Este escrito esta dedicado con mucho cariño para ustedes. Es una historia limpia y sin afán de ofender a nadie. Cien por ciento familiar. Así que es para todo tipo de edades. los personajes pertenecen a kyoko Mizuki y Yumico Igarashi.


PARA MI AMIGA MIENA.

Por: An Le Mon

Parte uno.

¿Miena? Si bueno ella es una perrita san Bernardo, llena de carisma y fiel a su dueño. Del cual espera impaciente su regreso, recostada tristemente en el puerto de la finca que resguardaba con bravía. Era tan grande el amor por su amo que no importa si hacia frió o calor, ni le importa que las hojas de los árboles cayeran anunciando la llegada del otoño.

Ella solo quiere estar con su amigo, ese amigo que nunca le reprocha nada, ni le echó en cara el gran cariño que tenia por ella. Mucho menos le dijo: por él comía y tenía que desquitar su estadística. Ese amigo solo la hizo partícipe sus mejores momentos.

Ese amigo que se ganó el corazón de Miena, tan solo con llenarla de amor y pasar su tiempo libre a su lado. Disfrutando de las pequeñas y simples cosas de la vida, pero que los unían más uno del oto.

Porque eso es la amistad. No se mide, ni se pesa, no se da una cuenta gotas, no es mezquina y tampoco chantajista, no es ruda y mucho menos cruel; en la amistad no hay competencias. No se busca adquirir una ventaja de ella. Por eso yo encontré en mis pensamientos, que el amor que te otorga un animalito es sagrado; pues ni tú, ni él pedirán pago alguno.

Miena, es una perita que su corazón guarda el luto de su primer amor. Su amo, ese ser humano que protegió y cuido de ella, hasta el final sus pensamientos fueron para ella. La encomendó a la vida para que estaban acogida por una buena familia y llevada a un hogar, lleno de amor y tranquilidad.

Y así llego al hogar de Pony, llevada por esa pequeña luz llena de pecas. Alguna vez alguien muy importante dijo "el hogar del Pony llega a ti, de la manera más inesperada. Ella te busca y te trae un verdadero calor en tu corazón".

En el hogar de Pony encontraras grandes amigos. Ellos pueden pasar a ser parte de tu familia, no de sangre, pero sí de corazón.

Primero de agosto de 1920

Candy, se encuentra recostada sobre la húmeda yerba que rodeaba el padre árbol. A su lado se encuentra Miena, la cual inquieta por naturaleza no dejaba de girarse y restregarse contra el pasto húmedo.

- ¿Qué será de él Miena? Candy sabía, que Miena jamás la juzgaría por pensar en ese chico. Así que mientras se encontraban en sus lindas tardes de soledad, la chica permitía que sus mejillas se humedecieran por las lágrimas de los recuerdos

- ¡Candy! - fue el grito de llamado que la señorita Pony dio a su pequeña - ¡Candy te buscan! ¡Vamos baja! ¡No hagas esperar!

- ¡Ahora bajo! - se apresuró a contestar la joven mientras secaba sus lágrimas. [¿Quién me buscara? ¡Tal vez alguien necesita asistencia médica!] Esos pensamientos la acompañaban, mientras bajaba a toda prisa por la colina. Ya estando algo cerca de su madre, le pregunté con voz agitada - ¿quién me busca? ¿Alguna emergencia?

- ¡Candy, niña! no siempre tiene que haber una emergencia, para que se te busque - retando a la chica, le apresuraba su paso - ¡anda vamos! que no es educado el hacer esperar a las personas

La pequeña pecosa pudo visualizar el auto que estaba estacionado sobre el camino de terracería. Mirando en todas la direcciones, se encontró con un apuesto rubio recargado en el tronco de un árbol.

- ¡Albert! - dando un grito descomunal corrió a los brazos de su hermano y gran amigo, este la acogió y le entrego un cálido y apretado abrazo. Porque cuando uno es buen amigo, no tiene por qué encontrar la malicia en un contacto físico.

- ¡Pequeña! ¡Déjame verte! Ya eres toda una linda damita - decía Albert con un tono algo burlón - ¡bueno si quitáramos esos pantalones! que te quedan ¡tres tallas más grandes! podría decir que pasarías por una dama de sociedad.

Candy sabia el tipo de juego que se avecinaba. Así que consideró afilar su lengua.

- ¡Bert, querido! creo que la vida de la ciudad te civilizo - sonrió con malicia - ¡pero sigue pareciendo un gorila, sin estilo! eso que traes puesto, te aseguro que te lo escogió Archie.

- ¡Te equivocas pequeña bocona! tengo gente a mi servicio. De echo por eso estoy aquí - Albert se masajeaba la barba crecida de su mentón. Trataba de ocultar una sonrisa maliciosa. Candy lo miraba una parte expectante y una parte cuestionarte - ¡necesito una mucama y te vengo a ofrecer el puesto! solo que eso si ¡no habrá paga! tu comes mucho y no... no salen las cuentas.

Candy, enfurecida levanto su puño. Estaba más que lista para empezar una gran contienda. Albert por su parte reía, se le hizo tan gracioso la manera retadora de su pequeña. Después de un tiempo en las que Candy, trataba de darle alcance a Albert; pues ambos corrían alrededor del hogar. Candy soltaba unas cuantas advertencias: sobre lo lindo que se le vería el ojo verde. Albert decidió serenar las cosas y dar a conocer el motivo de su presencia

- ¡Pequeña espera! creo que estoy fuera de condición - Albert jalaba aire para llenar sus pulmones y poder recobrar la compostura. Tardo poco tiempo pues la condición campirana aún estaba latente - ¡pequeña! ¡Tenemos que hablar y es serio!

Candy, se quedó sorprendida ante el cambio de actuación de su amigo. Se había tornado serio, pero cauteloso. Le dio la impresión de querer medir cada palabra que diría. Tomo a Candy de la mano y la llevo al lado de sus madres. Ellas ya los esperaban sentadas en una pequeña mesa, con el café servido.

- ¡Y bien! díganos señor Albert ¿que lo trajo por estos lugares? –Pregunto la hermana María, con la suave voz que le caracterizaba.

- Bueno, verán señorita Pony y hermana María - el joven hizo una pausa dando un sorbo a su café.

El momento se tornó incómodo para la rubia. Miraba como su padre adoptivo por primera vez, tenía el semblante nervioso. Se notaba que buscaba las palabras justas, para explicar el motivo que lo había llevado asta su pequeña. Las mujeres inquietas por saber la razón de la visita del señor Andrew, lo observaban algo extrañadas, este comportamiento en el rubio no era común.

- Candy ... - Albert coloco su atención en la rubia, dando un largo suspiro se dispuso a explicar su visita: "pequeña, estoy aquí porque no es de mi agrado que pasa tu vida escondida, eres joven y bonita no puedes dejar que el tiempo pase. Busca tu felicidad y desarrollarte en lo que te apasiona y para lo que estudiaste "

- ¡Albert! - Candy con la cabeza gacha musito avergonzada - bien sabes que no puedo trabajar en ningún hospital.

- ¡Por eso estoy aquí pequeña! - Albert le tomo de las manos y las apretó para transmitir confianza - Candy ¡te eh conseguí trabajo en un hospital!

Candy subió su mirada de un golpe la cual estaba cargada de emoción. Pero no podía ocultar el temor que la comenzaba a envarar. La chica apretó más fuerte el agarre de sus manos. Albert, continuo con lo planeado para su pequeña

- Candy, sé que amas tu profesión y en cualquier lugar, demostraras lo que excelentemente sabes hacer - su pequeña estaba confundida. Todas las palabras se le iban internando en su pensamiento - Linda, no te desanimes. El hospital está en la ciudad de Nuestra Señora de los Ángeles.

Candy, esa rubia que todos conocían por su tenaz valentía. Esta vez demostró su temor el cual se reflejaba en su rostro. Una ciudad nueva, estaría sola y en un nuevo hospital; del cual no sabía nada.

- ¡Albert! sé que debo de agradecerte. Valorar tu esfuerzo que ha hecho, para encontrarme un nuevo trabajo. Pero ... - La chica por los nervios que la inundaban, retorcía una punta del mandí que portaba - Creo que hago más falta aquí, con mis madres y en el poblado.

- ¡No Candy! aquí hay manos suficientes para la ayuda que necesitamos - hablo con determinación la señorita Pony. Ella sabía que su pequeña tenía que volar del nido, salir de ese caparazón en que ya había instalado alejándose de todo el mundo social.

- ¡Señorita Pony! - Candy miraba sorprendida, la determinante posición que su madre había tomado. Estaba claro que apoyaba la moción del señor Albert.

- Candy, hija la vida se nos va en un santiamén y no es piadosa - las suaves y dulces palabras de la señorita Pony hacia su pequeña, abrían las puertas del hogar de pony; para que su rubia volviera a florecer. Dirigió su mirada hacia el señor William - además estoy segura que el señor Albert, tiene todo ya arreglado para que no te sientas tan perdida- la tomo entre sus brazos y de dio un tierno beso en su mejilla - Hija esta es tu casa y puedes volver en cuanto tú lo desees. Pero date la oportunidad de descubrir otro lugar y llénanos de orgullo, así como siempre lo ha hecho.

La rubia con un fuerte suspiro y con los latidos de su corazón a todo galope, asintió con la cabeza. Sabía que no podría defraudar a sus madres y mucho menos a Albert que hacia tanto por ella.

- Candy, quiero que sepas ¡que no iras sola! - la rubia lo miraba extrañada. Albert volvió si vista hacia la perrita Miena - ¡ella ira contigo! - Miena se tapó la geta con sus patas delanteras y dio un chillido de temor. El rubio soltó unas buenas carcajadas - ¡vamos Miena! será divertido.

Mientras Candy armaba su equipaje, sus pensamientos estaban enfocados en una sola persona [voy a estar más lejos de él, esto es como renunciar a la posibilidad de que nuestros caminos se vuelvan a cruzar]

La voz de su conciencia como todos los días, se introdujo en sus pensamientos. Sin piedad alguna la atacaba con sus recriminaciones: [Pero ... ¿qué piensas Candy White? - ¡oh ya! Estas fantaseando con ese amor ¡tú renunciaste a él! desde que lo dejaste, sin mirar atrás. ¡El no volverá así que empaca y rápido!]

La rubia después de haber sido cruelmente juzgada, por su propia conciencia; tomo con tristeza la cajista donde celosamente guardaba sus tesoros y la introdujo en una de sus maletas.

15 de agosto de 1920

La hermana maría abrazaba fuerte a su pequeña, sabía que pasaría un largo tiempo antes de volver a verle. Soltaron el abrazo y con tristeza la pecosa miro a sus dos madres.

- ¡La extrañare! lo saben ¿verdad? - Dijo la pecosa, antes de girar y subir al auto. No quería que sus madres vieran sus lágrimas.

Miena y Candy, eran llevadas por Albert y George, a la estación del tren. Miena iba demasiado inquieta, al parecer este viaje le ponía nerviosa. Albert acariciaba a la perrita transmitiéndole confianza, pero no estaba dando resultado.

Llagaron a la estación del tren, George como era de esperase tan eficiente, alquilar un camarote privado para la chica y la perrita.

Ya estando en el andén de abordaje, Miena se resistía a subir al vagón del tren. Sí que se las estaban viendo frías con Miena. Se estaba poniendo muy difícil con los chicos. Albert la empuja y Candy tiraba de su correa. Sin ningún éxito.

- ¡Albert! al parecer alguien se quedará - Candy de un grito hizo venir al mozo maletero - bien joven, creo que tendrá que bajar mi equipaje; pues no podré viajar - la rubia volvió la vista hacia Albert y George y con una sonrisa de triunfo dijo: "bien chicos fue un gusto placentero, pero su sacrificio al parecer fue en vano; estas niñas vuelven a su hogar.

CONTINUARA...

muchas gracias por comenzar esta nueva lectura. Y aunque ya muchos del fandom la conocieron, por la narración que se hizo en el canal de azul zafiro. nunca es malo volver a leer esta emotiva historia.