La pelea era intensa, un choque de ideologías, que había terminado incluso en golpes.
–¿Que crees que haces? ¡Kayaba!
Aquél hombre de cabellos grises y cortos con apariencia tranquila se sacudió el golpe de su mejilla, y se reincorporó después de haber caído al suelo.
–Cumplir mi sueño, Ryō, eso es lo que hago.
Ryō Kidō, un hombre de apariencia robusta, una barba de candado, cabello castaño largo y alborotado, parecía tener una mezcla de emociones, estando entre decepcionado, conmocionado, y furioso.
–¡Ese no era nuestro sueño!.– se exaltó.–¡No participaré en un asesinato en masa!.
Akihiko Kayaba, el hombre que alguna vez había considerado su relación más cercana, se reía burlonamente ante él, dejando a Ryō perplejo.
–Este siempre fue mi sueño, Ryō, crear un mundo nuevo, un mundo perfecto.
–¡A costa de miles de vidas!.
A pesar de los intentos de Ryō de sacar a Akihiko de su envenenado sueño, Kayaba parecía tener una convicción oscura pero plena en su trabajo.
–Miles mueren a diario, ¿Cuál es la diferencia de elegir el lugar donde lo hagan?.
Ryō, quién comenzaba a sufrir de jaqueca por la descarga de información, comenzó a tambalearse.
–¿Eso es lo que buscas? Kayaba, ¿Jugar a ser un Dios?.
Antes de que Ryō se diese cuenta, podía escuchar los pasos de la seguridad acercándose a la oficina dónde ambos se encontraban, dónde la oscuridad los cubría, y ni siquiera la luz de la luna podía limpiar aquella oscuridad.
–Es mi mundo, soy su dueño, yo no juego a nada, Kidō, yo soy un Dios.
Lo último que se oía, eran los gritos de Ryō Kidō, gritos desesperados hacía la persona que alguna vez más había confiado, lo había traicionado.
Él no podía creer lo que estaba viendo.La lluvia empapaba su rostro, y el oscurecido cielo nublaba su vista.
sus piernas temblaban, el terror era evidente, el miedo lo inundaba.
El recuerdo de el oscurecido cielo soltando un aguacero con el entorno fúnebre era ensordecedor.
"Corre... Huye..."
5/11/22
(T/N) se despertó de golpe, de un sobresalto, jadeando y sudando.
El recuerdo de esas palabras lo consumía todas las noches y días, un recuerdo del cuál no podía escapar no importaba lo mucho que quisiese correr.
Él chico se levantó de su cama, y miró hacia la ventana la cuál estaba a un lado de su cama.
Aún estaba oscuro, y estaba lloviendo a cántaros, el reloj de mesa que se encontraba en la cabecera de su ordenada cama marcaba las cinco en punto de la mañana.
(T/N) se levantó sin esfuerzos de su cama, estirándose y bostezando ligeramente intentando apaciguar su sueño, cosa que eventualmente logró.
Después de despertarse casi por completo, le echó un vistazo a sus ropas, dormía sin camiseta, dejando al aire libre su delgado pero bien definido cuerpo debido a sus constantes prácticas de Kendo* y usaba un short deportivo color negro hasta sus rodillas.
En la pared que había a un lado de su cama, había dos espadas colgadas, una hoja corta enfundada, y una espada de madera para prácticas, tomó la segunda.
Antes de salir de su habitación, se echó otro vistazo al espejo, ésta vez, a su rostro, lo mismo de siempre para sus diecisiete años, su mismo cabello, sus mismos ojos, sus mismas facciones, la única diferencia eran las crecientes ojeras en sus ojos, las cuáles se volvían más prominentes al mismo tiempo que dormía cada vez menos tiempo, cosa que empezaba a afectarle, haciendo que poco a poco, se viese más delgado.
(T/N) decidió ignorar los pensamientos conforme a su físico, y salió de su habitación.
La casa de su madre era enorme, casi una mansión, aunque para él era eso, la casa de una mujer que si no fuera por la sangre, era una perfecta desconocida, una casa la cuál pensaba dejar en un mes.
Llegó a la sala dónde el practicaba Kendo y después de calentar, comenzó con movimientos suaves pero fuertes, moviendo su espada siguiendo reglas poco convencionales en su forma de practicar.
Después de poco más de una hora, el chico lo dejó, su cuerpo estaba lleno de sudor, le faltaba el aliento, aunque realmente estaba muy satisfecho, poco a poco, su condición crecía, y el mantenerse en movimiento durante ese tiempo era bastante sorprendentemente, al menos para él mismo.
Regresó la espada de madera a su habitación, y tomó una larga ducha tibia, relajando sus músculos, e intentando aclarar sus pensamientos acerca de la pésima noticia que había recibido hace algunas horas atrás.
"Estás comprometido"
Decir que odiaba su situación no era una exageración, estaba harto de seguir lo que le había ordenado su madre en ese año, para juntar las empresas de su madre, con una familia ricachona de Japón, habían decidido comprometerlo con la hija de la familia "Yuuki" cosa que (T/N) detestó desde que recibió la noticia, y había subido a su habitación sin responderle a su madre después de esa noticia.
Cuándo salió de el baño, se arregló con la primera combinación de ropa que encontró, y se apresuró para salir de su hogar.
Eran alrededor de las seis y media de la mañana, el sol estaba saliendo, y para su absoluta sorpresa, había una multitud exagerada de personas corriendo por las calles cómo si se fuese a acabar el mundo.
Siguiendo un impulso de su curiosidad, (T/N) decidió seguirlos, su curiosidad siempre había sido su punto débil, y en este caso, le ganó.
En su camino siguiendo a aquella multitud de adolescentes, pudo notar cómo sonaban las sirenas de los autos de policías, y por un momento pudo ver cómo un par de autos policíacos salían disparados de un lado a otro.
(T/N) al ver eso, apretó los puños de la molestia, hasta el punto dónde sus palmas comenzaron a doler, en sus pensamientos sólo rondaban insultos hacia la policía, entre ellos un "malditos inútiles" escapó de su boca.
Pero antes de que pudiera notarlo la policía ya había pasado, y los adolescentes que había estado siguiendo, ya se habían adelantado mucho, por unos breves momentos, se había quedado solo.
–Hola.
Una suave y tranquilizadora voz lo llamó.
Sacándolo de sus recuerdos que lo perseguían todas las noches, y cuándo volteó, sintió que veía la belleza en persona.
Una hermosa chica con cabellos y ojos color avellana, una tez tan blanca cómo la leche, y unas mejillas sonrojadas que la hacían ver aún más bella.
–Hola.– la saludó de vuelta.–¿Puedo ayudarte en algo?.
La chica rió por lo bajo, y (T/N) se sentía hipnotizado por su belleza, tanto así que se sentía atontado y quería reaccionar en ese mismo instante.
–Era lo que yo te iba a preguntar, te veías algo desorientado.
(T/N) sonrió de forma idiota, mientras procesaba las palabras dichas por la chica, para luego responder a medias.
–Había...– titubeó y comenzó a parpadear intentando pensar una forma sútil de decir que había una multitud ahí la cuál el estaba siguiendo para saber que estaba pasando.–Mucha gente aquí reunida, pensé que algo había ocurrido.
La chica parecía que se le iluminó el rostro, pues parecía haber entendido a la primera de que quería saber el chico.
–Probablemente sea por la venta del Nervegear y las últimas ventas de S.A.O.
–¿De... qué?.
La chica rió nuevamente, y le extendió la mano a (T/N).
–Ven, te enseñaré.
Ambos habían llegado a una especie de tienda dónde estaba la multitud que (T/N) había estado siguiendo, y junto a ellos, una fila considerablemente larga.
–¿Que hacen todas estas personas aquí?.
(T/N) estaba genuinamente curioso de que era lo que estaba sucediendo, a lo que la chica que lo acompañaba lo miraba con genuina confusión.
–¿No has salido a ningún lado últimamente?.
(T/N) negó con la cabeza.
–Estuve... ocupado con algunas cosas.
La chica negó con la cabeza en señal de desaprobación lo que llevó a (T/N) a una confusión.
–Sword Art Online, así se llama el juego que ellos están comprando.
(T/N) encaró una ceja.
–¿Juego? ¿Cómo C.O.D.*?.La chica se rió y negó con la cabeza.
–S.A.O es un VRMMORPG*, el juego se abrirá para todo público mañana.–(T/N) abrió los ojos en sorpresa.
–¿Realidad virtual?.
La chica asintió sonriendo con aires de superioridad que a (T/N) le parecieron divertidos por la forma graciosa en que ella los hacía.
–Sí, yo compré el mío hace tiempo.
–¿Lo jugarás?.
La chica asintió.
–Estoy emocionada por lo que será.
Aunque no quería admitirlo, (T/N) había despertado su curiosidad por jugarlo, aunque no sabía cuál era la razón, si jugar un juego de realidad virtual, o quizás, sólo quizás, pasar más tiempo con ésta chica tan increíble que recién había conocido.
Siempre había tenido una grandiosa pasión hacia los juegos, aunque bien había pensado que quizás era una simple fiebre de niño, rogándole por divertirse, pero incluso ahora, cuándo los demonios de sus recuerdos lo perseguían todas las noches, los juegos eran su único escape, la única realidad dónde podría vivir un mundo perfecto.
(T/N) estaba fuertemente atraído a la idea, un mundo nuevo, uno dónde el podría reformarse a su propia voluntad, quizás (sólo quizás) un mundo dónde el podría ser libre.
(T/N) le sonrió a la hermosa chica frente a él.
–Supongo, que te veré mañana.
La chica lo miró con ojos socarrones, pero a la vez con cierto brillo, quizás, ella también haya visto algo interesante en él, cómo él lo había visto en ella.
–¿Lo prometes?.
–Lo prometo.
Mientras regresaba a la casa de su msdre, con su Nervegear y S.A.O. en su mano, recordaba que el dependiente le había dicho que él había comprado la última copia del juego, haciéndolo el jugador 10,000 en unirse a los que jugarían Sword Art Online él día de su estreno.
Todavía era muy temprano, pero igualmente decidió ir a su hogar, y guardar muy bien el Nervegear en caso de que se presentara alguna situación indeseada.
Pasaba las calles de Tokyo, y en su cabeza lo único que rondaba era aquella chica, la cuál el había sido lo suficientemente estúpido cómo para no preguntarle su nombre.
Pero, por primera vez en un año, tenía esa sensación de que no podía esperar que el día siguiente fuese a llegar.
Sin embargo, (T/N) se detuvo en seco cuándo escuchó un muy audible golpe en el suelo al otro lado de la calle, era una chica, quién al parecer, se había tropezado caminando de una manera muy torpe.
(T/N) se dirigió a ayudarla sin mucha prisa, pero cuándo se acercó lo suficiente, notó que esa chica también traía el S.A.O. en sus manos, lo cuál, despertó su interés.
El chico le tendió la mano, y aprovechó de mirar bien a la chica.
Ella tenía un aspecto torpe, pero adorable a la vez, tenía un cabello castaño corto, y había bastantes pecas en sus mejillas.
–¡Muchas gracias!.
La chica agradeció mientras se sostenía de forma adolorida, y se sacudía sus ropas, las cuáles se habían ensuciado un poco.
–No lo menciones.–(T/N) intentó hacer alguna sonrisa creíble, pero realmente no lo logró, así que se confirmó con suavizar su mirada de una forma pacífica.–Sólo no te vuelvas a caer.
(T/N) se dió media vuelta, y siguió con su camino, regresando calmadamente a la casa de su madre.
6/11/22
El día había llegado, (T/N) había hecho su rutina matutina en tiempo récord, incluso el desayunar, y corrió a su cuarto a toda velocidad para comenzar a jugar.
Se colocó el Nervegear tomando todos los cuidados necesarios, y ahí, fue cuándo pronunció las palabras que él quería que cambiaran su vida para siempre.
"Link Start"
(T/N), tomando los parámetros permitidos por el mismo juego, creó su avatar lo más parecido a él posible, aunque no era él al 100%.
Era algo más delgado, su cabello era mucho más largo, cosa que lo incomodaba un poco, y su rostro en general se distanciaba del suyo, a pesar de tener cierto parecido.
También le habían preguntado por un Nickname, sin embargo, no se le pudo ocurrir alguno, aunque por un momento pensó por el nombre de su padre, pero al final lo descartó, y se decantó por usar su verdadero nombre.
Cuándo todo estuvo listo, logró entrar a Aincrad.Un "Wow" fue lo que se escapó de su boca al ver el mundo el cuál había aparecido frente a él.
Se encontraba en lo que el creía que era el Spawn* de Aincrad, y al ver al resto de jugadores que habían aparecido junto a él, sabía que no había cometido ningún error en su suposición.
(T/N), quién sentía unas profundas ansías de explorar el mundo, salió corriendo, recorriendo los callejones del pueblo inicial, las caras lo veían, y por primera vez, sentía que la libertad estaba al alcance de sus dedos, tan cerca que podía tocarla.
Ya había salido del pueblo, había llegado a una explanada de pradera dónde el sol levantaba frente a él, el aire que chocaba contra su rostro se sentía genuinamente real, y lo que respiraba parecía realmente oxígeno.
Eso era, ese lugar era lo más cercano que estaba de ser libre.
Sin embargo, interrumpiendo su relajación escuchó el sonido de un animal salvaje en su dirección.
Era un jabalí, uno que el pensaba era bastante realista a pesar de nunca haber visto uno en persona.
(T/N) desenfundó su espada, se puso en guardia contra el animal, y en ese mismo instante, el juego le lanzó su primer enemigo.
Utilizando un juego de pies bastante básico, logró esquivar al jabalí sin mucho esfuerzo, y rebanar al cerdo simplemente blandiendo su espada con fuerzas.
Una vez que él jabalí desapareció, (T/N) notó como sus puntos de experiencia aumentaban, subiendolo directamente a nivel dos.
El chico se sorprendió que el juego tomase en consideración la memoria muscular, o que los parámetros encargados del movimiento pudiesen adaptar movimientos del mundo real al estar almacenados en la mente del usuario.
(T/N) dando por sentado que los movimientos aprendidos en el mundo real fuesen útiles dentro del juego, comenzó a correr aún más, adentrandose al bosque en la afueras del pueblo, buscando más animales para aumentar su experiencia.
El chico perdió la cuenta de cuánto tiempo había pasado, pero estaba seguro de que habían sido horas, y esas horas no habían sido nada menos que diversión absoluta, al menos para él.
El sol se estaba poniendo y en la interfaz la cuál el podía ver todo el tiempo, su nivel ya había llegado al cuarto, cosa que se le hacía sorprendente, pero tenía que agradecer su conocimiento en Kendo poco convencional desde el exterior y también a su padre por enseñárselo personalmente.
Sin embargo, justo cuándo (T/N) había abierto el menú para desconectarse del juego, notó un problema.
No había un botón para salir del juego.
