Bleach pertenece a Tite Kubo.
Advertencia: lenguaje soez y temas fuertes.
«Amigo mío... yo te acompañaré a donde quiera que vayas. Pese a la hostilidad del mundo, no hay nada que temer». —Saga R.O.M: El Ángel de la Arena ardiente, Sunao Yoshida.
Astro diáfano
Renji miró unos segundos a Rukia, quien iba a un lado suyo ensimismada en sus propios pensamientos y maquinaciones. No le era difícil presagiar en dónde se encontraban éstos cuando iban principalmente a ayudar a Ichigo en la batalla contra Yhwach.
Renji absorbió las expresiones y los gestos del rostro de la muchacha que, sintiendo el peso de la mirada clavada en ella, se volvió hacia él.
—¿Qué sucede, Renji? —Inquirió, su ceja derecha levemente alzada.
—No tardaremos en llegar, deja de angustiarte tanto —dijo en alusión a Ichigo.
Renji no siempre era capaz de comprender a Rukia al cien por ciento, pero la conocía y era por ello que permanecía con ella; nunca había visto a alguien con tal fortaleza y valentía aun albergando, naturalmente, sus propios miedos y tormentos. La lucha perenne por sobrevivir todavía estando muertos en un mundo donde se suponía que no debían lidiar con tales calamidades y pesares: como el hambre y la austeridad de los barrios más pobres y violentos, donde lo único que sobraba era ahí era el desamparo, los cerdos, putas y delincuentes. Orillados a transformarse en la escoria que nadie quería. Donde todos los días se hallaban cadáveres cortados en tajos en cualquier zanja.
Y cuántos maltratos y violaciones pasaban varias almas hasta quedar hechos trizas.
Podría empezar diciendo que fue la perseverancia lo que los hizo llegar tan lejos, pero fue el odio hacia aquel modo de vivir y el cansancio de ver lo mismo llegado un tiempo en que todo se fue a tope.
Todavía podía cerrar los ojos y ver en sus recuerdos a aquella niña flacucha y ojos violáceos que iba lanzándole al día a día una lucha sin lindezas, dispuesta a mancillarse por lo que creía, debido a un trecho existente que supuestamente era para el equilibrio y bien de todos.
Sus vidas de infancia y adolescencia precaria fue lo que les hizo soñar —y las amistades, claro—, porque fueron justamente esos sueños quienes los salvaron; muy pronto aquellas ideas dadas tiempo atrás por unos niños muertos de hambre y ojos llenos de constelaciones, se volvieron metas que realizar para poder dejar esa vida de mierda que llevaban y no terminar enterrados en tumbas mediocres, o asesinados por robar hasta el simple líquido que les quitaba la sed.
Pero así era la sociedad, cualquier sociedad; llena de ideales pensados para hacer el bien, que, sin embargo, en el proceso terminaban atraídos y distorsionados a conveniencias de un lado. ¿No era acaso lo que muchos hacían? ¿No era acaso precisamente lo que incluso había sido una de las razones por la que se enfrentaban los shinigami y quincy? Y ahí estaban dos mil años más tarde: continuando una guerra cruenta infestada de rencor y llena de complejidades.
—Lo sé, pero no es solo por Ichigo. ¿Cuántos caídos van desde que comenzó la invasión? ¿Acaso hay cifras exactas de los muertos, los heridos y los que agonizan? Claro que no. Pero la única forma de acabar con esto es destruir a ese sujeto, y por más fe que le tenga a Ichigo, no es únicamente su responsabilidad; es de todo aquél que no desee ver a otro ser querido morir, incluso por nuestra propia existencia, por eso voy a allá. Además, no es justo que todo el peso caiga sobre sus hombros. ¿Recuerdas lo que me dijiste aquella vez cuando me llevabas en brazos luego de que Ichigo detuviera mi ejecución? Porque yo no lo olvido —hizo una breve pausa y continuó—: «No cargues con ello tú sola. Repártelo. En mis hombros y en los de Ichigo». Del mismo modo debemos enfrentar esta situación. Incluso mi hermano estaba consciente de esto y por eso nos dejó marchar.
Renji, no pudo más que estar de acuerdo, también orgulloso de Rukia, de esos que estaban poniendo su granito de arena. Era por ese tipo de personas que el mundo no era una completa mierda y por quienes valía la pena arriesgarse. Después de todo, él también le debía mucho a Ichigo; sin él, jamás hubiese podido retomar y mejorar su relación con Rukia.
—Si la situación fuese al revés estoy seguro de él diría lo mismo —dijo, y el comentario hizo que Rukia lo mirara con curiosidad—. Me refiero a Ichigo. Así que démonos prisa y no le dejemos todo el protagonismo a ese jodido idiota.
Rukia no dijo nada, entendiendo a lo que se refería Renji, tanto por debajo como por encima de esas palabras.
En ese punto cadencioso ambos decidieron no anegarse los ojos en lágrimas, sino valerse de coraje y defender sus creencias. Anejos a la vida y a la muerte, fungiendo de dioses mortales, pero principalmente acompañándose en los estragos y calamidades.
Afanados al esfuerzo no solo como shinigami.
«Así fue como Chip se convirtió en el Coronel, el planificador militar de sus travesuras, y Alaska fue siempre Alaska, la enorme fuerza creativa detrás de los dos». —Buscando a Alaska, John Green.
NOTA
Estos personajes tienen una fuerza maravillosa y seguiré apostando por ambos. Recuerdo haber hecho esta historia como un songfic, luego me di cuenta que de ese modo le quitaba su esencia. Actualmente cada trabajo canon que sale destruye lo que ambos son como personajes, para mí esa mierda no existe cuando me los conozco de raíz.
