Los savants son humanos. Básicamente, no habría diferencia física que los resaltara de todos los demás. Tampoco una diferencia con su magia cuando se trataba de savant mago o bruja. Eran como la mayoría... Excepto por sus cualidades especiales.

Desde que Harry tenía memoria, la telepatía, telequinesis y su habilidad para hablar con los animales siempre fue cosa muy distinta a la magia común, mientras que su magia salía del pecho, sus capacidades savants salían de su mente, tal vez sea ésa la razón por la que los magos no se daban cuenta de la existencia de otra especie humana a parte de ellos y los muggles... Tal vez por su incapacidad de reconocer que no eran únicos.

A veces, cuando descubrían que Harry hacía algo que los demás no podían, le felicitaban por su gran manejo de magia sin varita. Estaba seguro que no era al único que le pasaba, definitivamente.

"Ya está la comida, querido" su mamá entró por su canal mental antes de desconectarse y seguir con lo suyo.

Harry miró su antigua habitación y suspiró. Independizarse era algo complicado, pero no algo que le disgustara del todo. Agarró la maleta con lo último de sus cosas que había dejado y dio media vuelta.

Se había mudado a una de las mansiones de los Potter, la cual estaba conectada por chimenea a un departamento cerca del ministerio de magia, donde podía encontrar más información sobre su nuevo investigación y poder ir a su oficina para su labor de campo.

Cuando llegó al comedor vio a su padre ayudando a su mamá con platos y cubiertos, acomodando todo con telequinesis sin importar los gritos mentales que le daba Lily. Su madre siempre decía que era malo acostumbrarse a usar sus dones, uno nunca sabía si encontraría algún savant con el don de quitarte momentáneamente tus poderes.

Harry rió cuando su papá sólo le regaló un sonoro beso en la mejilla antes de irse corriendo al comedor. Le gustaba eso, ver a sus padres interactuar porque, como siempre se repetía de forma mental, las almas gemelas estaban para complementarse. Para él, no había mejor ejemplo que sus padres.

Lily Potter, anteriormente Evans, tenía el don de la persuasión. Si ella quería, podría convencer a un candado de que se abriera, o a una persona que asaltara Gringotts sin su varita consigo. Excelente para su profesión de inefable, ya que muchas veces convencía a los aparatos mágicos de mostrar sus funciones.

Por otro lado, su padre tenía el don del ingenio. Cosa que le pusieras en frente, cosa que él podía transformar en los que él quisiera. Una vez convirtió una moto muggle a una voladora, pero no era lo más asombroso que lo vio hacer sólo en cinco segundos.

Harry a veces quería ser como ellos, poder crear o conocer cosas, como también le gustaría conocer a su alma gemela. Dicen que tus dones incrementan si estás con esa persona, que, cuando la tengas cerca, tu mirada sólo podrá ver a su dirección aún cuando no sabes qué buscas. Comentan que, cuando está a tu lado, todo comienza a tener sentido.

Sólo estaba esperando el momento que eso pasara, que sus ojos sólo pudieran ver a una persona entre miles y, después de hablarle por telepatía (como uno logra reconocer a esa persona especial al cien por ciento), estar siempre a su lado.

No lo sabía con exactitud como para negarlo, al contrario, Harry conocía a varios savants que sólo cayeron en la locura y oscuridad tras haber perdido o nunca haber encontrado a su alma gemela. Tu otra mitad, aquello que le da sentido a tu vida.

Se forzó a sonreír cuando sus padres se acomodaron en la mesa para comer, sería su última comida en esa casa y no planeaba arruinarla con pensamientos desagradables.


Se levantó, desayunó, aseó y estuvo listo para visitar su biblioteca favorita, donde se encontró con otra docena de libros que, definitivamente, debía leer. Los sacó prestados gracias a su membresía y los colocó en una bolsa de fondo sin fin antes de despedirse de Hanna y comenzar su camino hacia el ministerio.

Entró sin preocupaciones y se dirigió hacia su escritorio en el departamento de Autores, donde había obtenido su primer empleo oficial (antes había estado ayudando a un magizoologista, en un invernadero, tienda de pociones y demás, pero nada oficial como tal). No era el mejor, pero le daba tiempo y el espacio suficiente para hacer su investigación sin tantas interrupciones.

Primero hizo su trabajo, acomodó papeles, los clasificó y redirigió algunos a sus respectivos departamentos. Todo iba bien hasta que un memorándum interdepartamental llegó y chocó contra su cabeza, enredándose ahí por unos momentos hasta que lo agarró.

" Sala de interrogatorios no.31, necesitamos tu ayuda, Potter. "

Suspiró, ya estaba por sacar sus libros. Luego sonrió emocionado, su trabajo usualmente no requería que fuera a la sala de interrogatorios, al menos no si no fuera por su nuevo proyecto.

Se paró antes de salir hacia dichas salas. No tardó mucho, sus pies delatando su alegría más que su rostro, cuando estuvo cerca de la sala logró ver a su supervisor esperándolo.

—¿Qué es lo que pasó? —preguntó antes de que su mirara fuera hacia la entrada secreta para el cubículo de observación. Rápidamente se puso nervioso, ahora por algo más allá de su trabajo.

Se forzó a concentrarse y separar su mirada de la puerta, aunque lanzaba algunas miradas cuando podía.

—Hubo un asesinato, nadie tiene ni una idea de qué se trata, parece ser el ataque de un animal, de un kelpie, pero algo no nos cuadra —informó mostrando una carpeta y dándosela a Harry—. ¿Podrías darnos una mano?

El ojiverde no tardó en abrir la carpeta y ver fotografías de lo sucedido. Leyó rápidamente el informe y comenzó a deducir qué era lo que no cuadraba en el cuadro.

—Los kelpie no son tan limpios con sus golpes —susurró y señaló la foto de la víctima, justo donde estaba el supuesto golpe del animal—. Sí es la forma, sí es el tamaño... Pero, según los informes, llegaron tiempo después de que esto pasara. Ya tenía tiempo y, a penas, el kelpie lo estaba metiendo al lago.

—Y eso es lo raro —aceptó su superior mirando sobre su hombro la carpeta—, los kelpie son criaturas muy difíciles de domar, más por su hambre de sangre humana, es extraño que haya tardado tanto en querer meterlo.

Guardó unos segundos de silencio, leyendo de nueva cuenta el informe por si se le pasaba algo, hasta que lo vio.

—¿Tienen información de dónde pudo estar su cuerpo antes de ser arrastrado por el kelpie? —cuestionó.

Kingsley dudó unos momentos antes de asentir, dudando de la respuesta.

—Piensan que estaba cerca del lago, pero se movió hacia el bosque, luego lo regresó el kelpie, terminando de matarlo...

—Larga muerte para alguien tan joven —susurró Harry.

Veintisiete años, Harry lo recuerda siendo un estudiante dos años superior que él en Hogwarts. Nunca cruzaron palabras, sería mucho decir que cruzaron miradas, pero aún así lograba reconocerlo con facilidad.

—Los kelpie no suelen dejar a sus presas, no se divierten con ellas ni mucho menos les dan la oportunidad de arrastrarse para que tengan la posibilidad de escapar, sólo... atacan.

—Estamos siguiendo los protocolos antes de informar que fue una muerte a causa de una criatura e ir a sacrificar al kelpie. —Harry sintió cómo una gota de sudor recorría su espalda al mencionar el posible sacrificio— Tenemos un experto analizando a sus familiares, amigos, compañeros... No tenemos nada, pero está seguro que fue una muerte planeada.

—Y el único testigo es el kelpie —concluyó Harry—, ¿cuánto tiempo le dan antes de concluir el caso?

—Al final del día. Eras nuestra última opción, les comenté sobre tus investigaciones y parecieron considerar darte la oportunidad de hacer el caso práctico para incluirlo en tu documento... si encontramos algo valioso, se puede abrir otro tiempo para la investigación.

Lo sabía, si alguien le hubiera puesto un espejo frente él, Harry hubiera podido ver sus ojos brillar ante la idea.

—Vamos.

—Deje le comento al experto en cargo, tal vez...

—Tal vez el kelpie ya haya conseguido otro lugar donde establecerse al saber que su hogar ha sido descubierto. No son criaturas tontas.

Kingsley suspiró y asintió.

—Andando.


Claro, no pudieron esperar a que el interrogatorio terminara, pero sí le dijeron a un oficial que les dejara la nota informando de su decisión. Todo el camino Kingsley soltaba quejidos exasperados, diciendo que, si esto no salía bien, pasaría el regaño a Harry por no haberse esperado a levantar un reporte de la situación siquiera.

—Tiene suerte de que Dumbledore me haya hablado de los instintos de los Potter, si no...

El ojiverde lo ignoró cuando notó las huellas en la tierra. Estaban cerca del lago y aún más cerca del kelpie. Dio un chitón y comenzó a avanzar con varita en mano, su acompañante siguiendo sus pasos.

Usualmente los kelpie prefieren superficies ondas, tal vez el lago era ondo... o había algo más oculto. Suelen poner sus nidos en las orillas, haciendo una pequeña irla cercana para poner ahí a sus crías, pero aún así...

Un fuerte ruido se escuchó a su derecha y, por instinto, se lanzó hacia atrás para evitar el golpe mortal de la criatura.

Rodó sin importarle ensuciarse de lodo su túnica, al final, como magizoologista se había acostumbrado a ese tipo de manchas.

—¡Fuera! —chirriaba el kelpie. Si Harry no se hubiera topado con varios años atrás, desconocería el dolor en su voz— ¡No los quiero ver! ¡Largo!

Otro golpe, pero esta vez dirigido hacia Kingsley. No se preocupó por él cuando vio la verdadera destreza del hombre, demostrando porqué seguía en las fuerzas aún cuando los años se lo estaban comiendo.

—¡Seguro son como él! ¡Bestias insolentes! —Cada chirrido era un golpe hacia ellos— ¡Mató a mi Jo! —otro golpe y, ahí, Harry le lanzó un hechizo paralizante.

Lo suficientemente fuerte para detener a un humano por horas, pero lo suficiente suave para detener a un kelpie por minutos.

¡Queremos hablar contigo! —gritó en el idioma de la criatura. Sí, porque su don no sólo se quedaba en entender a los animales, si no el poder comunicarse con ellos— ¡Somos aurores! ¡Queremos ayudarte!

—¡Mentira! —Harry tuvo que lanzar otro hechizo cuando vio que la criatura de pelo blanco comenzaba a moverse hacia él— ¡Son humanos, los humanos siempre mienten!

—¿Los humanos también pueden hablar contigo? —cuestionó bajando un poco su varita, tratando de mostrarse inofensivo— Queremos saber lo que pasó con Joan, tal parece que lo conocías.

El kelpie los miró por unos segundos antes de soltar un sonido, éste ahora más triste que los demás.

Jo me rescató de un quintaped cuando era una cría —susurró y, cuando Harry pensaba en la necesidad de otro hechizo, el kelpie simplemente se dejó caer en la tierra—. Me trajo aquí y me cuidó, me ayudó a crecer... Hasta me ayudó con mi nido.

—Jo era una buena persona —susurró bajando su varita, dando un paso vacilante hacia la criatura—. Era un compañero de años superiores, un Hufflepuff muy amigable y servicial. Le gustaba ayudar a todos.

El kelpie miró hacia el lago. Harry pudo sentir cierta lastima por él.

¿Podrías decirme qué fue lo que pasó? —susurró sentándose al lado del kelpie, siendo más pequeño que éste aún cuando la criatura se había acostado.

Jo vino corriendo para que lo ayudara. Estaba huyendo de un humano... Un humano más alto que Jo, si decidiera comérmelo no podría sacar mucha carne —comentó soltando un bufido—. Mi Jo estaba mal. Sólo pude mantenerlo en mi nido antes de que él decidiera buscar ayuda humana... pero se cayó a unos metros.

—¿Sólo tropezó o...?

—¡El humano! —chirrió de nuevo, volviendo a pararse molesto y dando fuertes golpes en la tierra. Harry ni se inmutó por eso, pero sí escuchó un quejido por parte de su compañero— ¡Estaba esperándolo! ¡No pude hacer nada y, y...!

Se dejó caer de nuevo. Harry tomó la osadía de levantar su mano y acariciar su lomo, sabiendo que el silencio era lo mejor en esos momentos... Pero, claro, no les sobraba mucho tiempo en esos momentos.

¿Recuerdas algo más del otro humano?

—Palo, alto, blanco... ¿café? —Harry asintió, comprendiendo lo que quería decir la criatura.

Necesito ir para buscar a ese humano, ¿me esperarías hasta que vuelva? —el kelpie se acercó más a su mano, con un deje de tristeza.

No.

Suspiró. Las criaturas y sus manías de ser tan sinceras.

—¿Quieres acompañarme?


Le echó un aguamenti al kelpie mientras éste se encontraba rodeándolo con su cola y recibiendo sus caricias. Algunas personas les habían mirando raro cuando llegaron al ministerio, pero Kingsley no perdió tiempo, guiándoles hasta la sala 31. Ya habían perdido demasiado tiempo en su discusión sobre dejar al animal o llevárselo. Harry lo retó diciéndole que no se iba a ir sin el kelpie, que, hasta minutos después del viaje, supieron que se llamaba Kal.

—¿Me podré comer al humano que le hizo daño a mi Jo? —preguntó Kal lamiendo la mano de Harry.

No creo que nos lo permitan... Pero, si te animas, puedes ir a Azkaban a hacerlo tú sin preocuparte por los humanos —sugirió, recibiendo un asentimiento por parte de Kal.

Te pareces a mi Jo —murmuró antes de bufar cuando una caricia llegó al lugar correcto—. Los dos han sido los únicos humanos que se han preocupado por mí.

—Siempre puedes venir conmigo cuando lo necesites, ¿entendido, Kal? —la criatura volvió a lamerlo en contestación.

Harry rió por la muestra de agradecimiento antes de que la risa se atascara en su garganta y el aire le fallara.

" Eres más hermoso de lo que me imaginé."

Su mundo dio vueltas, se sintió mareado y, por alguna razón, comenzó a escuchar todos los murmullos de sus compañeros de trabajo como si estuvieran hablando en algún idioma de criatura.

Levantó su mirada de Kal y buscó a su alrededor. No tuvo que hacerlo por más de dos segundos cuando su mirada lo dirigió, casi como un imán, hacia un hombre de cabello castaño oscuro y ojos azules. Un profundo azul que parecía leerle el alma.

"¿Harry Potter?" cuestionó mentalmente, el nombrado todavía sin saber cómo recuperarse.

"¿Sí?" respondió.

El hombre tuvo que detenerse por unos momentos y sujetarse de la pared, todo sin apartar su mirada de los ojos verdes. Harry lo entendió. Tantos años de escuchar los efectos que sentías cuando conocías a tu alma gemela para que, tiempo después, pudieras sentir cómo tu mundo cambiaba en tan sólo un segundo.

"Eres hermoso." Fue lo que recibió en respuesta.

Sus mejillas se sonrojaron con la intensa mirada, cuando estuvieron uno frente a otro (o algo así, contemplando que Kal seguía teniendo al ojiverde rodeado con su cola), levantaron sus manos para conectarse de alguna u otra forma. Electricidad recorrió su cuerpo iniciando en el lugar donde se encontraron.

—Oh, parece que ya se conocen —dijo Kingsley llegando a la escena. En ese momento se dieron cuenta de dónde estaba y el porqué estaban ahí.

Harry trató de alejar su mano del guapo desconocido, pero éste se negó a dejarlo libre mientras daba un cuarto de vuelta y comenzaba una plática con Kingsley. Se perdió en algún punto de la conversación cuando Kal hizo un comentario acerca de humanos raros, aunque no se perdía de mucho, tal parecía que hablaba de alargar el caso y de un sinfín de papeleos que Harry esperaba no le tocaran a él.

—Entonces nos vemos el día de mañana, Riddle —se despidió Kingsley con un asentimiento—. Harry, ¿le podrías decir al kelpie si podría quedarse en el ministerio?

Asintió y miró a la criatura, acariciando su costado con su mano suelta.

Preguntan si te puedes quedarte aquí esta noche, te darán todo lo necesario para que te sientas cómodo...

—¿Estarás tú? —Harry negó con la cabeza. Dicha negación no le gustó al kelpie— No me quedaré sólo en un lugar repleto de humanos.

—Pero necesitamos asegurarte y...

—No.

Harry suspiró y miró hacia su supervisor, ignorando la mirada orgullosamente fascinada que le lanzaba su alma gemela.

—Se negó —susurró sin saber qué más decir.

El auror mayor se quedó mirando un largo rato a la criatura. Harry esperaba que no le obligaran a hacer algo que Kal no quería, no le gustaría lastimar a la criatura cuando ésta sufría la muerte del único humano al que confió... Bueno, ahora confiaba en él y no quería que eso se perdiera.

—¿Tienes algún lugar donde puedas guardar al kelpie? —preguntó ahora Riddle... ¿No le pudo preguntar su nombre primero? Sólo sabía su apellido porque así se refirió Kingsley a él. Aún con todo eso, Harry asintió, su casa estaba diseñada para cualquier criatura mágica que pudiera adoptar por ahí, si no, estaba su baúl de compartimentos, donde tenía más habitaciones para sus amiguitos— ¿Crees que puedas llevártela? Podría ayudarte, sirve que analizo bien todo para llegar al culpable en caso de que no nos den el tiempo que esperamos.

¿Riddle en su casa? Se sonrojó de nuevo, pero no pudo negar que la idea la agradaba. Quería conocer a su alma gemela, quería saber qué era lo que le gustaba, qué era lo que no, el cómo fue que descubrió sus dones... Quería saber todo de él.

Asintió, sintiendo la mano de Tom apretando la suya.

—Perfecto, entonces se los dejo... Hmmm... ¿Suerte? —dijo/cuestionó mirando las manos entrelazadas de los dos.

—Ve a hacer el papeleo, Kingsley, no te preocupes por nosotros. —Harry asintió a lo dicho por su nuevo compañero.

El hombre se despidió rápidamente con su mano y salió hacia los elevadores, dejando solos (relativamente solos) a los dos desconocidos.

Los nervios se colocaron en el estómago de Harry, pero no desaprovecharía nada de tiempo para estar con su chico.

"¿Cuál es tu nombre?" le preguntó de forma mental, logrando que el contrario sonriera como si saboreara su postre favorito.

"Tom Marvolo Riddle" contestó, comenzando a caminar hacia una de las salidas, "Detective, analista e inefable Riddle para mis compañeros de trabajo", dijo guiñándole uno de sus ojos. "Tom para mi alma gemela."

Si hubiera un récord mundial sobre el sonrojó más prolongado de la historia, Harry estaba seguro que podría romperlo si seguía así.

"Un placer", sintió cómo la mano que se entrelazaban a la suya le jalaba hacia unos brazos fuertes "Hmm... Soy Harry, Harry James Potter."

"Auror, magizoologista, herbólogo e investigador", completó en contrario, Harry sintió que su corazón se paraba al saber que el contrario conocía más de él de lo que alguna vez pensó que su alma gemela le conocería. "Cuando me trajeron tu perfil para aceptarte en la investigación, no me diste nada que decir en contra a eso. Tu currículum era jodidamente espectacular... Eso y que tu fecha de cumpleaños y don especial me dijeron que te mantuviera cerca."

Cierto. La fecha de cumpleaños era importante para los savants. Las almas gemelas solían compartir cumpleaños, por lo menos con cinco días de diferencia. Era una costumbre entre ellos que, cada vez que supieras que alguien había nacido casi el mismo día que tú, debías conversar con él por telepatía para saber si era o no tu destinado.

Telepatía... El don que cada savant tenía por simples razones. Dicen que los ojos eran la ventana al alma, pero ellos sabían que no era así. Tu mente era la ventana a tu alma y, si dejabas que alguien entrara a ésta, era sencillo reconocer a tu destinado, justo como le pasó a Tom y Harry.

"¿Cuándo es tu cumpleaños?" preguntó ya logrando ver el ascensor. Esta vez dejando que las palabras salieran de su boca.

"Según mis registros, el 31 de diciembre", susurró Tom llamando al ascensor y dejando que Harry entrara primero para luego seguirlo de cerca, agradeciendo que el lugar estuviera solo cuando el kelpie los empujó aún más juntos por el poco espacio, "pero mi abuelo hizo cuentas y dice que debí nacer a finales de julio."

"Yo nací el 31 de julio..."

"Lo sé, acabas de confirmar nuestras sospechas, cariño."

La plática siguió el largo camino, aunque para Harry fue corto, tomando en cuenta que no recordaba haber llegado a las chimeneas y dicho el nombre de su departamento. No recordaba tampoco cómo habían hecho para meter al kelpie en la pequeña chimenea de su sala (del ministerio era sencillo, ya estaban acostumbrados a recibir diferentes criaturas, el tamaño era lo de menos), solo podía recordar a Tom llegando a su estudio y comenzando a recorrer sus estantes de libros.

Cómo también recordaba el desastre que había hecho Kal en éste.

Suspiró y se sentó en una piedra. Habían dejado que Kal recorriera todo su lago antes de que regresara hacia ellos, contento de haber cabalgado (o nadando, según la perspectiva) por el agua. En todo ese momento, Tom no se había dignado en separar su mano de entre la suya o, mucho menos, habían separado miradas por mucho tiempo.

—¿Sabes? No pensé que mi alma gemela fuera tan guapo —susurró decidiendo dejar el silencio atrás. Kal apenas comenzaba a caminar hacia ellos—. Tampoco imaginé cómo serías, en primera. Pero definitivamente no hubiera pensado en algo como tú.

—Yo sólo esperaba que no fueras un vagabundo —bromeó Tom apretando la mano del contrario—. Sólo podía pensar en qué don tendrías. Dicen que las almas gemelas suelen complementar bien sus poderes, pero... nunca pensé en hablar con animales.

—¿Tú qué don tienes?

—Veo pistas. Si sospechas de alguien, puedo ver los lugares por donde caminó y qué fue lo que tocó. Puedo seguir rastros con facilidad. —Tom sonrió con arrogancia— Perfecto para un detective.

Harry rió y asintió. Ahora tenía sentido que el detective Riddle fuera el mejor de Gran Bretaña (o eso había escuchado, realmente no estaba muy metido a esos temas), aunque no dudaba que su gran mente le ayudara para eso. Al final, un savant no llega al éxito sólo por sus dones, sino también por cómo los usa.

—Seríamos un gran equipo si aprueban la propuesta de mi investigación —murmuró Harry sonriendo—. El hablar con los animales hará que las pistas sean más claras para ti...

—Y si alguna criatura llega a raptarte por tu hermosura, yo podría encontrarte con facilidad. —Harry se rió, sintiendo sus mejillas calentarse por el comentario.

—Sabes, si algo nos pasa, podríamos decirnos telepáticamente que necesitamos ayuda —jugaron unos momentos con sus manos, Harry nunca hubiera pensado que se sentiría tan bien algo tan sencillo como eso—... Podría ser como un código que signifique peligro, pero sólo nosotros dos podamos saber qué es.

—Me gusta —susurró Tom sonriendo, llevando la mano contraria hacia sus labios y dándole un pequeño beso. Todo eso mientras miraba fijamente a su alma gemela, la respiración de Harry siendo atrapada en su garganta a causa de eso—. Podríamos pensar más en el futuro otro día, por el momento, necesitamos vengar la muerte de Joan.

Un chirrido sonó detrás de él y, tan sólo con mirar hacia atrás, pudo notar a Kal haciendo un pequeño nido atrás de ellos, justo atrás de donde estaba Harry.

—Pensé que sólo las hembras hacían nidos —susurró Tom.

—A los kelpies no les importa eso, hacen un nido como método de conectar con su familia. Si a su pareja le gusta el nido, entonces lo hacen más grande y fuerte... Kal, ¿por qué estás haciendo un nido aquí?

La criatura levantó su cabeza. Ahora que había pasado más tiempo fuera del agua, su cuerpo había cambiado a algo parecido a un caballo.

Me gusta aquí. Huele a ti.

Las mejillas de Harry se prendieron en rojo. No era la única criatura que le decía eso, muchas comentaban que su aroma era agradable, pero, por supuesto, nunca se acostumbraría a que le dijeran eso.

Tom quiere hacerte unas preguntas —comentó después de que su rubor se hubiera disminuido—. Pero, antes de eso, sólo debo decirte una de las reglas principales de este lugar. Hay muchas criaturas, así que, pase lo que pase, todos se deben respetar. Cualquier problema me lo harán saber. —Kal chirrió y siguió con lo suyo.

Suspirando, Harry miró a su pareja destinada. No hubo necesidad de telepatía o palabras para que Tom comprendiera que ya estaban listos para el interrogatorio.


Harry entró al ministerio desde la chimenea, saliendo de ésta para esperar a que Tom pasara. No dio más de dos pasos antes de marearse por tanta conversación.

Sintió un empujón atrás de sí, pero rápidamente notó como su cintura era agarrada para detener su caída. No pudo quejarse en ningún momento, tampoco agradecer o disculparse, solamente se quedó ahí, cerrando sus ojos para que todos los cables en su mente se desenredaran correctamente.

—¿Estás bien? —preguntó Tom en su oído, sin dejar de sujetar su cintura con cuidado.

—Perdón, es sólo que...

Disculpe, ¿sabe dónde está el Departamento de Cooperación Mágica Internacional? —Un hombre los interrumpió. Harry notó algo diferente en su tono de voz, algo que no se escucha cuando Tom, sus padres o alguna otra persona hablaba.

Fondo a la derecha, hay un ascensor, sería el quinto departamento —susurró Harry sosteniendo su cabeza. Era todo tan raro...

¡Gracias! —Y se fue el señor.

Cuando pudo alejar el fuerte sonido (o acostumbrarse a él) volvió a abrir los ojos. Para ese momento, Tom ya estaba frente a él mirándolo con preocupación. No había sentido que sus manos habían dejado su cintura para pasar a su rostro.

—¿Te sientes mejor? —cuestionó.

Asintió.

—Creo que necesito una poción para el dolor de cabeza —murmuró antes de pararse correctamente y suspirar—. Había mucho ruido, era como si... —Abrió los ojos y miró hacia donde el anterior señor se había ido— Como si no estuvieran hablando en inglés.

—Polaco, si no fallo en mi deducción —susurró Tom—. Tú no hablas polaco.

—¿Tú cómo sabes que no lo hablo?

—Analizo a todos mis posibles compañeros laborales, gracias por preguntar —contestó sonriendo con arrogancia—. Y ahora me alegro hacerlo, así pude saber más de ti sin conocerte o preguntarte.

—Genial —bufó—. ¿Tú hablas algún idioma?

—Inglés, obviamente, francés, alemán, sueco y... —lo pensó unos momentos antes de acercarse a su oído de nuevo y susurrarle— también pársel, pero que quede entre nosotros.

—Oh, por... Amo ese idioma, ya entiendo mi obsesión por querer hablar con toda serpiente que se me atraviese.

—Y yo entiendo porqué trataba de cuidar a todos animal que viera.

Los dos se quedaron mirando unos momentos antes de reír. Tom sólo sonriendo ligeramente y Harry dejando revolotear su sonrisa.

—Creo que deberíamos irnos, se nos hace tarde para...

—¡Los estaba buscando! —Los dos miraron hacia un lado, encontrándose con Kingsley caminando hacia ellos— Aceptaron la progresión del caso, espero que sepan algo del asesino.

—Palo, alto, blanco y café —dijo Tom lanzándole una mirada cómplice a Harry. Kingsley frunció el ceño, pero nada que les importara a los otro dos—. Definitivamente hablaba de William Peterson.

—¿Y el testigo

—Oh, se quedó dormido en su nuevo nido. Se desveló haciéndolo, debe darle un poco de reposo, no quiere ver a un kelpie molesto —contestó Harry sonriendo. Kingsley suspiró.

—Que esté en mi oficina antes de las cinco.

—¡Sí, señor! —Harry se separó de su, ahora, pareja y se despidió con la mano— Necesito hacer algo en mi cubículo.

Después de eso, comenzó a caminar hacia el departamento de aurores.


"¿Dónde estás?" cuestionó Tom mentalmente.

Se detuvo unos momento antes de sonreír. Tener a tu alma gemela en las puertas de tu mente era algo extraordinario.

"Vine al cuarto piso, en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas necesitaban calmar a un ashwinder y me llamaron."

"Oh, una serpiente. Voy para allá."

Harry rió mientras acariciaba las escamas de la criatura, la misma que se había acomodado en su cuello buscando calor. Trabajar en el ministerio siempre era divertido, más cuando cualquier criatura aparecía de un momento a otro.

—Merlín, métela a una jaula —susurró Melanie, una de las encargadas principales del asunto de la ashwinder—. Siento que te atacará en cualquier momento.

—Las criaturas sienten y reaccionan a tus emociones, eso también implica si desconfías de ella —comentó con ligereza—. A parte, sólo quiere buscar a su familia.

La mujer suspiró y se encogió de hombros, no queriendo discutir con él. Harry tenía fama de ser el defensor número uno de las criaturas mágicas, yendo a un extremo completamente distinto al de Lovegood, y eso era mucho que decir.

Claro, a Harry no le importaban esos rumores. Él vivía bien y tranquilo con sus criaturas... Oh, y también le pagaban por eso, así que sí, para nada le importaba que le dieran algún tipo de publicidad.

—Vaya que sí es un ejemplar grande. —La voz detrás de Harry lo distrajo por unos momentos— Pensé que sería una pequeña... ¿No te duele el cuello?

Harry negó.

—Es ligera, aunque no parezca —Tom soltó un "uhum" mientras comenzaba a acariciar de igual forma las escamas del reptil—: No encuentra a su familia y vino con nosotros para ayudarla.

—Pobrecita, debe estar desesperada si recurre a nosotros para eso...

—Detective Riddle, un placer tenerlo por aquí —dijo Melanie dos tonos más agudos de como le había hablando a Harry—, ¿le puedo ayudar en algo? —Pasó uno de sus mechones atrás de su oreja, sonriéndole a Tom con coquetería.

Frunció el ceño, ¿y ésta qué se creía

—Harry me dijo de un problema con una ashwinder, tenía curiosidad de ver una, así que vine —contestó con indiferencia, para luego darle un suave beso en el cabello de su chico—. Eso y que Harry estaría aquí, ¿cómo negarme a tal tentación?

—¿Crees que nos podamos encargar de ella? —cuestionó Harry dando media vuelta, dejando atrás de sí a la chica— Está desesperada y el equipo se fue a un asunto con un fwooper...

Tom pasó su mirada de Harry a la serpiente, analizando la situación antes de suspirar resignado.

—Supongo que de igual forma acompañarías al equipo hasta que esté con su familia, ¿verdad? —Harry asintió de forma energética— Bien, entre más rápido arreglemos esto, más rápido traeremos a Kal aquí.

—A-Alto, necesitan hacer el papeleo correspondiente para que...

—Estoy seguro que puedes con eso —Tom le interrumpió guiñando un ojo antes de agarrar una de las manos de Harry y entrelazar sus dedos para salir del departamento—. ¡Te lo encargo, Melanie!


—Las pistas dan hacia acá —murmuró frunciendo el ceño. Harry lo miró curioso, Tom tenía una cara curiosa en esos momentos—. Es extraño...

—¿Tom? —el nombrado lo miró, todavía teniendo sus ojos perdidos— ¿Qué pasa?

—Es como si... Como si sólo necesitara un par de pistas para suponer dónde están ahora mismo.

Harry guardó silencio por unos momentos antes de asentir, comprendiendo un poco la situación.

—Cuando mamá y papá todavía no se conocían, sus poderes eran muy limitados —susurró acariciando a Valir, nuevo nombre que le acaba de asignar a la ashwinder—. Mamá sólo podía encantar a las personas y papá sólo podía innovar cosas —agarró la mano de su pareja, jugueteando con sus dedos para tratar que no se sintiera tan extraño como Harry se sintió en el ministerio—, después de conocerse las cosas cambiaron. Mamá podía convencer a las puertas de abrirse, a la luz de prender sin energía o a que un aparato mágico se abriera sin importar los hechizos y barreras que tuviera. Por otro lado, papá no sólo podía innovar, sino también comenzó a crear cosas extraordinarias con sólo una picahielo, un tornillo y cosas que encontraba en el bosque.

Se miraron unos momentos, antes de que los ojos de Tom se enfocaran y una sonrisa floreciera en sus labios.

—Yo podía ver sólo las pistas, ahora pareciera como si mi cerebro analizara todo eso para poder llevarme al futuro más posible —dijo asintiendo, como si lograra comprender todo—. Y tú, ahora no solo puedes hablar las lenguas de las criaturas mágicas y animales, sino también las lenguas humanas.

—Exacto. Ya sabes, las almas gemelas sirven para complementarse, para mejorar al otro.

—Sí, sí, ¿y mis crías? —habló la serpiente, moviéndose desesperada por el cuerpo del ojiverde.

Los dos rieron por lo bajo, Harry agarrando a la serpiente y acariciándola en un punto donde solo pudo enrollarse y sisear de placer.

Pronto las encontraremos.

Harry creía firmemente en las palabras de Tom.


—¡¿Dónde han estado todo este tiempo?! —Kingsley llegó a su lado en tiempo récord, Harry podía jurar que, hace unos segundos, lo había visto saliendo del elevador.

—Ayudando a Valir —dijo Harry con inocencia fingida, haciendo que Tom sonriera y apretara el agarre de sus manos.

—Una muy linda ashwinder, si te preguntas —complementó el detective siguiendo la corriente de su novio—. Fuimos hasta Chelmsford para encontrar a sus crías.

—¡Faltan cinco minutos para las cinco! —Harry chitó ante el ruido, mirando a su alrededor para comprobar que, las personas a su alrededor, se encontraban dando un vistazo antes de seguir con lo suyo.

—No sirve de nada gritar —murmuró Harry.

—De hecho, entre más tiempo nos entretengas aquí, más tarde llegamos —siguió Tom. Comenzando a caminar hacia los elevadores después de pasar por el costado de Kingsley—. Y te recomiendo no elevarle la voz a Harry. —esto último salió como una advert, Kingsley dio un paso hacia atrás, mirando a la pareja.

Después de eso, entraron al elevador con Kal atrás suyo, convertido en un caballo terrestre color blanco. Si le preguntaban porqué la primera vez no fue así, entonces Harry les diría que trataran de convencer a una criatura clasificación XXXX de verse indefensa cuando estaba claro que se encontraba histérica.

—¿No necesitamos que Kingsley esté con nosotros?

—Kingsley nos puede alcanzar más tarde, lo importante por ahora es Kal. —Las personas que se encontraban con ellos en el ascensor simplemente preferían esperar otro turno al ver al imponente kelpie detrás de ellos.

Si eso causaba Kal en las personas, tal vez sea una buena opción llevarlo consigo en todo momento. Al final, siempre terminaba aburrido o siendo fastidiado por otra persona aburrida. Con Kal mínimo estaría garantizando una buena conversación y tranquilidad en el trabajo.

Salieron del elevador y fueron directo a la oficina de Kingsley, donde estaba Amelia Bones y el señor Barty Crouch, este último levantando una ceja al verlos entrar un minuto antes de lo acordado.

—Casi llegan tarde —dijo Crouch molesto. No era ni una sorpresa que Tom y Crouch no se llevaran bien después de que Tom metiera a Azkaban a su hijo.

—Ustedes llegaron temprano, ¿sabían que es de mala educación llegar antes de la hora acordada? —devolvió Tom como si fuera algo mínimo, pero aún así dejando un toque de firmeza en su voz.

Mientras discutían, Harry se encontró jugando con Kal, le estaba haciendo trenzas y le pintaba el pelo de diferentes colores. Al finalizar, cuando madame Bones soltó un suspiro fastidiada (que llamó la atención de los tres) y se dirigió hacia Harry, éste ya le había hecho todo un cambio de look a Kal.

—¿Podrías ir al Wizengamot a testificar junto con el kelpie? —preguntó con suavidad, como si le hablara a un pequeño niño. Harry no se enojó, claro que no. Prefería ser tratado así por Bones que ser tratado como alguien que estaba en su lista negra— Te harán tomar veritaserum para que confíen en tus traducciones.

—Sería un placer, madame Bones.

La mujer le regaló una dulce sonrisa y, en cuestión de segundos, volvió a mirar a los otros dos hombres dentro de la habitación. Lanzándoles una dura mirada, volvió hacia Harry y se despidió con un suave asentimiento.

Todos se quedaron callados después de que Amelia saliera, mirando la puerta de la oficina como si volviera a entrar en cualquier otro momento.

—Da miedo —murmuró Harry.

Tom y Crouch asintieron, siendo esto lo único en lo que estuvieron de acuerdo en toda esa reunión.


La reunión en el Wizengamot fue más sencilla de lo que Harry pensó (considerando que había pasado ahí cuando tenía catorce años), Amelia fue directa, pero amable con sus preguntas. Cuando todo se salía de control, Tom hacía algún tipo de comentario para calmarlos.

Para su sorpresa, también era increíble aguantando el impulso de la veritaserum. Había escuchado que pocas personas podían controlar esos impulsos, conociéndose, si Harry no hubiera salido con una tolerancia alta, seguro se hubiera puesto a divagar en medio del podio.

Salieron de la sala del tribunal cuando Crouch indicó el final de la junta. Harry tenía asiento en el Wizengamot, pero no lo usaba. Después de eso, definitivamente hará caso a todas las invitaciones que le lleguen en vez de derivarlas. Uno se entera de muchos chismes ahí, ¿y quién era él para decirle que no al chisme?

—Detective Riddle —llamó un oficial, Reblin Leach, si Harry no se equivocaba. Era quien estaría al mando de la aprehensión de William Peterson—, tenemos un problema.

Tom levantó una ceja, ordenando que siguiera sólo con ese gesto. En cambio, Reblin miró a Harry y al kelpie para luego volver a Tom, indeciso.

—Puedes decirlo, Harry es parte del equipo. —Un pequeño revoloteo creció en el estómago de Harry. Lo que Tom realmente quería decir era que, le dijera o no, terminaría sabiéndolo porque él se lo diría.

Se acercó un poco más a su hombre, tratando de ocultar la pequeña sonrisa complacida que crecía en sus labios.

—No encontramos a William Peterson.

"Me lleva la..."

"Tus barreras" le interrumpió Tom.

Sonrojándose un poco, Harry asintió y miró hacia Kal, poniéndose tenso al instante.

—Creo que no fue una buena opción decirlo cerca de Kal —susurró acercándose al gran caballo.

Los otros dos miraron al kelpie y dieron un paso a atrás, dando espacio por si el animal salía fuera de control.

Humanos incompetentes, siempre es lo mismo...

—Kal...

—¡Lo dejaron libre!

—No logrará ir lejos, nuestro equipo es muy capaz y... —El kelpie dio un paso hacia él de forma amenazante, pero Harry no se movió de su lugar.

No dejes que un animal vea tu miedo, era una regla de oro entre los suyos.

Escuchó a Tom decir su nombre detrás de él, pero lo ignoró para poder prestarle atención a Kal.

—¡Todos los magos son lo mismo! —pateó el aire. Harry simplemente suspiró, ya acostumbrado a los cambios de humor de una criatura.

—¡Tom y yo nos encargaremos de esto! —Kal bajó sus patas, las cuales ya se estaban viendo azuladas por su transformación, mirándolo por unos momentos— Tom y yo somos savants, no unos simples magos. Cuenta con nosotros.

Asintiendo, Kal agachó su cabeza y la recargó en el pecho de Harry. Era extraño a la vista, supuso. El animal era más del doble de Harry y, aún así, estaba mostrando debilidad.

Confío en ti —dijo en voz baja—. Jo era lo único que tenía.

Harry asintió, acariciando el lomo del kelpie. Miró a Tom y éste asintió, pareciendo entender lo que pasaba. Siempre había fantaseado con tener a alguien que le entendiera a la perfección como sus padres lo hacían entre sí, pero nunca imaginó lo pleno que se sentiría después de encontrarlo.


—Nunca me voy a aburrir contigo, ¿verdad? —cuestionó Tom después de haber dejado a Kal en su nido.

—¿Lo habías dudado en algún momento? —devolvió sonriendo, entrelazando sus dedos con los contrarios, encontrando una manía nueva con ello— Tal vez deberíamos reconsiderar el código...

—Cuando nos conocimos, Kal estaba ahí —señaló antes de mirar hacia un lado y comenzar a dirigir a Harry hacia ahí—. Tal vez debería ser algo relacionado a él... Lo encontré —murmuró y, jalando al ojiverde hacia él para abrazarlo por la cintura, los apareció en un callejón oscuro.

—Creo que ya sabemos qué código usar...

Los dos se miraron unos momentos antes de sonreír y asentir, para luego alejarse del otro y comenzar a encarcelar a William entre los callejones más marginados de Guildford.

Definitivamente, llevaban poco conociéndose, pero aún así reconocía que serían un muy equipo.