-Parece… Que has… Ganado.- Susurró Naruto al tiempo que tosía sangre, salpicando el rostro del Uchiha.

El chidori atravesó el cuerpo debajo del corazón producto de la desviación provocada por el rasengan de Naruto. La situación era confusa para ambos. Momentos antes del choque final, apenas segundos, la técnica del rubio había disminuido su intensidad. Como si la de repente todo el chakra que poseía en su interior hubiera desaparecido alcanzando solo para desviarlo.

-¿Por qué…? –Fueron las palabras de Sasuke, dándose cuenta por fin de lo que estaba ocurriendo. De cómo su mano atravesaba de lado a lado el cuerpo de su amigo, ya sin el jutsu activo. Sus ojos empezaron a doler.

- Tus ojos… -Antes de que el Uzumaki pudiera terminar de pronunciar la frase cayó desmayado.

Desesperado, Sasuke retiró el brazo, atrapando el cuerpo del Uzumaki sin embargo, cuando mientras lo cargaba, llevándolo a la orilla del rio, una explosión surgió del cuerpo del rubio provocando que fuera expulsado hacía atrás, perdiendo la consciencia.

No supo cuánto tiempo perdió el conocimiento, pero al despertar, su cuerpo se encontraba totalmente inmovilizado y no solo por el dolor de la explosión. Frente a él, o mejor dicho, sobre él, se encontraba su maestro, Kakashi sosteniendo en sus manos un fino hilo que lo envolvía por completo. Sasuke bajo la mirada, notando también que además del hilo, se encontraban innumerables sellos supresores de chakra así como también unas cadenas finas alrededor de sus muñecas y tobillos.

-Kakashi-sensei que… -sin embargo se detuvo al sentir el dolor de los hilos que lo cercaban aún más producto de un tirón.

-¿Dónde está Naruto? –interrogó, su voz usual ya no estaba, y al Uchiha le pareció que estaba frente a un ninja enemigo, dispuesto a matarlo. -¿Dónde está Naruto? –Repitió.

-No lo sé –Susurró y de inmediato recordó lo que sucedió antes de la explosión. –Creo que… lo mate… -Contestó, aunque estas palabras fueron más para sí mismo que para su maestro. Hasta antes de esa batalla no estaba seguro de si era capaz de matar a su compañero de equipo, su amigo. Y ahora que lo había hecho el shock recorría lo más profundo de su mente. Incluso se arrepentía.

La expresión facial de Kakashi no cambio, aunque hubiera sido difícil averiguarlo debido a la máscara. Pateó su cabeza, rápido y eficaz, volviéndolo a desmayar y luego se lo cargó al hombro. Volviendo a la aldea. Había utilizado sus sabuesos para rastrear a Naruto, pero este no se encontraba por ningún lado. No dudaba de sus perros y eso le daba la certeza de que su estudiante ya no estaba vivo. Las lágrimas surcaban su único ojo visible de camino a la aldea.

Tosió, dándose vuelta en el suelo, adolorido. Llevó su mano debajo del corazón allí donde su mejor amigo lo apuñaló, la herida estaba cerrada aunque aún dolía al tocarla. Fue solo al bajar la mirada que notó la enorme y fea cicatriz que adquirió, se extrañó debido a que por muy grande que fuera la herida nunca le quedaba ninguna cicatriz.

-Ten cuidado. No te muevas. –Le advirtió una voz, calmada a su lado. Sus instintos le dijeron que debió asustarse no obstante la suavidad de su voz lo tranquilizaba, la buscó con la mirada, se encontraba a unos metros de él, al lado de un fuego, ya era de noche.

Era pelirroja con unos ojos oscuros, brillantes debido al fuego. De una piel blanca incluso pálida, poseía unos generosos pechos, aunque si le preguntaran a su maestro Jiraiya, más pequeños que los de Tsunade, de cintura fina. Sin saber porque, recordó el primer encuentro con el Ero-Sannin que pedía una madura con curvas. Esa mujer lo era.

-¿En qué piensas? –volvió a hablar la mujer, acercándose un poco a él, examinando sus heridas.

-¿Dónde estoy? – se acercó arrastrándose al fuego, buscando calor. Cada movimiento que hacía provocada latigazos de dolor en todo su cuerpo, especialmente en su estómago.

-No te muevas, estas muy débil, Naruto. – Se acercó más a él, colocando una mano sobre su hombro. –Estamos en la frontera del país de los Campos de Arroz, a unos kilómetros del país del fuego. Escuche la explosión y te vi. Muerto, o casi.

-¿Cómo Sabes mi nombre?- Aquello provocó que las alarmas internas saltaran, si sabía su nombre tal vez pertenecía a la misma organización que Itachi Uchiha, realizó un amago de levantarse, volviendo a caer, débil.

-Porque te estaba buscando. Naruto Uzumaki. El héroe del País de las Olas. Tazuna me habló mucho de ti. –Se acomodó a su lado, acariciando su cabello con dulzura. –Creí que serías pelirrojo también. ¿Qué sucedió en el valle, quien era tu enemigo?

-No era mi enemigo. Sasuke es mi amigo, Estaba tratando de llevarlo a la aldea. ¿Dónde está…?

-Si así te llevas con tus amigos… -Susurró para luego dirigir su mirada a un árbol cercano. –Mis búhos me dicen que fue rescatado por un hombre de pelo plateado. Lo vio desmayado y se lo cargo al hombro, rumbo a la hoja.

-Kakashi-sensei… ¿Qué…? –El temor y el dolor invadió su ser. ¿Si su maestro se había llevado a Sasuke por qué no a él? ¿Lo estaban buscando? No tenía sentido. Las lágrimas brotaron de sus ojos. -¿Me abandonaron…?

-A nosotros siempre nos abandonan. –Dijo la mujer en voz baja, mirando al fuego, no al rubio. Pero en su voz se sentía la tristeza mezclada con el odio, perdida en sus pensamientos. De pronto, volvió la mirada a Naruto. –Por eso te estaba buscando. Quiero que vengas conmigo.

-¿Qué? –Las palabras brotaron de su interior, completamente asombrado. ¿Quién era esta mujer que le estaba pidiendo tal cosa? Su hogar era la aldea de la hoja, él se convertiría en Hokage. La misión que había realizado, devolviendo a Sasuke demostraba eso. Era alguien digno de la aldea, de su amiga y compañera de equipo, Sakura, le hizo una promesa y la cumplió. ¿Cómo esa mujer podía pretender que abandonaría a su aldea, a sus amigos, todo? –No abandonare a mis amigos…- sus palabras apenas salían de sus labios, todo aquello era nuevo para él.

-¿Cómo ellos te abandonaron a ti? –Miró alrededor, mostrándole la zona donde estaban. – estuviste desmayado dos días. Dos días donde no nos movimos. Si hubieran enviado equipos de búsqueda te habrían encontrado con facilidad, pero no fue así. A nuestro clan siempre nos abandonan.

Ante esas últimas palabras Naruto fijó sus ojos en la mujer, examinándola con atención. Creyendo que había oído mal. ¿Nuestro clan? A cada palabra que salía de la boca de la pelirroja más y más intrigado estaba.

-¿No te han contado nunca tu historia? –interrogó al ver la expresión en el rostro de Naruto. La incredulidad se dejaba ver en sus ojos, la indignación. –Perteneces al clan Uzumaki de la aldea del remolino. Eres uno de los últimos en realidad.

-Nunca escuche hablar de esa aldea… -murmuró, aunque la verdad era que su atención en clases era nula.

-Ni tú ni muchos… -la mujer centró sus ojos en el fuego al tiempo que tomaba un palo clavado en el suelo y lo extendió al rubio que pudo notar el pescado asado en su punto. –Durante la Gran Guerra tres de las grandes aldeas nos emboscaron, luchamos pero perdimos. Temían nuestro poder. Nuestro clan destacaba por muchas razones. Además poseer una extrema reserva de chakra éramos los mejores en el arte del sellado. Mi abuelo decía que éramos los descendientes del sabio de los seis caminos, aunque bueno, el también creía en unicornios.

-¿tú también eres una Uzumaki…? – Toda aquella información era nueva para él, además de asombrosa. Esa mujer le estaba diciendo que no solo no estaba solo en el mundo, sino que también pertenecía a un clan, como Shikamaru, Kiba… O Sasuke. -¿Me estas tomando el pelo…?

-Mi nombre es Isane Uzumaki. Hija del antiguo Uzukage de Uzushiogakure, caído en batalla. –la solemnidad impregnaba su voz al decir aquellas palabras, estaba orgullosa de su linaje, de su aldea. –Y devolveré su esplendor a mi aldea.

-Hija… -examinó el rostro de Isane con atención, había algo que no encajaba, ella era muy joven. -¿eres una anciana…? –De inmediato lamentó sus palabras. La mirada en el rostro de la pelirroja le recordaba a sus primeros encuentros con Tsunade.

-El clan Uzumaki posee una larga longevidad… -colocó su mano sobre su pecho. –Y uso muchas cremas… -zanjó el asunto allí. –Quiero que vengas conmigo a Uzushiogakure y me ayudes a traer de nuevo la gloria a mi aldea. A tu aldea verdadera y también a reconstruir nuestro clan.

-Yo pertenezco a Kono… -Se detuvo y abrió los ojos con sorpresa. ¿Se refería a ESO? – ¿RECONSTRUIR? Hablas de… ¿tú y yo?- el rojo ahora teñía el rostro de Naruto, acentuado aún más por el calor del fuego.

-No… -pareció tomarse su tiempo antes de hablar. Nostálgica. –Solo tú. El destino me jugó una broma cruel. Soy estéril. La ultima mujer del clan y estéril. –Soltó una risa amarga, leve. –Me temo que reconstruir el clan esta solo en tus manos. Y sin ti, el clan, y por ende, Uzushiogakure están condenados a desaparecer.

-pero yo… -la revelación que había soltado la mujer no era poca. En sus manos estaba el futuro de una aldea, y si las palabras de esa mujer eran ciertas, su aldea natal. ¿Y sus padres…? –Si pertenezco a un clan ¿dónde están mis padres?

La nueva cicatriz que tenía comenzó a dolerle un poco más, mezclándose con algo que surgía de su interior, el zorro. Reprimió un grito al tiempo que se tumbaba en el suelo. La mujer pegó a él, examinando su estómago y la cicatriz, realizó una mueca de molestia, colocando su mano sobre el vientre del rubio.

-Durante el juego con tu amigo el sello se rompió, tuve que arreglarlo de manera rudimentaria. Si el zorro escapaba no solo hubieras muerto, además quien sabe que desastre desataría esa bestia. Nunca me gusto. –Gradualmente el dolor en el Uzumaki disminuyo, sentándose en el suelo. –Ven conmigo a la aldea, como un agradecimiento por salvarte si lo deseas. Ni siquiera se tiene que ser definitivo. Ven, ayuda a la aldea, aprende nuestras artes, pasa tiempo con los tuyos. Y si al final deseas volver a Konoha, está bien.

-Konoha…-Su mirada se dirigió al horizonte, pensando en la aldea. En como lo habían abandonado, si es que era así. Volvería en un futuro, eso estaba claro, aunque no por la aldea misma, sino por sus amigos. Aquellos a quienes apreciaba. –Mis padres…

-A si, tus padres. Me sorprende que no te lo hayan contado. –suspiró, comenzando a relatar la historia de una antigua amiga suya, Kushina Uzumaki.

Los antiguos doce de Konoha, ahora diez, se encontraban reunidos en el hospital, muchos con heridas graves, aun en cama. Dos semanas habían pasado desde el éxito que tuvo la misión de recuperar a Sasuke Uchiha. Los integrantes de dicha misión habían estado al borde de la muerte en su mayoría, ahora les quedaba un largo camino hasta estar recuperados por completo.

El silencio reinaba la sala. Le reunión fue convocada por Shikamaru, era hora de hablar y de que todos se pusieran al corriente con la situación sin embargo nadie parecía con ganas de hablar más aun debido a la sospecha que todos tenían pero no se atrevían a decirlo en voz alta. Naruto estaba muerto. La incertidumbre comenzó al enterarse de que Sasuke había vuelto a la aldea, o mejor dicho, Kakashi lo trajo completamente aprisionado y lo llevó ante la Hokage. Luego se supo que lo tenían en una cárcel especial en el sótano de la mansión del Hokage. Del Uzumaki nada se sabía. Shikamaru era uno de los que mejor se encontraba trato de encontrar a Naruto en la aldea, creyendo que estaba ileso. Pidió ayuda a Ino para encontrarlo y también fallo. No ayudo en nada que Gaara y sus hermanos se fueran de la aldea tan solo un día después, incluso sin recuperarse. En palabras de Shino que los vio marcharse, Gaara desprendía una ira incluso mayor que la vista durante los exámenes chunnin.

-Sasuke lo mato. –El primero en romper el silencio fue Kiba, mientras miraba el techo, con todo su cuerpo vendado. A sus pies se escuchó un quejido perruno de Akamaru, tal vez por el daño que también había sufrido en batalla, o porque se también lamentaba la perdida de Naruto.

-Eso no… -Antes de que Sakura pudiera terminar la frase se detuvo a sí mismo. No porque los demás la estuvieran mirando, algunos con odio en el caso de Hinata y Shikamaru sino porque ella misma tenía el mismo pensamiento. Naruto había muerto cumpliendo la promesa que ella le había hecho. -¿Qué pasara ahora? –sus palabras se perdieron apenas salieron de sus labios.

La tristeza inundaba la sala.

-Espié a mi padre mientras hablaba con miembros del clan. Ni nuestros rastreadores unidos con los Inuzukas pudieron encontrar nada. –comentó Shino, aunque hablaba igual de serio que siempre, no llevaba sus lentes puestos hecho extraño entre sus amigos, pues nunca se los quitaba. –Solo el residuo de una explosión de chakra oscuro…

La primera en levantarse e irse fue Hinata. Sus ojos estaban completamente rojos de tanto llorar, había perdido al amor de su vida. Segundos después le siguió Shino e Ino. Sakura tardo un poco más, sumida en sus propios pensamientos. El Nara, con cierta dificultad se acercó a la ventana, centrando sus miradas en el exterior, pensativo. -¿Y el cuerpo? –la pregunta se perdió en la sala.

Lo único que iluminaba la sala del Hokage esa noche era la luz de luna que entraba por las ventanas. Para Tsunade parecía una maldición que volvía a repetirse, quería a una persona y esta moría, una vez tras otra. Recordaba el collar que le regaló a Naruto, ella lo había sentenciado a muerte, estaba claro para ella. A pesar de mantener el semblante serio, digno de un líder ante los demás, transcurría los días deseando que se hiciera de noche solo para estar sola y llorar su dolor en paz, emborrachándose. Sin embargo esa noche sería diferente. Jiraiya entró por la puerta, serio también aunque su rostro demostraba alivio.

Tsunade se alarmó al ver como Jiraiya comenzaba a realizar sellos con rapidez, uno jutsu seguido de otro. Pasados unos minutos, un silencio sepulcral inundaba el ambiente. De allí no saldría ni una palabra a menos que ellos quisieran. El sabio sapo desplego el pergamino de contrato sobre el escritorio y lo abrió.

-Está vivo. Contacte con él. –Las palabras que surgieron de los labios del canoso llegaron a los oídos de la rubia como si fuera un bálsamo, aunque esta negó con la cabeza perdida en los inicio de una borrachera.

-¿Qué quieres decir? ¿Por qué no lo trajiste? –interrogó enérgicamente al tiempo que se ponía en pie, mirándolo con furia. –Tráelo.

-Está demasiado protegido… -Pronunció aquellas palabras luego de pensarlas con lentitud, incluso el mismo estaba extrañado por ello. Ni siquiera utilizando su modo sabio había logrado encontrar ningún rastro de su estudiante. – Tuve que pedirle a Gamatatsu que lo buscara desde el monte. Lo encontró pero no sabe dónde.

-Explícate mejor. –exigió a la vez que sacudía su cabeza, quitándose cualquier efecto del alcohol que pudiera tener. Aquello no tenía ningún sentido, pero Naruto estaba vivo. Se aferraría a ello.

-Por lo que me ha dicho Gamatatsu habló con él, le entregó una carta para mí, pero al dejarlo olvida donde lo encontró. Lo mire, tiene un sello que lo obliga a olvidar en el momento que Naruto no está con él. –sus ojos se centraron en su compañera. –Ni siquiera yo puedo romper el sello, es demasiado poderoso.

-¿akatsuki? – Si estaba vivo podía significar que la organización a la que pertenecía Itachi lo atrapó lo cual era una sentencia de muerte instantánea. Chasqueó la lengua al pensar en los Uchiha, sus integrantes no hacían más que provocarle dolor y molestia.

-No, está libre y por su propio pie según me dijo. –extrajo la carta de su chaleco y se lo dio a Tsunade.

"Estoy bien y vivo. No me busques. En su momento te buscare para saber más sobre mi padre. Dile a la abuela que no se preocupe.

PD: No castiguen a Sasuke por esto."

Al terminar de leer la carta su mirada se encontró con la de Jiraiya. Tres cosas estaban claras. Naruto estaba vivo, en propias palabras de Jiraiya estaba muy bien protegido, y además sabia de sus padres. Aquello era como armar un rompecabezas con piezas faltantes.

-Deberíamos mandar una patrulla…

-No. –Cortó con rapidez el sabio. –Si mis sapos no pudieron dar con su localización siendo que poseen un pacto de sangre con él ninguna patrulla que mandes lo encontraran. Además, ese sello… -tomó asiento frente a ella, al otro lado del escritorio. Seguía dándole vueltas al sello en la cabeza de gamatatsu. –La persona con la que esta tiene una habilidad increíble. Esto me gusta tanto como a ti, pero hay que confiar en que Naruto nos contacte primero.

-hmmm. –Eso no le gustaba nada a la rubia, no se fiaba nada de todo el asunto no obstante reconocía que si el mismo Jiraiya no pudo dar con el ninguna patrulla podría. Suspiro. –Tengo que dar una explicación al consejo. También respecto al Uchiha. –La verdad era que había estado postergando la reunión con el consejo debido a los dos temas a tratar. La muerte de Naruto y el asesino Uchiha. Dos temas sumamente delicados.

-Naruto pidió perdonar a Sasuke… -Murmuró, aunque la idea no le gustaba.

-Pero podríamos sacarle los ojos. –Jiraiya la miró con atención, tratando de dilucidar si lo decía en serio o no. –intento matar a uno de sus compañeros, eso no puede quedar impune.

-No lo hará. Recomienda que quede bajo el cuidado de Kakashi. Me encargare de colocar sellos en él. Si intenta volver a escapar o rebelarse lo lamentara, y mucho. –El mismo se encargaría de poner la correa alrededor del cuello Uchiha. –Naruto… El consejo querrá declarar a Naruto como desaparecido si cree que está muerto. Luego del ataque de Orochimaru la aldea todavía está muy débil.

-No, lo pondré como si estuviera en una misión, así luego no podrán refutar nada.

-Deja que crean que es su idea. Les encantara.

Esa noche estaban ideando el plan perfecto para cuando el Uzumaki volviera, sin que quedara mal parado bajo ningún motivo, ya pensaría Tsunade luego como escarmentar al rubio por hacer que llorara su falsa muerte.

-Sus compañeros…

-No. Para el resto de la aldea Naruto está desaparecido. No se puede saber que sigue vivo.