… vamos a dormir un poco ¿eh? Mañana volvemos a jugar…

-Geeeeeeee…

-Mierda…-Ulrich se incorporó en la cama y le miró preocupado-lo siento Odd… pero creo que vas a tener que ponerte la música más alto.

-¿No se duerme?-Odd miró al bebé con el ceño fruncido-pues tenemos un problema…

-No sé… a lo mejor necesita comer algo más-aventuró Ulrich.

-Cántale algo.

-¿Qué?-Ulrich miró a Odd con incredulidad. Su amigo tenía que estar de broma. Él no cantaba. Al menos, no cuando podían oírle.

-Que le cantes una nana o algo así… es mi chiquitíiiiiiin

-No me sé ninguna. Además son muy cursis. ¿Y si cantas tú?

-Pero el papá eres tú-apuntó Odd-leí que solo se calman si les canta su papá.

-Eso no es verdad-rebatió Ulrich-a mí me cantaba mi cuidadora y me quedaba frito.

-¿En serio?

-Sí… mi madre nunca…-Ulrich lo dejó a mitad de la frase. Él había visto padres acostarse con sus hijos y cantarles nanas en las películas. Había visto en el parque padres con hijos ya más mayores pasear, jugar con ellos, llevarlos a sitios en coche. A sus padres no. A sus padres nunca.

-Vale, cantaré yo-dijo Odd-¿qué te parece Lose Yourself?

-No… no hace falta… ya canto yo-dijo Ulrich. Le había sobrevenido una súbita decisión. Él no era como sus padres.

-Ah, vale…-Odd le miró expectante. Ulrich se aclaró la garganta y luego miró a Odd, mosqueado.

-¿Te importa? No puedo hacerlo si me estás mirando.

-Ajajá perdón…-se disculpó Odd tumbándose en la cama-que tampoco es mear, oye.

Se giró.

Ulrich le dio la mano a Dash y luego se volvió a tumbar a su lado. El niño amenaza con echarse a llorar otra vez, así que Ulrich lo tomó con calma.

-Escucha Dash… escucha…

Every endless night has a dawning day
Every darkest sky has a shining ray
And it shines on you, baby can't you see
You're the only one who can shine for me

It's a private emotion that fills you tonight
And a silence falls between us
As the shadows steal the light
And wherever you may find it
Wherever it may lead
Let your private emotion come to me
Come to me

"Pues canta bien"-pensó Odd escuchándole-eh, Ulrich ¿quieres que haga la segunda voz?

Ulrich le hizo un corte de manga y siguió cantando. La canción se la había escuchado cantar a su asistenta, una joven norteamericana que había sido su primer crush cuando sus padres la habían contratado para cuidarle. Ella solía cantarla por la noche para que se durmiera, y a Ulrich le encendía el corazón.

And wherever you may find it
Wherever it may lead
Let your private emotion come to me

Let your private emotion come to me
Come to me

Poco a poco Dashiell fue cerrando los ojitos y al calor del joven se quedó dormido, con su pequeña manita agarrada al dedo índice de Ulrich.

El joven besó la frente de su bebé y abrazándolo con cuidado de no dañarlo se fue quedando dormido también él. La noche los cubrió con su manto, y ambos flotaron por el cielo estrellado, fundidos en un abrazo que duraría lo que duran los sueños.


A la mañana siguiente Odd bajó a desayunar temprano, arrasó con el primer turno de desayunos y luego fue al cuarto a cuidar de Dash para que Ulrich pudiera desayunar también. En la cafetería Ulrich se sentó con Jeremy y Aelita mientras engullía un croissant apresuradamente.

-¿Pasasteis buena noche?-quiso saber Aelita con dulzura. Ulrich la sonrió con sinceridad y asintió. Se había dado cuenta de que ella tenía razón en lo que le había dicho el día anterior.

-Nosotros nos vamos a la fábrica ya para desbloquear el programa. Cuando sepa algo te llamo-dijo Jeremy. Ulrich asintió.

-Gracias, Einstein. Me habéis ayudado mucho…

-Es lo mínimo que podemos hacer-respondió Jeremy con sinceridad-en cuanto sepas la respuesta… puedes tomar una decisión.

Cuando terminaron de desayunar cada uno se fue en su dirección. Aelita miró a Jeremy con cierta tristeza.

-Tú… quieres que no sea suyo, ¿verdad?-preguntó con un susurro.

Jeremy la miró sorprendido.

-Yo solo quiero que sepa la verdad, Aelita, nada más-intentó explicarse. Aelita negó con la cabeza.

-A veces la verdad no importa… importa el amor-dijo, y se alejó, cabizbaja.

-¿Qué quieres decir…? Aelita, espérame… ¡Aelita!


Ulrich caminaba por el pasillo absorto en sus pensamientos. ¿Y si se lo quedaba? Pero él era muy joven para dejar su vida para priorizar la de un niño. Un solo día a su cargo le habían parecido cien años.

Cien maravillosos años, sin embargo…

Le sorprendió encontrarse a sí mismo sonriendo mientras pensaba en él. ¿Quién iba a decirle que la paternidad le iba a gustar…?

-Ulriiiich-Sissi le sacó de sus pensamientos al aparecer detrás suyo-¿y tú bebé?

-¿Qué?-Ulrich se repuso de la sorpresa enseguida para disimular. Él era algo mejor mintiendo que Jeremy-¿qué bebé, qué dices?

-El bebé con el que ibas ayer por el pasillo… ¿haces de canguro?-quiso saber Sissi.

-No sé de que me hablas-dijo él zafándose de ella-quiero ir a mi cuarto, perdona.

-Pero si es sábado… ¿no te apetece salir?-preguntó Sissi arrastrándose detrás de él. ¿Tan difícil era que la hiciera algo de caso, que se fijase en ella?

-No-respondió Ulrich, y torciendo la esquina la dejó plantada.

"Yo…-Sissi sintió el dolor del rechazo clavarse muy hondo en su corazón. Pero no iba a dejarse mortificar por él. Su maquinadora mente enseguida comenzó a evaluar los hechos-… está escondiendo algo. Normalmente es borde, pero no tanto. No se ponía así desde hace años… este esconde algo…"

-Hola Sissi-la saludó Herb acercándose a ella confidente-¿sabes que ha venido Yumi? Creo que ayer discutieron, me lo dijo Emily…

-En realidad me lo dijo a mí-le corrigió Nicholas, que venía detrás.

-¿Yumi…?-Sissi ladeó un poco la cabeza. Tenía esa fría determinación que se apoderaba de ella cada vez que iba a cometer una maldad y necesitaba paralizar a su voz de la conciencia.


-¿Yumi?-Ulrich se quedó en la puerta de su cuarto petrificado al verla allí. Su todavía novia estaba sentada en la cama al lado del bebé, mientras Odd estaba en la otra cama con Kiwi.

-Bueno… yo os dejo… cualquier cosa me llamáis-dijo Odd calzándose y guiñándole un ojo a Ulrich-ya me contaréis, ¿eh?

-Hasta luego, Odd-le dijo Yumi secamente.

-Sí, sí… perdón.

Cerró la puerta. Ellos dos se quedaron en silencio. Los chilliditos de Dash eran lo único que se escuchaba en el cuarto.

Yumi estaba de brazos cruzados al lado del niño, y estaba muy seria. Ulrich no entendía por qué ella había vuelto. Pero sí que tenía que hablar con ella.

-Yumi, yo…

-Lo siento-se adelantó Yumi.

-¿Eh? ¿Qqué?-preguntó Ulrich con sorpresa.

-En mi cumpleaños hicimos una promesa ¿recuerdas?-dijo Yumi-que siempre nos apoyaríamos el uno al otro. Y que no desconfiaríamos más.

-También prometimos no ocultarnos nada-recordó Ulrich-Yumi… perdóname…

-Sé que querías decírmelo… he notado que pensabas en contármelo varias veces. Yo… estoy dolida…

Yumi se cruzó de brazos y giró la cabeza hacia la ventana. Unas finas lágrimas asomaban a sus ojos, pero la japonesa las contuvo con su estoicismo habitual.

Ulrich se rascó la cabeza indeciso. No sabía qué decir.

-Pero ahora le tienes a él…-Yumi señaló a Dash, que se metía las manitas en la boca, juguetón-y yo… yo no seré la que te deje tirado cuando más lo necesitas.

-Yumi…-Ulrich fue hacia ella y cayendo de rodillas la abrazó con fuerza. Paralizada, Yumi lentamente fue abrazándolo también-te quiero… lo siento… te quiero…

-Te perdono…-susurró Yumi-sé que querías decírmelo.

Ella se había pasado la tarde anterior llorando, pero al caer la noche había conseguido serenarse y ver las cosas con perspectiva. A fin de cuentas, ya era mayorcita para compadecerse de sí misma. Tras unas horas de meditación, Yumi había sido capaz de ver las cosas con perspectiva y entender… y perdonar.

Dash había empezado a gatear por la cama hasta quedar peligrosamente cerca del borde. Yumi lo vio y separándose rápidamente de Ulrich lo cogió por las piernas y lo puso en sus brazos.

-¿A dónde vas tú?-rio la japonesa mientras acunaba al bebé-eres muy travieso…

Ulrich observó como Dash sonreía encantado con Yumi. Al parecer, al igual que Aelita, Yumi desprendía un aura de tranquilidad y afecto que tranquilizaba al bebé. Dashiell la miraba con los ojos muy abiertos, fascinado por ella.

"Si le gusta tanto Yumi creo que no necesito la prueba de paternidad"-pensó Ulrich, divertido.

-Es muy cariñoso-comentó Yumi-como tú…

-Yo no soy cariñoso…

Yumi le dio un beso en la mejilla y Ulrich se puso colorado.

-Sí lo eres.

-¿Ya os habéis arregladoo?-canturreó Odd asomando la cabeza por la habitación pícaramente.

-¡Lárgate!


Ulrich y Yumi pasaron la tarde jugando con el niño y Kiwi. Ella había traído varios peluches, y Ulrich hizo con ellos un teatrillo narrándole a Dash uno de sus cuentos samuráis preferidos.

-Entonces el shogun ordenó a sus samuráis que hicieran la formación Saku, de manera que los demonios de la noche quedaron cercados en una especie de cerrojo…

Dash daba palmaditas encantado. No entendía nada pero Ulrich y Yumi le transmitían su entusiasmo.

Mientras veía a Ulrich jugar con el niño, Yumi sonreía enternecida. Nunca lo había contado, pero a veces, imaginaba su vida juntos, y se imaginaba que tenían un hijo… ver a Ulrich cuidando así al niño, le mostraba exactamente el tipo de vida que quería tener.

-¿Sabes?-dijo Yumi cuando ambos se tumbaron en el suelo. Ella sujetaba al niño en brazos, haciéndole creer que volaba-… me encantaría que todos los días fueran así.

Se miraron.

-Sí-Ulrich sonrió-a mí también.

-¿Qué vas a hacer si realmente es tu hijo…?-preguntó Yumi, un poco cortada. No quería coaccionarle.

Ulrich tragó saliva. No quería pensar en eso. Pero no pensaba en otra cosa.

-Tendré que enfrentarme a mis padres… y decirles que es lo que hay. Pero no me separaré de él. Nunca.

Yumi asintió.

-Buscaré un trabajo o algo así… no quiero ir a la universidad-continuó Ulrich-me gustaría poder pagar una casa… irme a vivir allí con él… y contigo.

La tomó de la mano. Yumi sintió un escalofrío de emoción recorrerla todo el cuerpo al oírle decir esas palabras. Sus padres seguramente no lo aprobarían, pero ella ya era mayor de edad. También quería trabajar y poder por fin decidir su propia vida. Y la vida que quería, era junto a él.

-Te quiero mucho Ulrich… y a ti también-dijo Yumi y le dio un besazo a Dash, que soltó una risita.

-Je…-Ulrich los observó a los dos. Ahora eran las personas que más quería. Y nunca se separaría de ellas.

En ese momento sonó el móvil. Ulrich lo abrió y respondió a la llamada.

-¿Jeremy?

-Ulrich… ya están los resultados puedes… ¿puedes venir?

-Sí, claro… pero ¿qué…?-preguntó Ulrich. Sin embargo no hubo respuesta. Jeremy había colgado. Ulrich miró la pantalla de su móvil, intranquilo, y luego a Yumi.

-¿Qué te ha dicho?

-Hay que ir a la fábrica…


Sissi llevaba un buen rato acechando en el pasillo, pero cuando los vio salir con el niño se quedó de piedra. Entonces era cierto.

-"¿Pero de quién es ese bebé…?-se preguntó, conmocionada-no puedo creerlo…"

Los siguió sigilosamente, pero ellos dos ya se habían dado cuenta de que iba detrás suyo.

-Déjamela a mí-dijo Yumi. Ulrich asintió y apretó el paso, con el niño bien sujeto en sus musculosos brazos.

-¡Sissi! ¡Cuánto tiempo! ¿Qué tal llevas el BAC?

-¡No intentes despistarme! ¿Dónde está él?-chilló Sissi nerviosa.

-¿Ulrich? ¿Mi novio?-dijo Yumi, disfrutando mucho con la última aclaración.

-Pues no, lista, el niño. Sé que tenéis a uno.

-¿Niño? ¿Qué dices?-Yumi sí mentía bien-ah, dices Adrién. Es mi sobrino. Lo he traído para que Ulrich lo conociera.

-¿AAdrién?-repitió Sissi sorprendida.

-Sí, claro. Mi sobrino pequeño. Nació en septiembre-dijo Yumi con toda la naturalidad del mundo.

-¿Me tomas por tonta o qué?-se indignó Sissi-¡Ese niño no es chino!

Pero ya estaba dudando.

-Mi tío Obadashi se casó con una aquitana… y somos japoneses.

-Pero… pero…-insistía Sissi. Yumi puso los ojos en blancos y se dio la vuelta sin más miramientos.

-Un placer verte Sissi…


Dándose prisa, Yumi alcanzó a Ulrich en la entrada de la fábrica.

-¿Cómo vas a bajar por las cuerdas con Dash?-preguntó la chica mientras se acercaban.

-Jeremy bajó primero y colocó una escalera. Así es más fácil-explicó Ulrich.

Entraron en el ascensor y pulsaron la planta del superordenador.

-¡Chicos!-saludó Ulrich entrando con el niño en brazos. Le preocupó ver que ninguno sonreía. Odd intentó forzar una sonrisa pero no fue capaz, y Aelita estaba consternada.

-Ulrich…-Jeremy era el que mantenía más la serenidad, como siempre-ya tengo los resultados del escáner.

-¿Y bien?-preguntó Ulrich, impaciente. Quería oír su respuesta. No quería oírla. Quería…

-El escáner determina que tú y Dash… no estáis relacionados. No tenéis una cadena de ADN común, ni compartís material genético. Él… no es tu hijo.

La respuesta golpeó a Ulrich como una cuchillada. El chico sintió que le temblaban las piernas mientras sujetaba al bebé en sus brazos. Yumi se llevó la mano a la boca, conmocionada.

-Ulrich…-Aelita intentó decir algo, pero no sabía el qué. No sabía como iba a reaccionar su amigo. ¿Tendría alivio… o pesar?

-Pero no puede…-Ulrich se zambulló en una marea de negaciones y pensamientos atropellados-él se parece y… la nota de Eva… las fechas cuadran y… ¿por qué iban a mentirme? ¿No? ¿Por qué iban a dejármelo a mí si no?

-No lo sé-respondió Jeremy con voz ahogada-no tengo respuesta a eso. Pero… debías saberlo.

-No puede no serlo él… yo… yo siento que lo es… siento que tenemos algo especial…

-Ulrich…-Aelita fue hacia él y le abrazó con dolor.

-¿Qué va a pasar entonces?-como siempre Odd enunció lo que todos estaban pensando-¿qué vas a hacer con él?

-Yo…-Ulrich miró a Dash con el corazón roto. El bebé seguía sonriendo, sin entender nada, y le acariciaba la mandíbula haciéndose cosquillas con la leve barba del joven-… yo… no quiero…

Pero Ulrich sabía lo que debía hacer. Lo que era correcto. Había pensado mucho en ello. No quería engañarse.

-Él… tiene padres… a lo mejor lo están buscando. No sabemos eso, ¿no? A lo mejor lo están buscando… tenemos que… tengo que devolverlo…

Aelita comenzó a llorar, dolida, mientras Yumi y Odd ponían las manos en los hombros de Ulrich. Él solo quería salir corriendo de aquel lugar con su hijo. No quería desprenderse de él. Era su niño, después de todo.

-Lo siento muchísimo Ulrich…-dijo Jeremy con voz rota. Ulrich le miró. Nunca había visto a su amigo así. Verdaderamente parecía muy triste-… ojalá pudiera cambiar las cosas.

Dash hizo un ruidito divertido intentando captar la atención de Ulrich. El chico miró a su bebé con tristeza, y luego inclinó su frente, posándola con la de él.

Era la hora de la despedida.


-La policía llegará enseguida-dijo el director Delmas colgando su teléfono-hasta entonces podéis esperar fuera. ¿Queréis que os traigan algo de la cena?

-No hace falta, gracias-respondió Odd. Los demás no parecían tener ánimos de decir nada.

Salieron a la sala de espera del despacho, guiados por el director.

-Siento mucho todo este incidente, Ulrich-dijo el director, que por una vez parecía realmente preocupado por sus alumnos-Yolanda ya está atendiendo al bebé. Vosotros descansad hasta que lleguen.

Se volvió hacia su despacho y cerró la puerta lentamente, lanzándole una última mirada de tristeza a Ulrich. El director intuía que el chico se encontraba afectado por lo sucedido, pero no entendía bien por qué. Ulrich aseguraba que el hijo no era suyo… ¿pero y si mentía? La policía debería decidirlo… eso ya no competía al director.

En ese momento Sissi entró en el despacho de su padre, sorprendiéndolo.

-Elizabeth, hija, ¿Qué pasa?-preguntó Delmas con cansancio.

-¿Qué ha pasado con Ulrich?-exigió saber ella.

Fuera, Ulrich miraba por la ventana los jardines de Kadic, donde ya había caído la noche. Seguía encontrándose mal del estómago. De vez en cuando creía ver cosas raras. Cosas que no deberían estar allí.

-Pero ¿por qué una nota diciendo que era Eva? No entiendo quién pudo mentir… y quién podía saberlo-se preguntó Jeremy recapitulando todos los datos que sabían.

-A lo mejor fue Eva-apuntó Odd-quizás después de acostarse con Ulrich se acostó con otro chico… o antes… y creé que es de él.

-Eso tiene sentido-corroboró Yumi-¿tú que opinas?

Le preguntaba a Ulrich porque apenas había hablado en todo ese rato, y estaba realmente muy preocupada por él. Ulrich tenía los ojos apagados. Sentía que le habían arrancado un pedazo de su alma.

-Es mejor así…-dijo el chico finalmente-yo… nunca hubiera podido cuidarlo… no hubiera sido un buen padre para él…

-¿Qué dices? ¡Si lo estabas haciendo muy bien!-saltó Odd.

-¡Ulrich, eso no es cierto!-corroboró Aelita-tú le querías… ¡aún le quieres!

Se interrumpieron al ver entrar a dos agentes de policía en el despacho. Los dos estaban serios, pero parecían serenos.

-¿Vosotros sois los chicos?-preguntó el policía varón, acercándose a ellos.

-Sí-respondió Jeremy en nombre del grupo.

-¿Tú eres Ulrich?-preguntó el policía, incrédulo.

-No, no eh… Ulrich es él-señaló Jeremy, nervioso.

-¿Ya están aquí? Pasen por favor, muchas gracias-los indicó el director Delmas, haciendo salir a Sissi del despacho y entrar a los policías-vosotros ya podéis volver a vuestros cuartos…

-¡Ni hablar!-protestó Sissi.

-¡Queremos entrar con Ulrich!-pidió Odd.

-Tenemos que hablar en privado-dijo el policía.

-¿No podemos esperar fuera, director?-pidió Yumi respetuosamente.

-Hum… bueno sí, Ishiyama. Pero no molestéis, por favor.

Delmas cerró la puerta y se dirigió a su mesa. Indicó a los policías que se sentasen, pero ellos lo rechazaron, dejando que Ulrich lo hiciera.

-Lo primero de todo, necesitamos confirmar que te acostaste con esa chica-dijo la policía mujer con seriedad.

-Em…-Ulrich miró al director Delmas, que se revolvía incómodo en su asiento-… sí, lo hice. En Navidades, nos conocimos en el hotel de la estación de esquí…

-Eso concuerda con lo que nos ha dicho ella-dijo la mujer, anotando una cosa-bueno, entonces está claro.

-Él no… no es mi hijo-dijo Ulrich con un hilo de voz-estoy seguro…

-Lo sabemos, chico. Somos expertos en asuntos sociales. Y sabíamos que esta chica había abandonado al niño porque la familia estaba fichada desde que lo tuvieron en el hospital. Los padres querían desprenderse de él desde el primer momento.

-¿Y por qué no lo hicieron en un orfanato?-intervino el director Delmas, rascándose la barba, consternado-¿por qué dejarlo así?

-La ley no permite abandonar a un hijo así como así-explicó la policía-hay responsabilidades, ¿sabe?

-Sí, lo sé bien-gruñó el director Delmas.

-¿Entonces?-Ulrich seguía sin comprender-¿qué es lo que…?

-Eva nos lo confesó todo en su interrogatorio-explicó el policía-ella se debió de quedar embarazada un poco después de que se viera contigo, al parecer unas semanas más tarde.

-No usamos protección… por eso pensaba…

-Y ella pensaba que tú lo pensarías. Verás, Eva nos dijo que el otro chico era un… ¿cómo lo describió?

-Un cerdo cobarde-puntualizó la mujer policía con una sonrisa.

-…y que si tenía que darle su hijo a alguien, prefería que fuese a ti. Porque tú lo cuidarías bien… y eso has hecho hasta ahora… ¿no?

Ulrich sintió ganas de ponerse a gritar. No, claro que no lo había hecho. Nunca debió haber llamado a la policía. Nunca debió haber renunciado a Dash, lo quería con todas sus fuerzas, él sabía que era su hijo, aunque los demás dijeran lo contrario. Lo sentía. En el corazón.

-Te agradecemos mucho que nos hayas ayudado a resolverlo-dijo la mujer policía. Extrañada, comprobó que el chico no parecía muy contento-y ahora… ahora nos llevaremos al niño.

-Muy bien. Muchísimas gracias-dijo el director Delmas levantándose y estrechándoles la mano.

-¿Qué harán?

-¿Perdona?-los policías se volvieron hacia Ulrich , sorprendidos por la pregunta.

-¿Qué van a hacer con él?-quiso saber Ulrich, con el corazón en un puño.

-Pues… estipulando que ninguna de las dos familias progenitoras es apta para el bebé, lo daremos en adopción-dijo el policía-lo llevaremos a una casa de acogida, donde estará muy bien.

-Claro. Nosotros somos amigos de una que hay cerca, la de la madre María-dijo el director Delmas afablemente-allí lo atenderán muy bien. Ha tenido que pasarlo mal, el pobrecito.

Ulrich respiraba cada vez más rápido. No, no lo estaría. Una casa de acogida. Un orfanato. Él había conocido a niños en esos sitios. Podían estar bien atendidos, pero no estaban contentos. No lo estaban.

-Bueno pues…-los policías estaban bastante turbados por el comportamiento de Ulrich-nosotros ya… nos vamos… tiene que firmar unos papeles señor Delmas… y hemos terminado.

Ulrich salió del despacho abatido, mientras los policías le pedían al señor Delmas hacer una declaración como adulto responsable de la Academia.

-¿Qué ha pasado?-Sissi fue la primera en ir hacia Ulrich, conmocionada-me lo han contado todo…

-Ulrich-Yumi le abrazó, consternada-Ulrich, ¿estás bien?

-Van a llevárselo, ¿no?-Aelita lo dedujo en su mirada.

-Mi teoría era correcta, ¿verdad?-dijo Odd.

-Lo darán en adopción-dijo Ulrich con voz ronca-se lo llevan al orfanato de la plaza…

-Seguro que ahí alguien lo adopta-le intentó tranquilizar Sissi-la mayoría de padres quieren adoptar bebés, así que seguro que no hay problemas.

Eso era cierto. Ulrich asintió lentamente, pero no lograba sonreír. Él no quería que Dash se fuera con nadie. Él quería quedarse a su lado.

-¡Ulrich!-Jeremy acababa de llegar por el pasillo contiguo. Parecía muy presuroso-¡Ulrich! ¿Qué ha pasado?

-Lo van a dar en adopción, Einstein-dijo Odd-¿Dónde estabas?

-No puedes permitirlo-replicó Jeremy. Ulrich le miró con los ojos como platos.

-¿Qqué dices?

-No lo dejes ir Ulrich, no quieres hacerlo-dijo Jeremy, alborotado-al principio yo también lo dudaba pero ahora… ahora estoy seguro. ¡Tú le quieres!

-¡Pues claro!-saltó Ulrich, desesperado. Sissi le miró boquiabierta. Nunca le había visto así de vulnerable-¡le quiero, pero eso da igual, porque yo no puedo adoptarlo! ¿Qué clase de vida podría ofrecerle? Solo tengo diecisiete años y… y ni siquiera tengo futuro.

-Cantando sí-bromeó Odd-¡no me miréis así! Quiero decir que… nunca te había visto cantar… hasta que te vi hacerlo.

-Y decías que trabajarías lo que hiciera falta para tenerlo a tu lado-le recordó Yumi-estabas dispuesto a todo por cuidar de él.

-Que no sea tu hijo no cambia las cosas-dijo Aelita-pero eso ya lo sabes, ¿no?

Ulrich negó con la cabeza, sin saber qué decir.

-Sí le… le quiero… y quiero quedarme con él pero… ¿cómo? Ellos van a llevárselo.

Jeremy sonrió con suficiencia.

-A mí se me ocurre algo-todos le miraron, expectantes-tengo el sistema de Dash. Solo necesito hacer un pequeño cambio en él para alterar la prueba de paternidad.

-¿Y eso no le hará daño?-preguntó Odd preocupado.

-No, solo hará que el esquema de Ulrich y el suyo se vuelvan compatibles… lo que significa que cuando lo sometan a una prueba, saldrá positivo que él es el padre. El superordenador puede hacerlo.

-¿En serio? ¡Es increíble, Jeremy!-saltó Aelita, emocionada.

-¿Pero qué estáis diciendo?-preguntó Sissi sin entender nada.

-Una vez hecho eso solo hay que dar una vuelta al pasado. Eva no confiesa nada, tú te haces la prueba y… tendrán que reconocértelo como hijo tuyo. ¿Qué te parece, eh?-dijo Jeremy con una amplia sonrisa.

-¡Genial!-Ulrich dio un salto de alegría con más energías de las que había usado nunca-¡Einstein eres el mejor!

-Modestamente…-respondió Jeremy con chulería.

-Queda un problema-puntualizó Yumi-Dash. Hay que cogerlo antes de que se lo lleven.

-Jua jua-rio Odd malignamente-para eso yo tengo un plan.


-Pues muchas gracias, caballero-dijo el policía guardando los documentos-¿la enfermería, por favor?

-A la derecha. Yo los guiaré-indicó el señor Delmas.

-¡Señor Delmas!-Jim acababa de llegar y se plantó como un marine frente a los policías-¡Presente y a sus órdenes capitán!

-Descanse…-dijo el policía mirándole extrañado.

-¿Qué tal está el niño?-quiso saber Delmas.

-No para de llorar, señor-informó Jim, aún tieso-pero al menos ya ha comido algo.

-Cuanto antes se lo llevemos a las monjas mejor-dijo la policía. Iban a avanzar, cuando Odd apareció con Sissi y se plantó frente a ellos.

-¡Señor Delmas, señor Delmas, ayúdeme! ¡Está loca!-exclamó Odd señalando a Sissi, que se quedó pálida por la sorpresa.

-¡Pero Odd…! ¿No íbamos a…?

-Dice que quiere tener un hijo conmigo como lo ha tenido Ulrich, señor-dijo Odd poniéndose detrás de Delmas espantado-¡ha venido a mi cuarto cuando me estaba cambiando, ha sido horrible!

-¡¿PERO TÚ DE QUE VAS?!-rugió Sissi, intentando agarrarlo para estrangularle-¡QUE ES MI PADRE, ¿ERES IMBÉCIL?!

-Elizabeth cálmate por favor… ¿pero qué estáis haciendo?-dijo el director Delmas, incapaz de creer lo que estaban haciendo.

-¡Venga Odd, estate quieto de una vez!-le pidió Jim intentando agarrarlo, pero el rubio se le escurrió ágilmente.

-¡Por favor, ayúdenme, deténganla! ¡Está demasiado enamorada de mí!-gritó Odd dramáticamente encaramándose al pecho del policía.

-¡TE VOY A MATAR!

-¡ELIZABETH!

Mientras los gritos resonaban en el pasillo Aelita y Jeremy hicieron salir a la enfermera Yolanda avisándola de que un niño se había caído y necesitaba asistencia médica, y así Ulrich y Yumi entraron y cogieron al bebé.

Dash, que había estado llorando hasta entonces, se quedó mudo al ver a Ulrich, y extendiendo sus brazos hacia él hizo un ruidito de felicidad inmensa.

-Ssssssh, ya estoy aquí… tranquilo… tranquilo-dijo Ulrich abrazándolo con ternura. La emoción le ahogaba la voz.

-Vamos-Yumi abrió la ventana de la enfermería y los dos salieron de allí.

Todos se reencontrarían finalmente en la fábrica.


-Morange, el bebé no está-dijo la agente de policía al entrar en la enfermería y ver la camilla vacía.

-¿QUÉ?-su compañero abrió mucho los ojos, furioso-¿CÓMO ES POSIBLE?

-¡Dios Santo!-exclamó el director Delmas asombrado. Sissi miró a Odd enfadada, pero él la guiñó un ojo dándola a entender que todo había salido bien. El gesto sin embargo no pasó desapercibido por Jim.

-Vosotros dos, ¿qué estáis tramando?-les preguntó, agarrándolos por el cuello de la ropa.

-Nada Jim… ¿qué te pasa?-dijo Odd, nervioso.

-Están en la fábrica, ¿verdad?-gruñó Jim. Odd abrió los ojos de par en par. ¿Cómo podía él saber eso?


Ulrich y Yumi entraron en la fábrica corriendo.

-Ya casi estamos Dash… no te preocupes-dijo Ulrich mirando a su niño y sonriéndole con ternura-nadie va a separarte de mí. Ya no…

Al bajar, se encontraron con Jeremy y Aelita que ya estaban preparando el superordenador.

-Tendrás que meterlo nuevamente en el escáner, Ulrich-informó Jeremy tecleando con rapidez. El chico asintió, pero no parecía muy convencido.

-¿Ulrich? ¿Estás bien?-Yumi le miró extrañada. El abrazaba fuertemente al bebé, pero parecía estar pensando en algo. Veía las cosas borrosas, extrañas.

-En realidad… no tiene sentido…-dijo Ulrich lentamente.

-¿El qué?-Yumi lo miró extrañada. Ulrich tragó saliva lentamente.

-Yo nunca… nunca te habría engañado con Eva… nunca llegamos a acostarnos… ella me gustaba, es cierto pero… pero nunca llegamos a nada. Solo lo… lo imaginé.

-¿Entonces cómo iba ella a dejarte el bebé?-preguntó Yumi, confusa-tú mismo me has reconocido que os acostasteis…

8:00

Ulrich intentaba pensar a toda velocidad, pero no entendía nada. ¿Por qué Eva le dejaría el bebé en la puerta? ¿Por qué el bebé aunque no fuese suyo, iba a dormirse a su lado? ¿Qué significaba todo aquello realmente? Encajaba, y a la vez no lo hacía…

-Ulrich… no tenemos mucho tiempo-Aelita señaló al ascensor, que estaba subiendo-creo que vienen…

-¿Cómo nos han encontrado?-preguntó Ulrich. Aquello solo le hacía sentir que todo tenía menos sentido todavía. Le dolía la tripa.

-No lo sé, pero tenemos que dar la vuelta al pasado-dijo Jeremy, nervioso-voy a bloquear el ascensor para que no pueda bajar…

-La biogenética… ¿cómo cambiarías los códigos?-Ulrich seguía negando con la cabeza. Sentía que nadaba a toda velocidad… se estaba ahogando.

-Ulrich, tenemos que hacerlo ya…-le recordó Jeremy-¿bajas?

-Ssí… claro…-Ulrich fue hacia los escáneres, obediente. Miró a Yumi y a Aelita, que le sonrieron, tranquilizadoras, y luego descendió los peldaños de la pared hacia la sala inferior.


-Ya está…-Jeremy abrió la puerta del escáner-vamos… no tardaré mucho…

Ulrich miró el escáner. Luego miró a Dash, que seguía abrazado a él cariñosamente. Pero cuánto, cuánto podía llegar a quererlo. Un deseo tan profundo de su corazón como era el de ser padre… el de dar el amor que a él no le habían dado. Hasta ahora no lo había entendido.

-Jeremy esto… esto no es real…-dijo Ulrich-creo que… solo está pasando en mi cerebro.

8:05

Jeremy bajó la cabeza apesadumbrado. Luego le miró y sonrió con lástima.

-Creo que sí, Ulrich-corroboró-yo lo entendí esta mañana, cuando vine a la fábrica. Las cosas no encajaban. ¿Por qué el superordenador desinstalaría programas? No quise decíroslo porque… te veía tan feliz… y si te explicaba que solo era un producto de tu imaginación, tú…

-¿Yo?-Ulrich tragó saliva, aterrorizado-¿pero cómo sabes qué soy yo? ¿Y si eres tú el que existe realmente? Te diste cuenta antes, ¿no? Y si… ¿y si es Dash?

Jeremy negó con la cabeza, mientras acariciaba al niño.

-Tiene… tiene que ser-insistió Ulrich desesperado-si no…

-Lo siento muchísimo Ulrich…

En ese momento salieron del ascensor Jim, el director Delmas y los dos policías, acompañados de Odd y Sissi que estaban esposados.

-¡DETENEOS AHORA MISMO!-exclamó el policía, sacando su porra.

-¡Jeremy, ¿pero qué es esto?!-exclamó el director Delmas, indignado-¡Te ordeno que te expliques ahora mismo!

-Dejadlo ya chicos… lo ha entendido… para nosotros se ha terminado-dijo Jeremy alzando una mano y parándolos a todos. Parecieron entenderlo al instante, porque su expresión cambió por completo.

-Pero entonces…-Jim tragó saliva, asustado-entonces… ¿qué va a ser de nosotros?

-No nos pasará nada-le tranquilizó Jeremy, que de repente era mucho más alto que todos ellos-solo somos las copias de la realidad en el subconsciente de Ulrich. Cuando despierte, se encontrará con nosotros, más reales y vivos que nunca.

8:10

-Pero… pero no con él-susurró Ulrich, y sus ojos castaños volvieron a encontrarse con las perlas azules de Dashiell-no con Dash…

-No…-Aelita y Yumi habían bajado también a la sala de escáneres, extrañamente con su ropa de Lyoko. De repente no estaban solo ellos, si no también Nicholas, Herb, Milli, Tamiya, la señora Hertz, Yolanda e incluso William. La sala de los escáneres estaba ahora en un amplio jardín, un parque que Ulrich conocía bien, y un enorme cangrejo de XANA se acercó a ellos y ofreció su gran cabeza para que se montasen en ella.

-D… Dash…-Ulrich abrazó a su hijo con fuerza, mirando al cangrejo consternado. Yumi se acercó y le besó en la mejilla con fuerza.

-Ve con él Ulrich… no tengas miedo… siempre estará contigo…

-Nno…-Ulrich respiraba entrecortadamente mientras las lágrimas recorrían sus mejillas, quemándole la piel. Su pecho subía y bajaba muy rápidamente. Dash notó su agitación y empezó a sollozar, preocupado.

-Tranquilo, tranquilo…-le pidió Ulrich-venga, Dash… no pasa nada…

Agarrándolo con fuerza se subió en la cabeza del cangrejo y dejó que lo llevara por el parque.

-Mira…-Ulrich señaló a un riachuelo-ese soy yo con mis padres. Fue un domingo que decidieron llevarme de paseo…

Dash abrió mucho la boca mientras miraba al pequeño Ulrich corretear por las flores y reír junto a sus padres. Se parecían mucho.

-Es uno de mis recuerdos favoritos… casi lo había olvidado-reconoció Ulrich con dolor.

El cangrejo siguió avanzando, y el cielo azul del parque comenzó a oscurecer. Ulrich vio como el cielo formaba una especie de vórtice, que pronto lo engulliría con él.

-Dashiell… no quiero irme…-se sinceró Ulrich-no quiero separarme de ti… te… te quiero… y necesito volverte a ver.

Dashiell le miró con tristeza, y estirando su pequeña manita acarició nuevamente el rostro de Ulrich, melancólico. Su piel era cálida y suave. Ulrich besó la mano de su hijo y luego lo apretó con fuerza contra él. Escuchó su delicada respiración y aspiró su suave aroma una vez más, como la noche anterior cuando habían dormido juntos.

Una última vez.

El cangrejo comenzó a desintegrarse, y también el paisaje del parque.

-Nno… no, por favor-suplicó Ulrich, llorando con fuerza. Dashiel le miró con pena, y luego le despidió con la manita.

-¡NO! ¡NO, POR FAVOR!-suplicó Ulrich, pero ya había empezado a levitar e iba directo hacia el cielo-¡DASHIELL!

El bebé le miró alejarse mientras estiraba sus manitas tratando de alcanzarle. Luego desapareció. Ulrich flotó en medio de la nada, como un asteroide en lo negro del espacio, sin emociones, sin sentimientos… sin amor…

-¡DASH!


8:15. Beeep. Beeeep.

El despertador comenzó a sonar anunciando las clases del viernes. Odd se retorció en la cama como una culebra y pegó un fuerte bostezo de hipopótamo.

-Ooooooooh… wuenos días Kiwi…-dijo acariciándole la cabeza a su feo perrito que ya estaba como siempre mordisqueando las zapatillas de Ulrich-¡eh, mejor no te comas eso! Perro malo. Perdónale Ulrich… ¿Ulrich?

Vio que su compañero estaba llorando en la cama, en silencio, abrazado a su almohada.

-¿Estás… bien?-preguntó Odd muy preocupado. Nunca le había visto así.

-Ssí … perdona…-Ulrich salió rápidamente de la habitación y fue al baño a darse una ducha, intentando serenarse. No había nadie, y fue una suerte, porque no quería que nadie lo viera derrumbarse así.


-Tenías mala cara ayer, seguro que es porque dormiste mal. Es que te hinchaste a pasta la noche anterior ¿te acuerdas? A mí también me pasa…-comentó Odd. Ya era sábado, y él, Ulrich, Jeremy y Aelita paseaban por la calle distraídamente.

-Ojalá pudierais recordarle…

-¿Qué?-Odd le miró extrañado. Ulrich no respondió. Sabía que su amigo no iba a entenderle. Nadie más podría, sentir lo que él había sentido.

-Yo sé que puede animarle…-bromeó Jeremy señalando a la calle contigua-por ahí viene Yumi-ih.

-¡Hola chicos!-saludó Yumi. Fue hacia Ulrich y dándole un abrazo le besó. Nada más rozarse sus labios supo que algo no iba bien.

-¿Pasa algo?-preguntó Yumi. Ulrich la miró fijamente. Ella sintió que su novio no estaba allí si no muy lejos. Fue como si sus ojos fueran un profundo túnel.

-No-respondió el chico finalmente-¿podemos dar… un paseo juntos?

-Pues claro-Yumi miró a Odd, Jeremy y Aelita con cara de circunstancias. Ellos se encogieron de hombros sonriendo y les dejaron pasar.

-Nos vemos luego en la Brasserie, tortolitos-se despidió Jeremy.

-¿Estás bien?-le preguntó nuevamente Yumi una vez se alejaron. Ulrich se acercó a la rivera y miró su reflejo en el agua, deprimido.

-Sí-mintió-es que… me apetecía pasear contigo un rato. Te quiero… y no quiero tener que despertarme más.

-¿Despertarte?-preguntó Yumi sin comprender.

Ulrich la tomó de las manos y la besó cariñosamente. Yumi sintió todo el amor, mezclado con melancolía, en la boca de su novio. Él luego se puso a andar y ella le siguió. Prefirió no decir nada y disfrutar de su compañía también.

Recorrieron la noche hablando de sus planes, y también de sus sueños. Pero había un sueño que Ulrich no compartiría jamás, ni siquiera con Yumi. El sueño de un dolor del pasado, y de una ilusión revelada por sorpresa, que tenía los ojos azules y una risa angelical.

Y Ulrich nunca podría olvidarle.


Este es uno de los fics más personales que he escrito. Espero que os haya gustado, ¡dejadme un review y me contáis;)!