Katara observaba el horizonte, estaba consciente que este día llegaría, solo que no imaginó que doliera tanto. Sus ojos seguían derramando lágrimas y la cabeza le dolía de tanto llorar. Se sentó agarrando las rodillas contra su pecho mientras dejaba que su espíritu expresara la tristeza contenida.
Cuando era joven, jamás pensó enamorarse del maestro aire, en su mente nunca pensó que se casaría y menos que tendría una familia con él. No fue el esposo o padre perfecto, pero había sido su leal compañero y mejor amigo. Le haría tanta falta.
Sintió unos brazos rodearle la espalda, levantó la mirada para ver a su hermano abrazarla con fuerza. Los tres habían compartido tantas cosas juntos, habían iniciado todo esto, y ahora, uno de ellos se había ido. Ella le devolvió el abrazo a su hermano mientras seguía sollozando en su pecho.
Ese abrazo le calmó bastante, el dolor no se iría nunca quizá, pero eran esos gestos de las personas que amaban y aún estaban a su lado lo que le permitiría seguir adelante.
