Como se ve que no puedo vivir sin este pair tan increíble, os traigo un fic nuevo de ellas. Vi es Vi y Caitlyn es más Caitlyn que nunca. Está escrito en un mundo alternativo, siguiendo el lore del lol aunque con toques más de hoy en día. Espero que os guste y espero leer lo que os parece si queréis.
Un saludo, invocadores, ^^.
Cualquiera hubiera dicho que la enseñanza superior en el Instituto de Ciencias de Piltover era una pérdida de tiempo, pero eso no era lo que opinaba ella. Era un logro haber sido recomendada por uno de los mejores profesores de ese lugar, sobre todo después de haber visto sus habilidades en el taller una sola vez.
Vi se preparaba para su primer año de aprendizaje en el mejor lugar de toda Valoran, cursando a los dieciocho años en el sitio más elitista y presuntuoso de la ciudad de Piltover. Se podría haber quedado con sus estudios medios, haber abierto un taller de reparaciones y haber vivido una vida tranquila, pero Vi quería más.
Había demostrado grandes dotes en sus notas y en sus habilidades con la maquinaria y en el taller, además de haber sido llamada genio por nada más y nada menos que Heimerdinger, uno de los profesores más respetados del Instituto de Ciencias de Piltover y famoso inventor del continente. Además, había sido la persona que le había dado la oportunidad de cursar en ese Instituto gracias a una beca con trabajo en su taller. Gracias a él iba a tener la oportunidad de poder obtener una educación superior con la crema y nata de la sociedad Piltoveriana y del resto de Valoran; ya que ellos eran los únicos que podían acceder a tan caras matrículas para poder aprender.
Respiró y se detuvo frente a la puerta principal, mirando al gran edificio que se erguía delante de ella. La estructura contaba con un gran edificio principal, una entrada a lo que parecía un garaje subterráneo y tres torres distintas donde supuso que serían las aulas de las clases.
Mucha gente pasaba a su lado que la miraba de reojo, con cara de pocos amigos y con recelo, a la vez que se mostraban interesados en el aspecto de la joven. La mayoría vestían uniforme así que no dejaban de mirar sus ropas que decían a gritos que no era de allí, o el tatuaje tan significativo que llevaba en la mejilla con su nombre, que le daba un aspecto poco habitual al que se respiraba en ese sitio.
Volvió a respirar y cruzó la puerta principal, quedándose maravillada unos momentos por la decoración del interior y sin soltar el agarre de su mochila, colgada al hombro, donde se encontraban sus pocas pertenencias personales. Tras unos segundos en medio del pasillo, una persona carraspeó a su lado haciendo que saliera de su ensimismamiento.
–Perdona, ¿te has perdido? – preguntó una mujer vestida con traje negro y mirándola de arriba abajo por encima de sus gafas. El resto de los estudiantes que antes plagaban los pasillos y la entrada, habían desaparecido. ¿Cuánto tiempo llevaría ahí parada mirando a la nada?
–¿Y bien? – volvió a preguntar la mujer con mirada inquisitiva.
–Puede – dijo Vi contestando nerviosa y rascándose la zona rapada de su cabeza, gesto que repetía cada vez que se mostraba nerviosa –. Estoy buscando el despacho del profesor Heimerdinger. Me dijo que me presentara sobre esta hora allí hoy.
–¿El Profesor Heimerdinger? – enarcó una ceja incrédula, volviendo a mirarla de arriba abajo. – No tenemos constancia de que alguien tuviera cita con él hoy.
–Soy… la nueva alumna del Instituto, Vi. Heimerdinger me dijo que viniera a hablar con él ya que me iba a hacer una visita guiada por el centro y a enseñarme donde estarían los dormitorios, las clases y el taller – contestó rápidamente.
–Viajas ligera de equipaje entonces, Vi – le dijo ella con una sonrisa haciendo que la joven perdiera un poco de los nervios –. Discúlpame, pensaba que no eras estudiante del centro, sígueme.
–Mis pertenencias están esperando fuera, en el coche de mi tutor – le dijo ella haciendo que se girara antes de que siguiera caminando.
–Entiendo – le dijo simplemente, con el mismo tono monótono del principio –. Por cierto, mi nombre es Vayne, la codirectora del centro. Espero que tengas una provechosa estancia aquí con nosotros.
–Muchas gracias – dijo sin cambiar el tono, un poco molesta con ella por haberla juzgado mal desde el principio, pero sin sonar descortés.
La siguió detrás de ella sin poder apartar la vista de las zonas que estaban visitando e intentando memorizar el camino donde se encontraba Heimerdinger para no perderse en el futuro. Aunque aquel lugar era totalmente un laberinto, decorado con objetos Hextech y muchísimas piezas, además de gozar de una rica decoración de premios, moquetas, y demás elementos ornamentales.
Las escaleras estaban diseñadas con el patrón de vanguardia de la ciudad, bastante antiguo, pero funcional y bonito. Esas cosas no se veían en Zaun, de donde venía ella. Miró por las ventanas conforme recorrían los pasillos observando la variedad de edificios que había en la zona. Se encontraban en un nivel superior al barrio bajo de la ciudad, donde vivían los obreros, pero aún así, la vista de todas las casas era preciosa.
No había visto una ciudad tan ordenada en su vida. Aunque sabía que toda su vida se había basado en recorrer Zaun de arriba abajo con su banda y poco más. Esa sí que era una ciudad sucia y desordenada, a la hora de hablar de estructuras, edificios y calles.
Llegaron a la puerta de lo que parecía un taller dentro del edificio, deteniéndose delante de ella. Vayne llamó con dos golpes secos y fuertes, esperando respuesta. Vi se encontraba detrás de ella dejando una educada y prudencial distancia entre ellas.
Al cabo de unos segundos que se hicieron larguísimos y al no obtener respuesta ni ningún ruido del interior, abrió la puerta entrando molesta. Tal como Vi se había imaginado, era un taller enorme lleno de objetos Hextech, piezas y herramientas por doquier, era como estar en una tienda de golosinas para Vi.
El taller se encontraba desierto, o eso parecía, pero Vayne empezó a mirar por todos los lugares que había allí hasta que una mata de pelo rubio rizado emergió de entre unas cajas. Vayne se cruzó de brazos y carraspeó detrás del hombre, que se giró para observar a sus nuevas invitadas con una sonrisa de oreja a oreja.
–¡Ah, Vi! Qué bien que estés aquí ya. Y puntual tal como me dijiste. Gracias por acompañarla, Vayne – le dijo con un gesto invitando para que se fuera y poder hablar con su alumna a solas.
–He de entender que todos los papeles de la joven Vi están en regla, ¿no? – preguntó sin moverse del sitio, impávida ante el movimiento de manos del hombrecillo.
–Nimiedades son las únicas cosas que quedan por rellenar en los papeles – dijo él encogiéndose de hombros y señalando unos papeles encima de una mesa –, lo importante ya está relleno y firmado y sellado. Solo falta el visto bueno del director.
La mujer cogió los papeles y empezó a repasarlos, mirando que todo estuviera en orden. Heimerdinger miró a Vi, quien le sostuvo la mirada preocupada, pero el profesor la calmó con un gesto, haciendo que sonriera.
–¿Dónde va a dormir? – preguntó la mujer cogiendo un bolígrafo de la mesa para rellenar lo que quedara en los papeles.
–Dormitorio femenino, habitación 112. Va a estar en una de las habitaciones pequeñas, pero no creo que a la joven Vi le importe, ¿no?
–No, señor – dijo la joven educadamente.
–¿Cómo va a sufragar los gastos de la beca? ¿Los gastos del dormitorio, comedor y estancia?
–Trabajará las tardes conmigo en el taller. Como si fuera una empleada más, pero con horas sueltas. – dijo él sin borrar la sonrisa viendo cómo rellenaba los papeles.
–¿Cuántas clases tendrá a la semana?
–Ciencias, mecánica, desarrollo, historia y dibujo técnico. Un total de 30 horas semanales mas las 10 horas de estudio e investigación.
–Mas el trabajo.
–Una hora semanal en el taller conmigo, sí.
–¿Sólo una hora? – preguntó Vayne enarcando una ceja poco convencida.
–Una para empezar, quizás tenga que robarle horas de estudio cuando tenga más trabajo.
–Veo que está todo en orden – dijo ella terminando de escribir unas cosas en la instancia –. Os dejo, pues. Llevaré estos papeles al director.
Dichas esas palabras se dio media vuelta despidiéndose de los dos y saliendo del taller, cerrando la puerta detrás de ella. Vi tragó saliva y se relajó una vez notó que el ambiente había dejado de ser tenso. Heimerdinger seguía sonriendo.
–Una gran primera impresión de Vayne, ¿verdad?
–Parece que he sido yo la que no le ha causado una buena primera impresión. Seguramente pensaba que era alguna ladronzuela que se había colado a robar algo – se volvió a rascar la cabeza, nerviosa.
–No le des importancia. Vayne tiene problemas con casi todos los alumnos, y ya que tú has entrado nueva al Instituto, habiendo sido becada, con unas pintas bastante distintas a lo que suele pasar por aquí y además que sabe que vienes de Zaun… tenías todas las papeletas para no caerle bien a la primera – le dijo él acercándose a ella, que parecía haberse entristecido por las palabras del pequeño hombrecillo –. Pero es una mujer justa y jamás haría nada en contra de un alumno. ¿Y el resto de tus cosas?
–Están fuera, esperando junto a mi tutor – le dijo ella más animada, sabía que iba a ser difícil encajar en un sitio como ese, pero jamás se rendiría ya que no quería ser una persona débil que dejaba las cosas cuando se ponían un poco feas.
–Vamos a por ellas, las llevamos a tu nuevo dormitorio y te hago un buen tour por el resto de las instalaciones del Instituto de Ciencias, ¿de acuerdo? –le dijo apoyando su mano en su espalda baja para sacarla del taller y llevarla hacia la salida de nuevo.
Vi volvió a intentar memorizar el camino de vuelta, aunque le estaba resultando muy complicado ya que el Instituto parecía haber sido diseñado como un laberinto adrede. Llegaron a la calle y se dirigieron al viejo coche que había aparcado delante de la puerta. Salió del asiento del conductor un hombre joven que se acercó con una sonrisa a los dos.
–Me alegra verle, profesor. Vi tenía muchas ganas de empezar a trabajar con usted – dijo esbozando una sonrisa más amplia apoyando su mano en el hombro de la joven con cariño. Ayudaron entre los tres a bajar las pocas maletas que traía Vi consigo en el maletero del coche y una caja con cosas del orfanato de Zaun que había podido llevarse.
–Seguro que Vi me ayudará mucho en las cosas que tengo que hacer en el taller, espero que se encuentre a gusto aquí en Piltover – les dijo el profesor haciendo que Vi sonriera confiada en sus capacidades.
–Intentaré no defraudarle, profesor – dijo ella con una sonrisa dejando las cosas delante de la puerta y bajando las escaleras de la entrada de nuevo hacia ellos.
El hombre le dio un abrazo largo lleno de cariño y le revolvió el pelo con una sonrisa. Se separó de ella y la miró como un padre mira a su hijo mayor cuando se va a la universidad, lleno de orgullo.
–Has sido la mejor joven que he tenido el placer de ayudar en el orfanato, Vi. Solo espero que aquí no te metas en líos y sigas tan bien como hasta ahora, disfruta de estos años y aprende mucho. Haz que estemos orgullosos de ti – le dio un beso en la mejilla y Vi asintió llena de fuerza.
–Gracias por hacer el esfuerzo de traerme hasta aquí en coche – le dijo ella sin dejar de sonreír.
–Sabes que no me cuesta – le dijo volviendo a meterse en el coche y bajando la ventanilla –. Cuida de mi mejor chica, Heimerdinger. Es muy valiosa para nosotros.
–Lo haré, descuida – le dijo el hombrecillo subiendo las escaleras.
Vi vio cómo el coche se marchaba de la entrada y se giró para coger sus cosas y acompañar a Heimerdinger hacia otra zona distinta del Instituto. Mientras caminaban hacia los dormitorios, el profesor le iba indicando cosas que recordar para no perderse dentro.
–Parece que te llevabas bien con tu tutor, ¿no?
–Es un buen hombre. Cuidó de mí desde que tuve diez años y siempre me sacaba de líos. En comparación a otros tutores del estado y del orfanato, éste era de los mejores.
–Me alegro – le dijo sin intentar parecer demasiado curioso, había leído los informes de la joven ya que toda la documentación iba a parar a las oficinas del Instituto de Ciencias para hacer un buen seguimiento del alumnado. Sabía toda la vida de la joven de cabo a rabo y también sabía que, a pesar de sus errores, era buena gente y se podía confiar en ella.
Caminaron unos minutos más en silencio hasta que llegaron a la zona de los dormitorios. Había una puerta de entrada a ese ala, supuso que para evitar robos ahí y otros incidentes con extraños que estuvieran visitando el Instituto. Pasaron un par de salas más hasta que llegaron a los pasillos donde estaban los dormitorios, la puerta con el número 112 estaba casi al final del pasillo.
Abrió la puerta con una llave distinta y pasaron dentro de la estancia haciendo que a Vi se le abrieran los ojos ante lo que le estaban ofreciendo. Nada más entrar había una habitación con un baño completo que incluía una ducha bastante amplia dentro de una bañera. El resto de la habitación estaba decorada con lo básico y completamente vacía, pero también se notaba que era casi nueva.
Había una cama de cuerpo y medio al lado de la ventana, pegada a la pared. Un armario lo suficientemente grande como para que Vi dejara todas sus cosas y un escritorio enorme con varias estanterías encima de él además de una silla que parecía muy cómoda.
Dejaron todas las cosas encima de la mesa y de la cama de la joven mientras se seguía maravillando con la habitación tan grande que iba a tener para ella sola. Heimerdinger sonrió ante la ilusión que mostraban los ojos azules de la joven, la cual estaba mirando por la ventana que había cerca de la cama.
–¿Todo esto es para mí? – preguntó un poco incrédula, sin terminar de creérselo. El hombrecillo dejó la maleta que le quedaba al lado de la cama y se dirigió a ella sin borrar la sonrisa.
–Si. No hay compañeros de habitación, así que tendrás cero molestias y toda la estancia para ti sola. Toma – le tendió el manojo de llaves con el que había ido abriendo las puertas de la zona –, una es para tu puerta, la otra es para la entrada principal y otra para la entrada del corredor que hemos pasado antes de llegar. Tienes un supermercado cerca del Instituto por si necesitas comprarte cualquier cosa y la zona del mercado y las tiendas están a diez minutos andando de aquí, aunque todo eso lo explorarás luego por tu cuenta. Antes de que se me olvide… – dijo yendo hacia el armario y abriéndolo – aquí tienes tu uniforme. Supuse que no te gustaría trabajar en el taller con falda, así que tienes uniforme con pantalón. Has de llevarlo todo el tiempo, ¿si? No quiero que me llamen la atención porque no lo llevas.
–Descuida, profesor – le dijo ella con una sonrisa mirando las prendas, entre ellas, la corbata de la camisa que iba a tener que llevar –, seré la mejor alumna que ha tenido jamás. Muchas gracias por todo.
–Dale las gracias a tus manos y a tu cabeza, que son las que te han traído hasta aquí. Sé que vas a ser muy buena inventora y Piltover es la ciudad que más oportunidades ofrece a gente como tú, nuevos genios e investigadores. Ven, vamos a ver el resto de las instalaciones.
El resto del día se lo pasaron recorriendo las instalaciones de todo el centro, intentando que Vi se familiarizara con los caminos y con todas las cosas que había allí. Todavía no se podía creer que estuviera en Piltover y menos en el mejor Instituto de Runeterra para poder estudiar y desarrollar sus habilidades como inventora.
El sitio tenía de todo lo que uno hubiera podido imaginar. Había una sala de estar común para todos los estudiantes, con televisión incluida. Había también una biblioteca, pistas para correr, gimnasio, piscina, comedor, una enfermería e incluso un pequeño cine para ellos.
–Muchos alumnos se quedan en los dormitorios casi siempre, exceptuando los fines de semana que algunos estudiantes piltoverianos marchan a sus casas, igual que en vacaciones. Esos días puedes usarlos para trabajar en el taller o explorar la ciudad y hacer tus cosas – le dijo Heimerdinger –. No llevamos control estricto en las clases, así que puedes faltar en caso de enfermedad o asuntos personales sin que tengamos que llamarte la atención.
–Este sitio es increíble, pero es como un laberinto para mí. ¿Podría tener un mapa del sitio y un horario para las clases que tendré esta semana?
–Claro, ahora mismo te lo doy – le dijo él llevándola a otra parte del Instituto, donde se encontraban las salas de los profesores y el director –. Estas son las salas donde podrás encontrar a todos los profesores para tener tutorías o preguntarle dudas. Si tienes algún problema de papeleo puedes ir a la sala del consejo estudiantil para que te ayuden con eso.
Vi asintió mirando las salas cerradas a su alrededor. Le llevó a un mostrador y sacó unos papeles que le tendió. Después se dirigieron al comedor a comer algo.
Por la tarde noche, Vi regresó al dormitorio después de despedirse del amable profesor y se dedicó a colocar las cosas que había traído desde Zaun, así como la ropa para poder tenerla a mano en el armario. Sobre las nueve estaba tan reventada que lo único que hizo fue cambiarse y dormirse enseguida. Mañana iba a ser un duro día de clases y trabajo.
Vi dio gracias a haberse levantado temprano, ya que la ducha y vestirse duraron más de lo que tenía pensado al principio. Cargó su mochila con las cosas que iba a necesitar durante toda la mañana y cogió el mapa para no perderse por el laberinto que era el Instituto de Ciencias de Piltover.
Ayer no se cruzaron con muchos alumnos durante la visita, pero aquella mañana, nada más salir de su habitación, se encontró con un tropel de chicas vestidas con el uniforme con falda que iban de camino a los comedores y a otras salas del recinto. Se sintió extraña siendo la única fémina con pantalón.
Su uniforme consistía en unos pantalones azules oscuros, zapatos negros de piel bastante cómodos, una camiseta interior blanca, camisa del mismo color y una corbata fina negra para decorar. Algunos llevaban la chaqueta del mismo color que los pantalones, de tres botones solo. Vi llevaba la camisa por fuera de los pantalones, iba sin la chaqueta y con la corbata aflojada ya que le molestaba.
Nada más llegar al comedor, todas las miradas se dirigieron hacia ella. Intentó no prestar atención al hecho de lo llamativa que resultaba a pesar de que a cada mesa que pasaba hacia el mostrador donde estaba la comida, los murmullos crecían.
–¡Que alguien llame a la policía, se nos ha colado una ladrona! – se oyó gritar una voz masculina en medio del comedor haciendo que las risas empezaran a quemarle los oídos.
Vi intentó ignorarlo, ni siquiera dirigió la mirada donde se encontraba el idiota que le había insultado. Cogió su desayuno dando las gracias amablemente a una de las cocineras que había detrás del mostrador y se dirigió a una mesa que había sola en una de las esquinas del comedor. Pero sabía que la cosa no iba a terminar aquí.
–¡Eh, tú! ¡Te estoy hablando, sorda! – le gritó la voz acercándose más a ella, mucho más de lo que hubiera querido, no eran solo unos pasos, más gente iba acompañándole. La gente no dejaba de mirarla.
Vi intentó llegar a la mesa tranquilamente, pero el chico se interpuso en su camino terminando de correr. La mirada de Vi reflejaba el más puro asco hacia el joven. Un chico moreno, con cara de creído y con ínfulas de creerse el más popular del lugar, con una sonrisa que seguramente a las chicas les resultaría agradable y un buen físico.
–Te estoy hablando – dijo bajando la voz unos decibelios, pero manteniéndola alta para que el resto de la gente los oyera –. ¿Acaso eres sorda?
Vi no contestó, el chico era un poco más alto que ella, cosa que no le intimidaba lo más absoluto, ya había tratado con gente peor en el orfanato y en la calle. Se quedó mirando a sus dos amigos, uno más corpulento que él y el otro mucho más delgado. Un trío variopinto se mirara por donde se mirara.
–Vaya, parece que se le ha tragado la lengua el gato – dijo él intentando intimidarla, Vi siguió sin hacerle caso. Intentó moverse hacia la mesa que quedaba libre apartándose de ellos, pero el chico le golpeó la bandeja tirando al suelo lo que llevaba encima.
Vi se quedó mirando la comida derramada en el suelo durante unos segundos ante las risas de los chicos, quienes empezaron a hacer bromas sobre pobres y que ella no logró oír. En su mente se vio golpeando fuertemente al chico con la bandeja en la cara, rompiéndole con total seguridad la nariz y acabando expulsada el primer día.
Dirigió su mirada hacia él de nuevo, haciendo que dejara de reírse, notando el peligro en sus ojos pero sin amilanarse. Él no iba a salir mal parado, se creció.
–¿Qué miras? – preguntó despectivamente – Recoge lo que has tirado.
–¿Cómo te llamas? – le dijo ella agarrando con fuerza la bandeja en su mano y encarándose a él sin miedo.
–Mi nombre es Jayce – dijo orgulloso –, apréndetelo bien ya que lo vas a oír mucho en este sitio.
–Eso espero – dijo ella amenazante, agachándose para dejar la bandeja en el suelo y volver a encararse a él –. Ahora, déjame recoger lo que has tirado al suelo con tus modales de niño pijo.
La gente elevó el murmullo, algunos soltaron risitas mientras veían la cara colorada de Jayce y cómo miraba a todas partes del comedor para saber quién se reía de ese comentario. Vi sonrió sabiendo que, si la golpeaba, iba a perder. Él fue consciente de eso y la agarró del antebrazo fuertemente, Vi giró la mano agarrando su muñeca y retorciéndola ligeramente, lo justo para que la soltara con un sonoro quejido y una cara llena de sorpresa del joven.
–¿No tienes a nadie más a quien torturar por ahí, Jayce? – dijo su nombre con asco, haciendo que la gente dejara de hablar para fijarse en ellos.
–Pienso quejarme a la dirección – dijo finalmente dándose cuenta de que no iba a llegar a nada de otra forma –, voy a conseguir que te echen de este sitio, pordiosera. Aquí no está tu lugar.
–Por lo que veo, tampoco el tuyo – dijo ella sin dejar de sonreír mientras se agarraba la muñeca dolorido –, ya que veo que no vas a ayudar a limpiar. Ve a llorarle a quien quieras.
Más risas hicieron que el chico perdiera la cabeza, empujándola fuertemente y mirándola con odio. Vi cayó de culo, quedándose sentada. Cruzó los brazos contra su pecho y se quedó mirando con la misma sonrisa al joven.
–¿Has terminado? – preguntó elevando la voz – La bandeja no se va a recoger sola.
Jayce se acercó a ella cogiéndola de la camisa, ante los murmullos generalizados de la gente. La levantó del suelo sin que ella opusiera resistencia y justo cuando iba a soltar un puñetazo, una voz lo detuvo.
Una palabra había valido para que el joven se quedara quieto en el sitio, su nombre. Pero no era la palabra lo que lo hizo detenerse, sino el tono de la persona que lo había nombrado.
En la entrada del comedor había una joven, una chica preciosa con el pelo oscuro, con un reflejo azulado, largo, sedoso y brillante. Sus ojos mostraban el más indescriptible desprecio a la acción que estaba haciendo el joven, esos ojos azules que miraban a la chica nueva y al joven como si pudiera ver su alma. Estaba de brazos cruzados con el uniforme de chica puesto, la corbata perfectamente colocada, al igual que su falda y su blusa.
Jayce la soltó dejándola de pie, mirándola con odio y amenazándola con el dedo.
–Ten cuidado con lo que haces aquí – le dijo él –. Este no es tu sitio.
Vi volvió a recuperar la sonrisa de oreja a oreja mientras veía cómo se retiraban sus amigos y el joven. Volvió a mirar a la chica que lo había llamado y se quedó mirándola unos segundos en los que ella le devolvió la mirada. Un escalofrío le recorrió la espalda.
Cuando se giró para irse con los chicos, Vi se agachó a recoger lo que había tirado el joven, pidiendo a las cocineras un mocho, diciéndoles cuanto lo sentía y ellas agradeciendo el gesto y dándole otra bandeja para que pudiera desayunar.
Después de recoger y de fregar, se pudo sentar a comer tranquilamente en la mesa. Segundos más tarde, una chica morena, guapísima, con unos ojos amarillos que parecían irreales, se sentó a su lado, sonriendo.
–Vaya, eso ha sido todo un espectáculo – le dijo sonriente tendiéndole la mano amigablemente –, soy Ahri.
–Encantada – le dijo cogiendo su mano con suavidad y estrechándola –, soy Vi.
–No he visto a nadie echarle un pulso tan fuerte a Jayce jamás. Se piensa que es el rey del cotarro, demasiado ego para su cerebro tan pequeño – le dijo ella. Vi se rió mientras devoraba su comida.
–Dime Vi, ¿de dónde vienes? – preguntó la joven mirando alrededor, fijándose en que la mesa donde se encontraba Jayce no dejaba de mirarlas. Vi le siguió la mirada.
–Soy de Zaun.
–Oh, ahora entiendo el ataque de antes – le dijo ella.
–¿Por qué?
–Verás, Jayce tiene demasiados egos heridos en concursos por un estudiante de ciencias de Zaun. Siempre ha sido mejor que él en algunas cosas, en otras es mejor Jayce, pero creo que es la persona que más odia. A él y a todo Zaun. No me preguntes por qué.
–Yo solo quería desayunar en paz – le dijo ella –, ¿tan difícil era que me dejara hacer eso?
–Será tu aspecto – bromeó ella.
–Pero si voy a la última moda – le dijo sonriendo, haciendo que Ahri se riera con ella.
–Qué boba. ¿Sabes ya cómo encontrar tus clases?
–Algunas sí, otras necesito el mapa en todo momento.
–¿Qué clases tienes?
–Ciencias, mecánica, desarrollo, historia y dibujo técnico.
–Uf, vaya – le dijo ella mordiéndose el labio –. Te va a tocar compartir clase con la zorra de la Reina del Hielo.
–¿Quién? – preguntó enarcando una ceja divertida ante el nombre.
–Doña perfecta, la niña prodigio de Piltover, la mejor investigadora, científica, inventora, largo etcétera de la ciudad. ¡Ni la realeza de Freljord es tan estirada!
–Pero que quién es – le dijo riéndose de las caras de Ahri.
–Ella – le dijo señalando a la mesa donde estaba sentado Jayce, a su lado estaba la chica que lo había llamado a la entrada del comedor.
Ahora que la miraba con más detenimiento podía añadir a su lista lo hermosa, elegante y preciosa que era. Su mirada se cruzó con la de ella de nuevo y pudo sentir el mismo escalofrío en la espalda que tan mala espina le estaba dando.
–Vale, vuelve a la tierra, Vi – le dijo Ahri. –. Te recomiendo que no hagas eso mucho o le darás a Jayce otro motivo por el que perseguirte.
–¿El qué? – preguntó sin comprender volviendo la vista hacia la joven Ahri.
–Un poco más y empiezas a babear por ella. No sé qué le pasa a la gente con esa joven, si es una estirada y una amargada. Nunca sonríe.
–Yo no estaba haciendo eso – se quejó Vi a la chica.
–Claro, sí – le dijo ella enarcando una ceja –. Ahora dime que no te gustan las mujeres y ya me dejas con la boca abierta.
–No, eso sí – le dijo riendo –. Claro que me gustan, ¿cómo no me iban a gustar? Son mejores que los hombres en todos los aspectos.
–Bueno, para ti – le dijo ella sonriendo –. ¿Te gusto?
–No eres mi tipo – le dijo directamente haciendo que la joven le golpeara el hombro amigablemente.
–Qué mala eres, ¿cuál es tu tipo, el imposible? – preguntó haciendo un aspaviento hacia la mesa donde se encontraba sentado Jayce.
–Tú es que me lo pondrías muy fácil – le dijo riendo. Ahri le volvió a dar.
–Eres un caso, pero me caes bien. ¿Quieres que te eche una mano con el mapa?
–Sí, por favor. Este sitio es un laberinto – dijo dándole las gracias.
Tras un rato explicándole el recorrido que tenía que hacer para llegar a sus clases, se aproximó la hora de que sonara la alarma que indicaba que el día lectivo iba a comenzar. Vi recogió sus cosas y Ahri la acompañó recogiendo su mochila de un banco próximo a ella, se marcharon del comedor viendo cómo la mesa de Jayce se levantaba y se diseminaba, cada uno yendo a un lado distinto.
El joven puso su brazo encima de los hombros de la chica morena posesivamente, zarandeándola y contándole algo para que intentara sonreír, pero la chica se mostraba distante y reticente al tacto de lo que supuso Vi, era su novio.
Se dirigió hacia el aula donde iba a dar clase esa mañana y se alegró de poder encontrarla tan fácilmente gracias a las indicaciones de Ahri. Cuando llegó todavía no había nadie, así que decidió sentarse en el mejor sitio que había para poder mirar la pizarra y todos los ángulos de la clase cómodamente. Era una mesa doble de dibujo, bastante más grande que las mesas en las que había estudiado ella alguna vez en Zaun, cómo se notaba que en ese sitio había buenos materiales y buen presupuesto para esas cosas. Se sentó en el asiento de la derecha sacando una libreta y colocando sus cosas encima de la mesa.
Pasados unos minutos, empezaron a llegar más alumnos al aula, algunos la saludaron con un tímido hola, otros directamente empezaron a murmurar entre ellos sorprendidos y alguno que otro con una risilla divertida. Vi volvió a no darle importancia a esas cosas.
Conforme se fueron sentando en el resto de las mesas, se quedaron hablando entre ellos, alguno que otro mirando a la dirección de Vi como si hubiera hecho algo malo. La joven empezó a preocuparse, sin saber qué pasaba, hasta que la vio.
La llamada Reina del Hielo había hecho su entrada estelar por el marco de la puerta cuando su mirada se cruzó con la de Vi, haciendo que volviera a recorrerle un escalofrío por la espalda. Tenía cara de pocos amigos y por el gesto de medio enfado que estaba haciendo, sabía que estaba enfadada con ella. Supuso que había sido por toda la discusión con Jayce, pero se equivocaba.
La joven morena se acercó a ella con aires de grandeza y se quedó delante de ella mirándola como si se tratara de un mosquito que había aterrizado en su escritorio. A Vi se le paró el corazón hasta que abrió la boca para hablar, saliendo de ella un tono tan educado y una voz tan sexy que esta vez no solo sintió un escalofrío.
–Estás sentada en mi mesa – dijo con tono serio, intentando sonar amenazante, aunque Vi descubrió que estaba consiguiendo el efecto contrario –. Levanta y toma otro asiento, aquí trabajo yo sola.
Vi se quedó de piedra, primero porque era más guapa de lo que había podido ver de lejos en la cafetería y segundo, porque le costó entender lo que le estaba pidiendo después de lo excitante que le resultaba su voz. Parpadeó dos veces hasta que su cerebro comprendió lo que le había dicho.
–Perdona, no he visto tu nombre escrito en ninguna parte – le dijo ella mirando alrededor de la mesa haciendo que la gente de la clase se callara y empezara a murmurar tras unos segundos de shock. –. Vaya, no lo encuentro en ningún sitio.
La gente de la clase empezó a reírse por lo bajo, haciendo que el enfado de la joven fuera más evidente. Se cruzó de brazos intentando razonar con la joven.
–¿Te crees muy graciosa? – le preguntó despectivamente.
–¿Es que tú no? – dijo Vi con voz afectada y poniendo cara de sorprendida, haciendo que más de alguno se arrancara a reír.
–Mira, salvaje. Puede que de donde vengas sea una jungla y que no te enseñen modales, pero no puedes ir por ahí quitando su sitio a la gente – le dijo apoyando las manos en la mesa inclinándose sobre ella.
Vi borró la sonrisa dándose cuenta de lo brillantes que eran sus ojos, lo delicado de sus facciones y la belleza que irradiaba, casi irreal. Se quedó contemplando el rostro de la joven unos segundos en los que su mente volvió a procesar toda la información que le había dado.
–Quizás seas tú a la que no han enseñado bien – le dijo Vi esbozando media sonrisa –, al igual que a tu amigo, el de la cafetería. Me gusta esta mesa y estoy dispuesta a compartirla contigo ya que mi educación lo permite, ¿permitirá tu orgullo el compartirla?
La pregunta pilló tan de repente a la joven que su cara de sorpresa acompañó al silencio que se hizo en el aula. Vi la miraba desde abajo sin amedrentarse, notando cómo la morena iba cediendo poco a poco.
Caitlyn se echó para atrás y se empesó en una de sus piernas, pensativa, haciendo una mueca de desprecio hacia la joven, sin dejar de mirar los vivaces ojos azules de Vi, los cuales viajaron poco sutiles hacia su cintura y de vuelta para su rostro, algo que no se le pasó desapercibido a la joven.
–¿Cuánto quieres por dejar esta mesa libre? –preguntó sin miramientos.
–¿Estás intentando comprarme? –preguntó anonadada.
–Todo el mundo tiene un precio – le dijo ella encogiéndose de hombros. –. Así que dime el tuyo.
–No me puedo creer que me hayas dicho eso – le dijo Vi sacudiendo la cabeza como si fuera algo insólito–. Ahora me entran más ganas de quedarme donde estoy.
La chica iba a replicar cuando una voz detrás de ella carraspeó atrayendo la atención de la clase. Vayne, la profesora, acababa de entrar por la puerta. Estaba mirando fijamente el intercambio de palabras y el resto de los alumnos estaban tan ensimismados en la conversación que no se dieron cuenta de su llegada.
–Siéntese, señorita Caitlyn – le dijo la voz calmada de la codirectora, la mujer que ayer había hablado con Vi y la había ayudado a rellenar sus papeles. –. Así podremos dar comienzo a la clase.
La joven refunfuñó entre dientes, debatiéndose qué hacer delante de la mirada inquisitoria de la profesora. Cedió, se sentó al lado de Vi con cara de pocos amigos y bastante molesta con la situación de tener que soportar la presencia de una joven de tan baja alcurnia a su lado. Vi sabía que los niños ricos se solían molestar por esas cosas, pero otra vez, decidió no darle importancia. A lo que sí dio importancia, era a lo bien que le sentaba a la joven el nombre de Caitlyn.
La clase fue bastante tranquila, no intercambiaron ni una sola palabra para nada, a pesar de que había algunas cosas que podrían haber hecho juntas. Caitlyn mantenía un pulso con la joven, a ver si podía solucionar problemas básicos sin ayuda, cosa que desagradó bastante a la morena cuando se dio cuenta de que Vi hacía ciertas cosas mejor que ella. La clase sirvió para demostrar el dominio de los alumnos y emparejarlos en futuros proyectos, algo que Vi temía más que un desplante público de Jayce delante de todo el Instituto.
Al terminar la lección, Vayne les pidió a las dos que se esperaran antes de seguir con el resto de las clases de la mañana. Recogieron esperando a que se fuera el resto de la gente y se acercaron a la mesa de la profesora, Vi guardando una distancia de cortesía con Caitlyn, esperando no enfadarla más ya que parecía que podía explotar de irritabilidad ante la más mínima sugerencia.
–¿Ocurre algo, profesora Vayne? – preguntó Caitlyn en el tono monótono y serio del que hacía gala, atrayendo la mirada de Vi hacia su compañera y luego hacia su profesora de nuevo.
La mujer levantó la mirada y se quitó las gafas mirando a las dos lentamente, luego bajó la mirada hacia los papeles que tenía delante de ella. Les enseñó unos cálculos, unos bocetos y unos ejercicios, los que podrían haber hecho en pareja.
–Os he estado observando ya que hacíais gala de un silencio sepulcral durante toda la clase – les dijo simplemente señalando ciertos puntos de los ejercicios en dos papeles distintos –. Habéis resuelto todos los problemas perfectamente sin ayuda prácticamente y sin poner en común vuestras ideas.
Caitlyn se irguió pensando que, si veía que podía trabajar sola, la separaría de Vi en la clase durante el resto del año.
–¿Ella también los ha resuelto bien? – preguntó Caitlyn despectivamente. Vi entrecerró los ojos molesta.
–De hecho, mejor que usted, señorita Caitlyn – le dijo Vayne señalando ciertas partes de los ejercicios que estaban marcados para revisión, eran los suyos.
–No puede ser – dijo ella mirando más de cerca los dos papeles.
–Lo que quería decirles es que a partir de ahora tendrán que empezar a trabajar en pareja en todos los proyectos y en todas las clases que tengáis en común. De aquí puede salir algo muy bueno, algo inmejorable para vosotras y para el Instituto de Ciencias. Así podré examinar los resultados al final del cuatrimestre y ver si habéis mejorado las dos.
–No creo que sea tan buena idea, profesora – dijo Caitlyn con tono molesto –. Mi compañera…
–Mi nombre es Vi – le dijo ella girándose para mirarla a los ojos, la morena le mantuvo la mirada. Se dio cuenta de que era unos centímetros más alta que ella y que podría resultar más intimidante de lo normal, pero la joven no se amedrentó y ante toda respuesta puso cara de irritabilidad.
–Mi compañera Vi no conoce cómo trabajamos aquí, sólo hay que mirarla para darse cuenta de que… – no llegó a terminar la frase.
–No me trates con condescendencia, reina. No soy una persona inculta que no sepa trabajar bien o que no sepa la materia que se da en este sitio – empezó a decir Vi cansada de la actitud clasista de la joven –, puede que no haya nacido entre riquezas, lleve tatuajes, piercings y un corte de pelo al que no estés acostumbrada en tu cárcel de oro y plata, pero soy muy buena trabajadora, lista y responsable, así que cállate y bájate del caballo al que andas subida.
–Ya basta – dijo la profesora poniéndose en pie antes de que Caitlyn respondiera a la joven. Se sorprendió de Vi, apreciando la franqueza con la que se había enfrentado a la morena. – Creo que Vi ha expresado claramente su punto de vista, dejando de lado los apelativos innecesarios. No voy a aceptar una queja infundada al no trabajar juntas ya que el hecho de que se encuentre aquí ahora mismo habla por sí solo de lo que puede llegar a hacer.
Caitlyn apartó la vista de Vi y miró a su profesora asintiendo lentamente.
–De acuerdo, profesora. Aunque sigo en desacuerdo con la situación – dijo ella con voz queda, sin entrar al juego de Vi, la cual se relajó al notar menos tensión en el ambiente.
–Así sea, veremos los resultados al final de cuatrimestre. Hasta entonces todos los trabajos y todas las clases, hazlas con ella – le dijo dirigiéndose a Caitlyn, sabiendo que Vi no daría problemas. –. Así no tendremos quebraderos de cabeza cuando tengas que hacer algún trabajo en pareja, ¿sí?
Terminaron de recoger sus cosas asintiendo ante la propuesta de Vayne y salieron de la clase sin hablar entre ellas. Caitlyn todavía se mostraba molesta por la situación y las palabras de Vi, pero no hizo ademán ni mostró interés por rebatirlas.
Caitlyn salió delante de ella del aula camino de la siguiente clase, que también la tendrían las dos juntas. Mantuvo una distancia prudencial sabiendo que la joven estaba enfadada con ella por la situación en la que Vayne las había puesto a las dos pero Vi consiguió olvidar el mal trago fijando su vista en las caderas y en las piernas que iban por delante de ella. No había mal que por bien no viniera.
Llegaron a la siguiente clase y los murmullos al verlas pasar una detrás de la otra y sentarse en la misma mesa, resurgieron. La gente no dejaba de fulminarlas con la mirada y de sentirse sorprendidos ante la actitud de la Reina del Hielo hacia Vi.
Las dos clases siguientes antes de terminar el día pasaron lentas, inexorables, aburridas y tensas. Vi apenas podía preguntarle cosas a Caitlyn sin que le dirigiera una mirada de odio absoluto solo por el mero hecho de dirigirle la palabra, así que tomó notas de absolutamente todo lo que se decía en clase con la esperanza de coger bien las cosas en el futuro y no perderse nada relevante que pudiera salir en los exámenes.
A pesar de esto, Vi consiguió sacar un par de halagos a los profesores por sus preguntas, sus respuestas o por las cosas en las que trabajaba durante la clase. Haciendo, claro está, que Caitlyn la mirara con más odio si eso fuera posible.
A veces la miraba de reojo, enfrascada en dibujar o en hacer algún cálculo y se dejaba deleitar por la belleza de la joven, un hándicap bastante grande ya que apenas podía dejar de mirarla y volver a atender a la clase cuando hacía eso.
Nada más terminar la última clase, Caitlyn recogió rápidamente su mesa, terminando a la vez que Vi y salió sin dirigirle una palabra hacia el pasillo. La pelirrosa no le dio importancia, sabiendo que se estaba comportando como un niño enfadado al que le habían quitado un caramelo.
Sin embargo, al salir, se quedó contemplando con horror cómo Jayce estaba esperando a la joven con la mirada y la sonrisa más pedante que podía haber visto nunca. Decidió instantáneamente que se merecía un puñetazo en la cara, aunque se mantuvo alejada de él ya que cuando la miró, le volvió a sonreír maliciosamente.
Agarró a Caitlyn posesivamente, haciendo que se pegara mucho a él y tomó sus labios delante de Vi como si fuera un premio que acabara de conseguir, la joven notó cómo Caitlyn se ponía tensa ante el tacto de su novio y que no correspondía de la misma forma al beso que le estaba dando.
–¿Qué tal la mañana? – le preguntó caminando detrás de Vi, que había sacado el mapa para encontrar el camino a la cafetería y poder comer algo.
–Tranquila – contestó ella sin mucha emoción, dirigiendo la mirada hacia Vi sin que Jayce se diera cuenta –, me han obligado a sentarme con la nueva.
Vi sintió un escalofrío, ¿acaso no mostraba emoción por nada?
–¿Y no te has quejado? – preguntó el joven indignándose – Habla con el director después de comer y que solucionen eso.
–Lo haré – dijo ella notando cómo Vi se tensaba caminando delante de ella.
La joven pelirrosa no se sintió molesta, estaba claro que no quería líos, así que si después de hablar con el director la cambiaban de sitio, lo haría sin quejarse de nada. El resto del camino a la cafetería lo hicieron en silencio, Caitlyn sin preguntarle nada de cómo le había ido el día, pasando de él. Ante esto, Vi sonrió.
Al entrar en la cafetería cogió directamente su comida y se sentó junto a Ahri, la cual le hizo una seña para que se sentara con ella y con otras personas más que estaban allí. Al lado de la joven había una chica rubia con los ojos verdes y el pelo corto leyendo algo en su móvil con mucho interés.
–Vi, esta es Riven – se saludaron con una sonrisa amigable –. Dinos, ¿qué tal las clases?
–Las clases increíbles, me han sentado con Caitlyn en todas ellas – Ahri se atragantó con la sopa soltando una risa mientras Riven levantaba la vista del móvil sonriendo incrédula.
–¿Lo dices en serio? – abrió la boca atónita.
–Parece ser que a los profesores les gusta el trabajo que hacemos las dos.
–Es impresionante – le dijo Riven apoyando su cara en la mano, mirando fijamente a Vi –, pocas personas se pueden comparar a la brillante niña prodigio de Piltover.
–Gracias, gracias – dijo ella con una reverencia haciendo que se rieran – ¿Qué royo se trae con su novio? – les preguntó mirando hacia la mesa en la que estaban sentados, él hablando con sus amigos y ella comiendo sentada escuchando a dos chicas hablar al lado de ella, sin cambiar la expresión de la cara – Apenas hablan entre ellos y desde luego parece que él la exhibe como trofeo.
–No vas desencaminada y eso que solo llevas aquí unas horas – le dijo Ahri sonriendo –. Jayce es un controlador de tomo y lomo, no deja a Caitlyn nunca sola. Va a la misma hora que ella al gimnasio para tenerla vigilada, siente celos de todo lo que la rodea. Supongo que es normal para él sabiendo que Caitlyn es la hija de los inventores más importantes de la ciudad.
–Otra forma de decir que es rica – añadió Riven sin levantar la vista de su móvil –. Jayce tampoco es que sea un pobretón, se supone que los padres de ambos son amigos y que ellos se conocen desde que son críos.
–Exacto – interrumpió Ahri sonriendo maliciosamente –. Ahora viene la parte buena. Sus padres prácticamente los han lanzado el uno a los brazos del otro. Incluso se van a casar cuando él termine el año que viene los estudios aquí, ya tienen la fecha de boda y todo. ¿No os parece increíble?
–Sí que lo es – dijo Vi sorprendida por las palabras de la joven –. Pobrecillos.
–¿Pobrecillos? Jayce está encantado con el acuerdo, siempre ha ido detrás de Caitlyn y cuando se casen tendrán tanto dinero que les dará todo igual.
–Una vida programada y sin problemas – añadió Riven.
–Una vida sin amor – Vi levantó la mirada hacia donde se encontraba Caitlyn, la cual estaba mirando hacia donde se encontraba ella. Sus ojos se fijaron en los suyos y otra vez pudo sentir un escalofrío en la espalda. Fue incapaz de apartar la mirada hasta que la morena se giró para añadir algo a la conversación que mantenían las otras dos personas a su lado.
–Vaya – interrumpió Ahri la mirada de Vi –, no pareces de las que le importe eso. Veo que estaba equivocada.
Vi sonrió sin darle importancia. Como niña huérfana sabía lo mucho que significaba el amor para las personas, o por lo menos, para ella.
Al terminar de comer marchó para el taller de Heimerdinger pensando en sus cosas e intentando no pensar en cierta chica que le había llamado la atención más de lo que quisiera reconocer.
Cuando por fin encontró el camino hacia el taller de Heimerdinger y entró, todos los pensamientos del día se desvanecieron al encontrarse al pequeño hombrecito explicando con alegría cada experimento nuevo de mecánica que estaba llevando a cabo. Vi le sonrió cálidamente ayudándolo en lo necesario.
–Necesito que tengas listo esto para esta semana – le dijo dándole unos planos para que se familiarizara con el proyecto que tenía entre manos –. ¿Cuánto tiempo piensas que necesitas para terminarlo?
–Dos horas como mucho – le contestó ella mirando los objetos necesarios y haciéndose una lista mental de lo que tendría que hacer.
–Entonces descansa hoy ya, mañana puedes venir, poco rato si lo necesitas. No quiero que pierdas estudio o clases por mi culpa, ¿todo bien?
Vi le sonrió de nuevo, asintiendo con la cabeza.
–Nos vemos mañana, pues – le dijo recogiendo sus cosas y saliendo del taller.
Nada más llegar a la habitación, se duchó, preparó unas cosas para las clases del día siguiente y cayó rendida en la cama sin molestarse en ir a cenar. Se quedó pensando con los ojos cerrados en Ahri, en Riven, en Jayce y en Caitlyn, la cual fue protagonista de sus sueños aquella noche.
