Disclaimer: Los personajes de Bleach no me pertenecen. Derechos a Tite Kubo.

NdA: Una idea que traigo en mente desde hace mucho xD Sin embargo, como últimamente se me ha hecho algo difícil escribir, estará escrita en drabbles. Paso a pasito~


Para que mi nombre conserve su sonido

I. Un arte mayor al mundo.

—Di mi nombre…

Pide entre jadeos que se escapan entre el sonido del rechinar de la cama y los golpes en la pared. A fuera los grillos cantan y la quietud de la noche hace olvidar que apenas hace unos días, muchas personas han muerto al calor de una invasión inesperada. Pero su secreto entre las paredes destruidas es capaz de mantenerse oculto.

Ella le clava uñas en su espalda, restriega los labios en su oreja y sopla al silencio con la dulzura del sonido de una flauta, el nombre que la posee:

—Toshiro…

Es como un encanto, como un hechizo. Él besa su cuello con una necesidad arrebatadora, quiere convertirse en el sudor que le recorre de pies a cabeza y besarle todo el cuerpo deslizándose inocentemente sobre su piel.

—Dilo… di mi nombre…

Y mientras ella le enreda las largas piernas sobre su cintura, los labios que le sonreían sobre la piel se abren para susurrarle su nombre al oído con pasión, como si se tratara de una plegaria hecha a algún dios desconocido:

—Rangiku…

Y ella jadea y suspira mientras lo siente moverse dentro de sí misma como una pieza que siempre le hizo falta, que llena sus vacíos y apacigua sus dolores. Se aferra a él, a su cuerpo y corazón, mientras siente como él palpita al fondo de sus piernas al mismo tiempo que ella lo aprisiona, sus paredes lo abrazan como si no quisieran dejarlo ir nunca, pidiéndole que se quede ahí más y más y más...

Así crece el deseo que les habita. Y poco antes de que Rangiku alcance su climax, toma a Toshiro del rostro con ambas manos y lo mira a los ojos jade mientras une su frente a la de él.

Con los flequillos húmedos como nieve derretida, sus irises brillan con más intensidad al mirarla en medio del placer. Por su mente se pasea el pensamiento que le hace preguntarse desde hace cuanto había deseado ver el deseo en esos ojos rodeados de rayos de sol. Es así que la toma de las caderas con fuerza, tampoco queriendo soltar su cuerpo, perdiéndose a sí mismo en el azul gris de esos ojos que le han mirado por tantos años que se han vuelto parte de su corazón.

Bésame, grita mi nombre, recuérdame que estoy aquí.

Toshiro une sus labios a los de ella, ambos cierran los ojos y tocan la cima, con un maullido que se clava al fondo de la garganta y un gruñido que se queda atorado como el rugido de un león escondido en las profundidades de una cueva. Rangiku suspira contra su piel, le encierra el cuello entre los brazos.

Sé lo que no soy. Déjame ser lo que no eres.

Ahora que Hyorinmaru le ha sido robado, Toshiro no puede evitar pensar que el azul en los ojos de Rangiku le recuerdan a su compañero, la parte de su alma secuestrada. Su refugio en esos ojos azules lo hacen sentir que sigue completo, que no está indefenso, que no va a morir, que tiene el poder de proteger, de pelear y de vencer. Ella le hace sentir que Hyorinmaru está a salvo, que si él va a morir, una parte suya quedará viva en Rangiku.

Pero es Rangiku quien desde hace tiempo ha pensado que los ojos jade de Toshiro son idénticos a los de Haineko. Le gusta mirarse en ellos porque no siente que la miran con reproche, con odio, con desprecio, porque ahora que su división está indefensa, el bankai de Haineko hubiera podido darles seguridad a todos, ser un arma de respaldo, pero Rangiku siempre tuvo miedo de su propio poder. Cada vez que Haineko la mira hay burla, hay decepción, hay algo en su mirada que le dice que es más fuerte de lo que quiere aceptar, que era su deber despertar el bankai cuando el capitán Shiba desapareció. Ese jade en los ojos de Haineko es el mismo que en los ojos de Toshiro la refleja con amor, con estoicismo y confianza. Le hace saber que ella es suficiente. Que siempre ha sido suficiente.

Sus corazones laten con la misma intensidad, crean una canción que sólo ellos dos conocen. Y en medio del beso, recordándose que están a vísperas de una nueva guerra sangrienta, las lágrimas se escapan entre los labios y las mejillas. Los besos sabor a sal son el sello de esa noche, mientras ellos se esconden en la piel del otro, haciendo de sus tristezas un arte mayor al mundo.

Di mi nombre para que conserve su sonido.